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Mes: marzo 2015

Saliendo de la zona de confort

zona-de-confortNo es mi deseo escribir un texto filosófico-terapéutico sobre lo que se debe o no se debe hacer para salir de nuestra zona de confort. Qué es y cómo podemos definirla lo dejo para personas más versadas y para que cada uno reflexione sobre ello. No pienso afirmar que conseguiremos el “éxito”, si alguien es capaz de delimitarlo y asignarle un valor específico. Quiero ser más humilde y abordar el hecho de que durante nuestro día a día nos amoldamos a la rutina, acabamos sobrellevando las incomodidades, malas situaciones o nuestros fallos esperando que se la fortuna nos destine a un tiempo mejor. Sin embargo, en ocasiones, debemos romper con esas comodidades, esa sensación de que si me no me muevo no lo rompo, si no me muevo me conformo. Cada uno puede establecerse pequeños retos profesionales y personales para evolucionar continuamente. No tiene porqué ser ahora, no tiene porqué ser mañana, no tiene porqué ser dentro de un ámbito específico; pero una vez puesto en marcha que nada te pare.

Hace ya unos años tomé una decisión que a algunas personas sorprendió y que puede que no tuviese transcendencia, pero que ciertamente era un tanto extraña. Poseía un iPhone 4s y adquirí un Nexus 4. Las razones ya las expliqué en su momento, pero fundamentalmente mi objetivo era salir de mi zona de confort y así lo declaré a quien me preguntó. Siempre he sido un gran consumidor de información, no es difícil encontrarme consultando Twitter o mis RSS en los ratos muertos, sin embargo quería reconfigurar la manera en que mi cerebro trabajaba con esa información. El sistema operativo iOS era francamente superior a Android cuando comenzó a comercializarse el Nexus 4, me peleé mucho con ese último teléfono, cambiaba, me decepcionaba, volvía sobre mis pasos. Sin embargo, no tardaría en aceptar que a pesar de sus limitaciones, de su diseño más adusto, Android era mucho más efectivo a la hora de compartir y consumir información y mucho más cómodo. Ahora no volvería sobre mis pasos, claro que no, pero la búsqueda en el cambio de nuestros pequeños hábitos pueden ser definitivos.

Escribir un blog es uno de los retos intelectuales y compromisos mentales más agotadores que existen si no te dedicas a la enseñanza o al periodismo. Es imposible no sentir que las fuerzas flaquean, sentirte desactualizado y que todo lo que puedas contar ya está escrito. No hay que desesperarse. Charles H. Duell ya dijo en 1899 aquello de “Everything that can be invented has been invented” y aún seguimos aquí. Las Oficinas de Patentes no cerraron y a la Innovación se la considera como el secreto de las compañías para asegurar su supervivencia. El botón “Publicar” nos contempla con media sonrisa cuando la inseguridad nos asalta y esperamos pacientes a que nuestros lectores nos aporten el feedback en el que siempre confiamos. Cada post es una espina que se nos clava en los dedos, nunca sabes de dónde caerán las flechas, porque desgraciadamente alguna caerá. Mientras escribo este texto, las dudas brotan, por supuesto. ¿Es correcto para mi público? ¿es algo personal y a nadie le importa? En cualquier caso, mi reto anual es escribir un post a la semana, hoy tocaba ser más personal. Pero aquí lo dejo.

Otro de los retos más fuertes a los que nos enfrentamos son las elecciones en las que te adentras hacia lo que desconoces. Nunca sabes si vas a acertar hasta que te encuentras completamente embarrado. Las oportunidades laborales o los fuertes desembolsos económicos son los mayores retos en los que es fácil sentirse descolocado. No es sencillo cambiar de ambiente de trabajo, donde ya conoces la mecánica y unos responsables que sabes qué esperan de ti y tú de ellos, no es fácil empezar todo de nuevo, marcharte a otra ciudad. Sin embargo, los retos personales y profesionales hay que tomarlos cuando aparecen y no dudar si amplían tu ámbito profesional. En ocasiones, puedes considerar que tendrás fortuna si duras seis meses, pero te sorprendes cuando llegas lejos y superas esa frágil meta inicial.

Y si todo esto te parece inalcanzable (abandonar tu iPhone, abrir un blog, encontrar otro trabajo o hacerte voluntario en algo), aún puedes ensayar otras disciplinas dentro del ámbito del ocio. Practicar un nuevo deporte que hasta ahora desconocías, imponerte una nueva disciplina o simplemente ejercer una afición que te extraiga de tu zona de confort, como la fotografía callejera, es un ejercicio estupendo para no dejarse adormilar por el paso de los días y la rutina.

El mundo cambia constantemente, exigirnos intelectualmente cambiar nuestras rutinas es un ejercicio estupendo para evolucionar con él. En definitiva, prepararnos para el cambio y ser completamente adaptables.

Un comentario

Cuando Google fue bueno

crossroadsHubo un tiempo en el que lo denominábamos santo. “San Google” para diferenciarlo con otras compañías que aparentemente se encontraban mucho más centradas en el dinero, en los réditos y en los accionistas. Sus productos eran tan buenos que lo elevamos a los altares. Google proveía gratuitamente mientras otros pretendían pasar el plato. Don’t be evil era su eslogan y nosotros nos creímos su mantra.

Google dispone de muchos productos exitosos, también de fracasos que atienden a la gran cultura innovadora americana. Aunque Google parece haberse convertido en una empresa gris en cuanto a servicios de web se refiere.

El correo web de Google, Gmail, sacudió Internet cuando fue creado en 2004 y completamente abierto en 2007. Ofrecía un gigabyte de espacio, algo que hasta aquel momento era completamente inaudito. Hubo que armarse de paciencia para conseguir una invitación, aunque la larga espera mereció la pena. Llegó un punto en que tener una cuenta en Gmail era estar in, mientras que tenerla en Hotmail era estar out. Finalmente, puede que su mala imagen provocó que Microsoft cerrase el servicio en agosto de 2008 y prefirió que su correo quedase ligado completamente a Outlook, su software de gestión del correo.

Gmail nació como un servicio en Beta. Puede que mantuviese esa etiqueta en consonancia a la Web 2.0, la filosofía de la innovación constante y de los productos que nunca pueden darse por cerrados. Esa etiqueta no la abandonó hasta 2009. Por supuesto que generaba controversia. A diferencia de otros, incluía publicidad contextual lo que implicaba que Google necesariamente tenía que leer los correos que sus usuarios enviaban y recibían. Gmail ofrecía pequeñas innovaciones de vez en cuando bajo la denominación Gmail Labs y era el propio usuario el que debía activarlas, aunque algunas se incorporaron completamente al servicio de correo. Una de estas innovaciones fue Google Buzz, anunciada en 2010, en un movimiento reactivo contra Twitter. Fue un completo fracaso, estropeando la experiencia de usuario de Gmail y saltarse la privacidad de los usuarios ya que se activó automáticamente. Cerró un año después.

Otro de los movimientos de Google para atajar la competencia y, en este caso Facebook, fue Google+, la esperada red o capa social de Google. Tras el rediseño de su página principal, la red social de la compañía de Mountain View demostró que tal vez no sabía ser social a pesar de haber entendido el gran sistema democrático que se había fundamentado Internet.

Google Wave fue otra de las grandes cosas que la empresa tecnológica estaba cocinando. Iba a ser un servicio completamente disruptivo, su particular revolución en correo electrónico y los entornos colaborativos. Sin embargo, nadie excepto los ingenieros de Google llegaron a entenderlo. Finalmente, tuvo que cerrarlo en 2010 tras un año en funcionamiento. Actualmente, el concepto sobrevive bajo la denominación de Apache Wave.

Sin embargo, Google también dispuso de éxitos como Google Maps fue otro de los servicios que nos cambió la manera de movernos. Simplemente nos cambió la vida. Adquirido en 2004 por Google, su inclusión como servicio de mapas por defecto en el iPhone barrió a compañías que comercializaban productos de geolocalización como TomTom. A posteriori, Apple decidió desligar su teléfono móvil al servicio de Google y lanzó, en su momento, la calamitosa Apple Maps. Las razones de Apple eran obvias. Un móvil y el servicio de Google Maps era una mina de información para la compañía de Cupertino y Mountain View. Sólo la consulta del historial guardado por Google da un poco de miedo.

Google Reader que se erigió como el Rey de los lectores de RSS tras destronar a otros que llegaron primero como Bloglines. Quedó abandonado y cerrado porque según se argumentó entonces no tenía una base suficiente de usuarios. Fue sólo entonces cuando los internautas descubrieron horrorizados que ese Google ya no era el suyo, que había cambiado, aunque señales no faltaron nunca. Esto fue en 2013.

Internet había cambiado para entonces, el navegador ya no era la principal fuente de interacción con ella. Android, impulsada por la compañía de Palo Alto, se había situado como una de las plataformas más importantes de telecomunicaciones y Google parecía querer centrarse más en los gadgets como Google Glass, wearables y medios de transporte.

Durante tantas batallas, en las que intentó pasar el rodillo con mayor o menor fortuna, Google podría haber descuidado su servicio estrella, su buscador. Pareció olvidar que su posición predominante en el mercado de las búsquedas no es eterno, pero no lo ha hecho. La Fundación Mozilla decidió toserle y arrebatar a Google el privilegio de ser su buscador preconfigurado para mejorar su posición competitiva en el mercado de los buscadores, se lo cedió a Yahoo, lo que ha tenido sus consecuencias, y está dispuesta a hacer valer su posición de privilegio otra vez. Sigilosamente, fue investigada por manipular los resultados de las búsquedas, amenazar a distintas web de excluirlas de su índice si no les permitía usar su contenido, y que casi ha derivado en un juicio que hubiese tenido unas consecuencias imprevistas.

Google fue santo, pero ya va siendo hora de bajarlo del pedestal.

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