La futura Web es… ¿Facebook?

Ya había leído en algún otro lugar que la Web que conocerán nuestros hijos no será como la conocimos nosotros, que Facebook es el futuro de la Red porque ya no navegaremos buscando información, sino que, fundamentalmente, nos comunicaremos mucho más a través de ella. Sinceramente, no me puedo imaginar que el fracaso de AOL (Un proveedor de acceso a Internet con el coto cerrado) se olvide en el tiempo. La Web creció del caos y de su autoorganización, no puedo llegar a considerar que, de repente, nos conformemos con una única plataforma y nos olvidemos del increíble ecosistema de la información y de servicios que nos pone al alcance de nuestros dedos, con una simple ecuación de búsqueda, Google. Simplemente, me parece inconcedible.
Por ello, no puedo negar que me ha producido una sonrisa la consideración de que el Imperio Google se acerca a su fin. De hecho, en la Web 2.0 Summit parecen bastante convencidos de que el futuro de la Web va a pasar por Facebook. Así lo aseguran tanto Sean Parker, directivo de la empresa Founder’s Fund, como Sheryl Sandberg, jefa de operaciones de Facebook (cómo no), que creen que estamos superando la primera fase de Internet, que ha estado dominada por lo que denominan “servicios de información” en la que Yahoo! y posteriormente Google fueron los principales actores y nos encaminamos hacia una nueva fase enfocada “servicios de red” como Facebook y Twitter como baluartes del futuro que se nos avecina. De esta manera, consideran que el dominio de la compañía de Mountain View en Internet decrecerá ya que recolectar datos será menos importante que conectar a la gente, así como que la información que provean los amigos será más interesante para los usuarios que la que Google u otro buscador pueda ofrecernos.
Parece que el argumentario es similar a aquel “Hemos pasado de las páginas estáticas en HTML a otras en las que el usuario puede construir los contenidos, mejorar en su concreción y trabajar en comunidad”. De repente, parece ser que Google y el poder de sus centros de datos se encuentran condenados a la obsolescencia por un futuro marcado por el coto cerrado del azul y blanco de la red social Facebook. Al final parece que la Web semántica, aquello que marcaron como Web 3.0, sigue siendo una quimera y nos conformaremos con buscar a personas y a grupos de interés, tendremos suficiente con pastillas informativas de 140 caracteres y los medios de comunicación con sus largos y aburridos textos acabarán extintos porque no podrán atraer el suficiente público que siempre preferirán Facebook.
En realidad, las palabras de los responsables de Facebook parece más un mensaje hacia los anunciantes que un futuro palpable, aunque es cierto que Facebook es una empresa muy poderosa en cuanto al tráfico en Web. Recientemente, se ha publicado un estudio sobre el tráfico en Internet realizado por Arbor Networks en el que analizaban 256 exabytes de información y en el que se concluía que, en primera posición, del 6% del tráfico mundial lo poseía Google. Sin embargo, también es muy interesante los datos publicados en el texto que aseguran que han aparecido empresas de Internet «hipergigantes», que como Google y otras 30 compañías, entre las que figuran las redes sociales como Facebook o también portales como YouTube, acaparan el 30% del tráfico de la Red. Es decir, se está produciendo un proceso de concentración en el tráfico Web en el que aparecen una serie de compañías ganadoras y que, por lo tanto, se llevarán la mayoría de la inversión publicitaria en la Web.
Tampoco debemos olvidar que Google es más que un buscador, más que un “servicio de información”, y actualmente también podría incluirse en su definición “servicio de red”, por lo que en realidad no se puede denostar a Google sobre su reinado Web. Más bien al contrario, éste irá incrementando según se focalice, aún más, en proveer contenidos más allá de hacerlos accesibles y tratar de conectar sus usuarios y puede que en eso Google Wave tenga mucho que decir. Google no es una moda, habrá que seguir la evolución de Facebook para poder aseverar lo mismo.
“What would Google do?” de Jeff Jarvis
Ya hemos mencionado en alguna ocasión a Jeff Jarvis, el otrora defensor acérrimo de Google, anda estos días un tanto disgustado con el lanzamiento de SideWiki, una nueva implementación de la Google Toolbar que permite a los usuarios realizar comentarios sobre una página web cualquiera utilizando los recursos del gigante de Mountain View. Fundamentalmente, Jarvis considera que la gran G está apropiándose de una de las principales características de la Web Social, la Conversación, fragmentándola y rompiéndola; haciéndola suya sin respetar a los generadores de contenidos que ven cómo uno de sus alicientes, la interactuación con sus lectores, se desvanece. Por supuesto que, ante esta crítica, los comentarios que Jarvis ha recibido han pasado por la ironía hasta por la resignación. De este modo, sus lectores le han recordado que aquel que defendía los usos que hacía el buscador de los contenidos de los medios de comunicación, ve cómo sus palabras se tornan en su contra; así como los argumentos que aseveran que la Conversación, la bandera que se enarboló con la Web 2.0, se encuentra completamente fragmentada desde hace ya mucho.
Sin embargo, antes de que Jarvis se hallase en esta aparente crisis de fe, publicaba un libro, What would Google do?, que aunque por su título aparente invitar a ello, su objetivo no es repasar la historia o las bondades de Google como organización; sino más bien realizar la consideración de cómo deberían comportarse las empresas en ese nuevo mundo en el que el buscador se ha posicionado como rey. De hecho, Jarvis realiza un inventario de las bondades ya estudiadas en la Web 2.0 y la consiguiente Web Social, analizando ejemplos como lo sucedido en los medios de comunicación y en empresas que se han volcado en la Web para mejorar sus productos como Dell.
Jarvis como buen bloguer nos cuenta cómo su mala experiencia con el servicio de post-venta de Dell le invitaron a escribir un post en su blog, una pataleta si se quiere, de la que surgió una llamada desde la misma empresa para tratar de sofocar el incendio en su credibilidad que ese texto había provocado.
Así pues, aquellos como yo, que nos adentramos en el libro buscando algo más de la estrategia de Google, el destripamiento de su funcionamiento, sus hitos alcanzados, etcétera; nos vamos a quedar un tanto insatisfechos por el planteamiento formal del texto, puesto que, al fin y al cabo, Jarvis realiza una exposición de hechos, errores y correcciones realizados por empresas dentro de la Web, para posteriormente tratar de dilucidar qué deberían realizar otros sectores, más allá de los tecnológicos, más allá de los informativos que tanto conoce, para proponerles una salida, un savoir-faire para lo que se avecina. Sin embargo, el enfoque de Jarvis descorazona al lector ya manejado en esas lindes, sintiendo que lo expuesto ya está más que trillado y que el ir más allá, vislumbrando el futuro en distintos sectores, puede que no sea lo más indicado utilizando el gancho de Google como fuerza de ventas de su libro. Y es que el autor se atreve a analizar el enfoque que le daría la venta de papel higiénico a través de la Web. Por supuesto que él no se atrevería con el término “papel de váter”, así que realizaría un nuevo enfoque en la denominación del producto. ¿Cómo vender algo como si no lo fuera? Eso deberíamos dejarlo para los expertos de marketing, pero ejemplos los tenemos en el zumo que no es zumo o el producto lácteo que es mucho más que un yogur.
En cualquier caso, este humilde lector se ve envuelto, en breve tiempo, en disquisiciones sobre cómo se debe vender un producto nuevo reinventando su enfoque hacia el mercado, llegando a aquellas tazas automatizadas que limpian las reales posaderas de sus usuarios sin utilizar agua y jabón. A fin de cuentas, Will Smith posee una de esas tazas de 5000$. Y ante esto, sólo me queda levantar una ceja y, como diría el buen infoxicado, anunciar “todo esto se ve muy interesante, pero no tengo tiempo para leerlo”.
Google planta cara a Microsoft atacando a su navegador
En el albor de Internet como medio de comunicación de consumo masivo, Bill Gates aseguró en 1995: “Internet no es importante para nuestra estrategia de negocios”. Posteriormente, tuvo que recular e imponer su mastodóntica posición en el mercado de sistemas operativos para acabar con el navegador de Netscape, ofreciendo el suyo, Internet Explorer, gratis. Aunque Netscape Navigator es ya un recuerdo para los internautas más veteranos, la guerra de los navegadores ha proseguido aunque de manera más soterrada. Mientras Mozilla intentaba arrebatarle cuota de mercado a Microsoft innovando (y en ocasiones copiando ideas), aliándose con Google y ofreciendo un producto más versátil; el Explorer durmió el sueño de los justos durante casi 5 años sin que desde Redmond se publicase una nueva versión de actualización.
Pero aquel inmovilismo comienza a pasarle factura a Microsoft de nuevo. La cuota de mercado de Internet Explorer (IE), aunque holgada, languidece lentamente hasta el 58%, mientras que la de Firefox ya sobrepasa ligeramente el 31%. Sin embargo, ese 58% se lo reparten hasta tres versiones distintas del IE la 6, la 7 y la 8 que coexisten repartiéndose similares porcentajes para desesperación de diseñadores y programadores web que no quieren ni ver el IE 6. Desesperación porque desde su posición de fuerza Microsoft ha querido que las cosas se hiciesen a su modo, sin casi respetar los estándares web que se dictan desde el W3C, pero esto parece a punto de cambiar.
Google dispone de un sinfín de servicios web que millones de personas, sean usuarias o no del Explorer, utilizan. Su próximo lanzamiento Google Wave ya se encuentra en el horno y mientras se dora, Google considera que la próxima revolución que nos tiene preparada no va a funcionar bien dependiendo qué navegador se utilice. Inadmisible. Una compañía que tiene especial cuidado en la experiencia de usuario de sus productos, no va a permitir que un tercero le agüe la fiesta y apunta directamente a Microsoft.
Después de desarrollar su propio navegador, Chrome, tras apoyar previamente Mozilla Firefox y decidir ir por su cuenta, Google se siente con fuerza de dar el siguiente paso: Acabar con el Internet Explorer. ¿Cómo? Ofreciendo un plugin que sustituirá el motor (es decir, el corazón del navegador) del IE por el motor de Chrome sea cual sea su versión. De esta manera, tras su instalación el usuario utilizará la interfaz del Explorer aunque realmente se encontrará utilizando a todos los efectos Google Chrome. Todo un disparo en la línea de flotación de Microsoft en la Web y toda una declaración de intenciones. A Google ya no se le puede parar ni desde el sistema operativo, si quieres utilizar algunos de sus productos, tendrá que ser a su manera o carretera.
Google teje su “web” y caemos como moscas

Asevera Jeff Jarvis, un consultor de medios de comunicación bastante conocido en Estados Unidos por su blog BuzzMachine, en su libro “What Would Google Do” que hace unos años algunos representantes de la compañía de Mountain View le sugirieron que la publicación en la que trabajaba abriese los contenidos, volcase su archivo en la web y confiase en la Larga Cola para rentabilizar su inversión. Jarvis asegura en su libro que, en aquel momento, él se encontraba del lado de Google, pero la visión del editor no se aproximaba a lo sugerido por Google. No podía ofrecer los contenidos gratis a los internautas puesto que había gente que los compraba en papel y no iba a dispararse en el pié.
Desde nuestro lado, aplaudimos cuando The New York Times abrió su archivo y sus artículos de pago, nos felicitamos cuando El País deshizo el camino y pasó de ser de pago a completamente gratuito, sin embargo los medios de comunicación se siguen preguntando dónde está el dinero. La crisis arrecia y los medios consideran que el modelo actual es insostenible, hay que retornar al modelo de pago. La pregunta sigue siendo el cómo, el cuándo y el cuánto.
Hay quien asegura que para finales de año nos volveremos a encontrar con contenidos cerrados en los periódicos. No sería una sorpresa, claro, porque parecemos olvidar que en España hay medios de comunicación con el candado puesto en algunos de sus contenidos. Pero, en este debate global, Google parece querer jugar al despiste. Por un lado, critica la posibilidad de que los medios de comunicación decidan adoptar un modelo de pago, sobretodo al respecto de las ideas de Rupert Murdoch, mientras que por otro trata de crear un modelo de pago para los mismos. Abierto no significa gratis, asevera en una especie de cinismo.
Mientras tanto los internautas y los medios esperan a ver quién se atreve a dar el primer paso. De las encuestas y de las opiniones de los usuarios se desprende que no piensan pagar por una información que consideran que podrían encontrar fácilmente en otro lugar, a la vez que se recuerda lo que sucedió antes y la debilidad de una apuesta del todo cerrado.
El contenido sigue siendo el rey en la Web, las páginas con contenido, más allá de los servicios, todavía disponen una buena tarta de la atención digital, pero Google considera que la Larga Cola es una falacia y además realiza guiños de esa creencia. Recientemente, ha ofrecido un nuevo producto, el felicitado Google FlastFlip, en el que parece dispuesto a dar a una selección de medios una parte de la tarta publicitaria. Tanto tiempo llevan arremetiendo estas empresas contra Google News, a la vez que son acribillados por sus detractores por no entender la economía del enlace, que ahora desde Mountain View les ofrecen una primera página, una selección gourmet de informaciones a los lectores y además la posibilidad de compartir ingresos que siempre parecieron negarles.
Hay quien celebra que Google trate de hacer las paces con la prensa, aunque en realidad extiende una tupida tela de araña. Es un trilero que nos enseña la bolita mientras juega con los cubiletes, ofreciendo un envite. En realidad, la apuesta la ganamos mientras él quiera, después simplemente hará desaparecer la bolita.
Eric Schmidt, el hombre que puede reinar

Reclamado hace ocho años por los fundadores de Google, Sergei Brin y Larry Page, la figura de Eric Schmidt se ha ido agrandando con el tiempo según la estrategia global que seguía Google iba variando e insertándose y asentándose en casi todos los sectores de la tecnología. Estos sectores ya exceden los propios terrenos de la Web, como el de la telefonía con el desarrollo de forma abierta sistema operativo Android para móviles o el del sistema operativo Google Chrome para ordenadores. Esta tendencia expansiva de Google ya ha obligado a Schmidt a abandonar el consejo de Apple que ve a Google como un serio competidor para su teléfono iPhone y su estrategia dentro del mundo de la telefonía, así como en propio de los ordenadores debido a Chrome.
En la entrevista El futuro de los negocios según Google de la revista HSM Management (V.3 N.5, sept-oct 2009), Schmidt nos ofrece algunos destellos sobre su visión global de cómo va a funcionar el mundo respecto a su relación con la tecnología, así de cómo él trata de sacar lo mejor de cada uno de su equipo de trabajo.
Lo primero que hace Schmidt es desechar la teoría de la Larga Cola en favor de las más tradicionales Powerlaws (en el texto traducida como Ley de Poder) desde un punto de vista empresarial. Porque, según la visión de Schmidt, las empresas obtienen la mayoría de sus ingresos de unos pocos productos e Internet tenderá a realizar una concentración de marcas. Las marcas, los negocios y las figuras públicas serán cada vez más globales por lo que la tendencia será a rentabilizarla frente al resto.
Otra de sus interesantes reflexiones en el texto es el efecto red provocado por la vida digital que acentuará que todos los procesos vayan más rápido. Para Schmidt, cuando todas las personas estén conectadas y hablando entre sí, el ciclo de vida de los productos, las innovaciones, la información se transmitirán y se desarrollarán a mayor velocidad. Por supuesto que es consciente de que esto para nosotros puede suponer un problema debido al estrés que nos puede provocar, sin embargo actualmente hay toda una generación creciendo a esa velocidad y lo ven como algo completamente normal. Sus futuros líderes comprenderán cómo organizar ese mundo y el resto sólo podremos adaptarnos a él o simplemente sentarnos a contemplarlo.
Uno de los efectos de lo anterior es que las compañías ya no pueden ser controladoras de sus consumidores, deben dejar fluir la información y tratar de hablar con sus clientes. Para Schmidt, los grupos saben tomar mejores decisiones que los individuos, aunque puntualiza que deben estar integrados con las personas más inteligentes e interesantes, de ahí la teoría de la eSabiduría donde una empresa puede operar sobre la base del consenso con sus usuarios. Uno de los puntos fuertes de Google, remacha.
Por otro lado, el objetivo de Google es convertirse en un sistema innovador a escala, pasando a definir qué supone para Google cada una de esas palabras. Así, innovador es hacer cosas que sorprendan a los demás, sistemático es conseguir que se sistematice el enfoque provocando que se innove de verdad y escala a más de uno. De esta manera, Schmidt considera que Google dispone de una cartera suficiente de nuevos proyectos que confía en que alguno tenga éxito.
Sin embargo, el proceso de innovación sólo puede producirse si existe comunicación entre los distintos departamentos involucrados en cada proyecto. Esto se debe a la naturaleza de la tecnología donde la mayoría de las empresas cada vez serán más complejas, tendrán más productos y de mayor variedad. Para mantener la barrera competitiva hacen falta productos más flexibles, escalables, diferenciados y globales; y para ello Google trata de evitar las estructuras divisionales y unidades de negocio. De esta manera, se fomenta los vínculos informales de la cultura abierta y se trata de alentar la colaboración entre departamentos. De esta manera, se busca que los trabajadores se autoorganicen detectando los problemas más importantes.
Las debilidades de Google
Omnipresente en el día a día de cualquier internauta, es difícil concebir un futuro inmediato en la Web sin que la gran G se encuentre en ella. Pero, a pesar de sus defensores a ultranza, la empresa de Mountain View también puede contemplar como el futuro puede ennegrecerse en el horizonte. La consultora francesa faberNovel se ha atrevido a conjeturar cuáles son actualmente las máximas amenazas para Google y en la presentación Why could Google die… nos la resumen. He aquí algunas de las claves:
Amenazas legales
- Denuncias por monopolio. 2007 – Microsoft denunció a Google por posición monopolística tras la compra de DoubleClick. 2008 – Yahoo! trató sin éxito de alcanzar un acuerdo con Google, las autoridades antimonopolio objetaron. 2009 – SourceTool denuncia a Google por posición dominante. Esto puede aumentar en un futuro dependiendo de las posiciones estratégicas que desarrolle la empresa de Mountain View.
- Denuncias por infracción del Copyright. La mayoría de los servicios de Google enlazan o albergan material sujeto a copyright (Por ejemplo, YouTube o Google Books), los riesgos de denuncias o solicitudes de compensaciones económicas son bastante altos.
Debilidades internas
- Incapacidad para contratar o retener personas claves. En empresas maduras, los incentivos para la rentención de empleados o la contratación de nuevos son cada vez menos eficientes.
- Incapacidad para escalar procesos operativos. Cuanto mayor sea la estructura de Google más dificultades tendrá para dar salida a la innovación y la creatividad, así como se le presentarán dificultades para mantener el nivel cualitativo de sus productos.
- Dificultades en su alta dirección. Hasta este momento, tres son las cabezas visibles de Google (Larry Page, Eric Schmidt y Sergei Brin) pero en un futuro pueden encontrar dificultades a la hora de delegar competencias.
Amenazas estratégicas
- Dificultades para nuevas adquisiciones. Aunque la mayoría de las adquisiciones de Google han resultado exitosas, algunas de ellas han demostrado dificultades a la hora de encontrar su hueco dentro de la estrategia global de la compañía.
- Incapacidad para controlar puntos de entrada. Google ha fracasado a la hora de entrar y desarrollar puntos estratégicos como las Redes Sociales. Puede sucederle también en el futuro en otros campos clave como el de la telefonía móvil, las televisiones, videoconsolas, etc.
- Nuevas innovaciones. Algunas compañías exitosas han visto su capacidad de influencia decaer tras la aparición de nuevas tecnologías disruptivas, puede que también le suceda a ella.
- Cambios en las estrategias de sus sectores clave. Que Microsoft se alíe con Yahoo!, o que Apple o Firefox abandonen sus acuerdos de colaboración con Google puede afectar al futuro desarrollo de la compañía.
Otras amenazas
- Asuntos relacionados con la privacidad. La omnipresencia de los productos de Google en la actividad de los internautas puede suponerle problemas ante las Administraciones Públicas de los países en los que desarrolla sus actividades, así como el uso y recolección que haga de las estadísticas de uso de los mismos.
- Amenazas por el ecosistema OpenSource. Google trabaja con muchas comunidades independientes, sin embargo estas alianzas pueden cambiar en un futuro si se contempla a la compañía como una amenaza o también puede suceder que simplemente los negocios OpenSource evolucionen.
- Caídas de los servicios de Google. Las recientes caídas en sus servicios han supuesto daños en la imagen de marca, pero también puede suponer una disminución de usuarios corporativos en sus productos.
La Prensa decide ir a Google rogando y con el mazo dando
Vaya por delante que el caso de Google News, si yo fuese un editor de un diario, me parecería obsceno. Si acudimos a una de sus secciones genéricas, por ejemplo a la de Economía, descubriremos, para mayor escarnio de los medios, que éstas aparecen agrupadas por hecho noticiable en un espacio terriblemente reducido. Es decir, ahora mismo cuando estoy escribiendo este texto, podemos encontrar hasta 484 artículos que se refieren a una misma noticia que se agrupan en escasas cuatro líneas de la página de resultados. Ante esto, podríamos considerar que ¿dónde queda el valor, el prestigio, el peso específico que una cabecera luce ante la sociedad? ¿Por qué Google, o mejor su algoritmo, dispone que un medio de comunicación aparezca sobre otro? ¿Y qué decir de las noticias trabajadas, esas que requieren un poco de documentación, contraste de fuentes y reflexión, y que quedan relegadas rápidamente por el propio dinamismo de la actualidad informativa?
A los medios de comunicación nunca les ha llegado a agradar ese invento, ese gran distribuidor de tráfico que se supone que es Google News (GN). De hecho, en este producto del gigante de Mountain View, todos los medios son iguales, sin distinción. Yo mismo me he sorprendido durante su uso que el producto de Google situase a webs desconocidas por encima de las cabeceras tradicionales. Sin embargo, ahí radica la magia de Google, que de su chistera no se sabe a ciencia cierta cómo funciona. Durante su fase de expansión geográfica, los medios han cargado las tintas y de qué manera hacia GN adoptando distintas posiciones. Así, los belgas consiguieron que el servicio desapareciera, los franceses obtuvieron que no les indizase aunque después llegasen a un acuerdo con él para que alojase sus noticias. Ahora, tras la decisión del gigante de rentabilizar al máximo sus productos e incluir publicidad contextual en Google News, los medios de comunicación intentan que Google comience a repartir el pastel. No obstante, puede que deberíamos comenzar a preguntarnos si realmente están apuntando más alto.
Porque, no estoy del todo seguro que el tráfico del producto de GN sea excesivo en comparación con otros. Si realizamos una consulta a Google Trends y comprobamos el tráfico que dispone el dominio news.google.com junto a tres de los principales diarios estadounidenses en los últimos doce meses, comprobamos que en el ámbito local los diarios le vencen por varias cabezas. Es decir, los internautas siguen acudiendo a las cabeceras de sus medios de comunicación preferidos antes que al servicio de Google. Entonces, ¿a qué se debe este movimiento entonces? Sí, es probable que quieran una pequeña parte del pastel de GN, aunque seguramente en la distribución se les quedará en un pedazo relativamente pequeño, pero si el gigante cede comenzarán a apuntar más alto, hacia el producto principal: El buscador genérico.

Como hemos señalado anteriormente, desde sus inicios, los medios de comunicación no estaban del todo conformes con el comportamiento del algoritmo de GN y deseaban que Google lo modificase para que no desapareciesen de la página principal los reportajes de forma tan acelerada. Google contestó en su momento que estudiaría sus peticiones, pero no ha demostrado urgencia a la hora de actualizarlo. En este momento, la prensa presiona al buscador para que la noticia original consiga el mejor posicionamiento frente a las otras webs que la recogen o comentan (fundamentalmente los blogs) o hacen derivaciones de ella. En realidad, están entrando en la consideración que la cabecera debería disponer de mayor peso a la hora de posicionar los resultados, algo que Google todo sea dicho ya había contemplado.
Pero, aunque los medios de comunicación presionen al buscador, éste ya se ha movido de forma estratégica. De hecho, los acuerdos que recientemente ha firmado con las agencias de prensa más importantes de distintos países nos señala que Google está tratando de convertir a GN en un medio de comunicación más y que, de forma lógica, posicionará los resultados de las noticias que aloje por encima de lo que recojan los medios de comunicación en sus webs. De esta manera, los medios de comunicación tendrán que preocuparse por la creación de contenidos originales y de cierta calidad antes de centrarse en la redistribución de los textos servidos por agencias.
Pero aquí viene el dilema: Si uno de los modelos de negocio de las agencias de prensa es servir noticias a los medios de comunicación para que los publiquen (Y los medios tradicionales pagan por ellas), pero en la Web los medios no pueden rentabilizar el esfuerzo de pagar ese servicio, ¿lo seguirán manteniendo? ¿O han sido las propias agencias las que se han disparado en el pie ofreciendo sus contenidos a Google a cambio de los réditos de Adsense?
Será mejor que no tengas que elegir entre olvido o memoria
Más vale que no tengas que elegir
entre el olvido y la memoria,
entre la nieve y el sudor.
Será mejor que aprendas a vivir
sobre la línea divisoria
que va del tedio a la pasión. [...]Esta boca es mía – Joaquín Sabina
La recién estrenada Defensora del Lector del diario El País, Milagros Pérez Olivas, entraba completamente al trapo en su artículo Condenados a permanecer en la Red en la que exponía los casos de algunos lectores que solicitaban la retirada de ciertas informaciones localizables en los archivos del periódico. La Defensora exponía que un número creciente de lectores y usuarios de su web se ponían en contacto con la empresa solicitando el borrado de ciertos datos que les afectaban, porque realizando una sencilla consulta a través del buscador Google utilizando como palabra clave su nombre descubrían consternados informaciones caducas o, según el caso, fuera del contexto en el que se habían dado y las consideraban lesivas.
Como ejemplo, Milagros Pérez recogía el testimonio de un lector que había participado en los foros del diario, algo aparentemente inocente, pero que actualmente consideraba preocupante que ese comentario se expusiese como primer resultado sobre su persona por parte del gigante de Mountain View. Podríamos imaginar que el lector se encontraba consternado porque no deseaba que la primera referencia hacia su persona fuese en un tono desenfadado. ¿Y si, durante un proceso de selección para un futuro trabajo, el responsable de la entrevista consulta la base de datos de Google y descubría aquello? ¿Dónde lo coloca a él? Depende del tono y la temática, por supuesto, aunque hay casos más gravosos.
Realizando consultas nominales, podemos encontrarnos desde resultados de exámenes -información privada que no puede ser expuesta ni en un tablón ni en un PDF colgado en una página web de un sitio universitario-, resultados de procesos selectivos de becas, de exámenes funcionariales, solicitudes administrativas, sentencias o indultos, etcétera. Nos encontramos ante informaciones que se publican diariamente en la Red que en determinado momento pueden resultar útiles para el usuario, pero que pasado un tiempo dejan un rastro de actividades que no todo el mundo gustaría de ellas. En todos estos casos, se trata de información personal, publicada según la legislación vigente a través de publicaciones oficiales, que hasta hace poco sólo era pertinente y conocida casi exclusivamente por el afectado. Sin embargo, Google lo cambia todo y sus robots lo ordenan todo haciéndolo accesible a cualquiera sin contemplar si ponen en evidencia a una persona.
El debate abierto en El País ha sido intenso en los foros periodísticos – Periodistas21 o La Tejedora – donde se ha realizado una reflexión sobre el trabajo del periodista. Así, si a un individuo el juez lo llama a declarar como imputado y lo recogen los medios, pero tras el juicio es absuelto y estos no lo publican, ¿dónde queda la rectificación? ¿Cómo se borra esa mancha injusta en su reputación digital? Por supuesto que, para la empresa editora, los archivos son intocables. No se puede borrar esa información, aunque tal vez sí que debería ser actualizable o al menos no debería caer en el olvido tan pronto como deja de ser noticia.
Mientras tanto Google considera que no es competencia suya mantener limpios los ficheros de todos los sitios webs. La tecnología para hacer inaccesible una página determinada existe y debe ser utilizada por los editores no por los intermediarios entre usuarios e información. Esto lo mantienen sus responsables, aunque exista una sentencia que exige al buscador que esa información sea inaccesible y exima a la empresa editora de la web.
Mientras tanto, la reputación digital toma cuerpo como un elemento necesario a vigilar para cualquier persona. El control sobre lo que se dice de nosotros y lo que es recuperable en la web dispone de cada día de mayor importancia, convirtiendo la Web una prolongación de nuestra identidad profesional y personal más allá de nuestro control. No sólo debemos controlar lo que en las Redes Sociales o la Web 2.0 se publica sobre nosotros, sino que también debemos estar atentos y ser conscientes de qué vías nuestros datos personales son dispuestos de forma completamente libre en la Red de Redes casi sin que nos percatemos de ello.
¿SEO o SEM? La adicción a Adwords
Esta semana pasada se ha celebrado en Valencia el VIII Workshop Calsi en el que, como suele, los contenidos suelen ser superiores a la asistencia que muestra la sala. Como cada año, nosotros estuvimos por allí tanto como nuestras ocupaciones laborales nos permitieron y, además de saludar a las viejas amistades y hacer nuevas, lo cierto es que las mesas a las que asistimos no nos dejaron indiferentes.
Personalmente, la mesa que me despertó mayor interés, fue la moderada por Javier Leiva que llevaba por título Modelos de Negocio 2.0. Es una lástima que llegásemos tarde a ella y sólo pudiésemos disfrutar de su parte final, pero nos sorprendió gratamente que en esta ocasión el moderador no tuvo que emplearse a fondo para lanzar sus preguntas a sus ponentes, algo que suele suceder con demasiada frecuencia, sino que la sala fue la generadora del debate y fue concretando los temas a discutir. Por supuesto que los ponentes estuvieron a la altura y tanto Angel María Herrera, Javier Celaya, Juan Luís Hortelano como Javier Martín nos ilustraron con su experiencia o, ante la falta de ella, su siempre estimulante punto de vista.
No hace falta señalar que son innumerables los temas tratados como, por ejemplo, el cansancio de la utilización del término Web 2.0 y el comienzo de la utilización de Web Social por parte de algunos de los ponentes, pero uno de los temas tratados por el público y más interesantes fue la Adicción a Google Adwords, algo de lo que ya había oído hablar pero me pareció sumamente interesante en su exposición.
El sistema publicitario de Google, por el que obtiene el 95% de sus ingresos, se basa sobre dos soportes: Google Adsense para los creadores o administradores de contenidos (Los editores) y Google Adwords para las empresas anunciantes. Los anunciantes crean sus anuncios textuales o gráficos y posteriormente pujan por determinadas palabras clave. Google se encarga de colocar estos anuncios dentro de páginas relevantes dependiendo de las palabras clave adquiridas. Por ejemplo, si un anunciante quiere vender coches, comprará determinadas palabras clave de esta temática y Google colocará sus anuncios en webs que traten esta temática.
El objetivo fundamental es que los internautas que hagan clic sobre un anuncio estén interesados realmente en el mundo de la automoción y que el visitante adquiera cierto producto. Por supuesto que un anunciante puede tener dos tipos de tráfico hacia su web: El generado mediante el sistema de Adwords (SEM) o mediante el posicionamiento que haga de su sitio a través de los buscadores (SEO).
En la mesa del Calsi, se expuso la problemática de que el sistema funcionaba, pero que la dependencia a éste era contemplada como excesiva. Concretamente, se afirmó que el gasto mensual de la empresa que expuso su caso era de 12.000 € y que obviamente se quería ir reduciendo esta cifra fundamentalmente porque era considerada como una visión cortoplacista. Sin embargo, desde su punto de vista era una manera fácil y rápida de generar ventas, aunque también se había desplegado toda una operativa SEO para posicionar correctamente las páginas del producto.
Los resultados expuestos tanto SEM y SEO eran bastante buenos para la empresa, pero desde ella se contemplaba con preocupación la excesiva dependencia de Google. Aunque la empresa, obviamente, no se identificó, los ponentes de la mesa consideraron que si la política desplegada funcionaba no tenía que preocupar en exceso. Por otro lado, consideraron que las acciones desarrolladas mediante SEO más bien podría tener un efecto pernicioso al inundar la Web de spam y además podría resultar más caro que la compra de palabras clave mediante Adwords.
Tal vez, lo que nos cabría añadir, es que la imagen de una empresa, su posicionamiento en el mercado, más allá de las consideraciones de Google, no se construye en un día. Los internautas que hayan adquirido sus productos y sus servicios gracias a Adwords es bastante probable que vuelvan a ella si están satisfechos, por lo que la Marca se construye poco a poco y las políticas de fidelización no son competencia de Google, sino más bien de sus directivos.
¿Cuántos lectores de RSS podrías tener hoy?

Una de las cosas que más me sorprende de Feedburner es que no ha habido ningún servicio capaz de hacerle sombra. Sí, existen innumerables webs que son capaces de gestionar feeds, desde agregadores a generadores, pero el servicio que ofrece Feedburner – normalizar el formato del fichero RSS, dar una versión legible para las personas en su caso, ofrecer estadísticas sobre los suscritos, servicios añadidos como la suscripción al mismo por correo electrónico y, la más importante, bajar el estrés de nuestro servidor a la hora de servir información a los bots – no ha sido igualado hasta ahora. La popularidad del mismo llegó a ser tan importante que Google se fijó en él y decidió su adquisición en mayo de 2007 por 100 millones de dólares tras muchos rumores.
Desde entonces, el proceso de innovación y de mejora dentro del servicio ha permanecido bastante plano llegando a considerarse que simplemente Google lo estaba dejando morir. Este hecho puede ser que sea achacable a la nunca sencilla integración dentro de la macroestructura de Google, como bien les ha sucedido a muchas compañías adquiridas por el gigante, y en ocasiones contradictorias, puesto que una de las últimas propuestas por parte de Feedburner fue la de ofrecer un sistema de estadísticas para páginas web que, obviamente, se enfrentaba con el superior producto Google Analytics. En cualquier caso, de lo que no cabe duda, es que Google adquirió este servicio para rentabilizar los contenidos que gestiona insertando su popular programa publicitario, Adsense, dentro de los textos servidos por infinidad de pequeños sitios web.
De hecho, el blog oficial de Feedburner, Burning Questions, fue cerrado junto la apertura de uno sustitutivo con la denominación Adsense for Feeds, toda una declaración de principios. Dos años después, Google nos urge en migrar las cuentas de acceso de Feedburner hacia una Google Account para poder seguir utilizándolo. Sin embargo, aunque el proceso es bastante sencillo, no deja de ser en ciertos aspectos traumático. Así, por ejemplo, a la hora de mostrar las estadísticas de suscriptores, el servicio sufre fluctuaciones dramáticas (en ocasiones de un día para otro se puede llegar a perder un 40% de tus suscriptores), más allá de los “apagones” que de vez en cuando Feedburner sufre por los principales agregadores RSS disponibles on-line, fundamentalmente Google Reader (!) y Bloglines.
Lo cierto es que más allá de las situaciones puntuales antes señaladas, la excepción se está convirtiendo en una constante, siendo casi imposible saber a ciencia cierta cuántos suscriptores disponemos en cada momento, por lo que el servicio comienza a no aportar el valor añadido del que en su momento disponía. Por otro lado, al gestionar los contenidos a través de Feedburner perdemos cierto control sobre los contenidos de los feeds, porque si bien Feedburner nos advierte de los Unfrequent uses, no nos permite bloquearlos, por lo que nos impide, por ejemplo, restringir los abusos que realizan los Content Scrappers, por poner un ejemplo.
Sin embargo, el abandono de este servicio a otro plantea ciertas dificultades. Por un lado, debemos encontrar un sistema de estadísticas fiable, que en el caso de los blogs gestionados con WordPress bien podría servirnos el plugin oficial WordPress Stats, sin embargo la redirección de los feeds si no se ha sido cuidadoso desde un principio -señalando una URL dentro de nuestro dominio que finalmente redireccionase al servicio de Feedburner-, puede llegar a ser confusa para nuestros lectores y para nosotros mismos que debemos advertirles y sugerirles el esfuerzo del cambio. Lo que nunca llega a ser suficiente para que permanezcan junto a nosotros.
¿Apocalipsis SEO? Google va a apostar por las Marcas en sus resultados
Parece ser que últimamente Google, aunque también el resto de compañías con los buscadores más importantes Yahoo y Microsoft, disponen de más poder a la hora de desarrollar estándares para nuestras páginas web que el mismísimo W3C. Por supuesto que seguir las recomendaciones del W3C tampoco es que hayan sido seguidas a pies juntillas por las grandes empresas informáticas. Sin ir más lejos, Microsoft no ha sido del gusto de seguir los dictados del consorcio y bien conocidos son los quebraderos de cabeza que los diseñadores web han sufrido a la hora de desarrollar páginas web porque los chicos de Redmond no se han arrugado a la hora de saltárselos en el desarrollo de su Internet Explorer.
No me sorprende la influencia de Google sobre los webmasters y sobre los cambios de la estructura de la Web, bajo el paraguas del combate del Spam y el contenido duplicado han sido capaces de marcar sus dictados para tratar de hacerles frente con relativo éxito claro. En un primer lugar, nos sugirieron la utilización de la etiqueta rel=”nofollow” que debía ser insertada de forma casi obligatoria en los comentarios cuando los blogs comenzaban a expandirse para evitar el Spam – Fundamentalmente, la utilización de esta etiqueta señalaba a los bots de Google que no debían seguir estos enlaces y de esta manera no promocionar las páginas web de destino –. También, nos propusieron que situásemos dentro de nuestras webs un fichero en XML denominado Sitemap que listaba todas las páginas de un sitio web de forma jerárquica, de tal manera que facilita las tareas de rastreo de los bots que no tienen que seguir todos y cada uno de los enlaces de un sitio para recuperar su contenido. Y recientemente los principales buscadores nos proponían la utilización de la etiqueta link rel=”canonical” para evitar la penalización por el contenido duplicado, puesto que esta etiqueta señala a los buscadores cual es la página principal que dispone del contenido frente a otras que podrían contenerlo como Archivos o Categorías. Obviamente, la adopción de todas estas etiquetas ha resultado masiva haciendo un poco más sencilla la tarea a Google de “organizar la información del mundo”, a la vez que se facilitaba nuestras tareas para aparecer en las primeras páginas de resultados de Google, aunque parece que desde Mountain View las cosas van a cambiar para los pequeños editores.
El pasado noviembre el buscador realizó una actualización en su algoritmo, la Google Florida update, aunque en ámbitos SEO esta actualización, aparentemente, no tuvo excesivas implicaciones a primera vista, lo cierto es que esto no es del todo cierto. De hecho, desde entonces se ha detectado que muchas páginas web que utilizaban técnicas básicas SEO han ido desaparecido de las primeras páginas de resultados frente a otras, tal vez, entrando en consideración la nueva política de Google a la hora de devolver resultados en las búsquedas. Eric Schmidt, CEO de la compañía, señaló hacia dónde se dirige Google:
Internet se está convirtiendo en un agujero putrefacto donde reina la información falsa. Tenemos que encontrar indicativos sólidos de credibilidad, y las marcas (marcas comerciales) son la solución, no el problema.
Las Marcas son una buena forma de salir de ese agujero de información falsa.
Estamos totalmente conectados a las marcas. Están tan fundamentalmente conectadas con el ser humano que no hay marcha atrás. Tiene que tener un componente genético.
Es decir, que los pequeños editores lo van a tener un poco más difícil a la hora de posicionarse dentro del algoritmo de Google, mientras que el buscador va a intentar ofrecer puntos de credibilidad a las informaciones editadas por los medios de comunicación y las empresas posicionadas en otros ámbitos junto al resto de consideraciones. ¿Es este el principio del fin de los SEO?
La caída de Gmail y las debilidades del “Cloud Computing”
Todo parece indicar que este 2009 está siendo especialmente problemático para Google a nivel de gestión. Si finalizando enero cometía un error a la hora de actualizar la base de datos de sitios web dañinos que dejaba en fuera de juego su buscador (sin excesivas repercusiones gracias sobretodo a que se trataba de un sábado), el pasado 24 de febrero dejaba a los usuarios de su servicio de correo electrónico, Gmail, y otros servicios sin acceso vía web durante tres horas y media debido a un error durante las tareas de mantenimiento rutinario en un centro de datos del mismo. Desgraciadamente, la caída del servicio se produjo durante el mediodía de una jornada laboral en Europa, por lo que no pasó desapercibido. Es curioso, pero los dos sucesos me cogieron delante de un ordenador y pude sufrir sus efectos, a pesar de que si bien el primer error, el del buscador, lo achaqué a la página web a la que intentaba acceder, en el segundo me percaté de que algo grave estaba pasando con Google y sus servidores.
De hecho, de Gmail me trasladé inmediatamente al buscador para comprobar hasta dónde llegaba el desaguisado, aunque por fortuna el buscador se encontraba en perfecto funcionamiento porque, de otro modo , sí que nos hubiésemos encontrado frente a un problema y el “pánico” que se ha llegado a señalar que sacudió a los usuarios del servicio de email de Google se hubiese extendido y de qué manera sobre toda la Web. En este caso, sí que nos hubiésemos encontrado frente a frente la gran dependencia que la economía de la Web dispone de Google y las conclusiones habrían sido otras, claro.
Sin embargo, la caída de los servidores de Gmail conduce necesariamente al replanteamiento de la nueva tendencia de este año, el Cloud Computing, que desde luego no lo va a tener fácil después de este incidente. Obviamente, se trata de un asunto de escala. Los defensores del Cloud Computing -entendamos esto como el establecimiento de herramientas de productividad (Office, comunicación y demás) en servicios en la Web- argüirán que el coste del mantenimiento de estas herramientas dentro de una empresa es mayor que dejar que sean los técnicos del servicio web los que se encarguen de ello. El problema, además de los problemas de dejar datos confidenciales a recaudo de otra empresa, es que si hay una caída de los servidores, como ha sucedido en el caso de Gmail, el hecho puntual se convierte global. De este modo, en vez de encontrarnos con que el problema lo tiene una sola empresa, nos trasladamos a un marco donde la incidencia la sufren distintas organizaciones, relentizando y dificultando las transacciones económicas y la productividad de los trabajadores.
Obviamente, el posible impacto de una caída de los servidores de un servicio de Cloud Computing dependen en buena medida de la urgencia y de la finalidad del servicio mismo. En mi caso, por ejemplo, Gmail sólo me sirve para fines personales por lo que la incidencia de que el correo electrónico se encontrase inaccesible durante tres horas fue mínima. Sin embargo, si utilizamos esta plataforma con fines corporativos, la dimesión del problema es otro. Por otro lado, Google además de Gmail ofrece otro tipo de herramientas como las destinadas a la edición de documentos, gestión de la información (Calendars por ejemplo) o la creación de internets corporativas básicas (Google Sites). ¿Podemos imaginarnos 1000 empresas sin poder acceder a sus respectivas intranets a la vez? ¿Y si además del problema de acceso, no disponemos de un back-up?
Por otro lado, el error que se ha producido en Gmail era de acceso vía web, pero se podía trabajar con él a través de los servicios POP e IMAP (aunque también se podía trabajar con él off-line gracias a Google Gears) por lo que aquellos que tenían sus aplicaciones de correo electrónico de escritorio configuradas, o los que accedían vía móvil, no sufrieron la incidencia, además de que ningún correo electrónico se perdió o pudo ser contestado. Sin embargo, el Cloud Computing a pesar de disponer de muchas ventajas como el menor coste de mantenimiento y de gestión, no debería ser confiado a tareas críticas de las organizaciones y no sólo por la individualidad de una sola, sino por el conjunto que quedarían inoperativas.

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