La Sociedad de la Ignorancia
[...] La expectativa de una Sociedad del Conocimiento, surgida del desconcierto posmoderno gracias al poder de la tecnología, ha resultado ser en la práctica una Sociedad de la Ignorancia, compuesta por sabios impotentes, expertos productivos encerrados en sus torres de marfil y masas fascinadas y sumidas en la inmediatez compulsiva de un consumismo alienante. Las nuevas formas de comunicación nos permiten ser más eficientes en el dominio de la naturaleza pero como individuos nos están convirtiendo en seres cada vez más ignorantes y más encerrados en las pequeñas esferas que surgen como resultado de las nuevas fuerzas disgregadoras que afectan a toda la sociedad. La Sociedad de la Ignorancia es, a fin de cuentas, el estado más avanzado de un sistema capitalista que basa la estabilidad de la sociedad en el progreso, entendido básicamente como crecimiento económico19, pero que una vez satisfechas las necesidades básicas sólo es posible mantener gracias a la existencia de unas masas ahítas, fascinadas y esencialmente ignorantes. [...]
BREY, Antoni; INNERARITY, Daniel; MAYOS, Gonçal. La Sociedad de la Ignorancia y otros ensayos. Barcelona: Infonomía, 2009. p.37
Será mejor que no tengas que elegir entre olvido o memoria
Más vale que no tengas que elegir
entre el olvido y la memoria,
entre la nieve y el sudor.
Será mejor que aprendas a vivir
sobre la línea divisoria
que va del tedio a la pasión. [...]Esta boca es mía – Joaquín Sabina
La recién estrenada Defensora del Lector del diario El País, Milagros Pérez Olivas, entraba completamente al trapo en su artículo Condenados a permanecer en la Red en la que exponía los casos de algunos lectores que solicitaban la retirada de ciertas informaciones localizables en los archivos del periódico. La Defensora exponía que un número creciente de lectores y usuarios de su web se ponían en contacto con la empresa solicitando el borrado de ciertos datos que les afectaban, porque realizando una sencilla consulta a través del buscador Google utilizando como palabra clave su nombre descubrían consternados informaciones caducas o, según el caso, fuera del contexto en el que se habían dado y las consideraban lesivas.
Como ejemplo, Milagros Pérez recogía el testimonio de un lector que había participado en los foros del diario, algo aparentemente inocente, pero que actualmente consideraba preocupante que ese comentario se expusiese como primer resultado sobre su persona por parte del gigante de Mountain View. Podríamos imaginar que el lector se encontraba consternado porque no deseaba que la primera referencia hacia su persona fuese en un tono desenfadado. ¿Y si, durante un proceso de selección para un futuro trabajo, el responsable de la entrevista consulta la base de datos de Google y descubría aquello? ¿Dónde lo coloca a él? Depende del tono y la temática, por supuesto, aunque hay casos más gravosos.
Realizando consultas nominales, podemos encontrarnos desde resultados de exámenes -información privada que no puede ser expuesta ni en un tablón ni en un PDF colgado en una página web de un sitio universitario-, resultados de procesos selectivos de becas, de exámenes funcionariales, solicitudes administrativas, sentencias o indultos, etcétera. Nos encontramos ante informaciones que se publican diariamente en la Red que en determinado momento pueden resultar útiles para el usuario, pero que pasado un tiempo dejan un rastro de actividades que no todo el mundo gustaría de ellas. En todos estos casos, se trata de información personal, publicada según la legislación vigente a través de publicaciones oficiales, que hasta hace poco sólo era pertinente y conocida casi exclusivamente por el afectado. Sin embargo, Google lo cambia todo y sus robots lo ordenan todo haciéndolo accesible a cualquiera sin contemplar si ponen en evidencia a una persona.
El debate abierto en El País ha sido intenso en los foros periodísticos – Periodistas21 o La Tejedora – donde se ha realizado una reflexión sobre el trabajo del periodista. Así, si a un individuo el juez lo llama a declarar como imputado y lo recogen los medios, pero tras el juicio es absuelto y estos no lo publican, ¿dónde queda la rectificación? ¿Cómo se borra esa mancha injusta en su reputación digital? Por supuesto que, para la empresa editora, los archivos son intocables. No se puede borrar esa información, aunque tal vez sí que debería ser actualizable o al menos no debería caer en el olvido tan pronto como deja de ser noticia.
Mientras tanto Google considera que no es competencia suya mantener limpios los ficheros de todos los sitios webs. La tecnología para hacer inaccesible una página determinada existe y debe ser utilizada por los editores no por los intermediarios entre usuarios e información. Esto lo mantienen sus responsables, aunque exista una sentencia que exige al buscador que esa información sea inaccesible y exima a la empresa editora de la web.
Mientras tanto, la reputación digital toma cuerpo como un elemento necesario a vigilar para cualquier persona. El control sobre lo que se dice de nosotros y lo que es recuperable en la web dispone de cada día de mayor importancia, convirtiendo la Web una prolongación de nuestra identidad profesional y personal más allá de nuestro control. No sólo debemos controlar lo que en las Redes Sociales o la Web 2.0 se publica sobre nosotros, sino que también debemos estar atentos y ser conscientes de qué vías nuestros datos personales son dispuestos de forma completamente libre en la Red de Redes casi sin que nos percatemos de ello.
Las características de la información como un bien económico
Durante los últimos veinte años, los investigadores han desarrollado un creciente campo de investigación sobre el valor de la información y sus características únicas como un bien económico. Algunas de las características únicas de la información como una entidad económica incluyen:
- La información es cara de producir, no así de reproducir ya que apenas dispone de costos.
- La información puede ser un bien público, privado, o un bien híbrido.
- Dependiendo del tipo de bien (público, privado o híbrido), el valor de la información puede aumentar o disminuir en función de su disponibilidad.
- La información es un bien unido a la experiencia. Su valor puede revelarse sólo después de su uso.
- El valor de la información es, en gran medida, subjetivo.
- La información se transfiere principalmente por la copia. Por lo tanto, los derechos de propiedad no, o al menos no deberían, plantear un problema.
El valor de la información es una de las ideas más difíciles de conceptualizar. Los investigadores han analizado este concepto en una gran variedad de formas, cada uno complementando al otro, así como aumentando la complejidad del concepto. La información puede ser una mercancía, un producto, un servicio o una experiencia. Además, su valor aumenta a lo largo de este continuo. El valor a veces es asignado en la forma que la información es empaquetada y distribuida; pero, en ocasiones el valor es inherente a su contenido a pesar de la forma que es transmitida. También el valor de la información puede estar derivado del intercambio o su uso y pueden ser evaluado de forma normativa, realista o subjetiva.
[...]
AHARONY, Noa; RABAN, Daphne R. Economics of information goods: An interdisciplinary subject for Israeli LIS and MBA curricula. Library & Information Science Research, 30 (2008), p. 103
¿Cuántos papeles tienes sobre el escritorio?
Una de las señas de identidad de la redacción de cualquier medio de comunicación, una vez nos adentramos en él, es la ingente cantidad de papeles, libros y documentos de todo tipo que los periodistas van acumulando a lo largo de los meses sobre sus mesas. Tanto es así que, de vez en cuando, es necesario acometer una limpieza llevada a cabo de motu propio, o incluso en ocasiones se impone una limpieza general donde es Dirección la que pone a disposición de los redactores contenedores, las papeleras se antojan a todas luces insuficientes, para que los trabajadores puedan, todos a una, deshacerse de la enorme cantidad de papeles acumulados.
Antes era bastante comprensible el nivel de saturación documental que se llega a alcanzar puesto que cada fotografía o cada teletipo que se recibía se imprimía. Esto suponía ciertos problemas de logística a la hora de distribuir los documentos entre los redactores jefes y los periodistas rasos. Y qué decir de las fotografías que se debían seleccionar para archivar y la gestión de aquellas que finalmente se guardaban en previsión de una posible recuperación y utilización futura. Hoy en día las mesas de los redactores, aunque más livianas, todavía muestran montones de documentos, de páginas del diario a medio editar, de libros, de publicaciones, de recortes de otros periódicos, de teletipos recibidos de forma telemática e impresos para su mejor lectura… Sí, puede que la informática ha reducido el volumen de papeles, pero no los ha hecho desaparecer del todo porque, al fin y al cabo, la mente humana necesita de un periodo de adaptación y la cultura de la letra impresa todavía pesa sobremanera en nuestra forma de trabajar en el día a día.
¿Por qué no realizar el experimento? En el lugar de trabajo de cada uno, podríamos pasearnos por las mesas de nuestros compañeros y tratar de realizar comparaciones. Por ejemplo, yo mismo a pesar de tratar de mantener cierto orden en mis papeles no puedo evitar disponer de dos montones que van aumentando o disminuyendo dependiendo del marco temporal. Aunque trato de contener mi caos personal, a veces es inevitable que los papeles nos superen: Revistas a medio leer, informes a medio corregir, notas, artículos encontrados a lo largo de internet impresos y esperando su lectura… No puedo mantener mi mesa impoluta, completamente ordenada, aunque dentro de mi pequeño caos me organizo y localizo los documentos que voy necesitando en determinado momento.
Sin embargo, en mi propio departamento hay personas que mantienen sus mesas impolutas, como si estuviesen dispuestos a marcharse esa misma tarde y quisieran dejar todo arreglado para el que les fuese a suceder en el puesto. Por supuesto que vuelven al día siguiente, pero su método a la hora de mantener el orden es envidiable incluso para una persona como yo, que se debe preocupar de hacer la información accesible y encontrable a cada momento.
La psicología de las mesas de oficina expuesta aquí puede parecer completamente ridícula, pero no lo es en absoluto. Cómo nos organizamos, cómo disponemos nuestros papeles -o nuestros montones de papeles- pueden ser significativos a la hora de detectar algunos problemas por los que puede estar pasando la persona propietaria de ella. Así, por ejemplo, una mesa desordenada puede provocar ansiedad a su propietario porque le es difícil encontrar la información que busca en el momento que le es necesaria, mientras que una superficie limpia puede hacer a su propietario que sienta que controlas tu tiempo. Desgraciadamente, una mesa desordenada a veces no significa que una persona es un poco dejada a la hora de organizarse, sino que puede ser sintomático de que no gestiona bien su tiempo o mucho peor puesto que va aparcando las decisiones que debe de resolver a lo largo de su jornada laboral para más adelante y dejando los documentos urgentes en montones.
¿En qué situación tenéis vosotros la mesa de vuestro puesto laboral?
Tipologías de auditorías basadas en la información
Basándonos en las distintas metodologías desarrolladas para la gestión de la información en las organizaciones, podemos clasificar cada una de ellas en distintos niveles dependiendo de la profundidad en la que se entra para la gestión de los datos, información y conocimiento dentro de las organizaciones. De esta forma, podemos resumir las distintas auditorias basadas en la información en las siguientes tipologías:
- La auditoria de sistemas de información investiga la manera en que las herramientas tecnológicas son usadas para gestionar los recursos de información.
- La auditoria de la comunicación porque se centra en los flujos de información organizacionales.
- El mapeo de la información (Information Mapping) se centra en la identificación y uso de los recursos informativos de la organización.
- La auditoria de la información que consiste en el análisis sistemático de los recursos de la información, su uso, los flujos y su gestión dentro de la organización.
- La auditoria del conocimiento, la gestión del conocimiento es el más alto nivel de gestión de la información y lógicamente es el siguiente paso tras la realización de una auditoría de información y el desarrollo de la gestión de la información dentro de una organización.
- La auditoria de la inteligencia por su relación entre la gestión de la información y el conocimiento.
BOTHA, H.; BOON, J.A. The information audit.: Principles and guidelines. En Libri 2003 (53) pp. 23-38
La economía de la información
Cualquier infonomista que se precie no puede obviar la creación de una nueva disciplina dentro de la Ciencia Económica que se dedica precisamente al estudio del efecto de la Información sobre la toma de decisiones. La Economía de la Información tiene una relación intrínseca con el desarrollo de la una sociedad post-industrial o del conocimiento. Fritz Machlup en 1962 fue el primero en considerar un nuevo paso de la economía ya que las ocupaciones que generaban conocimiento habían superado en número a las demás, de esta forma desarrolló la idea de una industria basada en el conocimiento. Pero sería en 1977 cuando Marc Uri Porat midió y estimó el alcance de esta economía, y describió este sector emergente como economía de la información. Finalmente, cuando la tecnología posibilitó la producción sin límites de copias exactas de textos, imágenes, sonido, video y otros materiales de información, esta economía de la información creció rápidamente.
Porat clasifica el sector de la información en dos sectores, el sector primario de la información y el sector secundario de la información. Los trabajadores del sector primario de la información son aquellos que se relacionan casi totalmente con la creación o gestión de la información como los científicos, escritores, bibliotecarios, etc. Por otro lado, los trabajadores del sector secundario de la información serían aquellos que trabajan principalmente en cuestiones no relacionadas con la información, pero cuya labor implica un trabajo de información como aspecto secundario. Estos últimos son los trabajadores de empresas e industrias que no son de la información, pero generan información para uso interno en la producción de mercancías agrícolas o industriales.
Finalmente, la economía de la información enfoca tres áreas :
- El estudio de la asimetría de la información.
- Economía de bienes de información.
- Economía de tecnología de la información.
El descrédito de la memoria en la Sociedad de la Información
Es curiosa la contradicción en la que se sumerge la cacareada Sociedad de la Información con proyección a convertirse en Sociedad del Conocimiento. Disponemos de innumerables fuentes de información, nos ofertan análisis de todo tipo cual mercadillo, podemos hallar puntos de vista completamente transgresores e, incluso, algunos que ningún medio de comunicación se atrevería a publicar ni siquiera señalar. Sin embargo, esta sociedad impactada continuamente por promociones publicitarias, por necesidades sociales, vitales y de consumo completamente conducidas por las cabezas pensantes del marketing de las marcas; cae con demasiada facilidad, tal vez una derivación de su propia obsolescencia, en el olvido.
Porque todas esas informaciones, esos análisis se superan inmediatamente por los nuevos hechos, como si su inmediatez fuese precisamente su condena, debido a que se quedan en la superficie dejando de lado la necesidad de una visión más profunda con mayor perspectiva y sosiego que todo análisis, merecedor de ese nombre, necesita. Puede que se trate de una consecuencia de los tiempos que corren. Nuestra mayor lacra consiste en que el Donde dije digo, dije Diego es demasiado frecuente a todos los niveles, tanto a nivel político como empresarial y/o personal. No importan los insultos a la inteligencia a los que nos tienen demasiado habituados nuestros líderes, nos encontramos con que una sonrisa de maldad puede enterrar a la palabra, como si éstas no tuviesen el peso de antaño. Es obvio que ya no lo tienen.
Los jóvenes no se detienen a aprender a escribir, ni a expresarse, no se les transmite que se trata de una necesidad. Eludimos que el proceso de síntesis que merece todo escrito bien realizado es un seguro para la vida futura, para defender los ideales de cada uno y la integridad de un individuo. Hoy en día, todo parece ir demasiado deprisa, hemos interiorizado completamente el eslogan "consume y muere" y si no puedes consumir: púdrete. No te esfuerces en realizar un esfuerzo intelectual para desarrollar un trabajo para el colegio, plágialo, con un poco de suerte el profesor no se percatará. Si trabajas, si realizas el esfuerzo por ti mismo, es probable que seas el único estúpido que lo haga. Incluso, los actores de teatro dentro de una nueva moda ya no memorizan sus obras, ahora se dedican a leerlas en el escenario, el apuntador se ha convertido en un libro abierto en sus manos, ¿para cuándo grabarán sus voces y las emitirán en Dolby Surround para el patio de butacas ofreciendo tan sólo su presencia a los espectadores que han acudido a verlos a ellos?
La memoria es un valor a la baja en nuestra sociedad, y no podemos salvar siquiera la cotidianeidad. Ya no recordamos los números de teléfono de nuestras amistades, ni sus direcciones postales, para qué hablar de las direcciones de correo electrónico; las tenemos almacenadas en cachivaches electrónicos, desconocemos la cantidad de películas o canciones que poseemos pero que ni siquiera hemos visionado ni escuchado. Consumimos demasiado rápido, somos seres multitarea que saltamos de un lugar a otro ante cualquier hecho que nos desvíe la atención, necesitamos el silencio sepulcral para estudiar, para trabajar o para leer. Precisamos de un símil de burbuja etérea para centrarnos en una sola actividad, sin percatarnos de nuestra culpabilidad inmediata, nuestra atención es demasiado cara y siempre la andan buscando, importunándola.
Anteriormente, disponíamos de un canal televisivo, ahora disponemos de cientos para sortear las promociones publicitarias. Que consigamos atender a un anuncio dentro de ese canal, que captemos su mensaje, es ya una tarea demasiado ardua en una sociedad que busca que se lo den todo hecho y con prontitud, que no parece ser consciente de que el esfuerzo presta su recompensa a quien lo merece, a quien piensa y es consciente de cómo ella se mueve. De este modo, nos percatamos de que la sociedad planteada en 1984 es irrisoria hacia donde nos conducimos, donde la globalidad parece ahuyentar nuestra perspectiva de los hechos, como si la necesidad de estar alineado fuese suficiente para colmar una vida entera y plena, aunque tarde o temprano nos percataremos que nunca es suficiente
Modelos de política de información
Utopía tecnocrática
Enfoque muy técnico de la gestión de información que hace hincapié en la categorización y la modelización de los activos de información completos de una organización y que confía por completo en las tecnologías emergentes.
Anarquía
Ausencia de cualquier política de gestión de información global; es decir, hay libertad para que los individuos obtengan y gestionen la propia información.
Feudalismo
Gestión de información por medio de unidades de negocios individuales o funciones que definen las propias necesidades de información y que sólo dan a la corporación global información limitada.
Monarquía
Definición de categorías de información y estructuras organizativas por parte de los líderes de la empresa, que pueden compartir la información voluntariamente o hacerlo después de recogerla.
Federalismo
Enfoque de la gestión de información basado en el consenso y la negociación acerca de los elementos de información clave y las estructuras organizativas
DAVENPORT, T.H.; ECCLES, R.G.; PRUSAK, L. Information politics. En: Sloan Management Review, Fall 1992, Vol. 34, No. 1, pp. 53–65
La información quiere ser libre
Es probable que nuestros lectores no se hayan percatado hasta ahora que esta bitácora se cierra con una frase: La información quiere ser libre. Se trata de un End-Line que no dudé en copiar y traducir del blog de Jorge Cortell, aunque en este caso mantiene el original inglés Information wants to be free, pero hace poco descubrí que este lema tiene un doble filo.
Ante una frase como ésta, cualquier profesional de la información no dudará en señalar que su significado es precisamente que la información tiene que estar disponible de una forma libre y gratuita para todos. Es la labor que se realiza todos los días en las bibliotecas públicas, difundir el conocimiento, poniéndolo al servicio de la sociedad sobre la que ésta se fundamenta y desarrolla. Tanto es así que la bibliotecaria Meredith Farkas mantiene un blog desde noviembre de 2004 que lleva por título Information Wants to Be Free.
La frase fue pronunciada por vez primera por Stewart Brand en la primera Conferencia de Hackers de 1984, el contexto es el siguiente:
Por un lado, la información quiere ser cara, porque es muy valiosa. La información adecuada en el lugar acertado simplemente cambia tu vida. Por el otro lado, la información quiere ser libre, porque el coste de de sacarla a la luz está siempre poniéndose más y más bajo. De modo que tenemos esos dos lados luchando uno contra otro.
Esto nos lleva al viejo dicho: La información es poder, dentro de ese contexto es cara, sin embargo la información es libre porque el ser humano es fundamentalmente comunicación y desea transmitirla y compartirla (Véase el ejemplo de la Wikipedia y la Web 2.0 ). Nos encontramos aquí frente a una dicotomía no resuelta, ya que el lema puede ser utilizado para defender los beneficios tanto de la información privatizada como de la liberada/libre/abierta, o ambas.
Conscientes de esto, los padres del movimiento Open Source Free Software, como Richard Stallman, trataron de acotar esta consideración:
Creo que toda la información de utilidad general debería ser libre. Por ‘libre’ no me refiero al precio, sino más bien a la libertad de copiar la información y adaptarla a las necesidades propias de cada uno". Denning explica: "En ‘de utilidad general’ no incluye información confidencial sobre personas o sobre tarjetas de crédito, por ejemplo.
Por lo que se considera que el lema debería ser cambiado por La información debería ser libre, como si la información pudiese ser acaparada y no compartida, olvidando que la información tiene ciertas características que la hacen especial sobre los otros bienes humanos. La información quiere ser libre, puesto que el acceso a la información y el conocimiento no debería necesitar de una lucha de clases, que el acceso es un derecho humano básico, y que, según mejora la tecnología, toda la humanidad debería poder participar en sus dones y servicios.
¿Ley de la termodinámica informacional?
Revisando algunos números atrasados de la revista El profesional de la información, descubro un artículo breve de Alfons Cornella con el sugerente título: Ley de la termodinámica informacional. Como ex – estudiante de Químicas no puedo nada más que levantar la ceja y sonreír imaginando los sudores fríos de los futuros estudiantes de Biblioteconomía y Documentación que tanto sufren con las asignaturas matemáticas como la Estadística.
Porque la Termodinámica (Rama de la física que estudia la energía, la transformación entre sus distintas manifestaciones, como el calor, y su capacidad para producir un trabajo) no es precisamente una de las asignaturas más sencillas de la Física o de la Química, ¿alguna lo es?, aunque sus leyes son bien conocidas por todos:
Ley cero de equilibrio
Si dos objetos A y B están por separado en equilibrio térmico con un tercer objeto C, entonces los objetos A y B están en equilibrio térmico entre sí.
Primera ley
La energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma.
Segunda ley – Enunciado de Clausius
Es imposible construir una máquina cíclica cuyo único efecto sea la transferencia continua de energía de un objeto a otro de mayor temperatura sin la entrada de energía por trabajo.
Tercera ley
No se puede llegar al cero absoluto mediante una serie finita de procesos.
Definiciones relativas a la “Información”
(Del lat. informatĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de informar.
2. f. Oficina donde se informa sobre algo.
3. f. Averiguación jurídica y legal de un hecho o delito.
4. f. Pruebas que se hacen de la calidad y circunstancias necesarias en una persona para un empleo u honor. U. m. en pl.
5. f. Comunicación o adquisición de conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada.
6. f. Conocimientos así comunicados o adquiridos.
7. f. Biol. Propiedad intrínseca de ciertos biopolímeros, como los ácidos nucleicos, originada por la secuencia de las unidades componentes.
8. f. ant. Educación, instrucción.
Qué es fuente de información en Internet
Puede llegar a suceder que un profesor de secundaria descubra que los trabajos sobre la lectura del libro Lazarillo de Tormes de sus alumnos son en su mayor parte clones los unos de los otros. Y no es que los estudiantes se hayan lanzado a la desventura de copiarse los unos a los otros, ya se trate mediante a el cada vez más decayente mercadeo de disquetes, correos electrónicos o la más actual puesta en común en el Messenger; simplemente sucedió que teclearon la misma frase en el mismo buscador y acudieron a la misma fuente sin contemplar otras alternativas.
Desde luego que la reiterada torpeza cometida por los jóvenes al no contrastar y enriquecer sus fuentes no es del todo culpa suya, ya que los buscadores de Internet son una herramienta universal, rápida y en muchas ocasiones eficaces; pero en general el ser humano gusta de dejarlo todo para el último momento por lo que la visita a una biblioteca y sus diversas fuentes queda casi descartado cuando el trabajo hay que entregarlo para el día siguiente. Sin embargo, la utilización de Internet como una fuente de información para ciertos trabajos constituye un arma de doble filo y debemos ser cuidadosos a la hora de escoger qué documentos nos son útiles y cuáles no.
Como es bien sabido, la fiabilidad y el rigor de las fuentes de Internet deben ser tenidas en cuenta a la hora de citarlas y la red de redes no es una excepción, así que María Rubio Lacoba nos ofrece en el libro Teoría y Práctica de la Documentación Informativa (ISBN: 84-344-1293-4) algunas pistas para poder identificar lo que puede ser considerado como fuente, o no, en Internet.
Tim Berners-Lee, el creador de la Red
Un documentalista, y además enredado, no debería dejar de escribir unas líneas como humilde homenaje al creador de la Web: Tim Berners-Lee. Fue suya la primera página web creada y disponible en un servidor web, a la que lentamente se irían añadiendo otras de científicos, claro está, que marcarían la incipencia de la creación de una red que adquirió, y tiene, un crecimiento vertiginoso. Pero, si vamos a hablar de la Web, tampoco podemos dejar de recordar, al igual que se hace en la mayoría de los artículos escritos sobre su invención, la distinción de lo que es Internet de lo que es la Web. Por ello recordaremos que Internet es el soporte físico de la Web (Servidores, cables, enrutadores, DNS, etc.) mientras que la Web sería los ficheros informáticos que la constituyen y que deben ser interpretados por el software que tenemos instalado en nuestros ordenadores, en general, los navegadores. Pero entremos en materia y analicemos brevemente, la creación y concepción de la Web y su rápida evolución.
Tim Berners-Lee, considerado como uno de los 100 personajes del siglo XX por la revista Time, nació en 1955 en Londres (Reino Unido) licenciándose en Física en 1976 en la Universidad de Oxford. La creación de la Red surgió a partir de la idea de crear un sistema de gestión de la información mediante el uso del hipertexto. Su finalidad era facilitar la transmisión de la información y favorecer así la actualización informativa de los científicos, además de tratar de prevenir la pérdida de información. La propuesta (Information Management: A Proposal) de creación de este sistema lo realizó al Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) de Ginebra donde trabajaba en aquel momento, aunque su idea no tuvo el éxito esperado.

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