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Los aventureros bibliotecarios de “The Librarians”

The Librarian

Quién podría imaginarse que la figura del bibliotecario se vería remozada durante el principio del siglo XXI. Más allá del gesto adusto y severo exigiendo silencio, de las gafas de pasta y del libro de la CDU; el bibliotecario del nuevo siglo debería comenzar a considerar que en su trabajo necesitará un sombrero y un látigo como poco ante las nuevas exigencias de la profesión.

Se veía venir que el perfil se había quedado ya caduco cuando a Flynn, personaje que encarna Noah Wyle, en la película El bibliotecario: En busca de la lanza perdida; se le aseguraba que para ser un buen bibliotecario no hacía falta ser un experto en los lenguajes de interrogación en bases de datos. Para el futuro bibliotecario, ser organizado y pulcro no era una necesidad imprescindible, porque todo el mundo podía hacer eso, si no que se le exigiría algo más como poder manejarse y enfrentarse al mundo de la magia y las sociedades secretas. Desde luego que la película era digna de cualquier domingo por la tarde de verano, cuando la mejor opción siempre es sestear, no pasaba de ser una simpática película de aventuras que puede que no hubiese merecido nada más que una breve reseña. Sin embargo, a esa película le siguieron otras dos: El mapa del rey Salomón y La maldición del cáliz de Judas evidentemente inspiradas en cierta trilogía de mayor impacto mediático y mejor manufactura, sin duda.

Pero no hay que desesperarse si la trilogía se nos quedó corta, el próximo diciembre se estrena The Librarians, una serie en la que el personaje principal sigue representándolo Wyle. Compuesta de 10 episodios, describe cómo cuatro personas normales pero con talentos extraordinarios son seleccionadas por el bibliotecario Flynn (Noah Wyle) para trabajar para The Library, una sociedad ancestral basada en el conocimiento y en el heroísmo. Juntos viajarán por todo el mundo, investigando hechos extraños, luchando contra conspiraciones y protegiendo a los inocentes del peligroso y secreto mundo de la magia.

Y es que Flynn descubre que ya no puede enfrentarse solo a todos los desafíos, por lo que reclutará a un agente experta en contraterrorismo para proteger al grupo, a un trabajador con un conocimiento enciclopédico en historia del arte, a una persona afectada por sinestesia que puede recuperar hechos pasados y a un profesional de las nuevas tecnologías apasionado en el mundo de la criminalística.

Hoover y la Library of CongressJohn Edgar Hoover (1895-1972) fue el primer director del FBI (Federal Bureau of Investigation) y se mantuvo en el cargo hasta el día de su muerte. En un principio, sería designado director de la Bureau of Investigation (Precursora del FBI) en 1924 y posteriormente nombrado director del FBI cuando se creó como tal en 1935. Hoover desempeñó un papel decisivo a la hora de construir y diseñar la oficina de investigación tal y como la conocemos hoy en día y, por ello, el director y actor Clint Eastwood dirigió la película J. Edgar (2011) donde el personaje de Hoover lo interpreta Leonardo di Caprio.

Uno de las actuaciones más relevantes que desarrolló Hoover para la mejora de la investigación policial fue la introducción de la ciencia y de las huellas dactilares para la recopilación de pruebas para de esta manera poder inculpar a sospechosos. Además, también consideró el diseño de clasificación de los expedientes del FBI para la mejora de su recuperación y agrupación de la información.

En la película de Eastwood, se asevera que Hoover trabajó previamente en la Library of Congress y que durante la época en la que estuvo trabajando en la biblioteca nacional americana, cooperó a la hora de diseñar el sistema de clasificación de la misma. Obviamente, esta afirmación llama poderosamente la atención. En la película, di Caprio posee una escena recuperando un libro mediante el catálogo de fichas de la misma biblioteca afirmando que el sistema lo diseñó él. Sin embargo, el hito conseguido por el ex-director del FBI simplemente es falso.

En la página web del FBI dedicada al director, se indica que entró en la Library of Congress (LoC) con 18 años como mensajero y posteriormente se ubicaría en el departamento de compras. La biblioteca, por su parte, le dedicó un texto intentando documentar su paso por la institución a raíz de la película y de los intentos de la productora de intentar documentarse.

La LoC asegura que es difícil obtener documentación de trabajadores tan antiguos y que se debe recurrir a documentos secundarios y fuentes indirectas como listados telefónicos o los propios archivos de una división. En el caso de Hoover, existe documentación (ver imagen) que demuestra que comenzó a trabajar en 1913 con un salario de $360 y que al año siguiente mantendría la misma posición viendo cómo ascendía su retribución hasta los 420.

En 1915, se le traslada hasta el departamento de compras como clerk (trabajador) donde se dedicaba a mecanografiar las órdenes de compra. No hay rastro de que trabajase como catalogador, ni por su posición pudiese haber desempeñado funciones para diseñar el sistema de clasificación bibliotecario. Sin embargo desde la LoC se cree que por la posición que desempeñaba y la situación de su departamento, que se encontraba entre la Classification Division (Donde efectivamente se desarrolló el sistema) y la Catalog Division donde a los nuevos materiales se les asignaba la signatura. Es bastante probable que Hoover quedase impresionado por la eficiencia en la clasificación de los materiales y lo trataría de trasladar al FBI. En 1917, abandonaría la biblioteca para trabajar en la administración pública americana.

La biblioteca personal de Hannibal Lecter

El doctor Hannibal Lecter, Hannibal el Caníbal, es uno de los personajes más fascinantes que ha dado la cultura norteamericana recientemente. Clasificado como el villano más grande de todas las películas de Hollywood por el American Film Institute, no nació en ese medio, sino en novela. Thomas Harris lo presentó en “El Dragón Rojo (1981)” describiéndole como un asesino ya convicto que colaboraba con la policía, mientras daba un paseo atado por el patio interior del Hospital Psiquiátrico de Baltimore o en su celda. Sin embargo, no sería hasta “El Silencio de los Corderos” (novela y película), cuando Lecter alcanzaría su mayor popularidad y lo que le haría merecedor de películas y libros de continuación de diversa fortuna.

Recientemente, se acaba de emitir en EEUU la serie de TV “Hannibal” donde se nos muestra el inicio de la colaboración de Lecter con Jack Crawdford y el agente especial del FBI Will Graham y que finalizaría su detención y su reclusión. El doctor Lecter es un personaje cultivado, amante de la pintura, de la música y de la lectura como ya mostraría en la película “Hannibal” al convertirse en el responsable de la biblioteca Capponi. En la serie, sigue disponiendo de ese refinamiento, aunque en esta ocasión se nos amplía un poco más psique, mostrándonos sus artes culinarias y los platos que cocina especialmente a sus invitados. En esta ocasión, el personaje está mucho más contenido y frío en su forma de comportarse, aunque muestra pequeños destellos de lo que es realmente.

En la serie, se nos muestra a un Lecter que todavía ejerce, que recibe a sus pacientes en su consulta que se sitúa en un amplio e impresionante despacho donde podemos encontrar una biblioteca a la que se accede mediante una escalera y que rodea casi toda la habitación.

Biblioteca de Hannibal nº 2

Biblioteca de Hannibal nº 3

Biblioteca de Hannibal nº 1

Una biblioteca escolar en “Magnolia”

Magnolia de Paul Thomas Anderson nos muestra una serie de historias donde sus personajes se encuentran interrelacionados en cierta forma, ¿recuerdan aquello de los Seis Grados de Separación?, pero que no llegan a confluir todos al unísono hacia un mismo desenlace sino que les tiene preparados distintos finales. De esta manera, las tramas de cada uno suceden de forma paralela durante unas pocas horas a lo largo de un mismo día en el que llegarán a cierto punto crítico cuando finalmente decidirán dar el paso para comenzar a cambiar las cosas en sus vidas.

Puede que, en esta película, Anderson esté retratando de nuevo la soledad de las grandes ciudades, personas rodeadas de iguales que no saben o no les quieren escuchar lo que provoca una multiplicación en su sentimiento de aislamiento a pesar de encontrarnos en la era de las nuevas tecnologías. Fundamentalmente, nos enfrentamos a personajes frustrados a distintos niveles de su vida personal, donde algunos tratar de satisfacer los deseos de las personas que quieren, mientras que otros consideran que la vida los situó ahí y sólo deben dejarse llevar.

Uno de estos personajes es un niño prodigio dedicado a un programa de TV que se encuentra en antena más de 30 años. Presionado por su padre, carga con cuatro bolsas de libros todos los días que se marcha al colegio y se dedica por entero a llenar su cabeza con anécdotas que posteriormente regurgitará en la batería de preguntas del programa. Algunas de las escenas se desarrollan dentro de la biblioteca escolar de su colegio que os recogemos para esta ocasión.

La biblioteca de “Los Crímenes de Oxford”

El director español Álex de la Iglesia adaptaba la novela Crímenes Imperceptibles de Guillermo Martínez bajo el título Los Crímenes de Oxford en esta producción hispanobritánica que contó con Elijah Wood, John Hurt y Leonor Watling en su reparto. En esta historia, que mezcla filosofía, historia y matemáticas, el estudiante de lógica norteamericano Martin se desplaza hasta la Universidad de Oxford con el objetivo que el prestigioso profesor Arthur Shelton dirija su tesis.

Sin embargo, Martin no lo va a tener fácil puesto que el arisco profesor se dedica a la investigación y la impartición de conferencias y clases magistrales y no es del gusto del trato con alumnos. Martin se siente frustrado en su primer encuentro con el profesor y está cerca de abandonar su propósito, sin embargo un crimen sin resolver y un extraño asesino en serie unirá su trayectoria vital con la del profesor que juntos intentarán desenmascarar al asesino.

Una de las escenas transcurre dentro del campus universitario, cuando Beth acude a la biblioteca en busca de Martin que trata de relacionar los extraños sucesos que está viviendo. El encuentro no es agradable y acaba con mucha tensión entre los dos personajes que, airados, abandonan la biblioteca con mucho estruendo para desconcierto de los estudiantes que se encuentran allí en ese momento.

En la prestigiosa Universidad de Guernon, en Francia, se ha cometido un crimen atroz. El bibliotecario ha sido asesinado tras largas horas de tortura y terribles mutilaciones. Pero, ¿quién querría matar a un bibliotecario? Su trabajo consistía básicamente en gestionar los libros y las plazas de estudio en la biblioteca. Así que, ¿cuál podría ser la motivación del criminal? ¿un sacrificio ritual? ¿qué las lecturas de los alumnos le llevaron a descubrir algún oscuro secreto de estos y lo hicieran callar? ¿qué no les prestara el libro adecuado?

En la película “Los ríos de color púrpura”, que Mathieu Kassovitz dirigió en el año 2000, apenas podemos ver un par de escenas que se desarrollan en la biblioteca. Ésta aparece ante nosotros como las tradicionales bibliotecas de antiguas universidades: espacios descomunales, auténticas murallas de estanterías de madera repletas de libros, un aspecto algo lúgubre y silencioso que sin embargo invita al estudio con sus numerosos puestos de lectura iluminados con una lámpara de mesa de tulipa verde…

Y aunque eso es casi todo lo que podemos ver de la biblioteca en la película, en la novela homónima de Jean-Christophe Grangé en la que se basa la biblioteca tiene un peso significativo en la trama de la obra y en el origen del crimen. Y el papel del bibliotecario es mucho más importante de lo que pudiera parecer a primera vista.

En el pasado o en el trabajo de este bibliotecario, que siguiendo la tradición paterna ocupa su misma plaza, parece estar la clave. O al menos eso cree el famoso detective Niémans, experto criminólogo encargado de resolver el caso. A su llegada a la Universidad de Guernon (al igual que en la película Seven) pone a su equipo a trabajar en la búsqueda de los libros que pudieran haber inspirado al asesino y los alumnos que los tomaron prestados, buscando en su catálogo términos como “mal”, “violencia”, “tortura”, “sacrificios rituales”, “mutilaciones”… Realizando una exhaustiva búsqueda de información que pueda dar alguna luz sobre el porqué del asesinato del bibliotecario, que sólo es el primero.

El Archivo Hospitalario de “American Splendor”

La película American Splendor plasma en formato fílmico la obra autobiográfica que Harvey Pekar había reflejado previamente en una serie de cómics homónima. Este contador de historias -ya que los dibujos eran realizados por diversos autores del cómic underground-, como realmente se ganaba la vida era como archivero en un hospital de veteranos de Cleveland. Harvey Pekar trabajó en dicho archivo hasta su jubilación, incluso una vez alcanzado el éxito con su obra, y en American Splendor queda recogido el poco interés y el tedio que su rutinario trabajo como archivero le producía.

En diferentes escenas de la película, que transcurren en los años 70 y 80, se muestra el archivo clínico en el que trabajaba, con sus estanterías sin fin llenas a rebosar de carpetas clasificadas por colores, o el aún más tétrico depósito, con viejos archivadores de madera y cajas de cartón, donde iban a parar las historias clínicas de los fallecidos.

Ya empezado el siglo XXI, y con la irrupción de la informática y la digitalización de documentos, podríamos esperar que esas imágenes de un archivo de hace más de 20 años no pudieran identificarse con los archivos actuales, pero teniendo en cuenta algunas noticias que os hemos hecho llegar y otras muchas que se oyen quizá las cosas no hayan cambiado tanto.

Harvey Pekar, interpretado por el actor Paul Giamatti, en su mesa entre las asfixiantes estanterías del archivo de historias clínicas activas.

Harvey Pekar, interpretado por el actor Paul Giamatti, en su mesa entre las asfixiantes estanterías del archivo de historias clínicas activas.

Las historias clínicas y su clasificación de colores.

Las historias clínicas y su clasificación de colores.

Guardando historias clínicas de fallecidos en el sombrío depósito.

Guardando historias clínicas de fallecidos en el sombrío depósito.

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