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“El más alto erotismo” de Gioconda Belli

Es la hora de la idea.
La hora del más alto erotismo,
del cuerpo reflexivo
meditando los trasiegos:
la materia hecha elixir
el sexo vertiendo olor a biblioteca
olor a libro antiguo
y delicioso.
Lees mi piel ahora
como una Biblia leída y vuelta a releer
que contuviera todas las posibles oraciones
necesarias para la humana salvación.
Con los ojos cerrados
sabes llega al capítulo del clímax
al fragmento más lírico
o a las aún indescifrables profecías.

Es la hora del sabio escriba
que con la pluma de tinta húmeda y
la mano sin temblores
traza el placer
con la caligrafía exacta.

BELLI, Gioconda. Fuego soy, apartado y espada puesta lejos. Madrid: Visor, 2007. P. 9

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A su lado, los libros de bolsillo son gigantes

En los años treinta llegó el libro de bolsillo. Los lectores en Alemania, Reino Unido y Estados Unidos respondieron magníficamente a la idea de poder leer en el tren o el autobús un libro de reducido formato fácilmente transportable. Parecía algo novedoso: un producto de ocio diseñado y adaptado a la era científica.

Pero la realidad es que el libro en miniatura existía desde hacía ya casi cinco siglos. Los primeros fueron los manuscritos iluminados que podían llevarse suspendidos de la cintura con una cadena, previos a la invención de la imprenta. Si se compara con ellos, un libro de bolsillo parece gigantesco. Los más grandes miden ocho centímetros por cada lado a lo sumo. A medida que se mejoraban las técnicas de fabricación de libros, los más pequeños se hacían más pequeños aún. Algunos encuadernadores rusos y japoneses han publicado libros del tamaño de cualquier letra "a".

Libros en miniatura: 4000 años de tesoros diminutos es el título de una exposición que se celebra hasta el 28 de julio en el Grolier Club de Nueva York y cuyo tema es la reducción de la página llevada al límite. Anne C. Bromer y Julian I. Edison han preparado un libro con el mismo título que la exposición publicado por Harry N. Abrams y el Grolier Club.

Aunque los libros son diminutos, el tema es enorme. Abarca desde las tablas mesopotámicas con escritura cuneiforme del tamaño de la uña de un pulgar, a las primeras Biblias infantiles en miniatura publicadas en el siglo XVII, así como la primera publicación en forma de libro de la Proclamación de la Emancipación de Abraham Lincoln, volumen de ocho centímetros que se distribuyó entre los soldados de la Unión y los esclavos durante la Guerra Civil estadounidense.

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Una visión de los best-sellers

El Roto nos ofrecía el pasado domingo en el diario El País una visión bastante particular, aunque no podríamos negar que fuese sincera, de los llamados Best-Sellers. Esta ilustración bien podría acompañar la sección Tribuna, que se encontraba a sólo dos páginas, en la que Enrique Murillo, Los espías lentos, los espías cornudos, y  Julia Navarro, Muchos lectores, mala prensa, daban argumentos sobre este género tan odiado y apreciado a partes iguales.

Los best-sellers por El Roto

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“Descatalogado” de Juan José Millás

Diario El País – 11 de mayo de 2007

Vi en un cementerio este curioso epitafio: Agotado, así, sin más. Me llamó la atención porque se trata de un término procedente del mundo editorial. Los libros se agotan. Eso es al menos lo que dicen los libreros cuando no encuentran el título que les hemos pedido: está agotado. A veces, si te empeñas, puedes encontrar un ejemplar perdido en los anaqueles de otra librería. En ocasiones, la editorial lo reedita, que es como devolverlo a la vida. La resurrección de los muertos. Pero los seres humanos sólo tenemos una oportunidad, en ocasiones media (y eso que estamos  encuadernados en piel). Cuando nos morimos (o nos agotamos, como ustedes prefieran), no nos vuelve a encontrar nadie en ningún sitio. Yo disponía hasta ahora de un epitafio que me gustaba mucho (Eso fue todo), pero quizá adopte Agotado, que metafóricamente significa también que estás hecho polvo. Y no está mal para una lápida: Hecho polvo. Real como la muerte misma.

Pero no nos precipitemos. Tenemos toda la vida para elegir el lema de nuestra tumba. Hay otro término, procedente también del sector editorial, muy interesante: descatalogado. Se dice de aquellos libros que, además de agotados, han desaparecido de la nómina del editor. Si estar agotado es bueno, porque significa que el libro se ha vendido, la descatalogación implica un cierto grado de violencia. Sobre un título agotado se mantiene la esperanza de la reedición; sobre un volumen descatalogado, en cambio, no hay horizonte alguno. Hasta al librero se le pone cara de pésame cuando comunica al comprador que el título que solicita está descatalogado. "Busque en internet", añade a modo de consuelo, dando por supuesto que en la red se puede llevar una existencia póstuma.

Con todo, no hay caso peor que el de aquellos libros que desaparecen sin haber llegado a formar parte del catálogo, títulos que el editor publicó por compromiso, o por pena, pero que nunca formaron oficialmente parte de su fondo. Me gusta este epitafio también, Descatalogado: significa que ni siquiera llegaste a vivir de forma suficiente. Que naciste de casualidad (¿quién no?) y te fuiste sin haber llegado a estar del todo. Tomen nota mis deudos. Muchas gracias.

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Leer el día del libro

Este Día del Libro os queremos acercar a la obra de la gallega Patricia Castelao que además de trabajar como ilustradora para distintas campañas de promoción de lectura para la administración gallega, también ha trabajado para la realización de largometrajes de animación. Estos son dos de sus trabajos más recientes relacionados con la lectura, los dos preciosos, que nos sirven para disfrutar con vosotros tal día como hoy.

Ilustración para el cartel de la campaña "Leer en Abril 2006", de la Xunta de Galicia.

Ilustración para el cartel de la campaña "Leer en Abril 2006", de la Xunta de Galicia

Ilustración para "El calendario de las letras", de la Consellería de Cultura e Deporte de la Xunta de Galicia (2007).

Ilustración para "El calendario de las letras", de la Consellería de Cultura e Deporte de la Xunta de Galicia (2007)

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La infoxicación en el siglo XVI

[...] A comienzos de la Edad Media, el problema era la falta de libros, su escasez; hacia el siglo XVI [Tras la invención de la imprenta], su superfluidad. Ya en 1550 un escritor italiano se quejaba de que había "tantos libros que ni siquiera tenemos tiempo de leer los títulos". Los libros eran un bosque en el que, de acuerdo con el reformista Italo Calvino (1509-1564), los lectores podían perderse. Eran un océano en el que los lectores tenían que navegar, o una corriente de materia escrita en la que resultaba difícil no ahogarse.

A medida que los libros se multiplicaban, las bibliotecas tuvieron que ser cada vez más grandes. Y a medida que aumentaba el tamaño de las bibliotecas, se hacía más difícil encontrar un libro determinado en los estantes, de modo que comenzaron a ser necesarios los catálogos. Los que confeccionaban los catálogos tuvieron que decidir si ordenaban la información por temas o por orden alfabético de autores. Desde mediados del siglo XVI, las bibliografías impresas ofrecían información acerca de lo que se había escrito, pero a medida que estas compilaciones se hacían más voluminosas, era cada vez más necesaria la bibliografía por temas.

Los bibliotecarios se enfrentaban también a los problemas de mantener los catálogos al día y estar al tanto de las nuevas publicaicones. Las revistas especializadas daban información acerca de libros nuevos, pero como también la cantidad de estas revisas se multiplicaba, fue preciso buscar otro sitio información acerca de ellas. Puesto que había muchos más libros de los que se podía leer en toda una vida, los lectores necesitaron la ayuda de bibliografías selectas para discriminar entre ellos y, desde finales del siglo XVII, recensiones de las nuevas publicaciones. [...]

BRIGGS, Asa; BURKE, Peter. De Gutenberg a Internet: Una historia social de los medios de comunicación. Madrid: Taurus, 2005. Pág 30 – 31

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¿Biblioqué? Palabras de libro

El término Biblio-, que proviene del término griego Biblion y cuyo significado es libro, tiene su origen en la ciudad Biblos que fue en la antigüedad uno de los puertos más importantes en la exportación de papiro. De hecho, biblos significa rollo de papiro y se utiliza para designar el libro de los libros, es decir, la Biblia. Sin embargo, en el lenguaje castellano, hay muchas palabras formadas con esta partícula y, aunque obviamente todas ellas están relacionadas con el mundo del libro, muchas sorprenden por su significado.

  • Bibliátrica. Arte de restaurar libros.
  • Bibliofilia. Pasión por los libros, y especialmente por los raros y curiosos.
  • Bibliofiliana. Conjunto de pensamientos, anécdotas, dichos, etcétera referentes al libro.
  • Bibliofobia. Miedo irracional y enfermizo a los libros
  • Bibliognosta. Conocedor de libros.
  • Bibliografía (O Bibliografología). Relación de libros o escritos referentes a una materia determinada.
  • Bibliomanía. Pasión de tener muchos libros raros o los pertenecientes a tal o cual ramo, más por manía que para instruirse. Es decir, que éstos no los leerían.
  • Bibliometría. Aplicación de los métodos estadísticos y matemáticos para definir los procesos de la comunicación escrita, la naturaleza y el desarrollo de las disciplinas científicas mediante técnicas de recuento y análisis de la comunicación.
  • Bibliopea. Arte de hacer un libro
  • Bibliopege. Encuadernador de libros.
  • Bibliopepsia. Propensión a la lectura apresurada, fragmentada y sin aprovechamiento
  • Bibliopiratas. Esta tipología de bibliófilos no se conformarían con la compra de libros, sino que adquirirían técnicas y tácticas más ruines para obtener los libros que tanto desean. Así, los bibliopiratas no dudarían en robar un libro para incorporarlo a su biblioteca particular, ya fuese en librerías o en bibliotecas tanto públicas como privadas.
  • Bibliópola. Librero.
  • Bibliósofo. Secretario o tenedor de libros
  • Biblioteca. Local donde se tiene un considerable número de libros ordenados para su consulta o lectura.
  • Bibliotecario, ria. Persona encargada de una biblioteca.
  • Biblioteconomía (O bibliotecología). Disciplina encargada de la organización y administración de las bibliotecas.
  • Bibliotafio. Es literalmente, sepulcro de libros, por lo que trasladado a la bibliofilia se trataría del bibliófilo que no permite la consulta de la biblioteca ni muestra sus libros guardándolos con celo.
  • Bibliótata. Persona indiferente a los libros que posee.

Fuentes:

GALLUD JARDIEL, Enrique. Libro de libros. Valencia: Denes, 2005

Artículos en El Documentalista Enredado

Diccionarios:

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Libros inmortales

Andrés Rábago "El Roto", que publica todos los días en el diario El País, siempre suele sintetizar verdades como puños en sus estupendos chistes, aunque él prefiere decir que hace sátira no humor. En ocasiones, vienen apoyados con textos, en otras no son necesarios puesto que la imagen que nos muestra tiene la suficiente fuerza como para que entendamos su crítica. En este caso, el humorista pone en boca de los libros lo que muchos opinan sobre algunos de ellos.

Libros Inmortales

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“Pecado de Gutenberg” de Juan Cueto

El escritor Juan Cueto publicaba el pasado 24 de diciembre en el suplemento dominical EPS, un artículo de opinión con el título Pecado de Gutenberg en el que realiza una reflexión personal sobre la evolución del libro y la lectura hasta nuestros días.

Esto que usted está haciendo ahora mismo, leer en solitario y en silencio, es algo muy moderno y que apenas tiene dos siglos de tradición. No lo olvidemos a la hora de acusar a las hiperindividualistas máquinas digitales de ser los nuevos ángeles exterminadores del humanismo. Y es que la verdadera revolución del libro no ocurrió con el nacimiento de la nueva tecnología llamada imprenta, como es tópico mid-cult; sucedió dos siglos y pico más tarde, cuando la lectura dejó de practicarse en voz alta y en público y se transformó en algo muy individual y silencioso.

Por tanto, que conste que en el origen del libro moderno no fue la famosa máquina de Gutenberg, sino aquella posterior mutación de la lectura ocurrida en la Ilustración y que impuso para siempre la técnica de leer en silencio y en privado. Es cierto que desde el Siglo de las Luces hay gentes que todavía siguen empecinadas en leer en voz alta y en público, como los niños, los políticos y esos autores que castigan a sus parejas con la lectura de las galeradas, fuente de tantos divorcios entre humanistas. Pero el libro, tal y como hoy lo entendemos y defendemos, nació de un invento más tardío y radical que el de Gutenberg, la también artificial e hiperindividualista necesidad de leer en voz baja, en rigurosa intimidad y completamente aislados de los ruidos sociales y familiares, como ocurre ahora con el iPod.

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“Virtudes de un vejestorio” de Enrique Murillo

El escritor y editor Enrique Murillo publicaba el pasado 11 de diciembre de 2006 en el diario El País un artículo de opinión sobre el futuro del libro. Virtudes de un vejestorio es una defensa del libro como producto construido a lo largo de los siglos y que apenas ha variado en su formato y que a pesar de las múltiples acometidas en forma de digitalización un estupendo vehículo para la difusión de la cultura.

No hay congreso de editores ni feria de tecnología en donde no se anuncie, desde hace unos años, la muerte del libro, ese vejestorio, en su forma tradicional, y su sustitución por artilugios de nueva generación. Durante los congresos profesionales, los editores hemos tenido que escuchar numerosas conferencias en las que, so pretexto de darnos información acerca de las tecnologías más avanzadas, sucesivos directores comerciales de ésta o aquella empresa (llámense Microsoft, Sony o lo que sea) nos vendían, con una elocuente perorata en tono de predicador, el Séptimo o Noveno Advenimiento, dicho de otro modo el triunfo definitivo del así llamado "libro" electrónico. Un invento que, por cierto, a estas alturas ya ha vivido varios avatares, todos ellos definitivos, aunque a la postre acabe resultando que no lo son tanto.

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Unshelved, las tiras cómicas de bibliotecarios

Dentro de nuestra sección de Biblio-humor, no podíamos dejar de hacer referencia a las tiras cómicas Unshelved a las que ya se han hecho referencia en el blog Quotes & Jokes. Se trata de una tira cómica diaria que, además de estar disponible sólo en inglés, se desarrolla principalmente dentro de una biblioteca y protagonizada en su mayor parte por profesionales de la información. Publicada por Overdue Media desde el 16 de febrero de 2002, el cómic que se publica principalmente a través de su sitio web es una creación de Gene Ambaum (se trata de un seudónimo) y de Bill Barnes. Sin embargo, para los coleccionistas, se han publicado algunas recopilaciones de estas tiras en cuatro volúmenes:

  • Unshelved Volume 1 (Overdue Media, 2003)
  • What Would Dewey Do? (Overdue Media, 2004)
  • Library Mascot Cage Match (Overdue Media, 2005)
  • Book Club (Overdue Media, 2006)

En sus orígenes, las tiras cómicas poseían el nombre de Overdue hasta que un conflicto sobre la marca provocó que sus autores realizasen un concurso para determinar el nuevo nombre de las tiras que se renombraron a Unshelved. Para aquellos que estén interesados, disponéis de servicios de suscripción mediante RSS o email a través de su sitio web.

Una de las tiras cómicas de Overdue

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La biblioteca clandestina

El Monasterio de San Miguel de los Reyes fue, antes que sede de la Biblioteca Valenciana, cárcel durante la época franquista y lo más curioso es que en ese espacio oscuro en su historia se editaron libros. Libros autoeditados por los propios presos para su divertimento y para mejorar su preparación por la gran cantidad de profesores y maestros que cumplían condena en los muros del monasterio.

Isidro Guardia participó en la 82ª Brigada Mixta durante la Guerra Civil, posteriormente se incorporó a la resistencia interior antifranquista. Detenido en junio de 1940 por formar parte, como Secretario de Organización, del Comité Regional de la CNT (Conferderación Nacional del Trabajo), fue condenado a muerte en noviembre de 1941. Tras la conmutación de su condena, permaneció en la cárcel hasta 1950. El artículo La Biblioteca Clandestina nos acerca a la realidad que se vivió durante aquellos años, cuando los libros tenían que ser escondidos y eran un bien preciado.

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Libros con receta… ¿O viceversa?

La famosa cita dice Teme al hombre de un solo libro y es de Tomás de Aquino, por lo que todos deberíamos lanzarnos a leer todos los libros que pudiésemos… Aunque, si nos detenemos un segundo, nos percatamos que los que leemos ya nos dedicamos a eso, por lo que deberíamos preocuparnos seriamente por los que no leen ningún libro.

Por ello, me parecen muy interesantes las campañas de lectura que ha lanzado la Junta de Extremadura denominadas Biblioteca de Cabecera y Recetas de lectura. En la primera de ellas, el objetivo es la creación de una colección de libros para aquellos que permanezcan ingresados en los hospitales extremeños, mientras que la segunda consiste en una campaña para el fomento de la lectura de pequeños extractos de distintas novelas en forma de recetas médicas que se distribuyen a través de las farmacias. De esta forma, a través de un expositor, los consumidores pueden acceder a 40 títulos o recetas diferentes, seleccionados entre obras de literatura infantil, juvenil y de adultos.

Os recomiendo la lectura del artículo de opinión que el escritor Juan José Millás nos ofreció dando su peculiar visión sobre esta campaña con el título Viva el malestar.

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