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Mes: junio 2009

Los buscadores de Internet mienten

Cada vez con mayor frecuencia, los medios de comunicación exponen en las noticias los resultados que el Buscador, dejémoslo así, ofrece ante una consulta para apoyar la importancia de cierta tendencia, fenómeno emergente o personaje popular. Esta costumbre ya fue objeto de nuestra reflexión en un texto anterior, pero considero conveniente volver sobre ella para afirmar que estos datos se sustentan sobre unas mentiras intencionadas.

Una mentira que forma una estrategia de marketing de los tres buscadores principales (Google, Yahoo! y Bing -Antiguo Live, antiguo MSN-) para intentar capturar usuarios ofreciendo una mayor cantidad de resultados. No debemos olvidar que la tarea de indexar toda la Web constituye una tarea titánica que nunca se puede llegar a conseguir. De hecho, durante mucho tiempo Google señalaba la cantidad de páginas que tenía indexadas en sus bases de datos, hasta que retiró el dato de su página principal. El hecho es que la exhaustividad en esa obtención de información se antojaba como un componente más para demostrar la veracidad de los datos trasladando la idea quien tuviese la base de datos más grande podría ofrecer, al fin y al cabo, mejores resultados.

La semana pasada asistí a la jornada Innovadores sistemas de vigilancia tecnológica impartida por Prudencio Herrero celebrada en la Cámara de Comercio de Valencia que me demostró que todavía existen personas con una visión crítica de la tecnología que nos rodea. A modo de juego, nos enseñó la gran mentira de los buscadores donde lo importante es la apariencia.

El ejercicio que nos propuso pasó por buscar de distintas maneras el concepto de Vigilancia Tecnológica en sus distintas vertientes:

  • vigilancia tecnologica
  • vigilancia tecnológica
  • “vigilancia tecnologica”
  • “vigilancia tecnológica”

Las búsquedas se debían acometer en distintos buscadores en sus distintas formas, obteniendo resultados sorprendentes. En primer lugar, debíamos comparar los resultados ante los distintos términos en cada uno de los buscadores, para posteriormente compararlos:

Google

Yahoo!

Bing

vigilancia tecnologica

2.080.000

3.750.000

315.000

vigilancia tecnológica

615.000

3.490.000

315.000

vigilancia tecnologica”

157.000

925.000

1.810.000

vigilancia tecnológica”

158.000

826.000

1.810.000

Como podemos comprobar, los resultados se demuestran como un tanto dispares dependiendo de cómo acometamos la búsqueda y, sin embargo, completamente falsos y sin poder comprobarlos, porque en general los buscadores no nos dan más allá de los primeros 1000 resultados.

Así pues, porqué no buscar algo más específico, probemos con el libro de Pere Escorsa y Ramón Maspons, “De la Vigilancia Tecnológica y la Inteligencia Competitiva” utilizando la ecuación vigilancia tecnológica escorsa maspons y comprobemos hasta dónde llegamos. Debemos tener en cuenta que llegado a cierto punto, los buscadores nos invitan a realizar las búsquedas de nuevo sin que se eliminen ciertos resultados muy similares que son omitidos automáticamente, pero aún así desde la cantidad inicial que se nos ofrece hasta la real recuperada correspondiente a la última página, los resultados van menguando.

Resultados iniciales

Resultados reales (Última página de resultados)

Resultados sin omisiones

Resultados reales sin omisiones (Última página de resultados)

Google

885

271

876

491

Yahoo!

921

195

921

421

Bing

316

181

No procede

No procede

NOTA: La muestra se realizó el 30 de junio de 2009 en los sitios web:

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Soy un adicto a las estadísticas…

¿Es grave, doctor? Hace unas semanas que no las consultaba, siempre bloqueadas sin razón aparente, desconectadas, enfurruñadas. Puede que se tratase de un error de mi ordenador, – sí, sí reinicié y comprobé si se encontraba conectado a la red –, puede que el fallo se encontrase en mi conexión – ahora es la Red –, dejemos a parte si era por aquí o por allá. Pero así andaba yo, sin referentes, ¿qué andarán haciendo mis visitantes? ¿Seguirán acudiendo a aquí o se habrán ido a otra parte?

Así que, doctor, de repente me vi sometido a una especie de sopor. Ya nada me importaba, escribir se me antojaba una tarea titánica, las musas, si es que alguna vez dispuse de alguna de cualquier tipo, decidieron marcharse a torrarse a la playa. Lo intenté todo, ¿sabe usted? Intenté probar con Google Analytics, pero me decepcionaba, no disponía de los datos a tiempo real, traté de seguir su consejo probé con Reinvigorate pero a pesar de sus colores tan atractivos y su formas sinuosas, mire usted, que no, yo quería mis estadísticas del Statcounter de toda la vida.

Sí, lo sé, lo sé. Sólo dispongo de acceso a los últimos 500 registros, que pueden ser muy escasos, pero quién quiere saber lo que hicieron las últimas 10,000 visitas. Ellos se pasean y yo me paseo por las huellas que van dejando de forma inconsciente antes de que las olas de las playas emborronen su trazada. Pero, ¿no es eso lo que hacemos todos aquellos que nos paseamos por la web como si eso fuese algo que llevamos haciendo toda la vida?

Pero es que los quiero ver, descubrir qué páginas son las más populares, si lo que recién escribo tiene su pequeño momento de gloria a pesar de ser efímero, si el ir de aquí para allá me inspira realmente o me encuentro más obsoleto de lo que realmente me siento.

¡Ay doctor! Que casi me abandono, que me dejé de tomar las estadísticas y casi me pierdo, tirando la toalla. Pero no me culpe, se lo prometo por los disgustos que este blog me ha aportado. Que yo lo quiero mucho, pero que me hace pasarme estas tardes de verano replanteándome si la Internet va a la izquierda o a la derecha, si arriba o abajo, o simplemente no va. ¿No le recuerda un poco a su vida?

Pero no se preocupe mi querido galeno, que estas pastillitas ya no se me olvida ingerirlas nunca más, aunque se traten de veneno. No sea que de dos semanas pasemos a un mes y me dé por olvidarme qué es eso de darle al botón de publicar sin percatarme de que el blogueo, si se quiere, no da beneficios, salvo un momento pequeño de adrenalina del no saber qué se está diciendo.

Por cierto, ¿tiene algo para eso?

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La revolución infiltrada

A tenor de lo sucedido en las últimas semanas, podemos asegurar que Internet ya ha alcanzado la mayoría de edad. El invento transmisor de ideas más importante desarrollado desde la difusión de la imprenta por Gutenberg ya nos ha cambiado para siempre, irremediablemente. El Mundo asiste estupefacto a las revueltas sociales en Irán tratando de etiquetarlo mediante el uso de herramientas, la revolución Twitter (que se dio previamente en Moldavia), pero no podemos olvidar que también las imágenes y los vídeos son fundamentales para poder entender lo que está sucediendo.

Es la revolución del mensaje corto, sólo 140 caracteres pueden ser utilizados en Twitter, que facilitan el intercambio rápido de la información, casi telegráfico, la creación de un espacio para la organización y poco más. El Gobierno iraní trató de limitar el posible efecto de las elecciones presidenciales cortando la posibilidad de enviar SMS a través de los móviles preveyendo quizá el descontento social, como ya se había dado en otros países en otras circunstancias, pero su Sociedad se les había adelantado, siempre un paso por delante de los Gobiernos y se organizaron de forma rápida. Acudieron a la Web, a las herramientas que no fueron cortadas tras percatarse que la comunicación del descontento iba por otras vías.

Si las industrias audiovisuales descubren cómo el modelo de negocio se les escurría entre los dedos, no pudiendo impedir que sus productos se distribuyan de forma casi gratuita por los internautas, qué podría suceder con las ideas y los sentimientos de los ciudadanos.

Mientras tanto los medios de comunicación, muchos de ellos expulsados de Irán por las autoridades, luchan para entender el fenómeno donde no son ellos los que distribuyen la información, tratando contrastar las informaciones que se dan y aportan desde dentro. Contemplan estupefactos esa revolución porque no son ellos los que persiguen la noticia, no pueden contrastarla, han sido apartados de ella, pero deben de darla. Es el momento definitivo del periodismo ciudadano, de la utilización de la Web como medio de comunicación sin barreras, que se encontró denostado durante estos últimos años y que en épocas de agitación se revuelve contra los cánones establecidos; demostrándose que la información se abre camino a pesar de las muchas barreras que se le puedan interponer.

Hoy, asistimos a la madurez de la Web, a su asimilación por la sociedad, al traspiés de los medios de comunicación como vehículos del descontento social y como transmisores del mismo, aunque eso sí no de su análisis ni interpretación ni contextualización que no deja de ser una honrosa y titánica tarea. De momento, veremos en qué acaba.

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Escepticismos

En los viejos tiempos, cuando tenía que realizar una redacción dentro de un examen de inglés, siempre nos ofrecían dos opciones y siempre me decantaba por el relato corto. Odiaba los formalismos de las cartas, ya fuesen de reclamaciones o de otra índole, y de otros textos de estructura más o menos reglada como los textos de opinión (De viajes o ciudades por ejemplo). En aquellos pequeños relatos me sentía como pez en el agua retorciendo las historias hasta límites insospechados forzando el “nada es lo que parece”, aunque se trataba de un arma de doble filo porque en ocasiones el profesor te ofrecía unas primeras líneas (que previamente debías comprender) para posteriormente proseguir el discurso.

El número final de palabras del texto, en general de 250-300 palabras, no constituía un problema para mi, a pesar de que debía de ser consciente de que escribir más de lo exigido podía desembocar en más faltas gramaticales y ortográficas por lo que acabaría penalizado en la nota final del ejercicio escrito. En ocasiones, recibía felicitaciones por la trama del relato, incluso en mis 14 una profesora creyó ver en mi un futuro escritor. Sin embargo, yo siempre supe que no me dedicaría a pulir las palabras en la ficción, porque las historias no emergían de mi sino más bien de imposiciones de otros. Puede ser que la literatura no constituya un horizonte porque no haya vivido lo suficiente para comprender lo que es realmente la vida o simplemente es que ese reto no va conmigo.

Hoy en día, escribo en otros registros y como entonces me siguen imponiendo longitudes exactas de texto. No importa realmente si son 500 o 3000 las extensiones máximas en palabras, siempre patino en el exceso. Es posible que mi desafío actual sea precisamente en ser más esquemático y no andarme por las ramas. Imposible.

No me puedo imaginar los viejos tiempos en los medios de comunicación impresos. Aquellos cuando los periodistas escribían en Olivettis, cuando el traqueteo de las pulsaciones de las varillas sobre el papel y el tintineo del fin de línea inundaban las redacciones. Entonces, como en la mayoría de los casos actualmente y aunque parezca mentira, se escribía con los dedos índices, auscultando los teclados para no tener que recurrir con demasiada frecuencia a las tiras blancas que disponían del uso de los actuales Tippex. En el papel pautado que entonces se ofrecía a los periodistas para la exposición de las noticias, las líneas estaban medidas y contadas, disponías de diez y no podías sobrepasarlas. Nada de intentar engañar la vista de los lectores reduciendo el interlineado o disminuyendo un punto el tamaño de la letra como se hace actualmente con la informática. Puede que el resultado fuese más negro y compacto, pero si hay que contarlo todo mejor así que telegráfico.

Es curioso que en mi juventud me gustase escribir ficción en los Writings, y que hoy me dedique a escribir textos que se alejan tanto, o no, de la ficción. La semana pasada me pidieron otro texto profesional, tema libre, y cuando me situé en serio frente a la hoja en blanco me costó sólo dos horas darle el enfoque y dejarlo en 600 palabras (100 más que el límite).

Hoy, me pregunto si sigo siendo un fabulador que se acoge a las primeras líneas compuestas por otros o simplemente un observador demasiado escéptico del mundo que nos ha tocado compartir.

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¿Es la web social el inicio del declive de Google?

Antes que nada debo puntualizar a que me refiero a Google y su buscador, sobre el que sustenta buena parte de su modelo de negocio y uno de los productos que no va a permitir que se quede obsoleto. Sin embargo, puede suceder que los cambios en los hábitos de los internautas condenen al buscador a cambiar, a buscar alternativas, porque de lo contrario puede encontrarse con que puede estar perdiendo la eficiencia de la que disponía antaño.

El éxito de Google se fundamenta en que entendió cómo funcionaba la Red, comprendió cómo funcionaba su ecosistema de información sustentado sobre enlaces. Cuando el resto de buscadores trataban de realizar un análisis documental de los textos para posicionar sus resultados analizando la densidad de ciertas palabras dentro de los documentos en HTML, Google entendió que lo que realmente había que hacer era analizar los votos que recibía cada documento contando los enlaces que redirigían a él y la manera cómo lo hacían. De esta manera, si una página sobre una temática era más enlazada que el resto, Google consideraba que era ésta la merecedora de aparecer en la primera posición frente a cierta ecuación de búsqueda.

Este razonamiento sencillo, muy pulido mediante su algoritmo, supuso toda una revolución a la hora de recuperar información en la Red. Frente a la descripción del contenido mediante etiquetas (Meta Tags) o el propio texto del documento, Google añadió un elemento más que le otorgaba mayor peso, pasando a pies juntillas de los intentos de establecer estándares para la descripción humana de los contenidos web. Obviamente, el buscador no lo eludió del todo, puesto que el contenido y cómo se dispone todavía es importante para Google, sin embargo el factor determinante pasaría a ser otro y el buscador se convertiría en el rey dentro de esa economía de enlaces.

Tanto es así que actualmente las directrices de Google a la hora de describir y etiquetar enlaces, más o menos opacas, sirven de mandamientos para los webmasters a la vez que los SEO se pelean en un intento de desentrañar el enigma del algoritmo de Google. Sin embargo, puede ser que el buscador se enfrente a un mayor desafío y que puede en un futuro sea vital para la vigencia de su tecnología: Los cambios en la forma que los internautas intercambian información.

Porque no podemos llevarnos a equivocación, la Web 2.0 desarrolló la economía del enlace hasta extremos insospechados. Los blogs, los wikis y los sistemas de filtrado social de información todavía utilizan la forma tradicional de enlazar documentos dentro de la Web, sin embargo los nuevos desarrollos dentro de la Web Social están cambiando las maneras de actuar de los internautas, pudiendo llegar el caso de que tengan un efecto decisivo a la hora de que Google desarrolle su producto y posicione distintos tipos de información por encima de otros.

Debemos tener presente que los hábitos informacionales de los internautas más activos y avezados están cambiando. Hoy en día, se considera que el buscador desarrollado por Twitter es la forma de mantenerse informado y actualizado sobre las nuevas tendencias, sobre los hechos más relevantes, considerado por algunos como incluso más actualizado por Google. Porque hoy en día, se tuitea mucho más rápido que se bloguea, perdiendo perspectiva sí, pero transmitiendo el hecho más que reflexionado sobre él. La blogosfera, aquella masa pensante, se abandona por la inmediatez del telegrama, absorbida por la necesidad de ser el primero buscando la aspiración de los tradicionales medios de comunicación.

Por el camino nos dejamos el tradicional enlace, en Twitter ya no se cita la fuente directamente, sino que se utiliza un intermediario, un acortador de URLs y los problemas derivados de su utilización, para que el telegrama y su posible ampliación quepan en 144 caracteres. Dentro de esto, los SEO se preguntan si realmente Twitter permite posicionar mejor, mientras Google presiona para que los sistemas de microblogging pasen por su rodillo y utilicen el atributo Nofollow, para que sus bots no se pierdan en un marasmo de contenido breve y sin demasiado jugo que extraer.

Mientras tanto existe un reto mucho mayor que se le presenta a Google, un pedazo de la Internet Invisible como lo son las redes sociales. De esta manera, al mismo tiempo que la red social Facebook intenta convertirse en un Twitter ampliado, la información y la recomendación que se daban en una web abierta se desplazan lentamente hacia este sistema. ¿Cuántos enlaces se intercambian dentro de las redes sociales y sus foros inalcanzables para Google? ¿Cuántas recomendaciones se envían? ¿Cuantos enlaces se colocan en los muros y espacios de sus usuarios?

Infinitos, mientras las arañas de Google no pueden franquear ese muro. La privacidad de este tipo de redes sociales manda a la vez que aumentan su tráfico y su volumen, atrapando y fascinando a sus usuarios por partes iguales. De este modo, Google podría encontrarse con que la Red abierta poco a poco languidece, doblegándose por su sencillez de uso y su masa crítica.

Ante esto la pregunta es si las redes sociales son una moda o una tendencia y el impacto que tendrán sobre el futuro y la forma de entender la Web.

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La información en sí no es poder, sino la administración y la coordinación razonable de la información

[…] Para comprender de inmediato lo que la Red significa basta con explicar que, hoy en día, toda la información disponible en el mundo está en ella, al alcance, en principio, de cualquier ciudadano conectado al sistema y que tenga las habilidades y capacidades necesarias para servirse de él. El viejo sueño de la biblioteca universal parece así cumplido: todo el saber coleccionado, archivado, ordenado, a disposición de los usuarios. Pero, además, se trata de un saber dinámico, interactivo, dialéctico, en continua expansión gracias a la intervención de esos mismos usuarios. Un hecho así convierte en anticuado el adagio de que quien tiene la información tiene el poder, porque la información se ha convertido casi en un bien mostrenco, o en un bien público, al servicio y disposición del común de los mortales. Esta reflexión mía, hecha al hilo de una conversación con Felipe González que dio lugar a un libro de éxito, justifica otra más seria del ex presidente del gobierno español: “No somos capaces de comprender -dice- que ya la información en sí no es poder, sino la administración y la coordinación razonable de la información, para obtener resultados operativos. El liderazgo no se demuestra por disponer de información sino por la capacidad para producirla y utilizarla”. […]

CEBRIÁN, Juan Luis. Gacetilleros, gansos y embaucadores. En Diario El País, domingo 31 de mayo de 2009.

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El servicio de documentación de un medio impreso regional: evolución en el diario Levante-EMV

Ha tardado un poco, pero ya tenemos en nuestras manos el nuevo número de la revista El Profesional de la Información dedicado a la documentación y medios de comunicación. Como no podía ser de otra manera, habiendo desarrollado buena parte de mi vida profesional en el diario Levante-EMV y perteneciendo esta bitácora a su Red de Blogs, propuse al responsable de la sección de Documentación del periódico, Alfonso Rodero, la redacción de un texto donde se abarcase cronológicamente las distintas etapas y formas de trabajo por las que el servicio ha pasado. Por otra parte, ya recogimos un texto de Alfonso hablando sobre el trabajo de documentación en el diario.

Confío en que el texto, que tiene por título El servicio de documentación de un medio impreso regional: evolución en el diario Levante-EMV, resulte de vuestro interés y que, junto al resto de los artículos, ayude a ilustrar el no siempre conocido mundo de la documentación informativa que se desarrolla en España. El índice de este número de la revista es el siguiente:

  • Elegía del centro de documentación de prensa – Nora Paul
  • Evaluación de hemerotecas de prensa digital: indicadores y ejemplos de buenas prácticas – Javier Guallar y Ernest Abadal
  • La memoria como criterio de valoración de calidad en el ciberperiodismo: algunas consideraciones – Marcos Palacios
  • Influencia de la fotografía digital en los departamentos de documentación de prensa – Juan-Miguel Sánchez-Vigil, Juan-Carlos Marcos-Recio y María Olivera-Zaldua
  • Periodistas que ejercen de documentalistas (¿y viceversa?). Nuevas relaciones entre la redacción y el archivo tras la digitalización de los medios – Josep-Lluís Micó-Sanz, Pere Masip-Masip, José-Alberto García-Avilés
  • Recuperación de secuencias de información audiovisual con rdf y smil – Jorge Caldera-Serrano y Rodrigo Sánchez-Vicente
  • 2018: ¿Diarios en dispositivos móviles? Libro electrónico, tinta electrónica y convergencia de la prensa impresa y digital – Javier Díaz-Noci
  • Automatización de las bases de datos: potencialidades de herramientas básicas para otro periodismo posible – Xosé López-García, Carlos Toural-Bran, Xosé Pereira-Fariña y Suzana Barbosa
  • El servicio de documentación de un medio impreso regional: evolución en el diario Levante-EMV – Marcos Ros-Martín y Alfonso Rodero-Susiac
  • Apuntes sobre la documentación en el diario El país – Juan-Carlos Blanco-García
  • Servicio de documentación digital de la Televisión del Principado de Asturias (TPA) – Belén E.-Nora-González, Cristina Patallo-Fernández y Marcela Pastor-Blanco
  • De la videoteca al robot pasando por Tarsys. Nuevos sistemas de gestión multimedia en Radiotelevisión valenciana – Lola Alfonso-Noguerón
  • El documentalista de programas de televisión: horizontes profesionales – Silvia Ripoll-Mont y Luisa Tolosa-Robledo
  • Los nuevos diarios digitales. Entrevista a Mario Tascón – Javier Guallar
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