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El rodillo Google /2

Eric Schmidt, CEO de Apple, abandonaba el pasado mes de Agosto la junta directiva de Apple por lo que se consideró entonces un posible conflicto de intereses. Entonces podría haberse opinado que el abandono de Google del órgano de la compañía de Cupertino bien se debía a la cercanía de la presentación del Chrome OS en noviembre de este mismo año y aunque Google, todavía, no ha presentado de ningún modo un sistema operativo que pueda hacer sombra a su Mac OS X, ni Apple haya entrado todavía dentro del segmento de los Netbooks, aunque hay rumores que el próximo 26 de enero se realizará una presentación con su esperada Tablet; los derroteros que ya había adoptado Google entraba claramente en conflicto con las decisiones que la compañía pudiese adoptar sobre su teléfono móvil.

Aún está por ver el efecto que tendrá la incursión de Google dentro de la fabricación de terminales móviles, pero el movimiento se asemeja a lo desarrollado por Apple con el iPhone con un baño de apertura y de desarrollo de software libre. Puede ser que Google adornase el rápido desarrollo de su sistema operativo bajo la apariencia de abierto, aunque también es cierto que las primeras dudas dentro de la comunidad de desarrolladores de Android también han comenzado a surgir al calor de algunas decisiones que desde la compañía de California se han adoptado sobre la inclusión o no de algunas aplicaciones en su Market. Es posible que el candado de Google sobre su sistema operativo de dispositivos móviles comience a ser más férreo de lo que algunos consideraron en un principio, aunque también puede ser que estemos siguiendo una nueva zanahoria con una gran G impresa.

Por otro lado, la incursión de Google en otros segmentos durante este año ha tenido efectos mucho más llamativos y de forma mucho más estrenduosa. Por ejemplo, cuando Google anunció que se disponía a entrar en el mercado de los navegadores GPS y ofreciendo los mapas de forma gratuita, los analistas se echaron a temblar. Las acciones de las principales empresas dedicadas al geoposicionamiento comenzaron a caer en picado ante la posibilidad de que Google pudiese arrebatarles el mercado de un plumazo y acabar con ellas al destruir su modelo de negocio.

El pasado mes de noviembre pude asistir a una conferencia de Luis Collado, director de contenidos de Google España, que se preocupa en realizar presentaciones didácticas de cómo ha evolucionado la tecnología y cómo hemos ido cambiando nuestros hábitos de consumo de ocio y de información a lo largo del tiempo. Por supuesto que en los momentos actuales y teniendo presente cómo se mueve su empresa, el buenrollismo que suele encandilar a la audiencia, comienza a parecer forzado porque si bien Collado insiste que Google sólo se preocupa por los contenidos y tener a los internautas contentos con grandes productos y casi todos ellos gratuitos, no hay nada que se aleje más de la realidad.

Hay que decirlo aquí, porque no podría hacerse de otra manera, y es que el Periodista se muere. El Periodista puro se encuentra inmerso en una corriente de infoxicación de la que aparentemente es incapaz de salir. Ya son varios los periódicos digitales españoles (Como El Economista o el recién abierto La Información) que utilizan algoritmos para filtrar y reelaborar la información que van capturando a través de agencias y de Internet. Un algoritmo puede reelaborar la información más deprisa que un ser humano sí, la publicará de la manera más rápida, la colocará dentro de la masa ingente de usuarios únicos que necesita para subsistir, pero dónde quedará el lugar del periodista. ¿Se preocupará por releerse la noticia cual corrector de antaño para que las faltas gramaticales y semánticas no sean de bulto? ¿Será un mero Community Manager preocupado por alimentar el público que visita su medio? Y no es que los nuevos medios digitales se encaminen hacia esto, sino que más bien los viejos también se reconvierten en medios sin periodistas.

¿Está Google haciéndonos idiotas? ¿Es éste es aparentemente el mayor triunfo de los tecnócratas? La sociedad ya es incapaz de transmitirse los hechos sin el tamiz humano, las noticias sin el punto de vista de la persona que estuvo allí y pudo contarlo o al menos pudo transmitirlo para que otro transmitiese sus emociones.

Collado, en su presentación, mostraba a Google como el mártir necesario de la evolución tecnológica, consciente de que el cambio es imparable, que es un hecho y que las protestas de los medios son el canto del cisne de una industria obsoleta que ha sido incapaz de adaptarse. En un movimiento audaz, preguntó a la sala cuántos habían comprado el periódico aquella mañana, como podéis imaginar fueron pocos los que contestaron afirmativamente; posteriormente preguntó cuántos habían consultado la edición digital de un periódico aquella mañana (Sin importar el dispositivo que hubiesen usado), las manos alzadas fueron muchas más.

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El rodillo Google /1

El mundo todavía se estará quitando las legañas tras una larga celebración del Año Nuevo, mientras en Google no dejarán de trabajar para tener a punto la presentación de su nuevo teléfono, el Googlephone, el gPhone que ya tiene nombre Nexus One. Pero la concepción de este nuevo terminal no parte de cero, previamente la compañía de Mountain View se ha preocupado de que la industria de la telefonía móvil trabaje con ella para la puesta a punto de un sistema operativo para los dispositivos móviles de nombre Android.

Un sistema operativo que, entre otras cosas, ha conseguido poner entre las cuerdas a Windows Mobile y que ha dejado que el sistema de Nokia, Symbian, en los huesos siendo abandonado paulatinamente por el resto de compañías a pesar de los intentos de la compañía filandesa de crear un proyecto abierto y colaborativo. Android se ha posicionado en poco tiempo, y en apariencia, como la única alternativa capaz de seguir los pasos del iPhone de Apple y que, de momento, está batallando con él en condiciones (Sin olvidar los teléfonos Blackberry, claro, en el sector empresarial) en el mercado de consumo. Por otra parte, Google ha trabajado a fondo con Motorola para sacar al mercado sus dos nuevos terminales con Android, el Dext y Droid, y de paso resucitarla en un momento que parecía que se había quedado sin ideas; sin embargo lo que no era esperable es que Google diseñase su propio terminal, adentrándose un poco más en el mercado del hardware y comenzando a provocar los primeros recelos en el resto de compañías tecnológicas sobre la estrategia real de Google en el sector de la telefonía móvil.

No nos engañemos, Google se está convirtiendo en una compañía tecnológica global y globalizada que no se centra ya en tan sólo la distribución de contenidos, sino que es capaz de albergarlos, desarrollar un software para acceder a ellos (navegador Chrome), un sistema operativo para interactuar con los datos de la Web y que alberga la propia Google de sus usuarios (Chrome OS y Android), así como desarrollar hardware específico para ello (Los servidores que las empresas pueden instalar, el previsible futuro netbook en el que correrá Chrome OS y el de momento único teléfono móvil Nexus One). Google está más que dispuesta a darnos gato por liebre.

Debemos comenzar a contemplar a Google como un gigante que está disgustando a muchos, que tiene una fuerza de apalancamiento impresionante y que es capaz de desarrollar su estrategia global sin que aparentemente los consumidores y futuros clientes se percaten de la amenaza futura que esto representa. Las viejas industrias ya son plenamente conscientes de ello, lo que deberíamos preguntarnos es si dispondrán de margen para luchar por mantenerse en el mercado.

El ejemplo más directo lo obtenemos con los medios de comunicación y las empresas editoriales que están sufriendo en sus carnes ese gran cambio de modelo que, no nos engañemos, Google está llevando a cabo con ellas. El enfrentamiento de Google con las empresas mediática y con los responsables de los derechos editoriales en distintos países con sus proyectos de digitalización son tan sólo la punta de un inmenso iceberg de la política que Google está desarrollando.

El proceso de digitalización de libros desde bibliotecas sin consultar con los autores es una de las mayores acciones de conservación de la cultura jamás realizadas, propone facilitar el acceso a cantidades ingentes de información, pero sin respetar, o respetando de forma somera y siempre según el propio criterio de la compañía estadounidense, los derechos de sus autores y propietarios intelectuales que sin casi percatarse les están cambiando el modelo de negocio de la transmisión de la cultura del futuro. Google no tiene remilgos a la hora de aplicar su rodillo cuando quiere y a su antojo. La benevolencia de sus buenas palabras y sus sonrisas sobre el beneficio de sus acciones tiene una contraparte que se preocupa de ocultar, la ingente cantidad de ingresos que sus acciones les generarán en el futuro. De hecho, cuando Amazon lanzó su alabado Kindle2, Google corrió a firmar un contrato con Sony para proveer a sus lectores de libros electrónicos de un fondo editorial integente. Sí, proveyó el acceso a Google Books para los terminales de la compañía nipona.

Las acciones de Google se encaminan en estos momentos hacia el control total de la información. Cómo se distribuye, cómo se visualiza y cómo se consume. La visualización parte de Chrome, ese navegador, que puede que ponga en peligro la subsistencia de otro Firefox. Porque Google no podemos olvidar que dispone de un acuerdo publicitario con la Fundación Mozilla del que depende el 91% de los ingresos de la misma. A la compañía de la gran G hasta ahora le ha interesado y mucho que el Internet Explorer de Microsoft disfrutase de una sana competencia y que el mercado de los navegadores no estuviese monopolizado. La guerra de los navegadores se fundamentaba sobre la batalla del buscador, de la página de inicio, el primigenio acceso a la información y Firefox era un proyecto lo suficientemente maduro y con una gran comunidad para poder plantear batalla. De hecho, la política de Google ha sido un éxito donde Firefox ya dispone de un 50% del mercado, sin embargo parece que desde Mountain View se quiere ir cambiando esta política de forma que Chrome vaya ganando peso y no se les caerán los anillos cuando, llegado el caso, deban abandonar a la Fundación Mozilla para apostar definitivamente por su propio navegador.

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