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Mes: julio 2005

¿Trabajo o Formación?: elige tu futura frustración

No falla, cada vez que me encuentro con algún antiguo compañero de la carrera, después de contarnos la vida, surge el mismo tema: nuestra frustración por la situación laboral/profesional en la que nos encontramos. Una conversación de este tipo es la que hemos tenido recientemente Catuxa y yo a través del correo, por lo que a ti va dedicado este post y espero que te lo tomes con el humor con el que está escrito.

En la vida de todo estudiante, durante la carrera o al finalizar ésta, llega el momento en el que hay que elegir entre trabajar o seguir formándose. Es cierto que no siempre se trata de una decisión tomada libremente, sino que más bien son las circunstancias las que deciden por nosotros; pero una u otra opción determinará seguramente nuestro futuro profesional y también nuestra futura “frustración personal”. Evidentemente, esta “opción vital” se da en todas las carreras y profesiones, pero en el caso de la Biblioteconomía, en que podemos introducirnos laboralmente de forma progresiva (un médico no empezaría nunca como auxiliar de medicina), hacen que, como Bibliotecarios/Documentalistas, la decisión sea aún más difícil.

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El libro en “Las Ciudades Oscuras”

En ocasiones, tengo la impresión de que los bibliotecarios y documentalistas nos sentimos inseguros con nuestra profesión, seguramente por lo menospreciados que han sido siempre los bibliotecarios en nuestra sociedad, y por lo difícil que resulta hacer entender a los demás qué es ser documentalista. Quizá es por eso por lo que nos gusta buscar referentes en el mundo del cine, de la literatura o incluso del cómic, que reflejen cómo somos o, más bien, cómo nos ven.

Catuxa ya nos presentó un interesante artículo sobre "La biblioteca en la narrativa y el cine", y Yavannna insiste en que conozcamos lo último en cuanto a imagen bibliotecaria / documentalista en cómics y juegos de rol. Incluso Marcos no ha podido resistirse a mostrar la visión que Ibáñez tiene de las bibliotecarias: una mujer de mediana edad, desgarbada, con moño y carácter huraño, que espera mucho del nivel cultural de sus usuarios. Y yo no voy a ser menos.

En esta ocasión voy a proponeros la lectura de los cómics que componen la saga "Las ciudades oscuras", ganadora del premio Angoulême a Mejor Serie, y en la que el mundo del libro, de la documentación, y del papel en general, tiene una especial importancia en la trama de muchas de las historias que narra. Esta colección está realizada por el escritor francés Benoît Peeters y por el ilustrador belga François Schuiten, cuyo interés por la literatura, los libros y las bibliotecas puede verse en muchos de sus trabajos.

Peteers, nos relata historias inusuales que transcurren en un universo paralelo tremendamente cercano al nuestro, y fantásticamente ilustrado por Schuiten. En estas ciudades oscuras los avances científicos, que recuerdan al universo de Jules Verne, chocan con una estética modernista, en la que los dirigibles vuelan sobre edificios que podría haber diseñado el arquitecto, también belga, Victor Horta a principios del siglo XX.

En "Brüsel", la primera historia de la serie, podemos ver un archivo administrativo en el que, cuando el sistema informático falla, el último recurso es acudir al viejo archivo en papel, que se muestra caótico y desorganizado, y dónde es imposible encontrar nada. En "La frontera invisible", la última publicada, nos encontramos en esta ocasión frente a un gigantesco complejo cartográfico, en el que también los viejos mapas en papel se convierten en la única fuente fidedigna en un sistema en el que la informatización vuelve a crear el caos.

Pero la obra de esta serie que más puede llamar vuestra atención, ya sólo por el título, es "El archivista", que más que un cómic es un libro de texto donde las ilustraciones sirven para hacer una recapitulación sobre todo el universo de "Las ciudades oscuras". En ella, un archivista destinado a la sección de mitos y leyendas, es el encargado de comprobar la veracidad de la existencia de dichas ciudades, estudiando para ello la numerosa documentación existente, y que poco a poco inunda su pequeño despacho.

Todos estos álbumes, y las ilustraciones que contienen, nos muestran un universo en el que el libro, las bibliotecas y todo lo que esto conlleva, tienen un papel fundamental en una sociedad en la que la tecnología sin control lleva a la destrucción de la sociedad.

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Mortadelo y Filemón visitan una biblioteca (1)

Los personajes de Mortadelo y Filemón son los más conocidos del dibujante español Francisco Ibáñez. Sin embargo, también es autor de otros personajes e historiertas bien conocidas en España y en América Latina (aunque no sólo dentro del ámbito latino) como 13, Rue del Percebe, El Botones Sacarino, Rompetechos o Pepe Gotera y Otilio. Mortadelo y Filemón han tenido versiones tanto en dibujo animado, ya se trate de películas o series para televisión, pero también en versión de largometraje con actores reales y mucho efecto especial. Por otro lado, otros de sus personajes también han sufrido la conversión del cómic a personajes de carne y hueso. De esta forma, El Botones Sacarino tuvo su traslación a la pequeña pantalla sin demasiado éxito, mientras que 13, Rue del Percebe sirvió de inspiración para la serie de televisión Aquí no hay quien viva.

Pero volviendo a Mortadelo y a su compañero Filemón, la evolución de estos dos personajes es singular, puesto que Ibáñez comenzó dibujando historias que ocupaban una página, que posteriormente fue ampliando desarrollando una trama más trabajada que devinió en el trabajo que realiza actualmente desarrollando pequeños libros que cada vez más realizan una sátira de la actualidad.

Así, en un principio, los dos personajes trabajaban dentro de su propio negocio: Mortadelo y Filemón, agencia de información. Ésta era una agencia de detectives privados en la que se dedicaban a intentar resolver los diversos casos de sus clientes, además de capturar delincuentes para cobrar cierta recompensa. Por otro lado, algunas de las primeras historietas simplemente narraban sucesos graciosos (normalmente consfusiones) que les ocurrían y acababan siempre de una forma muy similar (Persecuciones).

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Están locos estos bibliotecarios

Creo que todos estaremos de acuerdo que los bibliotecarios merecen la mala fama que tienen. Para empezar son unas personas muy estrictas con todo lo relacionado con el silencio, la pulcritud y el orden. Como es bien sabido, todos ellos comportamientos antinaturales y antisociales. Los bibliotecarios, dentro de sus respectivos castillos, cuando piden algo, no lo están solicitando, lo están exigiendo. Cuidado con la réplica que puedas hacerles, puede que seas echado literalmente del edificio. ¿Qué extraño comportamiento autoritario les lleva a actuar de la manera que lo hacen? ¿Es que a caso desconocen el significado de la palabra educación a pesar de estar rodeados de diccionarios?

Quién sabe, no siguen ninguna lógica y parecen moverse más por el capricho y la arbitrariedad que por el razocinio… No se trata de locura, seguid leyendo. Estas dos cartas se publicaron en el Diario Levante a lo largo del mes de junio de 2005.

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Las bibliotecas invisibles o fantasmas

Recientemente ya hablamos del Necronomicón como uno de los libros más famosos que han sido inventados, literalmente, por un autor y que los bibliotecarios juguetones no pudieron evitar trasladar a sus catálogos. Pero siguiendo lo publicado por la revista Muy Interesante, hoy deseo trasladaros a las verdaderas bibliotecas invisibles, que es el término aceptado en castellano, aunque yo prefiera el término de fantasma puesto que no existen realmente.

Tal como señaló Vanesa, Javier ya nos hizo una pequeña introducción de qué eran exactamente las bibliotecas invisibles y nos ofreció un enlace en el que se recogían libros inventados por los escritores, además de algunos artículos muy interesantes en torno al tema (Invisible Library). La definición que nos aportaba era:

La biblioteca invisible es una colección de libros que sólo aparecen en otros libros. En el catálogo de la biblioteca encontrareis libros imaginarios, pseudobiblias […] y todo tipo de libros no escritos, no leídos, no publicados y no encontrados.

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¿El fin de las librerías?

La semana pasada ya hice una referencia al escritor Juan José Millás y en ésta me toca hacer otra, pero para aquellos que no les agrade este escritor, aún debo de advertir que debo hacer una tercera más curiosa si cabe que me reservo para la próxima. Pero hoy sólo diré que el estilo narrativo de Millás es muy personal, y tan sólo hay que acercarse a cualquiera de sus novelas para percatarse de ello. Puede que, de entre todas sus novelas editadas, los bibliotecarios encuentren divertida El orden alfabético por sus características. Desde luego que ésta es una novela más que correcta, aunque no voy a hacer aquí lo que hace precisamente Millás en su sección de Taller Literario de los viernes en el programa radiofónico de La Ventana en la Cadena Ser, es decir, criticar los textos de otros.

Hay personas que poseen libros, tienen las estanterías de su casa repletas de ellos, pero o no han leído ninguno o bien tan sólo unos pocos. Las hay que los adquieren intentando buscar las combinación perfecta en cuanto colores y tamaños para que den cierto estilo a la vivienda en su conjunto, obviando los contenidos, buscando el continente. Otros simplemente, poseen libros de cartón piedra, que son tan sólo eso, pero Juan José Millás escribe para los primeros, recordándoles que los libros también vienen emparejados con otros huéspedes. Pero dejemos la genialidad para los que realmente la poseen…

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¿Los editores hablan y los bibliotecarios callan?

Durante el 21º Encuentro sobre la Edición, los editores aportaron algunas cifras que colocaban a España dentro de una situación bastante deficiente en cuanto inversión en bibliotecas públicas respecto a la Unión Europea. Los datos que se aportaron durante la jornada sirvieron para comenzar el debate tanto en la lista de distribución de Iwetel como en la blogosfera. Desgraciadamente, los comentarios devinieron a críticas directas respecto ciertas actuaciones de las asociaciones profesionales de Biblioteconomía y Documentación que no era objeto principal del debate que fue atajado de raíz tan pronto como las direcciones de las asociaciones aludidas replicaron.

En cualquier caso, si por una vez que en los medios de comunicación (y tan sólo en unos pocos) aparece reflejado el lastimoso estado en que se encuentran las distintas bibliotecas de este país comenzamos a afilar los cuchillos para buscar responsables entre nosotros, es bastante improbable, por no decir imposible, que avancemos un tanto para la solución de este problema. No debemos olvidar que la falta de inversiones desde las distintas administraciones tiene un problema de base que casi lo justifica y que se inicia desde la falta de lectores en España. Obviamente, sin demanda no parece necesaria la destinación de recursos, puesto que es algo que no es reclamado desde la sociedad. Desgraciadamente, para este país es más importante un campo de golf en un pueblo que una biblioteca municipal decente, pero este es un hecho que cada vez se vuelve más real.

Los principales hechos que los editores denunciaron durante su encuentro fueron:

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