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Mes: enero 2006

En la carretera, otra vez

Año nuevo, vida nueva, según del cristal con el que se mire, claro. En realidad, el año acabó para muchos el viernes 30 de diciembre puesto que finalizaba el contrato (o simplemente del acuerdo sobre el puesto de trabajo) que venían disfrutando hasta entonces. En efecto, después de seis meses, un año o dos años, trabajando en una empresa o en una institución pública o privada, creando expectativas, demostrando, o tratando de demostrar su valía, uno podría considerar que es el momento de que se le supiese apreciar convenientemente y que, finalmente, pudiese quedarse definitivamente en el puesto de trabajo que hasta ahora desempeñaba y que creía que se había ganado con su esfuerzo. Pero la realidad es otra y después de este tiempo de máximos y mínimos, el trabajador ya no resulta rentable económicamente para la empresa / institución y, en general, muchas de ellas deciden retomar el ciclo con otro trabajador, empalmando contratos laborales a distintos trabajadores uno tras otro para un mismo puesto y una misma función.

No hay que llevarse a engaño, ya que los propios responsables animan a seguir trabajando con un cambio de situación con distintos argumentos de futuro, a saber, que si un contrato mejor, que si una beca, etc. Sencillamente, aunque pueden llegar a materializarse en honrosos casos, se trata de tretas para que el trabajador no desespere y se cree unas falsas expectativas. Algunos, los primerizos, confiarán en ellas, sin embargo los más veteranos, y creo que ya hay suficientes de estos, no verán futuro y, resignados, comenzarán a buscar un nuevo trabajo acaso mejor, conformándose con algo peor.

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