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Mes: diciembre 2013

La privatización de las bibliotecas públicas

Public Library Privatization

La primera impresión puede que sea un oxímoron, algo que por su propia naturaleza es incompatible con el término que le acompaña, sin embargo la corriente de la privatización de bibliotecas públicas está produciéndose con un paso decidido dentro del mundo anglosajón. Tanto es así que la ALA (American Library Association) posee una sección dentro de su web para tratar de explicar el fenómeno de las privatizaciones de las bibliotecas públicas. En ella, se discrimina lo que sería el outsourcing (Externalización de actividades de soporte como la limpieza y el mantenimiento que no son propiamente actividades bibliotecarias) y la privatización propiamente dicha (Abarcando ya tanto la gestión técnica como administrativa de los centros).

 La privatización de las bibliotecas públicas comienza durante la década de los años 90 en Estados Unidos y se afianza durante la siguiente década. Su salto a Europa se produce gracias a las políticas de austeridad y de recortes en las administraciones públicas en las que tras la restricción presupuestaria en servicios y en colecciones comienza a apuntar ya al personal de la biblioteca. El debate sobre las privatizaciones y el prestigio de las empresas que se hacen con las licitaciones es muy vivo en Reino Unido. En este país, las privatizaciones comienzan en 2008 en el municipio de Hounslow con cierta polémica. La resistencia de los trabajadores y de los usuarios ha sido intensa en todos los municipios que han abordado esta nueva política de gestión, sin embargo lentamente nuevos municipios se han ido uniendo a esta corriente.

La empresa John Laing Integrated Services es una de las principales adjudicatarias de estas externalizaciones con contratas con una duración de hasta quince años, pero la adquisición de esta empresa por la empresa de servicios Carillion indica que nos encontramos con una tendencia que se está consolidando y que provoca encendidos debates. Así, el conservador Daniel Hannah se preguntaba: “¿Por qué las bibliotecas deben estar gestionadas por el Estado? ¿No reside nuestra civilización en las estanterías de nuestras casas?” Lo que es evidente es que el cambio de gestión de pública a privada cambia la relación de estas bibliotecas dentro de la sociedad.

En Estados Unidos, se ha tratado de comprobar los cambios que han producido en estas nuevas políticas hasta ahora desconocidas. Sin embargo, los efectos reales no son tan evidentes y todavía se encuentran en discusión lo que excede las pretensiones de esta nota. Sin embargo, si bien algunos usuarios se extrañan de que el personal rote de forma intensa y a pesar de la oposición inicial y los temores incluso de descenso de la calidad del servicio, ésta aparentemente se mantiene y las conclusiones son que las bibliotecas privatizadas funcionan un poco peor que la media, pero simplemente es porque se encuentran en distritos más deprimidos.

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Los bibliotecarios se resistieron a entregar sus registros de usuarios al FBI

Nos sorprendimos cuando en la película Seven el teniente William Somerset obtenía una lista con una serie de usuarios que había pedido en préstamo una serie de libros. De hecho, en la película Sommerset confirma a Mills que el FBI dispone de un registro de libros prohibidos que prestados aleatoriamente no suelen aportar mayores problemas, pero que si se empiezan a solicitar libros muy próximos entre sí, en forma de patrón, los agentes federales acabarán investigando a esa persona. La película rodada en 1995 parecía intuir un hecho que se ampliaría tras la aprobación de la PATRIOT Act tras los atentados del 11S.

En 2004, un tiempo después de la aprobación de la Ley Patriótica (Octubre de 2001), los agentes del FBI empezaron a enviar cartas advirtiendo a los bibliotecarios que iban a recibir una visita de sus agentes. Estas cartas solicitaban a los responsables de la biblioteca la recopilación de información tanto de los préstamos que los usuarios realizaban como de lospatrones de navegación de Internet que podían ser entregados sin necesidad de la orden de un tribunal. Además, se advertía al personal de la biblioteca que no se podía comunicar la recepción de la misiva a ninguna persona, a excepción de abogados o a personas implicadas en la elaboración de los requerimientos de las cartas.

Cartel Anti-Patriot ActLos bibliotecarios respondieron poniendo carteles en las bibliotecas (Imagen) que anunciaban «El FBI no estuvo aquí (Estén atentos a la retirada de este cartel)» a forma tanto de advertencia como de protesta. Kari Hanson, directora de la Bridgeview Public Library de Chicago recibió una visita de los agentes del FBI. Le requirieron información sobre una persona, aunque dentro de sus registros no aparecía como usuaria de su biblioteca. Hanson mostró su disconformidad con la medida asegurando que «los patrones de la información son sacrosantos. No es el asunto de nadie lo que tú lees».

Esta resistencia en forma de advertencia en sus centros, que algunos han definido como naïf, muestran el compromiso de los bibliotecarios con sus usuarios. Hecho del que las grandes compañías tecnológicas no pueden alardear frente a los requerimientos de la NSA (National Surveillance Agency) que sólo han reaccionado tras el destape de las prácticas de la agencia por su ex-agente Edward Snowden.

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Los drones que reparten libros de biblioteca

Aunque el término Drone tiene una connotación bastante negativa debido a su amplio uso dentro del ejército de los Estados Unidos, actualmente estos pequeños vehículos aéreos están encontrando infinidad de usos desde el reparto de pizzas, al envío de salvavidas, la grabación de vídeos… Y ahora el envío de libros de texto.

La Universidad de Sydney (Australia) ha alcanzado un acuerdo con la empresa Zookal para el envío de libros de su biblioteca a través de drones. La solicitud se puede realizar a través de una App de un dispositivo móvil y, entre otras funcionalidades, se podrá seguir el recorrido del libro en la misma. El proyecto tiene que disponer todavía del visto bueno de la autoridad de aviación civil australiana (Civil Aviation Safety AuthorityCASA).

Aunque no existe una regulación sobre su uso en muchos países occidentales, en el caso australiano es distinto ya que introdujo la regulación sobre el uso de drones en 2002. Los bomberos de Melbourne ya los utiliza en situaciones de emergencia y son uno de los 56 operadores que tienen licencia de uso. Respecto al envío de libros de la Universidad de Sydney, hasta marzo de 2014 no habrá una resolución al respecto, pero de aprobarse se trataría del primer servicio comercial que realiza reparto de paquetes mediante este sistema.

Por otro lado, el ahorro de costes parece interesante. Desde Zookal se asegura que el envío de libros con drones se calcula en $3, mientras que usando un servicio de paquetería tradicional el coste es de $30 aproximadamente. Por otro lado, el envío se realiza en unos minutos respecto a las horas con las que se tarda con un servicio de mensajería.

zookal

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