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Archive by category "Biblioteconomía"
Publicado el Lunes, 4 de marzo de 2013 por Marcos Ros-Martín en
Prensa
La vida de David Carr, periodista de medios de comunicación en la Dama Gris, podría resumir la intencionalidad de este documental. Carr detalla en la cinta su descenso particular a los infiernos. Aprovechando un paseo nocturno por una calle, señala a un indigente totalmente borracho sobre un banco de piedra y lo declara “ése era yo”. Carr describe sin rencor que desde su veintena hasta la treintena fue un adicto a la cocaína hasta el momento que le detienen, momento en el que debe de ascender en la espiral en la que se ha situado. El documental consciente o inconscientemente nos muestra a un periodista, capaz de levantarse asimismo; que considera que su entrada en el Times se le presenta como un renacimiento, una forma de resarcirse de su pasado. El paralelismo es evidente, el periodismo tradicional debe de rehacerse a partir de sus errores y ha de reconducir la situación. Una situación que se antoja harto difícil.
Sorprende comprobar cómo los periodistas aporrean las teclas de sus ordenadores portátiles como si máquinas de escribir desengrasadas se tratasen. Puede que se trate de una herencia de la que les cuesta deshacerse o puede que simplemente traten de establecer esa autoridad maltratando sus ordenadores, conscientes o inconscientes de que aquellos tiempos pasaron a mejor vida. The Times como institución, así como el periodismo de prensa, pasa una de sus mayores crisis condenada a la reconversión industrial. Esa realidad aquí se nos muestra cuando algunos periodistas son despedidos y recogen sus cosas con la mayor resignación y dignidad de la que son capaces. Por supuesto que otros deciden marcharse voluntariamente antes de descubrir cuál va a ser el verdadero futuro de uno de los referentes periodísticos mundiales.
The New York Times se enfrenta al cambio de forma consciente, sabedor que no puede permanecer impasible, tanteando las otros modos de financiación, pero sabiendo que el compromiso de calidad y rigurosidad todavía se encuentra presente en su forma de trabajar. Sin embargo, se demuestra dolido ante dos pecados, dos periodistas que publicaron informaciones falsas de forma consciente uno, de forma semiinconsciente la otra, pero que muestra un flanco desde que el periódico es atacado como falto de rigor.
El repaso del pasado, el presente y el futuro del Times no se ahorra lamentos, muestran el pasado glorioso de la institución y el desconcierto ante un modo de hacer noticias que no saben cómo podrán sostenerlo económicamente en el futuro. Pero Carr defiende al periodismo tradicional, ese que se nos muestra denostado, por distintos foros y en todos los lances sale vencedor, a la vez que sus oponentes callan con miradas circunspectas. Todos los representantes de estas nuevas formas de promover el consumo masivo de informaciones, de producir noticias, tratan de definirse como periodistas, y es curioso que el único que trate de referirse asimismo como tal, sea considerado como “fuente” en vez de periodista por los trabajadores del Times.
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Publicado el Lunes, 25 de febrero de 2013 por Marcos Ros-Martín en
Prensa
Me suele suceder que acudo a sitios donde no debería estar. Debates que podrían considerarse lejanos a mi rumbo profesional actual, pero que no puedo evitar como ciudadano ni como observador y partícipe de nuestra sociedad. Una Sociedad que parece rechazarse así misma, negándose a aceptarse tal como es cuando se mira en el espejo, pero que cae una y otra vez sobre sus propios errores y miseras. Casi se trata de una sociedad ciega y sorda, incapaz de sincerarse y empezar a construirse de nuevo. Imagino que muchas cosas se quedaron en el camino y se perdieron, sin saber ni el porqué ni el cuándo, aunque no faltaron algunas señales.
Lluis Bassets realiza un ejercicio de reflexión hacia el Periodismo, hacia su producto impreso y acepta su final de forma sorpresiva para sus compañeros, con pesadumbre, pero con una mirada hacia el futuro. La presentación de el libro “El último que apague la luz” en la librería Tipos Infames de Madrid juntó a varias caras conocidas del periódico El País. Sindo Lafuente, Soledad Gallego-Díaz que hizo de anfitriona o Juan Cruz se dejaron ver para poner el broche a una tarde de debate y reflexiones en las que el público también estuvo bastante participativo.
El libro de Bassets es toda una declaración de principios para el director adjunto de El País. Parte de la aceptación de que al producto impreso le restan cinco años de existencia y que, en esa coyuntura, los periodistas y la Sociedad deberían prepararse ante esto.
Según el autor, la Prensa ha sido hasta hace poco el mejor artefacto de información jamás concebido hasta el momento, generando tres negocios en uno (Porque en el fondo todo se trata de generar dinero): La venta de espacios publicitarios, la venta de información y la capacidad de dar influencia. De hecho, este modelo ha traído el mejor periodismo en los últimos cuarenta años ya que ha sido capaz de financiarlo. El gran periodismo se realiza gracias a los recursos que aseguran ciertos estándares de calidad, sin embargo la coyuntura económica y la reconversión industrial del sector de la Prensa de recortes generalizados en los medios de comunicación está provocando el cierre de corresponsalías, el despido de periodistas y clausura de secciones enteras. Las expectativas no son halagüeñas, puesto que no parece posible recrear un tipo de negocio como el periódico, ya que el mundo digital fragmenta las audiencias.
El mundo digital plantea distintos escenarios ciertamente complicados para el modelo de negocio tradicional de la Prensa. La progresiva desaparición de productos nacionales perdiéndose la centralidad y fragmentando los intereses, junto a la presión por publicar el primero estrecha la distinción de lo que son rumores de lo que es realmente la información. El periodismo de prensa pensado como un producto cerrado de interés general y reposado sufre una crisis de identidad, una bipolaridad entre lo impreso y lo digital en la que el papel tiene pocas oportunidades de salir victorioso. Además, lo que está sucediendo ahora mismo en el sector de la Información es que la demanda la que reconstituye el mercado y no la oferta como sucedía hasta ahora. Y para cerrar el círculo del complejo entorno de la prensa, no existe un modelo de negocio establecido y viable en el mundo digital.
El periodista también sufre los envites de la Web, las redes sociales también están reconfigurando la figura tradicional del periodista. Si bien el periodista ha firmado tradicionalmente sus informaciones, el producto cerrado del periódico y su cadena de edición aseguraban cierta integridad al producto final. Hoy en día, es el periodista el que debe crearse su propia marca, su propia identidad digital a través de su espacio digital personal ya se trate en las Redes Sociales o en los blogs. De hecho, los medios de comunicación del futuro se cimentarán sobre una marca y distintas marcas agregadas que aportarán los propios periodistas.
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Publicado el Lunes, 28 de enero de 2013 por Marcos Ros-Martín en
Biblioteconomía
Los libros como elemento transmisor del conocimiento y de ideas han sido perseguidos desde sus inicios. Cabe recordar aquí el infame Index Librorum Prohibitorum Et Expurgatorum compendio de libros reunidos laboriosamente por la Iglesia Católica desde el que se prohibía leer ciertos textos de una forma implícita a sus fieles. Desgraciadamente, y aunque consideremos que la existencia de estos catálogos de libros como algo anacrónico o irreal en las sociedades avanzadas occidentales, la ALA (American Library Association) nos recuerda todos los años a través de la semana de los libros prohibidos que hay ciertos autores, escritos, ideas en definitiva; que son perseguidos desde distintos sectores de la sociedad americana.
En un intento de profundizar las razones y detectar los patrones mediante los cuales se establece que un libro debe ser prohibido, desde el MIT Media Lab se ha tratado de establecer un mapa que muestre las zonas de EEUU donde los libros son perseguidos y poder así poder llegar a algunas conclusiones para profundizar en el estudio de las razones últimas de porqué un libro es considerado peligroso por ciertos sectores de la sociedad moderna actual.
Mapping banned books es un proyecto desarrollado por Chris Peterson utilizando los datos del proyecto Kid’s Right to Read. Sin embargo, una vez trazado el mapa los resultados son para el investigador inconcluyentes y un poco frustrantes. Según su razonamiento, cabe destacar, en primer lugar, que en Estados Unidos existen libros prohibidos en todos los estados; por lo que necesariamente se deben descartar las tendencias políticas o culturales predominantes de cada uno de ellos como un factor determinante. En segundo lugar, existen libros que se encuentran prohibidos pero los datos correspondientes a las razones últimas son desconocidos o no se han detallado convenientemente. Por lo tanto, nos encontramos ante una zona gris que impide poder seguir avanzando en el estudio de porqué un libro es tachado de inmoral o incorrecto.
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Publicado el Domingo, 20 de enero de 2013 por Marcos Ros-Martín en
Biblioteconomía Internet
No dudéis que el Big Data va a ser trending topic este año. Habrá discusiones de si el término se utilizaba previamente o si simplemente es una buena idea de marketing, ¿no las hubo antes?, pero las discusiones terminológicas en ocasiones obvian la eficiencia y el desarrollo efectivo de las ideas.
Uno de los proyectos más apasionante en torno al Big Data que actualmente se están desarrollando se sitúan justamente en el ámbito bibliotecario. En abril de 2010, the Library of Congress (LoC) de Estados Unidos y Twitter llegaban a un acuerdo para que ésta se hiciese cargo del archivo de todos los tweets que almacenaba la empresa. En total, en ese momento, la biblioteca nacional estadounidense se hacía cargo de 170.000 millones de tweets públicos, 130 terabytes de información que crecían a un ritmo de 140 millones de tweets al día pero que actualmente lo hace más rápido, en torno a 500 millones.
El proyecto, además de la preservación, era ambicioso queriendo poner a disposición de los investigadores una basta fuente documental de hechos desarrollados los últimos años como la Primavera Árabe y que habían utilizado Twitter como correa de transmisión. Desde el punto de vista, periodístico, social e histórico, Twitter se presenta como una fuente primaria basta, pero de datos en crudo, de información dispersa que hay que ir hilvanando para poder obtener conclusiones.
Para tratar de hacer viable la recuperación de información, la LoC ha utilizado técnicas de Big Data desde distintos enfoques. Sin embargo, la biblioteca ha declarado su frustración a la hora de hacer viable la recuperación de la información considerando que las técnicas actuales no están tan avanzadas como la tecnología para crear y distribuir esos datos. Desde la LoC, afirman que si hoy en día las grandes empresas son incapaces de obtener resultados relevantes para las cantidades de información que generan dentro de su actividad diaria, qué puede hacer una organización pública con un presupuesto limitado.
El archivo de Twitter está planteado para que sólo pueda ser utilizado por investigadores, de momento 400 personas han declarado su interés por usarlo, sin embargo la situación actual no es muy prometedora, puesto que al lanzar una consulta, el sistema tardaría 24 horas en ofrecer resultados. Para poder mejorar la eficiencia del sistema, desde la LoC afirman que sería necesaria la inversión de una cantidad mayor de recursos de los que la institución no dispone actualmente, además de existir restricciones presupuestarias por la situación económica actual, por lo que la viabilidad del proyecto a la hora de ofrecer una herramienta útil de recuperación de la información es incierta en un corto plazo.
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Publicado el Lunes, 3 de septiembre de 2012 por Marcos Ros-Martín en
Personajes

Parece observarnos desde la portada, con la mirada divertida e inteligente, dedicándonos una sonrisa entretenida, casi pícara. Esta fotografía emula a un retrato que ya le harían en su primera etapa en Apple. En aquella, mucho más joven, con el flequillo característico de aquellos que no tienen nada que perder gracias a su juventud, su mirada es mucho más penetrante, más inquisitiva, más pura. En la segunda fotografía, canoso, con alopecia y con una barba cuidadosamente descuidada; su aspecto es mucho más relajado, parece que ya ha vivido suficiente para haber encontrado su camino, para haberlo cambiado todo y con intención de seguir intentándolo.
El autor, Walter Isaacson, fue invitado por Jobs a componer su biografía para tratar de explicar a sus hijos cómo había construido un imperio tecnológico y el porqué de no haber pasado bastante tiempo con ellos. Isaacson trata reconstruir una personalidad nada sencilla y con múltiples aristas que nace ya marcada desde su nacimiento por su abandono y una búsqueda interior en su juventud que no dio especial resultado, ya que él mismo abandonó a su primera hija, Lisa. Es, por tanto, una biografía oficial marcada por la decisión de Jobs de contar su propia historia, de facilitar el acceso del periodista a sus seres queridos, a sus colegas de trabajo y a sus enemigos más acérrimos. Según cuenta Isaacson, en sus últimos momentos, Jobs le confesó que esperaría a que pasase un año antes de leerla, para que no se enfadarse tanto.
De Steve Jobs nos quedará el recuerdo de sus presentaciones, sus zapatillas, sus vaqueros y su jersey negro. Esas keynotes que solía adobar con el famoso y mágico “Y una cosa más” que empezó a desvanecerse a finales de su última etapa en Apple debido a las filtraciones y descuidos. En su última etapa, Jobs no se sacaría un nuevo conejo de la chistera, pero creó una cultura de entender la tecnología y los objetos que nos rodean que seguirá evolucionando en los años venideros tanto dentro de Apple como fuera de ella. Durante el tiempo que estuvo en activo cambió varias industrias (Informática, musical y cinematográfica con Pixar) con su visión particular del desarrollo y la capacidad de la tecnología disponible barriendo a los competidores que trataban de seguir su ritmo.
Su intensa personalidad se desprende en cada una de las páginas del libro de Isaacson. Su “campo de distorsión de la realidad” impulsaba a sus colegas a llegar a límites insospechados, de hecho, según admitía el equipo desarrollador del Macintosh, “llegamos tan lejos porque no sabíamos que no podía hacerse”. Jobs les exprimía hasta las últimas consecuencias, para él todo o “era una basura o era genial”, no había términos intermedios. Esa audacia, ese comportamiento blanco o negro, lo pagó caro tras ser despedido de Apple justo después de la presentación del Macintosh, y posteriormente su obcecación su propia vida al no querer enfrentarse al cáncer y buscar otras alternativas.
Isaacson nos presenta a un personaje sin concesiones. En un estilo periodístico, claro y directo, establece una estructura narrativa en la que prevalece el desarrollo profesional de Jobs más que el personal. Sus colaboradores y sus detractores se suceden apoyando la visión de Jobs y a pesar de la divergencia de puntos de vista, confirmando que a pesar de las agrias discusiones, todos concluyen que Jobs solía tener razón.
No acabó sus estudios, no fue un programador, fue una persona sensible y amante de la tecnología que trataba de hacer lo complejo sencillo, que un objeto no necesitase más que un momento para ser comprendido y usado. Isaacson se enfrenta al reto de condensar una vida difícil y una personalidad extraordinaria en 744 páginas y tratar de hacerlo ameno. Lo consigue. Desde luego que se trata de un retrato amable de una vida apasionante y contradictoria, de un ser iracundo y mentiroso en ocasiones, pero que en sus últimos momentos trató de dejarlo todo listo y hacer las paces consigo mismo.
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