El Documentalista Enredado

Infonomía, Innovación, Análisis y Nuevas Tecnologías

Encadenados a la distracción

Distracciones

Hace unos meses ya describí mi ataque nomofóbico cuando acabé sin teléfono móvil durante unos días tras un accidente. Los anglosajones parecen encantados a la hora de acuñar nuevos términos y hace unas semanas resurgía en los medios de comunicación españoles el término phubbing. Este término se refiere al hecho de ignorar el entorno al prestar más atención a lo que está pasando en el móvil, smartphone u ordenador. El término fue acuñado en 2007 por Alex Heigh y en aquel momento no había tantos smartphones como hoy en día, pero no era infrecuente darse un paseo por las cafeterías universitarias y descubrir que la combinación del ordenador portátil junto al WiFi había destrozado muchas de las charlas alrededor de un café o una cerveza. Ahora, me pregunto si mi ataque nomofóbico de hace un año se debía al miedo a ser ignorado por mis semejantes o por mi imposibilidad de poderles devolver la jugada o por mi incapacidad de poder reclamar su atención.

Más allá de la preocupación de que todos acabemos con dolor de cuello o con una luxación por esa mala costumbre que tenemos de inclinar un poco la cabeza a la hora de consultar nuestros terminales móviles – creo que cuando los metros eran las mayores bibliotecas del mundo no corría esa preocupación -, no es excesivamente difícil situarse en un andén y comprobar que buena parte de los viajeros están consultando sus terminales mientras esperan al tren o cuando ya se encuentran confortablemente sentados en un vagón. Aunque el uso del teléfono móvil durante los tiempos muertos en los viajes no debería ser excesivamente grave, salvo por el hecho de que los viajes en tren nunca fueron tan silenciosos como hoy en día, la táctica de que rellenar los tiempos muertos pueda acabar trasladándose a otros ámbitos puede llegar a ser más preocupante si se da en las reuniones sociales. De hecho, no es difícil encontrarse parejas en cafeterías, mientras se ignoran el uno al otro, embebidos en el mundo que se desarrolla dentro de sus dispositivos móviles.

Parecemos prisioneros de nuestras distracciones, como si hubiésemos perdido nuestra capacidad de concentrarnos en lo que nos rodea. Procastrinamos nuestra realidad del día al día, procastrinamos nuestras relaciones sociales. Parece que es mucho mejor escribir un mensaje y un emoticono que mirarse a los ojos. Los teléfonos móviles nos permiten llevar Internet en nuestros bolsillos y nos encontramos permanentemente conectados con el mundo virtual, pero cada vez más desconectados del real.

Pero no es que nos evadamos de nuestras responsabilidades sociales, nuestro cerebro nos engaña permanentemente en su búsqueda de estímulos y recompensas. Al contrario de lo que podamos creer y desgraciadamente, no somos realmente seres multitarea. La calidad de lo que estamos haciendo desciende según intentamos ocuparnos de dos frentes (una conversación o enviar un mensaje de texto simultáneamente sin ir más lejos) y nos causa más agotamiento que otra cosa. Sí, desde luego que el cerebro es rápido a la hora de cambiar de tarea, pero no es capaz de hacer dos cosas a la vez. Al final, elegimos una tarea placentera a corto plazo por encima de lo que nos dará satisfacción a largo plazo. Sin embargo, parece que estemos encaminados a utilizar la técnica Pomodoro incluso en nuestras relaciones sociales, como si debiésemos educarnos y aprender a concentrarnos con otro tipo de estímulos y tener una recompensa por ello. Nos convertiremos en perros de Pavlov encadenados a los estímulos de la tecnología.

uberizacionHace unos años, recogíamos que en Internet se daban las condiciones para que se produjese la competencia pura y perfecta. Esta afirmación se centraba en los medios de comunicación y la facilidad a la hora de publicar un sitio web, el bajo coste de su mantenimiento y la sencillez a la hora de acceder a la competencia. ¿Es posible que esa competencia pura y perfecta se esté trasladando más allá de la información hacia el sector servicios? ¿Es la uberización de la industria la demostración de la hipótesis teórica de Leon Walras?

Sharing economy

Los sistemas de intercambio de bienes y servicios entre particulares han encontrado en Internet la vía para su crecimiento, ya que facilitan las conexiones entre iguales que desean compartir sus posesiones. Haciendo que el compartir sea mucho más sencillo.

El crecimiento de la “economía de la colaboración” podría llegar a suponer una amenaza a distintas industrias ya establecidas. Por lo que las empresas deberían entender y posicionarse dentro de ese marco competitivo, adaptándose y obteniendo nuevas fuentes de ingresos.

Existe una tendencia en la que los consumidores en vez de comprar y poseer productos, están cada vez más interesados en alquilarlos y compartirlos. La filosofía o el modo de vida que se encuentra detrás de la economía colaborativa es el ahorro de recursos creando un modo más eficiente y responsable de consumo. Esto es lo que se ha denominado como consumo colaborativo y las empresas tratan de desarrollar nuevos productos servicios centrándose en esa tendencia.

Los tipos de economía colaborativa pueden ser divididos en tres grupos, según Rachel Botsman y Roo Rogers. El primero de los grupos se fundamenta en los sistemas de producto o servicios que permite a los miembros que pertenecen a él compartir distintos productos que pertenecen a empresas o personas privadas. La segunda tipología se centra en mercados redistribuidos que permite que varios miembros puedan ser copartícipes de la propiedad de un bien. El tercero de ellos son los estilos de vida colaborativos en los que se comparten bienes no tangibles como el tiempo, los conocimientos o espacio y se encuentran apoyados por plataformas tecnológicas.

Existen seis maneras en las que las empresas pueden responder ante el aumento de la economía colaborativa:

  1. Promocionando el uso de un producto más que su posesión.
  2. Apoyando a los usuarios que deseen revender sus productos.
  3. Explotando los recursos y las capacidades infrautilizadas.
  4. Ofertando servicios de mantenimiento y reparación.
  5. Usando el consumo colaborativo para atraer a nuevos clientes.
  6. Desarrollando nuevos modelos de negocio basados en el consumo colaborativo.

Uber, la paradoja de la economía de la colaboración

Uber Inc. es una empresa californiana que desarrolla, gestiona y opera aplicaciones móviles para la gestión de redes de transporte. Básicamente lo que facilita es que un usuario que dispone de un coche particular pueda transportar a otro que no lo tiene en un punto geográfico concreto desde un punto A al B gracias a una transacción económica. Uber no vende tecnología, oferta un servicio basado en tecnología estableciendo una red de transporte propia, lo que corrobora la tendencia de que el software se está revolucionando al mundo. Cada vez más empresas se basan en el software para ofertar sus servicios online, desde películas, a la agricultura a la defensa nacional. En Estados Unidos, muchas empresas de Silicon Valley están provocando disrupciones en cada vez más sectores industriales.

Uber es un mero intermediario haciendo que la demanda y la oferta de transportes urbanos se conecten. Sin embargo, la irrupción de Uber en el sector del transporte no ha estado exenta de polémica siendo los taxistas los mayores damnificados por la aparición de esta plataforma además de otras. Pero, introducirse en un mercado altamente regulado como el del transporte, tratando de ajustar precios y sin someterse a las mismas reglas de mercado y tributarias que el sector tradicional del taxi, ha significado para Uber ser prohibido en distintos países y tener que pleitear en distintos tribunales para que se les permitan operar.

Uber gestiona una red de transporte, sin embargo las barreras de entrada son bajas y la competencia bien puede arrancarle su fuerza de trabajo (trabajadores). De hecho, en EEUU, algunos conductores trabajan indistintamente con Lyft y Uber, por lo que estas empresas se diferencian únicamente en la extensión de la Red, la imagen de marca y el margen que obtienen con una u otra plataforma. Asimismo, los conductores uberizados no suelen dedicarse a tiempo completo al transporte de personas, si no es una manera de ganarse un extrasalarial.

Tal vez por ello, Uber también ha demostrado un lado oscuro más allá de los beneficios a la hora de mejorar la oferta de transporte urbano. En Estados Unidos, se considera que Uber funciona bastante bien, la aplicación no tiene bugs, los coches que ofrecen el servicio se encuentran limpios, los conductores son educados y llegan con relativa rapidez, sin embargo su comportamiento corporativo no ha sido tan limpio:

  • Coacciones a los conductores para que se incluyesen dentro del servicio low cost UberX que es menos rentable para ellos.
  • No ser sincero respecto a los beneficios económicos que se obtienen al conducir para ellos.
  • Extender rumores sobre la competencia cuando está en búsqueda de financiación (Lyft). Puede que la práctica sea común en EEUU, pero no se la considera ética.
  • Fijación de precios predatorias en las horas pico. En Nueva York, distintos conductores de UberX protestaron por la agresiva política de precios que hacía que los trayectos fuesen más baratos que los taxis, pero a costa del margen de los conductores.
  • No comprobar los antecedentes de sus conductores con la suficiente diligencia.
  • Ser poco permeable a las críticas. Un alto cargo sugirió la investigación y la publicación de la vida de los periodistas que los criticasen.

La Uberización de la economía

Uber es un ejemplo de la traslación del mundo interconectado de Internet con el mundo físico. Así como los medios tuvieron que enfrentarse a esa competencia pura y perfecta, cada vez más sectores se enfrentan a ese hecho. Uber es uno, aunque otras empresas como Airbnb también tienen que lidiar con la legislación y los grandes operadores ya establecidos en el sector.

Cuando sólo se necesitan plataformas para conectar oferta y demanda, cualquier actor puede introducirse en el mercado usando los terminales móviles. Amazon Home Services es uno de los ejemplos más significativos. Ofertado en 41 estados de EEUU, Amazon ofrece la opción de contratar un fontanero, un jardinero, un electricista, un limpiador o un profesor de refuerzo para los niños, de actividad extraescolar como guitarra o incluso profesor de gimnasio.

La uberización económica, término acuñado por Nassim Nicholas Taleb, supondrá la gradual desaparición de los tradicionales puestos de trabajo en tareas que serán asignadas a personas justo cuando sean necesitadas con salarios que se establecerán dependiendo de la oferta y la demanda, con el rendimiento de los trabajadores constantemente medidos, revisados y sometidos a la satisfacción del cliente final.

Todo será susceptible de ser uberizado. La cuestión será si se hace con la suficiente seguridad y en beneficio público y social. El mercado laboral, las relaciones entre oferta y demanda de empleo, entre empresario y trabajador se transformarán en algo completamente diferente en el que más formado o el que disponga de mayores recursos podrá trabajar.

Una imagen que no se aleja en exceso a esas camionetas que de madrugada se acercan a un punto determinado de las ciudades y que recogen a los temporeros dependiendo de su aspecto físico y salud para trabajar en el campo. La desintermediación y deshumanización de la fuerza laboral del siglo XIX en el XXI.

Saliendo de la zona de confort

zona-de-confortNo es mi deseo escribir un texto filosófico-terapéutico sobre lo que se debe o no se debe hacer para salir de nuestra zona de confort. Qué es y cómo podemos definirla lo dejo para personas más versadas y para que cada uno reflexione sobre ello. No pienso afirmar que conseguiremos el “éxito”, si alguien es capaz de delimitarlo y asignarle un valor específico. Quiero ser más humilde y abordar el hecho de que durante nuestro día a día nos amoldamos a la rutina, acabamos sobrellevando las incomodidades, malas situaciones o nuestros fallos esperando que se la fortuna nos destine a un tiempo mejor. Sin embargo, en ocasiones, debemos romper con esas comodidades, esa sensación de que si me no me muevo no lo rompo, si no me muevo me conformo. Cada uno puede establecerse pequeños retos profesionales y personales para evolucionar continuamente. No tiene porqué ser ahora, no tiene porqué ser mañana, no tiene porqué ser dentro de un ámbito específico; pero una vez puesto en marcha que nada te pare.

Hace ya unos años tomé una decisión que a algunas personas sorprendió y que puede que no tuviese transcendencia, pero que ciertamente era un tanto extraña. Poseía un iPhone 4s y adquirí un Nexus 4. Las razones ya las expliqué en su momento, pero fundamentalmente mi objetivo era salir de mi zona de confort y así lo declaré a quien me preguntó. Siempre he sido un gran consumidor de información, no es difícil encontrarme consultando Twitter o mis RSS en los ratos muertos, sin embargo quería reconfigurar la manera en que mi cerebro trabajaba con esa información. El sistema operativo iOS era francamente superior a Android cuando comenzó a comercializarse el Nexus 4, me peleé mucho con ese último teléfono, cambiaba, me decepcionaba, volvía sobre mis pasos. Sin embargo, no tardaría en aceptar que a pesar de sus limitaciones, de su diseño más adusto, Android era mucho más efectivo a la hora de compartir y consumir información y mucho más cómodo. Ahora no volvería sobre mis pasos, claro que no, pero la búsqueda en el cambio de nuestros pequeños hábitos pueden ser definitivos.

Escribir un blog es uno de los retos intelectuales y compromisos mentales más agotadores que existen si no te dedicas a la enseñanza o al periodismo. Es imposible no sentir que las fuerzas flaquean, sentirte desactualizado y que todo lo que puedas contar ya está escrito. No hay que desesperarse. Charles H. Duell ya dijo en 1899 aquello de “Everything that can be invented has been invented” y aún seguimos aquí. Las Oficinas de Patentes no cerraron y a la Innovación se la considera como el secreto de las compañías para asegurar su supervivencia. El botón “Publicar” nos contempla con media sonrisa cuando la inseguridad nos asalta y esperamos pacientes a que nuestros lectores nos aporten el feedback en el que siempre confiamos. Cada post es una espina que se nos clava en los dedos, nunca sabes de dónde caerán las flechas, porque desgraciadamente alguna caerá. Mientras escribo este texto, las dudas brotan, por supuesto. ¿Es correcto para mi público? ¿es algo personal y a nadie le importa? En cualquier caso, mi reto anual es escribir un post a la semana, hoy tocaba ser más personal. Pero aquí lo dejo.

Otro de los retos más fuertes a los que nos enfrentamos son las elecciones en las que te adentras hacia lo que desconoces. Nunca sabes si vas a acertar hasta que te encuentras completamente embarrado. Las oportunidades laborales o los fuertes desembolsos económicos son los mayores retos en los que es fácil sentirse descolocado. No es sencillo cambiar de ambiente de trabajo, donde ya conoces la mecánica y unos responsables que sabes qué esperan de ti y tú de ellos, no es fácil empezar todo de nuevo, marcharte a otra ciudad. Sin embargo, los retos personales y profesionales hay que tomarlos cuando aparecen y no dudar si amplían tu ámbito profesional. En ocasiones, puedes considerar que tendrás fortuna si duras seis meses, pero te sorprendes cuando llegas lejos y superas esa frágil meta inicial.

Y si todo esto te parece inalcanzable (abandonar tu iPhone, abrir un blog, encontrar otro trabajo o hacerte voluntario en algo), aún puedes ensayar otras disciplinas dentro del ámbito del ocio. Practicar un nuevo deporte que hasta ahora desconocías, imponerte una nueva disciplina o simplemente ejercer una afición que te extraiga de tu zona de confort, como la fotografía callejera, es un ejercicio estupendo para no dejarse adormilar por el paso de los días y la rutina.

El mundo cambia constantemente, exigirnos intelectualmente cambiar nuestras rutinas es un ejercicio estupendo para evolucionar con él. En definitiva, prepararnos para el cambio y ser completamente adaptables.

Cuando Google fue bueno

crossroadsHubo un tiempo en el que lo denominábamos santo. “San Google” para diferenciarlo con otras compañías que aparentemente se encontraban mucho más centradas en el dinero, en los réditos y en los accionistas. Sus productos eran tan buenos que lo elevamos a los altares. Google proveía gratuitamente mientras otros pretendían pasar el plato. Don’t be evil era su eslogan y nosotros nos creímos su mantra.

Google dispone de muchos productos exitosos, también de fracasos que atienden a la gran cultura innovadora americana. Aunque Google parece haberse convertido en una empresa gris en cuanto a servicios de web se refiere.

El correo web de Google, Gmail, sacudió Internet cuando fue creado en 2004 y completamente abierto en 2007. Ofrecía un gigabyte de espacio, algo que hasta aquel momento era completamente inaudito. Hubo que armarse de paciencia para conseguir una invitación, aunque la larga espera mereció la pena. Llegó un punto en que tener una cuenta en Gmail era estar in, mientras que tenerla en Hotmail era estar out. Finalmente, puede que su mala imagen provocó que Microsoft cerrase el servicio en agosto de 2008 y prefirió que su correo quedase ligado completamente a Outlook, su software de gestión del correo.

Gmail nació como un servicio en Beta. Puede que mantuviese esa etiqueta en consonancia a la Web 2.0, la filosofía de la innovación constante y de los productos que nunca pueden darse por cerrados. Esa etiqueta no la abandonó hasta 2009. Por supuesto que generaba controversia. A diferencia de otros, incluía publicidad contextual lo que implicaba que Google necesariamente tenía que leer los correos que sus usuarios enviaban y recibían. Gmail ofrecía pequeñas innovaciones de vez en cuando bajo la denominación Gmail Labs y era el propio usuario el que debía activarlas, aunque algunas se incorporaron completamente al servicio de correo. Una de estas innovaciones fue Google Buzz, anunciada en 2010, en un movimiento reactivo contra Twitter. Fue un completo fracaso, estropeando la experiencia de usuario de Gmail y saltarse la privacidad de los usuarios ya que se activó automáticamente. Cerró un año después.

Otro de los movimientos de Google para atajar la competencia y, en este caso Facebook, fue Google+, la esperada red o capa social de Google. Tras el rediseño de su página principal, la red social de la compañía de Mountain View demostró que tal vez no sabía ser social a pesar de haber entendido el gran sistema democrático que se había fundamentado Internet.

Google Wave fue otra de las grandes cosas que la empresa tecnológica estaba cocinando. Iba a ser un servicio completamente disruptivo, su particular revolución en correo electrónico y los entornos colaborativos. Sin embargo, nadie excepto los ingenieros de Google llegaron a entenderlo. Finalmente, tuvo que cerrarlo en 2010 tras un año en funcionamiento. Actualmente, el concepto sobrevive bajo la denominación de Apache Wave.

Sin embargo, Google también dispuso de éxitos como Google Maps fue otro de los servicios que nos cambió la manera de movernos. Simplemente nos cambió la vida. Adquirido en 2004 por Google, su inclusión como servicio de mapas por defecto en el iPhone barrió a compañías que comercializaban productos de geolocalización como TomTom. A posteriori, Apple decidió desligar su teléfono móvil al servicio de Google y lanzó, en su momento, la calamitosa Apple Maps. Las razones de Apple eran obvias. Un móvil y el servicio de Google Maps era una mina de información para la compañía de Cupertino y Mountain View. Sólo la consulta del historial guardado por Google da un poco de miedo.

Google Reader que se erigió como el Rey de los lectores de RSS tras destronar a otros que llegaron primero como Bloglines. Quedó abandonado y cerrado porque según se argumentó entonces no tenía una base suficiente de usuarios. Fue sólo entonces cuando los internautas descubrieron horrorizados que ese Google ya no era el suyo, que había cambiado, aunque señales no faltaron nunca. Esto fue en 2013.

Internet había cambiado para entonces, el navegador ya no era la principal fuente de interacción con ella. Android, impulsada por la compañía de Palo Alto, se había situado como una de las plataformas más importantes de telecomunicaciones y Google parecía querer centrarse más en los gadgets como Google Glass, wearables y medios de transporte.

Durante tantas batallas, en las que intentó pasar el rodillo con mayor o menor fortuna, Google podría haber descuidado su servicio estrella, su buscador. Pareció olvidar que su posición predominante en el mercado de las búsquedas no es eterno, pero no lo ha hecho. La Fundación Mozilla decidió toserle y arrebatar a Google el privilegio de ser su buscador preconfigurado para mejorar su posición competitiva en el mercado de los buscadores, se lo cedió a Yahoo, lo que ha tenido sus consecuencias, y está dispuesta a hacer valer su posición de privilegio otra vez. Sigilosamente, fue investigada por manipular los resultados de las búsquedas, amenazar a distintas web de excluirlas de su índice si no les permitía usar su contenido, y que casi ha derivado en un juicio que hubiese tenido unas consecuencias imprevistas.

Google fue santo, pero ya va siendo hora de bajarlo del pedestal.

Los aventureros bibliotecarios de “The Librarians”

The Librarian

Quién podría imaginarse que la figura del bibliotecario se vería remozada durante el principio del siglo XXI. Más allá del gesto adusto y severo exigiendo silencio, de las gafas de pasta y del libro de la CDU; el bibliotecario del nuevo siglo debería comenzar a considerar que en su trabajo necesitará un sombrero y un látigo como poco ante las nuevas exigencias de la profesión.

Se veía venir que el perfil se había quedado ya caduco cuando a Flynn, personaje que encarna Noah Wyle, en la película El bibliotecario: En busca de la lanza perdida; se le aseguraba que para ser un buen bibliotecario no hacía falta ser un experto en los lenguajes de interrogación en bases de datos. Para el futuro bibliotecario, ser organizado y pulcro no era una necesidad imprescindible, porque todo el mundo podía hacer eso, si no que se le exigiría algo más como poder manejarse y enfrentarse al mundo de la magia y las sociedades secretas. Desde luego que la película era digna de cualquier domingo por la tarde de verano, cuando la mejor opción siempre es sestear, no pasaba de ser una simpática película de aventuras que puede que no hubiese merecido nada más que una breve reseña. Sin embargo, a esa película le siguieron otras dos: El mapa del rey Salomón y La maldición del cáliz de Judas evidentemente inspiradas en cierta trilogía de mayor impacto mediático y mejor manufactura, sin duda.

Pero no hay que desesperarse si la trilogía se nos quedó corta, el próximo diciembre se estrena The Librarians, una serie en la que el personaje principal sigue representándolo Wyle. Compuesta de 10 episodios, describe cómo cuatro personas normales pero con talentos extraordinarios son seleccionadas por el bibliotecario Flynn (Noah Wyle) para trabajar para The Library, una sociedad ancestral basada en el conocimiento y en el heroísmo. Juntos viajarán por todo el mundo, investigando hechos extraños, luchando contra conspiraciones y protegiendo a los inocentes del peligroso y secreto mundo de la magia.

Y es que Flynn descubre que ya no puede enfrentarse solo a todos los desafíos, por lo que reclutará a un agente experta en contraterrorismo para proteger al grupo, a un trabajador con un conocimiento enciclopédico en historia del arte, a una persona afectada por sinestesia que puede recuperar hechos pasados y a un profesional de las nuevas tecnologías apasionado en el mundo de la criminalística.

La generación del futuro gris

Bansky. Dream cancelledCuando hablé con ella, puede que haga un año, se me rompió el corazón. Había hecho todo lo que se suponía que debía hacer. Durante toda su vida, se había esforzado terriblemente, lo había intentado hacer bien según el sistema lo había dispuesto. Había realizado los estudios que se habían diseñado para capacitarla profesionalmente, había realizado múltiples becas en empresas relevantes de su sector y había aceptado trabajos mal remunerados esperando ese futuro soñado. Incluso había tenido que rechazar trabajos en empresas, más bien empresarios, que simplemente le tomaban el pelo. Pero no era una derrotista, me dijo que se daba hasta los cuarenta, acababa de cumplir treinta, para tratar de conseguir su sueño. También me contaba que vivía desconectada, sin internet, que no podía ni permitirse un café al día para engancharse a la Wifi y poder consultar ofertas de empleo. Luchaba por una vida tan precaria que despertaba mi más profunda admiración.

Los mileuristas destaparon su realidad social en 2005 en plena bonanza económica, para 2012, tras una crisis devastadora, toda una generación de jóvenes denunciaba que ese sueldo ya constituía casi una quimera. Personalmente, las conversaciones que mantengo no pueden ser más desalentadoras. El lujo ya no es tener un sueldo por cierta cantidad a pesar de que sea insuficiente a todas luces, sino que la fortuna es simplemente tener un contrato.

Adentrándonos en esta década, la segunda del siglo XXI, el futuro idealizado se ha demostrado marchito. Muchos amigos y conocidos siguen perdiendo su trabajo, para reconvertirse en autónomos dependientes de un único cliente, su anterior empresa. Pensándolo, puede que fuesen afortunados, ya que alguno fue despedido sin mediar palabra, sin las gracias por los servicios prestados. Después, descubriría que la semana posterior esa misma empresa le solicitaba que acabase los proyectos que tenía entre manos. “Hay que ser profesional” argüían y mis amigos, buena gente y ante la necesidad, se negaban la evidencia. En ocasiones, nos rebajamos y explotamos nosotros mismos.

No importa a qué te dediques en qué sector te sitúes. La generación Ni-Ni puede que sea un producto de la estadística que esconde una realidad mucho más dura, más difícil de aceptar. Nos equivocamos, nos engañamos. Cuántos dieron el callo en la universidad, en los idiomas, en los másteres imposibles de pagar, en las distintas empresas que no les pagaban porque estaban aprendiendo y acabaron ocultando su brillante pasado para poder acceder a un puesto de reponedor en un supermercado. Cuántos, grandes profesionales, se larvaron una identidad profesional, fueron reconocidos, premiados y aceptados como expertos en una materia a nivel nacional; pero acabaron de bruces en las colas del INEM, aceptando trabajos de media jornada porque no hay nada mejor, porque es lo que hay, porque es lo que te podemos pagar.

Nuestro error será aceptar que esta situación es pasajera, que en algún momento la situación mejorará y que nos irá mejor. Ojalá sea cierto, pero desgraciadamente existen muchos factores y algunos (el esfuerzo, el mérito) ya han huido de nuestras manos.

Siendo ésta mi tercera asistencia a la Conferencia Visio (20072011), las jornadas más relevantes en España sobre Vigilancia Tecnológica e Inteligencia Competitiva, no puedo más que felicitar a los organizadores por el nivel general de las exposiciones de las sesiones. Si la impresión que me llevé en 2011 era la falta de profesionales que expusieran sus experiencias, de estancamiento general, centrándose en aquella ocasión en exceso en los centros tecnológicos y en las plataformas de software; en esta ocasión la balanza se ha inclinado a favor de las experiencias reales en el campo, llevando a algunos incluso a la sorpresa.

Visio 2014, a pesar de las dificultades organizativas – no hay que olvidar que esta conferencia se debería haber celebrado en 2013-, ha demostrado que, a pesar de que a la profesión todavía le falta un largo camino, dispone de cierta madurez y que empiezan a destacar experiencias muy positivas en el campo. Aunque hubo exposiciones flojas, pocas, dejadas en evidencia por el buen nivel general de la Conferencia; Visio demuestra con esta edición que bien puede convertirse en un referente imprescindible en la VT/IC en España de obligada asistencia para cualquier profesional.

El texto publicado por Lara Rey con sus conclusiones, a pesar de no poder asistir físicamente, reflejan de forma certera la tónica general de esta edición donde caben destacar las exposiciones de Alejandro Gamón Sanz del Instituto de Biomecánica de Valencia (IBV) que presentó una metodología muy interesante basada en los roadmaps, Thibault Paoulou de Cookplay que nos presentó distintas metodologías a usar en una micropyme o Gonzalo Martín de Cikautxo Group que defendió la planificación estratégica como una metodología para competir. Desde luego que la sesión que generó más curiosidad fue, sin lugar a dudas, el bloque de Inteligencia vs. Seguridad, a pesar de que el contenido no se ajustaba al público asistente. Los profesionales afirmaban considerarse más cercanos a la inteligencia aplicada a sectores industriales que incluso algún ponente se atrevió a defender haciendo referencia a la “escuela francesa”.

La gran riqueza en la tipología de organizaciones asistentes demuestra que las técnicas de Vigilancia Tecnológica e Inteligencia Competitiva pueden implementarse en cualquier sector productivo, aunque alguno resbale aún con los términos y los conceptos. Esta edición del Visio demuestra que la disciplina de la Inteligencia Competitiva se afianza en nuestro país, aunque hay que recalcar que sigue sin existir una apuesta clara por ella en forma de ofertas laborales destacables.

La presencia de los estudiantes de la Universidad de Mondragón, que cómo no provocaron alguna anécdota, revela interés académico en la formación de los futuros profesionales. Esperemos que la divertida ponencia de Eliana Benjumeda de Infoline describiendo las dificultades de la profesión no les desanimase. En cualquier caso, lamentablemente esas dificultades salieron a relucir durante el desarrollo de la misma, ya que se pudo comprobar que el drama del desempleo también afecta a nuestra profesión con analistas considerando salirse de ella por su imposibilidad de encontrar ofertas interesantes.

Visio 2014 demuestra que en España se puede hacer buena Inteligencia Competitiva, existen muy buenos profesionales con verdadera vocación a pesar de las dificultades, que se puede avanzar hacia la realización de Inteligencia en este país y que se puede llegar a convertir en cultura de empresa. Desde luego que queda mucho que hacer, queda mucho camino que recorrer y quedan muchas apuestas que realizar. Confiemos que podamos volver a encontrarnos en 2016.

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