“Libros” de Mario Benedetti
Cuando transitamos
por las páginas de un libro
pocas veces salimos ilesos
siempre hay un personaje
que nos pisa la libertad
o estampa de mujer
que nos prohíbe enamorarnos
es claro que fabricamos pausas
para defendernos de tanta hoguera
pero de todos modos
casi siempre nos queda
un fantasma de papel
en la cárcel del libro
esperamos el merecido indulto
pero el personaje que era juez
se fue de vacaciones
BENEDETTI, Mario. Canciones del que no canta. Madrid: Visor libros, 2007. Pág. 124
¡Qué sano es usted, ni fuma ni lee!

Extraída la anécdota del título de este texto del artículo “Comunicación saludable, silencio tóxico” de Enrique Sueiro, que apenas tiene que ver con lo que se desarrollaría posteriormente, ando preocupado porque si bien es cierto que ni se puede ni merece la pena leer todo, festejar el analfabetismo deliberado con semejante frase venga de quien venga, no admitiría justificación.
Pero, qué voy a decir nuevo que no haya dicho, ya hace dos siglos, Mariano José Larra que no demuestren las estadísticas y que no refrenden nuestras administraciones públicas, medios de comunicación y profesionales del sector que deben echar mano de la psicología inversa para animar a leer. Porque no es, ni será, costumbre de este país el de la lectura, tal y como, desde el humor que nos caracteriza, contemplamos con sorna, aunque también es de justicia, con disgusto.
Pero, ¿qué es leer saludablemente? ¿Hay que leer por leer? ¿Qué se debe leer? ¿Evasión o erudición? Infinitas opciones ante las que se bate tanto el lector ocasional como el profesional, mientras nos conducen ante cierta desazón si la elección no es de nuestra completa satisfacción. Puesto que leer bajo el Sol de agosto agota y nos deja sedientos en búsqueda de otras actividades mucho más diluidas y posiblemente más ligeras como, por ejemplo, encararnos a la vacua televisión estival que no requiere de ningún esfuerzo intelectual salvo el de apretar el botón Cambio de canal con cierta intermitencia.
Pero que no quepa duda que la no-lectura no llega a ser saludable. Ya se trate de un diario, un libro o este mismo panfleto (que no merece vuestro tiempo) no os dejéis captar por la inopia porque esto, que os halléis en ella, es el deseo de muchos para llevaros a su terreno, confundiros con palabras grandilocuentes pero vacías en contenido. No os consideréis sabios por lecturas añejas y conocimientos adquiridos hace tanto, puesto que la vanidad os hará caer en vuestro propio desconocimiento y, atrapados en él, os abandonaréis en la dulce pendiente de la espiral que finalmente os arrastrará hasta un pozo del que os costará emerger de nuevo.
Ya lo dijimos antes, pero repetimos: ¡Leed siempre malditos!
Anuario ThinkEPI 2008 – Análisis y tendencias en información y documentación
El sitio web de ThinkEPI, o más bien su Repositorio, el cual ya criticamos hace un tiempo ante el aparente cierre de sus contenidos, funciona como una especie de blog asíncrono, algo que llama poderosamente la atención, puesto que lo hace al contrario que el resto de la Web. Así, cuando el mundo de la blogosfera se muestra como un lugar para la comunicación tremendamente acelerado y con apenas espacio para la cautela y la reflexión, los profesionales de la información proponen una metodología de la comunicación y de la reflexión que va a contrapié del resto de la Red.
El planteamiento a la hora de crear contenidos también es bastante novedoso respecto a lo que se está haciendo en la blogosfera. En vez de crear una comunidad en torno a un blog, aprovechan una ya creada sobre el eje de una lista de distribución por correo electrónico, Iwetel, para la creación y recolección de opinión. De este modo, un grupo de profesionales e investigadores de la Biblioteconomía y Documentación hispana proponen con cierta cadencia una serie de temas a la comunidad para su ponderación y enriquecimiento. Después de cierto tiempo, y cuando el debate ya ha finalizado, las opiniones vertidas que hayan resultado interesantes o de relevancia pasan a formar parte del repositorio tras su estructuración para su mejor comprensión como testigo de esos debates.
La iniciativa, que esperemos que se prolongue en el tiempo, tuvo su primera recopilación el pasado año (2007) en forma de anuario. Lo cierto es que me sorprendió que se reuniesen en forma de libro aquellas aportaciones, sin embargo, me pareció muy atrayente el hecho que los debates digitales acabasen negro sobre blanco más allá de las pantallas. Por supuesto que este año ThinkEPI nos ofrece una segunda tanda de los debates desarrollados durante el año pasado y, visto lo que tenemos en nuestras manos, podemos afirmar que la propuesta ha madurado.
El Anuario es un digno complemento a una de las publicaciones periódicas más importantes de la Biblioteconomía y Documentación española, El Profesional de la Información. La herencia respecto a la revista es completamente perceptible nada más abrir el tomo de 295 páginas, ya que utiliza su mismo diseño gráfico para abordar de forma más amena, directa y menos academicista temáticas que se encuentran en su punto de ebullición en el momento de su propuesta y que no pueden esperar a repasos bibliográficos y revisiones entre pares para su discusión. Por lo tanto, nos encontremos ante textos mucho más ágiles y enriquecedores, puesto que son los propios profesionales los que contestan, corrigen y puntualizan las consideraciones tanto del autor como de otros comentarios realizados a tenor de lo expuesto. Asimismo, los editores han huido de la pesadez de publicar los documentos tal cual se produjeron (A través del correo electrónico apenas se pueden dar apoyos al texto), añadiendo elementos para reforzar la información que se nos provee y facilitando sobremanera la lectura del mismo.
Además, no contentos en encerrarse en su Repositorio, el equipo ThinkEPI hace un esfuerzo para cubrir otros grupos de discusión presentes en Internet. En esta edición, los editores se han centrado en la lista de distribución Iwetel, anteriormente citada, y el servicio de promoción de noticias social DocuMenea. De este modo, se han recogido, en un impulso loable, aquellas noticias y debates que han causado mayor impacto, extractando y resumiendo lo más destacado de cada una de ellas. Sin embargo, debemos señalar que puede que lo más censurable sea el resumen dedicado a DocuMenea por su completa inconsistencia y la falta de enlaces entre temas, a pesar del hecho de que se tenga el afán de agrupar las noticias temáticamente.
En definitiva, este Anuario nos ofrece una pequeña ventana a las investigaciones que se van a realizar en un futuro cercano dentro de nuestro ámbito profesional, de la forma que lo haría la misma blogosfera, y que se recogerán en publicaciones y libros, aunque se hiciera premonitoriamente y como punto de partida dentro de sus mismas páginas.
“Library 2.0 – A guide to participatory library service” de Michael Casey y Laura Savastinuk
“Es pasado el tiempo en que la biblioteca se parecía a un museo, en que el bibliotecario era una suerte de ratón entre húmedos libros y en que los visitantes miraban con ojos curiosos los antiguos tomos y los manuscritos. Es presente el tiempo en que la biblioteca es una escuela, en que el bibliotecario es en el más alto sentido un maestro y en que el visitante tiene la misma relación con los libros que el trabajador manual tiene con sus herramientas.”
Melvil Dewey (1851-1931)
Aunque la teoría dentro de la Biblioteconomía moderna que los usuarios de un centro de información deben ser considerados como clientes y los servicios que una biblioteca debe desarrollar tienen que estar enfocados siempre hacia ellos, además de tener presente sus necesidades, parece que los bibliotecarios han vivido dentro de una especie de burbuja donde se consideraban nada más ni nada menos que intocables donde lo que siempre se ha hecho es lo que funciona y lo nuevo ya se comprobará a lo largo del tiempo si es útil. La innovación y la apertura de las bibliotecas a la sociedad que sirven es algo que ha tardado mucho en calar dentro del colectivo bibliotecario en general y parece que esto no sólo es patrimonio español, sino que en los países anglosajones el cerrajón de las bibliotecas respecto a la sociedad a la que sirven siempre ha sido legendario.
Por ejemplo, en este mismo sitio recogimos la figura de Daniel Boorstin, un escritor que cuando llegó a la dirección de la Biblioteca del Congreso estadounidense decidió abrirla a la sociedad, y de forma paralela contemplamos a la polémica Rosa Regás como nuestra Daniel Boorstin particular, desarrollando iniciativas para acercar la institución que dirigía hacia la sociedad que la sostiene. Sin embargo, los bibliotecarios han descubierto de repente que aquello que consideraron exclusivamente de su competencia, la difusión de la cultura de una forma libre y gratuita, ha encontrado un competidor imbatible que se muestra de una forma completamente ubicua, pero terriblemente barata: Internet.
No vamos a entrar en el debate sobre la calidad de la información que se pueda ofrecer dentro de esta inmensa fuente de información, el hecho es que está presente, se usa de forma sencilla e intuitiva y la sociedad la va a usar cada vez más pese a quien pese. Así que los bibliotecarios, hasta ahora un tanto remolones respecto a la innovación y que se sentían cómodos con los libros de toda la vida, comienzan a descubrir de forma desagradable que la competencia amenaza sus trabajos. De hecho, hay quien ya ha situado la fecha de la defunción de las bibliotecas en la cercana fecha de 2019. Casey y Savastinuk son conscientes de ello y no dudan en abrir su libro describiendo con toda su crudeza lo que actualmente la bibliotecas están sufriendo:
- Estamos perdiendo el interés de los usuarios.
- No estamos ofreciendo los servicios que los usuarios demandan
- Nos resistimos a cambiar los servicios que consideramos tradicionales o fundamentales para un servicio bibliotecario
- Ya no nos encontramos en el primer lugar al cual acuden los usuarios cuando buscan información.
De una forma dura y simple, Casey nos advierte que estamos perdiendo clientes a un ritmo acelerado. Repentinamente, nos hallamos en la tesitura de comenzar a escuchar, a acercarnos a los ordenadores (Algo de lo que algunos bibliotecarios no gustan), a comenzar a descubrir buenas prácticas desarrolladas en otros centros de información, a acercarnos a conceptos como el benchmarking y, de una vez por todas, ser abiertos, hablar y escuchar. Entre nosotros, sí, pero también a establecer puentes comunicativos con los usuarios y tratar de atraer su atención para que se muestren dispuestos a desplazarse hasta una biblioteca y usarla. En el libro, tal y como indicábamos hace unos días, blogs, wikis o sindicación de contenidos son aspectos de la Web que se tratan de forma necesaria, porque es donde los internautas están actualmente trabajando ante las campañas de marketing desplegadas, aunque este aspecto se trata de forma tangencial puesto que la esencia de la Biblioteca 2.0 no es la traslación de servicios desarrollados en Internet bajo el sufijo 2.0 y convertirlos en servicios bibliotecarios, sino el cambio continuo.
Lo que en este libro se nos propone es, primero, convencernos de que la sociedad está cambiando de una forma completamente acelerada y que los profesionales de la información no hemos sido capaces de movernos con ella y, segundo, ante esto nos ofrece una metodología para adentrarnos en el cambio continuo, en la formación continua y en la conversación abierta mediante la implantación de equipos que tratarían de proponer, desarrollar, evaluar y mantener nuevos servicios y nuevos productos dentro de una sociedad cambiante.
Library 2.0 nos ofrece el panorama que hasta ahora no habíamos contemplado, donde súbitamente, los procesos tan cacareados para sobrevivir dentro de la globalización dentro del ámbito empresarial que ser aplicados obligatoriamente dentro de las bilbiotecas. Conceptos que, desde los años 80, se están desarrollando dentro de este marco y que los bibliotecarios deben comenzar a aprehenderlos más que obcecarse en la catalogación o la clasificación. El fin y al cabo es cuestión de simple supervivencia.
Una visión del futuro del libro en el año 2040
Teniendo presente que cada vez se lee menos, que las editoriales publican más títulos, pero con menos ejemplares por libro, Forges contempla el futuro del libro de una forma cruda y sin contemplaciones.
El infierno de los libros
Ya hemos recogido aquí El Cementerio de los Libros, los libros prohibidos en el siglo XX o el Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum, así que en esta ocasión os invitamos a descubrir lo que se considera por los bibliotecarios como el Infierno de los Libros que se encuentra en consonacia con todo lo anterior. Hoy es el día del libro, así que nos unimos a la celebración y os invitamos a descubrir algún libro o hacer descubrir a alguien que apreciamos alguno que tenemos en estima. ¡Leed malditos!
Si J. L. Borges identificaba el Paraíso como una gran biblioteca, el infierno supone para un bibliotecario el lugar donde yacen penitentes aquellas publicaciones a las que el público no debe acceder, las ideas editadas para divulgar pensamientos y posiciones que el orden establecido considera impropias, contrarias o inmorales, es decir censurables o prohibidas, aunque preservadas, rescatadas de los hornos descritos por Ray Bradbury en Fahrenheit 451 y Orwell en 1984 o de las piras callejeras organizadas por la histeria de las hordas nazis otrora y del fanatismo talibán no hace mucho. Que la palabra escrita sea considerada un peligro público y un arma multiplicada en manos del enemigo, lo da cuenta la historia de diversas sociedades en tiempos de crisis y la imposición de unas ideas sobre otras, ya fueran estas políticas, religiosas, ideológicas, sexuales o de usos y costumbres, sirviéndose del memoricidio que supone la destrucción u ocultamiento del testimonio escrito. [...]
Extraído: PARRA-DUHALDE, Christian El Infierno de los Libros. En Levante-El Mercantil Valenciano [En-línea] 16 de marzo de 2008
Cosmo Fishhawk, de libros y estanterías
De las tiras cómicas Shoe ya habíamos publicado alguna tira, pero rememorando aquella falta de espacio en las estanterías y la falta de sitio que la colocación de éstas provocan, algo que ya habíamos denunciado en su momento, os ofrecemos que disfrutéis con otra.
En esta ocasión, los libros provocan que las estanterías se instalen en las paredes, pero de la forma más insospechada.
Calvin & Hobbes: Leer te complica la vida
Dilbert nos descubrió el poder de la lectura y sus peligros, Calvin el terror bibliotecario y, esta vez, los peligros de la lectura.
Toda una lección para incautos.
El mundo digital del libro
Hace ya unos meses, el suplemento cultural del diario El País, Babelia, realizaba una reflexión sobre el futuro del libro cuya lectura os recomendamos, pues bien, parece que el debate no se agota y ante las novedades, como la aparición de Kindle, y otras evoluciones, el mismo medio de comunicación nos ofrece, de nuevo, un puñado de artículos sobre los nuevos hábitos y posibles futuros del libro.
- Big Bang digital. El ciberespacio y las tecnologías emergentes aceleran la transformación hacia una nueva era cultural.
- Literatura sin papel
- El ‘blog’ y la literatura del XXI
- Rescate de páginas singulares
- La biblioteca de Babel
- El nuevo poder del autor
El futuro inimaginado del libro electrónico
Hace ya unos meses que Amazon, la librería más importante de Internet, presentó su propio libro electrónico bautizado como Kindle, que provocó mucho revuelo junto a cierto éxito y que derivó en el inevitable debate sobre el futuro del libro. A pesar del entusiasmo de los medios de comunicación, los amantes de la tecnología no lo tienen del todo claro y las críticas sobre el nuevo aparato no han sido indulgentes, más bien crudas. Si tenemos presente que desde mediados de la década de los noventa se vienen presentando aparatos para tal fin, incluyendo a la multinacional Sony con su Reader, y su éxito y penetración han sido escasos o nulos; lo que debería debatirse no es el futuro del libro como soporte, sino más bien el futuro del libro electrónico como está concebido actualmente.
Obviamente, no voy a ser yo el que niegue que el futuro del libro pueda llegar a ser digital (que lo será), pero no parece que estemos en la antesala de su agonía, fundamentalmente porque hay un error en su concepción y en su diseño. Echemos un vistazo a Kindle lleno de botones, aparatoso, con una política DRM demasiado agresiva y caro (400 $), aunque tenga un catálogo impresionante de 90.000 títulos en sus inicios, desde luego que no parece ofrecer algo novedoso respecto a lo ya visto salvo estar respaldado por una gran empresa dedicada a la comercialización del libro.
Pero el propio lanzamiento del aparato parte de una base errónea, puesto que se nos vende este e-book como el iPod de los libros, olvidando que el iPod fue en su momento revolucionario respecto a su capacidad de almacenamiento y un diseño innovador. Una concepción nueva de algo que ya existía y que ha favorecido un efecto Halo sobre el resto de productos de Apple impulsando las ventas de sus otros productos junto al refuerzo de su tienda en línea iTunes Store. Pero establecer comparaciones es una política errónea de marketing porque se plantean expectativas que no se cumplen. Consideremos el último producto estrella de la compañía de la manzana: El iPhone. El terminal móvil no se vendió como un iPod con teléfono; no, se comercializó como un nuevo concepto de teléfono móvil, revolucionario desde sus principios y único en su diseño. Es por esto por lo que es deseado. Tener un iPhone para un consumidor es marcar una diferencia y lo mejor de todo es que su producto derivado, el iPod Touch, es percibido como un iPhone capado en sus funcionalidades, más que como un producto de la familia iPod.
Pero es significativo que Apple no esté interesada (todavía) en el mundo del libro. Steve Jobs no teme a Kindle como competencia, supuesta, qued éste pueda ofrecer a sus productos. Según su criterio, el Kindle reproduce textos en cuatro animados tonos de gris, y lo hace bien. Sin embargo, cuando se pregunta a Jobs qué opina del dispositivo, deja claro su menosprecio por el sector de los libros. "No importa lo bueno o malo que sea el producto; el hecho es que la gente ya no lee", espeta. "Un 40% de los estadounidenses leyeron un libro o menos el año pasado".
El fondo de esta aseveración es que los geeks y los early-adopters no están interesados en los libros electrónicos, no quieren un aparato en blanco y negro que sólo sirva para leer. El libro electrónico, para ser adoptado de forma masiva, tendrá que ser un punto de acceso a Internet como lo está comenzando a ser el iPhone. No es suficiente una pantalla en blanco y negro, deberá permitir leer blogs y navegar por ellos, periódicos, wikipedias, etcétera sin tener que pagar por ello. Deberá ser un punto de acceso a la biblioteca universal que además permita leer libros, ver vídeos, contestar al correo electrónico, bloguear, chatear, etc. No podemos olvidar que las compañías tecnológicas están escaneando y poniendo a disposición de los internautas de forma masiva libros de distintas bibliotecas. ¿Quién podría en un futuro obviar esa fuente de información?
El debate subyacente es quién compraría un e-book. El mundo del libro siempre ha contado con una ventaja que compensa la carencia de unos ingresos y unos beneficios enormes: la apasionada adhesión que sienten autores, editores y clientes habituales por los propios libros. Por ello, el futuro del libro no está imaginado aún, no son los aparatos que se nos presentan, no son innovadores en su concepción. Tratan de llevar la idea de un libro analógico al digital sin considerar que tal vez ese no sea el camino correcto para crear un modelo de negocio válido que se ve lastrada por la idea misma del producto.
Firmin. Aventuras de una alimaña urbana
Es posible que a los lectores compulsivos – o al menos aquellos que antes ingeríamos ingentes cantidades de papel impreso hasta que el peso de las responsabilidades nos aparta de la lectura de forma inmisericorde - tengamos especial predilección sobre las historias sobre la lectura que sobre el resto. También es probable que tratando de sentirnos un identificados con el protagonista principal busquemos un espejo en el negro sobre blanco que nunca llega a ser perfecto. E incluso puede que este deseo se convierta en realidad dentro de la historia de Firmin de Sam Savage que nos retrata la corta, aunque intensa, vida de un ser que a fuerza de letras llega a ser más humano que todos los otros personajes que desfilan ante nosotros.
En cualquier caso, debemos señalar antes de proseguir que Firmin, más allá de literatura, también es un libro que marca un hito en el sector editorial español, puesto que es la primera obra escrita en lenguaje extranjero de la que una editorial ha comprado sus derechos de traducción a nivel mundial. El resultado para la editorial Seix Barral ha sido su venta en 14 países en 13 lenguas distintas, derivándose una nueva estrategia dentro del mundo del libro y que las editoriales están comenzando a adoptar a marchas forzadas.
Pero volviendo a nuestra rata, nacida en Boston, dentro de la Librería Shine, situada cerca de la plaza Scollay condenada, ay, por la presión urbanística y en un barrio que se degrada cada día un poco más, según se somete al abandono expreso del ayuntamiento que busca rentabilizar en su máxima expresión el espacio que dejará libre la muerte de ese microclima que forman el conjunto de casas degradadas; Firmin viene al mundo como el más pequeño de trece hermanos, mientras su madre borracha busca un sitio donde parir. La lucha por la supervivencia y el hambre hará que el pequeño Firmin comience a horadar libros en busca de algo que llevarse a la boca hasta que, al final, comience a leer aquello que digiere consiguiendo tener cierto punto de respeto por las obras impresas y lamentando haberlas consumido sin haberlas disfrutado realmente.
En el mundo animal, Firmin trata de ser aceptado por aquellos que desconocen de su existencia e inteligencia, los seres humanos, y que él considera como seres más próximos gracias a su erudición. Por supuesto que los humanos siempre lo verán como lo que es, una rata, y jamás llegarán a comprender hasta qué punto los aprecia y busca su comprensión y afecto, sin llegar a conseguirla en ningún momento.
Claro que el trasfondo de la novela es una excusa para pasearnos por la literatura universal, para acercarnos a la belleza del ser humano a través de ésta, y la búsqueda de un objetivo de la vida, llegando a descubrir que en el fondo todos nos enfrentamos a ella de la misma forma y con el mismo paisaje seamos los animales que seamos.
El fondo “digital” de Google Books
El proyecto de digitalización de fondos bibliotecarios de Google, Google Books, avanza a una media de 3000 libros escaneados diarios y se encuentran disponibles para cualquiera que desee consultarlos e incluso descargarlos en formato PDF si los derechos de autor se han extinguido. Sin embargo, el proceso no es perfecto al realizarse manualmente y algunos de los trabajadores de Google dejan su impronta dactilar en los libros que son digitalizados.
The Sydney Morning Herald nos informaba que podemos encontrar una muestra de estos errores en, por ejemplo, el número de 1885 de The Gentleman Magazine o en The Trial and Death of Socrates de Platón. Google ha replicado esta información asegurando que el sistema no es perfecto por su proceso y que la web no está ideada como un lugar para que los usuarios leyesen a través de la pantalla.
‘Book Row’ de Nueva York
A través del artículo 28 kilómetros de libros, 80 años de independencia dedicado a la librería Strand de Nueva York, indago un poco más en lo que en Manhattan se denomina Book Row o Booksellers’ Row. Y es que en una calle adyacente Broadway, en los bloques de edificios desde Union Square a Astor Place, podíamos encontrarnos con tres docenas de librerías de viejo vendiendo libros usados. Era la década de los años 50 y los bibliófilos podían encontrarse de todo en aquel constreñido espacio, sin embargo actualmente aquellos tiempos han pasado a mejor vida y la librería Strand, considerada la librería de segunda mano más vieja de la Gran Manzana, es lo único que queda de aquel lugar cercano a Broadway que reunía casi 50 librerías en seis manzanas. La última cerró en 1988.
Hoy en día Barnes & Noble domina el mercado del libro en Nueva York que, al contrario que los libreros del Book Row, recibe a los clientes con un trato cordial y cercano. El humorista Fran Lebowitz afirmó refiriéndose a aquellos comerciantes de viejo: "Actuaban como si tú hubieses allanado su casa y robando sus libros". Por supuesto que Barnes & Noble todavía tiene competencia en librerías tradicionales como Strand que se tratan de adecuar a los nuevos tiempos con ventas a través de su sitio web (25% del volumen de sus ingresos proviene de esa vía), considerando la creación de una pequeña cafetería y ajustándose al cambio en el mercado de los libros sin abandonar el espíritu de la Cuarta Avenida.




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