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Mes: mayo 2004

Colegios Oficiales de Bibliotecarios

En España, el debate sobre la conveniencia de la creación de Colegios de Profesionales, tras la implementación de las carreras de Biblioteconomía y Documentación a partir de los años 90 en las universidades españolas, está abierto. Es cierto que se han creado colegios en las comunidades autónomas con una mayor tradición en la enseñanza de este perfil profesional como en Cataluña, pero en el resto de comunidades autónomas o no hay iniciativas para la creación de estas instituciones o las iniciativas se encuentran congeladas.

La cuestión de la conveniencia del desarrollo de estas instituciones dentro del ámbito autonómico o nacional en España debería quedar fuera de todo lugar si nos atenemos al desarrollo que se ha producido en los países latinoamericanos a nivel nacional. México, Perú, Chile, Costa Rica y Argentina , por citar algunos, disponen de su propio Colegio de Bibliotecarios. En España, las comunidades autónomas de Galicia y de Valencia han desarrollado propuestas para la creación de estos entes, aunque el proceso de creación se encuentra detenido por cuestiones políticas y/o de agenda.

En el caso valenciano, para la creación del Colegio tan sólo restaba el trámite parlamentario para su aprobación en las Cortes Valencianas. Desafortunadamente, la sesión plenaria que debía aprobar su creación antes de las elecciones autonómicas de 2003 nunca se produjo. La consecuencia inmediata de esto es que el proceso de tramitación debe de reiniciarse.

La Associació de Bibliotecaris Valencians, impulsora del proyecto de creación a la que después se sumó el AVEI, dispone en su página web de documentación sobre el proceso de creación. Desgraciadamente para los que no entedáis el catalán, parece que esta Associació nunca se decide a traducir su web al castellano o bien se trata de un enlace roto. Así pues os advierto que algunos de los textos del proceso de creación están en valenciano.

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Hipertext.net

Gran trabajo están realizando los estudiantes del Master On-line de Documentación Digital que, como no podía ser de otra manera, editan la publicación web Hipertext.net.

De acceso gratuito y libre, esta publicación que ya se encuentra en el número 2, trata temas recoge artículos de temática muy variada pero siempre referida al ámbito de la información y la documentación digital.

Yo, de momento,me dedicaré a echarles un vistazo a tres de ellos, mientras apunto algunos más en la agenda.

Pero pongamos un contrapunto: La velocidad de carga de las páginas, bastante lenta. Sin embargo, creo que el contenido merece la espera.

[Escuchando: Spies de Coldplay]

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No nos olvidamos…

Ayer no pudimos colgar noticias. No es porque caigamos en la desidia, sino que se trataba de un problema de causa mayor.

Nuestro servidor nos dió problemas a partir de las 19h hasta las 9h de esta mañana, además de que nuestro contador de visitas no hace su función desde el 24 de mayo.

Mientras tanto, la pregunta que flota en el aire: ¿Quién se puede permitir un servidor dedicado?

[Escuchando: Come Around Again de JET ]

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w.bloggar

Disculpad mi candidez, acabo de estrenar blog, como sabéis, y no llevo mucho tiempo en el gremio; por lo que no es infrecuente que me lleve alguna que otra grata sorpresa. El hecho es que acabo de descubrir una pequeña aplicación que me evitará trabajar sobre la fría Textarea de WordPress o sobre Microsoft Word si estoy off-line, lo siento todavía no utilizo OpenOffice, o sobre el editor HTML que alguna vez he utilizado para la maquetación.

El software se llama w.bloggar – Universal XML-RPC Weblog Interface, una de sus principales características es que trabaja desde los distintos y más importantes sistemas de gestión de contenidos. Por citar, citaré los más conocidos que están aceptados:

El desventaja más grave que yo le veo es que no es un editor puro WYSIWYG, y para los poco informáticos les costará un poco poder leer los galimatías que se forman con tantas etiquetas. Pero, al menos, para los que no tenemos una conexión permanente a Internet no nos viene mal.

La parte más positiva es su sencilla interfaz y configuración, además de que al estar traducido en castellano le da un punto a su favor, además del plug-in del iTunes.

¿Alguien más que lo utilice? Claro que sí, por ejemplo MiniD que ya reseñó en su blog sus primeras experiencias con este software. Y tal como él afirma, también podéis echarle un vistazo a Zempt que con una interfaz más refinada, no es tan completo.

[Escuchando: Loco de Andrés Calamaro]

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¿Por qué nosotros? ¿Y por qué no?

Para ser completamente sinceros, cuando surgió la idea de crear un punto de encuentro para los Documentalistas en la Red y antes de lanzarnos a crearlo, realizamos una serie de contactos con amig@s y colegas para exponerles nuestro proyecto. Intentamos, además, implicarles de alguna forma, léase colaboración, dentro del trabajo que se nos venía encima. Sinceramente, y para nuestra sorpresa no tuvimos excesivo éxito salvo algunas promesas incumplidas. La respuesta generalizada fue: ¿y cuánto voy a sacar yo con esto? Nuestra respuesta obviamente fue un arqueamiento de ceja. Realmente no deberíamos habernos sorprendido teniendo presentes los antecedentes de los que disponíamos, pero debíamos hacerlo puesto que ante todo son colegas nuestros. Pero entremos en antecedentes, que creo que será lo más interesante.

Nosotros habíamos tenido una experiencia previa junto con otros compañeros de carrera en cuanto a la gestión de contenidos dentro de un portal para estudiantes de Biblioteconomía dentro de los innumerables Grupos MSN que proliferan. El nuestro, al que fui invitado en un primer momento, aunque posteriormente fui "ascendido" hasta administrador adjunto; se denominaba BiD. No vamos a tratar aquí de recriminar a nadie su comportamiento, sin embargo la inanición, el desinterés y el aburrimiento hicieron que la idea de El Documentalista Enredado se gestase por sí misma dentro de los miembros más dinámicos del grupo.

La primera cuestión que nos planteamos fue la creación de un espacio propio sin las ataduras ni las deficiencias que puede tener un sitio como MSN. Primero comprobamos que un sitio con las características que deseábamos no estuviese ya puesto en marcha. Obviamente, salvo la existencia de grupos de interés ya creados en MSN o incluso en Yahoo, pero a la vez restringido su acceso, no había ningún sitio o portal web que imprimiese las características y las necesidades que nosotros queríamos implementar.

Así pues, comenzamos a hacer números. ¿Cuánto por un dominio? ¿Cuánto por el alojamiento? ¿Qué características necesitamos? ¿Cómo pensamos evolucionar en el futuro? Y sobre todo, plazos de ejecución y de revisión del proyecto. Poco a poco, la idea fue tomando forma y fuerza. Conscientes de que las necesidades de crear un portal de las características de El Documentalista Enredado eran papables nos decidimos a ello y hasta hoy estamos trabajando para mejorar.

¿Podemos contestar el porqué nosotros? Yo creo que no hay un sólo porqué. Puede que porque nos sentimos un tanto responsables de nuestra profesión, de las amplias competencias que está adquiriendo, de la necesidad de ir abriendo campos hasta ahora impensables para los documentalistas y la necesidad de formar un punto de encuentro gratuito y sin ataduras dentro de la Red. Queremos un punto caliente de información, que sea útil para todos, a pesar de que sólo hay una manera de evaluar si algo es útil o no lo es.

Los beneficios que obtenemos son en forma de intangibles, obviamente. De hecho, algunos de nosotros ya los están recogiendo por un trabajo bien hecho.

Ahora, ¿y por qué no?

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Actualizado a WordPress 1.2

Mientras en la Red arrecia el escándalo de la nueva política de licencias de Movable Type, nosotros nos dimos cuenta que una nueva versión de WordPress (WP), nuestro sistema de gestión de blogs, acababa de ser publicada. Así pues, prestos nos dispusimos a actualizarla.

De nuevo, como todo en WP, todo es sencillísimo. Tan sólo hay que subir los archivos y ejecutar un fichero php para que se actualice la base de datos y ya lo tenemos funcionado. La traducción al idioma español es automática gracias a un fichero de idioma y con un ligero retoque en el fichero de configuración de WP.

Sin embargo, no todo ha sido sencillo, algunos artículos que teníamos previamente han aparecido con una codificación «especial«. Claro que disponiendo de una copia de seguridad de los artículos, seguramente solucionaremos este pequeño problema.

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Michael Moore y los bibliotecarios

Ahora que a Michael Moore le han dado un premio en Cannes, creo que debería volver a recuperar este texto. Es curioso, pero con ésta es la tercera vez que lo recupero, pero considero que no hay nada como dejarlo accesible para aquel que quiera leerlo. Perdón por si el texto parece un poco desencajado, pero es como la segunda vez que lo copio y pego tras haberlo transcrito directamente del libro.

No tiene pérdida.


Es curioso lo que puede hacer una sola persona junto con un grupo de amigos unidos por una causa justa. Compré el libro de Michael Moore tras haberme leído el adelanto que habí­a hecho el Diario El Mundo y habérselo enviado a unos colegas, y mientras me leí­a el prefacio en espera de acabar otro libro que tení­a pendiente, no pude salir de mi asombro, era increí­ble.

El libro de Michael Moore, Estúpidos hombres blancos, director del documental Bowling for Columbine; salió de imprenta el 10 de septiembre de 2001 y esperaba ser distribuido el día siguiente. No es un libro que trate con diligencia a George W. Bush, el actual presidente de los Estados Unidos, ni siquiera a los propios estadounidenses; por lo que su distribución fue retrasada desde el 11 de septiembre hasta una fecha indefinida que se fue retrasando mientras se desarrollaban los acontecimientos que todos conocemos. La desesperación de su autor ante la censura que estaba realizando la editorial al negarse a distribuir los 50.000 ejemplares impresos por diversas razones que adujeron y que todos podemos imaginar le lleva a leer dos capítulos de su libro en una reunión de un consejo de acción ciudadana en Nueva Jersey.

“[…] Entonces sucedió algo milagroso. Sin saberlo yo, entre el público al que me había dirigido el 1 de diciembre en Jersey se hallaba una mujer que después de escuchar mis penas, decidió hacer algo al respecto. Era una bibliotecaria de Englewood, Nueva Jersey, llamada Ann Sparanese. Aquella noche, se fue a casa y se conectó a Internet para escribir una carta a sus amigos bibliotecarios, que colgó en un par de páginas dedicadas a temas literarios progresistas, en las que les contaba lo que HarperCollins planeaba hacer. Me riñó (al más puro estilo de las bibliotecarias) por no hacer público mi caso, pues no tení­a derecho a callar en el creciente clima de censura que empezaba a respirarse en el país y que afectaba a todo el mundo.

Cabe recordar que la nueva ley antiterrorista USA Patriot Act prohibía a los bibliotecarios denegar a la policí­a información sobre quién está leyendo qué. ¡Incluso podí­an acabar en la cárcel si contactaban con un abogado! Pese a esta atmósfera opresiva, Ann Sparanese pidió a todo el mundo que escribiera a HarperCollins y exigiera que pusiera a la venta el libro de Michael Moore. Y eso es lo que cientos y luego miles de ciudadanos hicieron. Yo no tenía la menor idea de que esto se estaba cociendo hasta que recibí una llamada de HarperCollins.

– ¿QUÉ LES DIJISTE A LOS BIBLIOTECARIOS? – inquirió la voz al otro extremo de la lí­nea.

– ¿De qué hablas? – le pregunté, desconcertado.

– Estuviste en Nueva Jersey y contaste todo a los bibliotecarios.

– No habí­a bibliotecarios en Nueva Jersey y… ¿Cómo sabes lo que dije?

– Esá¡ en Internet. Algún bibliotecario se ha empeñado en difundir la historia, ¡y ahora estamos recibiendo un montón de correo hostil por parte de los bibliotecarios!

Vaya, me dije. Los bibliotecarios son, sin duda, un grupo terrorista con el que uno no querrí­a enzarzarse.

– Lo siento –dije, apocado-. Pero te juro que comprobé que no hubiera prensa en la sala.

– Pues ahora ha salido a la luz, y no hago más que recibir llamadas del Publisher’s Weekly.

Pocos días después, PW citó una supuesta declaración de mi editor en la que afirmaba que yo rescribirí­a el libro (más tarde, éste lo desmintió rotundamente). Después de guardar silencio ante la prensa durante meses, esperando poder arreglar las cosas pací­ficamente, le conté a PW todo el viacrucis por el que habí­a pasado, así­ como que habí­a 50.000 copias de mi libro retenidas como rehenes en Scranton. Entonces, el periodista me habló de la bibliotecaria de Nueva Jersey que habí­a alborotado el avispero.

– No conozco a esa mujer –dije-, pero sea quien sea me gustarí­a agradecérselo.

La semana siguiente, después de que me convocaran a un encuentro con el alto mando en HarperCollins –en el que se me amenazó nuevamente con que mi libro «simplemente no puede salir al mercado con esa portada y ese tí­tulo»-, recibí­ una llamada de mi agente para comunicarme que el libro se pondría a la venta tal como estaba, sin un solo retoque. La editorial estaba mosqueada porque todo habí­a salido a la luz pública y ellos quedaban como censores (que es lo que eran). «¡Malditos bibliotecarios!» Dios los bendiga. No debería sorprender a nadie que los bibliotecarios fueran la vanguardia de la ofensiva. Mucha gente los ve como ratoncitos maniáticos obsesionados con imponer silencio a todo el mundo, pero en realidad lo hacen porque están concentrados tramando la revolución a la chita callando. Se les paga una mierda, se les recorta la jornada y sus subsidios y se pasan el día recomponiendo los viejos libros maltrechos que rellenan sus estantes. ¡Claro que fue una bibliotecaria la que acudió a mi ayuda! Fue una prueba más del revuelo que puede provocar una persona. […]”

MOORE, Michael. Estúpidos hombres blancos.Barcelona: Ediciones B, 2003. Pág. 16-17.

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