Publicado por: Marcos Ros-Martín — Miércoles, 4 de enero de 2012
Si atendemos al perfil dispuesto en la película La Red Social de David Fincher, ¿quién querría ser Mark Zuckerberg, fundador de Facebook? Un ingeniero informático brillante que en una noche de borrachera es capaz de saturar los servidores de la Universidad de Harvard Stanford, que es capaz de traicionar a su amigo y robar la idea de un proyecto web a los primeros que quisieron trabajar con él. Puede ser que para constituirse como una de las personas más admirada/odiada del Globo, haya que sufrir una cantidad de vicisitudes de difícil superación, aunque alguno considerará que no merecerá la pena. Desgraciadamente, llegar a llamarse como una de las personas más populares puede llegar a convertirse en una ventaja o una desventaja, siempre dependiendo de las circunstancias personales de cada uno.
El personal branding es uno de los grandes conceptos desde que surgió la Web Social. Hay que posicionarse profesionalmente, es necesario trabajar para venderse y saber venderse, para destacar sobre todos los profesionales que día a día nos hacen la competencia – sana, se entiende – mientras desempeñan su trabajo. Sin embargo, el llamarse igual o acercarse a ello, puede ser una completa desventaja cuando lo que te identifica irremediablemente a la hora de trabajar es precisamente tu nombre.
Mark S. Zuckerberg es un abogado especializado en bancarrotas con cierto renombre en Indianapolis (EEUU), sin embargo intentar ganar visibilidad usando una de las redes sociales con mayor popularidad sólo le trajo disgustos desde un principio. Facebook siempre tuvo ciertas reservas a la hora de aprobar su perfil hasta que finalmente le cerraron la cuenta. La campaña para tratar de recobrar su identidad digital dentro de Facebook traspasó obviamente esta red social e intentó guerrear fuera de ella consiguiendo finalmente su objetivo. Ser Mark S. Zuckerberg sin ser Mark Zuckerberg.
El movimiento defensivo es una vuelta de tuerca. Si eres un empresario que vende un producto de social media enfocado en Facebook (Vender “Likes”) y recibes una amenaza de denuncia de Facebook, puede ser que una buena idea sea cambiarte de nombre a Mark Zuckerberg bajo el razonamiento de que una empresa no puede denunciar a su fundador – Un poco ingenuo, sí, a Steve Jobs lo despidieron de Apple a finales de los 80, el dinero no tiene amigos -.
Publicado por: Marcos Ros-Martín — Sábado, 9 de julio de 2011
Me quieren enterrar otra vez el formato RSS. El formato deseado por muchos documentalistas y que cruzan los dedos porque una página disponga de él. Muchos todavía no hemos aprendido a configurarlo correctamente y ya lo quieren jubilar esos grandes gurús que lo consideran como un objeto del pasado, glorioso, puede ser, pero pasado. En Internet al contrario que la vida real aquello de “cualquier tiempo del pasado fue mejor” no aplica.
En esta ocasión, el debate lo iniciaron ya hace un par de meses Facebook y Twitter al jubilarlo dentro de sus sistemas de difusión de contenidos. Las cuentas de usuario ya no distribuyen RSS como lo venían haciendo y ha sido a raíz de que estas dos grandes empresas, tan populares actualmente, deciden finiquitar el RSS, el debate se instaura de nuevo. ¿Son los RSS necesarios?
Personalmente considero que, más allá de los formatos que tan rápido pasan por ser sustituidos por otros – De hecho, al RSS se le acusa de no haber evolucionado mucho desde que está entre nosotros -, la batalla se debería centrar entre la difusión de la información de una forma pull o push. Actualmente se considera, y creo que de una forma errónea y soy bastante excéptico sobre ello, que la información debe de hallarnos. Es decir, que si una noticia es realmente relevante debe de aparecer en nuestras pantallas o dispositivos móviles de forma machacona y existente fruto de un filtrado informativo social (¿Alguien sabe dónde está Digg ahora?). Una información debe de ser Trending Topic impuesto de forma social. Por ejemplo, en Twitter una historia debe encontrarnos gracias a que las personas que seguimos la “promueven”, la difunden y la retuitean hasta que nos alcanza o llama la atención.
Claro que entraríamos en el debate de los verdaderos intereses que tienen las personas que seguimos en Twitter y sus finalidades. Recuerdo perfectamente un correo electrónico dentro de una lista de distribución – sí, todavía existen y son muy activas -, de un usuario que pedía a los profesionales que no mezclasen los mensajes personales con los profesionales en Twitter. Desgraciadamente, y personalmente, yo busco información personal en Twitter, a saber, intereses, hechos, filtrado de noticias… No es recomendable que una persona se centre demasiado en lo profesional, publicando todo lo que encuentra en la Web como se se tratase de un weblog, porque simplemente no le seguiría nadie.
No me interesa seguir a, por ejemplo, a El País o al Levante-EMV en Twitter. No quiero información excesiva en mi Time Line en el sitio de microblogging, simplemente porque la atención es el verdadero valor que tenemos cuando nos encontramos en Internet y prefiero seguir a personas en Twitter a las marcas ya las dejo para la web o para el RSS. En Twitter, encontramos información Push, muy candente, que es extremadamente relevante para muchos, pero existe otra tipo de información que es relevante para nosotros y para pocas personas más.
Porque uno de los aspectos muy positivos del RSS es la capacidad de seguir una publicación que nos interesa de forma constante. Extraemos (Pull) esa información porque en general nos interesa casi todo lo que se publica allí, no tenemos que esperar que alguien la promocione. Es una decisión personal, una fuente de información valiosa a la que atendemos cuando realmente tenemos un momento y donde no es necesario estar atento 24/7 para encontrarla.
Publicado por: Marcos Ros-Martín — Viernes, 8 de octubre de 2010
No creo que sea menester recordar aquí que no fui un early-adopter de Twitter, ni tampoco de Facebook. No soy de aquellos que ansían que le ofrezcan una invitación o recibir una cuando un servicio se encuentra en fase Beta -Excepto en la honrosa ocasión de Gmail cuando era un coto de unos pocos y lo cierto es que es el único servicio que adopté más rápidamente con los brazos abierto -. En el caso del microblogging, mi excepticismo era total.
Puede que en aquellos principios hubiese podido pronunciar las palabras: “¿140 carácteres? ¿Dónde nos conduce eso?” Por supuesto que se trataba de un error, ya que obviaba que muchos de los posts de aquel entonces, los años 2006-2008, bien se podrían haber solventado con un miserable tweet. De hecho, la propia terminología del blog proviene de aquellas anotaciones cortas fruto de la navegación de los internautas por la Red.
Desde entonces Twitter ha tenido tiempo de crecer exponencialmente, mientras que la red social Facebook la mira de reojo intentando introducir cambios dentro de su interfaz y de su configuración para asemejarse cada día más a ella. Twitter se ha erigido la bandera de una revolución descentralizada y mientras el mundo de la comunicación trata de digerir ese nuevo canal inesperado que redirige tráfico y puntúa el interés de ciertas informaciones. Aunque la pregunta está en el aire: ¿El Social Media ha matado al blog?
Twitter es una forma muy efectiva de entrar en una comunidad ya establecida. 140 caracteres no ocupan excesivo tiempo, a pesar de que el seguimiento de las conversaciones cruzadas puede llegar a ser agotador, y puede ser actualizado desde cualquier momento. En el mundo Twitter, sólo tienes que encontrar a alguien al que seguir que comparta ciertos intereses contigo, comprobar sus listas y comenzar a seguir a personas. En el caso de los blogs, era mucho más costoso. La redacción de textos de 350 palabras de media supone un esfuerzo importante de tiempo y no siempre se puede estar seguro de que el retorno sea suficiente para justificarlo (Aunque sea mentalmente). 140 caracteres y listo, conversaciones, recomendaciones… Todo un mundo se abre en Twitter y seguir a personajes ficticios o reales, ser accesible a ellos, se encuentra extendiendo sólo una mano.
Pero ¿y los blogs? Antaño eran considerados como un portfolio para los profesionales (y todavía lo son), una manera de demostrar la valía de cada uno, sus conocimientos, sin embargo que la tendencia actualmente se centra en la capacidad de cada uno de conseguir seguidores dentro de su cuenta Twitter. Pero no debemos equivocarnos, los blogs, evolucionados hacia medios de comunicación de bajo costo y enfocados hacia las microaudiencias, no dejan de crecer apareciendo nuevos, mejores junto con nuevas ideas y enfoques. Ya no como proyectos aislados, esfuerzos personales; sino con un sino y una razón de ser que se centralizada en al menos una decena de personas dispuestas a actualizarlos.
Mientras tanto la generación de contenidos desde las plataformas sociales (Blogs, Wikis, etc.) ha disminuido lo que ha conducido a considerar que las ideas y el debate generado anteriormente dentro de este medio se está debilitando. Pero ¿se ha trasladado a Twitter? Recientemente, se publicó un estudio que analizaba 1200 millones de tweets (publicaciones en Twitter) producidos en dos meses. Los resultados eran un tanto decepcionantes puesto que el 71% no provocaban ninguna reacción, mientras que sólo el 6% era retuiteado (Redistribuido por otros usuarios) y el 23% restante obtenía una contestación. Unos resultados un tanto escasos, que en cualquier caso, dentro de nuestra experiencia, Twitter constituye una nueva forma y bastante poderosa de obtener tráfico, es decir obtener visitantes nuevos, por lo que ante esta falta de reacción deberían incluirse otras métricas como los clics producidos ante la distribución de un enlace o los hashtags utilizados.
El debate se sigue produciendo aunque se descentraliza y se esparce por toda la Web, de hecho el consumo de la Red ha aumentado un 62% desde principios de año. Twitter y Facebook permiten que estos contenidos lleguen a un mayor número de personas, con la audiencia más segmentada y por lo tanto más proclive de acceder a consumir cierto contenido. Las plataformas abiertas conducen a un aumento de la viralidad de los mensajes lanzados en ella, que permiten a las multitudes autoorganizarse de una forma mucho más efectiva y productiva ante un objetivo común.
¿El Social Media ha matado al blog? No, simplemente, la Conversación se ha transformado.
Publicado por: Marcos Ros-Martín — Martes, 28 de septiembre de 2010
Los tiempos están cambiando. En España, fue una conquista democrática la erradicación de ficheros que guardaban información considerada sensible (Orientación sexual, raza o religión) que se utilizaron durante la represión franquista. La privacidad conquistada durante las décadas pasadas se ha resuelto con cierta regresión, mientras los gobiernos enarbolaban la bandera de la seguridad tras los distintos atentados terroristas que sacudieron algunas de las principales ciudades occidentales. Nuestra sociedad vigilada. Mientras tanto nuestra vida se entrelaza cada vez más con la Red y todas las aplicaciones que nos permiten estar conectados con nuestros conocidos y amigos, así como en aquellos sitios web que resultan de nuestro interés; somos diseccionados hasta algunos estratos que consideraríamos inadmisibles. Los ficheros de datos se multiplican, a la vez que las leyes que sirvieron regularlos buscando proteger nuestra intimidad se demuestran insuficientes en un mundo globalizado.
Pero las mentalidades también cambian, cualquiera puede disponer de sus minutos de gloria quieriéndolo o sin quererlo, y nuevos términos como el sexting o actitudes como mostrarse desnudo en la falsa intimidad de un cuarto de baño que algunos adolescentes realizan pueden pasar a ser algo más que una moda. Actos que no se encuentran generalizados, pero que invitan a que personas con mayor o menor influencia consideren que la intimidad ha muerto. Claro que Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, autor de la aseveración:
“Las personas se sienten muy cómodas no sólo compartiendo más información y de diferentes tipos, sino que también siendo más abiertos y con más personas. Esta norma social es algo que ha evolucionado en el tiempo, y nosotros la seguimos.”
Aquel que considera el fin de la privacidad como norma social, es la misma persona que considera que los usuarios de Facebook son “idiotas” o que reclama para sí esa privacidad que quiere sustraer a otros. Al final, parece que el dueño de Facebook puede llegar a encontrarle la utilidad a esa privacidad, algo que nosotros también deberíamos comenzar a plantearnos seriamente antes de que resulte demasiado tarde.
Pero es hipócrita acusar a otros de utilizar con mala fe nuestros datos personales, aunque nos declaren “idiotas”, cuando somos nosotros los primeros que no sabemos cuidar de lo que hacemos y lo que ofrecemos en la Web. Recientemente, los medios de comunicación publicaron alarmados que unos ladrones habían asaltado una casa haciéndose valer de la red social Facebook. El propio Jeff Jarvis, consultor y gurú de los medios de comunicación en Internet, tomó cartas en el asunto y trató de indagar sobre este hecho. Sus conclusiones, además de lanzar la estupenda frase “No os creáis todo lo que leáis”, fueron que se había sobredimensionado la noticia, que el ladrón no era un desconocido para la víctima, sino que estaba agregado como “Amigo” en la popular red social y que el hecho en sí se podría haber evitado siguiendo unas sencillas reglas para salvaguardar la privacidad ante personas que pueden llegar a no ser tan de fiar como creeríamos.
Sin embargo, muchos hechos aislados deberían llevarnos a la conclusión de que lo que publicamos es susceptible de ser usado en contra nuestra por desaprensivos. La web PleaseRobMe trata de alertarnos sobre ello recogiendo todas las actualizaciones de estado de los usuarios de Twitter que declaran voluntariamente encontrarse fuera de casa. Sin embargo, esa súplica de ser robados a través de Twitter no se trata de una exageración si nos atenemos a tan sólo dos ejemplos que se han recogido recientemente en distintos blogs.
En el primero de ellos, una chica que está en un restaurante cenando con unas amigas recibe una llamada de un extraño que llega a asustarla. En el segundo, un hombre recibe una broma muy pesada estando durmiendo en un hotel, cuando unos desconocidos que se hacen pasar por la dirección del mismo tratan de echarlo. El nexo en común de estas dos historias es que ambas personas utilizan un servicio de geolocalización (una aplicación que sirve para situarte geográficamente en un lugar en general utilizando un teléfono móvil) que les sitúa en un punto y publicándolo en Twitter, permitiendo a ciertos desaprensivos hacerles pasar por unos de los peores momentos de sus vidas.
Publicado por: Marcos Ros-Martín — Sábado, 19 de junio de 2010
Huelga decir que la situación de los medios de comunicación no es la mejor de su historia. Si nos referimos a los medios de comunicación impresos, que luchan en su traslación hacia el mundo digital en ocasiones a contracorriente, la situación podría ser definida como dramática. Sin embargo, ya se trate de periodistas de uno u otro soporte, existen herramientas comunes que no se deberían evitar aprender usar y, actualmente, no se deberían obviar ni Facebook ni Twitter.
La primera de ellas, si bien debe ser entendida como un coto cerrado de privacidad, está cambiando radicalmente la manera que estamos utilizando la web y en un futuro no tan lejano puede que su protagonismo sea mayor que el de Google. La segunda porque Twitter se ha convertido en un medio de comunicación por sí mismo, donde políticos y deportistas, organizaciones e instituciones comentan sus últimas actividades e incluso tratan de gestionar crisis. E incluso, en ocasiones, Twitter es noticia por sí mismo al ser uno de los medios de comunicación utilizados por sus propios protagonistas. No, no es baladí, que un comunicador aprenda a utilizar estas herramientas, que sea consciente de su funcionamiento y de sus posibilidades, que sea partícipe de ellas no sólo como mero espectador.
Por supuesto que todavía hay periodistas que colocan a estas dos herramientas en los mismos planos, como si una excluyese a la otra o como si se tratasen de la misma. Alguno se acercará a algún compañero, probablemente más joven y más avezado en el vertiginoso mundo de la Web, para que le explique qué es exactamente eso de Twitter (Más complicado de usar que Facebook por su propia idiosincrasia). Los propios medios de comunicación lo utilizan como canal sin mayores problemas, el propio Twitter abrió un blog para ayudar a los periodistas más despistados, por lo que no me esperaba es lo que me comentó una amiga periodista hace no mucho.
A vueltas con la productividad de los trabajadores, me comentaba que, desde su empresa, se estaba empezando a considerar la posibilidad de capar la utilización de ciertos sitios web y me destacó dos: Facebook y Twitter. Teniendo presentes los últimos movimientos que se están produciendo dentro de las cabeceras más importantes en España, con la integración de las redacciones digitales e impresas, con lecciones de técnicas básicas SEO (Se acabó la escritura para humanos) y la búsqueda de audiencias por todo tipo de soportes; me pareció completamente extraño aquello, si no suicida, minando el futuro del trabajo de los periodistas.
A partir de ahora, nada de ir más allá de la búsqueda de información que puedan dar los organismos oficiales mediante notas y ruedas de prensa, editar los despachos de agencia, toda la información filtrada por otros, replicadores de contenidos tradicionales incapaces de ver por dónde salta la noticia… La innovación de la información capada por una decisión puede que un tanto arbitraria.
Publicado por: Marcos Ros-Martín — Jueves, 17 de junio de 2010
Hace ahora justo un año cuando lanzaba la pregunta ¿Es la web social el inicio del declive de Google? Entonces, algunos escépticos consideraron mi propuesta como una completa locura e infundamentada, insostenible, increíble, imposible… Puede ser que lo fuese entonces, hoy es probable que tenga mayor sentido.
Podríamos considerar que, al principio, la Web era el enlace, millones de páginas enlazadas sin aparente orden ni concierto que encontraban su sentido en esa algarabía gracias al trabajo del algoritmo de Google y de otros buscadores. Sin embargo, hoy en día, la Web se construye mucho más allá de los enlace. Partiendo de las base de que los enlaces los crean y los gestionan los creadores de contenido, aquellos que quieren estar considerados en los puestos altos del ranking de Google o simplemente los que desean referenciar contenidos para ampliar conocimientos, hay una parte de los usuarios de la Web que no saben ni entienden cómo se crean. La Web no llega a ser necesariamente democrática en ese aspecto porque una parte de ella no enlaza, ni siente la necesidad de hacerlo. Hasta ahora.
Hoy en día, los usuarios de la Web pueden llegar a no ser tan pasivos. La Web 2.0 trató de democratizar la creación del contenido, sin embargo lo que realmente sucedió es que democratizó la recomendación del mismo, siendo arrebatada esa idea primigenia hacia otros valores. Twitter y Facebook redirigen contenidos a nuestros conocidos y seguidores sin necesidad de escribir largos y extensos textos. Lo importante es derivar la atención, “me gustó esto y te creo que os podría interesar”, a través de personas que pueden tener las mismas inquietudes (no necesariamente intelectuales) que nosotros.
De este modo, Facebook, aunque actualmente sobre todo Twitter, se erigen como los grandes filtradores de contenidos de la Red y pueden llegar a otorgar una parte importante del tráfico de páginas web. Los medios de comunicación y las páginas web profesionales han sido los primeros en percatarse de ello y en colocar esos letreros de veces twitteado o “Me gusta” sobreimpreso en el azul Facebook para poner fácil a sus lectores el compartir sus gustos.
¿Ese mismo “Me gusta” puede influir en el posicionamiento? ¿Habrá perdido Google la posibilidad de posicionar los contenidos bajo sus reglas, las que obligaba a los SEOs a devanarse los sesos intentando entenderlo, y pagando a terceros para que les permita indizar esas recomendaciones? ¿Es la muerte del enlace como sistema democrático en la Web? ¿Es el principio del fin del SEO como lo conocimos hasta ahora?
Lo interesante de esta cuestión es el baile de poder que ha sufrido la Web en escasos cinco años. Un sitio web no concebida desde un principio para ser un nodo de tráfico, arrebata lentamente el poder de influencia que pueda tener Google sobre el resto del ecosistema web y lo peor de todo es que la dependencia de una a la otra puede ser peligrosa.
Publicado por: Marcos Ros-Martín — Martes, 23 de febrero de 2010
Este mes cumplíamos un año desde que comenzamos a colaborar con la edición digital del diario Levante-EMV incorporándonos a su red de blogs. Para los que nos seguís desde hace un tiempo, huelga recordar que he trabajado dentro de este medio de comunicación y que aún sigo colaborando con él de diversas formas más allá de esta digital; pero, llegados a este punto, nos gustaría realizar un pequeño balance de lo que ha supuesto para este modesto blog esta colaboración.
Lo primero es señalaros que el peso de la cabecera es mucho. Aparecer dentro de la portada de un medio de comunicación serio supone una barrera ante los temas que deseas abordar e intentas sortear algunos temas polémicos, mientras consideras que otros puede que no lleguen a disponer el atractivo para los lectores del medio. Es decir, sientes como si perdieses el control sobre qué es lo que quieres decir, basculando hacia lo que es correcto decir. Éste podría considerarse como el punto negativo, sin embargo la cabecera, al menos dentro de la comunidad valenciana donde este medio de comunicación impreso es líder en difusión, también otorga cierto lustre.
En un principio esta colaboración genera sorpresa entre el colectivo de profesionales de la información, que me han consultado cómo lo conseguí y qué me da el diario. Las respuestas son sencillas, la primera es que no fue difícil, consideraron que los contenidos eran interesantes, y a lo segundo, de momento, nada tangible. De hecho, ésta es una suerte de relación simbiótica en la que ambos quedamos favorecidos y que podemos romper en cualquier momento, sin presiones de ninguna clase. Lo cierto es que nunca he recibido ninguna amonestación ni correo de reproche, así que si me he censurado ha sido más por sentido de la responsabilidad que por otra cosa.
Nuestro interés, obviamente, pasa por el tráfico de usuarios desde el sitio web del diario y éste se produce mediante tres vías fundamentalmente. La primera de ellas mediante la página principal de la edición digital donde existe una pequeña caja con las últimas actualizaciones de la red de blogs, la segunda mediante la página destinada a recoger las direcciones web y últimas actualizaciones de la red de blogs del Levante-EMV y, finalmente, si el contenido es relevante los editores de la edición digital pueden llegar a publicar una pequeña noticia como contenido destacado. En ninguna de las dos intervenimos directamente, así que intentando realizar una comparativa de posible impacto, he considerado que sería interesante realizarla con dos de los sitios web más importantes del Social Media actual: Facebook y Twitter.
He de confesar que siempre he estado más interesado en aprender que en dedicarme a promocionar este blog a través de cualquiera de las dos vías del Social Media, mi perfil siempre ha sido bastante bajo. De hecho, no me he preocupado en exceso de ello hasta hace bien poco cuando Feedburner permitió realizar un tweet automáticamente a cualquier cuenta de Twitter que deseásemos cuando publicásemos un post. No puedo negar que también he jugado un poco, enchufando mi cuenta twitter con mi cuenta en Facebook, pero al final he desistido de seguir haciéndolo puesto que generaba demasiado ruido y son dos ecosistemas completamente distintos. Por lo que actualmente, en Twitter sí que publico las actualizaciones de este blog, pero en Facebook no.
Los resultados han sido bastante curiosos y no demasiado concluyentes este primer año. Como podéis ver, la página principal del Levante-EMV dispone de un gran poder de difusión. Los picos son muy pronunciados siempre que se trate de contenido destacado. El primer dato corresponde al mes de febrero de 2009 donde se hizo una más que correcta difusión de nuestra incorporación a la red de blogs, mientras que el resto corresponden a contenidos muy puntuales que se destacaron en forma de noticia.

Usuarios únicos por fuente
Por otra parte, eliminando los dos primeros picos de difusión, podemos comprobar de forma más clara que la página web de la Red de Blogs dispone de unas métricas similares comparadas con la página principal, mientras que si bien Facebook mantiene su poder de difusión muy estable a lo largo del tiempo (Insistimos en que no hemos trabajado mucho con ello), Twitter va ganando peso rápidamente en la segunda parte del año cuando me incorporo activamente en su ecosistema.

Usuarios únicos por fuente (Mayo 2009 - febrero 2010)
Publicado por: Marcos Ros-Martín — Domingo, 3 de enero de 2010
El último Premio Nobel de la Paz, que sorprendentemente fue capaz de defender la guerra cuando acudió a Oslo para recoger su medalla, no se amilanó cuando le preguntaron por su frecuencia de uso de Twitter el pasado mes de noviembre en una visita oficial a China. “Nunca he usado Twitter” confesó Barack Obama a un estudiante que le preguntaba sobre su punto de vista sobre el “Gran Firewall chino”. Sin embargo, los reproches al líder que supo aprovechar casi al 100% las oportunidades que las nuevas herramientas de comunicación social de la Web durante su periodo como candidato a la Casa Blanca fueron muy discretos. Los cimientos de la Red no se echaron a temblar a pesar de que la propia empresa había verificado la veracidad de la identidad que se escondía tras la dirección http://twitter.com/barackobama. Twitter salió rápidamente al paso de aquella confesión, puesto que afirmó que no se preocupa de si quien actualiza la cuenta es una persona o un grupo dedicado a ello. En cualquier caso, ¿quién podría considerar que el 44º Presidente de los Estados Unidos tiene tiempo para actualizar su perfil o su página de Facebook?
Pero por muy descabellado que pudiese parecer, distinta suerte han dispuesto otros políticos que si bien abrazaron las Redes Sociales para intentar tender puentes de comunicación con sus electores, lo cierto es que un gabinete de prensa o un Community Manager se dedicaba a estos menesteres. Lo que a ojos de la comunidad internauta es un acción muy grave, ante su falta de sinceridad y transparencia que este tipo de herramientas tratan de imbuir dentro de la actividad política en la Web.
Aún ando tratando de explicarme el porqué, pero Rosa Díez fue descubierta en esa falta el pasado mes de marzo y fue literalmente achicharrada por su comunidad twittera, provocando que la política española cerrase su cuenta lo que fue como tratar de apagar un fuego con gasolina, aumentando aún más si cabía la indignación por parte de los internautas. Y es que está comprobado es que lo peor que se puede hacer si te pillan es poner pies en polvorosa, porque obviamente un colectivo que está pidiendo explicaciones desconfía de alguien que no admite sus errores, si es que realmente llego cometer alguno.
Porque si Obama alcanzó la Presidencia de los Estados Unidos gracias a la fuerza movilizadora de la Web, el efecto Halo de esa conquista se trasladó hacia otros ámbitos geográficos y a otros sistemas políticos alejados de la mecánica norteamericana pero que persiguen las mismas acciones. Es frecuente que los medios y la blogosfera lamenten que los políticos abran un blog y en cuanto la tensión electora de una próxima votación se diluye, esos espacios digitales caigan en el olvido. Sin embargo, son ellos mismos los que exigen que sean esos representantes políticos los que se sienten delante de un ordenador y se dediquen a presionar teclas como si la presión de su trabajo no les apartase de ello o como si todos tuviesen que disfrutar de cierta destreza narrativa o tecnológica.
Es probable que la reacción de Rosa Díez (o de los responsables de su imagen en la Web) fuese sobredimensionada, cerrar la cuenta, y es posible que la comunidad internauta fuese demasiado estricta cuando es un hecho razonable que sean otras personas las que actualicen los perfiles de figuras mediáticas. Puede ser que sea una falta hacia la confianza de sus seguidores políticos el no haber sido excesivamente sincera con ellos, aunque lo que no podemos caer en el cerrajón más absoluto cuando descubrimos un error de los políticos. Al fin y al cabo, las reglas de la comunicación en la Red todavía no están escritas, pero no deberíamos alejarnos de aquello que podríamos considerar como razonable.
Publicado por: Marcos Ros-Martín — Sábado, 7 de noviembre de 2009

Voy a pediros que perdonéis a este, antaño, amante de los rankings blogosféricos y que pueda realizar una divagación, porque no puede alcanzar la disertación, sobre ese afán por colocarse en los primeros puestos de cualquier cosa por parte de los heavy-users de cualquier servicio de Internet. Porque si bien en la Web, mal que nos pese, todo es medible y cuantificable, aquello que, hasta cierto momento no lo era, tiende a convertirse en cuantificable para la creación de una comparativa entre el resto de iguales para que lentamente dejen de serlo tanto obedeciendo a aquello de que “todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.
El mayor y mejor ranking, u ordenación de resultados según su importancia, y el más importante dentro de la Web es el Pagerank, creado y mantenido por Google, que ha favorecido a lo largo del tiempo la creación de todo un ecosistema informativo y económico a su alrededor. Así que si las páginas web son rankeables, ordenables por importancia, ¿por qué no íbamos a poder realizar comparativas con el resto de nuestros semejantes de casi cualquier cosa que en Internet se crease?
Más allá de los rankings blogosféricos sobre los blogs más influyentes dentro de una u otra materia, creados ad-hoc tras la definición de esos sitios web que configuran su propio totum revolutum con su particular ideosincrasia, las comparativas entre usuarios de cualquier servicio casi son una necesidad que pueden abrir una pequeña ventana a la fama. Puede ser que una de esas famosas que disfrutaron de sus quince minutos de gloria fuese Sofia de Oliveira lo consiguió tras aparecer en un programa de televisión con 92,000 amigos, y que favoreció su salto a la fama junto con una entrevista posterior asegurando que los amigos de verdad sólo contaban 10, aunque actualmente Sofía no es la única en alcanzar tan estratosférica cifra de conocidos virtuales.
Pero tranquilos, para cualquier hijo de vecino, el contacto medio en las redes sociales, como en Facebook, se ha calculado en 120 amigos de media, mientras que, en la otra Web Social por excelencia, Twitter el usuario medio tiene 85 seguidores y sigue a otros 80 usuarios. Pero hay más datos, curiosamente, de esos 120 amigos sólo interactuaríamos dependiendo de nuestro género con una pequeña muestra de ellos. De este modo, si fuésemos hombres interactuaríamos con 7 de ellos de media, mientras que si fuésemos mujeres esta cantidad ascendería con 10. Sin embargo, ese afán por recoger y mostrar el mayor número de amigos que tienen algunos usuarios se ha contemplado y justificado como un juego. Es decir, que nos tomamos las redes sociales como meros juegos donde los puntos serían el número de conexiones, y competiríamos por ver quiénes consiguen mayor puntuación (mayor cantidad de contactos).
Podría pasar que una de nuestras justificaciones sería el juego o más bien el entorno competitivo en el que nos movemos. Imagino que esa competitividad también dependerá sobremanera del tipo de usuario, porque los medios de comunicación también trazan sus propias comparativas. Así, me quedé muy sorprendido cuando el diario El País publicó la cantidad de seguidores que disponía en Twitter (y no sólo se conformó con la edición en Internet) considerándose como el medio de comunicación español más popular en la Red. Mi sorpresa proviene del razonamiento de que ¿cuándo una empresa ha hecho publicidad de otra sin que haya un acuerdo económico? Hasta ahora casi nunca.
Por supuesto que el juguete pasado el tiempo se ha convertido en algo más sotisficado. En esta ocasión, Twitter ofreció a sus usuarios una nueva funcionalidad con la que poder jugar que consiste en la creación de listas en las que los usuarios podían ser etiquetados. Si en el mundo real, solemos huir de las etiquetas, del encasillamiento, en Twitter aparentamos estar encantados, mientras nuestros iguales nos perfilan a través de folksonomías y somos incluidos en una serie de listas de los usuarios de Twitter que nos siguen. Como no podría ser de otra manera, entramos en la discusión de palabras como reputación, ego o incluso spam, pero lo cierto es que de nuevo se creamos nuevos rankings con las personas y las listas más seguidas y, de nuevo, la rueda vuelve a girar. “No va más”.
Publicado por: Marcos Ros-Martín — Sábado, 24 de octubre de 2009

Ya había leído en algún otro lugar que la Web que conocerán nuestros hijos no será como la conocimos nosotros, que Facebook es el futuro de la Red porque ya no navegaremos buscando información, sino que, fundamentalmente, nos comunicaremos mucho más a través de ella. Sinceramente, no me puedo imaginar que el fracaso de AOL (Un proveedor de acceso a Internet con el coto cerrado) se olvide en el tiempo. La Web creció del caos y de su autoorganización, no puedo llegar a considerar que, de repente, nos conformemos con una única plataforma y nos olvidemos del increíble ecosistema de la información y de servicios que nos pone al alcance de nuestros dedos, con una simple ecuación de búsqueda, Google. Simplemente, me parece inconcedible.
Por ello, no puedo negar que me ha producido una sonrisa la consideración de que el Imperio Google se acerca a su fin. De hecho, en la Web 2.0 Summit parecen bastante convencidos de que el futuro de la Web va a pasar por Facebook. Así lo aseguran tanto Sean Parker, directivo de la empresa Founder’s Fund, como Sheryl Sandberg, jefa de operaciones de Facebook (cómo no), que creen que estamos superando la primera fase de Internet, que ha estado dominada por lo que denominan “servicios de información” en la que Yahoo! y posteriormente Google fueron los principales actores y nos encaminamos hacia una nueva fase enfocada “servicios de red” como Facebook y Twitter como baluartes del futuro que se nos avecina. De esta manera, consideran que el dominio de la compañía de Mountain View en Internet decrecerá ya que recolectar datos será menos importante que conectar a la gente, así como que la información que provean los amigos será más interesante para los usuarios que la que Google u otro buscador pueda ofrecernos.
Parece que el argumentario es similar a aquel “Hemos pasado de las páginas estáticas en HTML a otras en las que el usuario puede construir los contenidos, mejorar en su concreción y trabajar en comunidad”. De repente, parece ser que Google y el poder de sus centros de datos se encuentran condenados a la obsolescencia por un futuro marcado por el coto cerrado del azul y blanco de la red social Facebook. Al final parece que la Web semántica, aquello que marcaron como Web 3.0, sigue siendo una quimera y nos conformaremos con buscar a personas y a grupos de interés, tendremos suficiente con pastillas informativas de 140 caracteres y los medios de comunicación con sus largos y aburridos textos acabarán extintos porque no podrán atraer el suficiente público que siempre preferirán Facebook.
En realidad, las palabras de los responsables de Facebook parece más un mensaje hacia los anunciantes que un futuro palpable, aunque es cierto que Facebook es una empresa muy poderosa en cuanto al tráfico en Web. Recientemente, se ha publicado un estudio sobre el tráfico en Internet realizado por Arbor Networks en el que analizaban 256 exabytes de información y en el que se concluía que, en primera posición, del 6% del tráfico mundial lo poseía Google. Sin embargo, también es muy interesante los datos publicados en el texto que aseguran que han aparecido empresas de Internet «hipergigantes», que como Google y otras 30 compañías, entre las que figuran las redes sociales como Facebook o también portales como YouTube, acaparan el 30% del tráfico de la Red. Es decir, se está produciendo un proceso de concentración en el tráfico Web en el que aparecen una serie de compañías ganadoras y que, por lo tanto, se llevarán la mayoría de la inversión publicitaria en la Web.
Tampoco debemos olvidar que Google es más que un buscador, más que un “servicio de información”, y actualmente también podría incluirse en su definición “servicio de red”, por lo que en realidad no se puede denostar a Google sobre su reinado Web. Más bien al contrario, éste irá incrementando según se focalice, aún más, en proveer contenidos más allá de hacerlos accesibles y tratar de conectar sus usuarios y puede que en eso Google Wave tenga mucho que decir. Google no es una moda, habrá que seguir la evolución de Facebook para poder aseverar lo mismo.
Publicado por: Marcos Ros-Martín — Miércoles, 16 de septiembre de 2009
Matthew Robson, el jovencísimo becario de Morgan Stanley, escribió un pequeño ensayo que provocó un pequeño temblor en los medios de comunicación este verano. How Teenagers Consume Media describía fundamentalmente los hábitos de Matthew y de su grupo de amigos frente a las nuevas tecnologías y su modo de consumirlas. Básicamente, según Robson, los jóvenes no leen periódicos, no escuchan la radio (Prefieren el streaming) y ven la televisión cuando están haciendo otras cosas. Por otro lado, Twitter les parece una pérdida de tiempo porque nadie mira su perfil y además encuentra más útil enviar un SMS (texting) a una sola persona que gastarse el dinero en actualizar su cuenta por esa vía. Es decir, encuentran Facebook mucho más rico en posibilidades y opciones que Twitter.
Y, sin embargo, los últimos movimientos de Facebook parecen encaminados en querer convertirse en Twitter. A pesar de que el “Muro” de Facebook es mucho más rico en posibilidades, texto sin la limitación de 140 carácteres de Twitter, además de dar opción de enviar enlaces, vídeos o fotografías, los responsables de Facebook parecen querer obcecarse en limpiar y limpiar su página. Facebook lite, que de momento sólo puede disfrutarse si se cambia la configuración al idioma English, es una vuelta de tuerca hacia la simplicidad, hacia la extracción de elementos “superfluos” de la página de Facebook. Es decir, hacia aquello que a los usuarios les gustaba de un tiempo a esta parte: Las aplicaciones.
El rediseño de la red social ya fue contestado, criticado e incluso provocó un descenso del tráfico del 25% en el sitio de esta popular red social, pero Mark Zuckerberg insistió en que “las compañías innovadoras no escuchan a sus usuarios”. Afortunadamente, Zuckerberg es un hijo de la Web 2.0, los mercados son conversaciones y todo aquello del Manifiesto Cluetrain. Y sigue obcecado en perseguir a Twitter.
Sin embargo, Twitter y Facebook son dos productos distintos, tal vez por ello a Robson no le resulta de su agrado. Por un lado, Twitter es un producto abierto, un usuario puede seguir a otros (following), pero no tiene porqué seguir a los que le siguen (followers). Así, por ejemplo, yo puedo seguir los tuits tweets (o publicaciones) de Manuel Almeida (bloguer de Mangas Verdes) pero él no tiene porqué seguir mis tuits tweets. A mi, me interesa él, pero él no tiene ni porqué saber que existo. En Facebook, por el contrario, tiene que haber un mutuo acuerdo de aceptación de las dos partes (Él me acepta como amigo y yo a él) por lo que el nivel de publicaciones es mucho más personal y el nivel comunicativo es distinto al que se podría desarrollar en Twitter.
Por otro lado, las interacciones también se encuentran a otro nivel. En Facebook, el “¿Qué estás pensando?” es contestado de forma agrupada, de tal manera, que cada comentario dispone de sus comentarios. Por otro lado, los tuits tweets de Twitter no se ordenan, deben ser los usuarios los que especifican el tema que están tratando (con el carácter #) o el usuario que están comentando o contestando (con el carácter @). Además, Twitter se encarga de encontrar las menciones y de mostrarlas.
Ahora, Facebook se propone implementar la @ como sistema de menciones a un usuario tal y como se hace en Twitter, algo que ya se hacía en los comentarios de los blogs o incluso en Facebook cuando éste sobrepasa la cantidad de los mismos a la hora de seguir una conversación. Éste parece que es un intento de captar usuarios, lo cual sorprende teniendo presente los 250 millones que posee Facebook frente a los 10 de Twitter. Sin embargo, el efecto puede ser perverso si prosigue en esa convergencia a la simplificación de un producto que ya funcionaba y era intuitivo frente a otro que había que “entender” para poder ser usado.
Publicado por: Marcos Ros-Martín — Jueves, 3 de septiembre de 2009
Seguramente, podrás contar tus amigos con los dedos de la mano, aunque puede que seas muy afortunado y traslades el conteo a la cifra que muestras en Facebook. Bueno, pero antes que nada, deberíamos definir previamente lo que es un amigo para proceder a realizar el recuento. ¿Qué es para ti un amigo? ¿Un amigo es una persona con la que el silencio es suficiente para pasar un buen rato? ¿Un amigo es alguien que conociste en un viaje? ¿Un amigo es un compañero de trabajo? ¿Un amigo es un excompañero de estudios?
Difícil elección, ¿no te parece? Sin embargo, en los servicios de redes sociales en Internet, el término Amigo es tremendamente ambiguo y se utiliza para definir todas y cada una de las relaciones de un usuario respecto al resto sin tener en cuenta la intensidad de esos lazos afectivos (Familiares, conocidos y amigos, por ejemplo).
Ya comentábamos hace unos meses el aparente caos que supone agrupar las relaciones de una forma tan sucinta como se hace en estos servicios virtuales. Pero, esta crítica es bien conocida por las empresas, puesto que parece que las empresas que lo gestionan están decididas en mejorar su servicio fundamentándolo en la privacidad que a éste le debería suponer. Claro que los usuarios también pueden equivocarse a la hora de utilizarlo y pueden que acaben suplicando a cualquiera que les eche una mano para borrar lo allí escrito. Desde luego que el término amigo también supone ciertos niveles de privacidad y confianza que no se extrapolan actualmente a este tipo de servicios, aunque podamos intentar crearlos, pero no cabe duda de que siempre quedamos expuestos a lo que allí otros dicen, o puedan contar, de nosotros.
Publicaba recientemente The New York Times el texto Facebook Exodus en el que se trataba de explicar las decepciones de algunos de sus usuarios a la hora de utilizar el servicio. Desde aquellos que consideran que Facebook es el mal (Facebook is evil) considerándolo una especie de Gran Hermano que fagocitará nuestros datos privados, hasta aquellos que consideran que la curiosidad de aquellos que la vida dejó atrás no justifica su uso, exparejas sobre todo. Pero como alguien más sabio dijo, la tecnología no es mala en sí, la convierten en mala aquellos que la usan.
Por supuesto que desde la compañía también se ha metido la pata en distintas ocasiones, la más famosa fue la implementación de Facebook Beacon que le permitía compartir información con terceras empresas. Esto se demostró como una violación de la privacidad de los usuarios desde ambas partes que comprobaban cómo lo que compraban en tiendas virtuales, por poner un ejemplo, era inmediatamente publicado en el muro de su perfil de Facebook sin su consentimiento.
Sin embargo, aunque se intente transmitir lo contrario, Facebook y otros servicios de Redes Sociales no se van a ir vaciando de usuarios como sucedió con el gran pufo Second Life. Es más, seguramente, se convertirán al igual que el correo electrónico lo es hoy en día, en uno de los servicios básicos de la Web. Sobre todo porque las nuevas generaciones no tienen un sentido de la privacidad como lo contemplan las anteriores, aunque seguramente se deberá producir una modulación en el mensaje que se envía a través de las mismas.
De hecho, actualmente estas redes sociales son unicanal. Un solo mensaje a todos nuestros amigos, pero a buen seguro la evolución de este tipo de servicios irán agregando niveles de capas en la información que se quiere compartir. Por ejemplo, podremos elegir qué mensajes queremos transmitir a nuestros familiares, mientras que dispondremos de otro para las amistades, de este modo, la información a aportar se ajustará y se amoldará de una manera más satisfactoria a nuestras relaciones y el nivel de información que compartimos en el mundo real.
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