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Mes: noviembre 2011

La asincronía de la Redacción de prensa también llega a Documentación

Periódicos en tabletasEl profundo debate sobre las redacciones integradas, separadas o mixtas en el que llevan inmersos los medios de comunicación impresos tras la irrupción de la crisis económica ya hace más de un lustro -Aunque debemos tener presente que la crisis del modelo económico de los medios ya se preveía durante la crisis del año 2000-, no ha podido dejar de salpicar a otros trabajadores auxiliares de la misma como, fundamentalmente, los documentalistas de prensa. Puede que nos contituyamos como una rara avis según los años vayan venciendo, algo prescindible según los automatismos y, ¡albricias!, los técnicos informáticos aseveran que los sistemas de gestión de información pueden recuperar la información de forma rápida y sencilla -Disculpadme la ironía-. Sin embargo, desgraciadamente, los efectos de esta transición ya van salpicándonos lentamente incluso en aquel bastión que nos quedaba y que nos diferenciaba para realizar un producto de calidad: La documentación de texto.

Porque el archivo de un medio de comunicación impreso constituía su memoria, el lugar al que acudir para repasar temas, para obtener ese dato que de otro modo sería terriblemente complicado conseguir de otra fuente documental, para comprobar si cierta pieza de información se ha publicado o simplemente para contrastar cómo se publicaron. Pero la diferenciación de las redacciones, la impresa y la digital, provoca que el producto final no sea ya un producto totalmente integrado, sino más bien un producto difuso que se quema nada más salir de la imprenta. Ya no se trata de que lo que se publicó ayer, hoy está pasado, sino que aquello que se publicó esta mañana a las 6 de la madrugada, a las 12 del mediodía ya ha sido machacado por la actualidad. Este proceso acelerado convirte al papel en un producto del siglo XX que parece deshacerse cuando es tocado, que pierde valor irreflenablemente según el segundero avanza inexorablemente.

En el plano de la documentación de prensa, ya no resulta suficiente almacenar lo impreso, hay que controlar también lo que se publica en digital. La negación de lo obvio sólo puede llevarnos a disgustos, mientras que esa parte de la plantilla crece en recursos humanos y va adquiriendo mayor importancia mientras absorbe otros. Estaremos completamente ciegos y seremos unos incautos si consideramos que la solución de todos los males digitales pasa por Google. Si convertimos a este buscador, o cualquier otro, como único medio para recuperar informaciones atrasadas sin un mínimo de tratamiento documental, caeremos en los consecuentes peligros que ello conlleva y bien conocidos por todos.

El futuro debe contemplar necesariamente la integración de los procesos de producción del producto informativo de tal manera que las informaciones se encuentren integradas y sean fácilmente trasladables de un formato a otro (Web, papel, móviles, tabletas…). En definitiva, que la presentación no prevalezca sobre el contenido. Nuestra batalla diaria.

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Privacidad de la lectura

[…] Leer de una manera anónima no parece ser algo anómalo todavía, pero las cosas cambiarán a medida que evitemos entrar en las bibliotecas públicas y empecemos a tomar prestados los libros a través de Amazon y de Barnes & Noble. Aquellas nunca pensarían en vender nuestros datos a terceros; estos últimos no se lo pensarían dos veces. Es más, nos darían cupones para compartir nuestros hábitos de lectura. Todo ello es parte del gran envite de Silicon Valley por un consumo lo más «conectado» y transparente posible. Y que funciona: demasiado a menudo compramos cosas que amigos nuestros nos han recomendado online -e inmediatamente les contamos qué hemos comprado, creando circuitos de realimentación que hacen que conceptos como el de «consumo ostentoso» parezcan inadecuados. En esta nueva economía rica en datos, servicios como Facebook emergen como poderosos intermediarios que siguen la pista de nuestros más íntimos pensamientos, inquietudes y aspiraciones, desde la cuna a la tumba, y que van a sacar provecho de tales intimidades mediante la publicidad dirigida. […]

MOROZOV, Evgeny. El anonimato en la Red. [En línea] Madrid, Diario El País: Domingo, 27 de noviembre de 2011 < http://www.elpais.com/articulo/opinion/anonimato/Red/elpepiopi/20111127elpepiopi_11/Tes > [Última consulta: 28 de noviembre de 2011]

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Este pequeño gran mundo

Little_World..jpgLa leyenda urbana según la cual el Documento Nacional de Identidad (DNI) señala cuántas personas se llaman exactamente de la misma manera que su propietario podría señalarnos esa necesidad que tenemos de encontrarnos con nuestras antítesis, en la comparación de otros “yoes” en un tour de force en el que el otro sería mejor o peor que nosotros mismos. Tenemos la necesidad de compararnos, para acabar mejor o peor parados, aunque por supuesto y simplemente por esa necesidad innata de comunicarnos.

Ya conté mi experiencia y mi sorpresa con mi “hermano “, Miguel Ros Martín, que curiosamente se puso en contacto conmigo y que descubro con alegría a la hora de redactar este texto que se encuentra trabajando en Tuenti. También me he cruzado con algunos “Marcos Ros” en mi vida (a uno de ellos incluso le adjudicaron una publicación mía) ya se trate de forma virtual como real y siempre he sentido cierta simpatía hacia ellos. Desde el concejal que lucha conmigo por posicionarse en Google hasta aquel que su vida social se cruza conmigo en Twitter o en Facebook, todos ellos son completamente desconocidos para mí, aunque tal vez en algún futuro no lo lleguen a ser tanto.

Miguel Ros contactó conmigo, pero no fue el único “Ros” que lo hizo. Hace ya un tiempo, recibí una carta bastante simpática de un emigrado que aseveraba que “Ros” éramos pocos. ¡Ojalá fuésemos los menos! El último contacto con un “familiar” se produjo hace unos meses y además de casi describirme su genealogía – No llegué a ninguna conclusión con ello -, reclamó para sí algunas características del trabajo y personalidad de los “Ros”.

Más allá de estas simpáticas anécdotas de las que obviamente hice partícipes a mi familia, con cierta sorpresa para alguno de ellos, me llevan a reflexionar la horizontalización que produce Internet, o Google como deseeis, en nuestra sociedad. Ya no existen barreras, cualquier persona podría reencontrarse con su familia tirando un poco del hilo que Arachné tejió lentamente para él. Sólo hay que rascar un poquito.

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