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Etiqueta: Documentación

La asincronía de la Redacción de prensa también llega a Documentación

Periódicos en tabletasEl profundo debate sobre las redacciones integradas, separadas o mixtas en el que llevan inmersos los medios de comunicación impresos tras la irrupción de la crisis económica ya hace más de un lustro -Aunque debemos tener presente que la crisis del modelo económico de los medios ya se preveía durante la crisis del año 2000-, no ha podido dejar de salpicar a otros trabajadores auxiliares de la misma como, fundamentalmente, los documentalistas de prensa. Puede que nos contituyamos como una rara avis según los años vayan venciendo, algo prescindible según los automatismos y, ¡albricias!, los técnicos informáticos aseveran que los sistemas de gestión de información pueden recuperar la información de forma rápida y sencilla -Disculpadme la ironía-. Sin embargo, desgraciadamente, los efectos de esta transición ya van salpicándonos lentamente incluso en aquel bastión que nos quedaba y que nos diferenciaba para realizar un producto de calidad: La documentación de texto.

Porque el archivo de un medio de comunicación impreso constituía su memoria, el lugar al que acudir para repasar temas, para obtener ese dato que de otro modo sería terriblemente complicado conseguir de otra fuente documental, para comprobar si cierta pieza de información se ha publicado o simplemente para contrastar cómo se publicaron. Pero la diferenciación de las redacciones, la impresa y la digital, provoca que el producto final no sea ya un producto totalmente integrado, sino más bien un producto difuso que se quema nada más salir de la imprenta. Ya no se trata de que lo que se publicó ayer, hoy está pasado, sino que aquello que se publicó esta mañana a las 6 de la madrugada, a las 12 del mediodía ya ha sido machacado por la actualidad. Este proceso acelerado convirte al papel en un producto del siglo XX que parece deshacerse cuando es tocado, que pierde valor irreflenablemente según el segundero avanza inexorablemente.

En el plano de la documentación de prensa, ya no resulta suficiente almacenar lo impreso, hay que controlar también lo que se publica en digital. La negación de lo obvio sólo puede llevarnos a disgustos, mientras que esa parte de la plantilla crece en recursos humanos y va adquiriendo mayor importancia mientras absorbe otros. Estaremos completamente ciegos y seremos unos incautos si consideramos que la solución de todos los males digitales pasa por Google. Si convertimos a este buscador, o cualquier otro, como único medio para recuperar informaciones atrasadas sin un mínimo de tratamiento documental, caeremos en los consecuentes peligros que ello conlleva y bien conocidos por todos.

El futuro debe contemplar necesariamente la integración de los procesos de producción del producto informativo de tal manera que las informaciones se encuentren integradas y sean fácilmente trasladables de un formato a otro (Web, papel, móviles, tabletas…). En definitiva, que la presentación no prevalezca sobre el contenido. Nuestra batalla diaria.

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Leer es caro

Sucedió que, en una jornada de financiación de la Investigación y Desarrollo, una responsable de I+D de una empresa se quejó amargamente de que leer era caro. “La formación no sólo son cursos, también lo es la lectura. Formación también es leer, leer y leer; y leer es caro.” Esta persona parecía hallarse en una contradicción en un momento en el que acceder a la información nunca fue tan sencillo y tan barato.

Actualmente, los científicos no necesitan de desplazarse a bibliotecas lejanas para acceder a una tesis o a realizar búsquedas bibliográficas. La mayoría de las fuentes de información secundarias se encuentran accesibles a través de la web de forma gratuita (o una gran parte de ellas), mientras que las universidades realizan una gran inversión de sus presupuestos para permitir a sus investigadores que accedan al documento primario de una forma sencilla y ágil. Los investigadores universitarios reconocen que cada vez con menos frecuencia disponen de la necesidad de desplazarse hasta sus bibliotecas del campus, casi todo se encuentra en línea. Es decir, el esfuerzo de los investigadores para documentarse ha disminuido, lo que conlleva un aumento de su productividad, pero esto bien sucede en las instituciones públicas.

¿Qué sucede en los otros motores de la I+D? ¿Dónde quedan los investigadores y los innovadores de las pymes o pequeños centros de investigación? ¿Qué mecanismos les quedan a ellos para acceder al documento primario? Si cada artículo científico tiene un coste de media de 30$, ¿qué pyme se encuentra dispuesta en realizar el gasto de 300$ para artículos que, en ocasiones, se reducen a una crítica de un libro de dos páginas? ¿Cómo puede justificarlo ante sus gerentes?

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Las distintas normas técnicas editadas en España por AENOR

La normalización o estandarización es la redacción y aprobación de documentos que establecen, por consenso, las características o especificaciones de un producto, servicio, proceso o sistema terminológico. La normalización persigue fundamentalmente tres objetivos:

  • Simplificación: Se trata de reducir distintos modelos quedándose únicamente con los más idóneos.
  • Unificación: Para permitir la intercambiabilidad a nivel internacional.
  • Especificación: Se persigue evitar errores de identificación creando un lenguaje claro y preciso

Las normas técnicas son documentos técnico-legales resultado de este proceso de normalización, existiendo dos tipologías:

  • Una norma de facto puede definirse como una especificación técnica que ha sido desarrollada por una o varias compañías y que ha adquirido importancia debido a las condiciones del mercado. Suele utilizarse para referirse a normas consuetudinarias. Por ejemplo, las normas NRV (Normas Renfe Vía).
  • Una norma de jure puede definirse, en general, como una especificación técnica aprobada por un órgano de normalización reconocido para la aplicación de la misma de forma repetida o continuada, sin que dicha norma sea de obligado cumplimiento (GATT y definiciones de directivas CEE 83/189).

En el caso de España, como consecuencia de la colaboración Hispano-Alemana durante la Guerra Civil Española, y sobre todo durante la 2ª Guerra Mundial, se comenzaron a utilizar las normas DIN alemanas. Ésta es la causa de que hasta hoy en los diferentes diseños curriculares españoles, se haga mención a las normas DIN, en la última propuesta del Ministerio para el bachillerato, desaparece la mención a dichas normas, y sólo se hace referencia a las normas UNE e ISO.

En diciembre de 1945, el CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas), creó el Instituto de Racionalización y Normalización (IRANOR), dependiente del patronato Juan de la Cierva con sede en Madrid. IRANOR comenzó a editar las primeras normas españolas bajo las siglas UNE, las cuales eran concordantes con las prescripciones internacionales. A partir de 1986, las actividades de normalización y certificación N+C recaen en la entidad privada AENOR (Asociación Española de Normalización y Acreditación).

Los tipos de normas editadas en España son:

  • Normas UNE (Acrónimo de Una Norma Española) son un conjunto de normas técnicas creadas por los Comités Técnicos de Normalización (CTN), de los que forman parte entidades y agentes implicados e interesados en los trabajos de cada comité. Por regla general, estos comités suelen estar formados por AENOR, administración, laboratorios, centros de investigación, fabricantes, consumidores y usuarios.
  • Normas UNE-ISO son resultado de la traducción al español de las normas de la ISO (Internaciontal Standard Organization).
  • Normas UNE-EN-ISO son resultado de traducción al español de las normas de la ISO aprobadas por el Comité Europeo de Normalización (CEN). Cualquier versión en un idioma diferente al inglés, francés o alemán debe ser realizada por un miembro del comité europeo de normalización (CEN).
  • Normas UNE-EN. Las normas UNE-EN son la versión oficial en español de las normas europeas, que son adoptadas tras la aprobación de un órgano específico dentro de la estructura de normalización nacional de AENOR.
  • Especificaciones Técnicas Europeas UNE-CEN/TS. Se trata de documentos normativos de menor rango que una norma europea EN. No son de obligada adopción. Se recurre a ellas cuando no hay un consenso suficiente para adopción como norma europea. Sustituyen a las antiguas normas experimentales UNE-ENV, que van desapareciendo a medida que son sustituidas por éstas.
  • Informes Técnicos UNE-CEN/TR. Son documentos normativos de menor alcance que las normas europeas y las especificaciones técnicas. No es obligatoria su adopción. Se recurre a ellos cuando se trata de normalizar un aspecto tecnológicamente muy incipiente, todavía en fase de investigación y desarrollo industrial y sobre el que no hay mucha experiencia.
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Los flujos de información ni se crean ni se destruyen, sólo se transforman

El mundo ha cambiado. Lo siento en el agua, lo siento en la tierra, lo huelo en el aire…
Mucho de lo que era, se ha perdido… Pero nadie vive que lo recuerde.

De estas frases, ninguna de ellas, son mías. El titular lo he extraído del último artículo de opinión del director de El Boletín, un semanario económico regional de la Comunidad Valenciana, Cruz Sierra; mientras que las otras frases citadas más de uno podrá recordarlas.

El mundo de la información está cambiando de forma completamente dramática, el modo en el cual la consumimos también y los profesionales de la información nos enfrentamos a la encrucijada de si realmente estamos preparados para los cambios que se avecinan. En España, el colectivo de los profesionales de la información lo constituyen dos grupos diferentes pero que no se han puesto de acuerdo a la hora de apropiarse de cierto término, pero que contemplan cómo el mundo se les está transformando.

Si bien los documentalistas, han tratado de adaptarse a los nuevos tiempos mediante las fórmulas de denominación como infonomistas o vigilantes tecnológicos; lo cierto es que estas fórmulas han resultado, más que integradoras, excluyentes; distanciando colectivos que bien podrían haberse dado la mano. Por su lado, los periodistas han tratado de encontrar sus sinónimos en los profesionales de la comunicación, primero, mientras que posteriormente han tratado de englobar todo el hecho comunicativo mediante la fórmula profesionales de la información. Además, el término Ciencias de la Información se consideran en España patrimonio de los periodistas (Algunas facultades universitarias se acogen a esta denominación), mientras que los documentalistas consideran su disciplina, la Documentación, como la Ciencia de las Ciencias, es decir, la Ciencia de la Información Científica.

Este aparente choque entre disciplinas tan radicalmente distintas no es sorprendente. El proceso de la información puede ser reducido ha tres conceptos básicos, a saber, Información – Comunicación – Documentación, una tríada que puede ser ampliada agregando todos los elementos que se deseen pero que puede ser perfectamente entendida con estos componentes. Sin embargo, documentalistas y periodistas se enfrentan a un nuevo mundo dominado por la Web en el que el soporte es fagocitado por los bits y el distribuidor principal de usuarios casi se centra en un único actor.

Del lado de los periodistas, David Simon lo resumía estupendamente en el reportaje que le dedicaba El País a su estupenda serie The Wire en el que atacaba a la blogosfera. De esta manera, el periodista acusaba a los bloggers de dedicarse en la mayoría de los casos “a amontonar informaciones que encuentran en otros lugares sin hacer ellos mismos ningún ejercicio de periodismo. Y acuso a los bloggers de escribir mucho sobre corrupciones sin haberse dedicado nunca a conocer por dentro las instituciones que critican”. Simon no cree en el periodismo ciudadano ni en su viabilidad dentro de una sociedad que necesita del tutelaje del cuarto poder y críticas no le han faltado.

Los periodistas han descubierto cómo las fuentes primarias vuelcan sus informaciones en la Red reclamando el protagonismo que sólo ellos deberían otorgarles después de un trabajo de filtrado, contextualización y análisis. Sin embargo, los blogs – y el Social Media resultante de su evolución – se saltan ese proceso. En muchos casos, la falta de contextualización sólo sirven para que los blogs, muchos de ellos comerciales, se centren en la réplica de las notas de prensa de empresas e instituciones sin querer entrar en la validez de esas informaciones. Ése es el principal error y lo que la sociedad está perdiendo lentamente. Puede que el producto final de la Web Social no sea de calidad, pero dentro de Internet es popular y por ello rentable y, como bien sabemos de otros medios de comunicación, lo popular se enfrenta con la calidad del producto final, aunque interesadamente nos gusta obviarlo.

Por su parte, los documentalistas han intentado realizar un proceso de reflexión propio. De este modo, José López Yepes presentaba al Homo Documentalis (un ciudadano intelectual capaz de crear y consumir responsablemente ciencia y cultura) y el Homo Documentator (un nuevo perfil de documentalista a la altura de la sociedad de la información). Sin embargo, las nuevas competencias del documentalista propuestas por el catedrático parecen ser fagocitadas por el Homo Documentalis, que se conforma con los instrumentos que la Web le pone a su alcance.

Los documentalistas más veteranos, a los que hacíamos referencia en un texto anterior, contemplan cómo los flujos de información dentro de la sociedad están cambiando de forma acelerada, mientras aquellos encargados de analizarlos parecen estancados en un pasado mejor. El Homo Documentator debe de dar un paso más hacia la comprensión de la información como un bien económico, entender sus características y su ecología. Debemos comenzar a abandonar los libros como elementos principales del transmisión del conocimiento y comenzar a detenernos a comprender e integrar el proceso informativo como un todo que debemos estudiar, hasta los editores comienzan a considerar a Google como lo peor que les ha sucedido, y los libros electrónicos como el futuro inevitable.

El futuro es completamente apasionante y debemos comenzar a incorporarnos a él. Los flujos de información, lo que verdaderamente nos debería preocupar, todavía se encuentran ahí, no han sido destruidos; debemos de localizarlos, estudiarlos y sacarles partido en la medida que sea posible para nuestras organizaciones.

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“Gestión de información personal” en El Profesional de la Información

Acaba de publicarse el número correspondiente a Julio-Agosto de la revista El Profesional de la Información , dedicado en esta ocasión a la Gestión de información personal, cargadito de textos muy interesantes a los que ya he podido echarles un vistazo en su formato digital, mientras estoy a la espera de recibir el ejemplar en papel.

Ante todo, quiero agradecer a María José Sola-Martínez que recogiese las aportaciones más interesantes entorno a un debate producido en la lista de distribución de Iwetel sobre los servicios de redes sociales en Internet que lleva por título Redes sociales: más allá de la privacidad y que recogiese algunas de mis aportaciones al mismo. Como curiosidad, os dejo mis frases destacadas dentro del artículo: “Respecto a la privacidad en las redes sociales, en realidad a lo que nos enfrentamos es a nuestra incapacidad para gestionarla” y “Creemos que nadie observa lo que publicamos en una red social, pero en realidad estamos compartiendo mucha información”.

Pero hay mucho más. Por ejemplo, el artículo de Emilia Currás, El documentalista en crisis, que puede enlazarse con el anterior artículo publicado también en la misma revista Elegía del centro de documentación de prensa de Nora Paul. Lo cierto es que ambos constituyen una visión un tanto pesimista del futuro de los documentalistas y puede que constituyan un toque de atención en el proceso de adaptación de los planes de estudio de las universidades españolas de los Bibliotecarios y Documentalistas dentro del denominado proceso de Bolonia.

Otro de los textos que nos han parecido interesantes son: Gestores de referencias de última generación: análisis comparativo de RefWorks, EndNote Web y Zotero y Patrones de citación de la revista “El profesional de la información”. Este último coincidente con el estreno del Factor de Impacto de esta revista de la Web of  Science (WoS). Nuestra enhorabuena por esa primera cifra que no está nada mal.

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El servicio de documentación de un medio impreso regional: evolución en el diario Levante-EMV

Ha tardado un poco, pero ya tenemos en nuestras manos el nuevo número de la revista El Profesional de la Información dedicado a la documentación y medios de comunicación. Como no podía ser de otra manera, habiendo desarrollado buena parte de mi vida profesional en el diario Levante-EMV y perteneciendo esta bitácora a su Red de Blogs, propuse al responsable de la sección de Documentación del periódico, Alfonso Rodero, la redacción de un texto donde se abarcase cronológicamente las distintas etapas y formas de trabajo por las que el servicio ha pasado. Por otra parte, ya recogimos un texto de Alfonso hablando sobre el trabajo de documentación en el diario.

Confío en que el texto, que tiene por título El servicio de documentación de un medio impreso regional: evolución en el diario Levante-EMV, resulte de vuestro interés y que, junto al resto de los artículos, ayude a ilustrar el no siempre conocido mundo de la documentación informativa que se desarrolla en España. El índice de este número de la revista es el siguiente:

  • Elegía del centro de documentación de prensa – Nora Paul
  • Evaluación de hemerotecas de prensa digital: indicadores y ejemplos de buenas prácticas – Javier Guallar y Ernest Abadal
  • La memoria como criterio de valoración de calidad en el ciberperiodismo: algunas consideraciones – Marcos Palacios
  • Influencia de la fotografía digital en los departamentos de documentación de prensa – Juan-Miguel Sánchez-Vigil, Juan-Carlos Marcos-Recio y María Olivera-Zaldua
  • Periodistas que ejercen de documentalistas (¿y viceversa?). Nuevas relaciones entre la redacción y el archivo tras la digitalización de los medios – Josep-Lluís Micó-Sanz, Pere Masip-Masip, José-Alberto García-Avilés
  • Recuperación de secuencias de información audiovisual con rdf y smil – Jorge Caldera-Serrano y Rodrigo Sánchez-Vicente
  • 2018: ¿Diarios en dispositivos móviles? Libro electrónico, tinta electrónica y convergencia de la prensa impresa y digital – Javier Díaz-Noci
  • Automatización de las bases de datos: potencialidades de herramientas básicas para otro periodismo posible – Xosé López-García, Carlos Toural-Bran, Xosé Pereira-Fariña y Suzana Barbosa
  • El servicio de documentación de un medio impreso regional: evolución en el diario Levante-EMV – Marcos Ros-Martín y Alfonso Rodero-Susiac
  • Apuntes sobre la documentación en el diario El país – Juan-Carlos Blanco-García
  • Servicio de documentación digital de la Televisión del Principado de Asturias (TPA) – Belén E.-Nora-González, Cristina Patallo-Fernández y Marcela Pastor-Blanco
  • De la videoteca al robot pasando por Tarsys. Nuevos sistemas de gestión multimedia en Radiotelevisión valenciana – Lola Alfonso-Noguerón
  • El documentalista de programas de televisión: horizontes profesionales – Silvia Ripoll-Mont y Luisa Tolosa-Robledo
  • Los nuevos diarios digitales. Entrevista a Mario Tascón – Javier Guallar
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Catalogar vs. indexar

Uno de los mayores pecados que puede realizar un documentalista o un bibliotecario es pronunciar la palabra tabú: NO. “No está, no existe o no se puede hacer” son frases que en algunas ocasiones lanzamos casi de forma automática casi sin percatarnos bajo la presión de una consulta de información de un usuario urgido por la necesidad, casi sin tiempo para realizar una segunda reflexión. Tal vez deberíamos adoptar una actitud mucho más positiva, o idealista según se mire, como hacen los informáticos, siempre dispuestos a decir que sí y para posteriormente convertirlo en un “ya veremos”. Es posible que esa negatividad manifiesta surja de los documentalistas porque somos capaces de situarnos en el lado del usuario, conscientes de la problemática que éste se va a encontrar cuando comience a utilizar una aplicación, una página web, una interfaz que ataca una base de datos. Es por ello que siempre estamos dispuestos a situar un “pero”, cuando consideramos que el bosque es mucho más extenso de lo que creen nuestros amigos, los informáticos, en un momento. Así pues, deberíamos cambiar nuestra actitud, colocar siempre el SÍ ante cualquier otra consideración y luego ya nos preocuparemos de cómo salimos del entuerto, simplemente a modo de supervivencia.

Digo esto porque recientemente, revisando una de las revistas informáticas más populares de España, me encontraba con una columna de opinión de un informático que atacaba la catalogación, las folksonomías y por extensión la documentación en un entorno donde Google podía hallarlo todo. Concretamente, a modo ilustrativo, nuestro informático consideraba que no necesitaba clasificar los correos que le llegaban, puesto que utilizando una serie de palabras clave podía localizar el email perdido en la avalancha de su buzón. Al mismo tiempo, creía que el etiquetado social, el tagging, era una actividad prescindible puesto que el superalgoritmo googleliano bien podría resolvernos la papeleta sin necesidad de andar perdiendo el tiempo en la gestión de la información personal.

Qué crueldad. En diez años, Google nos ha jubilado. Nos hemos convertido en prescindibles, en una figura cómica al lado de la compleja programación desarrollada desde Mountain View, creo que es el momento de acabar con esta farsa… En realidad, somos unos tecnófobos redomados, realicémonos un harakiri colectivo y entonemos un mea culpa. Somos unos obsoletos digitales

Sin embargo, no estamos más lejos de la realidad. Por ejemplo, seguramente nuestros lectores dispondrán de una cantidad mayor de ejemplos, me pregunto, ¿ha intentado recuperar información de una base de datos de un medio de comunicación? ¿Ha utilizado los sistemas de búsqueda en los archivos que los medios de comunicación disponen en sus webs? ¿Ha utilizado a Google para ello? ¿Cuáles han sido los resultados? Yo se lo diré, la experiencia manda: O sabe lo que busca, colocando específicamente las palabras mágicas publicadas en el texto que busca o difícilmente va a encontrar lo que desea. O lo ha leído previamente, o va a ser complicado encontrar nada y simplemente el silencio será estruendoso.

Hay que tener en cuenta que el trabajo que se realiza desde la parte humana en la descripción de la información, ya se trate de palabras clave, pequeños resúmenes o el control del vocabulario, es valor añadido a la información. Es relativamente sencillo perderse dentro de una base de datos documental en la que se vuelcan diariamente informaciones sin el menor control del vocabulario. Si se trabaja dentro de un medio de comunicación, lo primero que se aprende es que los propios periodistas utilzan conceptos y palabras distintas enfocados en un mismo tema, que una noticia seguimiento de una información anterior no tiene porqué necesariamente hacer referencia directa a la previa y a la hora de recuperar ambas la desambiguación es completamente necesaria.

Porque el informático podrá considerar que es posible indexar toda la información que se produce diariamente en un medio de comunicación impreso, sin embargo lo que los documentalistas ponemos sobre la mesa son las dificultades a la hora de recuperación, ordenación de resultados y pertinencia de los mismos. Sin embargo, a veces nos quedamos en un NO y una sonrisa, lo que no es suficientemente significativo para nuestro interlocutor y no aportamos valor añadido a la discusión. Sí, es cierto, el motor de búsqueda recuperará información si colocamos las palabras mágicas, las que conocemos que el texto contenía, aunque no siempre las conoceremos de antemano. Dispondremos en nuestra cabeza de conceptos y sinónimos, el rico lenguaje natural, sin embargo no siempre podremos atacar una base de datos con ellos y recuperar información, no recuperaríamos nada y será entonces cuando algo realmente no exista, a pesar de que realmente no lo habremos recuperado.

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