Google teje su “web” y caemos como moscas

Asevera Jeff Jarvis, un consultor de medios de comunicación bastante conocido en Estados Unidos por su blog BuzzMachine, en su libro “What Would Google Do” que hace unos años algunos representantes de la compañía de Mountain View le sugirieron que la publicación en la que trabajaba abriese los contenidos, volcase su archivo en la web y confiase en la Larga Cola para rentabilizar su inversión. Jarvis asegura en su libro que, en aquel momento, él se encontraba del lado de Google, pero la visión del editor no se aproximaba a lo sugerido por Google. No podía ofrecer los contenidos gratis a los internautas puesto que había gente que los compraba en papel y no iba a dispararse en el pié.
Desde nuestro lado, aplaudimos cuando The New York Times abrió su archivo y sus artículos de pago, nos felicitamos cuando El País deshizo el camino y pasó de ser de pago a completamente gratuito, sin embargo los medios de comunicación se siguen preguntando dónde está el dinero. La crisis arrecia y los medios consideran que el modelo actual es insostenible, hay que retornar al modelo de pago. La pregunta sigue siendo el cómo, el cuándo y el cuánto.
Hay quien asegura que para finales de año nos volveremos a encontrar con contenidos cerrados en los periódicos. No sería una sorpresa, claro, porque parecemos olvidar que en España hay medios de comunicación con el candado puesto en algunos de sus contenidos. Pero, en este debate global, Google parece querer jugar al despiste. Por un lado, critica la posibilidad de que los medios de comunicación decidan adoptar un modelo de pago, sobretodo al respecto de las ideas de Rupert Murdoch, mientras que por otro trata de crear un modelo de pago para los mismos. Abierto no significa gratis, asevera en una especie de cinismo.
Mientras tanto los internautas y los medios esperan a ver quién se atreve a dar el primer paso. De las encuestas y de las opiniones de los usuarios se desprende que no piensan pagar por una información que consideran que podrían encontrar fácilmente en otro lugar, a la vez que se recuerda lo que sucedió antes y la debilidad de una apuesta del todo cerrado.
El contenido sigue siendo el rey en la Web, las páginas con contenido, más allá de los servicios, todavía disponen una buena tarta de la atención digital, pero Google considera que la Larga Cola es una falacia y además realiza guiños de esa creencia. Recientemente, ha ofrecido un nuevo producto, el felicitado Google FlastFlip, en el que parece dispuesto a dar a una selección de medios una parte de la tarta publicitaria. Tanto tiempo llevan arremetiendo estas empresas contra Google News, a la vez que son acribillados por sus detractores por no entender la economía del enlace, que ahora desde Mountain View les ofrecen una primera página, una selección gourmet de informaciones a los lectores y además la posibilidad de compartir ingresos que siempre parecieron negarles.
Hay quien celebra que Google trate de hacer las paces con la prensa, aunque en realidad extiende una tupida tela de araña. Es un trilero que nos enseña la bolita mientras juega con los cubiletes, ofreciendo un envite. En realidad, la apuesta la ganamos mientras él quiera, después simplemente hará desaparecer la bolita.
Twitterrific!!!
Definitivamente, no soy un buen gurú. Nunca creí que 140 caracteres dieran para mucho, consideré que si bien el microblogging disponía de cierta utilidad, nunca llegaría a romper definitivamente y ser un instrumento de masas. Puede ser que se trate de una perspectiva demasiado personal, si para enviar un SMS me quedo corto, imaginaos para explicar una idea por la Web. Es posible que nuestra acelerada vida nos empuje invariablemente a ser cortos y concisos, pero dentro de Internet esto se convierte en una necesidad.
El menos es más aplicado a las noticias o al argumentario de las ideas nunca me acabaron de agradar. Si nos quedamos con el teletipo no contemplamos el contexto, perdemos la profundidad del hecho. Es como contemplar el Guernica de Picasso sin comprender porqué se pintó y en qué condiciones se compuso. Nos agradará más o menos, pero perderemos la intención del pintor.
Dicen que tienes que utilizar Twitter para poder criticarlo, que se contempla con cierto escepticismo al principio pero que después te engancha. Lo siento no es mi caso. Ni siquiera algunas de las aplicaciones trasladadas al mundo Twitter son de mi agrado, más bien me parecen cierta involución. Sin embargo, no puedo negar que éste es el año Twitter pese a quien le pese, aunque puede que dentro de dos, el efecto Twit se diluya como un azucarillo como sucedió con la revolucionaria Blogosfera (Aunque quien tuvo retuvo, por supuesto).
El mundo descubrió la potencia de Twitter cuando la oposición iraní se lanzó a las calles coordinada y convocada a través de esta red social/servicio de microblogging. En realidad, su uso fue alentado por el propio gobierno de forma accidental que se apresuró a cortar los servicios de mensajería corta a través del móvil y capando el acceso a otro tipo de páginas web como Facebook. Si el proceder de sus autoridades se hubiese desarrollado de otra manera, puede ser que en vez de libros sobre la revolución Twitter hubiesen llevado otra marca comercial en la portada.
Sin embargo, Twitter también arrastra sus propios problemas a pesar de su popularidad entre las personalidades famosas. El primero de ellos, la competencia feroz de Facebook y los servicios de redes sociales que está tratando de trasladar el modelo de qué estás haciendo hacia sus cotos cerrados con cierto éxito. De hecho el joven becado de Morgan Stanley ya baticinó que Twitter es para viejos reservando el olimpo del sabroso mercado adolescente y juvenil a Facebook. El segundo es su falta de un modelo de negocio que tratará de ser creado mediante el establecimiento de cuentas Premium de pago (Pero, ¿no utilizábamos en la Web 2.0 el término molón Fremium?). Finalmente, el tercero es la falta de actualización de las cuentas, pero bueno esto es una constante en casi cualquier servicio web.
Mientras tanto, las compañías parecen encantadas con el nuevo juguete, mientras según se asevera Twitter y Facebook han trasladado parte de lo que se denominó “La Conversación” hacia su terreno. E incluso amenaza con engullir los agregadores RSS considerados como algo obsoletos y difíciles de entender para cualquier internauta normal; a la vez que los medios e infinitos sitios web se muestran encantados de volcar sus actualizaciones informativas hacia este nuevo servicio que amenaza en convertirse en un nuevo foco de infoxicación para el internauta, a pesar de lo corto de los mensajes a lanzar dentro del mismo.
Por otro lado, los spammers también han puesto su ojo en él, aunque no consigo a vislumbrar su meta y su porcentaje de éxito. Tienes que ser follower o seguidor de alguien para ver sus mensajes, es decir, el usuario tiene que cometer una acción para recibir el spam de Twitter.
Twitter también puede dejar a contrapié a los buscadores de empleo, porque ya se realizan ofertas de trabajo cuyo requisito para los aspirantes es disponer de 250 seguidores. Aunque los followers pueden comprarse con relativa facilidad, porque como no podría ser de otra forma de cualquier asunto podemos establecer un nuevo sistema económico, que el mundo debe seguir girando.
Los buscadores de Internet mienten
Cada vez con mayor frecuencia, los medios de comunicación exponen en las noticias los resultados que el Buscador, dejémoslo así, ofrece ante una consulta para apoyar la importancia de cierta tendencia, fenómeno emergente o personaje popular. Esta costumbre ya fue objeto de nuestra reflexión en un texto anterior, pero considero conveniente volver sobre ella para afirmar que estos datos se sustentan sobre unas mentiras intencionadas.
Una mentira que forma una estrategia de marketing de los tres buscadores principales (Google, Yahoo! y Bing -Antiguo Live, antiguo MSN-) para intentar capturar usuarios ofreciendo una mayor cantidad de resultados. No debemos olvidar que la tarea de indexar toda la Web constituye una tarea titánica que nunca se puede llegar a conseguir. De hecho, durante mucho tiempo Google señalaba la cantidad de páginas que tenía indexadas en sus bases de datos, hasta que retiró el dato de su página principal. El hecho es que la exhaustividad en esa obtención de información se antojaba como un componente más para demostrar la veracidad de los datos trasladando la idea quien tuviese la base de datos más grande podría ofrecer, al fin y al cabo, mejores resultados.
La semana pasada asistí a la jornada Innovadores sistemas de vigilancia tecnológica impartida por Prudencio Herrero celebrada en la Cámara de Comercio de Valencia que me demostró que todavía existen personas con una visión crítica de la tecnología que nos rodea. A modo de juego, nos enseñó la gran mentira de los buscadores donde lo importante es la apariencia.
El ejercicio que nos propuso pasó por buscar de distintas maneras el concepto de Vigilancia Tecnológica en sus distintas vertientes:
- vigilancia tecnologica
- vigilancia tecnológica
- “vigilancia tecnologica”
- “vigilancia tecnológica”
Las búsquedas se debían acometer en distintos buscadores en sus distintas formas, obteniendo resultados sorprendentes. En primer lugar, debíamos comparar los resultados ante los distintos términos en cada uno de los buscadores, para posteriormente compararlos:
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Yahoo! |
Bing |
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vigilancia tecnologica |
2.080.000 |
3.750.000 |
315.000 |
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vigilancia tecnológica |
615.000 |
3.490.000 |
315.000 |
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“vigilancia tecnologica” |
157.000 |
925.000 |
1.810.000 |
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“vigilancia tecnológica” |
158.000 |
826.000 |
1.810.000 |
Como podemos comprobar, los resultados se demuestran como un tanto dispares dependiendo de cómo acometamos la búsqueda y, sin embargo, completamente falsos y sin poder comprobarlos, porque en general los buscadores no nos dan más allá de los primeros 1000 resultados.
Así pues, porqué no buscar algo más específico, probemos con el libro de Pere Escorsa y Ramón Maspons, “De la Vigilancia Tecnológica y la Inteligencia Competitiva” utilizando la ecuación vigilancia tecnológica escorsa maspons y comprobemos hasta dónde llegamos. Debemos tener en cuenta que llegado a cierto punto, los buscadores nos invitan a realizar las búsquedas de nuevo sin que se eliminen ciertos resultados muy similares que son omitidos automáticamente, pero aún así desde la cantidad inicial que se nos ofrece hasta la real recuperada correspondiente a la última página, los resultados van menguando.
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Resultados iniciales |
Resultados reales (Última página de resultados) |
Resultados sin omisiones |
Resultados reales sin omisiones (Última página de resultados) |
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885 |
271 |
876 |
491 |
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Yahoo! |
921 |
195 |
921 |
421 |
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Bing |
316 |
181 |
No procede |
No procede |
NOTA: La muestra se realizó el 30 de junio de 2009 en los sitios web:
- Google – http://www.google.es
- Yahoo! – http://es.yahoo.com
- Bing – http://www.bing.com
Porqué lo llaman “Nube” cuando quieren decir Internet
La pasada semana, leyendo a un columnista tecnológico bastante popular, me sorprendía cuando utilizaba Nube refiriéndose indudablemente a la Internet de forma genérica. Este comunicador señalaba que una aplicación del iPhone se conectaba a El País para descargarse la información, pero en vez de denominar esta acción como conexión a la Web, lo definía como conexión a la Nube. Ya hemos reflexionado aquí mucho sobre los continuos cambios a la hora de designar las cosas, la creación de nuevos términos y mucho más si se trata en el sector tecnológico. El término Web 2.0 está tan manido que ya se huye de él y precisamente el de Web Social, buscando sustituirlo, tiene una serie de connotaciones que no se ajustan al anterior y algunos sugieren que en realidad el primero engloba al último. De forma bastante similar ha sucedido con los términos multitudes inteligentes o inteligencia colectiva que reinventados como inteligencia de enjambre que no acabó de cuajar, aunque desde luego este último dispone de mi simpatía.
Puede ser que Internet sea uno de los entornos más sujetos a los cambios de tendencias y a la reinvención de las ruedas, como alguien me señaló en cierta ocasión, aunque, todo hay que decirlo, es precisamente uno de los lugares donde la información se mueve a mayor velocidad y donde su intercambio se produce de forma más acelerada. Tal vez por ello, la Web deba estar redenominándose tratando de adaptarse a las nuevas tendencias, al mismo tiempo que urge a la rápida adopción de las mismas para que la máquina no deje de funcionar nunca.
Sin embargo, es justo decir que los nuevos bautizos surgen gracias a los nuevos conceptos y puede que ante el éxito de uno, los nichos de mercado similares lo adopten rápidamente y de forma no distintiva, provocando confusiones y el cruce de fronteras que provocan la confusión más allá de la aclaración de los términos.
Porque, volviendo a mi columnista, en esta ocasión el iPhone se descarga información a través de la Web sin pasar por un navegador, que siempre ha sido la forma más tradicional de conseguirla. No se trata de un RSS, ni de un correo electrónico sino de un software finalista para las alertas informativas, aunque esta idea también la habíamos visto en este mismo sitio web en forma de aplicaciones de escritorio. Por lo tanto, en este caso, la Nube describe un ente abstracto que no hace referencia a los mecanismos tradicionales a la hora de obtener información de la Web, aunque obviamente el proceso es bastante similar.
Es posible que el concepto Nube esté desplazando a la Web (Telaraña en inglés) debido a la rápida penetración de la ubicuidad (se encuentra en todas partes gracias a las conexiones inalámbricas) dentro de nuestra sociedad. Si hace unos años, la Web en el móvil, sí hablo del WAP, parecía una broma comparada con lo que se veía a través de un ordenador y un navegador de escritorio, el iPhone y el desarrollo de navegadores específicos para móviles, por ejemplo el Opera Mini, junto con el desarrollo de redes WiFi están trasladando el concepto de Internet ligado a un ordenador, una mesa y una silla, a casi estar disponible en cualquier dispositivo imaginable.
Pero esta Nube no es más que una reinvención de otro término, el Grid Computing o computación distribuida mediante el cual una serie de ordenadores se conectaban simultáneamente para la realización de cálculos, almacenamiento y procesos de forma coordinada y más barata que si de grandes supercomputadores se tratase. De Grid Computing, pasamos a Cloud Computing, aunque esta vez la necesidad de darle una capa de barniz era más comercial y centralizada y de ahí lo de Nube, mediante el cual una serie de empresas contrataban la capacidad de cálculo de servidores de tercero para el alojamiento o procesamiento de información de tal manera que el coste fuese inferior que disponer de un servidor dedicado propio.
Sin embargo, la metáfora de Cloud o Nube es demasiado romántica para dejarla escapar, así que aprovechando todo el marasmo de aplicaciones destinadas a la Web 2.0, donde el trabajo ya no se realiza en el escritorio de uno sino en la Web y en servidores ajenos, los difusores de los beneficios de la Web 2.0 decidieron quedarse con este término convirtiendo casi todo el trabajo que se realiza en la Web en trabajo que se realiza en la Nube.
Nube porque nuestros documentos (Google Docs o Zoho), correo electrónico (Gmail o Hotmail), fotografías (Flickr o Microsoft Live), vídeos (YouTube o Dalealplay) e incluso marcadores se quedaban en sitios webs, en ordenadores y servidores ajenos a los usuarios, cambiando nuestra forma de trabajar y permitiendo que nuestros trabajos y datos personales los gestionasen otros.
En fin que si la Web es sólo una parte de Internet, aunque utilicemos estos términos casi de forma indistinta, es posible que la Nube pase a ser un sinónimo de la Web a pesar de que sólo se trate de un subconjunto de ella, subconjunto al mismo tiempo de la Web 2.0; pero en realidad no importará en exceso porque la máquina deberá seguir funcionando.
¿Para cuándo la Nube 2.0?
Las folksonomías en los blogs de Biblioteconomía y Documentación
Las folksonomías, además de convertirse en una de las palabras más odiadas por los internautas, disponen de distintos puntos débiles bien conocidos. Así esta forma de clasificar la información hereda todos los problemas bien conocidos por los documentalistas de los vocabularios no controlados. De esta manera, al utilizar el tagging nos enfrentamos a la ambigüedad, polisemias, sinonimias y falta de control a la hora de describir de forma específica o más general las mismas cosas.
Concretamente, tenemos ambigüedad porque diferentes usuarios aplican términos a las mismas informaciones de forma completamente distinta, polisemia ante la utilización de las mismas palabras para designar objetos o conceptos distintos, sinonimia porque distintas palabras pueden ser utilizadas para definir las mismas cosas y, finalmente, sobre la especificidad de los términos, porque un usuario experto puede definir una información como AJAX o javascript, olvidándose de indicar lenguajes de programación que un usuario no-experto puede utilizar a la hora de recuperar información sobre esta temática.
Además, la utilización del tagging es tan abierta que no otorga una guía de uso a la hora de aplicarlas, cómo deben usarse, la puntuación a utilizar, el orden de las palabras, si se deben usar plurales en vez de singulares, si se deben usar palabras compuestas sobre las simples, si se deben añadir sinónimos, etc.
Recientemente, se han publicado dos textos científicos que hacen referencia al uso que se hace de las folksonomías en los blogs de Biblioteconomía y Documentación a los que os recomendamos echarles un vistazo. En el primero de ellos, Etiquetado libre frente a lenguajes documentales. Aportaciones en el ámbito de Biblioteconomía y Documentación, su autor Luis Rodríguez Yunta realiza una reflexión muy interesante sobre el uso de las folksonomías dentro de distintas herramientas de la denominada Web 2.0 por parte de los profesionales de la información:
Los profesionales de la Documentación han sido tradicionalmente valedores del empleo de lenguajes controlados, por su consistencia en la representación sistemática del análisis documental de contenido y su capacidad para combinar búsquedas genéricas y específicas. Sin embargo, a partir de las herramientas de la web social, el etiquetado también está siendo aplicado por los propios documentalistas y bibliotecarios. Parece oportuno reflexionar sobre este hecho ¿Se trata de una renuncia a valores tradicionales de la disciplina? ¿O es una adaptación a las demandas de nuevas generaciones de usuarios? ¿Hay un cambio de paradigma en la percepción de las herramientas de recuperación?
Por otro lado, en la revista Library & Information Science Research se publica el artículo Librarians and information scientists in the blogosphere: An exploratory analysis en el que se realiza un análisis de las etiquetas más utilizadas en los 30 blogs de Biblioteconomía y Documentación dentro del ámbito anglosajón para determinar los temas que más se abordan dentro de la biblioblogosfera inglesa.
De L’Encyclopédie a la Wikipedia, cambiando la difusión del conocimiento de la Humanidad
L’Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, dirigida por los filósofos franceses Denis Diderot y Jean d’Alembert, representa la obra que trata de resumir el movimiento de la Ilustración desarrollado durante el siglo XVIII. Se trata de un texto cuyo objetivo pasaba por tratar el resumen de los principales conocimientos que la Humanidad había acumulado hasta el siglo XVIII y que, curiosamente, se incluyó dentro del Index Librorum Prohibitorum por elogiar dentro del mismo a pensadores protestantes y desafiar el dogma católico, clasificando la religión como una rama de la filosofía, no como el último recurso del conocimiento y de la moral.
Puede que los mismísimos Diderot y d’Alembert no hiciesen otra cosa que descubrirse ante una de las mayores obras colectivas jamás concebidas por la Humanidad, un lugar donde cualquiera pudiese compartir sus conocimientos y si estos fuesen erróneos pudiesen ser cambiados y si estos quedasen desfasados actualizados en pocos segundos. Es posible que pasemos de considerar que si algo no está en Internet no exista, como hacíamos durante la década anterior, a que si algo o alguien no se encuentra en la Wikipedia, no es lo suficientemente importante.
No hace falta señalar que los caminos de la Wikipedia no han sido sencillos, ya señalamos aquí sus dificultades iniciales, sus puntos oscuros, los intentos de prohibición de su uso en colegios y administraciones públicas por su supuesta inexactitud y sencilla manipulación. Frente a los ataques que ha sufrido sobre su contenido, el argumentario de sus defensores pasa por aprender a utilizar sus recursos, así como los de la Web en general, contrastar los datos, en definitiva, e ir con pies de plomo a la hora de republicar su información. Y no estamos señalando algo que sólo competa a estudiantes y profesores, sino que otros colectivos, como los profesionales de la comunicación, deberían comenzar a alzar el mea culpa, confundiendo fuentes y considerando que el modelo de la Wikipedia es extensible a otros proyectos, digámoslo así, con otros objetivos mucho más lúdicos.
Las enciclopedias, así como otros productos editoriales similares como los vocabularios y diccionarios, puede que sean los primeros caídos en la guerra editorial en la era que se inauguró con la Web. Puede que la Wikipedia sea la cabeza visible de la terrible transformación y de sus caminos futuros, pero no podemos negar que las editoriales de estos productos ya se percataron de que las cosas estaban cambiando. Las grandes enciclopedias analógicas ya abrieron sus contenidos de forma tímida, sin querer perder el control sobre el producto final, invitando a la participación de los ciudadanos de la Red, aunque puede que tengan que adoptar medidas mucho más agresivas en un futuro no tan lejano tal y como ya lo ha comenzado a hacer la Encyclopaedia Britannica.
La Britannica se las ha visto y deseado con la Wikipedia, como por ejemplo cuando trataron de comparar la calidad de sus contenidos y no salió tan bien parada como les hubiese gustado a sus editores en el famoso artículo de la revista Nature, pero puede que descubriendo que se encuentra perdiendo la partida ha comenzado a dar tímidos avances hacia la filosofía 2.0. No debemos olvidar que si deseamos consultar la Britannica debemos pagar por ello, sin embargo puede que consciente de que en Internet sólo se es popular si tus contenidos son accesibles, los editores consideraron oportuno abrir sus contenidos de forma limitada a los bloggers a través de Britannica Webshare. Este movimiento ha sido reforzado recientemente con la posibilidad brindada a sus lectores para que puedan editar los contenidos de la enciclopedia, aunque por supuesto que los textos no sufrirán ninguna variación hasta que las modificaciones sean revisadas por un equipo de expertos y finalmente aprobadas, claro.
¿Podría la Britannica desaparecer? Puede ser que disponiendo de una buena base de usuarios disponga del sustento suficiente para soportar las nuevas tensiones del mercado, sin embargo la guerra no va a ser sencilla. La mismísima Microsoft ha considerado cerrar su Enciclopedia Encarta tras 16 años de actualizaciones. Debemos resaltar que la Encarta no era una gran enciclopedia en cuanto a contenidos en sus inicios, de hecho Microsoft la adquirió tras recibir la negativa de la Britannica para licenciar sus contenidos en CD-Rom, pero a mediados de la década de los 90 era muy popular por su interactividad y contenidos audiovisuales junto a las posibilidades interactivas que ofrecía a sus usuarios. La traslación a la web no fue sencilla para esta enciclopedia y, de hecho, la falta de un modelo de negocio claro para el futuro ha pesado mucho para que Microsoft considerase su abandono.
El fin de la Encarta ha traído la aparición de distintos análisis. Puede que la Wikipedia entienda mejor a los internautas y ofrezca el producto que ellos necesitan, pero de lo que no cabe duda de que la influencia de esta Enciclopedia 2.0 bien depende de otro actor hasta ahora no mencionado: Google. Y es que el buscador también lo ha intentado con su enciclopedia colaborativa Knol, pero obviamente la naturaleza de la enciclopedia de Google es bien distinta y no ha llegado a cuajar. Sin embargo, los internautas han dispuesto del tiempo para que sus recelos y sospechas se levantasen cuando descubrieron que los artículos de Knol posicionaban mejor y más rápido que otros. También debemos señalar que el propio Google puede funcionar como un diccionario si utilizamos el atributo define, pero lo que no debemos pasar por alto es que la propia Web es un gran repositorio de informaciones de todo tipo que puede funcionar como una gran enciclopedia. Claro que este marasmo de informaciones no disponen del discurso estructurado de las enciclopedias de antaño, obligándonos a discurrir un poco más de lo que consideramos necesario, pero ante esta saturación de informaciones buscamos una marca a la que aferrarnos, aunque mañana el escenario haya cambiado completamente.







No es la primera vez que se realizan intentos para tratar de legislar lo que se publica dentro de la blogosfera o de la Web Social. En su momento, la
Una de las principales críticas que siempre se han realizado a los medios de comunicación que se desplazaron a la Web desde sus productos impresos consistía en que tendían a no realizar enlaces. De hecho,
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