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Etiqueta: Historia

Los lados oscuros de la Wikipedia

La Wikipedia “La enciclopedia libre que todos podemos editar” ha cumplido su séptimo aniversario erigiéndose con pleno derecho en el buque insignia de la llamada Web 2.0. Las estadísticas que se manejan son impresionantes. Concretamente, esta enciclopedia on-line editada de forma colaborativa por voluntarios, permitiendo que la gran mayoría de los artículos sean modificados por cualquier persona con acceso mediante un navegador web; fue fundada el 15 de enero de 2001 y alcanzó su artículo 10 millones el pasado mes de marzo. Dispone de 253 ediciones distintas en distintas lenguas, aunque unicamente 137 están activas, correspondiendo sólo a su versión inglesa 2 millones de textos. Su éxito de participación y consulta ha sido tal que ha propiciado el desarrollo de otros proyectos hermanos y, curiosamente, la creación de proyectos para la edición de versiones de la Wikipedia estables en DVD e incluso la propuesta de una edición en papel. Su popularidad le ha llevado a constituirse como una de las fuentes más visitadas en Internet y el omnipresente Google dispone de cierta predilección por situar sus artículos en las primeras posiciones de los resultados frente a una búsqueda. De hecho, el buscador de Mountain View ya está preparando su Wikipedia particular bajo el nombre de Knol. Aunque a diferencia de la Wikipedia, Knol retribuye a su editores con lo que se desmarca claramente del carácter altruista y colaborativo de la primera.

Este es un reconocimiento explícito de Google del poder de la Wikipedia como fuente de información confiable. Sin embargo, el desarrollo y gestión de la Wikipedia dispone de partes oscuras y muchas dificultades tanto económicas, de contenidos y humanas. Como todo proyecto con cierta popularidad y envergadura, el foco de la opinión pública se ha situado sobre ella, siendo vigilado el cómo se desarrolla, qué se publica, cómo se publica, su funcionamiento interno, las relaciones personales de Jimmy Wales – su co-fundador y cabeza visible – y otros escándalos derivados. Por supuesto que Wales, su co-fundador, es plenamente consciente de ello y ha declarado recientemente, “Wikipedia tiene cada vez más poder, pero está en manos de la gente”.

Puede que uno de los mayores debates que levanta la Wikipedia sea precisamente el de su fiabilidad. De la Web social, que se ha llegado a denominar por algunos como la dictadura de los idiotas, se consideraba que no podía salir un producto de buena calidad, fiable, libre y gratuito, sino más bien de un burdo copiar y pegar de fuentes editoriales de prestigio. La fiabilidad de la Wikipedia siempre se ha hallado cuestionada y, de hecho, se llegó a prohibir su uso y, obviamente, la cita de ésta como fuente documental en la universidad de Middlebury (EEUU). Sin embargo, desde algunas fuentes científicas se ha tratado de corroborar el grado de fiabilidad esperable dentro de un producto informativo de estas características mediante la comparación con otras enciclopedias. El artículo publicado por la revista Nature es el más afamado y en él se compararon distintos artículos seleccionados previamente y sometidos a revisión por expertos. Los resultados fueron sorprendentes ya que el número de errores hallados dentro de la Enciclopaedia Britannica y los de la Wikipedia eran muy similares. Según el texto publicado en Nature, se había encontrado que, por término medio, cada entrada de Wikipedia tenía cuatro errores y la Británica tenía tres, mientras que la mayor queja contra Wikipedia fue que las entradas eran confusas y estaban mal estructuradas.

Hay que señalar que las críticas sobre su fiabilidad nacieron muy pronto y precisamente por personas que estuvieron involucradas desde un principio en su puesta en marcha. Así, Larry Sanger, co-fundador de la Wikipedia, se desvinculó totalmente del proyecto en 2002 tras criticar el descontrol que existía sobre los contenidos que aportaban los colaboradores. Finalmente, en 2006, lanzó una enciclopedia colaborativa que, desde su punto de vista, era más rigurosos bajo el nombre de Citizendium.

Pero más allá de lo que se publica, el debate también gira sobre lo que debe estar y lo que no debe de estar dentro de ella. Por ejemplo, dentro de la biblioblogosfera, se trató de incluir un término como representativo de los blogs de Biblioteconomía y Documentación, pero la propuesta fue descartada por sus editores. Esto muestra que qué o quién merece estar dentro de ella es una tarea más complejas de los denominados bibliotecarios y que tampoco consiguen sustraerse de la polémica, puesto que las presiones son muchas y variadas. Sin embargo, a veces las presiones sobre lo creado y los contenidos, sobrepasan mucho las buenas intenciones de los mantenedores de la limpieza de la enciclopedia. Esto ha obligado a la organización a intervenir para tratar de evitar actos vandálicos dentro de ella e incluso a tomar resoluciones drásticas para detenerlos.

Desgraciadamente, no sólo personas por su cuenta y riesgo, junto a pequeñas organizaciones, han tratado de alterar sus contenidos, también grandes agencias han puesto sus ojos sobre ella e intervenido para manipular sus artículos. Bien conocido es el hecho que la agencia estadounidense CIA fue descubierta tratando de adulterar contenidos. de este sitio web o, también, las presiones recibidas desde el Islam para que se retirase una imagen del profeta Mahoma para no herir las sensibilidades de los seguidores de este culto, lo que fue finalmente rechazado. Por otro lado, están surgiendo otros problemas como la aparición de empresas que pagan a editores de la enciclopedia para que el contenido de cierto artículo sea más próximo a sus intereses. Pero las curiosidades no acaban ahí, por supuesto, ya que la Wikipedia también ha servido para predecir una muerte, aunque no para evitarla.

Desgraciadamente, las denuncias sobre manipulación y edición fraudulentas de contenidos no son los únicos protagonistas que han saltado a la palestra en las informaciones de los medios de comunicación sobre la Wikipedia. Más allá del pasado oscuro de personas que trabajaron para la Wikipedia, las actividades de Jimmy Wales son seguidas con sumo detenimiento y sus actos constantemente analizados. De este modo, a Jimmy Wales le han surgido denuncias por extorsión y malversación de fondos, junto a denuncias de edición ilegal de una entrada de la Wikipedia por una ex-amante del fundador que han sido recogidas y difundidas por los medios.

Como conclusión, señalar que los retos de la Wikipedia son los desafíos a los que se enfrenta la Web 2.0 en general. El poder de la Wikipedia es el poder de muchos concentrado en un punto, dando la voz a cualquiera que tenga algo que aportar y bajo la tutela de iguales. Por supuesto que las dificultades de la Wikipedia, por su tamaño y ambición, no pueden ser extrapolables completamente a todos los proyectos Web 2.0, aunque sí a aquellos que se basa en la confianza entre pares. A tenor de lo visto, la creación de entornos colaborativos del conocimiento son imparables al igual que la Web 2.0 en su conjunto.

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«Web 2.0 – El usuario, el nuevo rey de Internet» de Ismael Nafría

Web 2.0Ismael Nafría, subdirector de contenidos de Prisacom, no se contenta con realizar un estado del arte de la Web 2.0, a saber, los consabidos sitios, las acostumbradas definiciones; sino que desea darle un valor añadido a su libro "Web 2.0. El usuario, el nuevo rey de Internet" aportando una perspectiva histórica de cómo nacieron los negocios en Internet, cómo y porqué fracasaron, desde qué punto comienza a evolucionar lo que hoy en día se considera la Web 2.0 y porqué no está condenada a ser una nueva Burbuja 2.0.

De los textos que he tenido la oportunidad de leer relacionados con la Web 2.0 y, anteriormente, relacionados con la blogosfera; éste es de los más amenos y accesibles que he tenido en mis manos. Este periodista nos permite tener una perspectiva global, alejándose de tecnicismos, de cómo las principales empresa de las que hoy hablamos que nacieron en la Red evolucionaron hacia lo que son hoy, junto aquellas que fracasaron y/o fueron fagocitadas por las grandes, pero que caminaron hacia lo que se entiende una nueva forma de hacer las cosas en Internet.

Este nuevo libro sobre la Web 2.0 [ISBN: 978-84-96612-75-4] abre fuego con la consabida portada de la revista Time dedicado al personaje del año 2006 que señalaba directamente a los internautas. Las razones de porqué un ente, un ordenador que abría un vídeo de YouTube, era considerado como representativo del personaje destacado del año; se desgranan en el texto punto a punto, remarcando que fueron los usuarios los que tomaron finalmente el control de Internet, algo que no había sucedido en la Web 1.0, y que había provocado un terremoto en las comunicaciones y en los medios yendo más allá de la circunstancia puntual ante grandes hechos noticiosos como desastres o atentados terroristas.

No hace falta señalar que listados, directorios, de lo más representativo de la Web 2.0 no faltan. Pero Nafría consigue darle un punto de interés más allá de su uso y evolución a lo largo del tiempo, aportando entrevistas con algunos de los desarrolladores de estos lugares que además de aportar su punto de vista particular sobre el fenómeno de la Web 2.0 van más allá señalando algunos consejos para los que empiezan.

Para los ya expertos en los vericuetos de la Web 2.0, puede que los más relevante que vayamos a encontrar sea el desarrollo de la financiación de esta forma de hacer las cosas, de cómo el dinero ha establecido unos flujos de inversión más seguros después de la crisis bursátil de las empresas tecnológicas, pero que decididamente Internet cambiará la publicidad y cómo los seres humanos se comunicarán y recibirán las noticias a partir de ahora. Por supuesto que Nafría no se detiene en el ahora y marcha un poco más allá, ofreciéndonos un último capítulo desentrañando cómo será el futuro, la Web 3.0 que al igual que la anterior está en continuo desarrollo, aunque ésta parece que nunca llega a materializarse.

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Inicios de la blogosfera

Los blogs aparecieron por primera vez con la página What´s New Page, del NCSA en 1993, y Links from the Underground, de Justin Hall, en 1994. No se puede hablar de la generalización de los blogs hasta la aparición de Scripting News Website, de David Winer, en abril de 1997 y la página personal de Peter Merholz en mayo de 1998. El propio Winer afirma, sin embargo, que «el primer weblog fue el primer sitio web», donde Tim Berners-Lee actualizaba una lista de las páginas accesibles en aquella primigenia web del CERN [What’s New].

El término weblog, tal como lo conocemos en el momento de redactar este artículo, fue acuñado en diciembre de 1997 por Jorn Barger. Dado que la primera acepción (weblog) recuerda al nombre por defecto que se asigna al fichero donde se registran las visitas en un servidor web, se prefirió la versión más corta (blog). Con el tiempo, en 1999, Peter Merholz propuso la frase “we blog”, inaugurando la utilización del verbo “bloguear”. Y de ahí el apelativo para quien realiza esta actividad, blogger. Branum (2001) propone el término bloggist (bloguista o blogista) para evitar la utilización del contradictorio blogger (bloguero o blogero) que coincide con el nombre de un conocido servicio de publicación).

FUMERO, Antonio. Un tutorial sobre blogs. El abecé del universo blog. En Telos, n. 65, Octubre-Diciembre 2005

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«La Prensa sin Gutenberg. El periodismo en la era digital» de Jean François Fogel y Bruno Patiño

La prensa sin GutenbergNo cabe ya la menor duda que una de las mayores industrias que van a sufrir, y lo están haciendo, los efectos de un mundo interconectado son los medios de comunicación. Las razones son principalmente dos, a saber, la primera es que la información es ubicua en la Red, cualquiera puede convertirse en emisor de informaciones, puede publicarlas y casi publicitarlas a un coste casi irrisorio; y segundo el punto crítico que la Sociedad está adoptando hacia los grandes medios que se convierten en corporaciones impermeables a las necesidades sociales y la imagen que transmiten de cada vez más dependientes a los poderes políticos y económicos.

Jean François Fogel y Bruno Patiño son periodistas que han contemplado desde primera línea la evolución del periodismo en la Red. Ambos han trabajado en puestos de responsabilidad como asesores dentro del diario francés Le Monde desde el año 2000 y han vivido los distintos estadios que los medios de comunicación impresos han ido desarrollando en la Red, desde la creación de su edición electrónica basada en el volcado de los contenidos del diario papel hasta la nueva ola participativa denominado como Periodismo 3.0. En este libro, se nos ofrece, por tanto, una mirada analítica del fenómeno Internet, su impacto y de la necesidad de crear un nuevo periodismo fundamentándose en los nuevos códigos que se desarrollan en ella.

Uno de los ejemplos de la necesidad de adaptar el lenguaje y las formas de la Web se nos ofrece el ejemplo de los inicios de la Televisión. Este medio tuvo que desarrollar su propio lenguaje y savoir-faire como quedó demostrado cuando comenzó a popularizarse en los años 50 del siglo pasado. En aquella época, muchos periodistas radiofónicos comenzaron a trabajar en ella sin excesivo éxito, lo que condujo a la conclusión de que no se puede hacer radio en televisión, así como no se puede hacer un periodismo tradicional dentro Internet.

No nos llevemos a engaño, éste es un libro dedicado a la Prensa, aunque se dan ciertas puntadas al resto de medios, y se centran en ella. Desde la experiencia de los autores, se nos retrata el cambio de la Sociedad en la Red, todos conectados, todos aportando contenidos, convirtiéndose en emisores, con voz propia. Se sitúa a los medios de comunicación dentro de un ámbito donde la cabecera, la marca, no es suficiente para garantizar la audiencia utilizando el subtítulo de la película Alien: "En el espacio, nadie puede oír tus gritos". En el ciberespacio, todas las voces son similares, no distinguiendo las unas de las otras, la audiencia no está garantizada a no ser que tengas algo que decir.

Obviamente, se trata la problemática del modelo de negocio a la que la Prensa se enfrentó durante la transición y que todavía no está claro ni es seguro. El modelo de gratuidad de todos los contenidos, el modelo cerrado (Mediante suscripción) o el modelo mixto (Algunos contenidos gratuitos, otros de pago). Además de añadir, nuevos temores que plantean los nuevos actores todo poderosos en la Red como Google, ya analizados en Googlezon, una ficción que no es descartable y bastante posible en un futuro no tan lejano; son los nuevos quebraderos de cabeza para los responsables de las ediciones digitales de los medios de comunicación impresos.

La Prensa sin Gutenberg [ISBN: 978-84-663-1975-1] es un libro ameno que realiza una revisión de antecedentes sobre lo sucedido a la prensa ante la aparición de nuevos medios y modelos comunicativos, que no muestra temor ante lo novedoso y que, de hecho, ofrece una visión sincera y limpia, sin distorsiones, de lo que ha sucedido en la prensa desde la popularización de Internet. Un libro que también reflexiona sobre los retos que se le plantean al nuevo periodismo en la Red, la evolución que éste ha de realizar, sin tratar de convertirse en un oráculo de lo que nos vendrá. Simplemente, nos ofrecen un inventario de lo que hoy en día nos encontramos y hacia dónde nos podríamos mover en un corto plazo.

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Los directores de la Biblioteca Nacional de España

En el decreto de fundación se establecía que el Director General debía ser el confesor del Rey que delegaba para la dirección de los trabajos en el Bibliotecario Mayor. Así sucede entre 1712 y 1761. Los Directores Generales de este período fueron:

1712-1715 : Pedro Robinet
1715 : Esteban Lecompaseur
1715-1723 : Guillermo Daubenton
1723-1724 : Gabriel Bermúdez
1724 : Juan Morín
1724-1726 : Gabriel Bermúdez
1726-1743 : Guillermo Clarke
1743-1747 : Jaime Antonio Febre
1751 : Francisco Rávago
1755-1761 : Manuel Quintano Bonifaz

Y los Bibliotecarios Mayores fueron:

1712-1714 : Gabriel Álvarez de Toledo
1715-1735 : Juan Ferreras
1735-1751 : Blas Antonio Nasarre y Ferriz
1751-1783 : Juan Manuel de Santander

En 1761, con las Constituciones redactadas por Juan Manuel de Santander, se inicia una nueva etapa en la que el Bibliotecario Mayor ejerce como director de la Biblioteca Real. Los directores de este período fueron:

1783-1794 : Francisco Pérez Bayer
1794-1799 : Pedro Luis Blanco
1799-1800 : Antonio Vargas y Laguna
1800-1808 : Pedro de Silva
1808-1811 : Juan Crisóstomo Ramírez Alamanzón
1811-1812 : Leandro Fernández de Moratín
1812-1813 : Paulino Bonifaz (en ausencia de Moratín)
1813-1814 : Juan Crisóstomo Ramírez Alamanzón
1814-1820 : Juan de Escoiquiz
1820-1833 : Francisco Antonio González
1833-1834 : Diego Clemencín
1834-1840 : Joaquín María Patiño
1840-1843 : Martín de los Heros
1843-1847 : Eugenio Tapia
1847-1854 : Manuel Bretón de los Herreros
1854-1861 : Agustín Durán

En 1856 aparece la figura del Director de la Biblioteca Nacional, así denominada desde 1836, en sustitución de la denominación de Bibliotecario Mayor.

1862-1875 : Juan Eugenio Hartzenbusch
1875-1883 : Cayetano Rosell y López
1884-1898 : Manuel Tamayo y Baus
1898-1912 : Marcelino Menéndez Pelayo
1912-1930 : Francisco Rodríguez Marín
1930-1936 : Miguel Jerónimo Artigas Ferrando
1936-1939 : Tomás Navarro Tomás
1939-1948 : Miguel Jerónimo Artigas Ferrando
1948-1957 : Luis Morales Oliver
1958-1960 : Cesáreo Goicoechea Romano
1961-1967 : Miguel Bordonau Más
1967-1974 : Guillermo Guastavino Gallent
1975-1984 : Hipólito Escolar Sobrino
1986-1990 : Juan Pablo Fusi Aizpurúa
1990-1991 : Alicia Girón García
1991-1994 : Carmen Lacambra Montero
1994-1996 : Carlos Ortega Bayón
1996-2000 : Luis Alberto de Cuenca y Prado
2000-2001 : Jon Juaristi Linacero
2001-2004 : Luis Racionero Grau
2004-2007 : Rosa Regàs Pagès
2007 – 2010: Milagros del Corral Beltrán

El 5 de mayo de 2010, el gobierno de España decide democionar el cargo de Director General de la Biblioteca a Subdirector.

2010 – : Vacante

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De Gutenberg a Internet. Una historia social de los medios de comunicación

De Gutenberg a Internet

Según avanza la tecnología, este pequeño planeta parece estrecharse de forma acelerada, haciéndonos sentir cada vez un poco más incómodos con lo que vemos y sabemos; sintiéndonos observados y analizados de una forma continua. Y, sin embargo, qué es el ser humano sin comunicación y sin medios para ello. Desde antaño, hemos tratado de fijar el conocimiento, trasladarlo a un futuro para que pudiese ser provechoso para el desarrollo de la sociedad o para nuestros semejantes. La Historia comienza con la preservación del conocimiento, la Historia empieza con la escritura, la Historia comienza con la comunicación.

De Gutenberg a Internet: Una historia social de los medios de comunicación [ISBN: 84-306-0479-0] comienza su relato justo con la aparición de la imprenta, la técnica que serviría para la difusión de conocimientos e ideas de una forma completamente industrial. Posteriormente, pasa a detallar los profundos cambios sociales que provocaría este invento, las distintas revoluciones ideológicas que se desarrollarían al calor de ésta, que provocarían guerras y movimientos culturales que derrocarían al poder establecido, etc. Sin embargo, cuando parece que la temática a abordar son los medios de comunicación y sus soportes, los dos autores, Asa Briggs y Peter Burke, reservan otro papel para otro tipo de comunicaciones como el vapor y la electricidad, la aparición del correo, el ferrocarril, el telégrafo, el teléfono, etc.

Pasado ese tramo de la revolución industrial, el siglo XX y el XXI son un suspiro, disponiendo de un papel menos destacado, como si la revolución de la comunicación se hubiese producido mucho antes, otorgando los instrumentos para lo que vendría poco después. La televisión, la radio y el surgimiento de los medios de comunicación son tratadas con suficiencia. Internet queda como una hoja en blanco, que todavía tiene que se escrita, que se escribe en el día a día, esperando una mejor oportunidad como si no mereciese un capitulo completo sólo para ello. Y qué decir de los medios de comunicación cuyo desarrollo se ha producido en el siglo XX modificando los gustos y consumos de la sociedad, que cayeron en el descrédito en tantas ocasiones para recuperarlo; sin embargo, se pasa por ello de puntillas, como si aquello no tuviese valor.

Podría considerarse que la parte más jugosa e interesante de este libro es su primera parte, dedicada a la imprenta en la que se desgaja con estilete todo lo que ésta provocó desde un punto de vista sociológico e historiodicista. Para aquellos que se vayan a lanzar a la lectura de este libro que no crean que van a encontrar un puñado de datos e historias entrelazadas, que las hay, si no más bien un análisis de ellos.

BRIGGS, Asa; BRUKE, Peter. De Gutenberg a Internet. Una historia social de los medios de comunicación. Madrid: Taurus, 2005

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La infoxicación en el siglo XVI

[…] A comienzos de la Edad Media, el problema era la falta de libros, su escasez; hacia el siglo XVI [Tras la invención de la imprenta], su superfluidad. Ya en 1550 un escritor italiano se quejaba de que había "tantos libros que ni siquiera tenemos tiempo de leer los títulos". Los libros eran un bosque en el que, de acuerdo con el reformista Italo Calvino (1509-1564), los lectores podían perderse. Eran un océano en el que los lectores tenían que navegar, o una corriente de materia escrita en la que resultaba difícil no ahogarse.

A medida que los libros se multiplicaban, las bibliotecas tuvieron que ser cada vez más grandes. Y a medida que aumentaba el tamaño de las bibliotecas, se hacía más difícil encontrar un libro determinado en los estantes, de modo que comenzaron a ser necesarios los catálogos. Los que confeccionaban los catálogos tuvieron que decidir si ordenaban la información por temas o por orden alfabético de autores. Desde mediados del siglo XVI, las bibliografías impresas ofrecían información acerca de lo que se había escrito, pero a medida que estas compilaciones se hacían más voluminosas, era cada vez más necesaria la bibliografía por temas.

Los bibliotecarios se enfrentaban también a los problemas de mantener los catálogos al día y estar al tanto de las nuevas publicaicones. Las revistas especializadas daban información acerca de libros nuevos, pero como también la cantidad de estas revisas se multiplicaba, fue preciso buscar otro sitio información acerca de ellas. Puesto que había muchos más libros de los que se podía leer en toda una vida, los lectores necesitaron la ayuda de bibliografías selectas para discriminar entre ellos y, desde finales del siglo XVII, recensiones de las nuevas publicaciones. […]

BRIGGS, Asa; BURKE, Peter. De Gutenberg a Internet: Una historia social de los medios de comunicación. Madrid: Taurus, 2005. Pág 30 – 31

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