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La Innovación Abierta (Open Innovation) /y 2

Explotación tecnológica

Con el fin de aprovechar mejor el conocimiento interno, las empresas pueden recurrir en prácticas diversas. Desde este campo, pueden distinguirse tres actividades relacionadas con la explotación tecnológica: Venturing, la concesión de licencias bajo la tutela de la propiedad intelectual (IP), y la participación del personal no dedicado a la I+D en las iniciativas de innovación.

Venturing se define como la puesta en marcha de nuevas organizaciones sobre la base de conocimiento interno, esto implica tanto de la creación de empresas spin-off, además de procesos de spin-out. El apoyo de la organización matriz a estas organizaciones derivadas puede incluir también financiación, el capital humano, el asesoramiento jurídico, servicios administrativos, etc

La propiedad intelectual desempeña un papel crucial en la innovación abierta a través de la entrada de los flujos de conocimiento. Así mismo, las empresas también disponen de la opción de vender licencias sobre su IP para la obtención de un valor mayor sobre la misma.

Finalmente, una tercera práctica para beneficiarse de los conocimientos internos consiste en aprovechar las iniciativas y los conocimientos de los empleados actuales, incluidos los que no trabajan en la I + D interna.

Exploración tecnológica

La exploración tecnológica se refiere a aquellas actividades que permiten a las empresas adquirir nuevos conocimientos y tecnologías desde el exterior. Se distinguen cinco prácticas relacionadas con la exploración tecnológica: La implicación del cliente, el trabajo en red externa, la participación externa, la subcontratación de I+D y la concesión de licencias bajo la tutela de la propiedad intelectual.

Los teóricos de la innovación abierta reconocen que la participación del cliente es una importante alternativa para mejorar los procesos internos de innovación. Son cada vez más los expertos los que consideran que los clientes no deben ser considerados como unos adoptantes pasivos de las innovaciones, sino que más bien pueden desarrollar sus propias innovaciones que los productores pueden imitar. Por ejemplo, los usuarios pueden modificar las máquinas, equipos y software para satisfacer mejor las necesidades de proceso a la hora de trabajar y porque los productores no pueden proporcionar un suministro adecuado.

El establecimiento de redes externas constituye otra dimensión importante que se asocia siempre con la innovación abierta. Incluye todas las actividades para adquirir y mantener las conexiones con fuentes externas de capital social (conocimiento), incluyendo individuos y organizaciones.

Las participaciones externas buscan la adquisición de innovaciones que fueron desechadas o no encontraron su hueco en el mercado la primera vez que fueron lanzadas, pero que pueden ser muy interesantes en el momento actual. Las organizaciones pueden invertir en start-ups y otros negocios para vigilar las posibles oportunidades que pudiesen surgir.

Por último, las empresas pueden adquirir externamente la propiedad intelectual, incluidas las licencias de patentes, derechos de autor o marcas de comercio, para beneficiarse de las oportunidades de innovación.

Las Pymes en la Innovación Abierta

La realización de la IA es mucho más sencilla de detectar en las grandes empresas debido a que las Pymes tienen un acceso más limitado a los recursos o disponer de menores recursos tecnológicos que intercambiar que las grandes. Sin embargo, debido a estas limitaciones, la Innovación en las pequeñas empresas siempre dispone de un enfoque externo, mediante alianzas o la externalización de recursos con otras compañías. De esta manera, las Pymes pueden ser mucho más innovadoras en ciertos aspectos que las grandes compañías.

Además, las Pymes contemplan las fuentes externas como un medio para tener acceso a canales de comercialización y ventas situadas justo en las últimas etapas de la innovación (sobre todo la fase de comercialización), mientras que la IA normalmente se centra más en las primeras etapas de la innovación, la tecnología de fuentes externas y la creación de redes con proveedores de tecnología y empresas innovadoras.

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La Innovación Abierta (Open Innovation) /1

La Innovación abierta fue definida por Henry Chesbrough en su libro “Open Innovation” en 2003 donde señala:

Las ideas valiosas pueden provenir tanto desde dentro como desde fuera de una organización a la vez que pueden convertirse en accesibles para el mercado tanto desde dentro como desde fuera de la misma. Esta visión sitúa a las ideas y los caminos externos del mercado en el mismo nivel de importancia que se situaban los internos en la era de la Innovación cerrada.

Lo que se persigue con el enfoque de la Innovación Abierta (IA) es, al fin y al cabo, utilizar los flujos internos y externos de conocimiento de las organizaciones para catalizar la innovación interna, así como expandir los mercados para el uso externo de la innovación. La IA se ha contemplado de forma tradicional como si sólo tuviese cabida dentro de una empresa, sin embargo el incremento de los trabajadores del conocimiento, así como su movilidad; el establecimiento de nuevas vías de comunicación como Internet y la financiación disponible gracias a los mercados de capital riesgo, además de la ampliación del alcance de los posibles proveedores externos en la época actual; han minado la eficacia del sistema de innovación tradicional. De esta manera, las empresas no sólo quieren incluir dentro de su modelo de negocios sus propias ideas, sino que también las externas que puedan serles de utilidad.

Tradicionalmente, las grandes empresas confiaban en su I+D interna en la creación de nuevos productos y servicios. Así, en muchas sectores industriales, los laboratorios de I+D se contemplaban con un recurso estratégico para la competitividad de las mismas. Como resultado, tradicionalmente las grandes empresas cuentan con mayor capacidad de I+D y mayores activos complementarios que superaban a sus rivales más pequeños.

Pero tal como se ha señalado anteriormente, debido a la movilidad laboral, capital de riesgo y el conocimiento abundante y disperso a través de múltiples organizaciones públicas y privadas, las empresas ya no pueden darse el lujo de innovar por sí mismos, destinando grandes partidas presupuestarias para ello, sino más bien necesidad de involucrar a prácticas alternativas en innovación.

Como resultado, un número creciente de empresas multinacionales se ha trasladado a un modelo de innovación abierta en la que emplean tanto recursos internos como externos, así como el establecimiento de nuevas vías para aprovechar las tecnologías ya disponibles y, al mismo tiempo, incorporar conocimientos de fuentes externas.

De esta manera, la IA es un concepto amplio que abarca diferentes dimensiones. La mayoría de trabajos distinguen entre los flujos externos y los internos de conocimiento para acelerar los procesos de innovación interna que pueden ser resumidos en: La explotación tecnológica y la exploración tecnológica.

En el primer caso, la explotación tecnológica implica la realización de actividades de innovación que trate de sacar provecho de las capacidades tecnológicas existentes dentro de los límites de la organización. En el segundo, la exploración tecnológica hace referencia en las actividades de innovación que traten de captar y beneficiarse de las fuentes externas de conocimientos para la mejora de la técnica. En un entorno abierto completamente, las organizaciones tratarán de conjugar tanto la explotación como la exploración tecnológica con el fin de desarrollar al máximo el valor de sus capacidades tecnológicas.

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¡Que no cunda el pánico! El servidor está caído

Toda persona que gestiona un sitio web se ha enfrentado a la situación, que invariablemente de la empresa con la que tiene contratado el servicio de alojamiento más tarde o temprano se da, de introducir la dirección URL de su dominio, darle al “Intro” y que no pase nada. Bueno, sí, que el navegador de un error tipo “El sitio web es inalcanzable”. Es entonces cuando dependiendo de si el sitio web se encuentra alojado en un servidor compartido o dedicado, al administrador de la web le entra la preocupación o simplemente piensa para sí mismo “Ya pasará”.

En el primer caso, si es compartido, en general, se trata de webs con bajo tráfico y es bastante frecuente que se dé la situación de encontrarse el servidor caído. Si el servidor es dedicado, es bastante probable que la página web soporte bastante tráfico y se desee que la web se encuentre disponible las 24 horas del día. En realidad, miento, esto es cierto a medias. Todos los administradores se ponen nerviosos, aunque algunos lo llevan mejor que otros, mientras un frío pensamiento atraviesa sus mentes: ¿Qué estará pasando en aquellos ordenadores remotos que no sirven las páginas web?

En ocasiones, ese “corte” en el servicio se trata de que un servidor ha dejado de funcionar por la razón que sea. En otras, es  nuestro proveedor de acceso el que decide suspender nuestra cuenta debido a que hemos sobrepasado la cantidad de datos que habíamos contratado. Este último caso es el más descorazonador de todos porque demasiado frecuentemente la suspensión de cuentas suceden sin previo aviso. Así, la suspensión te deja un tanto desamparado e intentando entender qué sucede, hasta que abres tu cuenta de correo electrónico y allí tienes el mensaje explicativo, aunque no te den otra opción a pagar más y contratar una tarifa superior.

Es entonces cuando el administrador debe tomar una decisión, mientras recibe algún correo de los visitantes habituales de su sitio web preguntándole o avisándole de que aquello no funciona. El administrador no dispone de muchas alternativa, salvo buscar otra opción más económica en otro proveedor (con el esfuerzo de migración que esto supone), pagar una tarifa superior mediante sus recursos propios económicos al alojamiento que lo ha suspendido o confiar que los fieles le ayuden a salir del atolladero y poder afrontar el pago (No sería la primera vez que sucede).

Sin embargo, no hay nada peor para la reputación de un sitio web que un visitante se encuentre constantemente con el servidor inactivo y la información que necesita sin poder ser recuperable. Si hablamos de un sitio web de referencia la coyuntura se torna en dramática, y si ya damos el siguiente paso y nos referimos a una web profesional que se financia a través de su publicidad contextual, afiliaciones y patrocinios, ya es insostenible.

Lo peor de todo es que esta realidad es obviada y, en más de una ocasión, en sitios webs donde jamás debería suceder. De hecho, en diversas ocasiones, he intentado acceder a un sitio web de un medio de comunicación que ante los picos de tráfico que suceden entre las 8 y las 10 a.m. se encuentra colapsada y sin poder gestionar tal cantidad de tráfico… Y esto sucede durante los últimos meses. Pero esto no es lo peor que me he encontrado, en ocasiones, visitándola a las 9:15 a.m. continuaba sirviendo los contenidos del día anterior, cuando la franja de mayor actividad de los medios es precisamente a esa hora. En ese sitio web, obviamente, parece no cundir el pánico.

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El mal sueldo del blogger

El periodista Pepe Cervera lo tiene claro, un periodista y un blogger no son, ni por asomo, lo mismo. En su texto,  muy recomendable en su lectura por cierto, Cómo destruir una federación de blogs, aborda el enfrentamiento que tienen los bloggers de una red de blogs anglosajona, ScienceBlogs, con los administradores de la misma porque habían decidido crear un blog patrocinado por PepsiCo para financiar la red. Los bloggers rebelados por la violación de una plataforma creada para la difusión de la Ciencia han comenzado a abandonar la publicación de sus sitios webs, creando otros blogs fuera de ella. Para Cervera, los bloggers y los periodistas se encuentran en planos distintos, los bloggers y los periodistas no son lo mismo:

Para poder razonar esta afirmación hacen falta definiciones, a ser posible claras, ya que hay cierta confusión terminológica. Y es que ser un blogger no tiene nada que ver con escribir un blog, ni ser periodista con trabajar en un medio de comunicación tradicional. El blog no es más que un formato de publicación en la Red, y dentro de este formato se puede ser blogger o periodista. Un medio de comunicación no es más que un tipo de empresa, y en ella se puede ser blogger o periodista. El factor decisivo que diferencia la actividad de quien practica el periodismo de aquel que practica el blog no es el formato ni el tipo de empresa, sino la razón por la que se escribe. Un periodista escribe para comer; un blogger escribe por amor al arte.

Desgraciadamente, los tiempos han cambiado y los bloggers ya no suelen antender con tanta fruición ese amor al arte, son tiempos de crisis y el bolsillo vacío aprieta los viejos esquemas. Una amiga lanzaba en Twitter una pregunta: ¿Cuánto cobra un blogger? Puede que un conocido suyo parado se plantease dedicarse profesionalmente al mundo de la blogosfera, puede que ella misma se encontrase dispuesta ante una necesidad y necesitase de un dinero extra. Desgraciadamente, la respuesta es que poco, muy poco.

El artículo Asalariados del blog que se publicó a principios de año en el diario El País nos puede dar una pista sobre cuánto puede cobrar un blogger por texto. Mi amiga consideraba que eso no era pagar a nadie, de 0’5 a 1 euro por post, era llanamente explotación.

Puede que mi amiga tenga razón. Escribir un texto, que no se trate de un mero “corta y pega” de una nota de prensa, puede llevar entre media a una hora. Si el texto se encuentra mucho más elaborado, por ejemplo, de una extensión que sobrepase las mil palabras, puede que el tiempo de documentación y redacción se dilate mucho más. ¿Un euro por una hora o incluso dos de trabajo? ¿Quién puede dedicarse profesionalmente a esto? Tendríamos que volver al razonamiento de Pepe Cervera, a alguien que le guste escribir sobre los temas que le gustan, ganarse un pequeño sobresueldo y poco más. Alguien que trabaje por amor al arte.

Sin embargo, la reflexión de Cervera también debería preocupar a la segunda profesión citada. Si a un bloguer se le paga a un euro la pieza de información (dependiendo de qué casos, ojo), ¿cuánto les llegarán a pagar a los periodistas en un futuro? ¿Serán los medios de comunicación capaces de soportar la competencia cuando los costes de esta competencia son tan sumamente bajos? ¿Podrán los periodistas competir en igualdad de condiciones con personas, algunas de ellas expertas en la materia y que les sobrepasan en conocimientos (a algunos de ellos), que se dedican informar por simple gusto?

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El ocaso de Feedburner (y de los Feeds)

Una de las “maravillas” que popularizaron los blogs es la sindicación de contenidos a través de sus distintos formatos. La posibilidad de recoger los contenidos de innumerables web sin tener que visitarlos uno a uno cada día a través del navegador (o hora tras hora dependiendo de la web), nos permitía leer las nuevas actualizaciones de sitios web de publicación irregularde forma automatizada. Para los usuarios más avanzados de la Web, la implementación de los RSS en las webs supusieron un avance en la lucha contra la infoxicación, aunque más de uno acabaría sepultado de nuevo por ella por su falta de mano izquierda a la hora de gestionar aquella avalancha.

Hoy en día, la sindicación, uno de los estandartes de la Web 2.0, languidece mientras la recomendación impone su reinado. Twitter o Facebook redirigen muchísimo tráfico, mientras los Feeds nunca llegaron a ser asimilados por el gran público posiblemente debido a que permanecía un tanto ajeno a sus posibilidades. En el apogeo de la blogosfera, Feedburner se erigió como el mejor servicio externo para la distribución de feeds y muchos bloguers lo abrazaron en primer lugar porque disminuía la presión del tráfico en sus servidores, en segundo porque ofrecía estadísticas y en un tercero porque permitía la suscripción a través de email.

El futuro parecía caminar hacia la distribución de los contenidos a través de esta vía y Google apostó por ella, desarrollando su propio agregador vía web (Google Reader), además de ofrecer su abrazo del oso a la compañía que mantenía Feedburner adquiriéndola. Sin embargo, desde entonces no se produjeron mejoras significativas en el servicio desde Mountain View, salvo la posibilidad de incrustar publicidad en los Feeds.

Actualmente, el abandono parece total. Además de que algunos suscriptores nos han informado que las actualizaciones por email en ocasiones no llegan a su destino, los picos de lectores que muestran las estadísticas del servicio fluctúan de forma dramática, suponiendo en ocasiones más del 50% de los mismos. Ni siquiera el servicio parece fiable a la hora de aportar estadísticas y las alternativas apenas existen. Es probable que a muchos administradores les toque volver a nuestros feeds nativos, aquellos que nuestros sistemas de gestión de contenidos nos otorguen olvidándose de Feedburner, puesto que si empieza a tener caídas, el servicio dejará (aún más) de tener sentido.

Los feeds pasarán a ser meros enchufes de las webs de Social Media o afines, desvirtualizando su concepción de la web productora de contenidos hacia la persona interesada, encaminándose hacia la máquina (Las webs, Facebook, Twitter, etc.)

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El modelo iPad es el camino para la alfabetización informacional

A principios de los años 90, mi padre trabajaba en una empresa aseguradora que adquirió un servidor que estaba valorado en un millón de pesetas de aquel entonces. Mi padre estaba más o menos orgulloso de aquel mastodonte y, en una de esas visitas que realizamos los hijos cuando somos jóvenes y donde soy semiidolatrados por los compañeros de trabajo de nuestros familiares, recuerdo perfectamente la máquina IBM encerrada en su cuartito cruzada por innumerables cables a través de los cuales servía datos y cálculos al resto de terminales “tontos” de la oficina. Obviamente, eran otros tiempos, los terminales no solían disponer de interfaces mediante punteros e iconos a pesar de que ese sistema de interacción con el usuario lo comercializaba Apple con éxito desde mediados de los años 80. Claro que eran otros tiempos, las innovaciones tecnológicas tardaban unos pocos años en llegar a este lado del Atlántico y su asimilación era más lenta. Es curioso que actualmente un pequeño desfase de semanas en la comercialización de cierto producto tecnológico parece situarnos casi en la segudna división del Globo.

Cuando la consola de comandos pasó a mejor vida, a mi padre le costó dar el salto. Resistiéndose a utilizar el ratón, usando las combinaciones de teclas para ejecutar acciones y las teclas de desplazamiento para moverse en menús de programas diseñados para MS-DOS o Unix. Hoy en día, no ha podido resistirse al cambio radical que ha sufrido la informática de consumo en los últimos tiempos y sorprendentemente mantiene, en la medida de lo posible y con el soporte técnico de su hijo, una pequeña página web. Su siguiente paso es dar el paso a Facebook, pero eso lo dejaremos para Agosto.

Sin embargo, mi madre siempre se ha negado a sentarse delante de un ordenador. Desde aquel clónico con un procesador 286, un IBM PS2, que inauguró la mesa del despacho de mi antigua casa, hasta los distintos ordenadores que han ido poblando los rincones de mi casa a lo largo del tiempo, incluyendo los tres portátiles que hoy habitan mi casa, reiteradamente se ha negado a asomarse a Internet, aunque alguna de sus hijas se haya ido lejos y la comunicación con ella se haya hecho un poco más complicada. Y no se trata de que no tenga una miente inquieta, que la tiene; sin embargo el teclado, el ratón, los tiempos de espera cuando cargan los programas, la aparente complicación de los ordenadores con sus cuelgues, la han mantenido alejada de todo aquello que tuviese cierta relación con la informática. Hasta hoy.

La discusión sobre el gadget del momento también ha afectado a mi familia como habrá asaltado algunas de las conversaciones durante alguna comida familiar. Mi hermana consideraba que era un cacharro inútil, capricho de ricos y un nuevo movimiento de marketing de Steve Jobs que empujaba a los fansboys a gastarse de nuevo el dinero. Yo no lo veía así, desde luego. A pesar de las críticas, de la falta de cámara, de la falta de multitarea, de la falta de puertos USB, Jobs nos guiñaba el futuro. Es posible de que se trata de una tragaperras sobre la que debemos gastarnos el dinero para mantenerla útil, pero un aparato sencillo de usar y sin muchas complicaciones que rompía con la barrera de entrada que hasta entonces había supuesto a las personas más mayores.

Tanto es así que no me sorprendió que mi madre, tecnófoba por naturaleza que se niega a utilizar un teléfono móvil para no estar controlada en ningún momento por nada ni por nadie, me dijese que si finalmente adquiría un iPad se lo dejase probar. Una pantalla táctil, un diseño atractivo, una interfaz sencilla y sin teclado ni ratón y mi madre ya parece dispuesta a dar el salto a la Red. He ahí porqué el iPad, y las tablets que la seguirán, están cambiando el futuro no sólo para los más jóvenes, sino también para los más mayores.

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Gran error 2.0, prohibir el Social Media en la redacción

Twitter Media Huelga decir que la situación de los medios de comunicación no es la mejor de su historia. Si nos referimos a los medios de comunicación impresos, que luchan en su traslación hacia el mundo digital en ocasiones a contracorriente, la situación podría ser definida como dramática. Sin embargo, ya se trate de periodistas de uno u otro soporte, existen herramientas comunes que no se deberían evitar aprender usar y, actualmente, no se deberían obviar ni Facebook ni Twitter.

La primera de ellas, si bien debe ser entendida como un coto cerrado de privacidad, está cambiando radicalmente la manera que estamos utilizando la web y en un futuro no tan lejano puede que su protagonismo sea mayor que el de Google. La segunda porque Twitter se ha convertido en un medio de comunicación por sí mismo, donde políticos y deportistas, organizaciones e instituciones comentan sus últimas actividades e incluso tratan de gestionar crisis. E incluso, en ocasiones, Twitter es noticia por sí mismo al ser uno de los medios de comunicación utilizados por sus propios protagonistas. No, no es baladí, que un comunicador aprenda a utilizar estas herramientas, que sea consciente de su funcionamiento y de sus posibilidades, que sea partícipe de ellas no sólo como mero espectador.

Por supuesto que todavía hay periodistas que colocan a estas dos herramientas en los mismos planos, como si una excluyese a la otra o como si se tratasen de la misma. Alguno se acercará a algún compañero, probablemente más joven y más avezado en el vertiginoso mundo de la Web, para que le explique qué es exactamente eso de Twitter (Más complicado de usar que Facebook por su propia idiosincrasia). Los propios medios de comunicación lo utilizan como canal sin mayores problemas, el propio Twitter abrió un blog para ayudar a los periodistas más despistados, por lo que no me esperaba es lo que me comentó una amiga periodista hace no mucho.

A vueltas con la productividad de los trabajadores, me comentaba que, desde su empresa, se estaba empezando a considerar la posibilidad de capar la utilización de ciertos sitios web y me destacó dos: Facebook y Twitter. Teniendo presentes los últimos movimientos que se están produciendo dentro de las cabeceras más importantes en España, con la integración de las redacciones digitales e impresas, con lecciones de técnicas básicas SEO (Se acabó la escritura para humanos) y la búsqueda de audiencias por todo tipo de soportes; me pareció completamente extraño aquello, si no suicida, minando el futuro del trabajo de los periodistas.

A partir de ahora, nada de ir más allá de la búsqueda de información que puedan dar los organismos oficiales mediante notas y ruedas de prensa, editar los despachos de agencia, toda la información filtrada por otros, replicadores de contenidos tradicionales incapaces de ver por dónde salta la noticia… La innovación de la información capada por una decisión puede que un tanto arbitraria.

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¿Será Facebook juez y parte en el posicionamiento web de Google?

Hace ahora justo un año cuando lanzaba la pregunta ¿Es la web social el inicio del declive de Google? Entonces, algunos escépticos consideraron mi propuesta como una completa locura e infundamentada, insostenible, increíble, imposible… Puede ser que lo fuese entonces, hoy es probable que tenga mayor sentido.

Podríamos considerar que, al principio, la Web era el enlace, millones de páginas enlazadas sin aparente orden ni concierto que encontraban su sentido en esa algarabía gracias al trabajo del algoritmo de Google y de otros buscadores. Sin embargo, hoy en día, la Web se construye mucho más allá de los enlace. Partiendo de las base de que los enlaces los crean y los gestionan los creadores de contenido, aquellos que quieren estar considerados en los puestos altos del ranking de Google o simplemente los que desean referenciar contenidos para ampliar conocimientos, hay una parte de los usuarios de la Web que no saben ni entienden cómo se crean. La Web no llega a ser necesariamente democrática en ese aspecto porque una parte de ella no enlaza, ni siente la necesidad de hacerlo. Hasta ahora.

Hoy en día, los usuarios de la Web pueden llegar a no ser tan pasivos. La Web 2.0 trató de democratizar la creación del contenido, sin embargo lo que realmente sucedió es que democratizó la recomendación del mismo, siendo arrebatada esa idea primigenia hacia otros valores. Twitter y Facebook redirigen contenidos a nuestros conocidos y seguidores sin necesidad de escribir largos y extensos textos. Lo importante es derivar la atención, “me gustó esto y te creo que os podría interesar”, a través de personas que pueden tener las mismas inquietudes (no necesariamente intelectuales) que nosotros.

De este modo, Facebook, aunque actualmente sobre todo Twitter, se erigen como los grandes filtradores de contenidos de la Red y pueden llegar a otorgar una parte importante del tráfico de páginas web. Los medios de comunicación y las páginas web profesionales han sido los primeros en percatarse de ello y en colocar esos letreros de veces twitteado o “Me gusta” sobreimpreso en el azul Facebook para poner fácil a sus lectores el compartir sus gustos.

¿Ese mismo “Me gusta” puede influir en el posicionamiento? ¿Habrá perdido Google la posibilidad de posicionar los contenidos bajo sus reglas, las que obligaba a los SEOs a devanarse los sesos intentando entenderlo, y pagando a terceros para que les permita indizar esas recomendaciones? ¿Es la muerte del enlace como sistema democrático en la Web? ¿Es el principio del fin del SEO como lo conocimos hasta ahora?

Lo interesante de esta cuestión es el baile de poder que ha sufrido la Web en escasos cinco años. Un sitio web no concebida desde un principio para ser un nodo de tráfico, arrebata lentamente el poder de influencia que pueda tener Google sobre el resto del ecosistema web y lo peor de todo es que la dependencia de una a la otra puede ser peligrosa.

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Canibalización de producto en la prensa, hacia la integración de las redacciones (y 2)

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Partiendo de la consideración anterior, los medios de comunicación impresos deben acometer una serie de cambios de políticas respecto al producto informativo que venían publicando hasta ahora en la web que pasaría por las siguientes consideraciones:

  1. Integración de formatos multimedia. Su producto no debe contentarse sólo con el texto y la imagen que han predominado hasta hace poco en la Web, sino que deben realizar una apuesta por el enriquecimiento de las informaciones cuando sea necesario añadiendo vídeo y audio.
  2. Enlace a fuentes. Una de las mayores críticas que se realizan a los medios de comunicación es el “miedo” que tienen a la hora de enlazar fuentes de información externas. Temor a que los usuarios salgan del sitio web, dando una imagen de no llegar a entender la naturaleza de la Web. Sin embargo, el enlace a fuentes externas o a las propias informaciones que se han publicado de manera previa, son necesarias para contextualizar la noticia y ofrecer un servicio añadido al lector que puede no realizar un seguimiento a la noticia al detalle y que espera que realicen los periodistas.
  3. Creación de comunidad. Tradicionalmente, los lectores de un medio de comunicación suelen ser fieles al identificarse ideológicamente con el producto. Los medios impresos han mantenido secciones de participación limitadas a través de las secciones tipo “Cartas al Director”. Sin embargo, en un marco digital, las posibilidades se amplían mediante la creación de espacios de participación como la posibilidad de comentar noticias o rectificarlas.
  4. Promoción de contenidos. El periódico debe llevar acciones de promoción activas para que sus contenidos lleguen al mayor número de internautas. El apoyo a blogs, servicio de microblogging o redes sociales son varias de las vías para que sean los usuarios los que compartan contenidos entre ellos, pero también la instauración de la figura del Community Manager .
  5. Consulta de información retrospectiva. Los servicios de archivo permiten el aumento del tráfico mediante lo que se ha denominado “Long Tail”. De esta manera, lo ya publicado crea una fuente de ingresos adicional mediante contenidos ya publicados (Archivo), así como la redifusión del contenido cuando sea necesario.
  6. Distintos soportes. El navegador se está convirtiendo en un elemento tradicional de acceder a la información disponible en la Web y al mismo tiempo obsoleto. Mientras los ordenadores se sitúan como principales fuentes de acceso a la Red, otros dispositivos están comenzando a hacerse más interactivos. Los teléfonos móviles o smartphones son principalmente estas nuevas vías de acceso, pero la reciente popularización de dispositivos eBooks o Tablets, como el reciente lanzado iPad, son otras de las vías de consumo de información. Los medios de comunicación deberán tener presente estas evoluciones para que el contenido llegue por encima del contenido.

Para alcanzar los anteriores puntos, la redacción debe sufrir una reconversión para el fomento de innovación informativa para la adaptación competitiva. Para ello sería interesante la consideración de los siguientes puntos:

  • Integración redacciones impresa y digital. Esto es fundamental para favorecer la transición de un modelo a otro. Ante la incógnita de si la edición impresa sobrevivirá a la reconversión que está sufriendo el mercado de la información, los periodistas deben ser personas capaces de adaptarse al cambio que les sobreviene. En cuanto comiencen a entender su nuevo rol y las nuevas formas del nuevo producto informativo, podrán desarrollar un producto más competitivo.
  • Formación de periodistas sobre el nuevo entorno de comunicación social. No sólo se debe integrar a los periodistas de prensa dentro de la redacción digital, si no que se les debe formar sobre el funcionamiento de la Red y las formas y comportamientos que la rigen.
  • Fomento entorno audiovisual. La Web integra infinidad de tecnologías que en épocas anteriores se consideraban excluyentes o complementarias. Cada vez con mayor frecuencia, las informaciones se verán reforzadas por testimonios gráficos.
  • Horizontalidad en la toma de decisiones. La publicación de informaciones dentro de la Web es rápida y ágil, muy alejada del modelo tradicional en el que las decisiones se tomaban de forma jerárquica (Redactor – Jefe de sección – Redactor-jefe – Subdirector – Director). La estructura tenderá hacia la horizontalidad en la que el redactor tendrá un mayor poder de decisión sobre la información que se publica.
  • Vigilancia tecnológica. El nuevo producto informativo tenderá a convertirse además de multimedia en multisoporte. La vigilancia sobre el entorno y la tecnológica serán cada vez más importante y la capacidad de innovación en formatos será capital para encontrar nuevas vías de financiación para el producto informativo. Qué hace la competencia y las nuevas tendencias serán vitales para mantener la viabilidad económica de un producto.
  • Arquitectura de la información, usabilidad y diferenciación de la competencia. La cabecera todavía será un elemento vital para las cabeceras tradicionales dentro de su ámbito territorial, pero también habrá que reforzar cómo se estructura la información y cómo se presenta para diferenciarse de la competencia ante productos similares.

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Canibalización de producto en la prensa, hacia la integración de las redacciones (1)

economist_newspaper.jpgLa inmensa mayoría de los medios de comunicación impresos se enfrentan a la reconversión de su modelo de negocio que pasa por la transformación del producto informativo desde un punto de vista meramente industrial (Confección, diseño, producción, distribución y venta al público del diario impreso) a un modelo basado en un servicio accesible a través de la Web.

Desde finales del siglo XX, los medios de comunicación encaran la incógnita del futuro sobre qué podría suceder con Internet y qué espacio les correspondería en la Red. Conscientes de que su prioridad era encontrarse presentes dentro de ella, en un principio comenzaron a volcar todas las informaciones que distribuyen en formato impreso y de pago, de forma gratuita.

Sin embargo, la explosión de la burbuja tecnológica de principios de siglo provoca una revisión del modelo de negocio que se está llevando a cabo desde entonces hasta ese momento. En un primer momento, algunos medios de comunicación con presencia digital se convierten en medios completamente de pago, modelo que posteriormente se comprobó que era un fracaso en términos relativos a difusión e influencia, mientras otros permanecen en su gratuidad o desarrollan un modelo mixto.

En cualquier caso, si atendiésemos a los datos relativos a la difusión de los ejemplares impresos, comprobaríamos que estos se encuentran en una fase descendente, mientra que, por otra parte, los usuarios únicos que mensualmente visitan los medios de comunicación de prensa se encuentra en fase de crecimiento exponencial en la mayoría de ellos. Es decir, que mientras la difusión de los medios impresos desciende, no sucede lo mismo en las páginas web de los medios que, en general, mantienen una tendencia ascendente.

Desgraciadamente, el futuro de la prensa impresa es todavía una incógnita. Nos hayamos en un proceso de sustitución de un producto físico a uno digital en el que se mantienen los altos costes de explotación del primero, mientras que el digital no puede sostener a pesar de su crecimiento. Aunque, mientras tanto se ensayan nuevas formas de conducir el proceso informativo atendiendo a su viabilidad económica y de impacto en la opinión pública.

Las razones de este cambio en el consumidor de esta tipología de producto se argumenta en:

  1. Falta de credibilidad de los medios de comunicación. El descrédito de los medios de comunicación se fundamenta en que pertenecen cada vez más a grupos industriales que controlan el poder económico y que están en connivencia con el poder político. Esta percepción es palpable entre sus consumidores potenciales que consideran que la parcialidad, la falta de objetividad, la mentira, las manipulaciones, o simplemente las imposturas, no cesan de aumentar.
  2. Cambio tecnológico. Internet es el mayor catalizador del cambio que están sufriendo los medios de comunicación y que están transformando las maneras en que se producen, transforman y difunden las noticias. Las fotografías ya no son analógicas, son digitales, su duplicación se realiza casi a un coste tendente a cero, mientras que lo mismo puede decirse de las informaciones impresas, aunque no así su producción. Por otro lado, el producto multimedia se afianza convirtiendo tanto las redacciones digitales de televisiones, radios y prensa en productoras casi de un mismo producto.
  3. Comunicación unidireccional. A pesar de la existencia de secciones para que los lectores puedan expresarse dentro del medio de comunicación, actualmente, debido a las fuentes de información disponibles y accesibles a través de otros medios, estas vías tradicionales se antojan insuficientes para establecer una comunicación con los usuarios y lectores del producto informativo.
  4. Cambio de hábitos de los lectores. La denominada Web 2.0 ha supuesto un cambio en la mentalidad de los internautas más avezados que son, por otra parte, aquellos que tienen mayores inquietudes intelectuales. La facilidad de publicación de contenido y los costes de infraestructura tendentes a cero, facilitan el lanzamiento de nuevos medios de comunicación que compiten en igualdad de oportunidades con los medios de comunicación más grandes que sólo pueden escudarse bajo el paraguas de su marca o cabecera. Por otro lado, la web ubicua y los dispositivos móviles van a acelerar este cambio en los hábitos de consumo de los lectores ante los que los medios de comunicación deben estar dispuestos a asumir y a trasladarse hacia ellos.
  5. Superusuarios. Los usuarios más influyentes dentro de la web son personas que publican sus opiniones en blogs personales que pueden llegar a superar en tráfico a algunos medios de comunicación. Su opinión es tenida muy en cuenta a la hora de contrastar las noticias y criticar los deslices cometidos por los medios de comunicación que, en algunas ocasiones, se han visto sobrepasados por una nueva cultura de consumo de información que ya no pueden controlar.
  6. Fragmentación de audiencias. La competencia en Internet es pura y perfecta situándose a un solo clic. Podemos disponer de la misma noticia y analizar su tratamiento en distintos medios sin excesivos costes, porque la encontramos de forma accesible y gratuita en la mayoría de las ocasiones. Por otra parte, la facilidad de publicación y difusión de contenidos dentro de la web permite la creación de micronichos informativos enfocados a un público objetivo muy concreto sin grandes costes.
  7. Mayor competencia. Sin embargo, hasta el nacimiento de la web social, el cuestionamiento de todo el modelo productivo de los medios de comunicación impreso se ha canalizado a través del concepto de periodismo ciudadano. Los medios de comunicación, en general, no se han dispuesto a analizar su situación y tratar de cambiar su delicada posición de enrocamiento. Tanto es así, que se encuentran dentro de un ámbito en el que no sólo deben competir en igualdad de condiciones con su competencia directa en el mundo real, sino que además deben competir con otros medios de comunicación (Radios y televisiones) que situados también en la Red apalancan su marca para difundir las mismas informaciones.
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iPad, el futuro del libro a pilas y con pantalla a color

Ayer me acerqué a la fnac a otra cosa y me encontré con un tumulto de gente arremolinada entorno a la mesa donde esta tienda del ocio tenía anteriormente situados los ordenadores de Apple. Extrañado, me situé al lado de un joven que trataba de girar una tabla acristalada mientras deslizaba los dedos por ella y caí en la cuenta: El día del iPad.

Ayer no lo toqué, no quise hacerlo puesto que consideraba que los muy jóvenes podrían tener mayor destreza que yo a la hora de desentrañar el funcionamiento del nuevo gadget de Apple. También es que su ímpetu, y su capacidad de salivación ante una novedad, es ya mucho mayor que la mía, así que me conformé con sonreír brevemente y centrarme lo que me había conducido hasta allí. No sin antes detenerme ante un ordenador portátil de 15” y considerarlo una pasada por bonito… Vale, también me detuve en las especificaciones técnicas. Puede ser que me haga viejo o simplemente menos impresionable.

El jueves, ese objeto de deseo aparentemente dio la puntilla a que Apple desbancase a Microsoft en el Nasdaq, dándole mayor capitalización bursátil y por tanto mayor peso económico. Es impresionante que Steve Jobs haya obrado el milagro en 15 años, arrebatándole el primer puesto a Microsoft que dispone una increíble implantación en el mercado de PCs, pero que no ha sabido utilizar esa ventaja competitiva durante ese tiempo, sobre todo al perder la batalla de Internet en detrimento de Google. Apple, mientras tanto, ha realizado el camino inverso, desarrollando gadgets (MP3 y teléfonos móviles) para conseguir un efecto halo sobre sus ventas de ordenadores personales, pero a la vez creando todo un ecosistema de funcionalidades para los mismos impresionante. Convirtiendo a los escépticos en fans declarados y realizando las cosas terriblemente bien.

Del iPad se ha dicho de todo, que si era un iPhone con esteroides, que si le faltaba una cámara – Esto nunca lo llegué a comprender, aunque en realidad se referían a una WebCam -, que si estaría bien algún puerto USB, que si no es multitarea. Nos hemos dedicado tanto a señalar lo que no tiene, que nos olvidamos de lo que es. ¿Y qué es y para qué sirve? Ni siquiera Apple lo sabe a ciencia cierta. Ni los usuarios, tampoco. Sin embargo, la tableta mágica, una nueva máquina de hacer dinero, no es un libro electrónico al uso, es todo un dispositivo multimedia.

Y es que Jobs lo tuvo presente desde el principio. En su momento, preguntado sobre el lanzamiento del Kindle, Jobs fue sincero y citamos:

Sin embargo, cuando se pregunta a Jobs qué opina del dispositivo [el Kindle], deja claro su menosprecio por el sector de los libros. “No importa lo bueno o malo que sea el producto; el hecho es que la gente ya no lee”, espeta. “Un 40% de los estadounidenses leyeron un libro o menos el año pasado”.

Jeff Bezos, presidente de Amazon, se mostró preocupado durante los momentos previos de la presentación del iPad. Amazon no era una empresa desarrolladora de hardware y software, así que Apple desarrollase su tableta era una competencia difícil a batir. Sin embargo, Amazon es bueno en la distribución de contenidos y no ha tenido ningún reparo en desarrollar aplicaciones del Kindle tanto para el iPhone como para el MacOS, la presencia del iPad simplemente es un paso más, aunque obviamente el producto descoloca a todo el sector del hardware del libro electrónico. Se encuentran en la obsolescencia más absoluta. La atención se ha centrado tanto en la tinta electrónica, en la experiencia del libro impreso trasladada a lo digital, que no se ha atendido a las nuevas necesidades y tendencias de los usuarios nacidas gracias al iPhone. Los jóvenes no querrán un eBook, desearán un iPad al igual que sus mayores.

Cuando me preguntaron qué opinaba sobre el nuevo cacharro de lujo de Apple lo tuve bastante claro. Antes nos gastaríamos 450€ en un aparato con pantalla a color para leer, consultar el correo e Internet que 250€ en un aparato sólo para leer libros electrónicos y que además nos ofrece una experiencia de usuario bastante deficiente. El libro electrónico está realizando a marchas aceleradas una simbiosis con Internet, lo llaman el libro en la nube. El iPad es su catalizador y muy pronto todos tendremos uno en nuestras manos.

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Conectarse a Internet, sea como fuere

Aún me recuerdo como un joven barbilampiño, una noche justo antes de cenar, temblando de inseguridad cuando rellenaba un formulario web sus datos de contacto y bancarios. ¿Funcionará? ¿Quién se tragará esa información? ¿Me podré conectar? Eran tiempos en los que a Internet accedía mediante un módem telefónico V.90. (Transmisión a 56’6 kbps de descarga y hasta 33.600 bps de subida), pero, en aquel momento, estaba realizando un paso importante, dándome de alta en Terra y su tarifa plana. El acceso a la Red dejaba de ser parte de elitistas y se democratizaba, más o menos, en España.

Buena parte de mis compañeros de generación conocimos Internet en pequeños lapsos entre clase y clase en la universidad. Entonces, tener una cuenta de correo electrónico universitaria era casi una odisea, esperando en las largas colas que se formaban para acceder a las aulas de informática, a aquello que se abría como un mundo de posibilidades en la comunicación.

La Tarifa Plana no era una tarifa plana (no os engañéis) porque sólo podías conectarte de 18h a 8h, así que en los tiempos del apogeo de Napster, debías sincronizarte con el ordenador puesto que 3 megabytes no se descargaban rápidamente. En la evolución de la conectividad a Internet, pronto podrías conectarte a través de cualquier línea telefónica, es decir, desde cualquier ordenador con un módem a su lado, lo que te permitía cierta “movilidad” intelectual, no de equipos. En aquellos tiempos, los portátiles eran un objeto casi de lujo y muchos nos dábamos por satisfechos con gastarnos los casi 900€ en un ordenador de sobremesa.

La Tarifa Plana capada se convertiría a lo largo del tiempo en una de verdad, mientras que el ADSL comenzaba a cobrar protagonismo. Los internautas esperaban con avidez que otras compañías de comunicaciones comenzasen a tender sus redes de fibra óptica levantando calles y ofreciendo una alternativa a aquellos desgastados por el monopolio de Telefónica.

El debate sobre el futuro de las comunicaciones se centraba en la derrota del cobre sobre la fibra óptica, aunque el paso del tiempo y las mejoras tecnológicas han demostrado que las añejas redes telefónicas podían aguantar el envite de los tubitos de colores. Ha sido a posteriori cuando me he percatado de que mis profesores universitarios no andaban desencaminados cuando aseguraban que “el cobre vivirá”.

A mi casa no llegaron los obreros que se encargaban de levantar las calles para instalar los nuevos tendidos telefónicos, así que me tuve que conformar con el ADSL de Terra al principio, de Telefónica después. Obviamente, esta tarifa plana ya no podía moverse, pero fue compensado puesto que el cambio de una tecnología a otra fue espectacular. Eso sí, con unos paupérrimos todavía 256 kbps de bajada, pero con la ventaja de que no se colgaba, el servicio era bastante estable y entonces todo parecía ir a velocidad sideral. Posteriormente, la velocidad fue duplicándose lentamente, siempre con el beneplácito de la CNMT (Comisión Nacional del Mercado de las Telecomunicaciones) que en sus intentos de gestionar la libre competencia debía de dar permiso a Telefónica para que sus competidores pudiesen adecuar sus ofertas a la nueva velocidad de la operadora.

Así que pasamos de 256kbps a 1Mb/s tras unos cuantos meses, sintiéndonos un poco estafados porque para tener conexión a Internet, debías pagar una suerte de impuesto revolucionario del teléfono fijo que cada vez más caía en desuso por otra de las tecnologías que entraron en nuestras vidas (El teléfono móvil). Actualmente disponemos del ADSL libre sin línea telefónica, esta vez por una imposición de la CNMT a Telefónica, pero ONO llegó a mi puerta y di el cambiazo por 3Mb/s, sin ser consciente de que si algo funciona es mejor no cambiarlo.

Pero con varios ordenadores ya en casa, Internet entró en nuestras vidas y ya no es posible entender un computador sin esa ventana al mundo. Se trataría un huérfano sin sentido ni interés para nadie. Y aunque esa conexión estática permanece, actualmente he dado una vuelta de tuerca y me conecto de otra manera.

Vodafone me ofreció la posibilidad de conectarme a la Red mediante un módem USB 3G y ante las dudas iniciales (hay que comprobar la cobertura), me lancé a la aventura no sin antes analizar foros y blogs sin grandes resultados sobre su estabilidad o velocidad. Pero, de momento, sin realizar un uso excesivamente intensivo, aguanto medio convencido de que el cable ni el cobre son imprescindibles, y sin poder creer que vuelva a estar enchufado para conectarme a la otra parte del mundo, en este caso, virtual.

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El periodista será el bloguer total

Cuando Sindo Lafuente llegó a la edición digital de El País tras el cierre de Soitu, además de situar el lugar de la redacción digital justo en el medio de la redacción en papel integrando ambas (como había hecho ABC), casi lo primero que hizo fue cambiar la página principal del medio de comunicación. Aunque la parte superior no sufrió apenas ningún cambio, la parte media de la portada fue limpiada y además situó, al igual que venía haciendo El Mundo, una tira con los principales blogs que El País disponía.

Aparentemente, el formato blog se encuentra viviendo una segunda juventud dentro de los medios tradicionales que finalmente los han abrazado sin el menor reparo a pesar de las dudas iniciales. Sin embargo, no debería resultar sorprendente. Una de las principales críticas que se achacaron a los medios tradicionales dentro de la ola de la Web 2.0 era lo poco participativos y colaborativos que resultaban. Fundamentalmente, en algunos se podían añadir comentarios o incluso enviar una rectificación de la noticia, pero no era esperable que alguien (el autor por ejemplo de la nota) llegase a contestar, de tal manera que los lectores se enzarzaban en discusiones sin que nadie, aparentemente, condujese el hilo de la conversación (Que era de lo que se trataba).

Hoy en día, no hay medio de comunicación que no disponga botones para promocionar la noticia dentro de la web social. Twitter y Facebook son, respectivamente, los sitios web donde los medios buscan esa agitación informativa, al igual que lo fueron previamente Menéame, Delicious o los blogs de los lectores. Ahora, el medio parece buscar la difusión de sus informaciones fuera de él, algo curioso cuando todavía nos encontramos con reticencias a la hora de enlazar otras fuentes desde los textos, pero indiscutible puesto que la “atención” de los internautas se encuentra en esos lugares (Además de mejorar el posicionamiento en Google).

Obviamente, estas nuevas políticas de promoción en la Web Social conllevan consecuencias para los periodistas. La primera es la propia curiosidad humana a la hora de comprobar cómo está funcionando lo publicado. Los rankings de “Lo más leído”, “Lo más comentado” o “Lo más valorado” son dos de las cosas que más gustan verificar. Pequeñas satisfacciones que también buscamos los propios bloguers, aunque obviamente la escala es mucho mayor. Ahora bien, ¿qué tal si añadimos lo más twitteado, lo más agitado en Facebook? El periodista convierte, efectivamente, en un mero habitante de la Web que compite con el resto de los editores (sean sus compañeros o no) por conseguir “atención”. Parte con ventaja ante los pequeños editores puesto que para ello se sitúa en grandes empresas, con mayor acceso a fuentes de información primarias y secundarias, aunque su comportamiento ante los resultados de la publicación de sus informaciones es similar.

Un paso más refrendando esta tendencia lo dió The New York Observer la semana pasada. Así, este medio ha propuesto a sus redactores una serie de incentivos para reforzar estas políticas de imapcto dentro de la web social (Pon polémica incluida). Los incentivos se colocan en cinco categorías: páginas vistas, número de posts publicados, seguidores en Twitter, cantidad de comentarios conseguidos y enlaces externos a sus noticias. Todo un reto para los periodistas de este medio que muy pronto se van a tener que reconvertir en internautas avezados para poder entender y atender todo el ecosistema informativo que se enfrentan y sus modas, tan cambiantes y poco predecibles.

De esta manera, los bloguers consideraron que nacieron para atender aquellas informaciones que parecían despreciar los grandes medios de comunicación. Unos cuantos años después, las nanoaudiencias fundamentalmente replican aquello que han visto y leído en otras partes, alimentándose de los medios de comunicación, comentándolo y añadiéndole valor (A veces sin acabar de conseguirlo). Sin embargo, ese modelo, el del bloguer, el del internauta avanzado, acabará fagocitado por el periodista que revertirá el orden en el que se publican las informaciones, primando el personalismo, su identidad digital, la figura del periodista más allá del medio en el que trabaja.

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