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La Infoxicación 2.0

Hace unas semanas que me llamó poderosamente la atención el Prisma de la Conversación. Se trata de un intento de representar la mayoría de los servicios actualmente disponibles dentro de la Web 2.0 situando cada uno de ellos dentro de una categoría. Su autor, Brian Solis, nos hace un comentario en su blog de cómo llegó a la génesis de su mapa de la conversación 2.0, aunque lo más impactante es cómo se han ido añadiendo nuevos servicios, mediante notas, por parte de los usuarios de Flickr.

Personalmente, este gran abanico de opciones, de aplicaciones tan específicas, de mundos por explorar y descubrir, sólo me pueden producir angustia. Sí, puede que se trate de nuevo de la asimetría digital, aunque creo que se trata más bien de un nuevo tipo de infoxicación. Creo que estoy completamente desesperado por la intoxicación de la información dentro de la Web 2.0, de tantos productos a los que seguir su evolución, de los comportamientos de sus usuarios dentro de ellos, aquellos que son tan específicos -Hay una categoría correspondiente a específico de Twitter- que se me antojan completamente desconocidos hasta este momento.

De este modo, descubrimos que tal es la avalancha de nuevos desarrollos y nuevos conceptos que se presenta como terriblemente complicado evaluarlos todos y, además, desarrollar nuestra actividad digital dentro de ellos. Imagino que al final tendremos que discriminar, utilizar aquellos que realmente nos ofrecen un retorno adecuado en la cimentación de nuestra identidad digital, a pesar de que, en muchas ocasiones, el retorno tarde en llegar. En definitiva, no teníamos suficiente con la Infoxicación de toda la vida, que debemos que vérnosla con las nuevas formas que adopta dentro de la Web 2.0 y “La Conversación”.

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Las enfermedades de la información: Infomanía frente a la infoxicación

El pasado mes de Agosto simplemente me desconecté como si estuviera enlazado a Matrix. Durante dos semanas, estuve, más bien traté de estarlo, completamente off-line; buscando el descanso de la Web y del trabajo continuo que requiere el mantenimiento de este blog. Tanto es así, la desconexión claro, que algunas personas se alarmaron puesto que de repente había cesado en mi actividad bloguera sin previo aviso y, mucho peor, no contestaba los correos electrónicos que me enviaban. Naturalmente, sucedió que me propuse mantenerme lo más alejado posible de un ordenador, pudiendo permanecer hasta cinco días sin realizar un solo clic.

Sí, conseguí lo que otros intentan y no pueden llegar a hacer, desconectar del trabajo y del mundo digital. Sin embargo, tengo que reconocer que la vuelta fue un poco dura, puesto que te percatas que te falta pulso a la hora de componer textos, ya que debes ponerte al día y rehacer ideas. En fin, que parece que al menos este año me he librado de la Infomanía, nuevo término en la psicología usado para un estado de ánimo: El de estar buscando estímulos informativos incansablemente.

Hace poco, en un artículo de opinión del diario El País se detenían en reflexionar sobre el modo de vida de hoy en día, tan tecnológico, tan ligado a recibir señales continuas; y proponían una suerte de Remedios para la infomanía. Así, definía a la Infomanía como la angustia “no por sentirse asediado por los mensajes electrónicos, sino por buscar, precisamente, su asedio. Sólo así se explicaría que el 53% de los internautas norteamericanos consulte su correo desde la cama, y hasta un 12% desde la iglesia. Claro que esta cifra es sólo la mitad de quienes lo consultan desde el baño: hasta un 37%.”

No voy a negar que la Infomanía me recuerda necesariamente a otro término, al que ya hemos hecho referencia anteriormente, bien conocido por los documentalistas -la Infoxicación- del que incluso hemos recogido algunas de las razones por las que podríamos vernos asediados por la recepción de información de forma indiscriminada. En concreto, la infoxicación se refiere a la sobresaturación de información, ruido-interferencia, la cual incluso puede llegar a generar angustia en el usuario por no sentirse en condiciones de encontrar la información buscada.

Obviamente, entre la Infomanía y la Infoxicación se presenta un límite conceptual. Porque una podría derivar en la otra, la Infomanía provocaría cierta Infoxicación en la búsqueda eterna de la tensión informativa, mientras que la Infoxicación no tendría que derivar necesariamente en la Infomanía, debido a que la Infoxicación provocaría un rechazo hacia la Infomanía. En cualquier caso, mientras se investiga más a fondo estas nuevas formas de presión psicológica sobre los individuos y sus posibles remedios, aunque yo me ofrezco como voluntario para demostrar que el mundo sin correo electrónico es posible, los documentalistas siempre podemos recurrir a las ideas del Just-in-case y del Just-in-time para que nadie acabe con un ataque de nervios porque el Gmail sencillamente hoy se encuentra caído.

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Para evitar la infoxicación… ¡Impuestos!

Sobrecarga informativaTraspuesto me he quedado tras la lectura del texto de Dusty Horwitt dentro del Washington Post en su edición del pasado 24 de agosto. Bajo el título If Everyone’s Talking, Who Will Listen?, el abogado muestra su más sincera preocupación por lo que él denomina TMI (Too much information), aunque lo correcto hubiese sido utilizar el término Information Overload que fue trasladado al castellano por Alfons Cornella como Infoxicación.

En el artículo, del que me voy a ahorrar las valoraciones, Horwitt nos relata su desazón frente a la saturación que le provoca la cantidad de información que recibe cada día a través de distintos terminales electrónicos. Su forma de exponer su preocupación pasa por la realización de un comentario sobre las audiencias de los medios de comunicación en Estados Unidos que se encuentran estacionarios respecto a los años 80, aunque con tendencia a la contracción respecto al público que disponían hacía sólo unos años. Mientras tanto pasa analizar las audiencias de los blogs y de distintos sitios web, lamentándose de la fragmentación de contenidos y de las audiencias que estos están provocando dentro de la sociedad americana. Así, según su criterio, el impacto de los anuncios políticos o de otra índole que se realizan en los medios actualmente alcanzan a menos personas y se deben realizar con mayor intensidad que en épocas precedentes, ante lo que el autor declara que su interés pasa por el fortalecimiento de la democracia en la era de la infoxicación.

De este modo, realizando una crítica al consumo energético que se realiza por culpa de los ordenadores, considera adecuado que se promulgue un impuesto que grave la generación de información por parte de blogs, sitios webs, ordenadores y algunas televisiones por cable. De este modo, el coste para la generación de información sería mayor, ahuyentando de esta manera a aquellos que inundan a la sociedad con ella, mientras que se fortalecería a los medios de comunicación tradicionales como vehículos de la información de calidad.

¿Habremos encontrado a un detractor de la Web 2.0?

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La infoxicación desde un punto de vista filosófico

Me ha parecido tremendamente curioso descubrir que la Infoxicación no sólo es un tema de preocupación de documentalistas, bibliotecarios y comunicadores, sino que se puede ir más allá y descubrir que la red de redes también es capaz de intoxicar con su enorme cantidad de saberes a los filósofos y pensadores.

Entonces la palabra red no nos sugiere algo que difunde sino algo que más bien retiene; no nos suena tanto a acumulador o difusor como a filtro o malla que captura ciertos elementos (peces o datos) y permite a otros pasar. Y lo decisivo es entonces la trama más o menos tupida de nuestra red; de una red que nos permita atrapar todos -y sólo- los datos o informaciones relevantes para el caso que nos ocupa.

Xavier Rubert de Ventós realiza una reflexión en el diario El País en su artículo de opinión, La red del pescador, sobre la situación que nos coloca la máxima información, generando más confusión que otra cosa. Y es que el ruido informativo ha sido preocupación de muchos desde hace muchos siglos, por mucho que el término Information Overload parezca actual, por lo que Rubert nos conduce por Rousseau o el mismo Immanuel Kant, “La pura información sin criterio alguno de selección es ciega“, para percatarnos que el exceso de información no es de tremenda actualidad, ni mucho menos.

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La indigencia informativa

Entre los logros más relevantes de la sociedad de la información se halla la facilidad con que el individuo se puede documentar, mantenerse informado e intercambiar conocimientos. Sin embargo, [...] el problema actual es la voluntad real de comprensión entre las personas, la carencia de una cultura común de respeto y la manipulación por sobreabundancia informativa. Una noticia dicha por múltiples canales se reconoce como verdad, aunque esos medios respondan a intereses comerciales similares e ilegitimen el punto de vista del emisor de la información.

Si bien se disfruta de una disponibilidad de información que era impensable unos años atrás, se requiere de una alfabetización digital profunda (es decir; nuevamente acceder, administrar, integrar, evaluar y crear información), para no resultar confundidos en un entorno de gran escasez de atención. Existen múltiples fuentes de información, aunque pocas voces son independientes. Leer o ver una decena de veces el mismo abordaje de una noticia no es estar más y mejor informado.

COBO ROMANÍ, Cristóbal; PARDO KUKLINSKI, Hugo. Planeta Web 2.0. Inteligencia colectiva o medios fast food. Barcelona: Universitat de Vic, 2007. p. 91

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Las Power Laws de la Bibliometría

En este blog, no vamos a negarlo, no somos expertos en Bibliometría (parte de la cienciometría que aplica métodos matemáticos y estadísticos a toda la literatura de carácter científico y a los autores que la producen, con el objetivo de estudiar y analizar la actividad científica), para eso ya está la troupe de Álvaro Roldán, sin embargo queremos señalaros, como curiosidad nada más, las leyes bibliométricas que reflejan, de nuevo, la existencia de leyes de potencia dentro de esta área de conocimiento. Las leyes de las que vamos a hablar son las leyes de Bradford y la de Lotka, bien conocidas por los bibliómetras pero que pueden pasar desapercibidas para el resto de los bibliotecarios e incluso para los documentalistas.

La ley de Lotka o de la productividad de los autores (1926) afirma que en una determinada especialidad unos pocos autores publican un gran número de artículos mientras que el gran número de autores restantes publica muy poco. Lotka comprobó que el 50% de los trabajos de un área sean publicados por cerca del 10% de los autores totales, un 25% por un 15% de autores y el restante 25% de textos por un 75% de autores.

Mientras que la Ley de Bradford o de dispersión de la literatura científica (1934) exponía que un pequeño número de revista sobre una determinada disciplina reunía la mayor parte de los artículos. De esta manera, una pequeña parte de las publicaciones aunarían la mayor parte del prestigio, concentrando una gran parte de los trabajos más interesantes, mientras que el resto de textos se encontrarían dispersos en publicaciones de diversa índole.

Finalmente, como apunte y cerrar este texto, señalaros  la tercera ley sobre la que se fundamenta la bibliometría es la Ley de Price o del crecimiento exponencial. Según esta ley, el número de publicaciones científicas que hay en el mundo crece de manera exponencial. Dicho crecimiento es tal, que cada 10-15 años la información existente se duplica con un crecimiento exponencial, aunque esto depende en gran medida del área de conocimiento de la que se trate.  Sin embargo, no sólo la literatura científica crece de forma exponencial, sino también lo hace el número de investigadores, por lo que la primera conclusión que obtuvo Price del crecimiento exponencial fue la contemporaneidad de la ciencia. Esto es un porcentaje que nos dice cómo se encuentra la ciencia actual respecto del conjunto de las demás épocas.

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La infoxicación en el siglo XVI

[...] A comienzos de la Edad Media, el problema era la falta de libros, su escasez; hacia el siglo XVI [Tras la invención de la imprenta], su superfluidad. Ya en 1550 un escritor italiano se quejaba de que había "tantos libros que ni siquiera tenemos tiempo de leer los títulos". Los libros eran un bosque en el que, de acuerdo con el reformista Italo Calvino (1509-1564), los lectores podían perderse. Eran un océano en el que los lectores tenían que navegar, o una corriente de materia escrita en la que resultaba difícil no ahogarse.

A medida que los libros se multiplicaban, las bibliotecas tuvieron que ser cada vez más grandes. Y a medida que aumentaba el tamaño de las bibliotecas, se hacía más difícil encontrar un libro determinado en los estantes, de modo que comenzaron a ser necesarios los catálogos. Los que confeccionaban los catálogos tuvieron que decidir si ordenaban la información por temas o por orden alfabético de autores. Desde mediados del siglo XVI, las bibliografías impresas ofrecían información acerca de lo que se había escrito, pero a medida que estas compilaciones se hacían más voluminosas, era cada vez más necesaria la bibliografía por temas.

Los bibliotecarios se enfrentaban también a los problemas de mantener los catálogos al día y estar al tanto de las nuevas publicaicones. Las revistas especializadas daban información acerca de libros nuevos, pero como también la cantidad de estas revisas se multiplicaba, fue preciso buscar otro sitio información acerca de ellas. Puesto que había muchos más libros de los que se podía leer en toda una vida, los lectores necesitaron la ayuda de bibliografías selectas para discriminar entre ellos y, desde finales del siglo XVII, recensiones de las nuevas publicaciones. [...]

BRIGGS, Asa; BURKE, Peter. De Gutenberg a Internet: Una historia social de los medios de comunicación. Madrid: Taurus, 2005. Pág 30 – 31

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Qué es fuente de información en Internet

Puede llegar a suceder que un profesor de secundaria descubra que los trabajos sobre la lectura del libro Lazarillo de Tormes de sus alumnos son en su mayor parte clones los unos de los otros. Y no es que los estudiantes se hayan lanzado a la desventura de copiarse los unos a los otros, ya se trate mediante a el cada vez más decayente mercadeo de disquetes, correos electrónicos o la más actual puesta en común en el Messenger; simplemente sucedió que teclearon la misma frase en el mismo buscador y acudieron a la misma fuente sin contemplar otras alternativas.

Desde luego que la reiterada torpeza cometida por los jóvenes al no contrastar y enriquecer sus fuentes no es del todo culpa suya, ya que los buscadores de Internet son una herramienta universal, rápida y en muchas ocasiones eficaces; pero en general el ser humano gusta de dejarlo todo para el último momento por lo que la visita a una biblioteca y sus diversas fuentes queda casi descartado cuando el trabajo hay que entregarlo para el día siguiente. Sin embargo, la utilización de Internet como una fuente de información para ciertos trabajos constituye un arma de doble filo y debemos ser cuidadosos a la hora de escoger qué documentos nos son útiles y cuáles no.

Como es bien sabido, la fiabilidad y el rigor de las fuentes de Internet deben ser tenidas en cuenta a la hora de citarlas y la red de redes no es una excepción, así que María Rubio Lacoba nos ofrece en el libro Teoría y Práctica de la Documentación Informativa (ISBN: 84-344-1293-4) algunas pistas para poder identificar lo que puede ser considerado como fuente, o no, en Internet.

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Hola, mi nombre es Maria Elena y estoy infoxicada

Advertencia:
A partir de aquí vienen las elucubraciones de una infoxicada en plena crisis existencial.
Almas sensibles, abstenerse… o atenerse a las consecuencias.
En caso de duda, consulte a su farmacéutico.

Apenas 10 días después de comenzar el año, y con él mis buenos propósitos blogosféricos, tengo que reconocer tristemente que todavía no he sido capaz de llevarlos a cabo. La envergadura de la información que quería abarcar, como ya temía, me ha sobrepasado; y, aunque mi empacho informativo no es tan grave como el de otros, teniendo en cuenta que yo leo blogs por afición y no por trabajo, mi estado de infoxicación empieza a ser preocupante.

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Stop SOPA