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Etiqueta: Enciclopedias

El declive de la Wikipedia

La Wikipedia es uno de los ejemplos por antonomasia de la Web 2.0, de la web colaborativa y, por supuesto, de la sabiduría de las masas (Wisdom of the crowd). Son muchos los servicios a terceros que la utilizan como fuente de información empezando por las dos tecnológicas más grandes Google y Apple (Siri). Sin embargo, el éxito y el impacto más que evidente de la Wikipedia son extraños, ya que este proyecto se ha mantenido por una organización sin ánimo de lucro que intermitentemente solicita ayuda a sus usuarios y colaboradores para poder mantener su funcionamiento. La Wikipedia provocó que Microsoft tuviese que cerrar Encarta, mientras que Google lo intentó con su enciclopedia Knol. Las enciclopedias tradicionales se han debatido entre el modelo freemium como el caso de la enciclopedia Britannica que mantiene algunos textos abiertos con publicidad a la vez que mantiene un sistema de suscripción por $70.

Recientemente, la publicación MIT Technology Review publicaba un texto denunciando la agonía de la Wikipedia. Desde 2007, según la publicación, la Wikipedia ha perdido hasta un tercio de sus colaboradores (siempre refiriéndose a su versión inglesa) pasando durante este período de 51.000 a 31.000 y las bajas siguen ascendiendo. Un debate que se mantiene desde 2009 y al que se añaden otros como que esta bajada no ayuda a tapar las miserias de una enciclopedia que ha crecido de forma inorgánica y cuyos artículos frívolos disponen de mayor dedicación que aquellos que son más complejos o que existan más entradas dedicadas a la Antártida que a muchos países africanos. Por otro lado, la calidad de la Wikipedia, atendiendo al criterio de las 1000 entradas que toda enciclopedia debería tener, no pasa de una calidad media.

Sin embargo, los achaques de la Wikipedia no son exclusivos. Cualquier comunidad on-line que disponga de un impacto tan relevante como la enciclopedia colaborativa sufre de ciertas disfuncionalidades como un exceso de burocracia. Para tratar de atajarlo, se incide en que satisfacer a los usuarios más activos es importante, pero no vital y que son estos los que deberían ayudar a los nuevos a adaptarse al medio en vez de tratar de penalizarles.

En 2005, cuando la Wikipedia supuso una bocanada de aire fresco tras el batacazo de las tecnológicas en 2001, comenzó su gran popularidad. Aumentaron sus colaboradores de forma exponencial al mismo tiempo que lo hacían los actos de vandalismo y de falsas entradas (hoax). Para tratar de atajar esas malas actuaciones, desde la organización de la enciclopedia se programaron una serie de bots que se dedicaban a vigilar las modificaciones de las entradas y, ante cualquier alarma, debían avisar a los bibliotecarios. El problema se atajó pronto, sin embargo, este nuevo proceder provocó que los nuevos miembros que se agregaban a la Wikipedia descubriesen que añadir nuevos conocimientos era bastante complicado.

Por otro lado, si los expertos en una materia trataban de realizar aportaciones, descubrían cómo sus esfuerzos podían ser modificados por otros casi inmediatamente. Al final, poder agregar contenidos en la Wikipedia pasó de «la enciclopedia que cualquiera puede editar» a la que «cualquiera que entienda las reglas, socialice, esquive el muro impersonal de rechazo semiautomatizado y siga queriendo contribuir […], puede editar».

Para añadir más leña al fuego, editar la Wikipedia no es sencillo ya que utiliza un lenguaje de marcado (de programación por así decirlo) propio. Desde la enciclopedia, se trató de atajar esa dificultad añadiendo un editor visual que facilitase la tarea, pero los editores tradicionales se rebelaron ya que ese editor aparecía por defecto. Se inició una lucha por su desactivación en la que se buscaban sus fallos y se ponían al descubierto, mientras se justificaba su falta de necesidad, lo que empeoraba la usabilidad de edición de la misma. Parece que, finalmente, podría resultar que los peores enemigos de la Wikipedia son aquellos que se encuentran dentro de ella.

Un comentario

La distopía imposible de “Farhenheit 451”

El fin del libro como objeto físico, reconocible y universal parece acelerarse. Añadiendo a la crisis profunda del modelo de negocio de la Prensa, las enciclopedias, banderas de la Ilustración, desaparecen de las imprentas, mientras que el libro electrónico va apartando lentamente al libro tradicional de las grandes centros de lectura universales como son los vagones de metro. La Enciclopaedia Britannica sobrevivió al envite de la Enciclopedia Encarta con la llegada del CD-Rom y el DVD, pero poco a tenido que hacer con el gran depósito del conocimiento que es Internet en su globalidad y la Wikipedia en particular.

Sin embargo, la Britannica, de la que se cuenta que Jorge Luis Borges fue capaz de leerla de la A a la Z y aquellos que trataron de emularlo se quedaron a medias, ha sido capaz de adaptarse a los usos del hipertexto, reconvertirse y, aunque sus grandes libros quedarán como otrora dinosaurios del mundo analógico cogiendo polvo en los anaqueles de las más variadas bibliotecas, sobrevivirá convencida de que su valor añadido no podrá ser nunca superado. Veremos.

Mientras tanto el terremoto que ha supuesto el desembarco de Amazon en el comercio electrónico en España, provoca que el sector editorial deba desperezarse asustado porque el queso se lo lleve el gigante norteamericano. Su política de convertir la adquisición de un libro electrónico en una tortura, fracasa cuando el Kindle parece funcionar bien en España. Además, el hecho que el precio del libro en este país casi se encuentre casi congelado (No se puede ofrecer un descuento mayor del 5%), no supone mayor barrera para la superación en el mercado de un producto que comienza a languidecer. El papel, ese producto que ha servido para transmitir la información durante tantos años, dispone de duros competidores transformados en tabletas, móviles y ebooks.

No me sorprendería que dentro de unos años aquellos jóvenes que se acerquen a “Farhenheit 451” , uno de mis libros distópicos favoritos, no alcancen a entender el simbolismo del libro como objeto transmisor del conocimiento. El sacrilegio que actualmente supone su quema y su desprecio. Sin embargo, no deberíamos sorprendernos de ello. Hoy en día, no es difícil encontrarnos con muy jóvenes que no entienden porqué el icono “Guardar” se representa por un Diskette (o Floppy Disk), objeto que no conocen; así como algunos se sorprendan de que sus padres lean ese objeto llamado “periódico”. Ray Bradbury no pudo imaginar un mundo sin libros físicos, es bastante probable que las futuras generaciones se sorprendan de que alguien se alarme de la quema de un objeto tan limitado y desconectado.

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De L’Encyclopédie a la Wikipedia, cambiando la difusión del conocimiento de la Humanidad

L’Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, dirigida por los filósofos franceses Denis Diderot y Jean d’Alembert, representa la obra que trata de resumir el movimiento de la Ilustración desarrollado durante el siglo XVIII. Se trata de un texto cuyo objetivo pasaba por tratar el resumen de los principales conocimientos que la Humanidad había acumulado hasta el siglo XVIII y que, curiosamente, se incluyó dentro del Index Librorum Prohibitorum por elogiar dentro del mismo a pensadores protestantes y desafiar el dogma católico, clasificando la religión como una rama de la filosofía, no como el último recurso del conocimiento y de la moral.

Puede que los mismísimos Diderot y d’Alembert no hiciesen otra cosa que descubrirse ante una de las mayores obras colectivas jamás concebidas por la Humanidad, un lugar donde cualquiera pudiese compartir sus conocimientos y si estos fuesen erróneos pudiesen ser cambiados y si estos quedasen desfasados actualizados en pocos segundos. Es posible que pasemos de considerar que si algo no está en Internet no exista, como hacíamos durante la década anterior, a que si algo o alguien no se encuentra en la Wikipedia, no es lo suficientemente importante.

No hace falta señalar que los caminos de la Wikipedia no han sido sencillos, ya señalamos aquí sus dificultades iniciales, sus puntos oscuros, los intentos de prohibición de su uso en colegios y administraciones públicas por su supuesta inexactitud y sencilla manipulación. Frente a los ataques que ha sufrido sobre su contenido, el argumentario de sus defensores pasa por aprender a utilizar sus recursos, así como los de la Web en general, contrastar los datos, en definitiva, e ir con pies de plomo a la hora de republicar su información. Y no estamos señalando algo que sólo competa a estudiantes y profesores, sino que otros colectivos, como los profesionales de la comunicación, deberían comenzar a alzar el mea culpa, confundiendo fuentes y considerando que el modelo de la Wikipedia es extensible a otros proyectos, digámoslo así, con otros objetivos mucho más lúdicos.

Las enciclopedias, así como otros productos editoriales similares como los vocabularios y diccionarios, puede que sean los primeros caídos en la guerra editorial en la era que se inauguró con la Web. Puede que la Wikipedia sea la cabeza visible de la terrible transformación y de sus caminos futuros, pero no podemos negar que las editoriales de estos productos ya se percataron de que las cosas estaban cambiando. Las grandes enciclopedias analógicas ya abrieron sus contenidos de forma tímida, sin querer perder el control sobre el producto final, invitando a la participación de los ciudadanos de la Red, aunque puede que tengan que adoptar medidas mucho más agresivas en un futuro no tan lejano tal y como ya lo ha comenzado a hacer la Encyclopaedia Britannica.

La Britannica se las ha visto y deseado con la Wikipedia, como por ejemplo cuando trataron de comparar la calidad de sus contenidos y no salió tan bien parada como les hubiese gustado a sus editores en el famoso artículo de la revista Nature, pero puede que descubriendo que se encuentra perdiendo la partida ha comenzado a dar tímidos avances hacia la filosofía 2.0. No debemos olvidar que si deseamos consultar la Britannica debemos pagar por ello, sin embargo puede que consciente de que en Internet sólo se es popular si tus contenidos son accesibles, los editores consideraron oportuno abrir sus contenidos de forma limitada a los bloggers a través de Britannica Webshare. Este movimiento ha sido reforzado recientemente con la posibilidad brindada a sus lectores para que puedan editar los contenidos de la enciclopedia, aunque por supuesto que los textos no sufrirán ninguna variación hasta que las modificaciones sean revisadas por un equipo de expertos y finalmente aprobadas, claro.

¿Podría la Britannica desaparecer? Puede ser que disponiendo de una buena base de usuarios disponga del sustento suficiente para soportar las nuevas tensiones del mercado, sin embargo la guerra no va a ser sencilla. La mismísima Microsoft ha considerado cerrar su Enciclopedia Encarta tras 16 años de actualizaciones. Debemos resaltar que la Encarta no era una gran enciclopedia en cuanto a contenidos en sus inicios, de hecho Microsoft la adquirió tras recibir la negativa de la Britannica para licenciar sus contenidos en CD-Rom, pero a mediados de la década de los 90 era muy popular por su interactividad y contenidos audiovisuales junto a las posibilidades interactivas que ofrecía a sus usuarios. La traslación a la web no fue sencilla para esta enciclopedia y, de hecho, la falta de un modelo de negocio claro para el futuro ha pesado mucho para que Microsoft considerase su abandono.

El fin de la Encarta ha traído la aparición de distintos análisis. Puede que la Wikipedia entienda mejor a los internautas y ofrezca el producto que ellos necesitan, pero de lo que no cabe duda de que la influencia de esta Enciclopedia 2.0 bien depende de otro actor hasta ahora no mencionado: Google. Y es que el buscador también lo ha intentado con su enciclopedia colaborativa Knol, pero obviamente la naturaleza de la enciclopedia de Google es bien distinta y no ha llegado a cuajar. Sin embargo, los internautas han dispuesto del tiempo para que sus recelos y sospechas se levantasen cuando descubrieron que los artículos de Knol posicionaban mejor y más rápido que otros. También debemos señalar que el propio Google puede funcionar como un diccionario si utilizamos el atributo define, pero lo que no debemos pasar por alto es que la propia Web es un gran repositorio de informaciones de todo tipo que puede funcionar como una gran enciclopedia. Claro que este marasmo de informaciones no disponen del discurso estructurado de las enciclopedias de antaño, obligándonos a discurrir un poco más de lo que consideramos necesario, pero ante esta saturación de informaciones buscamos una marca a la que aferrarnos, aunque mañana el escenario haya cambiado completamente.

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Enciclopedia Prospectiva

Cuando en la pasada Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Valencia veía los libros de estudio de nuestros padres y abuelos que, en una sola obra enciclopédica, abarcaban todo lo que los escolares de la época debían conocer, me sonreía pensando en los múltiples libros para cada asignatura que llevan los estudiantes de hoy en día. Y eso limitándonos tan sólo al conocimiento accesible a los niños…

El conocimiento humano se ha expandido hasta límites insospechados para los estudiosos de hace apenas un siglo, y ya entonces era imposible concebir una obra que abarcara dicho conocimiento con la celeridad con que se producía y modificaba. Aunque la enciclopedia siempre lo ha pretendido: es el libro de los libros, la obra que comprime lo esencial de los conocimientos de cada época, el referente definitivo de los saberes fijados.

Con dicha pretensión, a lo largo de los siglos la enciclopedia ha ido variando su forma y estructura según iba aumentando la información que contenía: primero siguiendo una estructura temática según el árbol de la sabiduría de cada momento, que también variaba; luego, tras la aparición de la imprenta y el crecimiento desmesurado del saber, el modelo temático -que además pecaba de subjetivo- se convirtió en inmanejable y surgió un nuevo modelo basado en el orden alfabético.

Pero en la Era de la Imprenta, cualquier enciclopedia, desde el momento de su gestación a su publicación, queda desfasada. Después de completar tomos y tomos de sabiduría de la A a la Z, es necesario ampliar o modificar la información que recoge con nuevos suplementos año tras año. Estos añadidos dificultan la localización de la información que queremos y la ayuda de índices -también añadidos con cada nuevo volumen- no consigue paliar ese caos informativo que se genera. Además hay que sumar el coste económico que implica la producción editorial, que requiere largos ciclos de fabricación y comercialización.

Al entrar en la Era de la Informática y de Internet nacen las enciclopedias en línea y con el nuevo formato también evoluciona su contenido, su estructura y su manejo: la información ya no sólo es textual o imágenes, sino que cada concepto puede ir acompañado de su sonido o incluso podemos ver el desarrollo de un proceso gracias a la tecnología multimedia; en las enciclopedias en línea, los conceptos se relacionan temáticamente a través de hiperenlaces, al igual que las referencias cruzadas relacionaban las voces de las enciclopedias impresas, pero éstos se localizan a través de buscadores, en vez de índices alfabéticos. Finalmente, desde el punto de vista económico, los procesos de realización, publicación e, incluso, actualización de cualquier obra se agilizan, ya que podemos obviar los tiempos de impresión publicando directamente en formato digital.

Pero a pesar de la celeridad que aporta este nuevo sistema de publicación, aún así, el tiempo se nos echa encima y la elaboración de una entrada enciclopédica sobre un descubrimiento que se realiza hoy necesita un tiempo de reflexión, de consenso, que revele su importancia y valor para pasar a la posteridad recogido en una enciclopedia. Es decir, cualquier enciclopedia nace obsoleta.

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Megapoderes y micropotencias

[…] Este mismo modelo, el de las pequeñas micropotencias que están logrando hacer frente al dominio de los megapoderes tradicionales, se ve también en otro mercado mucho más intelectual, el de las enciclopedias. La fuente de información más antigua y respetada del mundo, The Encyclopaedia Britannica, ve su supervivencia amenazada por extraños recién llegados. Una de esas novedades, Wikipedia, que no tiene más que cinco años de edad, ya es 12 veces más extensa que la Britannica, cuya primera edición se publicó en 1768. Wikipedia es gratis, sólo existe en la Red, se puede leer en 229 idiomas y se amplía a diario gracias a la labor de voluntarios no remunerados. Un reciente estudio publicado en la revista Nature reveló que, a pesar de ser mucho más voluminosa, Wikipedia tenía 162 errores, frente a 123 de la Britannica.

La Britannica, por supuesto, no es la única empresa cuya supervivencia está amenazada por nuevos rivales que nadie podía imaginar. The New York Times, fundado en 1851, considera a Google, creado hace ocho años, como uno de sus competidores más serios. Todas las grandes compañías se sienten amenazadas y la tendencia se está acelerando. […]

La proliferación de nuevos micropoderes capaces de restringir la autonomía de sus gigantescos rivales tradicionales es una tendencia en aumento en todo el mundo. Estados Unidos se enfrenta a la coacción de los terroristas islámicos. Los bancos centrales viven bajo la amenaza de los fondos de protección. Existen grandes franjas de territorio, importantes organismos oficiales o actividades empresariales entre las más lucrativas de cada país, que se encuentran en manos de organizaciones criminales pertenecientes a redes mundiales imposibles de controlar. Grandes compañías de medios de comunicación sufren el acoso, el ridículo y, a veces, la paralización, debido a las anotaciones diarias de 40 millones de personas que escriben blogs. […]

Extraído de: NAIN, Moisés. Megapoderes y micropotencias. En: Diario El País. Lunes, 12 de junio de 2006. Pág. 19, Madrid

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La conspiración alfabética

De manera inconsciente, cuando nos disponemos a consultar cierto tipo de documentos –diccionarios, enciclopedias, guías telefónicas…–, damos por hecho que el ordenamiento alfabético y, por tanto, la búsqueda alfabética de un determinado concepto, son los más adecuados en obras con información tan variada y amplia como las mencionadas. Pero en el caso de las enciclopedias, la estructuración de sus contenidos mediante entradas ordenadas alfabéticamente no es algo tan innato como pudiéramos pensar y supuso toda una revolución cuando fue utilizada en L’Encyclopédie ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers de Diderot y d’Alembert, en 1758.

Las enciclopedias (del griego enkyklios paideia, "en un círculo de instrucción"), desde la antigüedad, han pretendido dar una determinada visión del mundo recopilando todo el saber humano; pero tras la invención de la imprenta en 1455, en que se desarrolló una industria editorial que impulsó la producción y transmisión del conocimiento, se hicieron cada vez más necesarias para guiar a sus lectores entre el increíble maremágnum de conocimientos ante el que se encontraban.

Hasta el siglo XVII con L’Enciclopédie, el ordenamiento alfabético de los contenidos en las enciclopedias no era habitual, como sí lo es hoy en día, sino un sistema subordinado que servía de apoyo al principal para facilitar la búsqueda. Las enciclopedias en el mundo occidental –ya que otras culturas estructuraban sus conocimientos a veces de forma muy particular–, seguían una organización temática influenciada por su esquema de enseñanza.

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Los bibliotecarios de la Wikipedia

[Texto completo en: Wikipedia: entre la buena fe y el caos en Kriptópolis]

[…]

En Wikipedia existen los bibliotecarios, que tienen poderes de los que carecen los usuarios recién llegados. Entre los bibliotecarios aún es mayor la proporción de personas con vida académica, por lo que usan su autoridad para mantener un orden elemental y expulsar a la gente que no respeta las normas. Sin embargo, estos bibliotecarios van más allá, porque tienen en su cabeza unos ciertos valores sobre lo que es y "no es" una enciclopedia. Por ello, favorecen que el punto de vista "académico" esté privilegiado y que las cosas que serían consideradas disparates en una universidad tengan una existencia difícil y azarosa.

Un creyente en los ovnis verá como al principio se discute con simpatía con él, aunque sin dejarle poner sus ideas como verdad. Si insiste, verá como la situación se crispa, y si aún así continúa, es probable que acabe "bloqueado" (baneado un tiempo).

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