Léeme, tonto
No hace tanto que criticábamos, incluso por estos fueros, que la sutileza de los titulares periodísticos se estaba perdiendo en el mundo digital. La frescura a la hora de atrapar al lector con un titular de impacto, en ocasiones ingenioso u otras parafraseando cierta cita popular o título de película se diluía bajo el diktat de los buscadores que empujaba a los redactores a usar titulares descriptivos, casi anodinos, replicados en cualquier medio. El SEO obligaba, la posición en la caja de resultados era importante y los internautas parece que sólo saben hacer clic sobre los títulos que pueden satisfacer sus necesidades de información, no sobre el ingenio de un redactor.
Sin embargo, parece que esa presión es cada vez menor gracias a las redes sociales. No se acude a ellas ante una necesidad de información, sino sobre la premisa del “What’s up (Qué sucede)”. Los titulares también sufren de ese estrés, esa necesidad de emerger sobre líneas y líneas de texto. La escasez de la atención obliga, aunque lo peor de todo es cuando un titular se acerca a la mentira. Todo parece girar en torno a la audiencia, unos picos en el Google Analytics o el software de métrica de turno, pero lo que se juega el sitio web con ello es precisamente algo intangible: Su prestigio.
Como aficionado a la fotografía que soy, caí en la trampa ante este titular: El sensor de la 5D Mark IV, con factor de recorte de 1/40X, pero la información era completamente irreal. En primer lugar, porque la cámara Canon 5D Mark IV ni existe ni se la espera en breve y de hecho los propios lectores del blog hacen hincapié en la falsedad del titular y, por otro lado, esa cámara no poseerá (probablemente) factor de recorte porque su sensor es considerado como “Full Frame” o formato completo.
Por lo visto, tuve una semana tonta también caí sobre este texto: La aplicación de la Semana: Por sólo 99 centavos, “Clean Writer” es un robo. ¿Qué aplicación de la semana podría ser considerada como un robo? Había que leerlo y obviamente decepcionado me percaté que sólo cantaban loas a la aplicación y de robo nada. Una vez más, un titular más falso que un billete de dos pesetas. Con cara decepcionada, repliqué a la tuitera que lo había recomendado y nuestras percepciones coincidían. El titular era completamente impreciso sobre lo que se contaba.
Cerrando el círculo, la semana pasada también saltó la liebre de que Nicholas Cage es en realidad un vampiro, noticia que recogieron muchos medios de comunicación “serios”. Una fotografía puesta en subasta en eBay vendría a demostrar que Nicholas Cage vive desde finales de siglo XIX, ya que mostraba a un caballero con cierto semblante al actor. Posteriormente la fotografía desaparecería del sitio web de subastas, mientras que la nota se situaría como noticia más leída en los medios durante un par de días. La batalla por la atención manda.
Cuando Internet nos robó la privacidad
Peter Fleischer admitía recientemente en las páginas de El País que Google había cometido algunos errores en lo referente a la privacidad de sus usuarios. La entrevista resulta muy interesante puesto que Fleischer desgrana uno a uno algunos de las polémicas en las que se ha visto envuelta el gigante californiano desde Google Earth, Google Street e incluso su polémica con las sentencias judiciales que se publican en el Boletín Oficial del Estado. De repente, se acuña un nuevo término para tratar de acomodar la nueva realidad que sufren los ciudadanos y que trata de ser extendido al archivo eterno que promete ser Internet: el derecho al olvido. Este nuevo derecho salpica a los medios de comunicación que se ven asaltados por personas que desean que los errores del pasado no les encuentren a través de Google.
No debemos olvidar que la privacidad es un derecho humano, reflejado así en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su Artículo 12: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su correspondencia, ni de ataques a su honra o su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.” Sin embargo, actualmente, somos cada vez más conscientes que una vida interconectada a través de la web nos resta precisamente este derecho de distintas formas.
Una de las primeras polémicas surgidas a través de la recopilación de datos de los usuarios se desató precisamente ante la activación del sistema operativo Windows XP. Este movimiento de Microsoft para tratar de reducir la piratería durante el lanzamiento de nuevo sistema operativo fue ampliamente contestado puesto que suponía una violación de la privacidad ya que recopilaba información de los equipos informáticos para ser usado y enviados a Redmond a través de Internet.
Los usuarios de Windows parecían olvidar que, ya desde los comienzos de la popularización de la Red, se vigilaba a los internautas a través de las Cookies. Estos pequeños ficheros de texto disponen de dos fines principalmente:
- Llevar el control de usuarios: cuando un usuario introduce su nombre de usuario y contraseña, se almacena una cookie para que no tenga que estar introduciéndolas para cada página del servidor. Sin embargo una cookie no identifica a una persona, sino a una combinación de computador-navegador-usuario.
- Conseguir información sobre los hábitos de navegación del usuario, e intentos de spyware, por parte de agencias de publicidad y otros. Esto puede causar problemas de privacidad y es una de las razones por la que las cookies tienen sus detractores.
El uso de las Cookies está siendo regulado por las administraciones públicas y ante ciertas deficiencias que poseen como la identificación inexacta cuando un usuario utiliza distintos navegadores en su ordenador, las compañías tecnológicas han desarrollado las supercookies que van un paso más allá y que han desatado una nueva tormenta en la Web sobre su uso “oculto” por ciertas empresas como Microsoft.
Parece que las nuevas empresas surgidas al calor de Internet parecen ansiosas porque sus usuarios desechen ese derecho a la privacidad. Nunca la sociedad fue tan eficientemente destripada para la generación de dinero a través del marketing. La polémica de la publicidad contextual en el Gmail es ya sempiterna, así como el lanzamiento de nuevos servicios como Google Buzz son observados con lupa. Por otro lado, y dejando de lado a Google, Facebook es predominantemente una de las empresas más criticadas por su laxitud a la hora de controlar la información que sus usuarios comparten. Mark Zuckerberg ha proclamado que la “era de la privacidad se ha terminado”, sin embargo sus usuarios critican cada movimiento que hace encaminado hacia ello como, por ejemplo, la identificación automática de personas que aparecen en las fotos que se suben a ella.
En cualquier caso, la utilización de cierta plataforma web o de cierto software siempre constituye una opción, la publicación de ciertos contenidos por nosotros mismos es otra. Pero, ¿y si nuestra privacidad se violenta mediante nuevas vías como la utilización de cierto software o teléfono móvil? El iPhone y el iPad registraba los movimientos de sus usuarios, algo que también ha sucedido con los teléfonos que utilizan Android el sistema operativo para teléfonos móviles de Google, mientras que Electronic Arts (EA) lo hacía casi por contrato con Origin.
La privacidad se encuentra en retroceso por la trazabilidad que ofrecen las nuevas tecnologías cuyas posibilidades son infinitas. Los poderes públicos se muestran poco ágiles y lentos a la hora de regular ese derecho y son los usuarios los que deben solicitar ese derecho. No todo vale para hacer dinero, hay información que no debería ser recopilable.
La eterna batalla entre la información “pull” y la información “push”
Me quieren enterrar otra vez el formato RSS. El formato deseado por muchos documentalistas y que cruzan los dedos porque una página disponga de él. Muchos todavía no hemos aprendido a configurarlo correctamente y ya lo quieren jubilar esos grandes gurús que lo consideran como un objeto del pasado, glorioso, puede ser, pero pasado. En Internet al contrario que la vida real aquello de “cualquier tiempo del pasado fue mejor” no aplica.
En esta ocasión, el debate lo iniciaron ya hace un par de meses Facebook y Twitter al jubilarlo dentro de sus sistemas de difusión de contenidos. Las cuentas de usuario ya no distribuyen RSS como lo venían haciendo y ha sido a raíz de que estas dos grandes empresas, tan populares actualmente, deciden finiquitar el RSS, el debate se instaura de nuevo. ¿Son los RSS necesarios?
Personalmente considero que, más allá de los formatos que tan rápido pasan por ser sustituidos por otros – De hecho, al RSS se le acusa de no haber evolucionado mucho desde que está entre nosotros -, la batalla se debería centrar entre la difusión de la información de una forma pull o push. Actualmente se considera, y creo que de una forma errónea y soy bastante excéptico sobre ello, que la información debe de hallarnos. Es decir, que si una noticia es realmente relevante debe de aparecer en nuestras pantallas o dispositivos móviles de forma machacona y existente fruto de un filtrado informativo social (¿Alguien sabe dónde está Digg ahora?). Una información debe de ser Trending Topic impuesto de forma social. Por ejemplo, en Twitter una historia debe encontrarnos gracias a que las personas que seguimos la “promueven”, la difunden y la retuitean hasta que nos alcanza o llama la atención.
Claro que entraríamos en el debate de los verdaderos intereses que tienen las personas que seguimos en Twitter y sus finalidades. Recuerdo perfectamente un correo electrónico dentro de una lista de distribución – sí, todavía existen y son muy activas -, de un usuario que pedía a los profesionales que no mezclasen los mensajes personales con los profesionales en Twitter. Desgraciadamente, y personalmente, yo busco información personal en Twitter, a saber, intereses, hechos, filtrado de noticias… No es recomendable que una persona se centre demasiado en lo profesional, publicando todo lo que encuentra en la Web como se se tratase de un weblog, porque simplemente no le seguiría nadie.
No me interesa seguir a, por ejemplo, a El País o al Levante-EMV en Twitter. No quiero información excesiva en mi Time Line en el sitio de microblogging, simplemente porque la atención es el verdadero valor que tenemos cuando nos encontramos en Internet y prefiero seguir a personas en Twitter a las marcas ya las dejo para la web o para el RSS. En Twitter, encontramos información Push, muy candente, que es extremadamente relevante para muchos, pero existe otra tipo de información que es relevante para nosotros y para pocas personas más.
Porque uno de los aspectos muy positivos del RSS es la capacidad de seguir una publicación que nos interesa de forma constante. Extraemos (Pull) esa información porque en general nos interesa casi todo lo que se publica allí, no tenemos que esperar que alguien la promocione. Es una decisión personal, una fuente de información valiosa a la que atendemos cuando realmente tenemos un momento y donde no es necesario estar atento 24/7 para encontrarla.
Internet nos hace más tontos
Nicholas Carr suponía que las nuevas tecnologías, no sólo Internet o la Web, nos estaba haciendo vagos. Al introducir los textos a través de los móviles, antes con los SMS y ahora con las distintas aplicaciones de mensajería y de Redes Sociales de los smartphones, hacemos trizas la gramática y la ortografía fruto de años de estudio metódico y que ahora muchos descubrimos que nos cuesta controlar. Nos encontramos perdiendo la capacidad de expresarnos a través de la escritura, porque intentar expresar una idea a través de 140 caracteres obviamente no ayuda a desarrollarla, sólo a bramar por ella, pero la tecnología también merma otras capacidades como la capacidad de retención lectora.
Leer un documento en un iPad disminuye nuestra capacidad de retención sobre lo que leemos en un 20%. Lo más curioso es que los patrones de comportamiento son similares en papel que ante el dispositivo electrónico, o sea, que en el iPad no existe la lectura en diagonal que solemos utilizar cuando leemos en una pantalla. Y es que ante un ordenador acudimos a los párrafos donde la información nos más impacta más o nos parece más relevante, en un intento de subrayado digital, que nos priva del desarrollo de las ideas que se encuentran en el texto mismo.
Finalmente, otro de los aspectos que nos limitan en el mundo tecnológico es el comportamiento que tenemos a la hora de consumir información en la Web. Además de considerar a Google nuestra memoria, el lugar donde encontraremos aquel documento o idea que tanto nos gustó y que por lo tanto no tenemos necesidad de guardarla ya sea en nuestro propio ordenador o en uno de esos sitios para almacenar enlaces; muchos de nosotros tenemos una visión cerrada de lo que es la Web y de las posibilidades. La opción de encontrar en la Red personas que tienen los mismos gustos que nosotros o que piensan como nosotros, nos cierran la opción de descubrir y de argüir con otras personas que piensan justo lo contrario. En este caso, perdemos la riqueza del intercambio de ideas que son para nosotros disonantes, pero que enriquecen nuestros puntos de vista.
Por supuesto que a la forma en la que consumimos información le sucede lo mismo. Según avanza la posibilidad de que dispongamos perfiles dentro de los sitios web informativos, que sepan qué información nos gusta y nos interesa sobremanera, va en detrimento de que sepamos qué es lo importante. Antes cuando querías estar informado y adquirías un periódico, lo ojeabas y un periodista, o varios, dependiendo de la importancia de la pieza informativa disponía de cierto espacio y de colocación para la misma. Actualmente, consumimos sólo la información que nos interesa, vamos al quite, casi obviando y maltratando el resto, convirtiéndose Internet justo en lo contrario de lo que nosotros pensábamos, en un embudo. Un embudo que sólo nos ofrece información que nos interesa que no es necesariamente la importante, que se centra en satisfacernos más que en informarnos, empobreciéndonos intelectualmente en la mayoría de las ocasiones, haciéndonos un poco más tontos.
Web 2.0: La utopía resquebrajada
Este texto se publicó originalmente en el blog colaborativo Neumattic el 25 de enero de 2011
Hubo un tiempo que consideramos que nosotros, los internautas, los usuarios, desplazaríamos a los grandes medios de comunicación. Hubo un tiempo que nosotros expertos, profesionales, conocedores de la realidad social que vivimos, podríamos hablar cara a cara con los grandes medios, corregirlos, castigar la forma en que pudiesen filtrar la información, darle el tamiz que ellos obviaron u olvidaron. Nosotros nos haríamos un hueco, crearíamos una comunidad interconectada que hablaría con voz propia, con mayor autoridad que los gobernantes o los propios periodistas. Nos haríamos un hueco en esta democracia con una voz propia. Nosotros éramos los medios, nosotros construíamos la Web.
Esta nueva Web, refundada tras sus cenizas del desastre de la Burbuja.com, palpitaba en su momento cumbre con innumerables usuarios actualizando blogs con mayor o menor rigor, con mejores y peores historias, con grandes discusiones que aportaban contenidos o simplemente con el típico griterío de un bar. Pero era un sueño y era nuestro, íbamos a cambiar el mundo, pero ¿qué podría quedar de ello?
El sueño parece diluirse tras estos cinco años acelerados en los que hemos pasado de sólo poder usar la web principalmente desde nuestros ordenadores a otros dispositivos como móviles y tabletas. La información que compartimos es inmediata, se prima el aquí y el ahora, lo breve, lo ingenioso, lo impactante, lo taquigráfico. Una muestra de nuestra sociedad acelerada, lo importante por la mañana es olvidado al anochecer, el impacto que dure un segundo, pero que se grave en la retina aunque se trate de 60 minutos.
Automattic, consciente de la falta de tono muscular de la Blogosfera, ofrece un reto a los blogueros sean o no usuarios de su plataforma: Publicar un post al día. Una imagen, un texto breve son razones más que suficientes para los chicos de WordPress, aunque han tenido que bajar varios peldaños su reto y actualmente se conforman con un post a la semana. Sin embargo, eso mismo ya se comparte en Twitter y/o Facebook, feroz competencia me temo ante que los blogs, menos inmediatos, poco pueden hacer.
Dentro de la Blogosfera, otros que están soportando esta corrección son las redes de blogs. De un tiempo a esta parte, se ha pasado de una situación en la que existían múltiples en activo, apareciendo como setas, hemos pasado al cierre e incluso la compra de algunas de ellas.
Otros proyectos que se convirtieron en estandartes de la Web 2.0 como los marcadores sociales tampoco se encuentran en su mejor momento. Nos referimos principalmente a Delicious que, como es bien sabido, iba a ser cerrado por Yahoo! tras su fracaso en su adquisición y que provocó una reacción melancólica dentro de la Web Social que sólo ha derivado a la intención de la compañía norteamericana hacia su venta, más que su cierre. Sin embargo, los usuarios de Delicious ya se han dispuesto a la búsqueda de alternativas que no hace presagiar un buen desenlace sobre esta web que provocó ríos de tinta en su momento.
La promoción social de informaciones tampoco pasa por su mejor momento tras el descenso de Digg a los infiernos. Los distintos cambios que ha sufrido la gestión de la Web no han sentado nada bien a su comunidad y los internautas han ido progresivamente abandonando el barco. El descenso del tráfico de Digg también tiene su efecto gracias a otras alternativas para compartir información y mantenerse actualizado como sucede con Twitter, lo que nos lleva a la consideración de que los hábitos y las evoluciones de los internautas tienen mucho peso a la hora del desarrollo del negocio de este tipo de webs.
Y, finalmente, y esto debería ser un punto de atención para aquellos proyectos que se encuentran en su hype actualmente. MySpace, otrora la red social por excelencia, que ha visto cómo debía ceder su cetro a otra red social (Facebook) que simplemente ha sabido barrerla del mapa. La estrategia de Rupert Murdoch falló, pero es otro punto de atención innegable que, en la Web, las generaciones que reemplazan a las siguientes bien pueden acabar con un proyecto que parecía completamente asentado y viable económicamente.
La Web devora a sus hijos

Tim Berners-Lee, creador de la Web, parece un tanto disgustado sobre los derroteros hacia los que camina su criatura. Su crítica se dirige hacia las relaciones que se desarrollan dentro de ella, para él las Redes Sociales son sólo cotos cerrados que no favorecen el intercambio real de ideas o de intereses, sino simplemente sirven para reforzarlos y conectar personas de ideas similares, llegando incluso a los extremos, sin favorecer el debate. Desgraciadamente, esta idea no es exclusiva de Berners-Lee sino tambien de pensadores que tienen la percepción de que la Red, en vez de galvanizar ideas, simplemente reconduce pensamientos similares sin que sea posible la interconexión de las mismas, favoreciendo su aislamiento.
Tony Judt nos ofrecía el ejemplo de un periódico. En un periódico en papel, el lector consulta las noticias que le gustan o le interesan atravesando el producto entero, saltando de columna en columna. Sin embargo, la Web te dirige directamente hacia el objeto de tu interés muy concreto. Su consideración es que en la Web el árbol no te deja ver el bosque.
Pero las preocupaciones de Berners-Lee no quieren decir que la Web no se convierta en un catalizador real de ideas. Actualmente, la Sociedad se encuentra desmotivada y desmovilizada. Las manifestaciones y movilizaciones se presentan con objetivos específicos pero fuera de un corpus ideológico. Una vez el objetivo se ha cumplido el movimiento no tiene razón de ser, no hay pasos posteriores y se diluyen. Las Redes Sociales y Twitter puede que simplemente sean un reflejo precisamente de esa sociedad y que la idealización de Berners-Lee se sustente en una visión anacrónica de lo que tendría que ser precismente nuestra sociedad.
Por otro lado, la Web devora a sus hijos a velocidades de vértigo. En el caso de las Redes Sociales, MySpace marcaba tendencia hasta hace poco, actualmente su comprador, Rupert Murdoch, piensa en cómo venderla. Delicious una bandera de la Web 2.0 iba a ser cerrada por Yahoo!, aunque recientemente ha sido adquirida – ¿rescatada? ¿salvada? – por los creadores de YouTube. La propia Google dispone de sus propias dificultades para amoldarse a esa nueva Web que a su padre no le gusta y trata de convertirse en social.
Facebook asegura que la mitad de sus usuarios son activos, conectándose en tiempos razonablemente cortos, y que más de un tercio se conecta a través de dispositivos móviles. La Web ha muerto aseguraba Chris Anderson contemplando a las aplicaciones – las apps – como el futuro. Todo parece indicar que la Web será móvil o no será, puede que Berners-Lee no la hubiese contemplado así, pero el creador de uno de los inventos con mayor impacto de la Humanidad permitió que fuese un ente vivo, mutable y completamente cruel con sus hijos y su padre.
Periodismo “low cost”

Leía la semana pasada que, en Estados Unidos, los “drive through” de algunos establecimientos de comida rápida ya no los atendían norteamericanos, sino que detrás del altavoz hablabas con una persona del Tercer Mundo (En este caso, India). Es decir, llegas con tu coche al establecimiento, y sin bajar del mismo le das a un botón y realizas tu pedido de hamburguesa y patatas. El pedido lo apunta un indio y pasa el pedido a la cocina que posteriormente recoges sin salir del coche. Ahorro de costos llevado al extremo. Todo lo que puede externalizarse, se hace.
Los bloguers siempre han sido conscientes de la dureza a la hora de obtener rendimientos de las piezas que componen. Los sueldos de los bloguers se han contemplando más como un complemente que como un salario en sí, pero no es de extrañar que nos encontremos una cantidad mayor de bloguers de América Latina dedicándose a ello. Puede que a ellos les salga una mayor renta en comparativa y les compense dedicarse a ello de una forma mucho más intensa y dedicada. Puede que duela, pero si los primos lejanos de los periodistas tienen sueldos bajos, los periodistas comprueban hirientemente cómo su oficio pierde poder adquisitivo.
Los niveles salariales en una redacción impresa o en una redacción digital no son los mismos en España. Los convenios para la redacciones impresa y digital se negociaban a parte, aunque actualmente tienden a igualarse a peor. Que se lo digan a los nuevos periodistas que entren a formar parte de la plantilla de uno de los diarios más prestigiosos en España, El País. De los 50.000 €/año que podía cobrar anteriormente un periodista raso en la redacción impresa, se están planteando en el diario madrileño a cobrar 14,000 €/año tal y como lo hacen sus compañeros de la edición digital. Aunque estas reducciones tan drásticas, no se centran tan sólo en un diario concreto.
El periodismo tiende hacia la reducción de costes en un mundo hiperconectado, en el que cualquiera puede ofrecer información y sólo los más competitivos, los que reduzcan costes, podrán sobrevivir. La red de blogs que constituyen el Huffington Post, recientemente adquirido por AOL, en un mundo donde cualquiera le puede hacer sombra a las “Viejas Damas Grises” del periodismo, es un toque de atención hacia dónde los periodistas. En un grupo informativo, donde la información es creada casi gratis por un buen puñado de colaboradores, mientras los que disponen de un sueldo son los menos, consiguiendo una audiencia global de 26 millones de usuarios al mes. Si la información es creada casi gratis por un puñado de aficionados en el Huffington Post atrayendo a una audiencia tan grande, ¿por qué no podría suceder lo mismo en España? ¿Podrían externalizarse informaciones hacia otros países, Globalización lo llaman, como sucede en el mundo de los blogs?
La herida de Google

Empezó, como suelen suceder las grandes cosas, con pequeños toques de atención. El pasado mes de diciembre, The New York Times publicaba que algunas empresas utilizaban las malas críticas realizadas por internautas como un factor para subir escalones dentro del algoritmo de relevancia de Google. ¿Cómo? Sencillamente porque el algoritmo no penaliza las malas críticas, los comentarios negativos incluidos dentro de los enlaces, por lo que más enlaces, aunque sean malos, son puntos para aparecer en las primeras posiciones del buscador. El escándalo fue mayúsculo, con el autor de esta “manipulación” detenido y con la reacción de la empresa de Mountain View tratando de tranquilizar a los internautas sugiriendo que penalizaría a aquellas empresas que tratasen mal a sus clientes.
Sin embargo, que algo está pasando con Google va más allá de rumor. Los síntomas de que algo está pasando son cada vez más palpables. Desde innumerables foros, se denunciaba que el buscador, su algoritmo, no se encuentra en su mejor momento. De hace un tiempo a esta parte, los internautas aseguran que los resultados que devuelven son de peor calidad, que hay que realizar un esfuerzo extra para encontrar la información que buscamos. Si se preconizó que Google acabaría con el SEO, es bastante probable que el SEO acabe antes con Google, vencido por la gran colmena de mentes tratando de “colar” sus páginas web en lo más alto de la página de resultados. El problema de Google es Google, el gran ecosistema que ha creado entorno a su buscador, su modelo de negocio y, no olvidemos, el de otros que se alimentan del mismo.
Hasta no hace mucho, los internautas creían que Internet es meramente Google, aunque cada vez más el ecosistema se convierte en más cerrado con plataformas como Facebook o más participativo, más rápido, como Twitter, pero propietario al fin y al cabo. Algunos consideran que la marca Google es intocable, intachable y denunciarla, acusarla de malos resultados, una ofensa y abrir una brecha para la competencia (La omnipotente Microsoft) ante la que podríamos sucumbir.
Recientemente, Google denunció que Microsoft (Bing) copiaba sus resultados, utilizando precisamente su algoritmo para demostrar que ante una ecuación de búsqueda que no podía devolver resultados, Bing devolvía los mismos resultados que Google, alimentándose de él. De nuevo, los cimientos de la Web se vieron sacudidos, con cruce de acusaciones incluido. Sin embargo que el gigante se revuelva acusando a otra empresa que comienza a comerle terreno justo donde hasta entonces Google había reinado, es todo un síntoma. Es bien sabido que Bing siempre ha sido superior al algoritmo de Google a la hora de buscar imágenes, aunque parece que todo apunta hacia que Bing le sigue comiendo terreno a Google.
Este estrenado año promete ser apasionante, no sólo por el asentamiento del Social Media, si no por la vuelta a la quinta esencia de la Web, los buscadores. Todo dependerá por las decisiones que adopte Larry Page tras su vuelta a la dirección del gigante y que puede que cambie esta tendencia.
Cuando el distribuidor condiciona al editor de contenidos en la Red, el caso del iPad y el iPhone
En general, los medios de comunicación impresos – Periódicos, revistas – se distribuyen a los distintos puntos de venta a través de empresas repartidoras que principalmente utilizan furgonetas que desplazan los ejemplares desde los puntos de distribución a los puntos de venta. Imaginémonos que una de estas empresas, por cuestiones de marca, decidiese no distribuir ciertas publicaciones por los contenidos que se editan en ella. Digamos, por ejemplo, publicaciones relacionadas con las armas o la caza. Obviamente, en el mundo físico no habría mayor problema, puesto que la empresa editora podría buscarse otro distribuidor o incluso si fuese grande tener su propia empresa distribuidora.
Debería conducirnos a la reflexión que el mundo físico, ofrezca alternativas, aunque el mundo abierto y tecnológico, las situaciones que se han venido dando parece que conduzcan justo al punto contrario y puede que a una visión más estrecha. El ejemplo más claro lo tenemos con Apple, posiblemente por la visión de Steve Jobs enfocada hacia el mundo educativo, no quiere saber nada del sexo dentro del mundo del iOS (El sistema operativo utilizado tanto para el iPad como para el iPhone). Sin embargo, el éxito del iPad es indudable, creando 14 millones de puntos de lectura en menos de un año. Las empresas editoras de contenidos se han encomendado al éxito del nuevo gadget de Jobs ante un futuro fagocitado por la Web y que les abre alternativas a los muros de pago que fracasan en la misma. The Bild por ejemplo no deja acceder a sus contenidos a través del iPad si es por web para facilitar las ventas de su App. Aunque ya se han producido los primeros roces derivados del modelo de suscripción que quiere imponer Apple dentro de su ecosistema.
Mientras tanto, esta semana parecía que Apple abría un poco la mano con el anuncio de Hugh Hefner pregonando a los cuatro vientos que por fin Playboy iba a disponer de su aplicación sin censura para el iPad. Tras el revuelo ocasionado tras estas declaraciones, desde la propia Playboy tuvieron que rectificar a su jefe. No habrán chicas desnudas para el iPad.
Esta mojigatería no sólo se aplica en publicaciones declaradamente eróticas, sino que los de Cupertino también han tenido que llamar la atención a otras editoras por portadas “poco apropiadas”. Esquire fue una de estas publicaciones que tuvieron que bajar el tono de una de sus primeras páginas por demasiado sensuales.
Puede que esta ola de recato de los gadgets no deba preocuparnos en un principio, sin embargo estas acciones pone a todo el sector cultural bajo las ruedas de los caballos. Es indudable que las tabletas proliferarán durante este año y que su penetración en el mercado aumentará. Amazon y Apple seguirán controlando los contenidos que se editan en sus respectivos ecosistemas de información, mientras que Android se prepara para dar el salto desde el móvil a la tableta. Puede que Google, estandarte de la libertad de expresión en la Web en estos días, sea la verdadera tabla de salvación para otro tipo de contenidos, para un ecosistema más abierto y más libre, donde la censura no venga impuesta por una moral arbitraria.
Nuestra visión de este tipo de censura debe ampliarse, contemplar otros escenarios. ¿Nos imaginamos a Apple censurando a El País o Le Monde por la publicación de los cables de Wikileaks? Puede llegar a suceder. Es posible que nos juguemos en un futuro a qué información podemos acceder y a cual no. Qué nos dejan leer y consumir y que no.
Quién se responsabiliza de los comentarios en las webs
No es la primera ocasión que desde aquí reflexionamos sobre los comentarios que los usuarios dejan en nuestras publicaciones digitales. Así, nos hemos detenido en reflexionar sobre los comentarios desde el punto de vista del bloguer, como una gestión cuidadosa y rigurosa que enriquezca el debate y, por otro lado, desde la visión de aquel que realiza un comentario que puede ser polémico, que realiza una denuncia grave, no siendo tal vez una publicación de estas característica el mejor foro para lanzar una acusación grave y por tanto teniendo que censurar algún que otro comentario.
El debate sobre los comentarios que se dejan en las webs es bastante apasionante e incluso la Justicia ya ha tenido que pronunciarse sobre si los comentarios dejados en la web de otros son delito o no, si se debe hacer responsable el webmaster de opiniones dejadas por otros o no. El debate es especialmente activo y profundo cuando los comentarios se producen dentro del marco de un medio de comunicación e incluso cuando los comentarios afectan a otro. El diario El País en un ejercicio de transparencia que siempre es de agradecer y gracias a su figura del Defensora del Lector nos ofrece una visión de lo que se cuece dentro de los entresijos de un gran medio de comunicación y los retos a los que se enfrentan los periodistas en su día a día.
En el caso que nos ocupa han sido dos los textos que recogen cómo se gestionan los comentarios de la página web de El País, que al encontrarse externalizado en otra empresa en más de una ocasión ha sido motivo de la publicación de un artículo por parte del Defensor del Lector. Por otro lado, el diario también ha publicado su guía de moderación de comentarios para sus lectores que les pone sobre la pista de cómo deben realizar sus comentarios y evitar de esta forma que no se acaben publicado.
Por otro lado, permitidme que os recomiende la lectura del artículo de Pere Masip, Comentarios de las noticias, la pesadilla de los cibermedios, publicado en Thinkepi donde se trata con profundidad cómo se gestionan los comentarios en distintos medios de comunicación digitales españoles.
La Web Social se reencarna en software
Si recuerdo mi primera experiencia con Internet, tendría que retrotraerme a los tiempos del Gopher. A la navegación por carpetas en servidores externos, a los pocos elementos gráficos que se podían visualizar en aquellos navegadores que hoy consideraríamos en completamente rudimentarios. Luego llegaría el HTML, los navegadores gráficos y nos iríamos olvidando de los distintos protocolos que en aquel momento poblaban Internet. Aprenderíamos a diseñar nuestras páginas web afortunadamente sin tener que escribir líneas de código HTML, si no con los primeros editores e incluso llegaríamos a usar el FTP incluso con el propio navegador Internet Explorer (!).
Mucho han cambiado las cosas. Después de la burbujapuntocom y considerar que la Web era tierra baldía para hacer negocios, el resurgimiento de la misma vino apalancada por sus propios usuarios. El “usuario es el rey” e incluso los propios medios de comunicación temblarían por el poder del mismo. Los internautas crearían sus contenidos, los expertos desplazarían a los medios como fuentes de referencia e Internet podría derribar gobiernos.
Sin embargo, la Web 2.0, la democratización de la producción y la distribución de la información ha quedado como un mundo idealizado. A los blogs se les ha intentado enterrar muchas veces, mientras que la Wikipedia, los sucesivos escándalos, trataban de desacreditarla como fuente de información de referencia. La participación, la Conversación como se le trató de denominar, evoluciona desde el infinito hasta convertirse en meras líneas de 140 caracteres máximo pero donde la capacidad de influencia sobre otros viene determinada por el volumen de seguidores en Twitter o amigos (o falsos amigos) que puedas tener en Facebook.
Durante este tiempo, la forma de consumir la Web ha evolucionado dramáticamente. La barra de direcciones de los navegadores perdían su sentido cuando sus usuarios consultaban o escribían directamente las direcciones de los sitios web en la caja de búsqueda de Google, la aparición del iPhone convertía a las Apps en el futuro del consumo de contenidos tratando de derribar la Web abierta tal y como hoy en día la conocemos, mientras que lo Social se avanzaba al término 2.0. Y en ello andamos.
RockMelt se lanzaba esta semana en su versión beta como el futuro de la navegación en Internet. El internauta daba un paso más ya no sólo como consumidor de contenidos, si no como difusor de los mismos tanto a través de la red social Facebook y el servicio de microblogging Twitter de forma completamente integrada y bajo la plataforma Chromium de Google. También debería causarnos asombro que el formato RSS todavía sobreviva en esta nueva forma de utilizar la web, otra de las cosas que según los gurús estarían ya finiquitadas de la etapa anterior, y que sin embargo es fundamental para los superusuarios de la web.
Claro que la competencia de este nuevo navegador, como por ejemplo Chrome y Firefox ya disponían de la posibilidad de implementar características sociales a sus navegadores a través de distintos plugins como la barra de Facebook o clientes especiales como Echofon. Pero este nuevo movimiento dentro del mundo de los navegadores, de la manera que todavía hoy accedemos y consumimos la web puede llegar a ser una llamada de atención muy interesante hacia dónde se dirige nuestra experiencia dentro de la misma.

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