Wikileaks: Incluso el emperador está desnudo
El portal Wikileaks anda estos días sacudiéndole a la mayor potencia militar del mundo con sus secretos a través de los cables diplomáticos utilizados a través de su red de comunicaciones (SPIRNet), mientras los medios de comunicación babean, literalmente, por la calidad y cantidad de los secretos revelados. Aunque algunos periodistas consideran que la mayoría son meras anécdotas, por ejemplo que Gaddafi sea tan aficionado al Botox o que Hillary Clinton solicite una evaluación psicológica de la presidenta de Argentina, lo cierto es que andan sorprendidos por el torrente de informaciones que les deja sin respiro a ellos y a sus lectores.
Algunos consideran que tal es la cantidad de información que se está filtrando lentamente, o acelerádamente según se mire, que se puede caer en la infoxicación, que no podamos digerir ni ellos ni nosotros. En este Cablegate, como se ha denominado a esta filtración informativa, nos encontramos con dos planos a la hora de percatarnos de lo vasto de lo publicado, por un lado toda la avalancha informativa y de datos cada cual más sorprendente o indignate; y por el otro que la gravedad de lo publicado quede en nada aparentemente, aunque soterradamente el sistema de información diplomático se vea sacudido en sus cimientos.
La crítica hacia Wikileaks, más allá de poner al descubierto cómo se trabaja en el ámbito diplomático o la cierta connivencia de ciertos poderes públicos con la superpotencia, se centra en el modo que en esta ocasión la Web ha decidido filtrar la información. En una de las filtraciones anteriores, como la documentación sobre la guerra de Iraq del Pentágono, el portal simplemente liberó la documentación. En esta ocasión, su modus operandi ha cambiado, seleccionando cinco medios de comunicación publicar lentamente esta filtración en esta ocasión, coordinándose y filtrando qué es lo publicable y qué no lo es, qué puede ser dado a conocer a la luz pública y qué no.
El Periodismo Ciudadano puede verse puesto en solfa en esta ocasión, ya que son los medios los que digieren la documentación que la fuente les ofrece y la ponen en contexto. Es decir, la difusión de la información filtrada ha evolucionado conscientes de que de esta manera el impacto mediático será mayor y no tan atribulado como en anteriores ocasiones. Y, mientras los medios de comunicación tradicionales reencuentran su sitio en un mundo globalizado en el que cualquiera puede publicar sus opiniones y conocimientos y obtener reconocimiento precisamente por el nivel de sus aportaciones, lo que queda de las cenizas de este Cablegate es quizá un mundo más transparente.
Mientras en las pasadas décadas, las filtraciones los documentos se tenían que robar uno a uno (fax a fax, fotocopia a fotocopia), el volumen del mismo era casi despreciable. Sin embargo, actualmente el volumen de los documentos robados puede ser ingente y gigante sin apenas ocupar sitio en el bolsillo (Un CD-Rom, un pendrive). Tal es la cantidad y su calado que cada cual debería preguntarse si es ético para el sistema democrático actual que se quede completamente desnudo.
Curiosa situación en la que son los propios estados los que quedan desnudos por el propio sistema que han creado, al igual que nosotros en las redes sociales o en los mismos aeropuertos. Una paradoja o una ventaja de los tiempos que corren.
En el IV Horchata & Twitts, ¡desvirtualízate ya!
Ahora dicen que las redes sociales son muy malas, que fomentan la depresión, pero los alarmistas sólo podrán engañar a los incautos. Yo ayer me encontré con gente que las frecuentan, rara avis si quieren, pero el encuentro me levantó el ánimo plúmbeo que sobrellevo últimamente. No hace falta describir aquí el porqué, aunque se acerca más a la empatía que a la falta de ella. Creo que ustedes me entenderán.
El hecho es que en el anterior Horchata & Twitts me escaqueé, vayamos a ser honestos, pero en éste no podría haberlo evitado, aunque esta vez fue @juliatortosai la que no pudo acudir. Te pusieron falta, ya lo sabes. Pero me alegré sobremanera al encontrarme allí a @rockfucktory, ocupado en las tareas de técnico sonido del encuentro, y a que @marga_ferrer me desvirtualizase de una vez, aunque se cruza conmigo casi todas las semanas, sin saberlo aunque su fotoblog me gusta.
Aunque he de confesar que mi aliciente fue reencontrarme casi ocho años después con @jlluesma, que compartió muchos sábados conmigo en la redacción del Levante-EMV y que provó suerte con un proyecto europeo y que ahora desempeña sus labores profesionales en la Televisión Local de Teruel como director. He de decir que me sorprendió que no levantase la nariz de su teléfono móvil, contestando correos y tuiteando, pero como diría alguien allí mismo: “Horchata&Twitts el acto donde a los ponentes nadie les mira porque están escribiendo frenéticamente en sus smartphones”.
Como en todas las jornadas, lo más interesante se suele dar en los pasillos, aunque en este caso se daba en sitios angostos puesto que los asistentes abarrotaron Suc de Lluna o en el interior del Mercado de Colón, mientras algunos transeúntes apresurados nos miraban extrañados. Los ponentes invitados compartían sus experiencias, aunque era bastante frecuente que perdieses el hilo mientras te reencontrabas o te cruzabas con otros tuiteros como @PLGPOMETA o @calbiach, todavía estudiantes de periodismo, que aterrizaban de las IV Jornadas de Periodismo Digital celebradas en Valencia y me contaban las “disputas por los enchufes” de las que últimamente oigo muchas historias, incluso que alguno se lleva regletas de casa para compartir.
Escuché a @byuste y a @espiritusanto, compartir impresiones sobre el futuro del periodismo y de las nuevas hornadas de jóvenes que para su disgusto parecen encontrarse dormidos en los laureles, esperando en convertirse en Gabilondos y del Olmos, sin percartarse de que todo aquello ha cambiado radicalmente. El periodismo ciudadano también se paseó por allí, mientras los asistentes recriminaban la actitud de los grandes medios y @asaltodemata ponía el punto reidinvicativo y su experiencia en la Web Social. Después ya me despisté y anduve por el extrarradio del acto, hablando y compartiendo experiencias hasta la hora de cerrar.
Networking puro en el hashtag #horchatatwitts.
Como lágrimas en la lluvia
Esta misma semana cerraba, por razones que él mismo explicaba con un título tan atrayente como “¡A la mierda!”, el blog Geekteca. No es el primer ni es el último biblioblog que anuncia el cese de sus actividades por motu propio, así también lo hicieron en su momento Yavannna o Iuluis. Caso a mencionar también es el de Véase Además uno de los biblioblogs referentes en su momento también se despidió de sus lectores temporalmente para no volver hasta la fecha. Por supuesto que eran otros tiempos y las redes sociales o el microblogging no estaban tan en boga o, simplemente, es que al final nos hemos hecho mayores.
Recuerdo que Jorge Serrano me comentó en su día lo fácil que eres olvidado en Internet. En un momento, estás en la cumbre, eres reconocido y consultado. De repente, abandonas la publicación de tu blog (en su momento) y ya no eres nadie. Por supuesto que por el orgullo del pasado mantiene el enlace a su blog Trucos de Google en la firma de su email, mientras su vida personal y profesional han cambiado radicalmente desde 2004. Sin embargo, todos estas webs, todos estos recuerdos se perderán como lágrimas en la lluvia.
Aunque realmente no lo harán. Los blogs, Twitter, Facebook son, sin ninguna duda, modas pasajeras, que consiguen juntar a una serie de personas que finalmente siguen adelante. Los recuerdos de esos encuentros, esos espacios, esas líneas publicadas en ocasiones de forma presurosa quedan guardados por algoritmos que devolverán a aquellos inquietos visitantes, los relatos vitales de aquellas personas. Son rastros de nosotros mismos, bits de nuestra existencia que vamos dejando a cada paso del camino.
Al igual que el autor de Geekteca he pensado dejarlo, abandonar. Muchas han sido las ocasiones en las que me lo he planteado seriamente como he ido relatando ya en múltiples oportunidades. Otros proyectos y otras ocupaciones, otras aficiones, así como la gran explosión de la publicación online que no deja huecos a la reflexión porque poco queda por añadir por alguien que es un mero observador de lo que allí se cuece.
Puede pesarnos, pero es éste el destino de la mayoría de los blogs, ser meras islas, botellas abandonadas en un océano de datos, cayendo en la mera obsolescencia visual y gráfica mientras otros formatos, otras modas, desplazan a aquello que imperó no hace tanto en la gran biblioteca virtual que es Internet. Pero seguimos adelante, confiando en encontrar un hueco y reencontrarnos ya sea aquí o en cualquier otro lugar porque no nos cabe duda que al final el esfuerzo nos merece la pena.
La Web Social se reencarna en software
Si recuerdo mi primera experiencia con Internet, tendría que retrotraerme a los tiempos del Gopher. A la navegación por carpetas en servidores externos, a los pocos elementos gráficos que se podían visualizar en aquellos navegadores que hoy consideraríamos en completamente rudimentarios. Luego llegaría el HTML, los navegadores gráficos y nos iríamos olvidando de los distintos protocolos que en aquel momento poblaban Internet. Aprenderíamos a diseñar nuestras páginas web afortunadamente sin tener que escribir líneas de código HTML, si no con los primeros editores e incluso llegaríamos a usar el FTP incluso con el propio navegador Internet Explorer (!).
Mucho han cambiado las cosas. Después de la burbujapuntocom y considerar que la Web era tierra baldía para hacer negocios, el resurgimiento de la misma vino apalancada por sus propios usuarios. El “usuario es el rey” e incluso los propios medios de comunicación temblarían por el poder del mismo. Los internautas crearían sus contenidos, los expertos desplazarían a los medios como fuentes de referencia e Internet podría derribar gobiernos.
Sin embargo, la Web 2.0, la democratización de la producción y la distribución de la información ha quedado como un mundo idealizado. A los blogs se les ha intentado enterrar muchas veces, mientras que la Wikipedia, los sucesivos escándalos, trataban de desacreditarla como fuente de información de referencia. La participación, la Conversación como se le trató de denominar, evoluciona desde el infinito hasta convertirse en meras líneas de 140 caracteres máximo pero donde la capacidad de influencia sobre otros viene determinada por el volumen de seguidores en Twitter o amigos (o falsos amigos) que puedas tener en Facebook.
Durante este tiempo, la forma de consumir la Web ha evolucionado dramáticamente. La barra de direcciones de los navegadores perdían su sentido cuando sus usuarios consultaban o escribían directamente las direcciones de los sitios web en la caja de búsqueda de Google, la aparición del iPhone convertía a las Apps en el futuro del consumo de contenidos tratando de derribar la Web abierta tal y como hoy en día la conocemos, mientras que lo Social se avanzaba al término 2.0. Y en ello andamos.
RockMelt se lanzaba esta semana en su versión beta como el futuro de la navegación en Internet. El internauta daba un paso más ya no sólo como consumidor de contenidos, si no como difusor de los mismos tanto a través de la red social Facebook y el servicio de microblogging Twitter de forma completamente integrada y bajo la plataforma Chromium de Google. También debería causarnos asombro que el formato RSS todavía sobreviva en esta nueva forma de utilizar la web, otra de las cosas que según los gurús estarían ya finiquitadas de la etapa anterior, y que sin embargo es fundamental para los superusuarios de la web.
Claro que la competencia de este nuevo navegador, como por ejemplo Chrome y Firefox ya disponían de la posibilidad de implementar características sociales a sus navegadores a través de distintos plugins como la barra de Facebook o clientes especiales como Echofon. Pero este nuevo movimiento dentro del mundo de los navegadores, de la manera que todavía hoy accedemos y consumimos la web puede llegar a ser una llamada de atención muy interesante hacia dónde se dirige nuestra experiencia dentro de la misma.
Y si el spam se convierte en emocional
Ayer recibí un correo electrónico de Elena desde Rusia. No conozco a nadie que viva en Rusia y no sé qué me impulsó a abrir un email con el asunto “Mensaje de Rusia”, pero su contenido me conmovió y mucho. El mensaje – el típico spam para aquellos que consideren que detrás de esta historia hay algo más – te advierte al final del mismo que Elena no sabe español, que ha utilizado Google Translate para hacerte llegar la misiva de forma comprensible, pero que la comunicación, en el caso de querer contestar, se puede realizar en inglés.
Elena me asegura que se encuentra en mi franja de edad y que trabaja en una biblioteca, lo que ya capta irremediablemente mi atención y me obliga a leer todo el texto, a pesar de no contemplar ni acentos ni eñes. El primer párrafo es dice así (respeto las faltas ortográficas):
Mi nombre es Elena, tengo 33 an~os y te escribo desde la provincia rusa. Yo trabajo en la biblioteca y despue’s de mi trabajo me permite el uso del ordenador siempre que sea posible. Me parece mu’ltiples lugares en Internet, y me decidi’ a escribirte esta carta.
Su vida se plantea como un verdadero drama y conmovedor. Elena vive con su madre, tiene un hijo, el padre del mismo lo abandonó, pasa contar la situación dramática del lugar donde vive a 200 kilómetros de Moscú. Sin embargo, todo dispone de un tufo a spam de citas que no se aguanta, además debemos tener presentes las direcciones de correo desde la que se envía y una que se ha colgado en el campo ‘Para’.
Tengo muy presente que las personas, los usuarios somos la parte más débil de los sistemas de seguridad informática. Se han realizado estudios que aseguran que rifaríamos nuestras contraseñas por una chocolatina, aunque personalmente no creo que la inmensa mayoría de los internautas se arriesgasen si les pidiesen la contraseña del Facebook.
Este mensaje de spam, casi personalizado hacia mí puede que por puro azar, podría intercambiar su profesión “bibliotecaria”, “profesora”, “médica”… dependiendo del destinatario perfilado por una cuenta de correo electrónico. En un mundo en el que se captan cada vez más nuestros datos personales, en el que nuestra información “trackeada” (sic) se vende al mejor postor mientras inconscientemente desarrollamos nuestras actividades en la nube de la Web; es bastante previsible que los mensajes de spam se personalicen cada vez más, como si fuésemos clientes de una tienda on-line. Porque, al fin y al cabo, se trata de un negocio en el que sólo debemos picar.
Citas al libro /39
“La literatura es mi Utopía. No hay barrera de sentidos que me pueda quitar este placer. Los libros me hablan sin impedimentos de ninguna clase”
Helen Keller
“Los libros no deben clasificarse nunca. Clasificarlos es una ciencia, pero no clasificarlos es un arte”
Lin Yutang
“Sería bueno comprar libros, si se pudiera comprar a la vez el tiempo para leerlos; pero casi siempre se confunde la compra de los libros con la apropiación de su contenido”
Arthur Schopenhauer
“El escritor escribe su libro para explicarse a sí mismo lo que no se puede explicar”
Gabriel García Márquez
“El libro raro es el libro que no corro el riesgo de encontrar, y si lo encuentro, no puedo permitirme comprarlo”
Grant Uden
“La biblioteca es uno de los más eficaces instrumentos de redención del proletariado”
Pablo Iglesias
“A lo largo de mi formación pasé muchas, pero muchas horas en bibliotecas públicas y escolares. Era como si las bibliotecas fueran mi propio tribunal de última instancia. La respuesta definitiva actual a casi cualquier pregunta se puede encontrar dentro de las cuatro paredes de la mayoría de las bibliotecas”
Arthur Ashe
La madurez del Anuario ThinkEpi
El equipo editorial nos hace llegar el Anuario ThinkEpi 2010 (Análisis de tendencias en información y documentación) que se presentará en Madrid el próximo mes de octubre (Ver pié de página) y que se consolida año tras año, dejando a un lado sus titubeantes inicios allá por 2007. Tanto es así que nos hallamos frente un producto más pulido que sus antecesores y que dispone de un mayor valor añadido. De hecho, este año nos llevamos una agradable sorpresa al comprobar cómo cada grupo temático de los debates que se han ido lanzando a Iwetel se encuentra coronado por un análisis, un resumen de aquello que ha dado y puede llegar a dar de sí cada uno de ellos.
Así, por ejemplo, Dídac Margaix da buena cuenta al tema Web 2.0 y redes sociales, pero obviamente no sólo en estos campos la profesión se encuentra innovando y evolucionando, ya que podemos encontrarnos muchos más y que siempre han sido de la consideración de los bibliotecarios y de los documentalistas como son su propia profesión, la formación, el mercado y los recursos de información; la preservación digital o la comunicación científica y métrica de la información (Este último muy emergente gracias a los dos muy potentes grupos de investigación surgidos en nuestro país)
En cualquier caso, la publicación sale reforzada justo cuando los temas lanzados a debatir no consiguen arrancar las contestaciones que antaño producían tal y como se apuntaba en el blog del SEDIC. Puede que se deba a varios factores como una mayor especialización de los temas tratados, el posible cansancio de las personas que se encuentran dadas de alta dentro de la lista de distribución o puede que se trate del formato de publicación de las notas y por lo tanto de los propios debates, al otorgarles un aspecto mucho más formal, acercándose al artículo de revisión y que puede coartar a aquellos que se apresten al debate.
Sin embargo, esto no desmerece la calidad de las notas publicadas dentro de la lista de distribución que encuentran su acomodo en este Anuario que año tras año se convierte en un referente para todos los profesionales de la información que desean permanecer actualizados sobre aquellos temas emergentes dentro de ella. Cada año, una obligada lectura.
Nota:
Presentación Anuario (21/10/2010 a las 11h)
Ministerio de Cultura
Plaza del Rey, 1
Madrid
El fin del Diógenes digital
La antigua Escuela Cínica griega promovía una existencia frugal, sin posesiones materiales, llevando una vida simple y de acuerdo con la Naturaleza. Los primeros internautas sufrieron un Síndrome de Diógenes agudo, tal vez provocado por las propias circunstancias de aquellos tiempos. Puede que estuviesen convencidos de que todo debía ser archivado dentro de un recipiente material, que pudiesen poseer físicamente y que, llegada su obsolescencia, aquellos datos que guardaban pudiesen transferir a un objeto más grande y con mayor holgura.
En un principio, fueron documentos de texto, pequeños gráficos e incluso archivos sonoros livianos; sin embargo, pronto estos ficheros multiplicaron su tamaño, adquiriendo mayor envergadura a pesar de los intentos por comprimirlos y, de esta manera, hacerlos más pequeños y manejables. Pero aquellos esfuerzos resultaron del todo inútiles. Así, poco a poco, en el transcurso del tiempo, los disquetes dejaron paso a los discos ópticos, mientras que los CDs y los DVDs grabables claudicaban ante soportes físicos de mayores capacidades y versatilidades. Y es que los archivos audiovisuales, compartidos o transferidos desde soportes originales, imponían una ley demasiado cara en esfuerzo de gestión, hasta que llegó la Nube.
Imaginemos que si deseamos escuchar música, debemos buscarla, descargarla, clasificarla, reetiquetarla, organizarla… Si queremos disponer de ella en cualquier momento, tenemos que transferirla a distintos dispositivos portátiles que no siempre leen correctamente las etiquetas que describen el contenido de esos ficheros. Por otra parte, si queremos ver el último episodio de la serie X necesitamos buscar ese episodio, comenzar a descargarlo, adecentarlo, buscar subtítulos, etc… Por supuesto que, actualmente, alternativas ante estas situaciones hay muchas. Pasando por Spotify, esa audioteca mundial por streaming, hasta las soluciones menos ortodoxas de vídeo, pero que se encuentran disponibles a cualquier hora, sin necesitar de una planificación previa para poder visionarlas.
Pero esta situación ya no sólo se limita a los archivos audiovisuales, sino que cada vez más, a la hora de buscar información, ya no la acaparamos, simplemente disponemos de ella. Imaginemos que nos gusta descargar artículos para leerlos, los guardamos en una carpeta de nuestro disco duro, confiando que llegado el momento podamos encontrarlo. Sin embargo, suele suceder que pasado un año ya no nos acordemos de aquel texto y nos lancemos a Google para buscar esa información como primera opción. Puede que localicemos el mismo artículo, puede que nos encontremos con uno más actual. Acaparar la información ya no es necesario, simplemente disponemos de ella.
En el plano personal, los documentos que más nos gustaba atesorar, como los emails, se encuentran indexados y fácilmente disponibles dentro de las interfaces web de los cada vez más potentes proveedores de emails gratuitos. Otro ejemplo, como podrían ser nuestras fotografías, puede que nuestros documentos más preciados, las subimos alegremente a lugares como flickr o como Facebook, creando de esta manera una copia de seguridad de nuestra vida que será difícil que un desastre o la obsolescencia de un dispositivo acabe con ese pasado.
Así pues, parece que la antigua Escuela Cínica se toma cierta revancha en el entorno digital. Finalmente, ya no poseemos archivos, simplemente disponemos de ellos cuando queremos.
El bibliotecario en su encrucijada
Hace ya un tiempo, escribimos un texto en el que reflexionábamos sobre la dicotomía que se da en Biblioteconomía y Documentación, donde una buena cantidad de personas de “letras” se refugia entre libros impresos buscando una salida profesional donde cada vez es más importante el peso de las nuevas tecnologías en su desarrollo. Es posible que las reticencias iniciales que se dieron en la adopción de nuevas tendencias en la Web, se vean relajadas en un futuro no tan lejano cuando nuevas generaciones más habituadas a los ordenadores suplanten a las más timoratas por si el ordenador (sic) pudiese llegar a romperse.
En cualquier caso, parece cada vez más cierto que la resaca del movimiento dospuntocero debe servirnos de punto de reflexión para encarar un futuro crítico para los intermediarios de la información. En un artículo que se publicará muy pronto en la revista Library & Information Science Research, un estudio recoge las impresiones de un grupo de profesionales australianos sobre las competencias y conocimientos que los bibliotecarios deberán poseer en un futuro no muy lejano.
Para los escépticos, en las conclusiones se evita el adorno 2.0, considerando que las etiquetas son perfectas para generar cambios en las actitudes de los profesionales pero se tornan peligrosas si se persiste en ellas en el tiempo. De este modo, se considera que la biblioteca 2.0 ofrece una nueva vía de reflexión sobre la Biblioteconomía y representa un cambio de actitud de los bibliotecarios. Sin embargo, las etiquetas y sus modas se agotan tan pronto como aparecen, siendo sustituidas por otras, por lo que pueden significar un impedimento para el crecimiento futuro.
Y es que la biblioteca/bibliotecario 2.0 no puede centrarse en la utilización de herramientas de la Web 2.0, excluyendo los principios y la filosofía propia de lo que verdaderamente representó, que es la participación. De esta manera, las herramientas pueden suponer un corpiño en la evolución de los servicios bibliotecarios que deben desarrollarse hacia el fomento de la participación de los usuarios, por lo que se debe considerar que el foco debe centrarse en el cambio y la evolución, pero encontrándose con las necesidades reales de los usuarios. La biblioteca 2.0 ha cambiado la manera que las bibliotecas y los bibliotecarios conectan e interactúan con sus usuarios y comunidades, cediendo cierto control a los mismos, pero hay que tener presente que la biblioteca 2.0 no es sólo ofrecer un servicio a la comunidad, sino que también construirlas.
Es decir, la biblioteca 2.0 debe ser un catalizador sobre la reflexión más sobre actitudes y trato hacia los usuarios que sobre tecnología. El poder real de la Web 2.0 no trata sobre cómo está cambiado la manera que los profesionales de la información y las bibliotecas diseñan y ofrecen servicios y recursos para sus usuarios, si no cómo los bibliotecarios conciben su profesión. El verdadero reto que está encarando la profesión actualmente trata de definir la naturaleza y el alcance de su nuevo paradigma profesional.
Para saber más:
- PARTRIDGE, H., et al., The contemporary librarian: Skills, knowledge and attributes required in a world of emerging technologies. Library & Information Science Research (2010), in press doi:10.1016/j.lisr.2010.07.001
De titulitis y deformación
Nos hallamos en una travesía impestuosa hacia lo desconocido, navegando estos tiempos de crisis, toca a rebato, es la hora de la formación. Las aulas de las universidades rebosarán este próximo septiembre de jóvenes que empiezan su formación superior, mientras que otros alumnos ya no tan jóvenes que consideraban que no volverían a pisar una clase se encontrarán sentados en un pupitre de nuevo.
Los medios de comunicación nos amartillean con que la formación de trabajadores es uno de los pilares sobre los que se sustenta la reactivación económica, el avance de las economías industriales hacia las del conocimiento o incluso el post-conocimiento, ajustando la oferta con la demanda real de perfiles. Mientras, la formación continua es una necesidad para trabajadores y empresas en estos tiempos en que los cambios tecnológicos, económicos y sociales se producen rápidamente en el transcurso de un puñado de años. Sin embargo, ¿podemos encontrarnos satisfechos con aquello que nos enseñan en esos cursos de especialización profesional?
En el transcurso de cuatro años, he realizado varios cursos bastante largos, que abarcaban distintos meses. Se trataba de ofertas formativas bastante atractivas y de cierto empaque en las que acudía a aprender, aunque las experiencias a extraer no fueron todo lo satisfactorias que pudieron haber sido. De hecho, al final de una de ellas, me sobrecogieron comentarios de compañeros tipo: “Esto es un desastre, sólo quiero acabar para que me den el título” Porque no nos equivoquemos, en muchas ocasiones es el trabajador el que se financia la formación en busca de un futuro más dorado y duelen prendas a la hora de pagar 900 euros por cursos de 300 ó 400 horas.
En uno de ellos, los hechos fueron completamente escandalosos y razones no faltaron para solicitar la devolución del dinero. A saber, profesores que no empezaban el módulo a tiempo, mientras los alumnos esperaban durante una semana que el profesor diese señales de vida, teniendo que tomar cartas en el asunto la coordinación del curso; descoordinación total entre los profesores que se aventuraban a realizar las mismas preguntas cada vez que se iniciaba un módulo para desesperación de los participantes cansados de repetir la misma sonata semana tras semana. E incluso profesores un tanto desfasados que aprendían y rehacían los temarios sobre la marcha puede que sobrepasados por los nuevos acontecimientos de la Web. Y es que, como hemos señalado, no sólo los alumnos deben actualizar sus conocimientos, en ocasiones, hasta los mismos profesores no se percatan de los grandes cambios surgidos en breves lapsos de tiempo.
Me hubiese gustado que mi insatisfacción hubiese resultado puntual, un error o simplemente nacida de las circunstancias de un periodo de tiempo concreto. No es así. También he tenido que comprobar que desgraciadamente hasta los mejores centros de formación on-line descuidan los contenidos o incluso el trato hacia los alumnos, como si el pago de una matrícula sólo tuviese el objetivo de obtener una cartulina de dimensiones variables acreditando cierto título.
Así, por ejemplo, una de las actividades fundamentales de la formación son los debates a propuesta del profesor y que deben ser conducidos convenientemente. Aunque en ocasiones los preceptores parecen olvidarse de estas funciones, sugiriendo debates mediante postizos de años anteriores y cerrándolos con la misma premura y conclusiones, no atendiendo a las dudas de sus alumnos o los juicios un tanto perdidos de los cimientos de la materia que se han ido realizando a lo largo de las distintas actividades.
Pagamos para aprender, para disfrutar de nuevos conocimientos y compartir nuevos descubrimientos, tratando de ampliar el horizonte labortal. No es de recibo que se convierta esta tarea en frustración ante la dejadez completa de los profesores que se muestran como meros observadores de un trabajo que se encargan de expedir el “aprobado” sin importar el cómo se ha realizado. Así, no se aprende, sólo se pasa por caja y se cubre el expediente.
La Innovación Abierta (Open Innovation) /y 2
Explotación tecnológica
Con el fin de aprovechar mejor el conocimiento interno, las empresas pueden recurrir en prácticas diversas. Desde este campo, pueden distinguirse tres actividades relacionadas con la explotación tecnológica: Venturing, la concesión de licencias bajo la tutela de la propiedad intelectual (IP), y la participación del personal no dedicado a la I+D en las iniciativas de innovación.
Venturing se define como la puesta en marcha de nuevas organizaciones sobre la base de conocimiento interno, esto implica tanto de la creación de empresas spin-off, además de procesos de spin-out. El apoyo de la organización matriz a estas organizaciones derivadas puede incluir también financiación, el capital humano, el asesoramiento jurídico, servicios administrativos, etc
La propiedad intelectual desempeña un papel crucial en la innovación abierta a través de la entrada de los flujos de conocimiento. Así mismo, las empresas también disponen de la opción de vender licencias sobre su IP para la obtención de un valor mayor sobre la misma.
Finalmente, una tercera práctica para beneficiarse de los conocimientos internos consiste en aprovechar las iniciativas y los conocimientos de los empleados actuales, incluidos los que no trabajan en la I + D interna.
Exploración tecnológica
La exploración tecnológica se refiere a aquellas actividades que permiten a las empresas adquirir nuevos conocimientos y tecnologías desde el exterior. Se distinguen cinco prácticas relacionadas con la exploración tecnológica: La implicación del cliente, el trabajo en red externa, la participación externa, la subcontratación de I+D y la concesión de licencias bajo la tutela de la propiedad intelectual.
Los teóricos de la innovación abierta reconocen que la participación del cliente es una importante alternativa para mejorar los procesos internos de innovación. Son cada vez más los expertos los que consideran que los clientes no deben ser considerados como unos adoptantes pasivos de las innovaciones, sino que más bien pueden desarrollar sus propias innovaciones que los productores pueden imitar. Por ejemplo, los usuarios pueden modificar las máquinas, equipos y software para satisfacer mejor las necesidades de proceso a la hora de trabajar y porque los productores no pueden proporcionar un suministro adecuado.
El establecimiento de redes externas constituye otra dimensión importante que se asocia siempre con la innovación abierta. Incluye todas las actividades para adquirir y mantener las conexiones con fuentes externas de capital social (conocimiento), incluyendo individuos y organizaciones.
Las participaciones externas buscan la adquisición de innovaciones que fueron desechadas o no encontraron su hueco en el mercado la primera vez que fueron lanzadas, pero que pueden ser muy interesantes en el momento actual. Las organizaciones pueden invertir en start-ups y otros negocios para vigilar las posibles oportunidades que pudiesen surgir.
Por último, las empresas pueden adquirir externamente la propiedad intelectual, incluidas las licencias de patentes, derechos de autor o marcas de comercio, para beneficiarse de las oportunidades de innovación.
Las Pymes en la Innovación Abierta
La realización de la IA es mucho más sencilla de detectar en las grandes empresas debido a que las Pymes tienen un acceso más limitado a los recursos o disponer de menores recursos tecnológicos que intercambiar que las grandes. Sin embargo, debido a estas limitaciones, la Innovación en las pequeñas empresas siempre dispone de un enfoque externo, mediante alianzas o la externalización de recursos con otras compañías. De esta manera, las Pymes pueden ser mucho más innovadoras en ciertos aspectos que las grandes compañías.
Además, las Pymes contemplan las fuentes externas como un medio para tener acceso a canales de comercialización y ventas situadas justo en las últimas etapas de la innovación (sobre todo la fase de comercialización), mientras que la IA normalmente se centra más en las primeras etapas de la innovación, la tecnología de fuentes externas y la creación de redes con proveedores de tecnología y empresas innovadoras.


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