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Mes: agosto 2005

Biblioblogosfera: Eppur si muove

Ya he dicho más de una vez, dicen que me reitero demasiado, que la blogosfera es un fenómeno apasionante, que me tiene atrapado y que creo que cambiará la forma de producir y recibir información de cualquier tipo. Por supuesto que nuestra pequeña blogosfera particular, la biblogsfera también está sufriendo una revolución, aunque lo haga más lentamente y a una escala más pequeña, puede que esté rotando sobre sí misma, pero haciéndose más grande y más madura. Si a esto le añadimos el hecho de que comience a reivindicarse dentro de la blogosfera como una parte de ella diferente y diferenciable, me parece fascinante. Creo que no hace falta decir que soy un activista en ello, puesto que, a pesar de todo, los profesionales de la información comenzamos a identificarnos a nosotros mismos dentro de la Red.

El desencadenante de lo latente comenzó con un texto que publiqué aquí mismo sobre los rankings y los weblogs. Como debe de ser, a partir de aquel texto, se inició una conversación alrededor de la biblogsfera y el diálogo saltó a Véase Además donde se nos ofrecieron algunos datos muy interesantes de nuestra hermana mayor anglosajona, la denominada Biblioblogosphere. Desde allí, nació otro tema completamente distinto que se recogió en Deakialli Documental sobre la denominación castellana de la blogosfera dedicada a la información, la biblioteconomía y la documentación, ante el largo término escogido por los anglosajones.

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Malditos chistes en lenguaje binario

La primera vez que leí el chiste, no lo comprendí y me sentí completamente frustrado. De hecho, la primera vez que vi aquella frase estaba impresa en una camiseta, una camiseta que me hubiese gustado llevar. El chiste decía:

Hay 10 tipos de personas, los que entienden el código binario y los que no.

Entonces consideré que, como conocía los rudimentos del lenguaje binario, debería saber descifrar aquella frase a la que no le veía la gracia. Sin embargo, no lo conseguía a pesar de abordarla en distentas ocasiones. El misterio duró unas semanas, mientras aquellas palabras martilleaban mi cabeza. Pensé que yo debía pertenecer al resto de personas que no entendían el binario, pero no fue fue hasta la lectura de un chiste de Forges, publicado en el diario El País el 24 de agosto, cuando me percaté de mi error. Aquella frase wur me atormentaba no podía ser dicha en voz alta, tan sólo podía ser leída para tener sentido.

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Breve historia de la gestión de la documentación en los medios de comunicación (4) – Microfilmación y las bases de datos referenciales (1972-1982)

En este período, la mayor preocupación de los documentalistas se centra en la búsqueda de herramientas y técnicas que contribuyan de una forma decisiva en la reducción del espacio y que faciliten una clasificación centralizada y una recuperación rápida. Es un momento en que se hace necesaria la mecanización de los procesos documentales y la microfilmación de los propios ejemplares.

La introducción de los soportes micrográficos facilitó en gran medida la paliación de los problemas de espacio y conservación provocados por una superabundancia de documentación almacenada. Los archivos en este momento crecían a un ritmo de 1500 a 2000 recortes diarios. En 1970, el 90% de las publicaciones americanas ya disponían de sus archivos microfilmados, aunque en Europa el proceso tan sólo se había desarrollado en los medios más significativos.

Sin embargo, la microfilmación no aportó mejoras cualitativas desde el punto de vista del acceso a la información. De hecho, los microfilms no representaban una integración entre la clasificación, búsqueda y recuperación documental. De ahí que se optara por combinar los índices de las publicaciones con los microfilms puesto que ayudaba a la recuperación de la información, a la vez que se evitaba el recorte y el archivo de los documentos. En 1970, The Times, The Guardian, Le Monde, el Corriere de la Sera y el Frankfurter Allgemeine Zeitung combinaban ambas técnicas. Sin embargo, el desarrollo de este mecanismo no fue suficiente para otorgar la agilidad necesaria dentro de la elaboración diaria de un periódico y los problemas de gestión de un fondo documental de estas características.

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Los crímenes de los siete pecados capitales y una biblioteca

Cuando el teniente William Somerset se hastió de permanecer en casa durante una noche de insomnio, decidió abandonarla cogiendo un taxi. En cuanto estuvo a bordo, pausadamente encomió al taxista que se alejase de la ciudad tanto como pudiese. De esta forma, el detective llegó hasta una biblioteca.

Deberíamos perdonarle al director que el lugar más lejano de una ciudad fuese una biblioteca, lo que nos aporta mucha información, puesto que, para qué vivir en un lugar que siempre está lloviendo, del que sus habitantes, asqueados, nunca pronuncian el nombre y se refieren a ella como aquí o maldita ciudad. Sin embargo, como ya se apuntó en La biblioteca en la narrativa y el cine, el papel de la biblioteca en esta película es el del espacio clave de búsqueda de algún dato que ayude a desvelar un misterio o solucionar un problema. El detective estudia en la biblioteca unos libros para comprender el patrón que seguía el asesino de la película Seven. Como curiosidad, que puede considerarse pifia, Somerset llevaba puesta una camisa cuando sube al taxi, mientras que lleva otra distinta cuando llega a la biblioteca, por lo que podemos llegar a la conclusión que se trata de momentos distintos y la biblioteca no está tan lejos de la ciudad.

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Mi madre nunca leería este blog: Sobre blogs, rankings e internautas

Creo que este agosto ha sido uno de los más duros dentro de la blogosfera. Por simple analogía, si los hackers y los estudiantes de informática se dedican durante el mes de agosto a desarrollar virus informáticos para comprobar a cuántos ordenadores infectan y quién de ellos es capaz de organizar el mayor caos posible en la Red, durante este verano los bloggers por lo visto hemos tenido tiempo de sobra para caer en la apatía y hemos terminado comparándonos los unos con los otros elaborando algunas clasificaciones de los supuestos mejores blogs hispanos.

Hace ya un tiempo que soy internauta y, echando la vista hacia atrás, es curioso cómo ha evolucionado todo esto. Antes los que poseíamos una página web propia nos conformábamos con poca cosa. Muchas veces se reducía a escribir una palabra clave en un buscador y te sentías muy orgulloso con tal de que tu página apareciese en el primer lugar o, al menos, que apareciese entre los diez primeros puestos de resultados relevantes. Claro que cuando Google decidió que las palabras y/o las meta etiquetas no eran lo más imporante para determinar la pertinencia de una página web ante una consulta, las cosas cambiaron.

Desde Google se consideró que eran precisamente los enlaces que una página recibía lo más determinante a la hora de determinar su relevancia, puesto que los enlaces entrantes eran un método para evaluar su popularidad y/o su importancia (Es una visión reduccionista, lo sé, pero es para entendernos). De esta manera, el buscador nos complicó un poco más las cosas. Si querías aparecer dentro de los primeros puestos dentro de una búsqueda podías realizar varias cosas: O bien tenías muchos amigos que te enlazasen, o si no los tenías hacías falsas páginas que lo hiciesen o directamente comprabas los descriptores al buscador (No hablo de Google, claro) para que te situase justo donde tú quisieras estar. Posteriormente, llegó el programa Ad-Words, pero ésa es otra historia. Google también nos ofreció una forma de conocer el peso que tenía nuestra web y con ello nos volvió locos con su famosa barra verde, el PageRank, que aunque anda un tanto obsoleta todavía nos hace sentirnos orgullosos dependiendo de su valor numérico. Aquí empezamos con las comparaciones.

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El libro imaginado por Frank Herbert

Nunca he sabido explicar mi pasión por Dune, pero lo cierto es que, desde que a los 14 años descubrí esta novela de ciencia-ficción de Frank Herbert, no ha pasado uno solo en el que no la haya leído al menos una vez (normalmente esta lectura suele ir acompañada de otra en la que releo los pasajes que más me gustan). Quizá porque tengo más tiempo para saborearla, o quizá porque el relato transcurre en un planeta desértico, donde el calor, el agua y la sed rigen la vida y la muerte, me gusta leer esta novela sobre todo en verano. Este año no iba ser la excepción y esta vez, en su lectura, he intentado ver algo más que la historia que narra, he querido descubrir la concepción que Herbert tenía sobre el futuro del libro cuando escribió Dune en 1966.

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Calvin & Hobbes: Las bibliotecas no son para el verano

Razonábamos hace unas semanas porqué las bibliotecas parecían no ser para el verano, al menos en la ciudad de Valencia, a través de una noticia aparecida en un medio de comunicación. Mientras, en su blog Álvaro Cabezas hacía otro tanto, sin embargo la respuesta a esta pregunta lo encontraría en el lugar menos sospechado, ya que Calvin & Hobbes parecían tener buenas razones para que las bibliotecas cerrasen durante el periodo estival. Aunque sabiendo que Calvin no parece tener mucho aprecio por la profesión bibliotecaria, la respuesta no hubiese podido ser otra.

Ver la tira completa.

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