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¿El Social Media ha matado al blog?

No creo que sea menester recordar aquí que no fui un early-adopter de Twitter, ni tampoco de Facebook. No soy de aquellos que ansían que le ofrezcan una invitación o recibir una cuando un servicio se encuentra en fase Beta -Excepto en la honrosa ocasión de Gmail cuando era un coto de unos pocos y lo cierto es que es el único servicio que adopté más rápidamente con los brazos abierto -. En el caso del microblogging, mi excepticismo era total.

Puede que en aquellos principios hubiese podido pronunciar las palabras: “¿140 carácteres? ¿Dónde nos conduce eso?” Por supuesto que se trataba de un error, ya que obviaba que muchos de los posts de aquel entonces, los años 2006-2008, bien se podrían haber solventado con un miserable tweet. De hecho, la propia terminología del blog proviene de aquellas anotaciones cortas fruto de la navegación de los internautas por la Red.

Desde entonces Twitter ha tenido tiempo de crecer exponencialmente, mientras que la red social Facebook la mira de reojo intentando introducir cambios dentro de su interfaz y de su configuración para asemejarse cada día más a ella. Twitter se ha erigido la bandera de una revolución descentralizada y mientras el mundo de la comunicación trata de digerir ese nuevo canal inesperado que redirige tráfico y puntúa el interés de ciertas informaciones. Aunque la pregunta está en el aire: ¿El Social Media ha matado al blog?

Twitter es una forma muy efectiva de entrar en una comunidad ya establecida. 140 caracteres no ocupan excesivo tiempo, a pesar de que el seguimiento de las conversaciones cruzadas puede llegar a ser agotador, y puede ser actualizado desde cualquier momento. En el mundo Twitter, sólo tienes que encontrar a alguien al que seguir que comparta ciertos intereses contigo, comprobar sus listas y comenzar a seguir a personas. En el caso de los blogs, era mucho más costoso. La redacción de textos de 350 palabras de media supone un esfuerzo importante de tiempo y no siempre se puede estar seguro de que el retorno sea suficiente para justificarlo (Aunque sea mentalmente). 140 caracteres y listo, conversaciones, recomendaciones… Todo un mundo se abre en Twitter y seguir a personajes ficticios o reales, ser accesible a ellos, se encuentra extendiendo sólo una mano.

Pero ¿y los blogs? Antaño eran considerados como un portfolio para los profesionales (y todavía lo son), una manera de demostrar la valía de cada uno, sus conocimientos, sin embargo que la tendencia actualmente se centra en la capacidad de cada uno de conseguir seguidores dentro de su cuenta Twitter. Pero no debemos equivocarnos, los blogs, evolucionados hacia medios de comunicación de bajo costo y enfocados hacia las microaudiencias, no dejan de crecer apareciendo nuevos, mejores junto con nuevas ideas y enfoques. Ya no como proyectos aislados, esfuerzos personales; sino con un sino y una razón de ser que se centralizada en al menos una decena de personas dispuestas a actualizarlos.

Mientras tanto la generación de contenidos desde las plataformas sociales (Blogs, Wikis, etc.) ha disminuido lo que ha conducido a considerar que las ideas y el debate generado anteriormente dentro de este medio se está debilitando. Pero ¿se ha trasladado a Twitter? Recientemente, se publicó un estudio que analizaba 1200 millones de tweets (publicaciones en Twitter) producidos en dos meses. Los resultados eran un tanto decepcionantes puesto que el 71% no provocaban ninguna reacción, mientras que sólo el 6% era retuiteado (Redistribuido por otros usuarios) y el 23% restante obtenía una contestación. Unos resultados un tanto escasos, que en cualquier caso, dentro de nuestra experiencia, Twitter constituye una nueva forma y bastante poderosa de obtener tráfico, es decir obtener visitantes nuevos, por lo que ante esta falta de reacción deberían incluirse otras métricas como los clics producidos ante la distribución de un enlace o los hashtags utilizados.

El debate se sigue produciendo aunque se descentraliza y se esparce por toda la Web, de hecho el consumo de la Red ha aumentado un 62% desde principios de año. Twitter y Facebook permiten que estos contenidos lleguen a un mayor número de personas, con la audiencia más segmentada y por lo tanto más proclive de acceder a consumir cierto contenido. Las plataformas abiertas conducen a un aumento de la viralidad de los mensajes lanzados en ella, que permiten a las multitudes autoorganizarse de una forma mucho más efectiva y productiva ante un objetivo común.

¿El Social Media ha matado al blog? No, simplemente, la Conversación se ha transformado.

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¡Que no cunda el pánico! El servidor está caído

Toda persona que gestiona un sitio web se ha enfrentado a la situación, que invariablemente de la empresa con la que tiene contratado el servicio de alojamiento más tarde o temprano se da, de introducir la dirección URL de su dominio, darle al “Intro” y que no pase nada. Bueno, sí, que el navegador de un error tipo “El sitio web es inalcanzable”. Es entonces cuando dependiendo de si el sitio web se encuentra alojado en un servidor compartido o dedicado, al administrador de la web le entra la preocupación o simplemente piensa para sí mismo “Ya pasará”.

En el primer caso, si es compartido, en general, se trata de webs con bajo tráfico y es bastante frecuente que se dé la situación de encontrarse el servidor caído. Si el servidor es dedicado, es bastante probable que la página web soporte bastante tráfico y se desee que la web se encuentre disponible las 24 horas del día. En realidad, miento, esto es cierto a medias. Todos los administradores se ponen nerviosos, aunque algunos lo llevan mejor que otros, mientras un frío pensamiento atraviesa sus mentes: ¿Qué estará pasando en aquellos ordenadores remotos que no sirven las páginas web?

En ocasiones, ese “corte” en el servicio se trata de que un servidor ha dejado de funcionar por la razón que sea. En otras, es  nuestro proveedor de acceso el que decide suspender nuestra cuenta debido a que hemos sobrepasado la cantidad de datos que habíamos contratado. Este último caso es el más descorazonador de todos porque demasiado frecuentemente la suspensión de cuentas suceden sin previo aviso. Así, la suspensión te deja un tanto desamparado e intentando entender qué sucede, hasta que abres tu cuenta de correo electrónico y allí tienes el mensaje explicativo, aunque no te den otra opción a pagar más y contratar una tarifa superior.

Es entonces cuando el administrador debe tomar una decisión, mientras recibe algún correo de los visitantes habituales de su sitio web preguntándole o avisándole de que aquello no funciona. El administrador no dispone de muchas alternativa, salvo buscar otra opción más económica en otro proveedor (con el esfuerzo de migración que esto supone), pagar una tarifa superior mediante sus recursos propios económicos al alojamiento que lo ha suspendido o confiar que los fieles le ayuden a salir del atolladero y poder afrontar el pago (No sería la primera vez que sucede).

Sin embargo, no hay nada peor para la reputación de un sitio web que un visitante se encuentre constantemente con el servidor inactivo y la información que necesita sin poder ser recuperable. Si hablamos de un sitio web de referencia la coyuntura se torna en dramática, y si ya damos el siguiente paso y nos referimos a una web profesional que se financia a través de su publicidad contextual, afiliaciones y patrocinios, ya es insostenible.

Lo peor de todo es que esta realidad es obviada y, en más de una ocasión, en sitios webs donde jamás debería suceder. De hecho, en diversas ocasiones, he intentado acceder a un sitio web de un medio de comunicación que ante los picos de tráfico que suceden entre las 8 y las 10 a.m. se encuentra colapsada y sin poder gestionar tal cantidad de tráfico… Y esto sucede durante los últimos meses. Pero esto no es lo peor que me he encontrado, en ocasiones, visitándola a las 9:15 a.m. continuaba sirviendo los contenidos del día anterior, cuando la franja de mayor actividad de los medios es precisamente a esa hora. En ese sitio web, obviamente, parece no cundir el pánico.

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El mal sueldo del blogger

El periodista Pepe Cervera lo tiene claro, un periodista y un blogger no son, ni por asomo, lo mismo. En su texto,  muy recomendable en su lectura por cierto, Cómo destruir una federación de blogs, aborda el enfrentamiento que tienen los bloggers de una red de blogs anglosajona, ScienceBlogs, con los administradores de la misma porque habían decidido crear un blog patrocinado por PepsiCo para financiar la red. Los bloggers rebelados por la violación de una plataforma creada para la difusión de la Ciencia han comenzado a abandonar la publicación de sus sitios webs, creando otros blogs fuera de ella. Para Cervera, los bloggers y los periodistas se encuentran en planos distintos, los bloggers y los periodistas no son lo mismo:

Para poder razonar esta afirmación hacen falta definiciones, a ser posible claras, ya que hay cierta confusión terminológica. Y es que ser un blogger no tiene nada que ver con escribir un blog, ni ser periodista con trabajar en un medio de comunicación tradicional. El blog no es más que un formato de publicación en la Red, y dentro de este formato se puede ser blogger o periodista. Un medio de comunicación no es más que un tipo de empresa, y en ella se puede ser blogger o periodista. El factor decisivo que diferencia la actividad de quien practica el periodismo de aquel que practica el blog no es el formato ni el tipo de empresa, sino la razón por la que se escribe. Un periodista escribe para comer; un blogger escribe por amor al arte.

Desgraciadamente, los tiempos han cambiado y los bloggers ya no suelen antender con tanta fruición ese amor al arte, son tiempos de crisis y el bolsillo vacío aprieta los viejos esquemas. Una amiga lanzaba en Twitter una pregunta: ¿Cuánto cobra un blogger? Puede que un conocido suyo parado se plantease dedicarse profesionalmente al mundo de la blogosfera, puede que ella misma se encontrase dispuesta ante una necesidad y necesitase de un dinero extra. Desgraciadamente, la respuesta es que poco, muy poco.

El artículo Asalariados del blog que se publicó a principios de año en el diario El País nos puede dar una pista sobre cuánto puede cobrar un blogger por texto. Mi amiga consideraba que eso no era pagar a nadie, de 0’5 a 1 euro por post, era llanamente explotación.

Puede que mi amiga tenga razón. Escribir un texto, que no se trate de un mero “corta y pega” de una nota de prensa, puede llevar entre media a una hora. Si el texto se encuentra mucho más elaborado, por ejemplo, de una extensión que sobrepase las mil palabras, puede que el tiempo de documentación y redacción se dilate mucho más. ¿Un euro por una hora o incluso dos de trabajo? ¿Quién puede dedicarse profesionalmente a esto? Tendríamos que volver al razonamiento de Pepe Cervera, a alguien que le guste escribir sobre los temas que le gustan, ganarse un pequeño sobresueldo y poco más. Alguien que trabaje por amor al arte.

Sin embargo, la reflexión de Cervera también debería preocupar a la segunda profesión citada. Si a un bloguer se le paga a un euro la pieza de información (dependiendo de qué casos, ojo), ¿cuánto les llegarán a pagar a los periodistas en un futuro? ¿Serán los medios de comunicación capaces de soportar la competencia cuando los costes de esta competencia son tan sumamente bajos? ¿Podrán los periodistas competir en igualdad de condiciones con personas, algunas de ellas expertas en la materia y que les sobrepasan en conocimientos (a algunos de ellos), que se dedican informar por simple gusto?

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El ocaso de Feedburner (y de los Feeds)

Una de las “maravillas” que popularizaron los blogs es la sindicación de contenidos a través de sus distintos formatos. La posibilidad de recoger los contenidos de innumerables web sin tener que visitarlos uno a uno cada día a través del navegador (o hora tras hora dependiendo de la web), nos permitía leer las nuevas actualizaciones de sitios web de publicación irregularde forma automatizada. Para los usuarios más avanzados de la Web, la implementación de los RSS en las webs supusieron un avance en la lucha contra la infoxicación, aunque más de uno acabaría sepultado de nuevo por ella por su falta de mano izquierda a la hora de gestionar aquella avalancha.

Hoy en día, la sindicación, uno de los estandartes de la Web 2.0, languidece mientras la recomendación impone su reinado. Twitter o Facebook redirigen muchísimo tráfico, mientras los Feeds nunca llegaron a ser asimilados por el gran público posiblemente debido a que permanecía un tanto ajeno a sus posibilidades. En el apogeo de la blogosfera, Feedburner se erigió como el mejor servicio externo para la distribución de feeds y muchos bloguers lo abrazaron en primer lugar porque disminuía la presión del tráfico en sus servidores, en segundo porque ofrecía estadísticas y en un tercero porque permitía la suscripción a través de email.

El futuro parecía caminar hacia la distribución de los contenidos a través de esta vía y Google apostó por ella, desarrollando su propio agregador vía web (Google Reader), además de ofrecer su abrazo del oso a la compañía que mantenía Feedburner adquiriéndola. Sin embargo, desde entonces no se produjeron mejoras significativas en el servicio desde Mountain View, salvo la posibilidad de incrustar publicidad en los Feeds.

Actualmente, el abandono parece total. Además de que algunos suscriptores nos han informado que las actualizaciones por email en ocasiones no llegan a su destino, los picos de lectores que muestran las estadísticas del servicio fluctúan de forma dramática, suponiendo en ocasiones más del 50% de los mismos. Ni siquiera el servicio parece fiable a la hora de aportar estadísticas y las alternativas apenas existen. Es probable que a muchos administradores les toque volver a nuestros feeds nativos, aquellos que nuestros sistemas de gestión de contenidos nos otorguen olvidándose de Feedburner, puesto que si empieza a tener caídas, el servicio dejará (aún más) de tener sentido.

Los feeds pasarán a ser meros enchufes de las webs de Social Media o afines, desvirtualizando su concepción de la web productora de contenidos hacia la persona interesada, encaminándose hacia la máquina (Las webs, Facebook, Twitter, etc.)

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Gran error 2.0, prohibir el Social Media en la redacción

Twitter Media Huelga decir que la situación de los medios de comunicación no es la mejor de su historia. Si nos referimos a los medios de comunicación impresos, que luchan en su traslación hacia el mundo digital en ocasiones a contracorriente, la situación podría ser definida como dramática. Sin embargo, ya se trate de periodistas de uno u otro soporte, existen herramientas comunes que no se deberían evitar aprender usar y, actualmente, no se deberían obviar ni Facebook ni Twitter.

La primera de ellas, si bien debe ser entendida como un coto cerrado de privacidad, está cambiando radicalmente la manera que estamos utilizando la web y en un futuro no tan lejano puede que su protagonismo sea mayor que el de Google. La segunda porque Twitter se ha convertido en un medio de comunicación por sí mismo, donde políticos y deportistas, organizaciones e instituciones comentan sus últimas actividades e incluso tratan de gestionar crisis. E incluso, en ocasiones, Twitter es noticia por sí mismo al ser uno de los medios de comunicación utilizados por sus propios protagonistas. No, no es baladí, que un comunicador aprenda a utilizar estas herramientas, que sea consciente de su funcionamiento y de sus posibilidades, que sea partícipe de ellas no sólo como mero espectador.

Por supuesto que todavía hay periodistas que colocan a estas dos herramientas en los mismos planos, como si una excluyese a la otra o como si se tratasen de la misma. Alguno se acercará a algún compañero, probablemente más joven y más avezado en el vertiginoso mundo de la Web, para que le explique qué es exactamente eso de Twitter (Más complicado de usar que Facebook por su propia idiosincrasia). Los propios medios de comunicación lo utilizan como canal sin mayores problemas, el propio Twitter abrió un blog para ayudar a los periodistas más despistados, por lo que no me esperaba es lo que me comentó una amiga periodista hace no mucho.

A vueltas con la productividad de los trabajadores, me comentaba que, desde su empresa, se estaba empezando a considerar la posibilidad de capar la utilización de ciertos sitios web y me destacó dos: Facebook y Twitter. Teniendo presentes los últimos movimientos que se están produciendo dentro de las cabeceras más importantes en España, con la integración de las redacciones digitales e impresas, con lecciones de técnicas básicas SEO (Se acabó la escritura para humanos) y la búsqueda de audiencias por todo tipo de soportes; me pareció completamente extraño aquello, si no suicida, minando el futuro del trabajo de los periodistas.

A partir de ahora, nada de ir más allá de la búsqueda de información que puedan dar los organismos oficiales mediante notas y ruedas de prensa, editar los despachos de agencia, toda la información filtrada por otros, replicadores de contenidos tradicionales incapaces de ver por dónde salta la noticia… La innovación de la información capada por una decisión puede que un tanto arbitraria.

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¿Será Facebook juez y parte en el posicionamiento web de Google?

Hace ahora justo un año cuando lanzaba la pregunta ¿Es la web social el inicio del declive de Google? Entonces, algunos escépticos consideraron mi propuesta como una completa locura e infundamentada, insostenible, increíble, imposible… Puede ser que lo fuese entonces, hoy es probable que tenga mayor sentido.

Podríamos considerar que, al principio, la Web era el enlace, millones de páginas enlazadas sin aparente orden ni concierto que encontraban su sentido en esa algarabía gracias al trabajo del algoritmo de Google y de otros buscadores. Sin embargo, hoy en día, la Web se construye mucho más allá de los enlace. Partiendo de las base de que los enlaces los crean y los gestionan los creadores de contenido, aquellos que quieren estar considerados en los puestos altos del ranking de Google o simplemente los que desean referenciar contenidos para ampliar conocimientos, hay una parte de los usuarios de la Web que no saben ni entienden cómo se crean. La Web no llega a ser necesariamente democrática en ese aspecto porque una parte de ella no enlaza, ni siente la necesidad de hacerlo. Hasta ahora.

Hoy en día, los usuarios de la Web pueden llegar a no ser tan pasivos. La Web 2.0 trató de democratizar la creación del contenido, sin embargo lo que realmente sucedió es que democratizó la recomendación del mismo, siendo arrebatada esa idea primigenia hacia otros valores. Twitter y Facebook redirigen contenidos a nuestros conocidos y seguidores sin necesidad de escribir largos y extensos textos. Lo importante es derivar la atención, “me gustó esto y te creo que os podría interesar”, a través de personas que pueden tener las mismas inquietudes (no necesariamente intelectuales) que nosotros.

De este modo, Facebook, aunque actualmente sobre todo Twitter, se erigen como los grandes filtradores de contenidos de la Red y pueden llegar a otorgar una parte importante del tráfico de páginas web. Los medios de comunicación y las páginas web profesionales han sido los primeros en percatarse de ello y en colocar esos letreros de veces twitteado o “Me gusta” sobreimpreso en el azul Facebook para poner fácil a sus lectores el compartir sus gustos.

¿Ese mismo “Me gusta” puede influir en el posicionamiento? ¿Habrá perdido Google la posibilidad de posicionar los contenidos bajo sus reglas, las que obligaba a los SEOs a devanarse los sesos intentando entenderlo, y pagando a terceros para que les permita indizar esas recomendaciones? ¿Es la muerte del enlace como sistema democrático en la Web? ¿Es el principio del fin del SEO como lo conocimos hasta ahora?

Lo interesante de esta cuestión es el baile de poder que ha sufrido la Web en escasos cinco años. Un sitio web no concebida desde un principio para ser un nodo de tráfico, arrebata lentamente el poder de influencia que pueda tener Google sobre el resto del ecosistema web y lo peor de todo es que la dependencia de una a la otra puede ser peligrosa.

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El periodista será el bloguer total

Cuando Sindo Lafuente llegó a la edición digital de El País tras el cierre de Soitu, además de situar el lugar de la redacción digital justo en el medio de la redacción en papel integrando ambas (como había hecho ABC), casi lo primero que hizo fue cambiar la página principal del medio de comunicación. Aunque la parte superior no sufrió apenas ningún cambio, la parte media de la portada fue limpiada y además situó, al igual que venía haciendo El Mundo, una tira con los principales blogs que El País disponía.

Aparentemente, el formato blog se encuentra viviendo una segunda juventud dentro de los medios tradicionales que finalmente los han abrazado sin el menor reparo a pesar de las dudas iniciales. Sin embargo, no debería resultar sorprendente. Una de las principales críticas que se achacaron a los medios tradicionales dentro de la ola de la Web 2.0 era lo poco participativos y colaborativos que resultaban. Fundamentalmente, en algunos se podían añadir comentarios o incluso enviar una rectificación de la noticia, pero no era esperable que alguien (el autor por ejemplo de la nota) llegase a contestar, de tal manera que los lectores se enzarzaban en discusiones sin que nadie, aparentemente, condujese el hilo de la conversación (Que era de lo que se trataba).

Hoy en día, no hay medio de comunicación que no disponga botones para promocionar la noticia dentro de la web social. Twitter y Facebook son, respectivamente, los sitios web donde los medios buscan esa agitación informativa, al igual que lo fueron previamente Menéame, Delicious o los blogs de los lectores. Ahora, el medio parece buscar la difusión de sus informaciones fuera de él, algo curioso cuando todavía nos encontramos con reticencias a la hora de enlazar otras fuentes desde los textos, pero indiscutible puesto que la “atención” de los internautas se encuentra en esos lugares (Además de mejorar el posicionamiento en Google).

Obviamente, estas nuevas políticas de promoción en la Web Social conllevan consecuencias para los periodistas. La primera es la propia curiosidad humana a la hora de comprobar cómo está funcionando lo publicado. Los rankings de “Lo más leído”, “Lo más comentado” o “Lo más valorado” son dos de las cosas que más gustan verificar. Pequeñas satisfacciones que también buscamos los propios bloguers, aunque obviamente la escala es mucho mayor. Ahora bien, ¿qué tal si añadimos lo más twitteado, lo más agitado en Facebook? El periodista convierte, efectivamente, en un mero habitante de la Web que compite con el resto de los editores (sean sus compañeros o no) por conseguir “atención”. Parte con ventaja ante los pequeños editores puesto que para ello se sitúa en grandes empresas, con mayor acceso a fuentes de información primarias y secundarias, aunque su comportamiento ante los resultados de la publicación de sus informaciones es similar.

Un paso más refrendando esta tendencia lo dió The New York Observer la semana pasada. Así, este medio ha propuesto a sus redactores una serie de incentivos para reforzar estas políticas de imapcto dentro de la web social (Pon polémica incluida). Los incentivos se colocan en cinco categorías: páginas vistas, número de posts publicados, seguidores en Twitter, cantidad de comentarios conseguidos y enlaces externos a sus noticias. Todo un reto para los periodistas de este medio que muy pronto se van a tener que reconvertir en internautas avezados para poder entender y atender todo el ecosistema informativo que se enfrentan y sus modas, tan cambiantes y poco predecibles.

De esta manera, los bloguers consideraron que nacieron para atender aquellas informaciones que parecían despreciar los grandes medios de comunicación. Unos cuantos años después, las nanoaudiencias fundamentalmente replican aquello que han visto y leído en otras partes, alimentándose de los medios de comunicación, comentándolo y añadiéndole valor (A veces sin acabar de conseguirlo). Sin embargo, ese modelo, el del bloguer, el del internauta avanzado, acabará fagocitado por el periodista que revertirá el orden en el que se publican las informaciones, primando el personalismo, su identidad digital, la figura del periodista más allá del medio en el que trabaja.

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Estándares web, una necesidad a largo plazo

Internet Explorer 6, esa antigualla del año 2001, resiste enconadamente en las empresas. De hecho, ya lo comentamos hace un tiempo, cuando considerábamos que la utilización de navegadores obsoletos constituían una barrera en la innovación, pero que este navegador resista dentro del sector empresarial encuentra su justificación debido al coste que supone la revisión y la actualización de muchas herramientas que se valen sobre la tecnología de la Web y que se encuentran implementadas en las empresas como, por ejemplo, las intranets.

Sin embargo, nos debería parecer curioso que, en los principios de la popularización de la Web, una de las principales razones de la migración de las herramientas empresariales al entorno web era el ahorro de costes, la falta de necesidad de instalar aplicaciones en distintos ordenadores y la posibilidad de usar una única aplicación (el navegador web) para distintos procesos. Hoy en día, parece que estos argumentos caen por su propio peso. Tal vez debido a que Microsoft no obedeció a los estándares cuando desarrolló su producto, provocando innumerables dolores de cabeza a los desarrolladores y diseñadores web que debían realizar hojas de estilo (CSS) específicas para los usuarios que lo utilizaban; tal vez por los propios diseñadores y desarrolladores de las herramientas web que confiaron su futuro, inconscientemente y simplemente por la fuerza del mercado en ese momento, a una sola empresa.

El error se ha convertido en mayúsculo. La utilización del IE no sólo supone una barrera a la hora de utilizar nuevos desarrollos dentro de la Web 2.0 o incluso en “la Nube”, frenando la aplicación de nuevas metodologías en el trabajo, favoreciendo la innovación, las nuevas de vías de comunicación y colaboración; si no que supone un peligro potencial para la propia infraestructura informática de las empresas que obligan a sus trabajadores más o menos inexpertos a navegar por la Web con un navegador obsoleto y sin mantenimiento por parte de Microsoft.

He ahí el error de confiar el futuro a empresas que obedecen a sus intereses económicos y de desarrollo, que no obedecen los estándares y, tal vez, un argumento que quita y da al mismo tiempo la razón a Steve Jobs en su cruzada contra Flash y su apoyo por el estándar HTML5.

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No le digas a tu lector cómo debe visualizar tus páginas web

Hace ya un tiempo, un webmaster tuvo el valor de considerar que aquellos que bloqueaban la publicidad no eran dignos de leer sus contenidos. De hecho, concluyó que aquellos que utilizaban el navegador Firefox no podrían ver sus páginas porque éste apoyaba y soportaba el desarrollo de addons que impedían ver la publicidad de la que su sitio web se nutría. Su acción fue audaz y redireccionó a todos sus visitantes que utilizasen Firefox hacia un sitio web creado exprofesso con el fin de tratar de educarlos de una forma ejemplerizante. La polémica fue enorme y precisamente, nacida de ello, escribimos un texto donde recogíamos aquellos hechos.

Tiempo después no fue un editor web el que decidió intervenir en el bloqueo de la publicidad web, sino el desarrollador de uno de los complementos más populares de Firefox. En este caso, cuando se instalase su addon, NoScript, el programa buscaría la instalación Adblock Plus y añadiría una excepción en la lista de elementos bloqueables del complemento que incluían todas las páginas que el desarrollador mantenía. También en esta ocasión el debate fue muy intenso y, finalmente, la extensión de Adblock Plus añadió la funcionalidad que fuese el usuario el que decidiese en qué sitios web quería visualizar la publicidad de una forma sencilla y directa.

Pero parece ser que a esta historia se le van añadiendo capítulos sin remedio. La semana pasada, el sitio web Ars Tecnicha realizaba un experimento del que, según admitían sus administradores, salieron trasquilados. Esta vez, el sitio detectaba aquellos internautas que bloqueaban la publicidad que en Ars Tecnicha servían y simplemente no les mostraban sus contenidos. Según Ars Tecnicha la utilización de bloqueadores de publicidad “puede ser devastador para los sitios que te gustan. No estoy haciendo un argumento de que bloquear anuncios es una forma de robo, o es inmoral o no ético, o que te hace el hijo del diablo. Puede dar lugar a que personas pierdan sus puestos de trabajo, puede resultar en menos contenido en un sitio determinado, y sin duda puede afectar a la calidad del contenido. También puede hacer que los sitios en un verdadero giro de publicidad de la muerte. Al bajar los ingresos por publicidad, muchos sitios empiezan a ejecutar publicidad de una naturaleza verdaderamente cuestionable.”

El experimento, por supuesto, tuvo reacciones dispares. Algunos lectores añadieron a Ars Tecnicha en sus white-lists, mientras que otros protestaron amargamente, mientras que algunos señalaron que deberían haber avisado. Finalmente, en Ars se percataron de su error y tomaron la resolución de entonar el mea culpa. “Cometimos el error de suponer que todo el que está bloqueando los anuncios de Ars lo hace con malicia. Según parece, sólo son unas pocas personas las que actúan así, y muchos (¿la mayoría?) nos indicaron que están dispuestos a ayudarnos.”

Así pues, el difícil equilibrio que han de adoptar los webmasters parece pasar por el respeto por el lector. De hecho, de estas experiencias podemos extraer una serie de conclusiones sencillas en la forma pero que pueden antojarse difíciles dependiendo de qué casos:

  1. Tenéis razón. Queréis rentabilizar vuestro esfuerzo y, actualmente, en la Web sólo existe la vía de la publicidad.
  2. Debéis respetar a vuestros lectores. Realizar acciones unilaterales, sin consultar pueden tener justo el efecto contrario. Vuestros lectores fieles, aquellos que os dan volumen y fidelidad, pueden desaparecer sin dejar rastro.
  3. La conversación siempre puede ser mucho más edificante que las acciones unilaterales. Además, crea y refuerza la marca.
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Se abre la veda contra Google

Escribíamos hace unos días sobre los distintos frentes que a la compañía de Mountain View tenía abiertos en sus diversas áreas de su negocio. La semana pasada, el diario El País en su suplemento dominical Negocios dedicaba una serie de reportajes a estos mismos problemas que nosotros citábamos. Por su mayor profundidad, os recomiendo que les echéis un vistazo, aunque no citan la famosa Tasa Google que quiere implementar Francia y que, en España, parece despejarse hacia la neutralidad red.

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There will be blood (Todos contra Google)

He aquí una empresa que encontró ElDorado, una organización que dio un paso más allá en el mercado global de un mundo interconectado, que entendió la quinta esencia de cómo se comportaba el mercado dentro de un canal completamente nuevo, que intuyó cómo sería el futuro y se atrevió a desarrollar todo un modelo de negocio para sí misma y lo hizo accesible para el resto. Pero en el camino, son muchas las piedras en las que tropezar, muchos los enfrentamientos que superar y muchas mentes a las que convencer. En crisis, si todos admiran tu cuenta de resultados, si todos contemplan que tu caja sigue aumentando cada trimestre, sólo ansiarán meter la mano en ella. No les van a faltar las maneras de encontrar caminos para ello.

Aunque todas las miradas se centrarán en los medios, no son los únicos. Los medios de comunicación, esos agentes que consideran que sin ellos en Internet carecería de sentido, no habría contenido; quieren su pedazo de pastel sobre el buscador de Google y Google News. Haces dinero con nosotros, con nuestro producto, queremos nuestra parte, parecen aseverar. Sin embargo, la tendencia está cambiando, la competencia pura y perfecta de Internet es la culpable, y Facebook ya redirecciona más tráfico que Google a las webs. ¿No cabría también que pedir su parte del pastel a estos concentradores emergentes?

Los gobiernos, con Francia a la cabeza con su “tasa Google”, consideran que sus ingresos vía impuestos no están lo suficientemente bien recaudados como debieran y consideran que ese dinero podría ser bien utilizado para “protección de la oferta legal de contenidos en Internet y a la remuneración de los creadores”. Es decir, destinarlo a subvenciones que protejan el sector cultural. Los medios de comunicación han tratado de añadir leña al fuego difundiendo la noticia que Google no paga los suficientes impuestos en España, ya que sólo declara el 5’1% de lo que ingresa en este país (Según algunas estimaciones).

Por otro lado, las operadoras de telecomunicaciones, algunas cansadas de lanzar productos fallidos, tratan de convertirse en algo más que tuberías y solicitan también su parte, mientras Google ya muestra interés en convertirse también en una operadora más instalando cables submarinos, ofreciendo conexiones ultrarrápidas experimentales o con servicios de voz. Al mismo tiempo que algunos consideran que esa reclamación podría fin a la neutralidad red, Google se muestra conciliador asegurando que las telefónicas recibirán lo que hayan invertido. ¿Una aceptación de su debilidad?

Y, mientras tanto, la compañía sigue enredada en aspectos legales antiguos y nuevos provocados por la precipitación a la hora de publicar nuevos servicios. En Estados Unidos, prosigue el litigio sobre el control de los contenidos y sus planes de digitalización de casi toda obra editada en el mundo. Sin embargo, la travesía de Google Books nunca fue sencilla con acuerdos y denuncias que ponen en cuestión la viabilidad de un proyecto muy ambicioso y que dispone de detractores y defensores que no deja indiferente ni satisfecho a ninguno de los actores implicados.

Para que todo esto no fuese suficiente, Google Buzz el producto destinado a plantar cara a los productos estrella del denominado Social Media (Twitter y Facebook) se ha lanzado sin tener presentes aspectos claves como el de la privacidad que violaba y la sobrecarga informativa que provocaba, lo que ha conducido que se esté preparando una demanda contra el gigante de Mountain View de la que a buen seguro no saldrá  muy bien parado.

Desde luego que esta no es manera de empezar el año.

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¿Acabará el Chat de Facebook con el Messenger?

El movimiento ha pasado completamente desapercibido, el mundo estaba demasiado preocupado intentando destripar Google Buzz por esas fechas, o tal vez porque esta opción ya era conocida y estaba disponible desde hacía tiempo, pero desde Facebook se ha realizado un movimiento más para que casi toda la actividad social de los internautas pase por su sitio web (o por sus servicios). El chat de Facebook, un pequeño menú desplegable más molesto que otra cosa que aparecía a pie de página, se ha hecho mayor o al menos va a intentarlo. Desde la semana pasada, es posible acceder a él a través del protocolo Jabber. Es decir, los usuarios pueden utilizarlo de forma abierta como si de un MSN Messenger se tratase, asaltando el escritorio de los internautas. La conversación asíncrona puede llegar a ser síncrona, aunque por supuesto todavía debe pasar un proceso de mejora en el que sea posible filtrar a esos usuarios molestos que aceptamos como integrantes de nuestra red social, pero que realmente tenemos bloqueados y de los que no queremos saber nada.

Sin embargo, este servicio es cada vez usado con mayor frecuencia por los usuarios de Facebook, que se detienen a charlar con sus contactos mientras publican y comentan los estados de los mismos. En el mismo momento en que ya no hace falta conocer el correo electrónico concreto de una persona, tan sólo cómo se llama – o se hace llamar – dentro de la Red Social, será posible hablar con ella, socavando los esfuerzos de Microsoft de convertir su Messenger en otra red social.

Y es que Facebook y Twitter tienen lo que otros quieren, Google lo sigue intentando tratando de cerrar su asignatura pendiente, mientras Facebook se propone posicionarse también en el escritorio, puede que desarrollando funcionalidades más allá del intercambio de mensajes. De momento, lo ha puesto un poco difícil al usuario medio, con configuraciones de aplicaciones de terceros un tanto liosas, aunque algunos como Adium (sólo para Mac) ya lo integran, pero puede que no tardemos en descubrir un Facebook Messenger tratando de destronar una de las aplicaciones favoritas de los internautas españoles.

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Copiar en la Wikipedia

Cuando Milagros Pérez Oliva fue nombrada Defensora del Lector del diario El País, recuerdo que escribió un texto en el que describía la difícil y delicada tarea que le sobrevenía. Consciente de ello y durante el año que lleva en su puesto, Pérez Oliva no se ha amedrentado a la hora de llevar adelante los temas que ha considerado pertinentes, a pesar de ser en muchos casos muy peliagudos, y que hacían que yo, todavía en esta era tan digital, abriese el periódico de papel los domingos encaminado directamente hacia su sección de análisis. Condenados a permanecer en la Red, Las incertidumbres de la prensa escrita, Falsedades, inventos y refritos en la aldea global, Periodismo de calidad en tiempos de crisis o Comentarios muy poco edificantes son todos ellos textos valientes que no eluden el debate y que tratan de explicar las cosas tal y como son, como suceden. Recuerdo que los leí con avidez y asombro, pero la valentía y el arrojo son armas de doble filo.

Avances médicos con intereses ocultos encendió, dentro del periódico, el debate sobre la continuidad de Milagros Pérez en su puesto porque en él cuestionaba el buenhacer de una compañera. Finalmente, y debido al conflicto desatado, parece que se evitará afear la trayectoria de la periodista no renovándola durante este año, algo que particularmente me apena.

A pesar de las incertidumbres, Pérez Oliva ha proseguido su tarea y sin miedo se ha atrevido a preguntar a un columnista si había copiado, o fusilado como se utiliza en el argot periodístico, un texto de la Wikipedia. Historias de plagios y autoplagios nos describe la tarea de escrutinio de la Defensora del Lector realizando sus averiguaciones y paseando de nuevo por el filo de la navaja. Hay que tener presente que los autores también poseen su orgullo y la duda de haber copiado directamente de una fuente como la Wikipedia sería para mi, si yo fuese columnista, como un insulto.

La necrológica del teólogo Edward Schillebeeckx firmada por Juan José Tamayo levantó las suspicacias de los lectores que consideraron que merecían algo mejor que un simple copiador. Ante la confusión inicial, las indagaciones de la Defensora concluyeron que no había sido Tamayo el plagiador, sino un editor de la Wikipedia que había realizado el Copia&Pega del diario a la enciclopedia online. La Defensora no realizó una crítica hacia el sistema de edición de la Wikipedia, por ejemplo ¿dónde queda el copyright de Tamayo?, aunque puede que haya provocado el sonrojo de los Bibliotecarios de la misma que han procedido a deshacer el plagio como se puede comprobar en la modificación del 7 de febrero de 2010 en el historial de la entrada.

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