¿Trabajo o Formación?: elige tu futura frustración
En la vida de todo estudiante, durante la carrera o al finalizar ésta, llega el momento en el que hay que elegir entre trabajar o seguir formándose. Es cierto que no siempre se trata de una decisión tomada libremente, sino que más bien son las circunstancias las que deciden por nosotros; pero una u otra opción determinará seguramente nuestro futuro profesional y también nuestra futura “frustración personal”. Evidentemente, esta “opción vital” se da en todas las carreras y profesiones, pero en el caso de la Biblioteconomía, en que podemos introducirnos laboralmente de forma progresiva (un médico no empezaría nunca como auxiliar de medicina), hacen que, como Bibliotecarios/Documentalistas, la decisión sea aún más difícil.
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La Biblioteca Nacional de España en 1924
Podríamos decir que se trata de una ley de Murphy informacional que ya recogimos la semana pasada, siempre se encuentra lo que no se busca, o podríamos considerar que se trata de la Serendipia que ya nos estuvo definiendo David hace unos meses. El caso es que, una cosa u otra, estaba buscando otro texto entre los añejos microfilms del Diario Levante, cuando me topé con un artículo de opinión sobre la Biblioteca Nacional de hace más de 80 años.
Obviamente, como blogger, no podía dejarlo pasar por alto y, tal como se publicó, os lo transcribo. Disfrutadlo que no tiene pérdida.
Nos “vendieron” la Diplomatura en Biblioteconomía y nos convencieron
Todos los años, la Universitat de València organiza unas sesiones informativas sobre las diferentes titulaciones que imparte para los alumnos de nuevo ingreso. Aunque en su momento alguno de nosotros ya acudió a una de estas sesiones, la perspectiva de poder comprobar cómo se explicaba la carrera de Biblioteconomía a gente que la desconocía nos resultaba tentadora.
Después de deambular por los pasillos y escaleras que conforman el edificio histórico La Nau, lugar primigenio de la Universitat de València a principios del siglo XV, localizamos finalmente la sala en que se haría la presentación de nuestra titulación. A quince minutos escasos para su inicio pudimos comprobar que, o bien por falta de interés, de pereza o de desconocimiento de la presentación, la afluencia de público era realmente escasa, tan sólo once personas entre las que nos contábamos nosotros dos. Esta cantidad contrastaba claramente con la veintena que escuchaba la presentación precedente sobre la Licenciatura en Filosofía.

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