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Etiqueta: Internet

La muerte del libro, los derechos de autor, el poder de la información… y otras historias de terror

Aprovechando el poco tiempo libre de que dispongo, he tomado la firme determinación de ponerme al día en mis lecturas “documentaloides”. Y como es normal en mí, en vez de atacar los temas candentes que se discuten en la actualidad (folksonomías, gestión del conocimiento, usabilidad, búsquedas en Internet, Google…), he decidido empezar por el principio, por una obra clásica de la cibercultura: “El futuro del libro: ¿esto matará eso?” (compilado por Geoffrey Nunberg).

La introducción de las nuevas tecnologías en el mundo del libro, como ocurre siempre con todo lo nuevo, ha desatado un sin número de predicciones fatalistas sobre la desaparición de los libros impresos, de las bibliotecas y las librerías tradicionales y, por supuesto, del mundo de la edición tal y como lo conocemos, como vaticinaba McLuhan en su obra “La Galaxia Gutenberg” (otro libro que tengo pendiente). Siguiendo esa corriente fatalista, el subtítulo de la obra compilada por Nunberg utiliza la vieja máxima “esto matará eso”, o dicho de otra forma, “el ordenador matará al libro”. Pero, en contra de lo que pudiera parecer, cuando leemos los diversos ensayos que componen esta obra descubrimos una visión mucho más positiva de la simbiosis que se está produciendo entre las tecnologías y el mundo del libro. Esta incursión tecnológica se presenta como un paso más (al que ya no podemos escapar) en el proceso evolutivo del mundo librario en particular, y de la cultura y la sociedad en general.

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De bits y átomos

Cuando hace relativamente poco tiempo el líder de Jarabe de Palo, Pau Donés, afirmó que el formato MP3 estaba acabando con el CD, es bastante probable que desconociese que se encontraba corroborando las palabras que ya había transmitido Nicholas Negroponte en su libro de 1995 El Mundo Digital. Según su visión de este nuevo mundo, Negroponte aseguraba que para poder comprender las ventajas que nos aportaría el mundo digital debíamos necesariamente desgajar los átomos de los bits. Sin embargo, me temo que Pau Donés no debió de leer el libro, por lo que debe de desconocer qué quería decir Negroponte con esta separación que actualmente se está produciendo, pero es sencillo de explicar, así que me presto a ello.

Tal y como señalaba el autor, hasta este momento la mayoría de la industria de los medios de comunicación y del entretenimiento se basa en la distribución de átomos. Es decir, su modelo de negocio se fundamenta en la distribución y venta de periódicos, revistas, libros o discos compactos que sirven como soporte para la transmisión de información que consiste, al fin y al cabo, en bits. Cuando compramos un CD o un DVD lo que realmente estamos comprando son bits, puesto que la información contenida en este soporte es digital (unos y ceros), mientras que los átomos sólo nos sirven como envoltorio (El plástico del que está compuesto el CD más el papel del cuadernillo). A modo de apostilla, diré que las interpretaciones de qué es lo que realmente se adquiere cuando se acude a una tienda para comprar un CD, son diversas. Sin embargo, se tiende a afirmar que cuando compramos un CD tan sólo adquirimos el derecho de reproducción, por lo que un CD no es algo completamente nuestro aunque hayamos pagado 16 € por él. Obviamente, es éste otro debate por lo que dejaremos de lado pues no es realmente de nuestro interés en este artículo. En cualquier caso, en el nuevo mundo digital hacia el que nos encaminamos, se comercia principalmente con bits, por lo que el soporte como fuente de comercio tiende a desaparecer o pasa a ser residual como sucedió con el vinilo con la aparición del disco compacto.

Pero esta visión en la que tan sólo es importante el contenido, abandonando el continente, todavía no ha sido aceptada como un modelo de negocio viable, por lo que al nuevo entorno digital en general se lo ha considerado más como una amenaza que como una oportunidad. Así, y desde un primer momento, las discográficas han tratado de atajar las distintas herramientas que los internautas han creado para la difusión de bits entre pares o Peer to Peer (P2P) utilizando Internet como canal. Estos softwares se han convertido en una de las herramientas fundamentales de la Red y son las que poseen una mayor aceptaciónentre los internautas, sin embargo su tecnología es problemática desde la visión de los derechos de autor puesto que tiende a no respetarlos.

Es bien conocido que la primera herramienta que se creó P2P que cosechó cierto éxito fue Napster que permitía en intercambio de ficheros musicales digitales por la Red de una forma gratuita. La persecución judicial de la compañía y su cierre no significó el fin del uso de este tipo de herramientas, sino que más bien alentó el desarrollo y mejora de otras nuevas. Es significativo que previamente al cierre de Napster por las distintas demandas judiciales, los responsables de esta red P2P comenzaron a filtrar los ficheros MP3 que se intercambiaban en sus servidores y que poseían copyright, esto tan sólo provocó un trasvase de usuarios hacia otras herramientas como Audiogalaxy que utilizaban una misma filosofía. Esto venía a demostrar que el uso de las redes P2P se había establecido en la Red y los internautas no deseaban dejar de utilizar herramientas que les permitiesen descargar música de la Red de una forma muy cómoda aunque bordeando la legalidad.

Actualmente hay diversas plataformas de intercambio de bits P2P por lo que la estrategia de las compañías discográficas se centra actualmente en amedentrar a los usuarios de los distintos softwares mediante distintas denuncias. Por supuesto que esta persecución ha dado resultados un tanto dantescos como la denuncia a una persona fallecida que jamás había poseído un ordenador, o distintas denuncias a menores que descargaban la música de la Red.

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El «masterplan» de Google Inc. /2

2001 – 2002, sobreviviendo a la burbuja tecnológica

El 11-S, los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono de Washington, marcaron el fin de la debacle de la nueva economía, de lo que se denominó como la Burbuja Tecnológica,que aún colearía hasta finales 2003. Debemos detenernos aquí para señalar que dentro de la burbuja tecnológica podemos hallar dos vertientes significativas: La primera de ellas afecta en la medida en que las empresas tradicionales querían entrar en el Mercado de las Nuevas Tecnologías, o nuevo mercado, invirtiendo grandes cantidades financieras para ello y, en la segunda, en las nuevas empresas que crecían al calor de su página web sin poseer mucho más.

A lo largo del año 2001 se comprobó que el modelo se estaba agotando rápidamente convertido más bien en una estafa hacia los imprecavidos inversores que hasta ese momento acudían con dinero fresco y en cantidad a cualquier OPV (Oferta pública de venta) de los valores tecnológicos que se venían sucediendo desde 1999. Sin embargo, los propios fundadores de las páginas web no tardaban en exceso en vender todas sus participaciones conscientes de que más valía pájaro en mano que ciento uno volando.

El paradigma que se manejaba durante el cambio de siglo sostenía que ser rentable no era fundamental para un sitio web. El fundador de Reel.com reflejó perfectamente esta nueva filosofía empresarial diciendo:

– ¿Ganacias? ¿Me estás tomando el pelo?, nuestro sitio maneja el modelo de Amazon.com.

Claro que la compañía Reel.com no tuvo empaques en dilapidar más de 90 millones de dólares en tres años. Como se demostró, las empresas tecnológicas que se movían en el ciber-espacio no podían escapara de las reglas económicas y empresariales que se marcaban en el mundo tangible y real.

A diferencia de muchas tecnológicas, Google, durante agosto de 2001 ya publica resultados positivos. Que los más importantes buscadores hasta el momento como Yahoo! comenzasen a utilizar el motor de búsqueda de Google, mostraba que el modelo de negocio que buscaba Google se fundamentaba más en la viabilidad de su negocio que en la especulación de futuros irrealizables. Por otro lado, otros, como Lycos, trataban de aumentar sus ingresos cobrando por la adición de las URLs (Universal Resource Locator) de las empresas, e incluso de los internatuas, en los buscadores que poseían. Esto tuvo un efecto letal tanto en la calidad como en la exhaustividad y riqueza en las bases de datos de sus buscadores. Lo que se trató de obtener fue la relativa importancia e impacto de un buscador en Internet para obtener rendimientos económicos. Al contrario que muchas, Google mantenía la actualización de sus motores de una forma gratuita mientras arañaba cuota de mercado al resto.

La expansión de Google no sólo se vio reflejada en las búsquedas que recibía, sino que además comenzó a adquirir otros servicios como DejaNews. Esta empresa almacenaba más de 700 millones de mensajes intercambiados en la red UseNet (red de newsgroups o grupos de discusión) desde 1981. Desde esta red es posible bucear en los desarrollos tecnológicos y científicos de los últimos 20 años. Google adquiría la historia de Internet y se hacía lentamente historia.

En julio de 2002 se publica un estudio que afirma que los internautas no sobrepasan las primeras dos páginas de resultados que les ofrecen los buscadores. El estudio de iProspect fomenta que los buscadores busquen nuevas vías de financiación ofertando a las empresas el aparecer en las primeras páginas de resultados adquiriendo palabras clave. Sin embargo, esto puede convertirse en un arma de doble filo puesto que los usuarios buscan la relevancia de sus consultas sobre todo lo demás, pudiendo cambiar de buscador tratando de obtener los mejores resultados posibles.

Google es consciente de ello y extrae de las consultas los llamados «enlaces patrocinados» dejando bien claro quién paga más por aparecer en la primera página de resultados y más alto, y qué páginas se ajustan mejor a la consulta que ha realizado el internauta.

Un comentario

El «Masterplan» de Google Inc./1

Google cumplió la semana pasada 6 años. Desde luego que no han sido años fáciles teniendo presente los grandes competidores que el sector tecnológico tiene, algunos controlan el 90% de los ordenadores del planeta, como Microsoft. Pero, a pesar de todo, Google parece dispuesto en convertirse en un estandarte de la Red, la parte de la Red que evita caer en lo obvio, pero que persigue unos objetivos muy concretos.

¿Por qué el éxito de Google? ¿Cómo es posible que la sencillez y la rapidez hayan sobrevivido a sesudos modelos de negocio que se han mostrado inviables en Internet? ¿Cómo han sobrevivido Larry Page y Sergei Brin a la crisis de las puntocom? ¿Qué podemos aprender de ellos?

Estos gurús de la tecnología tienen 30 años cada uno y, en realidad, no han inventado una nueva filosofía, aunque haya gente que lo crea así. La tesis universitaria que alumbró a Google, no surge de la nada ni desde el punto de vista tecnológico, ni desde el punto filosófico. En realidad, Page y Brin son los continuadores de una filosofía que había surgido a principios de los años 90 con la difusión de Internet y que se había desarrollado hasta la fiebre de las puntocom a partir del año 1998. La historia de Google puede enseñar mucho tanto a los nuevos tecnócratas como a los nuevos empresarios tecnológicos. Pero para ello debemos tener presente el momento en que Google nace.

1998 – 2000

Los buscadores Terra, Yahoo, Lycos, Altavista… todos se lanzan a una carrera desenfrenada ofrecer contenidos y servicios. Los buscadores tradicionales descuidan su principal modelo de negocio, las búsquedas en Internet, se reconvierten en portales destinando sus fondos a nuevos servicios. En todos ellos, podremos encontrar correo electrónico gratuito, noticias de actualidad, comunidades de internautas… la sotisficación de cada uno de ellos aumenta exponencialmente desde 1997, las fusiones y las adquisiciones también se encuentran al orden del día.

Los inversores que alimentan a cada uno de los sitios web pronto creen hallarse en una nueva carrera del Oeste, las páginas web son las carretas, los nichos de mercado son las tierras a conseguir. El que primero llegue tendrá una gran parte de la cuota de mercado en un futuro. La recientemente bautizada Sociedad de la Información parece una fuente inagotable de recursos monetarios, habrán millones de clientes en un mercado global, los más intrépidos y los más avezados serán, decían, los millonarios del futuro.

Los gurús de esta nueva generación tecnológica tienen entre 24 y 25 años. Han crecido entre ordenadores y conocen el medio sobre el que se desenvuelven. Ellos son los encargados de desarrollar un nuevo modelo de negocio sobre la palabra mágina «Internet». Los empresarios tradicionales, los que poseen los recursos monetarios a gastar, comienzan a inquietarse. Todo el mundo habla de Internet, la palabra mágica del siglo XXI, todo el mundo debe de estar en Internet, aquel que no se posicione en Internet desaparecerá, aquel que no controle Internet será un dinosaurio… La solución es gastar sin mirar la cuenta de resultados de los sitios web, sin tener en cuenta los estudios de mercados, sin analizar la tecnología de la que dispondrá la página teniendo presente a los usuarios.

Ellos invirtieron en proyectos sin estudiar detenidamente la viabilidad, otros gastaron a expuertas en un desenfreno económico. En aquel momento, parecía como si los ciclos económicos del capitalismo hubiesen desaparecido bajo la tecnología. Las teoría keynesianas no tenían sentido con un nuevo instrumento como la red de redes. Los sitios web parecían seguir a pies juntillas el dicho latino CITIUS, ALTIUS, FORTIUS; crecían en complejidad y en diseño, mientras que se trataban de desarrollar nuevas teorías para poder orden en tal caos de páginas que pecaban de innovación. El ejemplo más importante lo constituye Boo.com, una tienda virtual de ropa tan avanzada tecnológicamente que se convertía en frustración hacia los internautas que la visitaban, puesto que las conexiones de éstos no permitían una descarga razonablemente rápida de los contenidos de la web.

Las nuevas disciplinas sobre la usabilidad y la arquitectura de la información ponían en veda la imaginación de los diseñadores gráficos y trataban de ajustar sus derroches creativos a las necesidades de una Red que crecía exponencialmente cada día.

Frente a todo ello, un nuevo buscador surgió rompiendo con la complejidad creciente de los buscadores, convirtiéndose en portales de una forma acelerada. Google aparecía entonces casi como aparece hoy, fondo blanco con un cuadro de búsqueda y dos botones: «Google Search» y «I’m feeling lucky «. Nada de texto ni de imágenes, lo sencillo es bello. Esto es un buscador serio.

El desarrollo e implantación de Google en Internet se hace de una forma acelerada. Yahoo! Uno de los buscadores más utilizados por los norteamericanos, el primer directorio y la página más importante basada en la recopilación de recursos de Internet comienza a utilizar Google como buscador, posteriormente, muchos sitios web y buscadores implementarán al motor de búsqueda de Google como su buscador.

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