El Documentalista Enredado

Infonomía, Innovación, Análisis y Nuevas Tecnologías

Recortes

Recortes, la palabra favorita de aquellos economistas que nos dijeron que podríamos gastar por encima de nuestras posibilidades. Después dieron un paso atrás y nos acusaron de vivir por encima de nuestras posibilidades. Una palabra que los políticos asimilaron con prontitud cuando ya era demasiado tarde. Se recortó todo y a todo. Salud, educación, infraestructuras y cultura. Hay que priorizar la supervivencia de aquellos que nos prestaron el dinero, aunque se dejen otros muertos por el camino.

En Reino Unido, hasta 8000 puestos de trabajo en bibliotecas han desaparecido. Se cree que esto representa hasta el 25% de los empleos del sector que han sido sustituidos por un flujo constante de voluntarios. Esto en algunos casos ha horrorizado a algunos bibliotecarios puesto que el voluntariado no puede sustituir la preparación de los bibliotecarios y la adopción de un código ético y profesional que los voluntarios suelen desconocer.

En ocasiones, estos voluntarios sufren de ciertos sesgos sobre quién puede acceder a la información, quién puede habitar las bibliotecas, qué recursos son necesarios, etc. Así, algunas bibliotecas se convierten en clubes locales sociales cerrados, sin los recursos adecuados, sufriendo de una reducción en las horas de apertura, en los fondos librarios, en el mantenimiento de las instalaciones, en una plantilla insuficientemente formada…

Sin embargo, no hay que olvidar que existen casos de éxito. Bibliotecas que estuvieron a punto de cerrar y que se salvaron de ello gracias a la voluntad de sus usuarios. Aunque no hay olvidar que una cosa es realizar actividades en una biblioteca y otra diferente es gestionarla. En eso, el personal formado específicamente no debería ser desdeñado. Sin embargo, el compromiso de su comunidad es totalmente necesaria para su supervivencia.

Cuando el acceso a la información es (casi)universal

Hoy en día llevamos una biblioteca enorme y gratis en nuestros bolsillos. Sólo debemos desbloquear nuestras pantallas, dar unos cuantos golpes sobre ellas y esperar que suceda la magia. ¿Qué sentido tienen buena parte de las bibliotecas hoy en día?

En el caso de las bibliotecas universitarias, el préstamo de soportes físicos han sufrido un declive evidente gracias al e-book y a otras plataformas de acceso a la información científico-técnica. Los bibliotecarios han sabido adaptarse a los nuevos tiempos, ofreciendo servicios online en tiempo real a través de chats y plataforma de mensajería y el cada vez más vetusto email.

Sin embargo, estas bibliotecas no han sufrido una reducción de sus visitantes. Se han ido transformando en lugares desde los cuales se accede a la información a sitios donde se interactúa con ella, se crea. Los estudiantes universitarios de EEUU han comenzando a identificar a las bibliotecas como lugares donde se va a estudiar, a colaborar, a aprender y a hacer networking.

Algunas de ellas han comenzado a eliminar las prohibiciones de comer o ingerir bebidas, mejorando los lugares de estudio huyendo de la austeridad y la frialdad de antaño. El objetivo es volver a los orígenes de las bibliotecas, reconvertirlas para que adopten el rol de aprendizaje, de cultura, de encuentro y de construcción de una comunidad intelectual que era preponderante antaño.

Un hotel para ratones de biblioteca

El pasado mes de noviembre abrió en el distrito de Ikebukuro de Tokyo un hotel que podría hacer las delicias de cualquier amante de los libros. Book and Bed es un pequeño hotel con 30 camas que ofrece una experiencia diferente a los commuters tokiotas: la posibilidad de dormir entre libros.

Bed and Books

El pequeño hotel dispone de 1700 títulos repartidos entre el inglés y el japonés, y sus habitaciones son pequeños cubículos ajustados detrás de las estanterías. Las habitaciones son espartanas, pensadas más para los amantes de la lectura más que a otros divertimentos, que se componen de un colchón sencillo y una luz a modo de punto de lectura. El precio asciende a $40 (4500¥) por noche.

Bed and Books

Sin embargo, el concepto ha resultado un éxito con el hotel con una ocupación cercana al 100% de los que el 30% suelen ser extranjeros.

Y si Facebook llegase a tener demasiado poder

Facebooks rules the world

No nos hemos dado cuenta, pero poco a poco hemos ido abandonando la web. Fue poco a poco, sin pretenderlo, pero nuestra web se hizo más pequeña. Pasamos de los monitores de 17 pulgadas a los monitores de cinco pulgadas y si en aquel momento nos costaba leer un texto largo, es comprensible que actualmente ante una letra de siete puntos nuestros ojos nos pidan un descanso.

Pero fue Facebook, a pesar de que comience a sentir en sus carnes el relevo generacional y que nos hayamos cansado de publicar lo que hacemos en nuestro muro, fue el primero en percatarse de que el futuro pasaría por el móvil, que todos los contenidos se consumirían mediante este dispositivo y que los portátiles pasarían a mejor vida. Que era vital posicionar la icónica F blanca en nuestras pantallas.

Atrás van quedando las polémicas de si Facebook es realmente una red social como se entendía en sus principios. Una red social entendida como un lugar donde conectarse con las amistades que realmente conocíamos y que se encontraban sujetas más o menos al número de Dunbar. No, desde luego que ya no lo es en muchos de los casos. Pero hay que tener presente que Facebook siempre ha sido temerosa de su propia obsolescencia -consciente diría yo- afanándose en adquirir o tratar de hacerlo las nuevas tecnologías que le salían al paso, que podrían hacerle sombra: Whatsapp, Instagram, Oculus… Porque sí, a pesar de que conecte a más de mil millones de personas en el planeta, Facebook tiene miedo. Miedo a su propia irrelevancia a que sus usuarios la abandonen como hicieron con otras plataformas como el MSN Messenger.

Para ello, se ha dispuesto a comerse Internet. Desplazarse a los nichos donde otras plataformas se sitúan con el único objetivo de servir información mientras la recopila silenciosamente, sin que nos percatemos de ello.

Facebook es actualmente una de las principales empresas publicitarias de Estados Unidos. Junto a Google, Microsoft, Yahoo y AOL, la empresa de Mark Zuckerberg factura anualmente 5 billones de dólares (10% del total). Sin embargo, el dinero publicitario todavía no ha sabido posicionarse en el móvil, mientras que se enfrenta a retos evidentes como los bloqueadores de publicidad en los navegadores móviles. En cualquier caso, Facebook parece querer convertirse en el portal mediante el cual los usuarios se conecten como si se tratase de la fiebre de los portales de la burbuja.com. Pero, debemos reconocer que el atractivo de esta red social es muy relevante como demuestra el hecho de que el usuario medio estadounidense pasa 42 minutos diarios en la web.

A Facebook se le ha considerado como el nuevo editor de noticias, capaz de no generar ningún tipo de contenido pero ser el vehículo mediante el cual los productores de noticias conectan con su público. Esto genera una especial relación amor-odio ya que muchas de estas empresas dependen de la red social para monetizarse. El último movimiento de Facebook es Instant Articles, una plataforma mediante la cual redistribuye contenidos de los principales editores de la web. Los editores pueden utilizar su plataforma incluyendo sus propios anuncios, obteniendo el 100% de esos ingresos, aunque también pueden echar mano de Facebook Audience Network en la que la red social se reservaría el 30% de los ingresos.

Desde luego que va a ser interesante comprobar hacia dónde se encaminan todas estas iniciativas si tenemos presentes que cada vez que la red social ha realizado un cambio en su Newsfeed o en sus políticas han provocado enfados en sus clientes. Incluso ha llegado a expulsar a alguno de ellos con el impacto que puede tener en su cuenta de resultados lo que ha llevado a empezar a cuestionarse si Facebook realmente tiene actualmente demasiado poder en la Red.

¿Pagar por tener amigos?

En la película Familia de Fernando León de Aranoa, Santiago, el principal personaje de mediana edad, contrata a un elenco de actores para que se hagan pasar por su familia para evitarse el trago celebrar el día de su cumpleaños en la más absoluta soledad. Esta trama de una persona solitaria que parece despertar de un letargo en el que no acepta su aislamiento social podría parecernos chocante o absurda cuanto menos, aunque como suele suceder la ficción planteada por este largometraje siempre puede ser superada por la realidad.

La tendencia Friendship as a service ha sido considerada por la empresa Frogdesign como una de las tendencias de 2016. Así, una persona podría pagar a otra persona que no conoce absolutamente de nada para que sea o se comporte como su amigo para compartir alguna cerveza o café, le acompañe a algún concierto o a la visita a alguna exposición. Este planteamiento no es algo completamente nuevo, ya en 2010 los medios de comunicación se hacían eco de la web Rentafriend, aunque puede llegar a sorprendernos, ya que pagar a alguien para ser nuestro amigo no entraría dentro de la definición de “amistad.” Sin embargo, la utilización de este tipo de servicios parece que no es algo que sea residual ya que en Reino Unido 80.000 personas los utilizan.

Esta tendencia nacida en Japón, parece haber llamado la atención de algunas aplicaciones de mensajería de teléfonos móviles como WeChat. Estas aplicaciones estarían interesadas en el desarrollo de esta idea dentro de sus ecosistemas dando un paso más en la uberización de nuestra estructura socioeconómica.

Desde luego que la amistad puede parecernos algo que es imposible mercantilizar, aunque sí puede serlo la compañía de otra persona a pesar de que sea algo completamente extraño. Un actor puede plantarnos una sonrisa durante unas horas (las que nos podamos permitir claro está), aunque por supuesto que la necesidad de una retroalimentación dentro de ese aspecto de la sociabilización humana es insustituible de momento.

Cuando el smartphone casi me lastima el pulgar

thumb_hurt

La culpa puede que fuese mía por viajar. Mientras esperaba en el aeropuerto de Roma la salida de mi vuelo, me percaté que no tenía nada en el móvil para matar las cuatro horas que me esperaban para tomar el avión. No tenía WiFi, ni obviamente datos, y tras comprobarlo, ni un mísero juego con el que matar el tiempo. Sí, llevaba un Kindle pero la espera era demasiado larga para que mi cabeza aguantase cuatro horas seguidas de espera. Así que a mi vuelta, para tratar de evitar el aburrimiento de las esperas de nuevo, me dispuse a instalar algún juego en el teléfono móvil.

Parecía sencillo, buscar un juego, descargarlo y olvidarlo. Sin embargo, al final, acabé medio enganchando a un juego de estrategia que se denomina “Toy Defense.” El juego no es ninguna maravilla gráfica y es bastante sencillo. La mecánica es simple, colocas una suerte de soldados de plástico en modo emboscado, mientras pasan los enemigos. La dificultad estriba en saber colocar tus tropas y su potencia de fuego respectiva.

Lo tuve instalado durante una semana. El lunes pasado, en el autobús, mientras me llevaba al trabajo, me empezaron a dar pequeños espasmos en el pulgar derecho cuando estaba consultando un programa de gestión de RSS. Los tics en el dedo se prolongaron durante todo el día, afectando ocasionalmente algún mensaje de texto que enviaba por Whatsapp (nunca me sentí más torpe a la hora de escribir en un teclado) o incluso en el uso del ratón del ordenador ya que el dedo me movía ocasionalmente el puntero. Me parecía increíble que estuviese aquejado de algún tipo de síntoma relacionado con el uso intensivo de las nuevas tecnologías, pero todo parecía señalarlo.

El síndrome del túnel carpiano me parecía uno de los mayores peligros que como “oficinista”, si se me permite, podía sufrir. La perspectiva de sufrir una lesión en la mano que me incapacitase trabajar me parecía terrible y más teniendo presente que una compañera del periódico en el que trabajé hace unos años lo había sufrió. Afortunadamente, los espasmos se fueron mitigando a lo largo de la jornada y no pude evitar googlear si había algo parecido al episodio que había experimentado.

Por fortuna para mí, la tenosinovitis de estiloides radial o como les gusta llamar a los anglosajones “thumb smartphoneno fue a más (ojo que no soy médico y obviamente los síntomas desaparecieron al día siguiente por lo que esto es simplemente una presunción) y lo solucioné desinstalando y olvidando el jueguecito de marras. Mi pulgar dejó de quejarse a pesar de seguir usando el Whatsapp, Twitter, Facebook, etc. en el teléfono móvil y de forma habitual. Aunque esto me recordó que los hábitos tecnológicos a veces obligan nuestro cuerpo a esforzarse en situaciones para las que no fue necesariamente diseñado. Además de que uno ya va teniendo cierta edad para ocuparse y preocuparse en batir al enemigo virtual de plástico a través de un objeto de metal de cuatro pulgadas y media.

¿Llegaremos a necesitar una Enciclopedia Galáctica?

Salvando los conocimientos de la raza. La suma del saber humano está por encima de cualquier hombre; de cualquier número de hombres. Con la destrucción de nuestra estructura social, la ciencia se romperá en millones de trozos. Los individuos no conocerán más que facetas sumamente diminutas de lo que hay que saber. Serán inútiles e ineficaces por sí mismos. La ciencia, al no tener sentido, no se transmitirá. Estará perdida a través de generaciones. Pero, si ahora preparamos un sumario gigantesco de todos los conocimientos, nunca se perderán. Las generaciones futuras se basarán en ellos, y no tendrán que volver a descubrirlo por sí mismas. Un milenio hará el trabajo de treinta mil años.

Fundación de Isaac Asimov

Parece ser que la realidad siempre puede superar a la ficción. La noticia que anunciaba que se jubilaba el último ingeniero de la misión Voyager podría haber pasado por anecdótica pero tenía mucha más enjundia de lo que podría parecer en un primer momento. Porque no es que se jubile el último ingeniero de una de las más exitosas misiones de la NASA, es que nadie en la NASA es capaz de hacer en 2015 lo que se hacía en 1970. Es decir, el software y la programación del hardware de la sonda Voyager es tan arcaico que nadie se atreve a tocarlo y a pesar de los intentos de intentar “formar” a la inversa a ingenieros jóvenes de hoy en día parece que no ha dado sus frutos teniendo que recurrir a los ya muy jubilados originales ingenieros de la misión.

La noticia me ha parecido fascinante, recordándome que la Humanidad ya olvidó anteriormente saber interpretarse así misma. Así, por ejemplo, el lenguaje egipcio fue completamente olvidado y sólo el descubrimiento de la Piedra de Rosetta pudo ayudar a recuperarlo. También, el famoso fuego griego (del que se inspiró G.R.R. Martin para recrearlo en sus novelas de Juego de Tronos) cuya composición era tan valiosa que se nos olvidó cómo fabricarlo. O simplemente, los iconos de los disquetes en los programas de edición que siempre entendimos que se referían a “Guardar” que pierden su contexto cuando, obviamente, ya son pocos los que los utilizan.

Si estos dos ejemplos parecen anecdóticos, deberíamos preguntarnos: Cuántos conocimientos habrán caído en el olvido. Y no sólo hechos, lugares, sino técnicas y formas de hacer las cosas. Cuántas empresas olvidan técnicas porque sus ingenieros senior se jubilan y son reemplazados por junior.

En la novela de Asimov, breve y muy entretenida, la creación de una Enciclopedia Galáctica es tan sólo una estratagema para evitar el colapso del Imperio. Los científicos habitantes del Términus, encargados de recopilar todo el conocimiento disponible, descubren que sus conocimientos son una ventaja competitiva irrefrenable ante las ansias expansionistas de otros planetas y que no dudarán hacer valer llegado el momento.

La gamificación no os hará libres

Gamificación

“Technology is neither good nor bad; nor is it neutral.”

Melvin Kranzberg

La revolución que se aproxima respecto a la optimización continua de máquinas mediante la sensorización y la explotación de esos datos mediante el Big Data, no se limita tan sólo, y muy a nuestro pesar, a los artefactos inertes destinados a realizar tareas repetitivas; sino que también se extiende a otros ámbitos como las propias personas. El artículo del New York Times Inside Amazon: Wrestling Big Ideas in a Bruising Workplace publicado el pasado mes de agosto denunciaba la política empresarial desarrollada por Amazon respecto a la productividad de sus trabajadores. El artículo era tan crítico con la empresa que el CEO de Amazon, Jeff Bezos, no tardó en asegurar que no reconocía a su empresa en el texto del Times. Sin embargo, ha servido para iniciar una reflexión sobre la profundidad de los cambios que se nos avecinan y que puede llevarnos a una especie de nuevo taylorismo.

De hecho, Bezos se mostró horrorizado respecto a la descripción de las condiciones laborales descritas en el medio de comunicación de los “amazonians” que es como se define a los trabajadores del gigante americano de la distribución y llegó a asegurar que nadie querría trabajar en una empresa de esas características. En el texto de Jodi Kantor y David Streitfeld se afirma que el nivel de experimentación bajo el que están sujetos los trabajadores llega hasta límites insospechados. Según los periodistas, desde la empresa se incentivaba a que los compañeros fuesen muy críticos y destrozasen las ideas de sus compañeros durante las reuniones, se empujaba a que se trabajasen horas extras, se animaba a enviar correos relacionados con el trabajo por la noche teniendo la certeza de que sería respondido inmediatamente e incluso boicotear el trabajo de los compañeros. La presión dentro de Amazon era tan grande que según el relato de Bo Olson, que trabajó en el departamento de Marketing y libros, no era infrecuente ver a gente llorando por los pasillos o sobre su mesa.

Y es que la gestión de Amazon está totalmente gobernada por los datos y se dedica a recopilarlos constantemente. No sólo de sus clientes, donde se detallan los usos y costumbres de los mismos, sino también sobre sus propios empleados. Así, en los almacenes, los trabajadores son monitorizados constantemente para asegurarse de que realizan suficientes pedidos a la hora, mientras que en las oficinas la empresa está desarrollando un algoritmo propio de mejora del desempeño. De hecho, también se invita a enviar feedbacks secretos al jefe de un compañero de otra división a través de la herramienta “Anytime feedback tool.” De este modo, los equipos son ordenados y clasificados. Aquellos miembros que obtienen los peores resultados son despedidos cada año, mientras que los más eficientes puede llegar a ser considerados como promocionales. Lo normal es que todo el mundo compita con todo el mundo para tratar de mantener su puesto de trabajo.

Desde luego que los intentos para cuantificar el trabajo no son nuevos. Las empresas trataron de seguir y cuantificar el trabajo de los sastres a principios del siglo pasado, mientras que actualmente los call-centers siguen el trabajo de sus empleados teniendo en cuenta el uso de la web y del correo electrónico. Pero no ha sido hasta ahora cuando ha llegado la monitorización de los oficinistas y es una tendencia que se ha ido extendiendo los últimos cinco años.

El nuevo taylorismo digital descrito por el New York Times y que también se ha aplicado y abandonado en Microsoft, General Electric o Accenture puede llegar a ser tan contraproducente como el antiguo que inspiró las obras “Un mundo feliz” de Aldous Huxley (1932) y “Tiempos modernos” de Charles Chaplin (1936). Sin embargo, esta práctica del “rank and yank” puede limitar la creatividad en el puesto del trabajo y el rendimiento a largo plazo debido a la falta de compañerismo en los equipos y acabar laminando y quemando a equipos y trabajadores.

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