El Documentalista Enredado

Infonomía, Innovación, Análisis y Nuevas Tecnologías

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Comienzo a convencerme que los balances anuales de las actividades, ya sea en la empresa, como profesionales o dentro de las instituciones; no deberían realizarse a finales de año, sino cuando se supera el mes vacacional por excelencia: Agosto. Es durante este periodo de tiempo cuando una gran cantidad de nosotros desconectamos en mayor o menor grado -los que podemos disfrutar de ello, claro- tomándonos un descanso o relajándonos, huyendo de los ordenadores y sus escritorios, de Internet y sus velocidades de vértigo. Es a la vuelta cuando nos detenemos para mirar con la distancia que se merece el camino recorrido y el que queda por recorrer, hacer balance de lo obtenido, disponernos a aprender de los errores y fijarnos nuevas metas.

Por nuestra parte, retomamos la actividad tras el periodo estival, afirmando que no somos dignos, tras descubrir que aparecemos dentro de la Bibliografía Básica en una asignatura impartida por la Universidad de Murcia bajo el título de Documentación Empresarial. Aunque agradecemos que el profesor/a nos haya tenido en cuenta a la hora de recomendar los contenidos para sus asignatura, comenzamos a sentir la Espada de Damocles de la responsabilidad bajo nuestras cabezas. Esperemos que durante este curso no decepcionemos y eso que no siempre gustamos ni interesamos o seamos contemplados con cierta reticencia.

En cualquier caso, como siempre, a todos, gracias por seguir ahí.

Sobre el análisis blogométrico de la biblioblogosfera

Álvaro Cabezas se lanzó a principios de este año a realizar un pequeño estudio métrico que nos ofrecía algunos datos sobre lo que se consideró como un estancamiento en la producción de contenidos dentro de lo que se conoce como biblioblogosfera. Como simple apunte, señalar que ya entonces Álvaro detectó que la producción en cuanto a contenidos de este mismo blog había sufrido un descenso del 46%, mientras que en el resto de blogs los valores eran negativos salvo en Bibliometría.com que aumentaba su producción. La lacónica conclusión a las que se llegaron en aquel momento fueron la falta de renovación y recogida de testigo de otras generaciones, que otras expectativas y quehaceres laborales obligaban a tomarse un descanso a los bloguers, aunque sin olvidar que la Larga Cola es lo que tiene.

Ahora se nos presenta el Análisis métrico de los blogs españoles de Biblioteconomía y Documentación (2006-2007), realizado por Daniel Torres-Salinas, Álvaro Cabezas Clavijo y Emilio Delgado López-Cózar, que viene a ofrecer mayor luz sobre la anteriormente comentada decrepitud de la biblioblogosfera. De este modo, se amplia el objeto del estudio aumentando el número de blogs estudiados de 6 a 46 blogs de personas y corporativos españoles especializados temáticamente en Biblioteconomía y Documentación. Los resultados no son del todo sorprendentes, así son 12 las bitácoras (el 26%) que reciben el 70% de los enlaces desde otras webs utilizando para la obtención de este dato el buscador Technorati, mientras que los textos más comentados no se mueven estrictamente dentro del mundo de la Biblioteconomía. De esta forma, los textos El criterio Hotmail, Marina d’Or apesta (Las dos publicadas por Javier Leiva pero en blogs distintos con 337 y 88 comentarios respectivamente) y ¿Qué es ciencia? con 85 aglutinaban hasta abril de 2007 el mayor número de comentarios realizados.

Lo más sorprendente del estudio es que se lanza a realizar una A-List  -con lo que odian algunos bloguers los rankings- de las bitácoras bibliodocumentales utilizando la comparativa número de post/comentarios por post. Personalmente, no estoy muy seguro que sea lo más indicado, de hecho, creo que es un tanto arriesgado porque dentro de los blogs hay muchos más elementos de valor para establecer este tipo de clasificaciones, aunque esto no quita ni peso ni valor a la clasificación creada por el EC3.

Sobre la utilización de terminología, realizar dos apuntes no críticos, a pesar de citar bibliogsfera y biblioblogosfera como términos utilizados a designar los blogs sobre Biblioteconomía y Documentación, los autores se decantan por bibliogosfera, mientras que el estudio pasa a ser blogmétrico cuando otros autores han preferido utilizar la fórmula "métrica de la blogosfera" para designar a este tipo de estudios y análisis.

Respecto a lo que a mí me toca, ya me gustaría tener la capacidad de Javier a la hora de generar debate y comentarios, pero parece que no lo consigo, ni por el camino que llevo parece que lo consiga. Por otro lado, sé que parezco el Abuelo Cebolleta predicando en el desierto, pero creo que a estas alturas no voy a poder cambiar mis sermones, ni su longitud ni complejidad a la hora de redactarlos, siempre que tenga tiempo para escribirlos, ni aunque me lo propusiera.

Resumiendo, un estudio que ofrece un poco más de luz sobre este pequeño mundo virtual que se deconstruye todos los días y que será literalmente devorado por los bloguers así como aquellos interesados por la blogosfera.

Otros que ya han opinado:

Tecnófilos y tecnófobos en Biblioteconomía

Cada vez más frecuentemente, me encuentro con personas que o bien estudian la carrera de Biblioteconomía y Documentación, o bien conocen a alguien, un hermano/a, un amigo/a; que se está formando en ella. Mi sugerencia durante la conversación, o más bien una de mis preguntas, es si conocen este blog (Sí, el orgullo del bloguer me temo), aunque para ser sincero la mayoría de las ocasiones me contestan negativamente. No me decepciona, me parece sugerente que descubran éste y otros espacios similares si tienen curiosidad, pero lo que me parece grave es que asiduamente, con una frecuencia más de la deseable, se me contesta: "Es que no me/le gustan los ordenadores". A lo que yo respondo: "Ah, tú eres de esos".

Cuando comencé mi carrera universitaria, y por lo visto hoy también podríamos hacerlo, podíamos distinguir dos tipos de estudiantes: Los tecnófobos y los tecnófilos. Si eres del segundo grupo te desvives por el mundo de la tecnología y, por lo visto, esto es cierto ahora y lo era entonces. Para poneros un ejemplo os contaré que por entonces no se ofrecían correos electrónicos desde las universidades  todos los alumnos, al menos en la Universitat de València no lo hacían así, y tenías que solicitar el alta de un correo a través de un departamento. Es decir, tenías que obtener la firma de un responsable para poder disfrutar de una cuenta de correo. Obviamente, algunos llegaban a hacerlo, otros sin embargo nos conformábamos con seguir fuera de Internet (Aunque hoy tenemos hasta 5 cuentas de email) cuando todavía existían servidores Gopher y estos eran moneda corriente en las Universidades.

Se daba la paradoja que mientras unos se dedicaban a rellenar papeles para obtener una cuenta de correo electrónico, otros preferían no acercarse a un ordenador mientras trataban con cabezonería seguir entregando sus trabajos escritos a máquina, considerando que los ordenadores eran para élites, y es que lo eran. En aquella época, los ordenadores eran muy caros. La propia Facultad de Historia, que era donde se nos impartían clases, disponía de una sala de ordenadores muy justa con antiguos Macintosh que fueron a lo largo de tres años cambiados por PCs, aunque el control sobre horarios y usos siempre brilló por su ausencia.

No voy a negar que hubieron siempre los tecnófobos en esta carrera. Singularmente se trata de gente de letras que acudía a la Biblioteconomía como último baluarte del mundo seguro del libro, allí donde la tecnología podía ser prescindible, donde el papel no sería jamás maltratado ni minusvalorado frente a las nuevas corrientes tecnológicas de comunicación. Allí podrían encontrarse seguros, imaginando un mundo cerrado y hermético donde la impermeabilidad y la introspección constituirían un máximo exponente, pero obviamente todos nos equivocábamos.

En 1997, la informática asomaba con fuerza en el mundo bibliotecario. Eran las asignaturas más duras y los profesores que trataban de impartir sus clases a personas que apenas podían concebir lo que era un bit o un baudio. La simple visión de las fórmulas matemáticas les aterrorizaban cuando aparecían en el encerado, provocando suspiros y quejidos que obligaban a los profesores, todos santos por su paciencia, a sonreír a invitar a no asustarse. La fórmula matemática era necesaria para la explicación, pero, se aseveraba, sería la única que aparecería y no saldría en el examen. Alivio en la sala.

Sin embargo, las fórmulas siguen apareciendo año tras año, aumentando su complejidad y cuerpo. Porque la base matemática sigue siendo fundamental para el desarrollo de muchas de las áreas que abarcan el mundo de la Documentación y la Biblioteconomía y han llegado para quedarse. La estadística es la base de la Bibliometría y la Cienciometría, pero también de los estudios de usuarios, las auditorías informativas y de cómo cuadrar las cuentas de un departamento o una biblioteca. La Ciencia debe asomarse constantemente en los planes de estudios en las asignaturas de la Biblioteconomía y los alumnos cargar con ello, puesto que las Matemáticas también rigen su área de conocimiento y son completamente necesarias.

Estudiar con libros es para “raros”

Estudiantes con la cabeza cuadradaLa Florida – Centro de Formación, enseñanza universitaria y secundaria distinguen la otra forma de estudiar de una forma simpática. Por supuesto, desde la universidad no van a negar lo contrario, así que disponen de dos tipos de alumnos: Los que usan libros y los que no. Obviamente, los que no, utilizan las nuevas tecnologías y son chicos y chicas normales. Los del primer tipo, son unos tipos extraños.

Sólo hubiese faltado que le hubiesen colocado al cabeza cuadrada una pajarita y un traje de la década de los 70 para acabar el cuadro.

Una imagen de los tiempos que corren, me temo. Si lees libros eres un tipo raro.

El artículo Overcoming net disease: The risks in depending solely on the internet for competitive intelligence research intenta ilustrar de la necesidad de acudir a otras fuentes que no sean Internet y, por ende, Google o más recientemente la Wikipedia como fuente única de información. Aunque el texto está enfocado hacia la Inteligencia Competitiva, un término que debería a estas alturas ser familiar a todos los documentalistas, es una ilustración perfecta de que todo ni tiene que ser gratuito ni necesariamente encontrarse disponible en Internet. De hecho, la Red, a pesar de ser una fuente inagotable de la información, jamás contendrá toda la información relevante que podríamos llegar a necesitar, ni la que pudiésemos considerar.

Otro de los problemas que nos plantea la Red, es la fiabilidad de la información publicada. La consideración de una fuente de información en Internet como verídica, no es tarea sencilla y en muchas ocasiones tomada a la ligera por la mayoría de los internautas. El ciberplagio, la toma de informaciones como propias de fuentes extraídas de la Red sin cita, es algo que ya sobrepasa los niveles académicos universitarios, qué decir de niveles inferiores, y/o de la investigación. Los profesores podrán hacer la vista gorda ante sus intrépidos alumnos que les tratan de colar un trabajo extraído de, por ejemplo, El Rincón del Vago, pero es un aviso para navegantes el indicar que las habilidades tecnológicas y de recuperación de la información de los maestros en la Red es superior a la que tenían hace tan sólo cinco años.

Más fácil -en lo de nos ser descubiertos- lo tienen aquellos que dispongan y entreguen sus trabajos de investigación por encargo, como si el conocimiento se pudiese comprar y no fuese fruto del trabajo constante y la ilusión e interés por una materia, aunque errarán el tiro. Acabarán engañados en su propia inopia al tratar de obtener cierto título para descubrir posteriormente que, esta vez, lo comprado en Internet no les es útil en determinados ámbitos ni ante determinadas situaciones. Como se anuncia actualmente en España, hoy en día, a la vida no se viene con un traductor [de inglés] bajo el brazo.

La información y el conocimiento se han convertido en algo que es accesible y sencillo de utilizar, cualquiera puede consumirlos y disponer de ellos. Sin embargo, la información de calidad se sigue publicando principalmente en papel de acuerdo con ciertos criterios editoriales. La información que realmente necesitamos para la toma de decisiones a veces no se encuentra ni impresa ni en prensa, debemos buscarla y generarla. Se halla en la revista que no se vuelca en la Red, en libros colocados en estanterías esperando que alguien los desempolve, en mentes que trabajosamente estudian a lo largo de los años para desembocar un trabajo final en una tesis o un artículo científico o incluso en las empresas.

La enfermedad Red es un defecto de la sociedad tecnológica actual saltando desde lo analógico sin tener en cuenta la disrupción y el error que esto provoca. El conocimiento acumulado anterior no puede ser trasladado inmediatamente a una caja de texto en la pantalla de bienvenida de un buscador. Mientras que la conjugación masiva Ctrl+C-Ctrl+V con lo hallado en la Red debería ser lo último que tendríamos que realizar como estudiantes, profesionales o investigadores. A pesar de que, por supuesto, no negaré la mayor de que la tentación siempre estará ahí. Por los siglos de los siglos.

Álvaro Cabezas nos alertaba hace poco de la situación que se está dando en la Universidad de Salamanca donde el número de estudiantes que empiezan la carrera de Biblioteconomía y Documentación está descendiendo por lo que la propia Universidad está comenzando a tomar medidas. Las razones de esta situación, a parte de que ésta es una carrera completamente vocacional y que los problemas se extienden a todas las carreras universitarias, se pueden atribuir a la demografía, la competitividad entre las distintas universidades, aparición de nuevas carreras e incluso una sobreoferta en los estudios universitarios.

En cualquier caso, la enseñanza de la Biblioteconomía y la Documentación en España se encuentra un tanto fragmentada presentándose primero un módulo de Formación Profesional, después la carrera universitaria de Diplomado en Biblioteconomía (3 años), la enseñanza superior en forma de Licenciatura en Documentación (2 años) y la creación progresiva de nuevas carreras afines, mientras se plantea la reforma de la enseñanza universitaria para la convergencia europea hacia el Título de Grado en Información. Por ello, nos limitaremos a recoger los centros universitarios donde se imparte la enseñanza superior de Biblioteconomía y Documentación actualmente, esperando que sirva de guía inicial para aquellos que quieran introducirse en esta apasionante, a la vez que sufrida, profesión:

No falla, cada vez que me encuentro con algún antiguo compañero de la carrera, después de contarnos la vida, surge el mismo tema: nuestra frustración por la situación laboral/profesional en la que nos encontramos. Una conversación de este tipo es la que hemos tenido recientemente Catuxa y yo a través del correo, por lo que a ti va dedicado este post y espero que te lo tomes con el humor con el que está escrito.

En la vida de todo estudiante, durante la carrera o al finalizar ésta, llega el momento en el que hay que elegir entre trabajar o seguir formándose. Es cierto que no siempre se trata de una decisión tomada libremente, sino que más bien son las circunstancias las que deciden por nosotros; pero una u otra opción determinará seguramente nuestro futuro profesional y también nuestra futura “frustración personal”. Evidentemente, esta “opción vital” se da en todas las carreras y profesiones, pero en el caso de la Biblioteconomía, en que podemos introducirnos laboralmente de forma progresiva (un médico no empezaría nunca como auxiliar de medicina), hacen que, como Bibliotecarios/Documentalistas, la decisión sea aún más difícil.
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