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Documentalistas y el Diccionario Biográfico Español

Gonzalo Anes. El responsable del ‘Diccionario Biográfico Español’ defiende la obra y lamenta unas críticas “que no se habrían producido en ningún otro país europeo”. También sale en defensa de Luis Suárez, el polémico biógrafo de Franco

[...]

P. Es obvio, pero quizá sí podía haberse interesado por las que requerían mayor imparcialidad…

R. Lo que me tranquiliza es que en cada tomo de la Academia pone que las biografías son propiedad de los biógrafos y que la Academia, aunque no estuviera conforme con el contenido, no quiso modificar ninguna por creer que pertenecía a su autor.

P. Si dieron normas estrictas sobre la necesidad de objetividad y de abstenerse de dar opiniones, y quedando claro que no se han respetado en algunos textos, ¿por qué no se corrigieron?

R. Porque para eso había que leer todos los textos.

P. ¿Y no se leyeron?

R. Sí, se leyeron por el equipo de documentalistas que tenían la misión de uniformar los tipos de imprenta y corregir las erratas.

[...]

B. HERMOSO / T. CONSTENLA. “No he leído la biografía de Franco”. Madrid: Diario El País,  4 de junio de 2011. pág. 40-41

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Somos lo que nos dejen (y queramos) ser

Cuando empecé en este mundo, siempre confié en que mi vida profesional iría por otros derroteros más allá de los que marcase la Biblioteconomía. No es por desmerecer a todos los profesionales que trabajan en esos centros de información y su excelente trabajo, pero tuve que aguantar muchas guasas del tono “pero, ¿para eso hay que estudiar?” cuando trataba de explicar mi carrera universitaria. Obviamente, mi pensamiento se desplazaba hacia ese “más allá”, aunque resultaba mucho más sencillo explicar los conocimientos que adquiría en la universidad centrándome en las bibliotecas o en los archivos.

Nadie nace aprendido y para nosotros cada trabajo es un reto. Puede que ese reto fuese lo que más me gustó de la carrera y, por ello, abandoné Químicas por aquel incierto futuro. Maria Elena Mateo, que de vez en cuando se acuerda de publicar aquí, escribió hace tiempo un texto en el que nos relataba cómo había encarado un nuevo trabajo, en este caso como documentalista sobre un proyecto relacionado con la sanidad. ¿Qué sabe ella de enfermedades? Probablemente poco, pero aprende rápido.

Ésa es la mejor actitud ante los desafíos que nos impone nuestra profesión y la que muchos neófitos olvidan adoptar. Estoy cansado de abrir los ojos a nuevos profesionales que recién acaban la carrera universitaria, a abofetearles con la más cruda realidad, aunque lo peor de todo es su indulgencia. Desde “estudio Biblioteconomía porque no pude meterme en la carrera X” a “estoy aquí porque mi madre me dijo que estudiase esto”. Muchos estudiantes de Biblioteconomía creen que estudian para funcionario, como si la universidad fuese la mayor y mejor escuela de oposiciones y como si su visión de esta profesión no fuese más allá.

Me decepcionan, pero también me decepciona que esta misma universidad no les abra los ojos. Hay mucha vida para los profesionales de la información que han estudiado la ya extinta diplomatura de Biblioteconomía y Documentación, pero hay que saber encontrarla. Lo que no se puede es negarse a realizar un trabajo porque no se les enseñó, porque no les dijeron, porque no les interesa aprender. La universidad debe ofrecer esos instrumentos para encararse a un mundo laboral muy competitivo y extremadamente cruel para aquellos que no desean aprender más allá de lo que se les contó.

El pasado domingo leí una carta enviada a El País sobre un trabajador que deseaba tomarse un año sabático pero que consideraba que en el mundo anglosajón estaba bien visto, aunque aquí no. La contestación fue categórica, un año es demasiado tiempo y el mundo se mueve muy rápido. Es decir, no podemos relajarnos, debemos estar despiertos ante los nuevos cambios, debemos seguir avanzando como profesionales.

En este nuevo entorno tecnológico hiperconectado, los gurús consideran que los primeros puestos de trabajo que caerán serán los administrativos porque ya no es tan importante saber ordenar y clasificar la información para saber encontrarla. Las máquinas ya hacen buena parte de ese trabajo y cada día lo harán mejor. Sin embargo, hay que entender cómo funciona ese mundo, cómo se genera, cómo se produce, qué es lo que hace que la rueda gire. El nuevo grado medio universitario de Información y Documentación, ya se sustrae de la palabra biblioteconomía. La información hay que gestionarla, no archivarla hasta que puede que alguien la necesite, hay que desarrollar nuevas aptitudes ante nuevas necesidades. Mantener la mente abierta y saber adaptarse a los cambios.

¿Es imposible? Que se lo pregunten, por ejemplo, a Julian y Javier. Impossible is nothing.

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El bibliotecario en su encrucijada

Hace ya un tiempo, escribimos un texto en el que reflexionábamos sobre la dicotomía que se da en Biblioteconomía y Documentación, donde una buena cantidad de personas de “letras” se refugia entre libros impresos buscando una salida profesional donde cada vez es más importante el peso de las nuevas tecnologías en su desarrollo. Es posible que las reticencias iniciales que se dieron en la adopción de nuevas tendencias en la Web, se vean relajadas en un futuro no tan lejano cuando nuevas generaciones más habituadas a los ordenadores suplanten a las más timoratas por si el ordenador (sic) pudiese llegar a romperse.

En cualquier caso, parece cada vez más cierto que la resaca del movimiento dospuntocero debe servirnos de punto de reflexión para encarar un futuro crítico para los intermediarios de la información. En un artículo que se publicará muy pronto en la revista Library & Information Science Research, un estudio recoge las impresiones de un grupo de profesionales australianos sobre las competencias y conocimientos que los bibliotecarios deberán poseer en un futuro no muy lejano.

Para los escépticos, en las conclusiones se evita el adorno 2.0, considerando que las etiquetas son perfectas para generar cambios en las actitudes de los profesionales pero se tornan peligrosas si se persiste en ellas en el tiempo. De este modo, se considera que la biblioteca 2.0 ofrece una nueva vía de reflexión sobre la Biblioteconomía y representa un cambio de actitud de los bibliotecarios. Sin embargo, las etiquetas y sus modas se agotan tan pronto como aparecen, siendo sustituidas por otras, por lo que pueden significar un impedimento para el crecimiento futuro.

Y es que la biblioteca/bibliotecario 2.0 no puede centrarse en la utilización de herramientas de la Web 2.0, excluyendo los principios y la filosofía propia de lo que verdaderamente representó,  que es la participación. De esta manera, las herramientas pueden suponer un corpiño en la evolución de los servicios bibliotecarios que deben desarrollarse hacia el fomento de la participación de los usuarios, por lo que se debe considerar que el foco debe centrarse en el cambio y la evolución, pero encontrándose con las necesidades reales de los usuarios. La biblioteca 2.0 ha cambiado la manera que las bibliotecas y los bibliotecarios conectan e interactúan con sus usuarios y comunidades, cediendo cierto control a los mismos, pero hay que tener presente que la biblioteca 2.0 no es sólo ofrecer un servicio a la comunidad, sino que también construirlas.

Es decir, la biblioteca 2.0 debe ser un catalizador sobre la reflexión más sobre actitudes y trato hacia los usuarios que sobre tecnología. El poder real de la Web 2.0 no trata sobre cómo está cambiado la manera que los profesionales de la información y las bibliotecas diseñan y ofrecen servicios y recursos para sus usuarios, si no cómo los bibliotecarios conciben su profesión. El verdadero reto que está encarando la profesión actualmente trata de definir la naturaleza y el alcance de su nuevo paradigma profesional.

Para saber más:
- PARTRIDGE, H., et al., The contemporary librarian: Skills, knowledge and attributes required in a world of emerging technologies. Library & Information Science Research (2010), in press doi:10.1016/j.lisr.2010.07.001

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De titulitis y deformación

La formación frustradaNos hallamos en una travesía impestuosa hacia lo desconocido, navegando estos tiempos de crisis, toca a rebato, es la hora de la formación. Las aulas de las universidades rebosarán este próximo septiembre de jóvenes que empiezan su formación superior, mientras que otros alumnos ya no tan jóvenes que consideraban que no volverían a pisar una clase se encontrarán sentados en un pupitre de nuevo.

Los medios de comunicación nos amartillean con que la formación de trabajadores es uno de los pilares sobre los que se sustenta la reactivación económica, el avance de las economías industriales hacia las del conocimiento o incluso el post-conocimiento, ajustando la oferta con la demanda real de perfiles. Mientras, la formación continua es una necesidad para trabajadores y empresas en estos tiempos en que los cambios tecnológicos, económicos y sociales se producen rápidamente en el transcurso de un puñado de años. Sin embargo, ¿podemos encontrarnos satisfechos con aquello que nos enseñan en esos cursos de especialización profesional?

En el transcurso de cuatro años, he realizado varios cursos bastante largos, que abarcaban distintos meses. Se trataba de ofertas formativas bastante atractivas y de cierto empaque en las que acudía a aprender, aunque las experiencias a extraer no fueron todo lo satisfactorias que pudieron haber sido. De hecho, al final de una de ellas, me sobrecogieron comentarios de compañeros tipo: “Esto es un desastre, sólo quiero acabar para que me den el título” Porque no nos equivoquemos, en muchas ocasiones es el trabajador el que se financia la formación en busca de un futuro más dorado y duelen prendas a la hora de pagar 900 euros por cursos de 300 ó 400 horas.

En uno de ellos, los hechos fueron completamente escandalosos y razones no faltaron para solicitar la devolución del dinero. A saber, profesores que no empezaban el módulo a tiempo, mientras los alumnos esperaban durante una semana que el profesor diese señales de vida, teniendo que tomar cartas en el asunto la coordinación del curso; descoordinación total entre los profesores que se aventuraban a realizar las mismas preguntas cada vez que se iniciaba un módulo para desesperación de los participantes cansados de repetir la misma sonata semana tras semana. E incluso profesores un tanto desfasados que aprendían y rehacían los temarios sobre la marcha puede que sobrepasados por los nuevos acontecimientos de la Web. Y es que, como hemos señalado, no sólo los alumnos deben actualizar sus conocimientos, en ocasiones, hasta los mismos profesores no se percatan de los grandes cambios surgidos en breves lapsos de tiempo.

Me hubiese gustado que mi insatisfacción hubiese resultado puntual, un error o simplemente nacida de las circunstancias de un periodo de tiempo concreto. No es así. También he tenido que comprobar que desgraciadamente hasta los mejores centros de formación on-line descuidan los contenidos o incluso el trato hacia los alumnos, como si el pago de una matrícula sólo tuviese el objetivo de obtener una cartulina de dimensiones variables acreditando cierto título.

Así, por ejemplo, una de las actividades fundamentales de la formación son los debates a propuesta del profesor y que deben ser conducidos convenientemente. Aunque en ocasiones los preceptores parecen olvidarse de estas funciones, sugiriendo debates mediante postizos de años anteriores y cerrándolos con la misma premura y conclusiones, no atendiendo a las dudas de sus alumnos o los juicios un tanto perdidos de los cimientos de la materia que se han ido realizando a lo largo de las distintas actividades.

Pagamos para aprender, para disfrutar de nuevos conocimientos y compartir nuevos descubrimientos, tratando de ampliar el horizonte labortal. No es de recibo que se convierta esta tarea en frustración ante la dejadez completa de los profesores que se muestran como meros observadores de un trabajo que se encargan de expedir el “aprobado” sin importar el cómo se ha realizado. Así, no se aprende, sólo se pasa por caja y se cubre el expediente.

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Los documentalistas y la censura de Internet en España

Tremendamente sorprendido me quedé leyendo la sección El Acento del diario El País del pasado 13 de marzo. En ella, se realizaba una reflexión sobre la última polémica relacionada con Google sobre el encuadre que hacía el buscador de la Administración española y su tratamiento de la Web situando a nuestro país al mismo nivel que China o Irán en cuanto a censura de la Red.

Después del impresionante revuelo generado en España, con desmentidos desde la Administración estadounidense y Google España, dentro de esta sección de opinión del diario, que en general dispone de un tono informal, se reprochaba en el artículo Algo interesante para leer a la vicepresidenta de Google, Nicole Wong, sus dos faltas al situar a España como enemiga de la libertad de expresión en la que se señala sus carencias a la hora de documentarse. En concreto, dentro del texto se puede leer:

Ahora ha sido la vicepresidenta de Google, Nicole Wong, quien ha demostrado un reincidente analfabetismo. En apenas una semana y en dos ocasiones ha incluido a España en una lista negra de Gobiernos que acechan Internet. Y lo hizo sin improvisar, porque lo llevaba escrito. Si la primera vez pudo ser un error de sus documentalistas, la segunda ya entra en el terreno de la mala fe o, lo más probable, de una persistente ignorancia. Permaneció impasible en el error.

¡Ay, los documentalistas! Esa figura que sólo es recordada o cuando la información no aparece o se trata de un error. Qué le vamos a hacer.

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La búsqueda de empleo para bibliotecario o documentalista en España

La búsqueda de empleo para los profesionales de la información no es sencilla teniendo presente el práctico desconocimiento que tiene la sociedad que tiene de nuestras funciones y posibilidades. Tanto es así que si acuden a los servicios de empleo de sus comunidades autónomas, en general, los funcionarios arquearán una ceja y les obsequiarán una sonrisa, mientras que sus terminales informáticos sólo ofrecen la posibilidad de encajar al Diplomado en Biblioteconomía o el Licenciado en Documentación bajo el epígrafe de “Artistas”. Por otro lado, atendiendo a una de las principales salidas profesionales de los bibliotecarios, los profesionales rebuscarán en los distintos boletines oficiales rastreando las distintas convocatorias de becas y oposiciones para peregrinar, uno tras otro, a las diversas oficinas de registro de las administraciones pertinentes con los papeles acreditativos correspondientes para confiar en su suerte.

Las universidades son otras de las grandes “agencias” de las que disponen los profesionales de la información a la hora de buscar su primer empleo o el segundo, ya que sus unidades de prácticas comienzan a abrir el difícil camino laboral de sus estudiantes. Al mismo tiempo, los profesores universitarios se preocuparán del mercado laboral de esta franja de especialidad profesional para encontrarse que, aunque hay muchas ofertas, la calidad de este trabajo es bastante mala.

Una vez agotadas, estas posibilidades, ¿dónde poder informarse sistemáticamente de las ofertas laborales adecuadas a nuestros perfiles? ¿A quién acudir más allá del chivatazo de nuestras amistades que en ocasiones son providenciales? Fundamentalmente, son varias las vías para estar al tanto de las ofertas laborales, así que permitidme que os recoja algunas de las opciones en una lista introductoria no exhaustiva:

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La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (y 5): Conclusiones

La Web 2.0 y más específicamente la Web Social son conceptos que se han popularizado en los últimos dos años pero de los que no se ha estudiado con suficiente detenimiento su éxito e implantación dentro de los ámbitos profesionales. Concretamente, dentro del colectivo de los Bibliotecarios y los Documentalistas, las actividades destinadas a la promoción de estas nuevas herramientas tecnológicas se han multiplicado sin que exista una conciencia clara si realmente se estaba produciendo una interacción y un aprovechamiento real de las mismas. Una de las herramientas necesarias y con mayor proyección futura son sin duda las Redes Sociales en Internet donde los profesionales de la Información construyen, muestran y comparten (Dependiendo del caso) las relaciones profesionales que han venido desarrollando a lo largo del tiempo.

En los textos precedentes a éste (Cuyos enlaces se encuentran más abajo) trataban de aproximar las distintas posibilidades y las características de tres de las redes más importantes que actualmente se vienen utilizando en España por parte de los internautas, a saber, Facebook, Xing y LinkedIn. En nuestra pequeña introducción a la realidad de las Redes Sociales, nos hemos detenido en una Red Social generalista, donde se entrecruzan distintas opciones para el ocio y la comunicación, y dos con marcado perfil profesional donde se busca la interacción profesional más allá de las opciones de compartir fotografías y experiencias que ofrece de una forma mucho más decidida Facebook. La popularidad de Facebook es claramente aplastante sobre las otras dos, así en el gráfico inferior, podemos comprobar la evolución del tráfico entre los tres sitios webs, desmarcándose en gran medida Facebook.

En contraposición, debemos situar las otras dos Redes Sociales profesionales estudiadas, LinkedIn y Xing, ya que la primera está desarrollando una gran popularidad, frente a la segunda más veterana en el ámbito hispano ,y seguramente con mayor número de perfiles. Sin embargo, LinkedIn está comenzando a buscar su nicho de mercado en el idioma español desarrollando su interfaz específico para esta lengua por lo que su popularidad es previsible que se incremente entre los hispanohablantes. Por otro lado, la equivocación en el modelo de negocio de Xing tras la compra de otras dos Redes Sociales muy populares eConozco y Neurona puede que haya supuesto una ventaja competitiva a LinkedIn dentro de este mercado y del que Xing le cueste recuperarse.

Hemos realizado una aproximación muy básica dentro de las tres redes, analizando más sus posibilidades y el juego que podrían aportar en un futuro para la realización de un estudio más profundo y detallado de los profesionales que mantienen sus perfiles dentro de ellas que extrayendo conclusiones interesantes. De hecho, nos ha sorprendido que la presencia declarada de bibliotecarios y documentalistas dentro Facebook era casi testimonial, tal vez porque es un producto que no está diseñado necesariamente para el establecimiento de relaciones estrictamente profesionales y sus usuarios así lo perciben, a pesar de disponer de las opciones y el potencial para serlo. Esta baja presencia de personas que han rellenado sus perfiles declarándose como profesionales de la información nos conduce a entrar necesariamente en la consideración de analizar el porcentaje de perfiles completos disponibles en las redes a estudiar. Por supuesto que éste sería uno de los puntos más interesantes a estudiar, ya que la calidad y cantidad de información a recoger y analizar pasaría necesariamente por ese punto.

Otro de los aspectos criticables -y aceptado todo sea dicho- a esta primera aproximación es lo básico de nuestras consultas. Nuestra lectora Gamoia nos advertía de la necesidad de la utilización de otro tipo de combinaciones en otras variedades idiomáticas del estado Español, como bibliotecari o bibliotecària en catalán, ya que de lo contrario nos encontrábamos obviando a una parte de la población que se había dado de alta en las Redes utilizando el lenguaje que utiliza habitualmente en su lugar de trabajo habitualmente. Este punto es, sin lugar a dudas, muy interesante en el que detenerse si se realizase un estudio dentro del ámbito geográfico español, a la vez que sería necesaria la confección de un listado de términos bajo los que los profesionales de la información se encuentran identificados dentro de estas redes como, por ejemplo, arquitectos de la información. Por otro lado, la realización de un estudio mucho más detallado por ámbito geográfico sería al mismo tiempo sugerente, aunque habría que ampliar el control de vocabulario a otros términos utilizados en América Latina como Bibliotecología en detrimento de nuestra Biblioteconomía.

La profundidad sobre las cuales se realizan las búsquedas dentro de las bases de datos de estas Redes Sociales es otro de los aspectos en los que detenerse.  Según la experiencia desarrollada en este pequeño estudio, los resultados más interesantes los obtendríamos en Xing (Que nos permite realizar consultas sobre toda la base de datos hasta 300 registros) en detrimento de LinkedIn que en su forma más básica nos devuelve hasta 100 resultados aunque en su versión de pago no se alcanzaría la cifra de 300. Asimismo, debemos tener presente que los usuarios pueden haber creado dos perfiles similares ante el olvido de claves lo cual nos daría registros duplicados con información más actualizada el uno que el otro.

También es interesante el uso del idioma que se realiza en estas dos Redes Sociales. De esta manera, se detecta un uso del término anglosajón Librarian dentro del ámbito español mucho mayor en LinkedIn que en Xing, posiblemente debido a que hasta hace poco LinkedIn no ofrecía una interfaz traducida al castellano.

La cantidad de relaciones es otro de los extremos completamente necesarios a estudiar, así como la actividad que los usuarios despliegan dentro de estas redes. Por supuesto que la riqueza de las dos redes profesionales, más allá de Facebook, localizando otros profesionales de la información de otros ámbitos lingüísticos y geográficos es incuestionable, a la vez que se detecta su volumen y el número de relaciones. Por otra parte, los estudios universitarios realizados hasta el ejercicio de la profesión, la cantidad de trabajos desempeñados, en qué organizaciones y la calidad de los mismos son otros de los datos a estudiar que sin embargo se nos limitaría el acceso por las propias políticas de privacidad de estos sitios web, Además, por la propia configuración del sistema, nos encontremos limitados a la cantidad de perfiles a recuperar , descarta que podamos conseguir resultados relevantes según qué ecuaciones de búsqueda lancemos, así como la detección de su uso real sobre una población determinada de sus usuarios para poder realizar comparaciones entre ambas Redes Sociales.

Más información:

  1. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (1): Introducción
  2. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (2): Facebook
  3. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (3): LinkedIn
  4. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (4): Xing
  5. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (y 5): Conclusiones
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La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (4): Xing

Xing pertenece a la compañía alemana Open Business Club que decidió a adquirir dos de las principales Redes Sociales en Internet en castellano durante el año 2007: Neurona y eConozco. Con más de 6 millones de perfiles, y tras la absorción de las dos compañías, puede considerarse que Xing disponía de la mayor popularidad en Redes Sociales profesionales dentro del ámbito hispano. Sin embargo, la transición desde un modelo casi abierto desde las dos redes compradas hacia un modelo completamente de pago dañó su crecimiento y actualmente dispone de un modelo mixto: De pago y premium.

Realizando las consultas para nuestro estudio, nos hemos encontrado que podíamos realizar la extracción de datos mediante dos opciones: Sobre todos los perfiles dados de alta en Xing o sólo a través de nuestros contactos hasta el segundo nivel. Realizando una pequeña prueba en nuestra búsqueda genérica con los términos bibliotecario, bibliotecaria y documentalista hemos obtenido como resultado unos 300 perfiles que es el número máximo de resultados que Xing permite consultar. Ante esto y la imposibilidad de obtener resultados más ajustados, hemos tomado la resolución de realizar dos tandas de consultas. Por un lado, al igual que realizamos en Facebook, sobre toda la base de datos de Xing y, por otro, a semejanza con lo que hicimos en LinkedIn sobre nuestros contactos hasta el segundo nivel (Señalar que en ambos casos la profundidad de las búsquedas son equivalentes).

Consultas hasta el segundo nivel de nuestra red de contactos

Desgraciadamente, Xing no nos provee información sobre la cantidad de perfiles sobre los que estamos realizando las consultas, al contrario que sucedía con LinkedIn, por lo que es difícil realizar una comparación sobre los mismos. Por otro lado, habría que realizar un análisis del nivel de actividad de nuestros contactos dentro de Xing (Número de contactos de nuestros contactos por ejemplo) aunque he de decir que aparentemente es mayor en LinkedIn que en Xing puede que por las circunstancias anteriormente detalladas. En cualquier caso, los datos que arrojan nuestras consultas son los siguientes:

Total Hombre Mujer NS/NC
Palabra Clave: Bibliotecario 13 9 4 0
Palabra Clave: Bibliotecaria 13 0 13 0
Palabra Clave: Documentalista 52 20 32 0
Puesto Actual: Bibliotecario 4 3 1 0
Puesto Actual: Bibliotecaria 2 0 2 0
Puesto Actual: Documentalista 27 13 14 0
Empresa Ahora: Biblioteca 6 3 3 0
Genérico: Biblioteconomía 16 7 9 0
Genérico: Documentación 44 14 30 0

Consultas sobre toda la base de datos de perfiles

Finalmente, teniendo presente la limitación de consulta que supone la devolución de un máximo de 300 perfiles, hemos realizado una serie de consultas intentando obtener datos lo más relevantes posible y que, en este caso, tratasen de ser más precisos para que los resultados fueran representativos. Para ello, hemos tratado de restringir el ámbito geográfico en España por cuestiones prácticas, aunque esto no quiere decir que no fuese relevante una muestra sobre cada país de América Latina.

Total Hombre Mujer NS/NC
Puesto Actual: Bibliotecario 185 173 12 0
Puesto Actual: Bibliotecaria 300 0 300 0
Puesto Actual: Bibliotecario | País/región (profesional): España 66 56 10 1
Puesto Actual: Bibliotecaria | País/región (profesional): España 147 0 146 1
Puesto Actual: Documentalista | País/región (profesional): España 300 102 198 0
Genérico: Biblioteconomía 225 68 157 0
Genérico: Documentación | País/región (profesional): España 300 131 169 0
Empresa Ahora: Biblioteca 287 97 187 3
Puesto Actual: Librarian 1 0 1 0

Más información:

  1. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (1): Introducción
  2. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (2): Facebook
  3. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (3): LinkedIn
  4. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (4): Xing
  5. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (y 5): Conclusiones
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La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (3): LinkedIn

LinkedIn es una Red Social en la Web norteamericana nacida en diciembre de 2002, aunque lanzada definitivamente en marzo de 2003. Hasta hace poco se encontraba tan sólo en inglés, aunque recientemente disponemos la opción de mostrar la interfaz en castellano. Nos encontramos frente a una de las Redes Sociales más importantes del mundo, que emplea a 350 personas aproximadamente, con un crecimiento muy interesante en cuanto a tráfico y que se encuentra diseñando su propia red publicitaria. Sin duda, los profesionales de la información encontrarían de interés estar presentes dentro de ella para establecer puentes con otros bibliotecarios y documentalista desde un enfoque un poco más formal que en Facebook.

En cuanto a las búsquedas realizadas, en esta ocasión, LinkedIn, que dispone de una versión gratuita y una versión premium de pago, tan sólo nos permite realizar las consultas sobre la red de contactos que tengamos establecida según la teoría de seis grados de distancia pudiendo acceder hasta el tercer nivel. En mi caso particular, sólo puedo acceder a un número aproximado de 51.800 perfiles, por lo que los resultados pueden diferir según se realice con distintos perfiles con cierto volumen de contactos.

De nuevo disponemos de una caja de búsqueda genérica y sobre ella vamos a realizar nuestras primeras tres búsquedas: Bibliotecario, bibliotecaria y documentalista.

Todos Hombre Mujer NS/NC
Bibliotecario 15 11 4 0
Bibliotecaria 18 0 17 1
Documentalista 35 15 20 0

Por otra parte, al igual que en Facebook, se nos permite realizar búsquedas de una manera avanzada dentro de una página específica diseñada con esta finalidad. Al contrario de lo que sucedía en Facebook, se nos permite la búsqueda mediante Palabras Clave o Keywords que se realizarían sobre todos los campos del perfil pudiendo combinarlo con distintos campos concretos para poder refinar la búsqueda. Esta circunstancia la hemos aprovechado para concretar alguna búsqueda que en la anterior Red Social estudiada no nos permitía realizar.

Total Hombre Mujer NS/NC
Cargo: Bibliotecario 15 11 4 0
Cargo: Bibliotecaria 18 0 17 1
Cargo: Documentalista 35 15 20 0
Cargo: Librarian / País: España 33 13 20 0
Empresa: Biblioteca 24 8 14 2
Palabras Clave: Biblioteconomía 48 21 27 0
Palabras Clave: Documentación 82 40 42 0

Como en la ocasión anterior, se detallan el campo desde el cual se realizó la búsqueda junto con el término utilizado con ella, realizándose una división por sexo del número de perfiles recuperados.

Más información:

  1. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (1): Introducción
  2. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (2): Facebook
  3. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (3): LinkedIn
  4. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (4): Xing
  5. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (y 5): Conclusiones
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La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (2): Facebook

Uno de los lugares más populares en las Redes Sociales en Internet es Facebook. Nos hemos centrado en ella debido a la aparente buena representatividad de los profesionales de la información dentro de ella, de hecho, esta presencia se ha reforzado con la creación, por parte del equipo de redacción de la revista especializada El Profesional de la Información, del Grupo El Profesional de la Información – EPI en ella y que actualmente cuenta con 380 miembros.

Por otro lado, aunque ya lo indicamos en el texto anterior, el objetivo de este sitio web es el desarrollo de relaciones sociales no necesariamente enfocadas a los contactos profesionales, disponiendo un enfoque mucho más informal y ocioso que las otras dos Redes Sociales a estudiar. Las consultas se realizan sobre toda la base de datos de usuarios que dispone Facebook, aunque apenas se puede consultar nada dentro de los perfiles puesto que se debe ser aceptado como “amigo” para su visionado.

Las consultas a la base de datos se han abordado a través del buscador genérico de la página web, situado en la parte superior derecha una vez que el usuario se ha logueado dentro de ella. Las tres consultas lanzadas han sido: Bibliotecario, Bibliotecaria y Documentalista, obteniéndose los siguientes resultados:

Total Hombre Mujer NS/NC
Bibliotecario 17 12 3 2
Bibliotecaria 37 0 35 2
Documentalista 21 7 14 0

Nótese que la columna correspondiente al NS/NC se debe a que algunos usuarios de Facebook utilizan seudónimos o acrónimos para identificarse dentro de la Red Social, por lo que aunque se han contabilizado no ha podido determinarse su género. Por otro lado, es interesante señalar que en distintas búsquedas los profesionales de la información se consideraban indistintamente como Bibliotecario/Documentalista por lo que el perfil se encuentra presente en ambas búsquedas.

Intentando mejorar el alcance de este pequeño estudio, se han consultado otros aspectos de los profesionales de la información más allá de la denominación que hacen de sus respectivos puestos de trabajo. Así pues se han intentado obtener datos referidos a las carreras, los puestos específicos desempeñados y las empresas dentro de las plantillas de búsqueda avanzada. de perfiles

La imagen de la izquierda corresponde a las opciones de búsqueda que nos ofrece Facebook a octubre de 2008. Teniendo presentes los resultados anteriores, no se ha dispuesto ninguna limitación de ámbito geográfico que, como se verá, posteriormente se deberá adoptar dentro de otras redes para poder realizar un análisis mínimo de datos.

  Total Hombre Mujer
Genérico: Biblioteconomía 26 11 15
Genérico: Documentación 63 20 43
Carrera: Biblioteconomía 5 2 3
Carrera: Documentación 7 4 3
Puesto: Bibliotecario 0 0 0
Puesto: Bibliotecaria 3 0 3
Puesto: Documentalista 3 0 3
Empresa: Biblioteca 1 0 1
Puesto: Librarian / País: España 0 0 0

En el cuadro superior, detallamos en cada fila el campo y el término para realizar la consulta. De esta manera, “Carrera: Biblioteconomía” correspondería a la Búsqueda de Perfil dentro campo “Carrera” utilizando el término “Biblioteconomía”.

Más información:

  1. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (1): Introducción
  2. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (2): Facebook
  3. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (3): LinkedIn
  4. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (4): Xing
  5. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (y 5): Conclusiones
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La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (1): Introducción

A principios de este año, ya señalábamos que durante el mismo de lo que más se hablaría en la Web sería sobre las Redes Sociales. Para aquellos que desconozcan el concepto, el objetivo de estos sitios sería utilizar el alcance de Internet para facilitar la ampliación del círculo de contactos de sus usuarios y poder compartir intereses, de la naturaleza que sean, con un gran número de personas sin ninguna limitación física o temporal. Las redes sociales parten de la teoría de los seis grados de separación, según la cual cualquier persona del planeta está conectada a otra por sólo seis pasos entre gente que se conoce.

Dentro del colectivo de la Biblioteconomía y la Documentación, durante este año se han presentado y realizado multitud de cursos para tratar de ofrecer una guía a los profesionales de la información sobre la Web 2.0 y lo que se está moviendo dentro de ella. Uno de los epígrafes obligatorios dentro de este tipo de cursos pasaba necesariamente por las Redes Sociales, así que me he decidido a echar un vistazo sobre el grado de penetración que este tipo de webs tiene dentro de la profesión.

Redes Sociales y extracción de datos: Barreras iniciales

Una de las principales barreras a la hora de realizar un estudio de estas características es, por un lado, la privacidad y, por otro, el número de perfiles que se encuentran completos dentro de ellas. Así, en el primer caso, podemos encontrarnos que el sitio web no nos permite acceder a un perfil determinado si la persona que queremos consultar no nos ha aceptado como “amigo”. El concepto de “amigo” es muy sencillo de explicar, las Redes Sociales tratan de mostrar las relaciones sociales que mantiene una persona dentro del mundo real. Cuando una persona conoce a otra, ésta invita a otra para formar parte de su Red Social como “amigo”, obviamente las dos personas deben de estar de acuerdo aceptando y realizando la invitación, porque si no la posibilidad de acceder a un perfil determinado no existe. En cualquier caso, también existen Redes Sociales que crean un perfil público, con datos que el usuario controla y que quiere mostrar, de tal manera que la consulta de perfiles y de su búsqueda sea mucho más sencilla.

Otro de los problemas a la hora de obtener información relevante a la hora de atacar las bases de datos es que sus usuarios no rellenen totalmente las fichas con sus perfiles. Es frecuente, mucho más en las Redes Sociales profesionales, que el sistema nos solicita rellenar una ficha con nuestros estudios, profesión y lugar de trabajo, aunque no suele ser una condición sine qua non para comenzar a interactuar con el sistema y ponernos a trabajar con él. Este hecho, el de la falta de datos dentro de las fichas, degrada nuestros resultados a la vez que oculta la cantidad de personas que se dedican a una tarea determinada.

Además, es posible que nos encontremos que seis grados de separación no son suficientes. Dependiendo de la Red Social que consultemos, podemos realizar una ecuación de búsqueda sobre toda la base de datos que tienen disponible o sólo un porcentaje de ella. Por ejemplo, en LinkedIn sólo podemos consultar hasta los seis grados de separación dentro de la Red a la que pertenezcamos, por lo que obviamente sufriremos un sesgo a la hora de obtener los datos y los perfiles.

Finalmente, también debemos tener presente el idioma. Aunque actualmente los sitios de Redes Sociales se han actualizado, anteriormente, sólo estaban disponibles en inglés y eran utilizados intensamente por la comunidad anglosajona. Esto provocó, y en gran medida en las Redes Sociales profesionales, que los early-adopters no anglosajones utilizasen el sistema en su idioma original, esto es el inglés, desechando la posibilidad de hacerlo en castellano porque, al fin y al cabo, Business is Business.

Nuestro pequeño ensayo en LinkedIn, Facebook y Xing

A falta de una Red Social específica para los profesionales de la información, nos hemos centrado en dos de las más populares donde podíamos extraer datos sin excesivos problemas: LinkedIn, Xing y Facebook. Los datos fueron extraídos el 21 de octubre de 2008 utilizando mi perfil en todas las redes. LinkedIn es una Red Social enfocada a la generación de contactos profesionales, fundada en diciembre de 2002 y lanzada en mayo de 2003, actualmente dispone de un tráfico de 3,2 millones de visitantes al mes con 24 millones de usuarios registrados. Por otro lado, Facebook, la más conocida y popular para los internautas, nació como un sitio cuyo usuario objetivo eran los estudiantes universitarios de Estados Unidos para posteriormente ampliar su público hacia el resto de la población. Actualmente, dispone de 100 millones de usuarios registrados y una de sus características es el desarrollo de aplicaciones por parte de terceros que van ampliando sus posibilidades de interacción. Finalmente, Xing adquirió a la Red Social eConozco que era una de las Redes Sociales para profesionales más importantes de España. Dispone de más de 6 millones de personas dadas de alta.

Las consultas se realizarán en castellano centrándose en aspectos del desarrollo de la profesión y de los estudios exclusivamente. No voy a realizar un control de vocabulario previo, es decir, no voy a buscar nuevas definiciones de la profesión como el término infonomista, ni de nuevas áreas de interés de la misma como vigilancia tecnológica, realizando una primera cata sin ser detallista ni preciso. De hecho, esto sólo es una primera aproximación a la utilización de las Redes Sociales por los profesionales de la Biblioteconomía y la Documentación. Por otra parte, también debemos tener presentes las características específicas de cada una de las bases de datos, por lo que los campos y formularios a consultar podrán diferir de una a otra.

Más información:

  1. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (1): Introducción
  2. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (2): Facebook
  3. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (3): LinkedIn
  4. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (4): Xing
  5. La Biblioteconomía y la Documentación en las Redes Sociales de Internet (y 5): Conclusiones
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Catalogar vs. indexar

Uno de los mayores pecados que puede realizar un documentalista o un bibliotecario es pronunciar la palabra tabú: NO. “No está, no existe o no se puede hacer” son frases que en algunas ocasiones lanzamos casi de forma automática casi sin percatarnos bajo la presión de una consulta de información de un usuario urgido por la necesidad, casi sin tiempo para realizar una segunda reflexión. Tal vez deberíamos adoptar una actitud mucho más positiva, o idealista según se mire, como hacen los informáticos, siempre dispuestos a decir que sí y para posteriormente convertirlo en un “ya veremos”. Es posible que esa negatividad manifiesta surja de los documentalistas porque somos capaces de situarnos en el lado del usuario, conscientes de la problemática que éste se va a encontrar cuando comience a utilizar una aplicación, una página web, una interfaz que ataca una base de datos. Es por ello que siempre estamos dispuestos a situar un “pero”, cuando consideramos que el bosque es mucho más extenso de lo que creen nuestros amigos, los informáticos, en un momento. Así pues, deberíamos cambiar nuestra actitud, colocar siempre el SÍ ante cualquier otra consideración y luego ya nos preocuparemos de cómo salimos del entuerto, simplemente a modo de supervivencia.

Digo esto porque recientemente, revisando una de las revistas informáticas más populares de España, me encontraba con una columna de opinión de un informático que atacaba la catalogación, las folksonomías y por extensión la documentación en un entorno donde Google podía hallarlo todo. Concretamente, a modo ilustrativo, nuestro informático consideraba que no necesitaba clasificar los correos que le llegaban, puesto que utilizando una serie de palabras clave podía localizar el email perdido en la avalancha de su buzón. Al mismo tiempo, creía que el etiquetado social, el tagging, era una actividad prescindible puesto que el superalgoritmo googleliano bien podría resolvernos la papeleta sin necesidad de andar perdiendo el tiempo en la gestión de la información personal.

Qué crueldad. En diez años, Google nos ha jubilado. Nos hemos convertido en prescindibles, en una figura cómica al lado de la compleja programación desarrollada desde Mountain View, creo que es el momento de acabar con esta farsa… En realidad, somos unos tecnófobos redomados, realicémonos un harakiri colectivo y entonemos un mea culpa. Somos unos obsoletos digitales

Sin embargo, no estamos más lejos de la realidad. Por ejemplo, seguramente nuestros lectores dispondrán de una cantidad mayor de ejemplos, me pregunto, ¿ha intentado recuperar información de una base de datos de un medio de comunicación? ¿Ha utilizado los sistemas de búsqueda en los archivos que los medios de comunicación disponen en sus webs? ¿Ha utilizado a Google para ello? ¿Cuáles han sido los resultados? Yo se lo diré, la experiencia manda: O sabe lo que busca, colocando específicamente las palabras mágicas publicadas en el texto que busca o difícilmente va a encontrar lo que desea. O lo ha leído previamente, o va a ser complicado encontrar nada y simplemente el silencio será estruendoso.

Hay que tener en cuenta que el trabajo que se realiza desde la parte humana en la descripción de la información, ya se trate de palabras clave, pequeños resúmenes o el control del vocabulario, es valor añadido a la información. Es relativamente sencillo perderse dentro de una base de datos documental en la que se vuelcan diariamente informaciones sin el menor control del vocabulario. Si se trabaja dentro de un medio de comunicación, lo primero que se aprende es que los propios periodistas utilzan conceptos y palabras distintas enfocados en un mismo tema, que una noticia seguimiento de una información anterior no tiene porqué necesariamente hacer referencia directa a la previa y a la hora de recuperar ambas la desambiguación es completamente necesaria.

Porque el informático podrá considerar que es posible indexar toda la información que se produce diariamente en un medio de comunicación impreso, sin embargo lo que los documentalistas ponemos sobre la mesa son las dificultades a la hora de recuperación, ordenación de resultados y pertinencia de los mismos. Sin embargo, a veces nos quedamos en un NO y una sonrisa, lo que no es suficientemente significativo para nuestro interlocutor y no aportamos valor añadido a la discusión. Sí, es cierto, el motor de búsqueda recuperará información si colocamos las palabras mágicas, las que conocemos que el texto contenía, aunque no siempre las conoceremos de antemano. Dispondremos en nuestra cabeza de conceptos y sinónimos, el rico lenguaje natural, sin embargo no siempre podremos atacar una base de datos con ellos y recuperar información, no recuperaríamos nada y será entonces cuando algo realmente no exista, a pesar de que realmente no lo habremos recuperado.

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Documentalistas, ¿equivocamos nuestra formación?

La precariedad laboral en el campo de la Biblioteconomía y la Documentación, nuestra invisibilidad profesional, el intrusismo, las corrientes más o menos tecnófilas o tecnófobas entre nuestras filas, el desconocimiento de nuestras posibilidades laborales en trabajos diferentes a los tradicionales… son temas que, como profesionales de la información, de tanto en tanto nos rondan por la cabeza.

Éstas y muchas otras reflexiones similares las hemos vertido en múltiples ocasiones en este blog, intentando ofrecer un panorama profesional lo más amplio posible. Enlazar cada una de ellas sería demasiado tedioso, pero baste recordar cualquier encuentro entre un par de bibliotecarios/documentalistas –ya sea en reuniones informales entre amigos, cuando coincidimos en oposiciones o eventos varios, o en muchos mensajes en IWETEL-, para evocar los temas de los que hablo.

El reencuentro con viejos compañeros de estudio, de trabajo, con amigos -y el conocimiento de otros nuevos-, que supuso nuestra asistencia al 3rd International LIS-EPI Meeting ha hecho que me replantee de nuevo muchos de estos temas. Y más aún tras la lectura del reciente post de Álvaro Cabezas, en el que se recogía la vertiginosa caída de alumnos en las titulaciones de Biblioteconomía y Documentación en las universidades españolas, me ha hecho pensar si después de todo los que queremos dedicarnos a la Documentación en su vertiente más tecnológica o menos tradicional, de plano, nos equivocamos al escoger esta carrera.

En dicho post y los posteriores comentarios se barajaban varias explicaciones para esta caída de estudiantes en Biblioteconomía y Documentación: la pareja caída de la biblioteca como fuente de información universal, el escaso interés por las carreras documentales, la mala orientación vocacional, la sobreoferta formativa universitaria… Pero en conclusión, creo que el problema deriva mayormente de la propia formación que se nos ofrece en estas titulaciones (la Diplomatura y la Licenciatura).

Claro está que no se puede hacer un saco común: cada universidad sigue un programa curricular distinto, y desde que finalicé mis estudios en ambas titulaciones -en las dos universidades que las imparten en Valencia- seguramente habrá cambiado mucho el plan de estudios; pero poco se asemejaba la formación que recibí, a las necesidades formativas reales que me he ido encontrando a lo largo de mi desarrollo profesional.

Reconozco que como seguramente la mayoría de los futuros estudiantes universitarios no asistí en su momento a ninguna reunión informativa sobre la titulación, ni miré el plan de estudios de la carrera que había escogido; aunque viniendo de un módulo profesional en Biblioteconomía y Documentación sabía más o menos con qué podía encontrarme. Y si mi objetivo se hubiera limitado a preparar una oposición a alguna biblioteca municipal o universitaria, como es el caso de muchos de mis compañeros -y creo que casi la única salida que son capaces de visionar los estudiantes primerizos-, la formación que se me ofreció podría considerarse suficiente. Pero, cuando alguna asignatura, algún profesor, algún conferenciante, te deja entrever el mundo que hay más allá de la catalogación y de las bibliotecas tradicionales, las nuevas puertas profesionales que puedes cruzar con la base fundamental de nuestra profesión, la gestión de la información, ¿cómo no explorarlas?

Pero la realidad laboral es la que entonces nos cierra esas mismas puertas: los titulados en Biblioteconomía y Documentación no somos bienvenidos para desempeñar tareas más tecnológicas. La tradición de nuestra profesión, la visión que la sociedad tiene del mundo bibliotecario, de su obsolescencia frente a Internet, resultan un lastre. Poco importa que nuestra marcada formación interdisciplinar pueda servir como punto de apoyo a muchos otros profesionales (“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, Arquímedes); que nuestra capacitación para estructurar la información puedan completar, por ejemplo, la labor de un informático a la hora de crear o definir conceptualmente una base de datos, una Intranet, una página web; o que nuestra especialización en el campo de las búsquedas documentales pueda respaldar las labores de investigación científica, -sólo por poner algunos ejemplos que conozco.

Llegado a este punto, y volviendo al tema del estudio de Álvaro Cabezas, es cuando yo y otros (y perdón por el orden de los sujetos) nos planteamos si no hubiera sido mejor que estudiáramos otra carrera más tecnológica para trabajar en lo que nos gusta, en Documentación.

Quizá los nuevos estudiantes, más avispados que nosotros, hayan sabido ver que nuestro futuro laboral en este terreno no nos lo va a proporcionar una carrera como Biblioteconomía y Documentación. Consideran, al igual que la sociedad o que nuestros compañeros bibliotecarios más más tradicionales (y la redundancia es intencionada), que las nuevas tecnologías están alejadas de las bibliotecas y del anacronismo que transmiten.

Mucho se ha hablado de la muerte del libro y de las bibliotecas, no se trata de un tema nuevo. Así que, cuándo aprenderemos de una buena vez, cuándo aprenderán nuestros formadores, que tenemos que dar el salto de continente a contenido, de libros a información, de entidad física a virtual; que las nuevas tecnologías están ahí para ayudarnos y para quedarse y que no tenemos que temerlas.

Quizá la biblioteca 2.0 pueda lavar la cara a la imagen tradicionalista que arrastramos, pero mientras tanto esa imagen seguirá siendo un escollo en nuestra incursión en un mundo profesional más amplio y más tecnológico.

Más elucubraciones… en la próxima reunión.

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