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Mes: diciembre 2012

Ahora que me voy poco a poco sin quererlo

“Esto ya no es como lo conociste”, me dijo el redactor mirándome a los ojos y con un gesto circunspecto. Sólo pude darle la razón, una parte de mi, se había ido lentamente, en el transcurso de los días, más bien de los meses. Tan despacio, tan sin quererlo, que la pérdida la había hecho mía, demasiado mía. Cuando me paseé por última vez, los pasillos me parecieron vulgares, como si el peso de las vivencias que se encaramaban por cada rincón ya no tuviesen importancia. Como si ya fuese terriblemente tarde.

Nos gustaría que las cosas acabasen justo cuando queremos. Como si nuestra voluntad pudiese sellar los hechos que en ocasiones desean andar solos. Imagino que no nos gusta permitir que el tiempo desgaste las situaciones o los lugares, tratando de fijar en mis recuerdos esas últimas veces que todos conocemos y otros, por fortuna, puede que no.

Pero, como todos bien sabemos, hay cosas inevitables, que el tiempo dobla aunque se fundan con el acero más fuerte. El devenir de los días, las responsabilidades, las ocupaciones, los intereses, los silencios, los olvidos, los quiero y no puedo, los estoy vacío, los lo haré luego, los qué dirán, los no me importa ya…

En ocasiones creo que ya no puedo escribir más, que ya no soy aquel que empezó con un proyecto web, que acabó escribiendo un blog y que el blog le enseñó que nunca hay que darse por vencido. Nunca lo hice. Sólo que me perdí creyendo que podría escribir como entonces, que sería el primero en reflexionarlo, en contarlo, en creerlo. Ya no hay necesidad de eso. Todo está escrito ya, todo está machacado y digerido antes de que me pueda sentar enfrente del ordenador y ponerme a corregir las letras que me señalan como un redactor torpe y presuroso.

Ya no puedo sorprenderos, sólo sorprenderos cuando presiono el botón “publicar” y recordaros que una vez estuve aquí, que una vez estuve dispuesto a darlo todo por aprender, por construir, por disfrutar con la reflexión, con los cambios y con los terribles retos que nos aguardaban frente al cambio tecnológico. ¿Qué será de esos libros? ¿Qué será de esos redactores ocupados y disgustados por hallar aquello que ya fue dicho?

Me hubiese gustado habéroslo contado, pero puede que ya no sea ocupación mía hacerlo. Si éste es mi adiós, al menos decido que así lo sea, si no lo es, será estupendo seguir con ello. Al menos hoy, puedo decir que me fui lentamente, sin querer haberlo hecho del todo.

Sí, ésta es una nueva etapa y, desde luego, que va a ser apasionante.

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