El bibliotecario en su encrucijada
Hace ya un tiempo, escribimos un texto en el que reflexionábamos sobre la dicotomía que se da en Biblioteconomía y Documentación, donde una buena cantidad de personas de “letras” se refugia entre libros impresos buscando una salida profesional donde cada vez es más importante el peso de las nuevas tecnologías en su desarrollo. Es posible que las reticencias iniciales que se dieron en la adopción de nuevas tendencias en la Web, se vean relajadas en un futuro no tan lejano cuando nuevas generaciones más habituadas a los ordenadores suplanten a las más timoratas por si el ordenador (sic) pudiese llegar a romperse.
En cualquier caso, parece cada vez más cierto que la resaca del movimiento dospuntocero debe servirnos de punto de reflexión para encarar un futuro crítico para los intermediarios de la información. En un artículo que se publicará muy pronto en la revista Library & Information Science Research, un estudio recoge las impresiones de un grupo de profesionales australianos sobre las competencias y conocimientos que los bibliotecarios deberán poseer en un futuro no muy lejano.
Para los escépticos, en las conclusiones se evita el adorno 2.0, considerando que las etiquetas son perfectas para generar cambios en las actitudes de los profesionales pero se tornan peligrosas si se persiste en ellas en el tiempo. De este modo, se considera que la biblioteca 2.0 ofrece una nueva vía de reflexión sobre la Biblioteconomía y representa un cambio de actitud de los bibliotecarios. Sin embargo, las etiquetas y sus modas se agotan tan pronto como aparecen, siendo sustituidas por otras, por lo que pueden significar un impedimento para el crecimiento futuro.
Y es que la biblioteca/bibliotecario 2.0 no puede centrarse en la utilización de herramientas de la Web 2.0, excluyendo los principios y la filosofía propia de lo que verdaderamente representó, que es la participación. De esta manera, las herramientas pueden suponer un corpiño en la evolución de los servicios bibliotecarios que deben desarrollarse hacia el fomento de la participación de los usuarios, por lo que se debe considerar que el foco debe centrarse en el cambio y la evolución, pero encontrándose con las necesidades reales de los usuarios. La biblioteca 2.0 ha cambiado la manera que las bibliotecas y los bibliotecarios conectan e interactúan con sus usuarios y comunidades, cediendo cierto control a los mismos, pero hay que tener presente que la biblioteca 2.0 no es sólo ofrecer un servicio a la comunidad, sino que también construirlas.
Es decir, la biblioteca 2.0 debe ser un catalizador sobre la reflexión más sobre actitudes y trato hacia los usuarios que sobre tecnología. El poder real de la Web 2.0 no trata sobre cómo está cambiado la manera que los profesionales de la información y las bibliotecas diseñan y ofrecen servicios y recursos para sus usuarios, si no cómo los bibliotecarios conciben su profesión. El verdadero reto que está encarando la profesión actualmente trata de definir la naturaleza y el alcance de su nuevo paradigma profesional.
Para saber más:
- PARTRIDGE, H., et al., The contemporary librarian: Skills, knowledge and attributes required in a world of emerging technologies. Library & Information Science Research (2010), in press doi:10.1016/j.lisr.2010.07.001
El bibliotecario de “Los ríos de color púrpura”
En la prestigiosa Universidad de Guernon, en Francia, se ha cometido un crimen atroz. El bibliotecario ha sido asesinado tras largas horas de tortura y terribles mutilaciones. Pero, ¿quién querría matar a un bibliotecario? Su trabajo consistía básicamente en gestionar los libros y las plazas de estudio en la biblioteca. Así que, ¿cuál podría ser la motivación del criminal? ¿un sacrificio ritual? ¿qué las lecturas de los alumnos le llevaron a descubrir algún oscuro secreto de estos y lo hicieran callar? ¿qué no les prestara el libro adecuado?
En la película “Los ríos de color púrpura”, que Mathieu Kassovitz dirigió en el año 2000, apenas podemos ver un par de escenas que se desarrollan en la biblioteca. Ésta aparece ante nosotros como las tradicionales bibliotecas de antiguas universidades: espacios descomunales, auténticas murallas de estanterías de madera repletas de libros, un aspecto algo lúgubre y silencioso que sin embargo invita al estudio con sus numerosos puestos de lectura iluminados con una lámpara de mesa de tulipa verde…

Y aunque eso es casi todo lo que podemos ver de la biblioteca en la película, en la novela homónima de Jean-Christophe Grangé en la que se basa la biblioteca tiene un peso significativo en la trama de la obra y en el origen del crimen. Y el papel del bibliotecario es mucho más importante de lo que pudiera parecer a primera vista.
En el pasado o en el trabajo de este bibliotecario, que siguiendo la tradición paterna ocupa su misma plaza, parece estar la clave. O al menos eso cree el famoso detective Niémans, experto criminólogo encargado de resolver el caso. A su llegada a la Universidad de Guernon (al igual que en la película Seven) pone a su equipo a trabajar en la búsqueda de los libros que pudieran haber inspirado al asesino y los alumnos que los tomaron prestados, buscando en su catálogo términos como “mal”, “violencia”, “tortura”, “sacrificios rituales”, “mutilaciones”… Realizando una exhaustiva búsqueda de información que pueda dar alguna luz sobre el porqué del asesinato del bibliotecario, que sólo es el primero.
Las bibliotecas en el cine
Una de las secciones que lamentablemente hemos tenido más olvidadas durante el 2008 que termina dentro de esta bitácora ha correspondido la sección dedicada a las las bibliotecas en el cine. Me sorprende mucho que esto haya sido así teniendo presente que era una de mis preferidas, aunque imagino que el esfuerzo que supone el mantenimiento de esta sección -el visionado de una película completa, más la extracción de un fotograma significativo (si es posible), más la redacción de un texto apropiado- constituya uno de los mayores obstáculos a la hora de su actualización a lo largo del tiempo (Además de otros problemas inherentes al ritmo de publicación de un blog). Sin embargo, los hechos nos indican que durante un año y medio no hemos publicado ninguna anotación, por lo que es de suponer que nuestro interés en la publicación de contenidos específicos ha decaído mucho.
Flaco favor nos hacemos, cuando consideramos presentar, dentro de esta publicación digital, cómo se nos contemplaba dentro de los medios de comunicación de masas a los bibliotecarios y documentalistas, así como al libro, y después nos olvidamos completamente de ello. Sin embargo, y de momento, dentro de nuestra filmoteca particular disponemos de 15 obras que confiamos ir ampliando a partir de 2009. En cualquier caso, hasta este momento, hemos hecho referencia a los títulos:
- El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein – 1974)
- Carrie (Carrie – 1976)
- El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring – 2001)
- Tesis (1996)
- El día de mañana (The Day After Tomorrow – 2004)
- El Nombre de la Rosa (Der Name der Rose – 1996)
- Los Cazafantasmas (Ghost Busters – 1984)
- Desayuno con Diamantes (Breakfast at Tiffany’s – 1961)
- Blade (1998)
- Harry Potter y la piedra filosofal (Harry Potter and the Sorcerer’s Stone – 2001)
- Hannibal (2001)
- Seven (Se7en – 1995)
- Un Día en las Carreras (A Day at the Races – 1937)
- Star wars: Episodio II – El Ataque de los clones (Star Wars: Episode II – Attack of the Clones – 2002)
- Miranda (2002)
- Indiana Jones y la Última Cruzada (Indiana Jones and the Last Crusade – 1989)
- El tren de Zhou Yu (Zhou Yu de huo che – 2002)
La búsqueda de empleo para bibliotecario o documentalista en España
La búsqueda de empleo para los profesionales de la información no es sencilla teniendo presente el práctico desconocimiento que tiene la sociedad que tiene de nuestras funciones y posibilidades. Tanto es así que si acuden a los servicios de empleo de sus comunidades autónomas, en general, los funcionarios arquearán una ceja y les obsequiarán una sonrisa, mientras que sus terminales informáticos sólo ofrecen la posibilidad de encajar al Diplomado en Biblioteconomía o el Licenciado en Documentación bajo el epígrafe de “Artistas”. Por otro lado, atendiendo a una de las principales salidas profesionales de los bibliotecarios, los profesionales rebuscarán en los distintos boletines oficiales rastreando las distintas convocatorias de becas y oposiciones para peregrinar, uno tras otro, a las diversas oficinas de registro de las administraciones pertinentes con los papeles acreditativos correspondientes para confiar en su suerte.
Las universidades son otras de las grandes “agencias” de las que disponen los profesionales de la información a la hora de buscar su primer empleo o el segundo, ya que sus unidades de prácticas comienzan a abrir el difícil camino laboral de sus estudiantes. Al mismo tiempo, los profesores universitarios se preocuparán del mercado laboral de esta franja de especialidad profesional para encontrarse que, aunque hay muchas ofertas, la calidad de este trabajo es bastante mala.
Una vez agotadas, estas posibilidades, ¿dónde poder informarse sistemáticamente de las ofertas laborales adecuadas a nuestros perfiles? ¿A quién acudir más allá del chivatazo de nuestras amistades que en ocasiones son providenciales? Fundamentalmente, son varias las vías para estar al tanto de las ofertas laborales, así que permitidme que os recoja algunas de las opciones en una lista introductoria no exhaustiva:
- Portales especializados en empleo generalista. La búsqueda de empleo requiere cierta proactividad y acudir para informarse dentro de los portales especializados. no está de más. En el portal Infojobs, por ejemplo, podemos encontrarnos con algunas de ellas, aunque también podemos pasearnos por Monster o Infoempleo por poner sólo dos ejemplos.
- Portales de Biblioteconomía y Documentación como Docuweb o RecBib ofrecen sus propias secciones de ofertas de trabajo para nuestro ámbito laboral. Además, otras webs especializadas como Bibliopos ofrecen listados de convocatorias para oposiciones.
- Colegios Profesionales y las asociaciones son otros de los elementos a tener muy en cuenta. Así, por ejemplo, el Col·legi Oficial de Bibliotecaris-Documentalistes de Catalunya dispone de su propia bolsa de trabajo o el de la Comunidad Valenciana envía un boletín a sus asociados todos los meses. Por otro lado, la asociación Sedic está preparando su portal de empleo que lanzará en enero o la Asociación Andaluza de Documentalistas que también dispone de su propia bolsa de trabajo.
- Listas de distribución. Darse de alta en las listas de distribución a través de correo electrónico profesionales de Iwetel o Infodoc son otro de los recursos válidos para aquel que busca empleo. En el primer caso, el goteo de ofertas es constante, mientras que en el segundo existe un boletín electrónico que se recibe periódicamente con las ofertas de empleo recibidas.
Bloggin’ in the wind
How many roads must a man walk down
Before you call him a man?
Yes, ‘n’ how many seas must a white dove sail
Before she sleeps in the sand?
Yes, ‘n’ how many times must the cannon balls fly
Before they’re forever banned?
The answer, my friend, is blowin’ in the wind,
The answer is blowin’ in the wind.Blowin’ in the Wind – Bob Dylan
Imagino que, como otros, me quedé traspuesto ante la respuesta de Laura Novella en una discusión abierta en Iwetel sobre la política de gestión de carnet de usuarios dentro de la Biblioteca Pública de Valencia. En concreto, el hilo de la conversación saltaba cuando una usuaria de esta lista de distribución inquiría sobre las políticas de expedición de carnets de usuarios de las Bibliotecas Públicas, ya que se había encontrado con que la de Valencia le solicitaban un papel que acreditase fehacientemente que residía en Valencia. Amparo nos contaba que todavía no vivía en Valencia, que había aprobado una oposición y estaba a la espera de su nombramiento, pero al no poder acreditar su residencia en Valencia se quedó sin carnet. La sorpresa de Amparo fue mayor cuando consultó la información sobre la obtención del carnet, ya que según se afirmaba allí sólo era exigible la comprobación de residencia en el caso de ser extranjero.
El hecho es que, tras distintos correos cruzados entre dudas y aclaraciones, Laura que se identificó como trabajadora de la Biblioteca en liza trató de justificar ese hecho con distintos datos y cifras. Del texto, en el que se incide en los distintos problemas a los que se enfrenta la institución derivados de la población a la que debe de atender, pasa relativamente pronto a denunciar el hecho de que la investigación dentro del campo de la Biblioteconomía no está bien encaminada según su criterio y, de él, destaco:
Para no divagar más: entiendo que cada uno tiene unos intereses, y posiblemente tenga más actualidad y relevancia la web social y otros temas virtuales que los problemas de carnets de usuarios; pero esto no justifica que estas cuestiones (domésticas y menores para algunos) se traten tan a la ligera como creo que habéis hecho en los primeros mensajes. El fin último de la información es servir a las personas y está regulado por personas. Si perdemos esto de vista, acabaremos todos “blogging in the wind”. [...]
Tal vez Laura, sin pretenderlo realmente, trató de expresar un sentimiento común de muchos bibliotecarios que consideran que la Biblioteca 2.0, porque sería injusto quedarnos tan sólo en los blogs, y todo lo que está conllevando se quedará en agua de borrajas al obviar los principales problemas de las bibliotecas. Problemas que no son ya coyunturales y que están pasando a ser estructurales ante la falta de presupuestos y de financiación, de carencia de personal y cualificación, de instalaciones y renovación de fondos.
Es posible que los investigadores en nuestro campo se olviden de los riesgos laborales de los bibliotecarios, que los tienen, y que se centren, por poner un ejemplo, más en el número de estudiantes que salen de las universidades junto con el descenso de las solicitudes que en averiguar la situación real en la que se encuentran realmente las bibliotecas de las administraciones públicas.
No te voy a quitar la razón Laura, a veces lo nuevo, lo urgente, nos hace obviar lo importante, pero tal vez se trate de que nuestra profesión está todavía en pañales y hay que trabajarla un poco más. Sin embargo, te diré que el Bloggin’ in the wind también es necesario, que hay que ejercerlo para no ir desacompasados respecto a la Sociedad que servimos, a la vez que estamos atentos a sus variaciones y poder amoldarnos a sus cambios.
Documentalistas, ¿equivocamos nuestra formación?
La precariedad laboral en el campo de la Biblioteconomía y la Documentación, nuestra invisibilidad profesional, el intrusismo, las corrientes más o menos tecnófilas o tecnófobas entre nuestras filas, el desconocimiento de nuestras posibilidades laborales en trabajos diferentes a los tradicionales… son temas que, como profesionales de la información, de tanto en tanto nos rondan por la cabeza.
Éstas y muchas otras reflexiones similares las hemos vertido en múltiples ocasiones en este blog, intentando ofrecer un panorama profesional lo más amplio posible. Enlazar cada una de ellas sería demasiado tedioso, pero baste recordar cualquier encuentro entre un par de bibliotecarios/documentalistas –ya sea en reuniones informales entre amigos, cuando coincidimos en oposiciones o eventos varios, o en muchos mensajes en IWETEL-, para evocar los temas de los que hablo.
El reencuentro con viejos compañeros de estudio, de trabajo, con amigos -y el conocimiento de otros nuevos-, que supuso nuestra asistencia al 3rd International LIS-EPI Meeting ha hecho que me replantee de nuevo muchos de estos temas. Y más aún tras la lectura del reciente post de Álvaro Cabezas, en el que se recogía la vertiginosa caída de alumnos en las titulaciones de Biblioteconomía y Documentación en las universidades españolas, me ha hecho pensar si después de todo los que queremos dedicarnos a la Documentación en su vertiente más tecnológica o menos tradicional, de plano, nos equivocamos al escoger esta carrera.
En dicho post y los posteriores comentarios se barajaban varias explicaciones para esta caída de estudiantes en Biblioteconomía y Documentación: la pareja caída de la biblioteca como fuente de información universal, el escaso interés por las carreras documentales, la mala orientación vocacional, la sobreoferta formativa universitaria… Pero en conclusión, creo que el problema deriva mayormente de la propia formación que se nos ofrece en estas titulaciones (la Diplomatura y la Licenciatura).
Claro está que no se puede hacer un saco común: cada universidad sigue un programa curricular distinto, y desde que finalicé mis estudios en ambas titulaciones -en las dos universidades que las imparten en Valencia- seguramente habrá cambiado mucho el plan de estudios; pero poco se asemejaba la formación que recibí, a las necesidades formativas reales que me he ido encontrando a lo largo de mi desarrollo profesional.
Reconozco que como seguramente la mayoría de los futuros estudiantes universitarios no asistí en su momento a ninguna reunión informativa sobre la titulación, ni miré el plan de estudios de la carrera que había escogido; aunque viniendo de un módulo profesional en Biblioteconomía y Documentación sabía más o menos con qué podía encontrarme. Y si mi objetivo se hubiera limitado a preparar una oposición a alguna biblioteca municipal o universitaria, como es el caso de muchos de mis compañeros -y creo que casi la única salida que son capaces de visionar los estudiantes primerizos-, la formación que se me ofreció podría considerarse suficiente. Pero, cuando alguna asignatura, algún profesor, algún conferenciante, te deja entrever el mundo que hay más allá de la catalogación y de las bibliotecas tradicionales, las nuevas puertas profesionales que puedes cruzar con la base fundamental de nuestra profesión, la gestión de la información, ¿cómo no explorarlas?
Pero la realidad laboral es la que entonces nos cierra esas mismas puertas: los titulados en Biblioteconomía y Documentación no somos bienvenidos para desempeñar tareas más tecnológicas. La tradición de nuestra profesión, la visión que la sociedad tiene del mundo bibliotecario, de su obsolescencia frente a Internet, resultan un lastre. Poco importa que nuestra marcada formación interdisciplinar pueda servir como punto de apoyo a muchos otros profesionales (“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, Arquímedes); que nuestra capacitación para estructurar la información puedan completar, por ejemplo, la labor de un informático a la hora de crear o definir conceptualmente una base de datos, una Intranet, una página web; o que nuestra especialización en el campo de las búsquedas documentales pueda respaldar las labores de investigación científica, -sólo por poner algunos ejemplos que conozco.
Llegado a este punto, y volviendo al tema del estudio de Álvaro Cabezas, es cuando yo y otros (y perdón por el orden de los sujetos) nos planteamos si no hubiera sido mejor que estudiáramos otra carrera más tecnológica para trabajar en lo que nos gusta, en Documentación.
Quizá los nuevos estudiantes, más avispados que nosotros, hayan sabido ver que nuestro futuro laboral en este terreno no nos lo va a proporcionar una carrera como Biblioteconomía y Documentación. Consideran, al igual que la sociedad o que nuestros compañeros bibliotecarios más más tradicionales (y la redundancia es intencionada), que las nuevas tecnologías están alejadas de las bibliotecas y del anacronismo que transmiten.
Mucho se ha hablado de la muerte del libro y de las bibliotecas, no se trata de un tema nuevo. Así que, cuándo aprenderemos de una buena vez, cuándo aprenderán nuestros formadores, que tenemos que dar el salto de continente a contenido, de libros a información, de entidad física a virtual; que las nuevas tecnologías están ahí para ayudarnos y para quedarse y que no tenemos que temerlas.
Quizá la biblioteca 2.0 pueda lavar la cara a la imagen tradicionalista que arrastramos, pero mientras tanto esa imagen seguirá siendo un escollo en nuestra incursión en un mundo profesional más amplio y más tecnológico.
Más elucubraciones… en la próxima reunión.
El empleo en Biblioteconomía y Documentación: Mucho y malo
Recuerdo que, hace unos años, la Universitat de València me llamó para realizarme una encuesta sobre el nivel de satisfacción que como alumno tenía tras mi finalización de los estudios de la Diplomatura en Biblioteconomía. Se trataba de una encuesta telefónica, así que armándome de paciencia, no me gusta rellenar encuestas, decidí contestar con toda la amabilidad que me fuese posible. De las preguntas que me realizaron, me acuerdo fundamentalmente de dos (La formulación es completamente inexacta aunque es su esencia): Cuál era mi grado de satisfacción respecto a lo estudiado y mi desempeño profesional, y si la Universitat me había ayudado para obtener mi primer empleo como titulado.
Teniendo en cuenta que cuando empecé mi andadura como documentalista los servicios que ofrecía la Universitat de València a través del ADEIT eran bastante escasos, mi respuesta fue que la Universitat no me había ayudado en nada a la hora de obtener mi trabajo. Y, respecto a la primera, teniendo presente que por entonces trabajaba en un periódico y los contenidos que se impartían en la Diplomatura de Biblioteconomía respecto a los medios de comunicación social eran ninguno, no me quedó otra que señalar que tampoco en nada.
La obtención de empleo es una de las máximas aspiraciones de todo universitario. De hecho, dentro de una carrera te encaminas hacia la especialización, aunque ya lo haces a la hora de escogerla, por tus preferencias pero también por la esperanza, así que la obtención de trabajo dentro de nuestro campo siempre nos ha resultado de interés y desgraciadamente un terreno abonado para la denuncia. Así, ya evidenciamos el hecho de que cuando llega la Navidad muchos becarios se ven abocados al paro ante el cese de sus contratos, mientras que los becarios también sufren retrasos en los pagos de sus nóminas por parte de las administraciones, además de que los contratados no aspiran a ganar más de mil euros pasando a engrosar las listas de los denominados mileuristas.
Pero estas percepciones se confirman cuando algún investigador se decida a realizar estudios sobre los estudiantes y los profesionales de la información. Recientemente, en el artículo, Desarrollo profesional y opinión sobre la formación recibida de los titulados universitarios en información y documentación de las universidades públicas de Madrid (2000-2005) se nos aportan elementos de valor sobre la situación del mercado laboral dentro del sector de la Biblioteconomía y Documentación a partir de una serie de encuestas (118) realizadas mediante correo electrónico a diplomados y licenciados en información y documentación de las universidades públicas de Madrid de las promociones egresadas
2000 y 2005.
El estudio es mucho más profundo que lo aquí se refleja y dispone de muchos más indicadores, sin embargo, escogemos estos porque nos parecen de interés siguiendo el criterio de publicación que hemos llevado desde un principio. En cualquier caso, los resultados de los estudiantes madrileños encuestados son descorazonadores:
- Trabajan en el sector de la Biblioteconomía y Documentación. Es muy alto el porcentaje de personas que trabajan en este campo, el 79,5% (93) frente a un 20,3% (24) que no lo hacen.
- Tiempo transcurrido hasta encontrar el primer empleo en biblioteconomía y documentación. Un 58,6% (68) lo encontró antes de terminar la titulación, un 12,9% (15) en menos de seis meses y un 9,5% (11) entre 6 meses y un año.
- Nivel de responsabilidad. Los datos obtenidos señalan que un preocupante 44,4% (146) de los empleos obtenidos por los titulados que trabajan en información y documentación son de un nivel de auxiliar, inferior al que debe ocupar un titulado universitario. Como técnico encontramos un 35,6% (117), nivel que se asemejaría con una diplomatura, mientras que tan sólo hay un 13,7% (45) de nivel de técnico superior y un 6,4% (empleos) de nivel experto que se corresponderían con la licenciatura.
- Tipo de relación contractual. La mala calidad del empleo obtenido, ya señalado por otras investigaciones6, queda patente: el 41,9% (139) eran becas y sólo un 11,7% (39) se materializó en contratos indefinidos.
- Remuneración mensual (salario neto). Tendríamos un porcentaje del 73,1% de casos con una remuneración menor a los 900 €.
Folksonomías, marcado social y filtrado social de noticias
Tal y como ya os anuncié, durante esta semana, tomo las riendas de la Comunidad de Prácticas "Web social para profesionales de la información" en la que ofreceré los conceptos de folksonomías, marcado social y filtrado social de noticias. Fundamentalmente, los textos que tengo preparados y que iré publicando durante esta semana son los siguientes:
- Presentación
- Folksonomías o el etiquetado social
- Folksonomías por todos lados
- Un poco de historia en la gestión de enlaces
- Social bookmarking – marcadores sociales
- Marcadores sociales y bibliotecas
- Filtrado de la información en la Web: Basado en contenido, colaborativo y social
- DocuMenea: El filtrado social de noticias en Biblioteconomía y Documentación
Sinceramente, espero que los contenidos os resulten de interés.










Uno de los lugares más populares en las Redes Sociales en Internet es 

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