El Documentalista Enredado

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© Steve McCurry

© Steve McCurry

La joven afgana de ojos verdes (Afghan Girl) es una de las imágenes icónicas del siglo XX. Puede que el lector recuerde la publicación en la que apareció publicada por primera vez (National Geographic), aunque es posible que le cueste un poco más identificar a su fotógrafo (Steve McCurry), aunque pertenezca a la prestigiosa agencia Magnum Photos.

El fotógrafo americano comenzó su carrera durante la guerra de Afganistán en la que estuvo involucrada la Unión Soviética (1979-1989), incluso atravesó la frontera con los carretes cosidos y escondidos en sus ropas, aunque no se le conoce por su trabajo fotoperiodístico, sino por su carácter fotodocumental y por ser un maestro de la fotografía en color. Una carrera impecable que se ha visto empañada recientemente por un escándalo por el uso excesivo del Photoshop y por la evidente preparación de sus escenas, un articulista del New York Times las definió como demasiado perfectas, y que ha arrastrado en sus recientes entrevistas en los medios españoles (El Español o El Mundo) durante la presentación del libro Sobre la lectura.

Un libro que tal como ha señalado el propio autor es un homenaje a André Kertész, uno de los maestros clásicos de la fotografía, que ya publicó un libro de temática similar en 1971 con el título “El íntimo placer de leer ”. La confección de este libro, según admite McCurry, se ha visto facilitado enormemente a su sistema de clasificación y organización de su archivo fotográfico “un sistema de clasificación riguroso, con todas las fotos escaneadas y etiquetadas con palabras clave ” que abarca unos 40 años. Sobre la lectura reúne 62 fotografías de distintas personas absortas en la lectura de un periódico, libro o revista a lo largo de treinta países. Según su autor, este libro es una mirada poética a esta actividad común que todos compartimos, la lectura; una mirada lírica a gente que disfruta de la lectura en el mundo.

Modos de leer en el Metro

Una de las cosas que más echo de menos desde que dejé la vida como estudiante son los viajes en Metro. No porque me haya convertido en uno de esos personajes que usan el coche para ir a la farmacia de la esquina, sino porque mis trayectos ahora son demasiado cortos, de escasas estaciones. Fue Daniel Pennac el que definió al Metro parisino la mayor biblioteca ambulante del mundo y aunque el de Valencia no se le acerca, esta ciudad, como otras, sufren también la transformación de los hábitos de lectura de sus viajeros.

Si os fijáis un poco, aún es posible ver a personas que forran sus libros con papeles de periódicos para que no sepamos cuál es el objeto de su lectura, otros que retuercen las tapas de los libros convirtiendo al libro en una simple cuartilla y otros que lucen orgullosos los tejuelos de las bibliotecas de donde tomaron prestados sus ejemplares. Yo ya dejé de leer, me he apartado de esos hábitos, algo que lamento porque, junto a verse deslizarse el paisaje mientras escuchaba música, era una de las formas que más me gustaba a la hora de perder el tiempo al mismo tiempo que viajaba. Realmente, no tengo forma de saber cuando volveré a ser uno de ellos. A la vez que tampoco sé cómo leeré, ni bajo qué soporte.

Hace unas semanas, me percaté que en un radio de cinco metros tres lectores se aprestaban a sus lecturas de formas muy distintas pero muy evidentes. Por un lado, el lector tradicional que tenía recostada su cabeza en una de las barras agarraderas de las que siempre echamos mano aquellos que no tenemos la fortuna de viajar sentados. Lo cierto es que parecía que su libro fuese bastante plúmbeo por la posición de su lectura, aunque hay lectores para todos los gustos. Por otro, el lector apresurado que utilizando su móvil deslizaba el texto, muy intrigado y con la cara cercana al terminal, incitándome a tratar de dilucidar si se trataba de SMS o de un texto muchísimo más largo. Mientras que un poco más allá, se encontraba el lector avanzado, que orgulloso mostraba su eBook, no era un Kindle, no; sin el menor reparo apoyando sus codos sobre los muslos.

Fue fascinante, tres lectores, tres modos de leer tan distintos en el reducido espacio de un vagón. Para aquellos que no nos dimos cuenta antes, los tiempos ya han cambiado.

Lecturas compartidas con Fantin-Latour

Al empezar este año 2009 me propuse combinar dos de mis aficiones favoritas, la lectura y el arte, y compartirlo con vosotros en este blog.

Como la mayoría de los propósitos de Año Nuevo, éste no corrió mejor suerte, y tan solo las lectoras de Hopper visitaron vuestras pantallas con sus figuras reposadas, concentradas en la lectura, leyendo en espacios públicos pero al mismo tiempo aisladas por una soledad palpable y, a pesar de ello, impactantes y vivas en cuanto a su color y textura.

En esta ocasión retrocedemos un siglo y nos vamos a la Francia del XIX, para visitar los salones de las clases acomodadas tal como nos los muestra el pintor francés Fantin-Latour.

Henri Fantin-Latour (Grenoble, 14 de enero de 1836 – Buré, 25 de agosto de 1904) vivió en la Francia de los pintores impresionistas pero, aunque fue amigo de alguno de ellos, se mantuvo al margen de esta corriente pictórica. En cambio, se vio influenciado por los simbolistas -relacionándose con los poetas Verlaine y Rimbaud, a los que retrató con otros artistas de su época en “Un rincón de mesa” (1872)-, y siguió a lo largo de toda su vida esta corriente de inspiración imaginaria. Pero paralelamente, fue un pintor realista e intimista como puede verse en sus exquisitos bodegones -con los que alcanzó un gran éxito comercial-, así como en los retratos que hizo a familiares y amigos íntimos, o por encargo.

Uno de sus temas más característicos en el retrato es el de las figuras femeninas que leen y escuchan la lectura. En estos cuadros de Fantin-Latour descubrimos a jóvenes ociosas que seguramente, sin más ocupación que la de lograr una buena boda, pasan su tiempo pintando, bordando y leyendo.

Al contrario que Hopper, aquí la lectura se desarrolla en la privacidad y la intimidad del hogar, frente a la lectura en lugares públicos; deja de ser una acción solitaria y se comparte lo leído, una mujer lee mientras la otra pinta, borda o simplemente escucha; y sus trajes sobrios las arropan, llamando nuestra atención sobre sus rostros iluminados y los libros que sostienen entre sus manos, despertando nuestro interés sobre las lecturas que comparten.

Es muy probable que a muchos se les haya pasado por alto la estupenda exposición que el Museo Thyssen-Bornemisza está realizando hasta el próximo 10 de enero sobre este poco conocido pintor francés del XIX. Por ello, no puedo dejar de recomendaros esta amplia muestra, con más de setenta pinturas que recogen la variedad de su temática: sus trabajos como copista de obras clásicas del Louvre, sus alegorías musicales y poéticas de corriente simbolista, sus bodegones de flores y frutas que muestran su evolución como pintor, sus autorretratos, sus retratos y, sobre todo, las seis piezas que dedica a esa pasión que muchos de nosotros compartimos, la lectura.

Las dos hermanas o Las bordadoras (1859)

Las dos hermanas o Las bordadoras (1859)

Allí donde los lectores estén

No estoy muy seguro, no sé exactamente qué pensarán los diseñadores gráficos o, yendo un poco más allá, los tipógrafos de la cantidad de dispositivos que utilizaremos en un futuro próximo para la lectura. Estos profesionales llevan tantos años devanándose los sesos para intentar que disfrutemos de una experiencia placentera durante el acto de leer, eligiendo tipografías, fotografías y diseñando apoyos en periódicos y revistas, y no nos engañemos en esto hay más ciencia de lo que podríamos considerar en un principio, que es posible que se sientan frustrados cuando contemplen los productos textuales o incluso gráficos tienen que encararse con pantallas de 2’5 pulgadas.

Pero, aparentemente, de momento, habrá que encogerse de hombros a la vez que aseveramos “es lo que hay”. La separación del contenido de un sitio web frente al contenido que pudiese llegar a albergar ya comenzó a producirse con la aparición de las hojas de estilo (CSS) o de una manera decisiva con la sindicación de los contenidos (RSS). La sindicación redujo el trabajo que debía realizar un usuario en la consulta a webs para mantenerse actualizado, delegando esa visita a un programa o una plataforma web. Las páginas web  que disponen de esta opción separan el contenido de la presentación, sirviendo pequeñas pastillas de información o el contenido completo, viniendo a demostrar que otra manera de consultar las fuentes de información en Internet era posible sin tener que necesariamente acudir a los marcadores del navegador cada dos por tres. La maquetación, el diseño, la arquitectura de la información de una web quedaban relegadas inmediatamente a un segundo plano, confiando en que los lectores dejarían comentarios dentro de ella y que alguien acabase buscando cualquier cosa en Google y aterrizando en alguna de nuestras páginas. En este caso, la imagen, la intencionalidad de los colores se sacrificaban completamente, mientras los administradores de las webs se adaptaban a una innovación en el consumo de la información. La pregunta que nos debe asaltar es qué puede llegar a suceder cuando el cambio en el consumo se produzca de forma masiva a través de la llegada de nuevos aparatos con los que se accede a esa misma información.

Estos cambios ya se han venido produciendo paulatinamente. Los blogs fueron de primeros en adaptarse rápidamente al cambio de hábito en el acceso a la web, siendo decisiva en el mercado de masas la llegada del iPhone y la obligatoriedad de contratar una tarifa de datos que hiciese posible el consumo de la web a través de aparatos móviles. Las bitácoras más importantes y de mayor tráfico se prepararon para adaptar de nuevo sus textos a las nuevas necesidades de los usuarios, involucionado de hecho las formas de visualizar la información a dispositivos con pantalla pequeña. Se trata de ediciones preparadas para la mínima expresión gráfica, con tipografías básicas o sin definición ninguna esperando que el dispositivo dispusiese de la fuente instalada. Es decir, toda la planificación y control sobre el consumo de esa información caía inmediatamente relegada sobre la necesidad de que el mensaje llegase a su destinatario.

Lo importante ya no pasa por cómo se maqueta la información, cómo se presenta, sino lo importante es que pueda llegar a ser leída. Ya no importa tanto si la consulta se recibe a través de un ordenador, de un teléfono móvil o un e-book (Kindle ofrece que podamos añadir fuentes RSS), lo importante es prepararse para que la información sea accesible, allí donde los lectores estén en el momento que la necesiten, adaptándola en su presentación al dispositivo desde el cual se consulta.

El próximo 9 de marzo a las 19h estáis invitados a participar en la mesa redonda Libros y lectores 2.0 que se celebrará en la Fnac de Valencia en el marco de la presentación del libro publicado por Javier Celaya La empresa en la Web 2.0. Dentro de la mesa, se debatirán aspectos sobre el impacto de las nuevas tecnologías en el mundo del libro, su futuro (el impreso y el digital), los nuevos hábitos de lectura en pantallas, la transformación de las bibliotecas dentro del marco de la Web 2.0, el papel de las nuevas tecnologías en el fomento de la lectura, etc.

Los componentes de la mesa serán:

  • Javier Celaya, socio fundador de Dosdoce.com, que actuará como moderador de la mesa.
  • Jorge Serrano-Cobos, especialista en diseño de sistemas de información, usabilidad y accesibilidad y socio de Masmedios.com.
  • Javier Leiva, Profesor de Información y Documentación en la Universidad de Vic y socio fundador de Catorze.
  • Marcos Ros-Martín, coautor de este blog.

También podéis ampliar información en Facebook y apuntaros.

Las lectoras de Edward Hopper

Hace unos días, Marcos recordaba una de nuestras aficiones favoritas y que, lamentablemente, estabamos descuidando: mostrar como el mundo de los libros, las bibliotecas y los bibliotecarios quedaba reflejado en el cine. Otro tanto hemos hecho en ocasiones en la literatura o en el comic, principalmente en la sección bibliohumor, y más de una vez nos hemos planteado ver también cómo se refleja nuestro mundo bibliófilo en el arte.

Como cada nuevo año, todos empezamos con buenos y nuevos propósitos que raramente llevamos a buen puerto; pero quizá, mostrar como la lectura y los libros han inspirado a grandes pintores, no sea una meta tan inalcanzable. Y para empezar con buen pie, he escogido a uno de mis pintores favoritos del pasado siglo, Edward Hopper.

Cuando Edward Hopper (Nyack, 22 de julio de 1882 – Nueva York, 15 de mayo de 1967) pinta en sus cuadros la América que conoció: las grandes ciudades, las pequeñas ciudades provincianas, los campos cortados por postes de telégrafos y vías de tren, los faros frente a mares que no podemos vislumbrar; éstos reflejan una soledad que golpea con su crudeza la mirada del espectador.

Los escasos personajes que aparecen en sus cuadros habitan en su propio mundo solitario, mudos, aislados, sin comunicarse entre ellos; pero las múltiples lectoras que pueblan sus cuadros no me dan la sensacion de que su soledad sea tan terrible, ya que su mundo interior se expande con la lectura de un libro en la privacidad de su habitación, una revista en un largo viaje, un periódico mientras descansan en su lugar de trabajo o, incluso, un folleto publicitario o el programa de una obra de teatro mientras espera que comience la representación.

A pesar de la impersonalidad de una habitación de hotel, de rodearse de extraños en su vestíbulo, o de lo efímero de un viaje en tren, sus lecturas las acompañan y las enriquecen ampliando su horizonte.

Chair Car (1965)

Chair Car (1965)

Como todo nuevo año, nuestras mejores intenciones: Leer

Como viene siendo ya tradición en este pequeño blog, deseamos nuestros mejores deseos para nuestros lectores en este nuevo año con una tira cómica. Y como el año pasado, saludamos a este 2009 con uno de nuestros humoristas gráficos preferidos, Forges.

Mucha suerte y mucha felicidad para los próximos 365 días que nos vienen.

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