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Mes: octubre 2004

Gmail me?

Ya han pasado más de un mes desde que recogimos en el Documentalista Enredado la noticia de que Google iba a lanzar su propio servicio de correo electrónico gratuito. En aquel momento, 1 de abril, se afirmaba que tan sólo 1000 personas tendrían acceso al servicio de correo mientras se iban perfilando las aristas de un nuevo servicio, que se encontraba, y se encuentra, en fase beta.

Sencillamente, la comunidad internauta se entusiasmó con un servicio lanzado desde el buscador de referencia y que proseguía con su filosofía de lo sencillo es bello, a la vez que otorgaba más capacidad de buzón que ninguno de los competidores. La cifra de 1000 Mb que ofrecía Gmail provocó una reacción inmediata en la Red, los competidores de Gmail se vieron obligados a anunciar el aumento de la capacidad de los buzones de sus usuarios para evitar dentro de lo posible una espantada generalizada. Mientras tanto, los internautas se ponían caninos ante sus ansias de probar, curiosear y poseer una cuenta de correo situada en el servidor gmail.com; el espectáculo estaba servido a la vez que se entregaban las primeras invitaciones para acceder a una cuenta. Claro que, en honor a la verdad, no era menos que los demás. Pero, tuve que esperar pacientemente a que las cosas se tranquilizasen. Los rumores de apertura de Gmail a no invitados, se sucedieron erróneamente.

Finalmente, el 21 de septiembre dos personas me invitaron a Gmail, obviamente acepté tan sólo una, pero gracias de todas formas Josep G., para ser completamente sincero era algo que esperaba desde hacía tiempo y la invitación me abrió las puertas del cielo. ¿O no?

En Barrapunto, alguien se preguntaba si realmente Gmail llegaría a derribar a empresas que estaban afianzadas desde hacía largo tiempo en el mercado del correo electrónico gratuito. En realidad, si habíamos sobrevivido con 2, 4 o 6 Mb desde hacía dos años, porqué no nos conformaríamos con “sólo” 100 de Yahoo o 250 de Hotmail, aunque éstos todavía se esperan y parece que llevarán trampa. Además el servicio de Gmail todavía tiene que mejorar bastante para poder ser tenido en consideración a la hora de arrebatar posiciones a los grandes.

Si bien la comunidad internauta se ha puesto a trabajar desarrollando nuevos programas para mejorar la experiencia con el correo de Google, estos desarrollos no muestran nada más que sus carencias que imagino que ya se han aprestado a resolver. Esencialmente, me parecen muy interesantes las facilidades que se han dado para convertir Gmail a Pop3 y SMTP, poder utilizar un cliente de correo; además de la posibilidad de utilizar la cuenta de Gmail como un disco duro virtual. Claro que estos programas están diseñados esencialmente para ser utilizados en Windows y en esto consiste otro de los principales problemas de Gmail.

Gmail necesita para funcionar que Active X sea reconocido y esté activado en el navegador con el cual estemos trabajando. Esto supone una serie de problemas de accesibilidad a la cuenta que todavía no están resueltos. Versiones posteriores a Mac-OS X, sistema operativo de Apple, es un tanto complicado, por no decir imposible, entrar. Hace relativamente poco tiempo que Safari es un navegador aceptado por Gmail.

Por otro lado, y de momento, la interfaz de Gmail está en inglés y aunque posee funcionalidades interesantes, no debemos olvidar que la experiencia que tiene, por ejemplo, Yahoo! en cuanto a la interfaz y servicios de correo electrónico, quita enteros a Gmail. La sencillez, que a veces se nos ha tratado de trasladar a Usabilidad, no es óbice para que algo sea más fácil de utilizar. En general, todos los servicios de correo siguen unas mismas estructuras para facilitar su uso y Gmail no puede ser una excepción.

Claro que los problemas también se han presentado para este servicio de correo, y es que no debemos olvidar que Gmail tiene una vía de financiación muy peculiar. Sencillamente, escanea el contenido de los mensajes que se envían y se reciben para ajustar los contenidos de Adsense para mostrar publicidad. La polémica sobre la privacidad de los usuarios se sirvió rápidamente, sin embargo, no con la suficiente fuerza para frenar el servicio que sigue adelante.

Gmail me

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El Nombre de la Rosa y su título bien valen un libro

El nombre de la rosa es probable que constituya una de las novelas que todo bibliotecario deba haber leído. Primero porque nos hallamos ante una novela estupenda y, en segundo lugar, porque la trama se desarrolla y gira en torno a una abadía y su biblioteca durante la época medieval. Dentro de toda biblioteca, obviamente se hayan almacenados libros; sin embargo, en esta abadía medieval se encuentra un libro que es capaz de matar durante el transcurso de la lectura. El autor juega entonces con las ideas de un libro que se desea encontrar, a pesar de que según afirman sus detractores religiosos puede corromper el espíritu humano, y que es capaz de matar a aquel que lo lee. Y este último es uno de los planteamientos más ingeniosos de la novela.

Entre las discusiones ideológicas que se suceden en un concilio desarrollado en la abadía, la suposición de los monjes de la llegada del Apocalipsis deducible por los mortales hechos acaecidos, la aparición de la Santa Inquisición para el castigo de los incentivadores del culto al diablo que, liberado, prosigue con sus asesinatos. Mientras tanto, Guillermo de Baskerville y su novicio, Adso de Melk, se muestran dispuestos a averiguar de una forma deductiva qué está ocurriendo realmente. Durante el transcurso de sus investigaciones, el bibliotecario y su ayudante parece que tienen mucho que esconder tras sus impenetrables rostros.

En el trasvase de ideas para una trama del cine a la literatura y viceversa, se afirma que un mal libro puede producir una buena película y que una mala película es producto de un buen libro. No es éste el caso de El nombre de la Rosa que fue llevada a la gran pantalla por Jean-Jacques Annaud y cuyo DVD ha sido editado recientemente añadiendo contenidos adicionales.

El libro acaba con el último folio de la narración de Adso de Melk, y creo que no voy a revelar ningún secreto, si os digo que finaliza con la frase latina:

STAT ROSA PRISTINA NOMINE, NOMINA NUDA TENEMUS

Que puede ser traducida al castellano por:

  • «Permanece primitiva la rosa de nombre, conservamos nombres desnudos»
  • «De la primitiva rosa sólo nos queda el nombre, conservamos nombres desnudos [o sin realidad]»
  • «La rosa primigenia existe en cuanto al nombre, sólo poseemos simples nombres»
  • O la más sencilla y simplificada, «De la rosa nos queda únicamente el nombre»

Bajo esta enigmática frase, el libro se cierra. Muchos creen que esconde la razón del título de la novela.

Así pues y para celebrar el usuario número 150 de «El Documentalista Enredado» convocamos un concurso que para ganarlo, tan sólo había que contestar correcta y fundamentadamente a la pregunta:

¿Qué razones aporta Umberto Eco para titular su libro «El nombre de la rosa» de esta forma?

La solución, obviamente, la aporta el propio Umberto Eco.

De las apostillas de «El nombre de la rosa»

[…]

El narrador no debe facilitar interpretaciones de su obra, si no, ¿para qué habría escrito una novela, que es una máquina de generar interpretaciones? Sin embargo, uno de los principales obstáculos para respetar ese sano principio reside en el hecho mismo de que toda novela debe de llevar un título.

Por desgracia, un título ya es una clave interpretativa. Es imposible sustraerse a las sugerencias que generan Blanco y Negro o Guerra y Paz. Los títulos que más respetan al lector son aquellos que se reducen al nombre del héroe epónimo, como David Copperfield o Robinson Crusoe, pero incluso esa mención puede constituir una injerencia indebida por parte del autor. Le Père centra la atención del lector en la figura del viejo padre, mientras que la novela también es la epopeya de Rastignac o de Vautrin, alias Collin. Quizás habría que ser honestamente deshonestos, como Dumas, porque es evidente que Los Tres Mosqueteros es, de hecho, la historia del cuarto. Pero son lujos raros, que quizás el autor sólo puede permitirse por distracción.

Mi novela tenía otro título provisional: La abadía del crimen. La descarté porque fija la atención del lector exclusivamente en la intriga policíaca, y podía engañar al infortunada comprador ávido de historia de acción, induciéndolo a arrojarse sobre un libro que lo hubiera decepcionado. Mi sueño era titularlo Adso de Melk. Un título muy neutro, porque Adso no pasaba de ser el narrador. Pero nuestros editores aborrecen los nombres propios: ni siquiera Fermo e Lucia logró ser admitido tal cual; sólo hay contados ejemplos, como Lemmonio Boreo, Rubé o Metello… Poquísimos, comparados con las legiones de primas Bette, de Barry Lyndon, de Armance y de Tom Jones, que pueblan otras literaturas.

La idea de El nombre de la rosa se me ocurrió casi por casualidad, y me gustó porque la rosa es una figura simbólica tan densa, que por tener tantos significados, ya casi los ha perdido todos: rosa mística, y como rosa ha vivido lo que viven las rosas, la guerra de las dos rosas, una rosa es una rosa es una rosa es una rosa, los rosacruces, gracias por las espléndidas rosa, rosa fresca toda fragancia. Así, el lector quedaba con razón desorientado, no podía escoger tal o cual interpretación; y, aunque hubiese captado las posibles lecturas nominalistas del verso final, sólo sería a último momento, después de haber escogido vaya a saber qué otras posibilidades. El título debe de confundir las ideas, no regimentarlas.

[…]

ECO, Humberto. El nombre de la rosa. Apostillas a El nombre de la rosa. Barcelona: Lumen, 1992. P. 633-634

¿El resultado? En dos horas, teníamos la respuesta correcta publicada en nuestro foro y una ganadora.

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Notas de Clase, enseñando a los nuevos bloggers bibliodocumentales

Gracias a un comentario a través de este blog, descubro de la existencia de TekaTeka, un blog que ya ha adquerido un estilo muy propio y que os recomiendo visitar. Tras éste, gracias al Blogroll, viajo a «Documentación Blog dedicado a la Biblioteconomía y Documentación» y, por allí, me encuentro con Notas de clase.

Este blog, Notas de Clase, se define como:

Cuaderno de bitácoras creado para promover la comunicación entre un grupo de alumnos y alumnas de la licenciatura en Documentación

Y bueno, descubro una nueva forma comunicativa de transmitir información de alumno – profesor, claro que ¿por qué no?.

Para incentivar la comunicación entre el grupo, crearemos varios weblog, uno por cada uno de nosotros (a modo de práctica) y otro general (como este «Notas de clase») al que todos podamos enviar nuestros comentarios.

Veremos si esta nueva experiencia de Maria Antonia Garcia Moreno que imparte Sistemas Avanzados Aplicados a Archivos Bibliotecas y Centros de Documentación, de la Licenciatura de Documentación en la Universidad Complutense de Madrid llega a buen puerto y ayuda a aumentar la blogosfera documentaloide.

Creo que Vanessa pronto tendrá mucho trabajo…

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Servicio de Documentación del Diario «El País», por dentro

Hoy celebra el diario El País su número 10.000 y para celebrarlo ha preparado un extenso Suplemento Especial, además abrir los contenidos de su web de forma gratuita hasta las 0h de hoy.

El objetivo de este post es para recomendaros el extenso artículo descargable 24 horas de vida en papel dentro de la sección El País por dentro en la que aparecen nuestros compañeros Documentalistas del periódico.

Si alguien llega tarde, y no puede descargárselo, que no dude en solicitármelo.

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Cuando la información le desborde… ponga un documentalista en su organización

He de decir que me ha sorprendido gratamente el artículo Cuando la información nos desborda, publicado en el Diario Levante-EMV del 10 de octubre de 2004 (2ª Página), de Santiago Ferris de la empresa Omnia Auditora, puesto que apunta ciertos aspectos de la Gestión de la Información en las Organizaciones que ya apuntó Alfons Cornellá en su libro Infonomía.com y, anteriormente, Los recursos de la información. Teniendo en cuenta que este artículo se publica dentro de un medio de comunicación regional y, a su vez, dentro de una sección que se publica semanalmente, el regocijo debe de ser doble.

En el citado artículo, y no me voy a extender puesto que habla por sí mismo, se señalan varios aspectos clave:

  1. Los directivos, los estrategas del marketing e, incluso, aquellos más ligados a la prestación de servicios o a la producción de bienes, simplemente están desbordados por la cantidad de información disponible.
  • Y no sólo estamos desbordados por la información procedente del exterior. La información interior también ha crecido de forma espectacular, simplemente porque los negocios se han hecho mucho más complejos de gestionar y su operativa involucra a más partes: empresas de externalización de la formación, prevención de riesgos laborales, limpieza de locales y oficinas, transporte y distribución, ciertas partes o piezas en la cadena de montaje… los ejemplos son innumerables.
  • Estos problemas son extensibles tanto para las pymes como para las grandes empresas.
  • Ante esto, las empresas pueden:

    Todas las empresas, sin excepción, deben gestionar de alguna manera esta complejidad. Necesitan de sistemas de información que les faciliten sus flujos de trabajo: la creación, revisión y aprobación de sus procedimientos y el uso de formularios electrónicos y sistemas de mensajería interna y externa que agilicen sus procesos de prestación de servicio a los clientes.

    Y lo mejor de todo:

    Pero no nos engañemos, ninguna herramienta tecnológica, por sofisticada que sea, puede garantizar por sí misma la solución de un problema de gestión. Es preciso tener en cuenta la variable humana: los usuarios. En el éxito de la implantación será clave la realización de los procesos de formación y habituación necesarios para producir un cambio cultural en la organización. Será también necesario realizar un análisis previo crítico por parte de la dirección de la empresa y de los consultores especializados en gestión documental y del conocimiento.

    Lo que surge tras esto es la cuestión: ¿a qué estamos esperando los documentalistas?

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    El olvido está lleno de memoria

    El jueves pasado 7 de octubre, estuve hablando con dos buenas amigas sobre la idea de recuperar algunos textos de la extinta revista universitaria Lletraferits para añadirlos al portal de El Documentalista Enredado. Aunque tendremos tiempo para profundizar sobre el tema, Lletraferits era una edición independiente que nació desde las mentes más inquietas de la segunda promoción de la Diplomatura de Biblioteconomía y Documentación de la Facultad de Historia de la Universitat de València. Aunque Lluïsa Crespo y Àngels Belloch fueron su principal núcleo, recibieron muchas colaboraciones externas de buenos amigos y compañeros de la carrera, entre ellas la mía propia. Maria Elena Mateo y yo convenimos hace tiempo que era muy digno realizar un pequeño homenaje desde esta página web a aquella pequeña publicación; así pues disfruté de una pequeña reunión preeliminar para acordar qué textos merecían ser recuperados y cuáles no.

    De aquel encuentro, debo decir que Àngels consideraba que muchas de las secciones de Lletraferits no merecían ser recuperadas porque estaban desfasadas y eran inadecuadas. Sin embargo, sigo considerando que todo merece ser recuperado si posee cierto valor, y es curioso que de esa recuperación de la memoria esté escribiendo este post.

    La revista Lletraferits había editado a lo largo de su historia 5 números, yo, con el transcurso de estos años, había perdido el número 3º. Durante aquella reunión, Lluïsa me trajo un ejemplar de aquel número de 1999 y hojeándolo descubrí que en la sección Bibliomanía se recogía una noticia de agosto de 1999 que entonces me había pasado desapercibida y que creo que es necesario rescatar. Sinceramente, considero que deberíais sacar vuestras propias conclusiones sobre aquel hecho. Yo, simplemente, transcribo los comentarios del conseller José Emilio Cervera que desencadenaron la polémica.

    «El conseller de Sanidad puso como ejemplo que los bibliotecarios «cuando ordenan mal los libros no tienen nada que perder, pero en cambio, a los cirujanos estadísticamente se les muere un paciente de cada mil y eso sólo les ocurre a ellos, no a los bibliotecarios, y no se puede satanizar una profesión de la que dependemos los cuatro millones de valencianos, con esa frivolidad».»

    Este inoportuno comentario del conseller fue recogido por el diario Levante, así como las reacciones que provocó aquella desgraciada comparación. Por lo visto, en Iwetel se produjo un acalorado debate sobre el tema.

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    Documentalistas, ¿principales culpables del fracaso de algunas series de TV?

    Hoy, el diario El País se hace eco de la eliminación de la parrilla televisiva de Telecinco de la serie venida a menos Los 80. El diario independiente de la mañana recoge que la serie de televisión se toma un descanso hasta enero de 2005 cuando supuestamente retornará tratando de eliminar el tono dramático que había ido mostrando desde su estreno el 8 de septiembre. Obviamente, esto no tiene ningún interés para nosotros; sin embargo, el diario realiza un despiece en el que trata de analizar el porqué de una serie que se ha ido desinflando en audiencia según se han ido emitiendo los capítulos.

    Para ello, recoge algunas de las opiniones de los protagonistas de la Movida como Jaime Urrutia (Gabinete Caligari) o Loquillo. Sólo voy a transcribir aquí, por su interés, una de las opiniones, la que corresponde a Enrique Sierra (Radio Futura) en la que afirma:

    «Un día me llamaron y me dijeron que pusiera la tele. Entonces vi a unos chavales tocando Enamorado de la moda juvenil, y la verdad es que me pareció ridículo. Era como si los documentalistas no se hubiesen mirado ni un vídeo de los ochenta. Es todo un problema de falta de interés.»

    De esta opinión, que no voy a criticar, podemos desglosar dos cosas:

    1. La profesión está asentada, lo suficiente, para que alguien crea que el puesto laboral que debería existir en toda serie histórica lo desempeña alguien que no ha hecho bien su trabajo.
    2. Es un tanto ingenuo creer que siempre se va a hacer caso a los documentalistas que realizan su trabajo con los medios que ponen a su alcance la producción de las series.

    Por mi experiencia, sé que no siempre la realidad se ajusta a lo que los guionistas y/o los directores quieren desarrollar en las tramas de los capítulos. Muchas veces la realidad es más cruda de lo que se está dispuesto a enseñar o no es exactamente igual a lo que los responsables de realización recuerdan. Si a los protagonistas de la Movida les parece ridícula la serie, ¿qué podrá opinar el documentalista, si es que en realidad lo hay, de Los 80 al cual pasan por la lavadora su trabajo?

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