De L’Encyclopédie a la Wikipedia, cambiando la difusión del conocimiento de la Humanidad
L’Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, dirigida por los filósofos franceses Denis Diderot y Jean d’Alembert, representa la obra que trata de resumir el movimiento de la Ilustración desarrollado durante el siglo XVIII. Se trata de un texto cuyo objetivo pasaba por tratar el resumen de los principales conocimientos que la Humanidad había acumulado hasta el siglo XVIII y que, curiosamente, se incluyó dentro del Index Librorum Prohibitorum por elogiar dentro del mismo a pensadores protestantes y desafiar el dogma católico, clasificando la religión como una rama de la filosofía, no como el último recurso del conocimiento y de la moral.
Puede que los mismísimos Diderot y d’Alembert no hiciesen otra cosa que descubrirse ante una de las mayores obras colectivas jamás concebidas por la Humanidad, un lugar donde cualquiera pudiese compartir sus conocimientos y si estos fuesen erróneos pudiesen ser cambiados y si estos quedasen desfasados actualizados en pocos segundos. Es posible que pasemos de considerar que si algo no está en Internet no exista, como hacíamos durante la década anterior, a que si algo o alguien no se encuentra en la Wikipedia, no es lo suficientemente importante.
No hace falta señalar que los caminos de la Wikipedia no han sido sencillos, ya señalamos aquí sus dificultades iniciales, sus puntos oscuros, los intentos de prohibición de su uso en colegios y administraciones públicas por su supuesta inexactitud y sencilla manipulación. Frente a los ataques que ha sufrido sobre su contenido, el argumentario de sus defensores pasa por aprender a utilizar sus recursos, así como los de la Web en general, contrastar los datos, en definitiva, e ir con pies de plomo a la hora de republicar su información. Y no estamos señalando algo que sólo competa a estudiantes y profesores, sino que otros colectivos, como los profesionales de la comunicación, deberían comenzar a alzar el mea culpa, confundiendo fuentes y considerando que el modelo de la Wikipedia es extensible a otros proyectos, digámoslo así, con otros objetivos mucho más lúdicos.
Las enciclopedias, así como otros productos editoriales similares como los vocabularios y diccionarios, puede que sean los primeros caídos en la guerra editorial en la era que se inauguró con la Web. Puede que la Wikipedia sea la cabeza visible de la terrible transformación y de sus caminos futuros, pero no podemos negar que las editoriales de estos productos ya se percataron de que las cosas estaban cambiando. Las grandes enciclopedias analógicas ya abrieron sus contenidos de forma tímida, sin querer perder el control sobre el producto final, invitando a la participación de los ciudadanos de la Red, aunque puede que tengan que adoptar medidas mucho más agresivas en un futuro no tan lejano tal y como ya lo ha comenzado a hacer la Encyclopaedia Britannica.
La Britannica se las ha visto y deseado con la Wikipedia, como por ejemplo cuando trataron de comparar la calidad de sus contenidos y no salió tan bien parada como les hubiese gustado a sus editores en el famoso artículo de la revista Nature, pero puede que descubriendo que se encuentra perdiendo la partida ha comenzado a dar tímidos avances hacia la filosofía 2.0. No debemos olvidar que si deseamos consultar la Britannica debemos pagar por ello, sin embargo puede que consciente de que en Internet sólo se es popular si tus contenidos son accesibles, los editores consideraron oportuno abrir sus contenidos de forma limitada a los bloggers a través de Britannica Webshare. Este movimiento ha sido reforzado recientemente con la posibilidad brindada a sus lectores para que puedan editar los contenidos de la enciclopedia, aunque por supuesto que los textos no sufrirán ninguna variación hasta que las modificaciones sean revisadas por un equipo de expertos y finalmente aprobadas, claro.
¿Podría la Britannica desaparecer? Puede ser que disponiendo de una buena base de usuarios disponga del sustento suficiente para soportar las nuevas tensiones del mercado, sin embargo la guerra no va a ser sencilla. La mismísima Microsoft ha considerado cerrar su Enciclopedia Encarta tras 16 años de actualizaciones. Debemos resaltar que la Encarta no era una gran enciclopedia en cuanto a contenidos en sus inicios, de hecho Microsoft la adquirió tras recibir la negativa de la Britannica para licenciar sus contenidos en CD-Rom, pero a mediados de la década de los 90 era muy popular por su interactividad y contenidos audiovisuales junto a las posibilidades interactivas que ofrecía a sus usuarios. La traslación a la web no fue sencilla para esta enciclopedia y, de hecho, la falta de un modelo de negocio claro para el futuro ha pesado mucho para que Microsoft considerase su abandono.
El fin de la Encarta ha traído la aparición de distintos análisis. Puede que la Wikipedia entienda mejor a los internautas y ofrezca el producto que ellos necesitan, pero de lo que no cabe duda de que la influencia de esta Enciclopedia 2.0 bien depende de otro actor hasta ahora no mencionado: Google. Y es que el buscador también lo ha intentado con su enciclopedia colaborativa Knol, pero obviamente la naturaleza de la enciclopedia de Google es bien distinta y no ha llegado a cuajar. Sin embargo, los internautas han dispuesto del tiempo para que sus recelos y sospechas se levantasen cuando descubrieron que los artículos de Knol posicionaban mejor y más rápido que otros. También debemos señalar que el propio Google puede funcionar como un diccionario si utilizamos el atributo define, pero lo que no debemos pasar por alto es que la propia Web es un gran repositorio de informaciones de todo tipo que puede funcionar como una gran enciclopedia. Claro que este marasmo de informaciones no disponen del discurso estructurado de las enciclopedias de antaño, obligándonos a discurrir un poco más de lo que consideramos necesario, pero ante esta saturación de informaciones buscamos una marca a la que aferrarnos, aunque mañana el escenario haya cambiado completamente.
Enciclopedia Prospectiva
Cuando en la pasada Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Valencia veía los libros de estudio de nuestros padres y abuelos que, en una sola obra enciclopédica, abarcaban todo lo que los escolares de la época debían conocer, me sonreía pensando en los múltiples libros para cada asignatura que llevan los estudiantes de hoy en día. Y eso limitándonos tan sólo al conocimiento accesible a los niños…
El conocimiento humano se ha expandido hasta límites insospechados para los estudiosos de hace apenas un siglo, y ya entonces era imposible concebir una obra que abarcara dicho conocimiento con la celeridad con que se producía y modificaba. Aunque la enciclopedia siempre lo ha pretendido: es el libro de los libros, la obra que comprime lo esencial de los conocimientos de cada época, el referente definitivo de los saberes fijados.
Con dicha pretensión, a lo largo de los siglos la enciclopedia ha ido variando su forma y estructura según iba aumentando la información que contenía: primero siguiendo una estructura temática según el árbol de la sabiduría de cada momento, que también variaba; luego, tras la aparición de la imprenta y el crecimiento desmesurado del saber, el modelo temático -que además pecaba de subjetivo- se convirtió en inmanejable y surgió un nuevo modelo basado en el orden alfabético.
Pero en la Era de la Imprenta, cualquier enciclopedia, desde el momento de su gestación a su publicación, queda desfasada. Después de completar tomos y tomos de sabiduría de la A a la Z, es necesario ampliar o modificar la información que recoge con nuevos suplementos año tras año. Estos añadidos dificultan la localización de la información que queremos y la ayuda de índices -también añadidos con cada nuevo volumen- no consigue paliar ese caos informativo que se genera. Además hay que sumar el coste económico que implica la producción editorial, que requiere largos ciclos de fabricación y comercialización.
Al entrar en la Era de la Informática y de Internet nacen las enciclopedias en línea y con el nuevo formato también evoluciona su contenido, su estructura y su manejo: la información ya no sólo es textual o imágenes, sino que cada concepto puede ir acompañado de su sonido o incluso podemos ver el desarrollo de un proceso gracias a la tecnología multimedia; en las enciclopedias en línea, los conceptos se relacionan temáticamente a través de hiperenlaces, al igual que las referencias cruzadas relacionaban las voces de las enciclopedias impresas, pero éstos se localizan a través de buscadores, en vez de índices alfabéticos. Finalmente, desde el punto de vista económico, los procesos de realización, publicación e, incluso, actualización de cualquier obra se agilizan, ya que podemos obviar los tiempos de impresión publicando directamente en formato digital.
Pero a pesar de la celeridad que aporta este nuevo sistema de publicación, aún así, el tiempo se nos echa encima y la elaboración de una entrada enciclopédica sobre un descubrimiento que se realiza hoy necesita un tiempo de reflexión, de consenso, que revele su importancia y valor para pasar a la posteridad recogido en una enciclopedia. Es decir, cualquier enciclopedia nace obsoleta.
Megapoderes y micropotencias
[...] Este mismo modelo, el de las pequeñas micropotencias que están logrando hacer frente al dominio de los megapoderes tradicionales, se ve también en otro mercado mucho más intelectual, el de las enciclopedias. La fuente de información más antigua y respetada del mundo, The Encyclopaedia Britannica, ve su supervivencia amenazada por extraños recién llegados. Una de esas novedades, Wikipedia, que no tiene más que cinco años de edad, ya es 12 veces más extensa que la Britannica, cuya primera edición se publicó en 1768. Wikipedia es gratis, sólo existe en la Red, se puede leer en 229 idiomas y se amplía a diario gracias a la labor de voluntarios no remunerados. Un reciente estudio publicado en la revista Nature reveló que, a pesar de ser mucho más voluminosa, Wikipedia tenía 162 errores, frente a 123 de la Britannica.
La Britannica, por supuesto, no es la única empresa cuya supervivencia está amenazada por nuevos rivales que nadie podía imaginar. The New York Times, fundado en 1851, considera a Google, creado hace ocho años, como uno de sus competidores más serios. Todas las grandes compañías se sienten amenazadas y la tendencia se está acelerando. […]
La proliferación de nuevos micropoderes capaces de restringir la autonomía de sus gigantescos rivales tradicionales es una tendencia en aumento en todo el mundo. Estados Unidos se enfrenta a la coacción de los terroristas islámicos. Los bancos centrales viven bajo la amenaza de los fondos de protección. Existen grandes franjas de territorio, importantes organismos oficiales o actividades empresariales entre las más lucrativas de cada país, que se encuentran en manos de organizaciones criminales pertenecientes a redes mundiales imposibles de controlar. Grandes compañías de medios de comunicación sufren el acoso, el ridículo y, a veces, la paralización, debido a las anotaciones diarias de 40 millones de personas que escriben blogs. […]
Extraído de: NAIN, Moisés. Megapoderes y micropotencias. En: Diario El País. Lunes, 12 de junio de 2006. Pág. 19, Madrid
La conspiración alfabética
De manera inconsciente, cuando nos disponemos a consultar cierto tipo de documentos –diccionarios, enciclopedias, guías telefónicas…–, damos por hecho que el ordenamiento alfabético y, por tanto, la búsqueda alfabética de un determinado concepto, son los más adecuados en obras con información tan variada y amplia como las mencionadas. Pero en el caso de las enciclopedias, la estructuración de sus contenidos mediante entradas ordenadas alfabéticamente no es algo tan innato como pudiéramos pensar y supuso toda una revolución cuando fue utilizada en L’Encyclopédie ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers de Diderot y d’Alembert, en 1758.
Las enciclopedias (del griego enkyklios paideia, "en un círculo de instrucción"), desde la antigüedad, han pretendido dar una determinada visión del mundo recopilando todo el saber humano; pero tras la invención de la imprenta en 1455, en que se desarrolló una industria editorial que impulsó la producción y transmisión del conocimiento, se hicieron cada vez más necesarias para guiar a sus lectores entre el increíble maremágnum de conocimientos ante el que se encontraban.
Hasta el siglo XVII con L’Enciclopédie, el ordenamiento alfabético de los contenidos en las enciclopedias no era habitual, como sí lo es hoy en día, sino un sistema subordinado que servía de apoyo al principal para facilitar la búsqueda. Las enciclopedias en el mundo occidental –ya que otras culturas estructuraban sus conocimientos a veces de forma muy particular–, seguían una organización temática influenciada por su esquema de enseñanza.
Los bibliotecarios de la Wikipedia
[Texto completo en: Wikipedia: entre la buena fe y el caos en Kriptópolis]
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En Wikipedia existen los bibliotecarios, que tienen poderes de los que carecen los usuarios recién llegados. Entre los bibliotecarios aún es mayor la proporción de personas con vida académica, por lo que usan su autoridad para mantener un orden elemental y expulsar a la gente que no respeta las normas. Sin embargo, estos bibliotecarios van más allá, porque tienen en su cabeza unos ciertos valores sobre lo que es y "no es" una enciclopedia. Por ello, favorecen que el punto de vista "académico" esté privilegiado y que las cosas que serían consideradas disparates en una universidad tengan una existencia difícil y azarosa.
Un creyente en los ovnis verá como al principio se discute con simpatía con él, aunque sin dejarle poner sus ideas como verdad. Si insiste, verá como la situación se crispa, y si aún así continúa, es probable que acabe "bloqueado" (baneado un tiempo).
Cien años de la enciclopedia universal ilustrada
Hay obras que son en sí mismas míticas, que no se pueden obviar ni aunque lo intentemos, que su sola presencia atrae la mirada de cualquier persona hacia ellas a pesar de que, como en este caso, sólo veamos el lomo o los lomos negros, puede que nada atractivos. Desde luego que es relativamente sencillo encontrar información sobre la Enciclopedia Espasa en Internet, pero simplemente no podía dejar de recoger este texto que celebra el primer centenario de la obra de referencia que no puede faltar en ninguna biblioteca. Por supuesto que aún recuerdo cómo durante mi estancia en el Instituto de Secundaria miraba embobado la estantería de la biblioteca que contenía todos los volúmenes de esta inmensa obra que aún hoy se mantiene activa y actualizada.
El texto que recojo es de Rafael Brines, escritor y periodista ya jubilado, que lo publicó en el Diario Levante el 25 de julio de 2005, aunque por alguna extraña razón puede hallarse de una forma más sencilla dentro de la edición digital de La Opinión de A Coruña. Como viene siendo habitual durante este verano pecamos de convertirnos en un blog casi referencista (tipo "Visto y Leído") recogiendo textos de otros, pero en cualquier caso, os dejo con el texto para que lo disfrutéis, si queréis, dentro de esta bitácora.
