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Mes: noviembre 2005

Un archivero de historias clínicas en «El Psicoanalista»

En las novelas, se suele retratar a los bibliotecarios y a los archiveros como seres solitarios, uraños y esquivos, pero puede que tras la lectura de la novela El Psicoanalista debamos añadir algunos más como, por ejemplo, corruptos y oportunistas. Aunque debería advertir que leyendo esta novela, pocas cosas serias podemos extraer de ella. Desde el comienzo, el libro me parece un completo despropósito, muy al gusto norteamericano a la hora de buscarle tres pies al gato, que sin embargo no supera una lectura rigurosa desde mi punto de vista (Por supuesto que para gustos los colores).

Así el arranque de la novela sucede cuando el Doctor Ricky Starks recibe una carta de un tal Rumplestilskin que dice:

Feliz 53 cumpleaños, doctor. Bienvenido al primer día de su muerte. Pertenezco a algún momento de su pasado. Usted arruinó mi vida. Quizá no sepa cómo, por qué, pero lo hizo. Llenó todos mis instantes de desastre y tristeza. Arruinó mi vida. Y ahora estoy decidido a arruinar la suya. Al principio pensé que debería matarlo para ajustarle las cuentas. Pero me di cuenta de que eso era demasiado sencillo. Es un objetivo patéticamente fácil, doctor. Acecharlo y matarlo no habría supuesto ningún desafío. Y, dada la facilidad de ese asesinato, no estaba seguro de que me proporcionara la satisfacción necesaria. He decidido que prefiero que se suicide.

Tras la carta, la vida rigurosa y tediosa del Doctor comienza a cambiar encaminándose hacia una pesadilla que se convierte rápidamente en infierno, pero que para librarse de ella tan sólo debe de adivinar el nombre de su acosador. Así pues el Dr. Starks deberá comenzar sus pesquisas y finalizarlas en el plazo de 15 días para evitar librarse de su acosos y de su suicidio. Sus investigaciones le conducen hasta el archivo de historias clínicas de una Clínica Psiquiátrica en la que había trabajado durante su juventud en la que se desarrolla el encuentro con el archivero de nuestro interés.

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Generando la egonet de tu weblog

Uno de los aspectos más positivos del mantenimiento de un weblog es, sin duda alguna, la creación de las redes sociales y temáticas que se forman entorno a éste. Desde luego que el seguimiento de estas redes es complejo y la recreación gráfica de éstas una tarea laboriosa y tediosa si se debe realizar a mano. A pesar de esto, en el ámbito de la Biblioblogosfera hispana, disponemos de un intento de recrear este tipo de redes que ya se presentó en las Jornadas ISKO que se celebraron en Barcelona y cuyo grafo puede ser consultado en el blog A propósito de. Os confesaré que después de todo, me hubiese gustado disponer de la egonet de El Documentalista Enredado. Seguramente, Bárbara Flores y Elisa Legerén, las autoras del estudio, me hubiesen proveído de esta egonet si se la hubiese solicitado sin excesivos probemas, sin embargo por aquel entonces poco sabía yo de ellas (de las redes) y de las posibilidades de éstas.

Como es fácil de suponer, después de tantos meses, nuestra egonet estará un tanto desfasada así que lo mejor sería disponer de una nueva, aunque precisamente tiempo no es algo de lo que disponga para la recopilación de datos. Pero siempre podemos localizar alguna herramienta en Internet que te pueda echar una mano y facilitarte la tarea , aunque tan sólo nos sirva como una aproximación.

TouchGraph GoogleBrowser es una aplicación diseñada en Java que permite la construcción y modelado de tu egonet de una forma asombrosamente sencilla. Indicando la dirección de la URL sobre la que quieres generar la red social, el sistema consulta el motor de búsqueda de Google para comprobar los enlaces que da y recibe la URL prefijada, además de establecer una relación entre ellos. Posteriormente, dentro de la interfaz se añaden nuevas características que hacen de esta herramienta un instrumento muy útil para el análisis de las redes sociales y curioso para los bloggers. Personalmente, creo que es simplemente genial.

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El «hábito» no hace al monje (o qué leemos y por qué)

Según la Encuesta de hábitos y prácticas culturales en España 2002-2003, los españoles, en una escala del 0 al 10, tienen una media de 5’7 de “interés por la lectura/literatura”. Ante este tipo de datos lo primero que me planteo es: ¿Qué quieren decir con «interés» por la lectura/literatura? A mí puede interesarme mucho la papiroflexia y no saber hacer ni un barquito de papel. Y, una media de interés de 5’7, ¿es un índice bueno o malo? Lo que sí deja claro todo ese cúmulo de datos, es que leemos más libros que hace unos años.

Para lo que no hace falta recurrir a encuestas o estadísticas, es para comprobar que nuestros gustos literarios han cambiado con los tiempos (The times they are a-changin’, como diría Bob Dylan). Seguramente existirán infinidad de factores para ese cambio, pero creo muy factible que el tiempo que dedicamos a la lectura y el lugar dónde leemos haya tenido mucho que ver. La aparición de nuevas formas de ocio nos han obligado a diversificar nuestro tiempo y la lectura ha sido relegada a un segundo plano, perdiendo la batalla frente a nuevos entretenimientos tecnológicos y audiovisuales. Quizá por eso, para muchos el único tiempo reservado a la lectura son los breves momentos en que no están “enganchados” a una pantalla: cuando van en metro.

Teniendo en cuenta el número de lectores que puede contemplarse en sus vagones, el metro se ha convertido en el último reducto de la cultura; y así parecen entenderlo también los que crean iniciativas como la del Bibliometro de Madrid. Para saber qué es lo más leído, ya no es necesario consultar las listas oficiales de libros más vendidos, basta con darse una vuelta por el metro (ese gran barómetro literario) y comprobar qué leen sus pasajeros.

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