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Mes: diciembre 2010

Quién se responsabiliza de los comentarios en las webs

No es la primera ocasión que desde aquí reflexionamos sobre los comentarios que los usuarios dejan en nuestras publicaciones digitales. Así, nos hemos detenido en reflexionar sobre los comentarios desde el punto de vista del bloguer, como una gestión cuidadosa y rigurosa que enriquezca el debate y, por otro lado, desde la visión de aquel que realiza un comentario que puede ser polémico, que realiza una denuncia grave, no siendo tal vez una publicación de estas característica el mejor foro para lanzar una acusación grave y por tanto teniendo que censurar algún que otro comentario.

El debate sobre los comentarios que se dejan en las webs es bastante apasionante e incluso la Justicia ya ha tenido que pronunciarse sobre si los comentarios dejados en la web de otros son delito o no, si se debe hacer responsable el webmaster de opiniones dejadas por otros o no. El debate es especialmente activo y profundo cuando los comentarios se producen dentro del marco de un medio de comunicación e incluso cuando los comentarios afectan a otro. El diario El País en un ejercicio de transparencia que siempre es de agradecer y gracias a su figura del Defensora del Lector nos ofrece una visión de lo que se cuece dentro de los entresijos de un gran medio de comunicación y los retos a los que se enfrentan los periodistas en su día a día.

En el caso que nos ocupa han sido dos los textos que recogen cómo se gestionan los comentarios de la página web de El País, que al encontrarse externalizado en otra empresa en más de una ocasión ha sido motivo de la publicación de un artículo por parte del Defensor del Lector. Por otro lado, el diario también ha publicado su guía de moderación de comentarios para sus lectores que les pone sobre la pista de cómo deben realizar sus comentarios y evitar de esta forma que no se acaben publicado.

Por otro lado, permitidme que os recomiende la lectura del artículo de Pere Masip, Comentarios de las noticias, la pesadilla de los cibermedios, publicado en Thinkepi donde se trata con profundidad cómo se gestionan los comentarios en distintos medios de comunicación digitales españoles.

Un comentario

Estamos juntos en esto

Estamos juntos en esto

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Colaborando en el superblog “Neumattic”

Blogs y medios, territorio salvaje es el segundo texto que publico en Neumattic, un blog fruto de los fundadores del anillo de blogs Minoic. Neumattic, que comenzó a estar on-line a principios de noviembre, publicó mi primera colaboración bajo el título La búsqueda se hace social y dispone de un elenco de colaboradores bastante impresionante. De hecho, en ocasiones, me he sentido abrumado por el peso específico que tienen en la blogosfera los mismos.

Este superblog, tal y como lo describen sus administradores, tiene como fin:

El objetivo principal es elaborar un producto ‘blog’ integral que aune las opiniones de un amplio abanico de la blogosfera española en torno a temas esenciales: blogging, wordpress, programación, copyleft, aplicaciones web, iphone, ipad…y en general cualquier tema relacionado o tangente con estos, siempre que se aborde desde la originalidad en los contenidos y la estricta opinión personal.

Con esto se pretende posicionar el nuevo ‘producto blog’ como referente y punto de encuentro de la blogosfera española especializada, y destacar a Minoic como ente/producto de referencia en su campo.

Nos vemos aquí, de vez en cuando, y en Neumattic, una vez al mes.

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Somos lo que nos dejen (y queramos) ser

Cuando empecé en este mundo, siempre confié en que mi vida profesional iría por otros derroteros más allá de los que marcase la Biblioteconomía. No es por desmerecer a todos los profesionales que trabajan en esos centros de información y su excelente trabajo, pero tuve que aguantar muchas guasas del tono “pero, ¿para eso hay que estudiar?” cuando trataba de explicar mi carrera universitaria. Obviamente, mi pensamiento se desplazaba hacia ese “más allá”, aunque resultaba mucho más sencillo explicar los conocimientos que adquiría en la universidad centrándome en las bibliotecas o en los archivos.

Nadie nace aprendido y para nosotros cada trabajo es un reto. Puede que ese reto fuese lo que más me gustó de la carrera y, por ello, abandoné Químicas por aquel incierto futuro. Maria Elena Mateo, que de vez en cuando se acuerda de publicar aquí, escribió hace tiempo un texto en el que nos relataba cómo había encarado un nuevo trabajo, en este caso como documentalista sobre un proyecto relacionado con la sanidad. ¿Qué sabe ella de enfermedades? Probablemente poco, pero aprende rápido.

Ésa es la mejor actitud ante los desafíos que nos impone nuestra profesión y la que muchos neófitos olvidan adoptar. Estoy cansado de abrir los ojos a nuevos profesionales que recién acaban la carrera universitaria, a abofetearles con la más cruda realidad, aunque lo peor de todo es su indulgencia. Desde “estudio Biblioteconomía porque no pude meterme en la carrera X” a “estoy aquí porque mi madre me dijo que estudiase esto”. Muchos estudiantes de Biblioteconomía creen que estudian para funcionario, como si la universidad fuese la mayor y mejor escuela de oposiciones y como si su visión de esta profesión no fuese más allá.

Me decepcionan, pero también me decepciona que esta misma universidad no les abra los ojos. Hay mucha vida para los profesionales de la información que han estudiado la ya extinta diplomatura de Biblioteconomía y Documentación, pero hay que saber encontrarla. Lo que no se puede es negarse a realizar un trabajo porque no se les enseñó, porque no les dijeron, porque no les interesa aprender. La universidad debe ofrecer esos instrumentos para encararse a un mundo laboral muy competitivo y extremadamente cruel para aquellos que no desean aprender más allá de lo que se les contó.

El pasado domingo leí una carta enviada a El País sobre un trabajador que deseaba tomarse un año sabático pero que consideraba que en el mundo anglosajón estaba bien visto, aunque aquí no. La contestación fue categórica, un año es demasiado tiempo y el mundo se mueve muy rápido. Es decir, no podemos relajarnos, debemos estar despiertos ante los nuevos cambios, debemos seguir avanzando como profesionales.

En este nuevo entorno tecnológico hiperconectado, los gurús consideran que los primeros puestos de trabajo que caerán serán los administrativos porque ya no es tan importante saber ordenar y clasificar la información para saber encontrarla. Las máquinas ya hacen buena parte de ese trabajo y cada día lo harán mejor. Sin embargo, hay que entender cómo funciona ese mundo, cómo se genera, cómo se produce, qué es lo que hace que la rueda gire. El nuevo grado medio universitario de Información y Documentación, ya se sustrae de la palabra biblioteconomía. La información hay que gestionarla, no archivarla hasta que puede que alguien la necesite, hay que desarrollar nuevas aptitudes ante nuevas necesidades. Mantener la mente abierta y saber adaptarse a los cambios.

¿Es imposible? Que se lo pregunten, por ejemplo, a Julian y Javier. Impossible is nothing.

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Wikileaks: Incluso el emperador está desnudo

El portal Wikileaks anda estos días sacudiéndole a la mayor potencia militar del mundo con sus secretos a través de los cables diplomáticos utilizados a través de su red de comunicaciones (SPIRNet), mientras los medios de comunicación babean, literalmente, por la calidad y cantidad de los secretos revelados. Aunque algunos periodistas consideran que la mayoría son meras anécdotas, por ejemplo que Gaddafi sea tan aficionado al Botox o que Hillary Clinton solicite una evaluación psicológica de la presidenta de Argentina, lo cierto es que andan sorprendidos por el torrente de informaciones que les deja sin respiro a ellos y a sus lectores.

Algunos consideran que tal es la cantidad de información que se está filtrando lentamente, o acelerádamente según se mire, que se puede caer en la infoxicación, que no podamos digerir ni ellos ni nosotros. En este Cablegate, como se ha denominado a esta filtración informativa, nos encontramos con dos planos a la hora de percatarnos de lo vasto de lo publicado, por un lado toda la avalancha informativa y de datos cada cual más sorprendente o indignate; y por el otro que la gravedad de lo publicado quede en nada aparentemente, aunque soterradamente el sistema de información diplomático se vea sacudido en sus cimientos.

La crítica hacia Wikileaks, más allá de poner al descubierto cómo se trabaja en el ámbito diplomático o la cierta connivencia de ciertos poderes públicos con la superpotencia, se centra en el modo que en esta ocasión la Web ha decidido filtrar la información. En una de las filtraciones anteriores, como la documentación sobre la guerra de Iraq del Pentágono, el portal simplemente liberó la documentación. En esta ocasión, su modus operandi ha cambiado, seleccionando cinco medios de comunicación publicar lentamente esta filtración en esta ocasión, coordinándose y filtrando qué es lo publicable y qué no lo es, qué puede ser dado a conocer a la luz pública y qué no.

El Periodismo Ciudadano puede verse puesto en solfa en esta ocasión, ya que son los medios los que digieren la documentación que la fuente les ofrece y la ponen en contexto. Es decir, la difusión de la información filtrada ha evolucionado conscientes de que de esta manera el impacto mediático será mayor y no tan atribulado como en anteriores ocasiones. Y, mientras los medios de comunicación tradicionales reencuentran su sitio en un mundo globalizado en el que cualquiera puede publicar sus opiniones y conocimientos y obtener reconocimiento precisamente por el nivel de sus aportaciones, lo que queda de las cenizas de este Cablegate es quizá un mundo más transparente.

Mientras en las pasadas décadas, las filtraciones los documentos se tenían que robar uno a uno (fax a fax, fotocopia a fotocopia), el volumen del mismo era casi despreciable. Sin embargo, actualmente el volumen de los documentos robados puede ser ingente y gigante sin apenas ocupar sitio en el bolsillo (Un CD-Rom, un pendrive). Tal es la cantidad y su calado que cada cual debería preguntarse si es ético para el sistema democrático actual que se quede completamente desnudo.

Curiosa situación en la que son los propios estados los que quedan desnudos por el propio sistema que han creado, al igual que nosotros en las redes sociales o en los mismos aeropuertos. Una paradoja o una ventaja de los tiempos que corren.

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