Este pequeño gran mundo
La leyenda urbana según la cual el Documento Nacional de Identidad (DNI) señala cuántas personas se llaman exactamente de la misma manera que su propietario podría señalarnos esa necesidad que tenemos de encontrarnos con nuestras antítesis, en la comparación de otros “yoes” en un tour de force en el que el otro sería mejor o peor que nosotros mismos. Tenemos la necesidad de compararnos, para acabar mejor o peor parados, aunque por supuesto y simplemente por esa necesidad innata de comunicarnos.
Ya conté mi experiencia y mi sorpresa con mi “hermano “, Miguel Ros Martín, que curiosamente se puso en contacto conmigo y que descubro con alegría a la hora de redactar este texto que se encuentra trabajando en Tuenti. También me he cruzado con algunos “Marcos Ros” en mi vida (a uno de ellos incluso le adjudicaron una publicación mía) ya se trate de forma virtual como real y siempre he sentido cierta simpatía hacia ellos. Desde el concejal que lucha conmigo por posicionarse en Google hasta aquel que su vida social se cruza conmigo en Twitter o en Facebook, todos ellos son completamente desconocidos para mí, aunque tal vez en algún futuro no lo lleguen a ser tanto.
Miguel Ros contactó conmigo, pero no fue el único “Ros” que lo hizo. Hace ya un tiempo, recibí una carta bastante simpática de un emigrado que aseveraba que “Ros” éramos pocos. ¡Ojalá fuésemos los menos! El último contacto con un “familiar” se produjo hace unos meses y además de casi describirme su genealogía – No llegué a ninguna conclusión con ello -, reclamó para sí algunas características del trabajo y personalidad de los “Ros”.
Más allá de estas simpáticas anécdotas de las que obviamente hice partícipes a mi familia, con cierta sorpresa para alguno de ellos, me llevan a reflexionar la horizontalización que produce Internet, o Google como deseeis, en nuestra sociedad. Ya no existen barreras, cualquier persona podría reencontrarse con su familia tirando un poco del hilo que Arachné tejió lentamente para él. Sólo hay que rascar un poquito.
Amazon España llegó para quedarse
No recuerdo cuándo hice clic sobre el botón “Place your order” por primera vez. Posiblemente fuese en el año 2000 y probablemente se tratase de unos Cds imposibles de encontrar aquí, pero mi selección de Amazon como mi primera experiencia de compra online no me defraudó. Y nunca lo haría. Actualmente, nos parece normal introducir los datos de nuestra tarjeta de crédito en cajas en formularios web, pero en el año 2000 había mucho miedo y desconocimiento. Los robos de nuestros datos se nos antojaban casi como automáticos y el aura de confianza que transmitía Amazon era una gran garantía para un neófito como yo. Es cierto que jamás me ha decepcionado como cliente ni en cuanto a los envíos, ni en cuantos los productos recibidos, ni siquiera a la hora de gestionar las compras. Todo es sencillo y directo y suspiraba por un Amazon España para comprar artículos que obviamente en el extranjero iba a ser difícil encontrar: Libros en castellano.
Puede ser que este nuevo Amazon no sea comparable ni al británico, desde el que he comprado muchas cosas, ni al americano en cuanto a catálogo. Nunca he comprado en el americano, sobre todo por los recargos de la aduana y porque no quería sorpresas desagradables, pero sí que lo he hecho en el francés para intentar encontrar un DVD descatalogado en España y estuve a punto de hacerlo en el alemán; pero ante mi primera compra en esta tienda virtual recién abierta oficialmente en España no me ha decepcionado. Porque no nos engañemos, acceso a Amazon teníamos y encontrábamos algunos artículos más baratos, las fronteras en la Unión Europea no existen, el hecho de que la gestión de clientes esté integrada es un alivio y un gran acierto. Es decir, puedes entrar en el Amazon español, en el francés o en el alemán con la misma dirección de correo y allí estarán tus datos para comprar sin tener que introducirlos una y otra vez. Una comodidad más, un lujo más.
Esta semana me encontré en mi lector RSS con la presentación de un libro que me interesaba especialmente. Era un libro técnico sobre el procesamiento de la imagen y no me apetecía acudir a una gran librería para tener que solicitarlo y esperar que me lo trajesen. Mi primer instinto fue buscarlo en Amazon España aunque se había editado recientemente y mi sorpresa fue mayúscula al comprobar que allí estaba, disponible para ser adquirido. Posteriormente todo fue sobre ruedas accedí con mi cuenta de correo y el proceso de compra resultó tan sencillo como siempre señalando los plazos de entrega que estoy seguro que se cumplirán a rajatabla.
Mi última compra en Amazon todavía es en papel, pero imagino que el Kindle (el eBook de la tienda virtual) estará a la vuelta de la esquina. Definitivamente, Amazon España viene a demostrar que no se pueden poner puertas al campo, el futuro llega a pesar de esos intentos de vallarlo. Algunos editores , grandes almacenes y comercios electrónicos deberían comenzar a plantearse las cosas muy seriamente antes de que alguien se lleve su queso.
Léeme, tonto
No hace tanto que criticábamos, incluso por estos fueros, que la sutileza de los titulares periodísticos se estaba perdiendo en el mundo digital. La frescura a la hora de atrapar al lector con un titular de impacto, en ocasiones ingenioso u otras parafraseando cierta cita popular o título de película se diluía bajo el diktat de los buscadores que empujaba a los redactores a usar titulares descriptivos, casi anodinos, replicados en cualquier medio. El SEO obligaba, la posición en la caja de resultados era importante y los internautas parece que sólo saben hacer clic sobre los títulos que pueden satisfacer sus necesidades de información, no sobre el ingenio de un redactor.
Sin embargo, parece que esa presión es cada vez menor gracias a las redes sociales. No se acude a ellas ante una necesidad de información, sino sobre la premisa del “What’s up (Qué sucede)”. Los titulares también sufren de ese estrés, esa necesidad de emerger sobre líneas y líneas de texto. La escasez de la atención obliga, aunque lo peor de todo es cuando un titular se acerca a la mentira. Todo parece girar en torno a la audiencia, unos picos en el Google Analytics o el software de métrica de turno, pero lo que se juega el sitio web con ello es precisamente algo intangible: Su prestigio.
Como aficionado a la fotografía que soy, caí en la trampa ante este titular: El sensor de la 5D Mark IV, con factor de recorte de 1/40X, pero la información era completamente irreal. En primer lugar, porque la cámara Canon 5D Mark IV ni existe ni se la espera en breve y de hecho los propios lectores del blog hacen hincapié en la falsedad del titular y, por otro lado, esa cámara no poseerá (probablemente) factor de recorte porque su sensor es considerado como “Full Frame” o formato completo.
Por lo visto, tuve una semana tonta también caí sobre este texto: La aplicación de la Semana: Por sólo 99 centavos, “Clean Writer” es un robo. ¿Qué aplicación de la semana podría ser considerada como un robo? Había que leerlo y obviamente decepcionado me percaté que sólo cantaban loas a la aplicación y de robo nada. Una vez más, un titular más falso que un billete de dos pesetas. Con cara decepcionada, repliqué a la tuitera que lo había recomendado y nuestras percepciones coincidían. El titular era completamente impreciso sobre lo que se contaba.
Cerrando el círculo, la semana pasada también saltó la liebre de que Nicholas Cage es en realidad un vampiro, noticia que recogieron muchos medios de comunicación “serios”. Una fotografía puesta en subasta en eBay vendría a demostrar que Nicholas Cage vive desde finales de siglo XIX, ya que mostraba a un caballero con cierto semblante al actor. Posteriormente la fotografía desaparecería del sitio web de subastas, mientras que la nota se situaría como noticia más leída en los medios durante un par de días. La batalla por la atención manda.
Cuando Internet nos robó la privacidad
Peter Fleischer admitía recientemente en las páginas de El País que Google había cometido algunos errores en lo referente a la privacidad de sus usuarios. La entrevista resulta muy interesante puesto que Fleischer desgrana uno a uno algunos de las polémicas en las que se ha visto envuelta el gigante californiano desde Google Earth, Google Street e incluso su polémica con las sentencias judiciales que se publican en el Boletín Oficial del Estado. De repente, se acuña un nuevo término para tratar de acomodar la nueva realidad que sufren los ciudadanos y que trata de ser extendido al archivo eterno que promete ser Internet: el derecho al olvido. Este nuevo derecho salpica a los medios de comunicación que se ven asaltados por personas que desean que los errores del pasado no les encuentren a través de Google.
No debemos olvidar que la privacidad es un derecho humano, reflejado así en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su Artículo 12: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su correspondencia, ni de ataques a su honra o su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.” Sin embargo, actualmente, somos cada vez más conscientes que una vida interconectada a través de la web nos resta precisamente este derecho de distintas formas.
Una de las primeras polémicas surgidas a través de la recopilación de datos de los usuarios se desató precisamente ante la activación del sistema operativo Windows XP. Este movimiento de Microsoft para tratar de reducir la piratería durante el lanzamiento de nuevo sistema operativo fue ampliamente contestado puesto que suponía una violación de la privacidad ya que recopilaba información de los equipos informáticos para ser usado y enviados a Redmond a través de Internet.
Los usuarios de Windows parecían olvidar que, ya desde los comienzos de la popularización de la Red, se vigilaba a los internautas a través de las Cookies. Estos pequeños ficheros de texto disponen de dos fines principalmente:
- Llevar el control de usuarios: cuando un usuario introduce su nombre de usuario y contraseña, se almacena una cookie para que no tenga que estar introduciéndolas para cada página del servidor. Sin embargo una cookie no identifica a una persona, sino a una combinación de computador-navegador-usuario.
- Conseguir información sobre los hábitos de navegación del usuario, e intentos de spyware, por parte de agencias de publicidad y otros. Esto puede causar problemas de privacidad y es una de las razones por la que las cookies tienen sus detractores.
El uso de las Cookies está siendo regulado por las administraciones públicas y ante ciertas deficiencias que poseen como la identificación inexacta cuando un usuario utiliza distintos navegadores en su ordenador, las compañías tecnológicas han desarrollado las supercookies que van un paso más allá y que han desatado una nueva tormenta en la Web sobre su uso “oculto” por ciertas empresas como Microsoft.
Parece que las nuevas empresas surgidas al calor de Internet parecen ansiosas porque sus usuarios desechen ese derecho a la privacidad. Nunca la sociedad fue tan eficientemente destripada para la generación de dinero a través del marketing. La polémica de la publicidad contextual en el Gmail es ya sempiterna, así como el lanzamiento de nuevos servicios como Google Buzz son observados con lupa. Por otro lado, y dejando de lado a Google, Facebook es predominantemente una de las empresas más criticadas por su laxitud a la hora de controlar la información que sus usuarios comparten. Mark Zuckerberg ha proclamado que la “era de la privacidad se ha terminado”, sin embargo sus usuarios critican cada movimiento que hace encaminado hacia ello como, por ejemplo, la identificación automática de personas que aparecen en las fotos que se suben a ella.
En cualquier caso, la utilización de cierta plataforma web o de cierto software siempre constituye una opción, la publicación de ciertos contenidos por nosotros mismos es otra. Pero, ¿y si nuestra privacidad se violenta mediante nuevas vías como la utilización de cierto software o teléfono móvil? El iPhone y el iPad registraba los movimientos de sus usuarios, algo que también ha sucedido con los teléfonos que utilizan Android el sistema operativo para teléfonos móviles de Google, mientras que Electronic Arts (EA) lo hacía casi por contrato con Origin.
La privacidad se encuentra en retroceso por la trazabilidad que ofrecen las nuevas tecnologías cuyas posibilidades son infinitas. Los poderes públicos se muestran poco ágiles y lentos a la hora de regular ese derecho y son los usuarios los que deben solicitar ese derecho. No todo vale para hacer dinero, hay información que no debería ser recopilable.
Twitter, la barra del bar 24/7
Me cuenta una amiga periodista que el día de la dimisión de Francisco Camps, presidente de la Generalitat Valenciana, estaba en casa frente al ordenador con Twitter, la Web y las televisiones y la radio puestas sintiendo cierta impotencia puesto que no podía acudir a aquel acto (Desde luego, si eso no es multitarea, no sé exactamente qué es). Eran sobre las 5,30 de la tarde y yo sin estar todavía advertido de los hechos que se iban a producir, estaba delante de la TV.
En mi caso, la televisión falló clamorosamente a la hora de realizar su tarea informativa. Aquel día no hubo una conexión en directo ni a través de la televisión pública valenciana, ni en la televisión pública nacional. Los servicios de la Generalitat Valenciana lo impidieron. Eso sí, pude escuchar en la radio al presidente dimisionario, mientras lanzaba mi indignación en Twitter inquieriendo el porqué las televisiones públicas no estaban retransmitiendo ese momento y dando el parte meteorológico. Inmediatamente después, tras advertirme mi amiga que al Molt Honorable se le podía escuchar en la radio, Twitter retransmitía que una suerte de proceso de censura se había producido en el caso de las televisiones con el criterio de que o retransmitían todas o ninguna.
En aquella tarde, constanté que los periodistas descubren Twitter como la barra del bar donde antaño acudían a recuperar historias e intercambiar impresiones. Es bastante curioso comprobar cómo se cruzan conversaciones y, hasta en ocasiones, acusaciones de diversa índole en la que el resto de los mortales asistimos como sujetos pasivos. No es de extrañar que mi amiga anduviese conectada con Twitter como fuente informativa porque fue en esta plataforma donde los periodistas que asistían al anuncio lanzaban sus apuestas y últimas informaciones sobre la comparecencia que iba a realizar el Presidente.
Los periodistas trasladaban la primicia a Twitter obviando otros medios, puede ser por la falta de un medio instantáneo de transmisión de la noticia (El País dispone de Eskup). El tiempo real del hecho periodístico se convierte en simultáneo y telegráfico, donde al sujeto se le puede interrogar e intercambiar opiniones con él enriqueciendo la transmisión del mensaje con concreciones y con una estructura lineal e instantánea del suceso. Podría considerarse como una suerte de libro de notas desde el que posteriormente se puede recomponer el hecho informativo para la publicación de una noticia mucho más detallada y coherente en el medio de comunicación (Este modo de proceder ya se ha propuesto en el mundo anglosajón). ¿Cambiará Twitter también la manera de trabajar de los periodistas?
La eterna batalla entre la información “pull” y la información “push”
Me quieren enterrar otra vez el formato RSS. El formato deseado por muchos documentalistas y que cruzan los dedos porque una página disponga de él. Muchos todavía no hemos aprendido a configurarlo correctamente y ya lo quieren jubilar esos grandes gurús que lo consideran como un objeto del pasado, glorioso, puede ser, pero pasado. En Internet al contrario que la vida real aquello de “cualquier tiempo del pasado fue mejor” no aplica.
En esta ocasión, el debate lo iniciaron ya hace un par de meses Facebook y Twitter al jubilarlo dentro de sus sistemas de difusión de contenidos. Las cuentas de usuario ya no distribuyen RSS como lo venían haciendo y ha sido a raíz de que estas dos grandes empresas, tan populares actualmente, deciden finiquitar el RSS, el debate se instaura de nuevo. ¿Son los RSS necesarios?
Personalmente considero que, más allá de los formatos que tan rápido pasan por ser sustituidos por otros – De hecho, al RSS se le acusa de no haber evolucionado mucho desde que está entre nosotros -, la batalla se debería centrar entre la difusión de la información de una forma pull o push. Actualmente se considera, y creo que de una forma errónea y soy bastante excéptico sobre ello, que la información debe de hallarnos. Es decir, que si una noticia es realmente relevante debe de aparecer en nuestras pantallas o dispositivos móviles de forma machacona y existente fruto de un filtrado informativo social (¿Alguien sabe dónde está Digg ahora?). Una información debe de ser Trending Topic impuesto de forma social. Por ejemplo, en Twitter una historia debe encontrarnos gracias a que las personas que seguimos la “promueven”, la difunden y la retuitean hasta que nos alcanza o llama la atención.
Claro que entraríamos en el debate de los verdaderos intereses que tienen las personas que seguimos en Twitter y sus finalidades. Recuerdo perfectamente un correo electrónico dentro de una lista de distribución – sí, todavía existen y son muy activas -, de un usuario que pedía a los profesionales que no mezclasen los mensajes personales con los profesionales en Twitter. Desgraciadamente, y personalmente, yo busco información personal en Twitter, a saber, intereses, hechos, filtrado de noticias… No es recomendable que una persona se centre demasiado en lo profesional, publicando todo lo que encuentra en la Web como se se tratase de un weblog, porque simplemente no le seguiría nadie.
No me interesa seguir a, por ejemplo, a El País o al Levante-EMV en Twitter. No quiero información excesiva en mi Time Line en el sitio de microblogging, simplemente porque la atención es el verdadero valor que tenemos cuando nos encontramos en Internet y prefiero seguir a personas en Twitter a las marcas ya las dejo para la web o para el RSS. En Twitter, encontramos información Push, muy candente, que es extremadamente relevante para muchos, pero existe otra tipo de información que es relevante para nosotros y para pocas personas más.
Porque uno de los aspectos muy positivos del RSS es la capacidad de seguir una publicación que nos interesa de forma constante. Extraemos (Pull) esa información porque en general nos interesa casi todo lo que se publica allí, no tenemos que esperar que alguien la promocione. Es una decisión personal, una fuente de información valiosa a la que atendemos cuando realmente tenemos un momento y donde no es necesario estar atento 24/7 para encontrarla.
Internet nos hace más tontos
Nicholas Carr suponía que las nuevas tecnologías, no sólo Internet o la Web, nos estaba haciendo vagos. Al introducir los textos a través de los móviles, antes con los SMS y ahora con las distintas aplicaciones de mensajería y de Redes Sociales de los smartphones, hacemos trizas la gramática y la ortografía fruto de años de estudio metódico y que ahora muchos descubrimos que nos cuesta controlar. Nos encontramos perdiendo la capacidad de expresarnos a través de la escritura, porque intentar expresar una idea a través de 140 caracteres obviamente no ayuda a desarrollarla, sólo a bramar por ella, pero la tecnología también merma otras capacidades como la capacidad de retención lectora.
Leer un documento en un iPad disminuye nuestra capacidad de retención sobre lo que leemos en un 20%. Lo más curioso es que los patrones de comportamiento son similares en papel que ante el dispositivo electrónico, o sea, que en el iPad no existe la lectura en diagonal que solemos utilizar cuando leemos en una pantalla. Y es que ante un ordenador acudimos a los párrafos donde la información nos más impacta más o nos parece más relevante, en un intento de subrayado digital, que nos priva del desarrollo de las ideas que se encuentran en el texto mismo.
Finalmente, otro de los aspectos que nos limitan en el mundo tecnológico es el comportamiento que tenemos a la hora de consumir información en la Web. Además de considerar a Google nuestra memoria, el lugar donde encontraremos aquel documento o idea que tanto nos gustó y que por lo tanto no tenemos necesidad de guardarla ya sea en nuestro propio ordenador o en uno de esos sitios para almacenar enlaces; muchos de nosotros tenemos una visión cerrada de lo que es la Web y de las posibilidades. La opción de encontrar en la Red personas que tienen los mismos gustos que nosotros o que piensan como nosotros, nos cierran la opción de descubrir y de argüir con otras personas que piensan justo lo contrario. En este caso, perdemos la riqueza del intercambio de ideas que son para nosotros disonantes, pero que enriquecen nuestros puntos de vista.
Por supuesto que a la forma en la que consumimos información le sucede lo mismo. Según avanza la posibilidad de que dispongamos perfiles dentro de los sitios web informativos, que sepan qué información nos gusta y nos interesa sobremanera, va en detrimento de que sepamos qué es lo importante. Antes cuando querías estar informado y adquirías un periódico, lo ojeabas y un periodista, o varios, dependiendo de la importancia de la pieza informativa disponía de cierto espacio y de colocación para la misma. Actualmente, consumimos sólo la información que nos interesa, vamos al quite, casi obviando y maltratando el resto, convirtiéndose Internet justo en lo contrario de lo que nosotros pensábamos, en un embudo. Un embudo que sólo nos ofrece información que nos interesa que no es necesariamente la importante, que se centra en satisfacernos más que en informarnos, empobreciéndonos intelectualmente en la mayoría de las ocasiones, haciéndonos un poco más tontos.
Internet trata de subvertir la jerarquía democrática
La actualidad es desenfreno, las noticias se suceden atropelladamente en las portadas de los medios de comunicación y son rápidamente olvidadas como si el Presente no cupiese en el día a día. Demasiadas hechos, demasiados sucesos, demasiadas decisiones tomadas de forma presurosa. A la primavera árabe la sustituyó la catástrofe nuclear de Fukushima, a Fukushima la desplazaron las elecciones en España, las elecciones fueron fagocitadas por el 15M, el 15M fue barriod la crisis del pepino, pero a éste lo vuelve a sustituir el 15M y la constitución de ayuntamientos y parlamentos.
Todo se emborrona, parece superfluo, como si todo sólo se sostuviese por su propia levedad del acto material y, de repente, con la misma levedad desapareciese. Sin embargo, me da en la nariz que algo se está cociendo en Internet. La llamada Web Social está canalizando un cambio social que debería ser analizado con lupa y detenimiento por sociólogos, historiadores, periodistas y políticos. El movimiento español 15M cogió a muchos desprevenidos, entre los que me incluyo por supuesto. Sin embargo, antecedentes existían de que esta marejada que Internet está provocando y que cataliza muchos movimientos, está a punto de dar un salto cualitativo.
Wikileaks demostró que los gobiernos y sus gobernantes están desnudos, que la información, ese bien ingente para muchos, pero la decisiva reservada para gourmets, puede ser transmitida inmediatamente, sin costes hacia los medios de comunicación capaces de procesarla y distribuirla. Tras el jaque mate a Julian Assange, un colectivo se atrevió a desafiar los hilos ocultos del poder, el colectivo Anonymous vino a sustituir y a tratar de defender el acoso a Wikileaks y a encararse con la superpotencia americana y otros organismos internacionales. Desde Anonymous, la perspectiva de que afirmen que desarticulan cúpulas se aleja de la realidad, ya que en Internet casi todo funciona de forma horizontal y además existe mar gruesa.
Las revueltas en el mundo árabe fueron transmitida por los medios de comunicación como una necesaria apertura democrática de estos países. Las sociedades norteafricanas encaraban su futuro solicitando más libertades, pero tras el devenir de los días en algunos países los progresos democráticos se estancaron, en otros derivaron en enfrentamientos abiertos, en otros simplemente fueron reprendidos con fuego. Pero la mecha se encontraba prendida, latente, derivándose hacia otros lugares geográficos, dispuesta a hacer caer todo lo que conocemos hasta ahora.
La situación económica y política de España favoreciendo que una manifestación crítica con la actual jerarquía democrática catalizase un descontento invisible pero que aguardaba su espita. La desafección con el Estado, las reglas establecidas y sus estamentos es un sentimiento creciente dentro de la sociedad española que afirma que los políticos son uno de sus principales problemas. Vivimos en democracia, pero hay sectores de la sociedad que no se sienten identificada con ella. De momento, el sistema enquilosado funciona, todavía equilibrado, sin embargo la crítica persiste, se multiplica, crece, cambia y evoluciona.
Tony Judt consideraba que el mayor pecado del Mayo del 68 fue establecer el individualismo en la Sociedad. El fin de los sindicatos se contemplaba desde esta perspectiva, desde el punto de vista del crecimiento del individualismo, cuando el trabajador ya no se sintió integrado dentro de una clase obrera desmantelada. Hoy en día, los sindicatos son contemplados como dinosaurios condenados a extinguirse al fallarles su base social. A pesar de todo, ese individualismo está siendo barrido por un movimiento que no desea de interlocutores fijos, de cabezas visibles. La Red devuelve a horizontalizar a la Sociedad y ésta se encuentra insatisfecha con la participación ciudadana que el sistema le ofrece. Entiende de que el poder emana de ella y quiere sentirse, de nuevo, escuchada y poderosa.
“La diferencia es que nosotros queríamos derribar el sistema, el 15M quiere arreglarlo”, “sobra el debate emocional, falta el intelectual” claman los intelectuales que vivieron el 68. El 15M nace del corazón, de los debates de salón a través de Twitter o Facebook, pero gana fuerza presencialista en las asambleas y acampadas. Se redactan manifiestos, de forma abierta, colaborativa; pero al mismo tiempo se buscan referentes que puedan guiarlos. Los intelectuales más ancianos apoyan la corriente (Sampedro o Hessel), los de mediana edad, los asentados socialmente no la entienden.
Mientras el movimiento del 15M sorprendido de su propio éxito, trata de aprender, de tomar sus propias decisiones alejándose del corazón, decidiendo cuál es la mejor manera de expandirse, a través de los barrios, se encuentra plantando semillas, informando a las personas, transmitiendo su mensaje fuera de la Red. Ya no se trata de jóvenes informados y desafectos; las pataletas no se encuentran en el salón, si no que el mensaje se traslada fuera de Internet a la plaza de los barrios, captando apoyos. “No nos representan” les claman a los políticos que aceptaron dávidas y a aquellos que no las aceptaron, uniformando a un nuevo enemigo al que derribar. El problema es que si aquellos que deben de gestionar el patrimonio de todos son desautorizados para ello, ¿quién debe hacerlo?
De repente, nos percatamos que hemos envejecido muy rápido y no somos capaces de comprender a lo que nos enfrentamos. Los viejos esquemas no sirven, las comunicaciones son distintas, a las masas ya no se las arenga en los mítines, vienen con la lección aprendida. Saben lo que quieren, son conscientes de los medios que deben usar para ello y son capaces de autoorganizarse y aprender de sus errores. La Web, las tecnologías de la comunicación, ya definitivamente ubicua está rompiendo sus costuras, lo que se dice en la Red ya no se queda en la Red, está calando en la Sociedad, transmitiendo ideas y programando acciones específicas y concretas. Tal vez, Internet se encuentre en un punto en que sea capaz de subvertir los propios esquemas políticos nacidos de la Segunda Guerra Mundial. Como diría aquel: “Atentos”
Blogs y medios, territorio salvaje
Este texto se publicó originalmente en el blog colaborativo Neumattic el 16 de diciembre de 2010
No hace tanto tiempo que los blogs contemplaban con cierta suficiencia a los medios de comunicación tradicionales. Razones no les faltaron, ya que fueron los primeros que abordaron sin miedo ciertos temas que hasta entonces no alcanzaban o no tenían cabida en las páginas o en los sitios webs de los medios tradicionales. En base a esa nueva forma de enteder la difusión de la información y de crear la noticia, de una forma abierta y sin censuras, sin limitaciones geográficas, se acuñaron términos como “Periodismo ciudadano” y se intuyó una suerte de nueva revolución que a buen seguro haría tambalear los cimientos de la información dentro de Internet y de los vetustos medios impresos.
La reacción de la prensa fue tímida en un principio. Ofrecieron a sus lectores la posibilidad de corregir e incluso opinar dentro de las informaciones, aunque posteriormente la apuesta fue mucho más decidida, intentando crear comunidad dentro de ellos. Así, se brindó la posibilidad de que los lectores pudiesen crear su propio blog como elemento diferenciado informativamente dentro del dominio web del medio de comunicación y, posteriormente, se reforzó esa necesidad de opinión y de seguimiento de la información del medio a través de Twitter y/o Facebook.
Hoy en día, la revolución traída por los blogs se diluye salvo honrosas excepciones. Son escasos los blogs profesionales que pueden hacer sombra a los medios tradicionales, a pesar de que ejemplos existen y que se acercan peligrosamente a la difusión de cabeceras . Mientras que la difusión de noticias e informaciones a través de Twitter y Facebook son las vías preferidas actualmente por los lectores para difundir las mismas.
Mientras tanto, los experimentos sin control quedan un tanto atrás. Los blogs se hallan presentes en los medios de comunicación, sí, pero se promocionan principalmente aquellos gestionados por autores de relumbre para la cabecera que los acoge. Por contra, los blogs de los lectores quedan en un segundo plano hasta desaparecer de las páginas principales de los sitios web de los medios.
En cualquier caso, la Wild Wide Web todavía campa a sus anchas dentro de esos mismos medios y los blogs que acogen, así como dentro de los propios comentarios de las noticias que se muestran en ocasiones como ingobernables e inclasificables, alejados de la línea editorial de la cabecera y que entra en contradición incluso con su posición política.
Incluso, esos medios acogen dentro de sus comunidades a blogs que desdicen completamente a los principales articulistas de los medios como si su línea editorial fuese por un sitio y la comunidad de sus lectores por otro. Es curioso que no se encuentre ningún responsable que trate de corregir o modifique su tendencia, lo que a los ojos de los lectores más habituales chirría profundamente alejándolos de lo que debería ser su medio de comunicación de referencia.
La convivencia del modelo de los blogs dentro de los medios de comunicación todavía tiene mucho recorrido, desde luego. Sin embargo, cuando los cimientos mismos del periodismo son sacudidos por los acontecimientos y por la difusión de información por sitios web como WikiLeaks, son los medios de comunicación tradicionales la vía por la que esta información es tratada y filtrada tratando que llegue lo más lejos posible. El porqué WikiLeaks decidió difundir la mayor publicación de documentos diplomáticos estadounidenses a través de cabeceras tradicionales debe de indicarnos que los medios no fueron derrotados, sino que supieron adaptarse y que cada vez lo harán más rápido.
Web 2.0: La utopía resquebrajada
Este texto se publicó originalmente en el blog colaborativo Neumattic el 25 de enero de 2011
Hubo un tiempo que consideramos que nosotros, los internautas, los usuarios, desplazaríamos a los grandes medios de comunicación. Hubo un tiempo que nosotros expertos, profesionales, conocedores de la realidad social que vivimos, podríamos hablar cara a cara con los grandes medios, corregirlos, castigar la forma en que pudiesen filtrar la información, darle el tamiz que ellos obviaron u olvidaron. Nosotros nos haríamos un hueco, crearíamos una comunidad interconectada que hablaría con voz propia, con mayor autoridad que los gobernantes o los propios periodistas. Nos haríamos un hueco en esta democracia con una voz propia. Nosotros éramos los medios, nosotros construíamos la Web.
Esta nueva Web, refundada tras sus cenizas del desastre de la Burbuja.com, palpitaba en su momento cumbre con innumerables usuarios actualizando blogs con mayor o menor rigor, con mejores y peores historias, con grandes discusiones que aportaban contenidos o simplemente con el típico griterío de un bar. Pero era un sueño y era nuestro, íbamos a cambiar el mundo, pero ¿qué podría quedar de ello?
El sueño parece diluirse tras estos cinco años acelerados en los que hemos pasado de sólo poder usar la web principalmente desde nuestros ordenadores a otros dispositivos como móviles y tabletas. La información que compartimos es inmediata, se prima el aquí y el ahora, lo breve, lo ingenioso, lo impactante, lo taquigráfico. Una muestra de nuestra sociedad acelerada, lo importante por la mañana es olvidado al anochecer, el impacto que dure un segundo, pero que se grave en la retina aunque se trate de 60 minutos.
Automattic, consciente de la falta de tono muscular de la Blogosfera, ofrece un reto a los blogueros sean o no usuarios de su plataforma: Publicar un post al día. Una imagen, un texto breve son razones más que suficientes para los chicos de WordPress, aunque han tenido que bajar varios peldaños su reto y actualmente se conforman con un post a la semana. Sin embargo, eso mismo ya se comparte en Twitter y/o Facebook, feroz competencia me temo ante que los blogs, menos inmediatos, poco pueden hacer.
Dentro de la Blogosfera, otros que están soportando esta corrección son las redes de blogs. De un tiempo a esta parte, se ha pasado de una situación en la que existían múltiples en activo, apareciendo como setas, hemos pasado al cierre e incluso la compra de algunas de ellas.
Otros proyectos que se convirtieron en estandartes de la Web 2.0 como los marcadores sociales tampoco se encuentran en su mejor momento. Nos referimos principalmente a Delicious que, como es bien sabido, iba a ser cerrado por Yahoo! tras su fracaso en su adquisición y que provocó una reacción melancólica dentro de la Web Social que sólo ha derivado a la intención de la compañía norteamericana hacia su venta, más que su cierre. Sin embargo, los usuarios de Delicious ya se han dispuesto a la búsqueda de alternativas que no hace presagiar un buen desenlace sobre esta web que provocó ríos de tinta en su momento.
La promoción social de informaciones tampoco pasa por su mejor momento tras el descenso de Digg a los infiernos. Los distintos cambios que ha sufrido la gestión de la Web no han sentado nada bien a su comunidad y los internautas han ido progresivamente abandonando el barco. El descenso del tráfico de Digg también tiene su efecto gracias a otras alternativas para compartir información y mantenerse actualizado como sucede con Twitter, lo que nos lleva a la consideración de que los hábitos y las evoluciones de los internautas tienen mucho peso a la hora del desarrollo del negocio de este tipo de webs.
Y, finalmente, y esto debería ser un punto de atención para aquellos proyectos que se encuentran en su hype actualmente. MySpace, otrora la red social por excelencia, que ha visto cómo debía ceder su cetro a otra red social (Facebook) que simplemente ha sabido barrerla del mapa. La estrategia de Rupert Murdoch falló, pero es otro punto de atención innegable que, en la Web, las generaciones que reemplazan a las siguientes bien pueden acabar con un proyecto que parecía completamente asentado y viable económicamente.
El sector de los buscadores no está tan muerto como parece
En el 2010 D.C., el sector de las búsquedas de Internet se encuentra ocupada por el Imperio de Google, tras la derrota de Microsoft ante Sergei Brin y Larry Page. Pero no todo el sector de las búsquedas de Internet está ocupado: aún hay una pequeña región, rodeada de campamentos googlenianos, que se resiste al invasor.
¿Alguien recuerda qué era Cuil? Aquel buscador que, desarrollado por ex-ingenieros de Google, le haría frente y temblar casi inmediatamente de su lanzamiento. Sin embargo, su enfrentamiento con Google sólo duraría dos años (2008-2010), los años que pasó del estrellato mediático a ser ninguneado por los internautas. De ejemplos como estos, bien podríamos realizar un listado con un buen puñado de iniciativas. ¿Y qué me dicen de WolframAlpha? Éste sí que iba a revolucionar el sector de las búsquedas puesto que ofrecía respuestas y, al contrario que hace Google, no un listado de páginas web de cierta relevancia. Claro que técnicamente no se trata de un motor de búsquedas, ya que se trata de un buscador de respuestas, por lo que tampoco puede hacerle sombra, realmente.
Google sigue reinando y sólo Microsoft comienza, ahora, a arañarle el terreno tras muchas intentonas y tras haber cambiado su rostro en varias ocasiones. Sin embargo, son diversos los motores de búsquedas que tratan de hacerle frente a Google y, ¿por qué no?, tratar de derrocarlo. En la revista PC Actual de este mes, realizan una recopilación y valoración de cada uno de ellos. Nosotros tan sólo os recogemos su listado para que los probéis.

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