El Documentalista Enredado

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Trazando el mapa de los libros prohibidos en EEUU

Los libros como elemento transmisor del conocimiento y de ideas han sido perseguidos desde sus inicios. Cabe recordar aquí el infame Index Librorum Prohibitorum Et Expurgatorum compendio de libros reunidos laboriosamente por la Iglesia Católica desde el que se prohibía leer ciertos textos de una forma implícita a sus fieles. Desgraciadamente, y aunque consideremos que la existencia de estos catálogos de libros como algo anacrónico o irreal en las sociedades avanzadas occidentales, la ALA (American Library Association) nos recuerda todos los años a través de la semana de los libros prohibidos que hay ciertos autores, escritos, ideas en definitiva; que son perseguidos desde distintos sectores de la sociedad americana.

En un intento de profundizar las razones y detectar los patrones mediante los cuales se establece que un libro debe ser prohibido, desde el MIT Media Lab se ha tratado de establecer un mapa que muestre las zonas de EEUU donde los libros son perseguidos y poder así poder llegar a algunas conclusiones para profundizar en el estudio de las razones últimas de porqué un libro es considerado peligroso por ciertos sectores de la sociedad moderna actual.

Mapping banned books es un proyecto desarrollado por Chris Peterson utilizando los datos del proyecto Kid’s Right to Read. Sin embargo, una vez trazado el mapa los resultados son para el investigador inconcluyentes y un poco frustrantes. Según su razonamiento, cabe destacar, en primer lugar, que en Estados Unidos existen libros prohibidos en todos los estados; por lo que necesariamente se deben descartar las tendencias políticas o culturales predominantes de cada uno de ellos como un factor determinante. En segundo lugar, existen libros que se encuentran prohibidos pero los datos correspondientes a las razones últimas son desconocidos o no se han detallado convenientemente. Por lo tanto, nos encontramos ante una zona gris que impide poder seguir avanzando en el estudio de porqué un libro es tachado de inmoral o incorrecto.

El fin del libro como objeto físico, reconocible y universal parece acelerarse. Añadiendo a la crisis profunda del modelo de negocio de la Prensa, las enciclopedias, banderas de la Ilustración, desaparecen de las imprentas, mientras que el libro electrónico va apartando lentamente al libro tradicional de las grandes centros de lectura universales como son los vagones de metro. La Enciclopaedia Britannica sobrevivió al envite de la Enciclopedia Encarta con la llegada del CD-Rom y el DVD, pero poco a tenido que hacer con el gran depósito del conocimiento que es Internet en su globalidad y la Wikipedia en particular.

Sin embargo, la Britannica, de la que se cuenta que Jorge Luis Borges fue capaz de leerla de la A a la Z y aquellos que trataron de emularlo se quedaron a medias, ha sido capaz de adaptarse a los usos del hipertexto, reconvertirse y, aunque sus grandes libros quedarán como otrora dinosaurios del mundo analógico cogiendo polvo en los anaqueles de las más variadas bibliotecas, sobrevivirá convencida de que su valor añadido no podrá ser nunca superado. Veremos.

Mientras tanto el terremoto que ha supuesto el desembarco de Amazon en el comercio electrónico en España, provoca que el sector editorial deba desperezarse asustado porque el queso se lo lleve el gigante norteamericano. Su política de convertir la adquisición de un libro electrónico en una tortura, fracasa cuando el Kindle parece funcionar bien en España. Además, el hecho que el precio del libro en este país casi se encuentre casi congelado (No se puede ofrecer un descuento mayor del 5%), no supone mayor barrera para la superación en el mercado de un producto que comienza a languidecer. El papel, ese producto que ha servido para transmitir la información durante tantos años, dispone de duros competidores transformados en tabletas, móviles y ebooks.

No me sorprendería que dentro de unos años aquellos jóvenes que se acerquen a “Farhenheit 451” , uno de mis libros distópicos favoritos, no alcancen a entender el simbolismo del libro como objeto transmisor del conocimiento. El sacrilegio que actualmente supone su quema y su desprecio. Sin embargo, no deberíamos sorprendernos de ello. Hoy en día, no es difícil encontrarnos con muy jóvenes que no entienden porqué el icono “Guardar” se representa por un Diskette (o Floppy Disk), objeto que no conocen; así como algunos se sorprendan de que sus padres lean ese objeto llamado “periódico”. Ray Bradbury no pudo imaginar un mundo sin libros físicos, es bastante probable que las futuras generaciones se sorprendan de que alguien se alarme de la quema de un objeto tan limitado y desconectado.

La madurez del Anuario ThinkEpi

Anuario Thinkepi 2010El equipo editorial nos hace llegar el Anuario ThinkEpi 2010 (Análisis de tendencias en información y documentación) que se presentará en Madrid el próximo mes de octubre (Ver pié de página) y que se consolida año tras año, dejando a un lado sus titubeantes inicios allá por 2007. Tanto es así que nos hallamos frente un producto más pulido que sus antecesores y que dispone de un mayor valor añadido. De hecho, este año nos llevamos una agradable sorpresa al comprobar cómo cada grupo temático de los debates que se han ido lanzando a Iwetel se encuentra coronado por un análisis, un resumen de aquello que ha dado y puede llegar a dar de sí cada uno de ellos.

Así, por ejemplo, Dídac Margaix da buena cuenta al tema Web 2.0 y redes sociales, pero obviamente no sólo en estos campos la profesión se encuentra innovando y evolucionando, ya que podemos encontrarnos muchos más y que siempre han sido de la consideración de los bibliotecarios y de los documentalistas como son su propia profesión, la formación, el mercado y los recursos de información; la preservación digital o la comunicación científica y métrica de la información (Este último muy emergente gracias a los dos muy potentes grupos de investigación surgidos en nuestro país)

En cualquier caso, la publicación sale reforzada justo cuando los temas lanzados a debatir no consiguen arrancar las contestaciones que antaño producían tal y como se apuntaba en el blog del SEDIC. Puede que se deba a varios factores como una mayor especialización de los temas tratados, el posible cansancio de las personas que se encuentran dadas de alta dentro de la lista de distribución o puede que se trate del formato de publicación de las notas y por lo tanto de los propios debates, al otorgarles un aspecto mucho más formal, acercándose al artículo de revisión y que puede coartar a aquellos que se apresten al debate.

Sin embargo, esto no desmerece la calidad de las notas publicadas dentro de la lista de distribución que encuentran su acomodo en este Anuario que año tras año se convierte en un referente para todos los profesionales de la información que desean permanecer actualizados sobre aquellos temas emergentes dentro de ella. Cada año, una obligada lectura.

Nota:

Presentación Anuario (21/10/2010 a las 11h)
Ministerio de Cultura
Plaza del Rey, 1
Madrid

Modos de leer en el Metro

Una de las cosas que más echo de menos desde que dejé la vida como estudiante son los viajes en Metro. No porque me haya convertido en uno de esos personajes que usan el coche para ir a la farmacia de la esquina, sino porque mis trayectos ahora son demasiado cortos, de escasas estaciones. Fue Daniel Pennac el que definió al Metro parisino la mayor biblioteca ambulante del mundo y aunque el de Valencia no se le acerca, esta ciudad, como otras, sufren también la transformación de los hábitos de lectura de sus viajeros.

Si os fijáis un poco, aún es posible ver a personas que forran sus libros con papeles de periódicos para que no sepamos cuál es el objeto de su lectura, otros que retuercen las tapas de los libros convirtiendo al libro en una simple cuartilla y otros que lucen orgullosos los tejuelos de las bibliotecas de donde tomaron prestados sus ejemplares. Yo ya dejé de leer, me he apartado de esos hábitos, algo que lamento porque, junto a verse deslizarse el paisaje mientras escuchaba música, era una de las formas que más me gustaba a la hora de perder el tiempo al mismo tiempo que viajaba. Realmente, no tengo forma de saber cuando volveré a ser uno de ellos. A la vez que tampoco sé cómo leeré, ni bajo qué soporte.

Hace unas semanas, me percaté que en un radio de cinco metros tres lectores se aprestaban a sus lecturas de formas muy distintas pero muy evidentes. Por un lado, el lector tradicional que tenía recostada su cabeza en una de las barras agarraderas de las que siempre echamos mano aquellos que no tenemos la fortuna de viajar sentados. Lo cierto es que parecía que su libro fuese bastante plúmbeo por la posición de su lectura, aunque hay lectores para todos los gustos. Por otro, el lector apresurado que utilizando su móvil deslizaba el texto, muy intrigado y con la cara cercana al terminal, incitándome a tratar de dilucidar si se trataba de SMS o de un texto muchísimo más largo. Mientras que un poco más allá, se encontraba el lector avanzado, que orgulloso mostraba su eBook, no era un Kindle, no; sin el menor reparo apoyando sus codos sobre los muslos.

Fue fascinante, tres lectores, tres modos de leer tan distintos en el reducido espacio de un vagón. Para aquellos que no nos dimos cuenta antes, los tiempos ya han cambiado.

Lecturas compartidas con Fantin-Latour

Al empezar este año 2009 me propuse combinar dos de mis aficiones favoritas, la lectura y el arte, y compartirlo con vosotros en este blog.

Como la mayoría de los propósitos de Año Nuevo, éste no corrió mejor suerte, y tan solo las lectoras de Hopper visitaron vuestras pantallas con sus figuras reposadas, concentradas en la lectura, leyendo en espacios públicos pero al mismo tiempo aisladas por una soledad palpable y, a pesar de ello, impactantes y vivas en cuanto a su color y textura.

En esta ocasión retrocedemos un siglo y nos vamos a la Francia del XIX, para visitar los salones de las clases acomodadas tal como nos los muestra el pintor francés Fantin-Latour.

Henri Fantin-Latour (Grenoble, 14 de enero de 1836 – Buré, 25 de agosto de 1904) vivió en la Francia de los pintores impresionistas pero, aunque fue amigo de alguno de ellos, se mantuvo al margen de esta corriente pictórica. En cambio, se vio influenciado por los simbolistas -relacionándose con los poetas Verlaine y Rimbaud, a los que retrató con otros artistas de su época en “Un rincón de mesa” (1872)-, y siguió a lo largo de toda su vida esta corriente de inspiración imaginaria. Pero paralelamente, fue un pintor realista e intimista como puede verse en sus exquisitos bodegones -con los que alcanzó un gran éxito comercial-, así como en los retratos que hizo a familiares y amigos íntimos, o por encargo.

Uno de sus temas más característicos en el retrato es el de las figuras femeninas que leen y escuchan la lectura. En estos cuadros de Fantin-Latour descubrimos a jóvenes ociosas que seguramente, sin más ocupación que la de lograr una buena boda, pasan su tiempo pintando, bordando y leyendo.

Al contrario que Hopper, aquí la lectura se desarrolla en la privacidad y la intimidad del hogar, frente a la lectura en lugares públicos; deja de ser una acción solitaria y se comparte lo leído, una mujer lee mientras la otra pinta, borda o simplemente escucha; y sus trajes sobrios las arropan, llamando nuestra atención sobre sus rostros iluminados y los libros que sostienen entre sus manos, despertando nuestro interés sobre las lecturas que comparten.

Es muy probable que a muchos se les haya pasado por alto la estupenda exposición que el Museo Thyssen-Bornemisza está realizando hasta el próximo 10 de enero sobre este poco conocido pintor francés del XIX. Por ello, no puedo dejar de recomendaros esta amplia muestra, con más de setenta pinturas que recogen la variedad de su temática: sus trabajos como copista de obras clásicas del Louvre, sus alegorías musicales y poéticas de corriente simbolista, sus bodegones de flores y frutas que muestran su evolución como pintor, sus autorretratos, sus retratos y, sobre todo, las seis piezas que dedica a esa pasión que muchos de nosotros compartimos, la lectura.

Las dos hermanas o Las bordadoras (1859)

Las dos hermanas o Las bordadoras (1859)

Forges, libros y tecnología

Poco a poco, hemos ido relajando las buenas costumbres como nuestra tira mensual de Bibliohumor. En esta ocasión, cuando se espera que uno de los regalos estrella estas Navidades sean los libros electrónicos (y los debates sobre la conveniencia de estos aparatos y sus formatos se prolonguen), os dejamos una tira publicada por Forges en abril de 2006, esperando que sea de vuestro agrado.

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