Un sistema de gestión de información sanitaria… Prohibido usarlo
Me encanta la sección “¿Sabías que…?” de la revista Muy Interesante. Pequeñas píldoras de curiosidades que posteriormente se recopilarían en una serie de libretos que, por supuesto, adquiría y aún tengo localizados en alguna estantería. Los dos libros Freakonomics y Superfreakonomics serían una especie de libros de curiosidades si no se tratase de textos que parecen hilar aparentes banalidades con hechos y argumentos constatados científicamente conectando directamente al político norteamericano Al Gore con el volcán Pinatubo. La verdad es que ambos son libros amenos y muy interesantes para aquellos que somos un poco curiosos e intentamos al mismo tiempo entender cómo funciona este mundo y las personas que lo habitamos, mientras aprendemos.
De aquel primer libro, Freakonomics, extrajimos dos ideas para este blog: La Asimetría Informativa y Si las bibliotecas públicas no existieran desde hace tiempo, ¿podría hoy alguien fundar una? De su segunda parte, que su editorial nos hizo llegar, creo que merece la pena reseñar una parte de uno de sus capítulos. Espero que resulte de interés.
Aunque algunos de los departamentos especializados del WHC (Hospital Central de Washington) tenían bastante prestigio, la sección de urgencias siempre quedaba la última de la zona del distrito de Columbia [en 1995]. Estaba abarrotada, era lenta y desorganizada; aproximadamente cada año cambiaba de director, y el propio director médico del hospital decía que la sección de urgencias era “un sitio bastante indeseable”.
A estas alturas, entre Feied y Smith habían tratado a más de cien mil pacientes en diversas salas de urgencias. Descubrieron que había un elemento qeu siempre escaseaba: La información. [...]
“Durante años, estuve tratando a los pacientes sin más información que lo que ellos me decían – dice Feied-. Cualquier otra información tardaba demasiado, así que no podías contar con ella. Muchas veces sabíamos qué información necesitábamos, e incluso sabíamos dónde estaba, pero no iba a llegar a tiempo. Los datos críticos estaban a dos horas o a dos semanas de nosotros. En un departamento de urgencias muy ajetreado, hasta dos minutos es demasiado tiempo. [...]“
El problema tenía tan inquieto a Feied que se convirtió en el primer informatizador de medicinas de urgencias del mundo. [...] Creía que la mejor manera de mejorar la atención médica en urgencias era mejroar el flujo de la información.
Ya antes de hacerse cargo en el WHC, Feied y Smith contrataron a un grupo de estudiantes de medicina para que siguieran a los médicos y a las enfermeras por la sección de urgencias y los acribillaran a preguntas. [...] He aquí algunas de las preguntas que hacían a los estudiantes:
- Desde la última vez que hablé con usted, ¿qué información ha necesitado?
- ¿Cuánto tardó en conseguirla?
- ¿Cuál es la fuente? ¿Llamó por teléfono, utilizó un libro de referencia, habló con un bibliotecario médico (Esto ocurría en los primeros tiempos de internet, antes de la aparición de la red)?
- ¿Obtuvo una respuesta satisfactoria a sus preguntas?
- ¿Tomó una decisión médica basada en esa respuesta?
- ¿Cómo influyó esa decisión en la atención al paciente?
- ¿Cuál fue el impacto económico de dicha decisión en el hospital?
El diagnóstico estaba claro: el departamento de urgencias del WHC padecía un caso grave de “datapenia”, o bajo nivel de datos. Los médicos dedicaban aproximadamente el 60 por ciento de su tiempo a la “gestión de la información” y solo el 15 por ciento a la atención directa del paciente. [...]
Smith y Feied descubrieron en el hospital más de trescientas fuentes de datos que no se comunicaban unas con otras, incluyendo un ordenador central, notas manuscritas, imágenes escaneadas, resultados de laboratorio, vídeos de angiogramas cardíacos y un sistema de seguimiento para el control de infecciones que se encontraba solo en el ordenador de una personas, en un archivo Excel. “Y si ella se marchaba de vacaciones, que Dios te ayudara si querías seguir un brote de tuberculosis”, dice Feied.
Para proporcionar a los médicos y enfermeras de urgencis lo que necesitaban, había que construir un sistema informático a partir de cero. Tenía que ser enciclopédico (la falta de un dato clave echaría a perder el intento); tenía que ser potente (una sola resonancia magnética, por ejemplo, ocupa una capacidad enorme); y tenía que ser flexible (un sistema incapaz de incorporar datos de cualquier departamento de cualquier hospital del pasado, presente o futuro, no serviría de nada).
También tenía que ser rápido, muy rápido. No solo porque en urgencias la lentitud mata, sino porque [...] una persona que utiliza un ordenador experimenta una “deriva cognitiva” si pasa más de un segundo entre hacer clic el ratón y ver nuevos datos en la pantalla. Si pasan diez segundos, la mente de la persona está ya en otro sitio.
[...]
Por desgracia, la idea no entusiasmó a todo el mundo en el WHC. Las instituciones son, por naturaleza, organismos grandes e inflexibles con feudos que hay que defender y reglas que no deben romperse. Algunos departamentos consideraban que sus datos eran porpiedad suya y se negaban a facilitarlos. Las estrictas normas de adquisiciones del hospital no permitían a Feied y Smith comprar el equipo informático que necesitaban. Uno de los altos cargos “nos odiaba -recuerda Feied-, y no perdía una oportunidad de ponernos trabas e impedir que la gente colaborara con nosotros. Solía entrar de noche en el sistema de peticiones de servicios y borraba las nuestras.” [...]
Al final, Feied venció, o más bien vencieron los datos. Azyxxi [denominación utilizada para el sistema de información y posteriormente adquirido por Microsoft] cobró vida en un único ordenador de mesa en la sala de urgencias del WHC. Feied le puso un letrero: “Prueba Beta: No usar” (nadie dijo nunca que no fuera listo). Como otros tantos adanes y evas, los médicos y las enfermeras empezaron a mordisquear la fruta prohibida y la encontraron verdaderamente milagrosa. En pocos segundos podían localizar prácticamente cualquier información que necesitaran. Al cabo de una semana, había cola ante el ordenador Azyxxi. Y no eran solo médicos de urgencias; venían de todo el hospital para hacerse con los datos. A primera vista, parecía el producto de un genio. Pero Feied dice que no, que fue “el triunfo de la tenacidad”.
LEVITT, Steven D.; DUBNER, Stephen J. Superfreakonomics. Enfriamento global, prostitutas patrióticas y por qué los terroristas suicidas deberían contratar un seguro de vida. Barcelona: Debate, 2010. pp. 96-99
4th LIS-EPI, rozando la visión del Futuro

Tratar de asomarse al futuro siempre puede considerarse como una tarea harto complicada, poder intuirlo, incluso acertarlo dispone de mayor mérito. El objetivo de este cuarto encuentro LIS-EPI se entreveía con sólo leer su epígrafe, La información en 2015: innovación y prospectiva, y lo cierto es que la mayoría de sus ponentes consiguieron estar a la altura de aquellos que nos desplazamos hasta el encuentro. He de confesar, y así se lo hice llegar a sus organizadores, que este cuarto encuentro me ha parecido mejor que el anterior, y confío que sus organizadores sigan profundizando en su temática en sucesivas organizaciones porque éste no pudo ser más interesante en su globalidad. Como es natural, intentaremos realizar algunos resúmenes de lo más destacado de las charlas a lo largo de esta semana, pero obviamente muchas cosas se quedarán en el tintero.
Es probable que si algún bibliotecario esperaba que se hablase de bibliotecas, puede que saliese defraudado. Y no porque se pasase de puntillas por la gestión de la información dentro de este ámbito, sino porque el futuro tiene que ir más allá de los problemas actuales, endémicos me atrevería a señalar, del sistema bibliotecario en España. De hecho, Eric Lease Morgan tuvo que aplicarse ante la pregunta de un atribulado bibliotecario que le lanzó la cuestión de si en Estados Unidos los presupuestos de las bibliotecas habían sufrido un recorte presupuestarios por la crisis económica. El risueño bibliotecario confesó que los presupuestos se habían mantenido más o menos similares a los de años precedentes, si bien algunas bibliotecas habían sufrido recortes al utilizar su dinero dentro de los mercados de valores (!).
Por su parte, Josef Herget con el que ya habíamos contado con su presencia en la anterior edición del LIS-EPI, trazó un mapa completo de hacia dónde había que desarrollar el e-learning, la importancia de gestionar los recursos de la formación tanto en la vida como estudiante, así como profesional, y de qué modo desde la Danube University Krems se estaban utilizando herramientas de la Web Social para reforzar los procesos de aprendizaje.
Sin embargo, esto tan sólo eran calentamientos previos hacia los derroteros que el resto de las charlas se iban a encaminar. En la mesa de las RIAs, un concepto que invito a todos los profesionales de la información a profundizar por su interés y posibilidades, tan sólo David Maniega se aprestó a la tarea de aportar interés a la charla, mientras que el resto de participantes de la mesa pareció dejarse llevar por la didáctica de los trabajos y desarrollos que se realizaban desde sus respectivas organizaciones, que por supuesto no dejan de tener interés, pero puede ser que el foro no fuese el más indicado para exponerlos.
Aunque lo mejor estaba por venir. Roser Lozano, a la que nunca nos cansamos de escuchar, nos aportó una vez más su visión de la innovación en las bibliotecas públicas desde su experiencia y cómo intenta aplicar su misma metodología en su nuevo puesto de trabajo (CRAI – Centro de Recursos para el aprendizaje y la investigación de la Universitat Rovira i Virgili). Fue una conferencia vibrante en la que dispuso de toda su curiosidad y sus ganas de realizar nuevas tareas y servicios, en algunos casos con presupuesto cero, para seguir avanzando y aportando nuevas facetas a los roles bibliotecarios. Impresionante e imprescindible para entender la biblioteconomía moderna.
Hubo más, mucho más. En la mesa Las bibliotecas frente al software libre, puede ser que la joya de la corona de este LIS-EPI desde mi punto de vista, se nos dio una visión de lo que llevamos hablando desde hace mucho, la Biblioteca 2.0 deja de ser una entelequia para presentarse con toda su fuerza en la exposición que nos ofreció Jorge Serrano. Sus contertulios no dejaron de estar a un nivel impresionante, primero con Patricia Russo, que realizó un compendio del software libre que podemos utilizar distintas tareas en la gestión de la biblioteca (una presentación que se merecerá un texto completo en breve) y Jordi Serrano de la Universitat Politècnica de Catalunya que nos ofreció la evolución que ha sufrido la página web de la biblioteca y las distintas funcionalidades que nos ofrece actualmente.
Por su parte, Julio Alonso nos dio un dato preocupante en la mesa Open Access in library and information science durante la presentación de su estudio sobre el repositorio E-LIS. Según datos de Alonso, aparentemente Google ha penalizado el sitio web provocando un descenso en las consultas y en los accesos a los PDFs que el repositorio tiene disponibles. ¿Estará Google vetando este tipo de contenidos o se trata de un hecho puntual y particular?
Javier Díaz Noci nos ofreció durante la segunda jornada una revisión de los distintos sistemas digitales que los medios de comunicación habían ensayado para la distribución de contenidos. Durante esta fiebre Kindle, Díaz Noci recuerda que los medios nunca se han mostrado excesivamente flexibles en lo que distribución de contenidos se refiere, siempre vigilantes de que los sistemas sean lo más cerrados posible, tratando de emular a la distribución que los medios conocen (el papel). Sin embargo, para Díaz Noci la crisis actual de la prensa no es económica, sino de lectores, algo que los medios han tratado de obviar pero que se ha mostrado en toda su crudeza durante los últimos dos años.
Por supuesto que, también hubo una decepción, el responsable de contenidos de Google en España, Luis Collado, ofreció una charla vacía en la que trataba de aportar una visión de Google un tanto errática en apariencia pero que oculta más de lo que aparenta ser. Puede que la audiencia se sintió un tanto acongojada por la presencia de la marca cuatricolor y no se atreviese a lanzar preguntas incisivas (me incluyo por supuesto), pero lo cierto es que de esa charla se hubiese podido sacar petróleo y según me comentaron Twitter echaba humo.
Y finalmente pudimos contemplar el trabajo que está realizando el grupo SCImago a través de la presentación de Félix de Moya que, en general, pudo resultar un tanto agotadora para buena parte de la audiencia, pero que en contraposición me resultó muy interesante tras haber podido contar con la presencia en Aidico del otro grupo bibliométrico español, EC3, recientemente. Solo puedo señalar que me dejó tremendamente impresionado el trabajo realizado por SCImago y que tuvo su recompensa cuando hace unas semanas su ranking de universidades españolas saltó a la palestra tras la publicación de algunos de sus datos por algunos medios de comunicación españoles.
Barreras en la innovación (2): Tecnología obsoleta
La amortización de un ordenador, siguiendo los criterios contables en España, se puede hacer durante un período máximo de ocho años y/o un máximo del 25% del valor del equipo para cada año. Es decir, siguiendo los principios contables, un ordenador ya puede encontrarse completamente amortizado en cuatro años, aunque en algunas organizaciones parece que los ordenadores comprados seis años antes y sus capacidades pueden estirarse casi indefinidamente.
Es cierto que gracias a la prevalencia de Windows XP en entornos corporativos, y la renuencia justificada de los administradores de sistemas de realizar la migración al fracasado Vista, los viejos ordenadores han soportando con mayor o menor dignidad el paso del tiempo (Salvo cuando alguno de sus componentes se fundía completamente). Sin embargo, no podemos olvidar que el software evoluciona inexorablemente y, en ocasiones, ejecutar nuevas versiones de ciertos programas se realiza de una forma cada vez más dificultosa.
Pero, la obsolescencia de las herramientas informáticas puede convertirse en mucho más dramática en entornos mucho más cerrados que el de los Pcs. Si nos fijamos en entornos donde los Macintosh de Apple son mayoría, la no-renovación de los equipos puede suponer dificultades a los propios trabajadores que ven cómo sus equipos se convierten en máquinas ancladas en el pasado y cómo la realidad les supera completamente. Es cierto que los Mac de Apple fueron sistemáticamente maltratados en el plano software, la prevalencia de Windows y su entorno en casi el 90% de los hogares fomentaba la creación de todo un ecosistema que contemplaba a los usuarios de Apple como algo casi residual, obligando en algunas ocasiones a los maqueros a utilizar el sistema operativo de Microsoft a su pesar.
Sin embargo, gracias a la estupenda política comercial de Apple basada en el efecto halo del iPod, que ha aumentado su base de usuarios, junto al desarrollo de la Web 2.0 y el Cloud Computing, la instalación de software en máquinas puede convertirse en una acción cada vez más residual (véase el ejemplo de los netbooks) y junto al desarrollo de grandes programas Open Source como Firefox o OpenOffice una barrera cada vez más débil a la hora de utilizar este tipo de sistemas operativos.
Sin embargo, el ritmo de actualización del software y los nuevos desarrollos de la Web 2.0 dejan en evidencia en muchas ocasiones las políticas de renovación de las empresas. En los entornos Mac, la falta de renovación del parque informático puede suponer un lastre a la hora de utilizar nuevas versiones de programas informáticos. Mientras que, por ejemplo, en entornos PC la falta de renovación de software puede contemplarse como completa dejadez. De hecho, Internet Explorer 6 es todavía utilizado por muchos usuarios en entornos corporativos, aún tratándose de un navegador obsoleto y completamente prescindible en comparación con las nuevas generaciones de los mismos. Sin embargo, por desidia o comodidad, aún permanece como un navegador de referencia cuando obviamente está completamente superado e incluso la Web 2.0 empieza a darle la espalda.
Algunos aducen que la culpa de esto se fundamenta en las propias intranets corporativas que, al haber sido diseñadas para Explorer 6 (un navegador que no obedecía precisamente los estándares), no se quiere desandar el camino hacia su superación.
Personalmente, he sufrido la experiencia de tener que navegar con un navegador obsoleto, buscar triquiñuelas para poder utilizar ciertas páginas web, descubrir cómo se desmaquetaban dificultando su uso. Trabajar en tales condiciones, donde la principal herramienta que vas a utilizar está completamente desfasada, obviamente repercute en el rendimiento del trabajador y, además, en el nivel competitivo que la organización va a desarrollar en el mercado. ¿Para qué adquieres la última versión de un software que va a limitar la productividad del trabajador porque no tiene unos requisitos de hardware adecuados? Personalmente, lo considero un gran error.
Barreras en la innovación (1): Todos innovamos cada día
La innovación, bien entendida, no supone un cambio radical en la tecnología, ni ingentes inversiones en equipos, ni siquiera un gran gasto en formación de personal dentro de las organizaciones. Todos los días innovamos, casi sin percatarnos. A la hora de realizar tareas, tratamos de mejorar los procesos de tal manera que consigamos o bien obtener una mejora en el costo económico o bien en el productivo (Nos cuesta menos esfuerzo realizarla). Por ejemplo, cuando decidimos realizar una ruta diferente hasta nuestra casa y descubrimos que atajamos unos minutos. Así, la innovación se define como la aplicación de nuevas ideas, conceptos, productos, servicios y prácticas, con la intención de ser útiles para el incremento de la productividad.
Tanto en la vida diaria como en el trabajo, innovamos casi sin darnos cuenta de ello. Consideremos, por ejemplo, en la forma que trabajábamos hace cinco años y caeremos en la cuenta de que, efectivamente, ha habido cierta evolución y en la mayoría de los casos positiva. Por supuesto que una de las mayores fuerzas dinamizadoras en la innovación ha sido la Web. Ya bien se trate de una forma meramente informativa, pensemos en el buscador y la sencillez con la que encontramos casi cualquier cosa en la Red (Un teléfono, un contacto), por ejemplo, o de procesos (La bien celebrada Web 2.0 y todo lo que ha supuesto), Internet y los conceptos desarrollados a partir de ella (Las Intranets, por ejemplo) ha cambiado nuestra forma de comunicarnos y compartir información con nuestros compañeros de trabajo, proveedores y clientes.
Por supuesto que la tecnología ha supuestos grandes mejoras, pero también grandes cambios a la hora de comunicarnos y los flujos de información internos de las organizaciones han sufrido cambios significativos y no siempre a mejor. Por ejemplo, ¿a que ya no suena tanto el teléfono de la oficina? Muchas personas plantean las mejoras de la comunicación y de la vida laboral, precisamente buscando la comunicación verbal mediante iniciativas como el “viernes sin correo electrónico” en la que los trabajadores de una organización deben comunicarse por cualquier medio excepto por correo electrónico a no ser que sea completamente necesario.
En cualquier caso, aunque la aplicación de nuevos procesos tecnológicos dentro de las organizaciones pueda fomentar la mejora de procesos, no todos utilizamos las herramientas de igual forma, ajustándonos a nuestros procesos mentales y de aprendizaje. Imaginemos, por ejemplo, cómo utilizamos los navegadores. Algunos de nosotros utilizaremos los marcadores (Otros ya habremos dado el salto hacia el Marcado Social), otros guardaremos las contraseñas dentro de ellos, otros borraremos las cookies todos los días… Es decir, dependiendo de nuestros conocimientos, experiencias y nuestro nivel de ansiedad utilizaremos las herramientas informáticas de una manera u otra, obedeceremos a los que nos dicen “esto no se puede hacer” o simplemente nos revelaremos frente a ellos indignados.
Pero como se suele anunciar, parafraseando el eslogan comercial, “no hay nada imposible”. A veces las barreras en la innovación aparecen donde menos cabría esperarlo.
La información en sí no es poder, sino la administración y la coordinación razonable de la información
[...] Para comprender de inmediato lo que la Red significa basta con explicar que, hoy en día, toda la información disponible en el mundo está en ella, al alcance, en principio, de cualquier ciudadano conectado al sistema y que tenga las habilidades y capacidades necesarias para servirse de él. El viejo sueño de la biblioteca universal parece así cumplido: todo el saber coleccionado, archivado, ordenado, a disposición de los usuarios. Pero, además, se trata de un saber dinámico, interactivo, dialéctico, en continua expansión gracias a la intervención de esos mismos usuarios. Un hecho así convierte en anticuado el adagio de que quien tiene la información tiene el poder, porque la información se ha convertido casi en un bien mostrenco, o en un bien público, al servicio y disposición del común de los mortales. Esta reflexión mía, hecha al hilo de una conversación con Felipe González que dio lugar a un libro de éxito, justifica otra más seria del ex presidente del gobierno español: “No somos capaces de comprender -dice- que ya la información en sí no es poder, sino la administración y la coordinación razonable de la información, para obtener resultados operativos. El liderazgo no se demuestra por disponer de información sino por la capacidad para producirla y utilizarla”. [...]
CEBRIÁN, Juan Luis. Gacetilleros, gansos y embaucadores. En Diario El País, domingo 31 de mayo de 2009.
“Más allá de Google” de Jorge Juan Fernández García
Aunque menos conocido de lo que debería dentro del gremio de los profesionales de la información en España, siempre me ha atraído la figura de Alfons Cornella como introductor de las teorías de la gestión de la información en el ámbito hispanohablante. No hace falta señalar que el concepto de Infoxicación ya era conocido en ámbitos anglosajones como Information Overload, aunque tal vez lo que necesitase esta disciplina para ser aplicada de forma práctica en nuestro ámbito fuese, además de la oportunidad, nuevas maneras de aproximarse a ella.
Cornella lo consiguió mediante, además del mentado término, introduciendo la Infonomía y la contemplación de la empresa como un ecosistema de la información que debía ser estudiado y convenientemente administrado para ser más competitivos. Sin embargo, ser innovador también dispone de cierto riesgo y es posible que en ocasiones el medio diluya el mensaje. Puede ser que esto me sucediera con las pequeñas píldoras que Cornella publicaba en su revista If, a la que dediqué un texto bajo el título ¿Ley de la termodinámica informacional?, no muy convencido de lo que el autor quería transmitir en su momento. Es probable que el autor descubriese que el mensaje se diluía cuando publicó su libro kNewton: buscando un orden en la información donde recogía un buen número de estas píldoras o leyes informacionales y, como bien nos cuenta en el prólogo del libro que nos ocupa, se lamente de que los lectores lo encontrasen “divertido”.
Confío que el autor, Jorge Juan Fernández García, no se moleste si algún compañero infonomista decide confesarle que ha encontrado divertido este libro, ya que enfocar un libro como si te tratase de una suerte de Ley de Murphy no puede dar un margen para su lectura desde un punto de vista que no sea otro que el de reírse sin llegar a creérselo.
No vamos a caer en el error de considerar “Más allá de Google” (Descargable en PDF y de forma gratuita) una bagatela destinada a gestores de la información, ya que la estudio de la economía de la información y de las características de la información como un bien económico son especialidades muy respetables. Sin embargo, la exposición del argumentario en algunos pasajes del libro invita a no tomar demasiado en serio lo que se afirma en él, a pesar de las intenciones manifiestas en la contraportada:
En el texto están recogidas y ordenadas casi 300 “leyes” relativas a cómo utilizamos o nos afectan a nivel individual u organizacional la información y las tecnologías. Estas leyes “todavía no científicas” son los primeros pasos hacia la definición de una nueva disciplina académica, la Infonomía, cuyo impacto en las vidas de las personas y en la eficiencia de nuestras empresas será crítico en el siglo XXI.
Como muestra sólo recogeros la Ley sobre la propiedad del futuro (P. 184) para que nuestros lectores juzguen por sí mismos, en la que se recoge “El futuro pertenece a los geeks. Nadie más lo quiere”.
Por otro lado, como el lector habrá notado ya, el título puede conducir a la confusión. No se trata de un libro para la gestión de la información en Internet dando un rodeo por Google, no es una historia de Internet, ni de un compendio de herramientas a utilizar tanto on-line como off-line. No, no lo es, aunque trate de acercarse a las tesis de la Web 2.0 o de la Larga Cola, no dispone como finalidad acercarse a ellas, por lo que aquellos lectores que se aproximen a él esperando hallar esto, se sentirán un tanto decepcionados.
En cualquier caso, considero que este libro es necesario. En primer lugar, porque el análisis y el desarrollo de la Gestión de la Información es un campo por explotar, aún un tanto desconocido y completamente indispensable para mejorar la competitividad de las empresas y organizaciones de todo tipo y, en segundo lugar, porque aunque podamos disfrazar este texto como un anecdotario, considero que, a veces para iniciar la reflexión, el cambio, para innovar hay que ser arriesgado y creo que es previsible que este libro sea uno de los ejemplos.
Las características de la información como un bien económico
Durante los últimos veinte años, los investigadores han desarrollado un creciente campo de investigación sobre el valor de la información y sus características únicas como un bien económico. Algunas de las características únicas de la información como una entidad económica incluyen:
- La información es cara de producir, no así de reproducir ya que apenas dispone de costos.
- La información puede ser un bien público, privado, o un bien híbrido.
- Dependiendo del tipo de bien (público, privado o híbrido), el valor de la información puede aumentar o disminuir en función de su disponibilidad.
- La información es un bien unido a la experiencia. Su valor puede revelarse sólo después de su uso.
- El valor de la información es, en gran medida, subjetivo.
- La información se transfiere principalmente por la copia. Por lo tanto, los derechos de propiedad no, o al menos no deberían, plantear un problema.
El valor de la información es una de las ideas más difíciles de conceptualizar. Los investigadores han analizado este concepto en una gran variedad de formas, cada uno complementando al otro, así como aumentando la complejidad del concepto. La información puede ser una mercancía, un producto, un servicio o una experiencia. Además, su valor aumenta a lo largo de este continuo. El valor a veces es asignado en la forma que la información es empaquetada y distribuida; pero, en ocasiones el valor es inherente a su contenido a pesar de la forma que es transmitida. También el valor de la información puede estar derivado del intercambio o su uso y pueden ser evaluado de forma normativa, realista o subjetiva.
[...]
AHARONY, Noa; RABAN, Daphne R. Economics of information goods: An interdisciplinary subject for Israeli LIS and MBA curricula. Library & Information Science Research, 30 (2008), p. 103
La asimetría digital

Hace ya unos días que mi madre intentó explicarlos el "nuevo" invento de Google que era ni más ni menos su nueva enciclopedia, Knol. Como podéis imaginar mi madre no se ha acercado a un ordenador en su vida, si no fuese para limpiar la pantalla, ni creo que lo toque puesto que se ha negado en rotundo en numerosas ocasiones a pesar de que sus hermanos sí que se han lanzado a escribir correos electrónicos. Así que, como podéis imaginar, la explicación que me ofreci, tomada prestada de la radio sobre Knol, no fue lo más ajustada posible a la realidad. Obviamente, me quedé en silencio durante sus argumentaciones a pesar de sus preocupaciones sobre la conveniencia de la creación de una enciclopedia colaborativa y la autoridad que ésta podría dar respecto a los datos e informaciones que pudiese albergar. En fin, que os puedo asegurar que mi madre no lee mi blog, ni tampoco lo que voy escribiendo en papel y eso que sólo nos llevamos una generación.
Por otro lado, mi padre siempre se sintió un poco fascinado por mi destreza con los ordenadores. Vale, puede que mi nivel sea un poquito superior al de un usuario avanzado, pero soy plenamente consciente de que camino hacia la obsolescencia poco a poco. Es cierto, puedo acercarme a los nuevos fenómenos de la Red, el microblogging, las redes sociales, la promoción de noticias, etcétera; sin embargo os confesaré que siempre me queda el regusto de no estar utilizando completamente su potencial, como si fuesen más exprimibles de lo que yo realizo en ellas, aunque mi consuelo es que simplemente no dispongo del tiempo necesario y no puedo dedicarles ni todo mi esfuerzo ni mi interés. De hecho, recientemente se ha realizado el cálculo de cuánto tiempo se debería dedicar a la Web 2.0 para ser un usuario normal de estas herramientas y lo cierto es que no les puedo dedicar el mínimo de 8 horas semanales. ¡Ya me gustaría dedicárselo a mis aficiones!
Puede que se trate de una excusa de mal pagador, de alguien que camina hacia la obsolescencia gritando ¡paparruchas!, o simplemente que considere que mi blog es mi identidad digital en la Red y por ello lo potencio sobre otras cosas, sin tener la necesidad de contaminar mi presencia en ella sin nada más que lo que aquí recojo y publico, pero sin renunciar a mirar con curiosidad otros fenómenos de la Web 2.0, claro. Por supuesto que no renuncio a ser participativo, he roto lanzas en proyectos que me parecían interesantes y necesarios, pero obviamente no dispongo de todo el tiempo del mundo y para mantener algo que acabaré abandonando, es mejor no comenzarlo.
¿La obsolescencia terminológica pronto se convertirá en tecnológica? Indudablemente que una parte sí. Es probable que el año que viene o el próximo, cuando amaine esta crisis económica, aparezca un nuevo concepto o se desarrolle una nueva idea y que yo ya no sea captar su utilidad o descubrir su inutilidad, lo que es más grave. Sinceramente, espero que no se me escape, si existe y que no pierda la curiosidad. Pero, esto mismo ya está sucediendo a nivel empresarial y no puede ser detenido.
Francis Pisani nos pone sobre la pista de esta nueva Asimetría Digital donde los más jóvenes adoptarían las nuevas tecnologías y sus nuevos conceptos de forma más rápida que el resto. En su artículo, La dificultad de adaptarse a los cambios, nos describe la situación dada en Unilever donde Wendy Wilkes se desesperaba por la lentitud de su organización a la hora de adoptar las nuevas tecnologías. De hecho, ella lo describe como "shock tecnológico" puesto que no se les permitía usar ni MySpace, Facebook, Twitter o Skype. Afortunadamente, Wilkes escribió un correo a su jefe quejándose y abriéndole los ojos. La reacción de su superior distó mucho de ser airada, más bien al contrario, puesto que le encomendó un puesto nuevo: buscar aplicaciones (gratuitas, preferentemente) que se podría aplicar en la empresa.
Las enfermedades de la información: Infomanía frente a la infoxicación
El pasado mes de Agosto simplemente me desconecté como si estuviera enlazado a Matrix. Durante dos semanas, estuve, más bien traté de estarlo, completamente off-line; buscando el descanso de la Web y del trabajo continuo que requiere el mantenimiento de este blog. Tanto es así, la desconexión claro, que algunas personas se alarmaron puesto que de repente había cesado en mi actividad bloguera sin previo aviso y, mucho peor, no contestaba los correos electrónicos que me enviaban. Naturalmente, sucedió que me propuse mantenerme lo más alejado posible de un ordenador, pudiendo permanecer hasta cinco días sin realizar un solo clic.
Sí, conseguí lo que otros intentan y no pueden llegar a hacer, desconectar del trabajo y del mundo digital. Sin embargo, tengo que reconocer que la vuelta fue un poco dura, puesto que te percatas que te falta pulso a la hora de componer textos, ya que debes ponerte al día y rehacer ideas. En fin, que parece que al menos este año me he librado de la Infomanía, nuevo término en la psicología usado para un estado de ánimo: El de estar buscando estímulos informativos incansablemente.
Hace poco, en un artículo de opinión del diario El País se detenían en reflexionar sobre el modo de vida de hoy en día, tan tecnológico, tan ligado a recibir señales continuas; y proponían una suerte de Remedios para la infomanía. Así, definía a la Infomanía como la angustia “no por sentirse asediado por los mensajes electrónicos, sino por buscar, precisamente, su asedio. Sólo así se explicaría que el 53% de los internautas norteamericanos consulte su correo desde la cama, y hasta un 12% desde la iglesia. Claro que esta cifra es sólo la mitad de quienes lo consultan desde el baño: hasta un 37%.”
No voy a negar que la Infomanía me recuerda necesariamente a otro término, al que ya hemos hecho referencia anteriormente, bien conocido por los documentalistas -la Infoxicación- del que incluso hemos recogido algunas de las razones por las que podríamos vernos asediados por la recepción de información de forma indiscriminada. En concreto, la infoxicación se refiere a la sobresaturación de información, ruido-interferencia, la cual incluso puede llegar a generar angustia en el usuario por no sentirse en condiciones de encontrar la información buscada.
Obviamente, entre la Infomanía y la Infoxicación se presenta un límite conceptual. Porque una podría derivar en la otra, la Infomanía provocaría cierta Infoxicación en la búsqueda eterna de la tensión informativa, mientras que la Infoxicación no tendría que derivar necesariamente en la Infomanía, debido a que la Infoxicación provocaría un rechazo hacia la Infomanía. En cualquier caso, mientras se investiga más a fondo estas nuevas formas de presión psicológica sobre los individuos y sus posibles remedios, aunque yo me ofrezco como voluntario para demostrar que el mundo sin correo electrónico es posible, los documentalistas siempre podemos recurrir a las ideas del Just-in-case y del Just-in-time para que nadie acabe con un ataque de nervios porque el Gmail sencillamente hoy se encuentra caído.
La información y sus automatismos
En general, los mercados financieros son unos completos desconocidos para los comunes de los mortales. Cuando salta alguna noticia a las parrillas de los telediarios, sólo se trata de informaciones sobre espectaculares subidas o, más bien, completos descalabros. Es entonces cuando nos percatamos que la economía no funciona todo lo bien que debiera y esperamos que las cosas mejoren poco a poco.
Desde luego que no hay que llevarse a engaño, aunque basados en lo que se denomina Fundamentales Empresariales, a ojos de cualquier persona poco ducha en ingeniería financiera hay, aparentemente, más de casino o de ruleta rusa dentro de ellos que de Ciencias Exactas, por lo que no suelen ser un lugar cómodo para invertir para los pequeños ahorradores. De hecho, como en los mejores casinos, uno siempre está a tiempo de retirarse, monitorizando y vigilando las cotizaciones de las acciones bursátiles, así como automatizar sus órdenes de compra o venta llegados a ciertos niveles que uno considere relevantes. Así, por ejemplo, si deseamos invertir en una empresa, podemos fijar su precio de compra a cierto nivel y esperar a que la acción lo alcance para que se realice la compra, o bien si ya tenemos esas acciones en nuestra posesión podemos señalar un nivel de desinversión de manera que cuando una cotización llegue a cierto nivel podamos desinvertir y vender las acciones que disponemos en posesión, es lo que se denomina Stops Loss.
Esto podríamos considerar que está francamente bien porque así nos guardamos las espaldas ante caídas o cuando creemos que una acción se encuentra a un nivel muy interesante para invertir. El problema llega cuando la bolsa comienza a bajar en exceso y todas las órdenes, los stops, comienzan a saltar en venta deprimiendo aún más el efecto bola de nieve de las depreciaciones bursátiles y forzando la caída mucho más.
Por supuesto que las cotizaciones de las acciones se encuentran tremendamente ligadas a rumores, desmentidos, publicaciones de resultados empresariales y económicos. Esa necesidad de obtener información privilegiada, más allá de los análisis chartistas (de los gráficos para captar tendencias o realizar previsiones), es lo que determina quién gana más o quién puede mitigar las posibles pérdidas en caso de noticias desfavorables. La obtención de esa información nos puede llegar a colocar con cierta ventaja competitiva y es una constante en los mercados financieros globales pudiendo arruinarnos, e incluso a las empresas cotizadas, si no nos movemos de forma ágil.
Afortunadamente, la tecnología pone al alcance de nuestras manos la monitorización de las noticias que se van publicando de las compañías que son de nuestro interés, a la vez que negocian de forma automática y en nuestro nombre la compra-venta de acciones. Esto puede resultar tremendamente atractivo, absolutamente genial, si la presión informativa y otros quehaceres superan nuestra vigilancia del mercado. Sin embargo, puede suceder que todo el sistema no sea perfecto y falle ante un bulo o ante una noticia de hace 6 años.
Es lo que le sucedió a la compañía aérea estadounidense United Airlines (ver gráfico) cuando de súbito perdió el 75% de su valor en bolsa en 13 minutos debido a que el robot de Google News había interpretado como nueva una noticia extraída del archivo de un pequeño periódico estadounidense, South Florida-Sun Sentinel, y el sistema automático de Google la publicó como actual. El hecho es que el agregador de noticias de Google incorporó en sus titulares de forma automatizada una noticia de 2002 -Nótese que se trata del período inmediatamente posterior al 11-S cuando muchas compañías aéreas se vieron en apuros- en la que se afirmaba que United Airlines anunciaba una suspensión de pagos. De Google News, la noticia saltó a la agencia especializada en información financiera Bloomberg y de ahí a los inversores (Aunque la liebre la destapó la empresa Income Securities Advisors) comenzando una caída del valor que provocaría un suspensión en la cotización hasta que, finalmente, se comprobaría que la noticia no tenía ningún fundamento.
Actualmente, el debate gira entorno quién es el responsable último de estos sucesos, lanzándose Sun Sentinel, Google y Blomberg las responsabilidades sobre la información errónea y la pérdida de millones de dólares de inversones.
¿Cuántos papeles tienes sobre el escritorio?
Una de las señas de identidad de la redacción de cualquier medio de comunicación, una vez nos adentramos en él, es la ingente cantidad de papeles, libros y documentos de todo tipo que los periodistas van acumulando a lo largo de los meses sobre sus mesas. Tanto es así que, de vez en cuando, es necesario acometer una limpieza llevada a cabo de motu propio, o incluso en ocasiones se impone una limpieza general donde es Dirección la que pone a disposición de los redactores contenedores, las papeleras se antojan a todas luces insuficientes, para que los trabajadores puedan, todos a una, deshacerse de la enorme cantidad de papeles acumulados.
Antes era bastante comprensible el nivel de saturación documental que se llega a alcanzar puesto que cada fotografía o cada teletipo que se recibía se imprimía. Esto suponía ciertos problemas de logística a la hora de distribuir los documentos entre los redactores jefes y los periodistas rasos. Y qué decir de las fotografías que se debían seleccionar para archivar y la gestión de aquellas que finalmente se guardaban en previsión de una posible recuperación y utilización futura. Hoy en día las mesas de los redactores, aunque más livianas, todavía muestran montones de documentos, de páginas del diario a medio editar, de libros, de publicaciones, de recortes de otros periódicos, de teletipos recibidos de forma telemática e impresos para su mejor lectura… Sí, puede que la informática ha reducido el volumen de papeles, pero no los ha hecho desaparecer del todo porque, al fin y al cabo, la mente humana necesita de un periodo de adaptación y la cultura de la letra impresa todavía pesa sobremanera en nuestra forma de trabajar en el día a día.
¿Por qué no realizar el experimento? En el lugar de trabajo de cada uno, podríamos pasearnos por las mesas de nuestros compañeros y tratar de realizar comparaciones. Por ejemplo, yo mismo a pesar de tratar de mantener cierto orden en mis papeles no puedo evitar disponer de dos montones que van aumentando o disminuyendo dependiendo del marco temporal. Aunque trato de contener mi caos personal, a veces es inevitable que los papeles nos superen: Revistas a medio leer, informes a medio corregir, notas, artículos encontrados a lo largo de internet impresos y esperando su lectura… No puedo mantener mi mesa impoluta, completamente ordenada, aunque dentro de mi pequeño caos me organizo y localizo los documentos que voy necesitando en determinado momento.
Sin embargo, en mi propio departamento hay personas que mantienen sus mesas impolutas, como si estuviesen dispuestos a marcharse esa misma tarde y quisieran dejar todo arreglado para el que les fuese a suceder en el puesto. Por supuesto que vuelven al día siguiente, pero su método a la hora de mantener el orden es envidiable incluso para una persona como yo, que se debe preocupar de hacer la información accesible y encontrable a cada momento.
La psicología de las mesas de oficina expuesta aquí puede parecer completamente ridícula, pero no lo es en absoluto. Cómo nos organizamos, cómo disponemos nuestros papeles -o nuestros montones de papeles- pueden ser significativos a la hora de detectar algunos problemas por los que puede estar pasando la persona propietaria de ella. Así, por ejemplo, una mesa desordenada puede provocar ansiedad a su propietario porque le es difícil encontrar la información que busca en el momento que le es necesaria, mientras que una superficie limpia puede hacer a su propietario que sienta que controlas tu tiempo. Desgraciadamente, una mesa desordenada a veces no significa que una persona es un poco dejada a la hora de organizarse, sino que puede ser sintomático de que no gestiona bien su tiempo o mucho peor puesto que va aparcando las decisiones que debe de resolver a lo largo de su jornada laboral para más adelante y dejando los documentos urgentes en montones.
¿En qué situación tenéis vosotros la mesa de vuestro puesto laboral?
La infoxicación desde un punto de vista filosófico
Me ha parecido tremendamente curioso descubrir que la Infoxicación no sólo es un tema de preocupación de documentalistas, bibliotecarios y comunicadores, sino que se puede ir más allá y descubrir que la red de redes también es capaz de intoxicar con su enorme cantidad de saberes a los filósofos y pensadores.
Entonces la palabra red no nos sugiere algo que difunde sino algo que más bien retiene; no nos suena tanto a acumulador o difusor como a filtro o malla que captura ciertos elementos (peces o datos) y permite a otros pasar. Y lo decisivo es entonces la trama más o menos tupida de nuestra red; de una red que nos permita atrapar todos -y sólo- los datos o informaciones relevantes para el caso que nos ocupa.
Xavier Rubert de Ventós realiza una reflexión en el diario El País en su artículo de opinión, La red del pescador, sobre la situación que nos coloca la máxima información, generando más confusión que otra cosa. Y es que el ruido informativo ha sido preocupación de muchos desde hace muchos siglos, por mucho que el término Information Overload parezca actual, por lo que Rubert nos conduce por Rousseau o el mismo Immanuel Kant, “La pura información sin criterio alguno de selección es ciega“, para percatarnos que el exceso de información no es de tremenda actualidad, ni mucho menos.
La indigencia informativa
Entre los logros más relevantes de la sociedad de la información se halla la facilidad con que el individuo se puede documentar, mantenerse informado e intercambiar conocimientos. Sin embargo, [...] el problema actual es la voluntad real de comprensión entre las personas, la carencia de una cultura común de respeto y la manipulación por sobreabundancia informativa. Una noticia dicha por múltiples canales se reconoce como verdad, aunque esos medios respondan a intereses comerciales similares e ilegitimen el punto de vista del emisor de la información.
Si bien se disfruta de una disponibilidad de información que era impensable unos años atrás, se requiere de una alfabetización digital profunda (es decir; nuevamente acceder, administrar, integrar, evaluar y crear información), para no resultar confundidos en un entorno de gran escasez de atención. Existen múltiples fuentes de información, aunque pocas voces son independientes. Leer o ver una decena de veces el mismo abordaje de una noticia no es estar más y mejor informado.
COBO ROMANÍ, Cristóbal; PARDO KUKLINSKI, Hugo. Planeta Web 2.0. Inteligencia colectiva o medios fast food. Barcelona: Universitat de Vic, 2007. p. 91

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