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Facebook mete la pata por enésima vez con la privacidad de sus usuarios

Sábado, 21 de Febrero de 2009 Marcos Ros-Martín Homo Digitalis 2 Comentarios

Los medios de comunicación han transmitido la reculación de Facebook como una batalla ganada por los usuarios, pero ¿es que nunca vamos a aprender que los mercados son conversaciones? ¿Dónde quedan las cacareadas La Conversación o la Inteligencia Colectiva? ¿No debería Facebook precisamente por tratarse de una Red Social, por ser una empresa nacida por y para Internet, contemplar todos estos aspectos antes de empantanarse en el cambio unilateral de las Condiciones de uso de su sitio web? ¿No deberían aceptar los usuarios esas modificaciones como un nuevo contrato a firmar? En cualquier caso, no deberíamos cometer el error de caer en la sorpresa por este desliz acometido por Mark Zuckerberg, porque desde luego no hay dos sin tres.

En esta ocasión, Facebook realizaba una pequeña modificación en el contrato de las Condiciones de uso, según el cual la Red Social se reservaba el uso de todos los materiales (incluyendo la identidad) que un usuario pudiese subir o utilizar dentro de su web, aunque esto ya lo hacía antes del escándalo, incluso si el usuario se daba de baja. El blog Consumerist daba la voz de alarma en el texto Las nuevas condiciones de uso de Facebook: “Podemos hacer lo que queramos con tu contenido para siempre” – Facebook’s New Terms Of Service: “We Can Do Anything We Want With Your Content. Forever.” Y la reacción no se hizo esperar sobrepasando a la empresa de tal manera que sus directivos han constituido un grupo llamado Declaración de Derechos y Deberes de Facebook mediante el cual los usuarios pueden aportar ideas para una nueva propuesta, más respetuosa con la información personal de los internautas. Es decir, los responsables de la empresa se retractan pero seguirán intentando “jugar”, si se quiere esta expresión, con la información con la que les estamos alimentando continuamente.

Pero este gran error, se conjuga con otros de igual o peor calado en la búsqueda de rentabilización de la ingente cantidad de información que está recogiendo y gestiona de sus usuarios y que es muy reticente a borrar de sus bases de datos. De hecho, hace aproximadamente un año, se descubrió que no había manera de darse de baja de forma definitiva de Facebook (Con el borrado de los datos que esto supone), sino que sólo podías desactivar la cuenta. La empresa se defendió arguyendo que no se borraban los datos por si en algún momento el usuario cambiaba de opinión y quería retornar a la Red Social, argumento que curiosamente también ha desempolvado en esta ocasión asegurando que los datos permanecían en la Red para que los amigos que todavía permanecían dentro de ella pudiesen recuperar los elementos textuales y audiovisuales que hubiesen dejado en ella. Por supuesto que, desde Facebook, tuvieron que desandar el camino y aceptar que los usuarios pudiesen darse de baja de forma completa y definitiva cuando ellos deseasen.

De forma previa a esta polémica, la empresa lanzó Facebook Beacon, un sistema que se intercambiaba información de usos y comportamientos de los usuarios de Facebook a otras empresas de tal manera que éstas pudiesen realizar campañas de marketing dentro de ella. Así, por ejemplo, se dio el caso de una usuaria que adquirió una cafetera a través de una web y Facebook informó a todos sus contactos de la compra, así como dónde la había comprado. Obviamente, no existió consentimiento por parte de la usuaria ni de, primero, que la web compartiese información con Facebook, ni que posteriormente esta información se redistribuyese con los contactos, lo que provoca un serio conflicto entre la privacidad y el control de la información que diseminamos dentro de esta Red Social sobre la que Facebook parece insistir en esta ocasión.

La era de la sobreinformación (sobre ti)

Sábado, 13 de Diciembre de 2008 Marcos Ros-Martín Homo Digitalis 6 Comentarios

Hace ya unos meses, distintos medios de comunicación distribuían un teletipo de la Agencia EFE bajo el titular Miles de jóvenes intentan mostrarse originales en internet cediendo su intimidad. En él, dedicado a la red social española Tuenti, se recogía una nueva tendencia de los más jóvenes a exponer cada vez más su intimidad, mostrando y compartiendo fotografías o comentarios un tanto subidos de tono. Dentro del artículo, Tuenti se defendía asegurando que los niveles de exposición de este tipo de contenidos, se regulaban dentro de la página web y que incluso se disponía de un equipo que monitorizaba las fotografías y comentarios y si se detectaba algo improcedente se eliminaban. Por otro lado, en agosto de este mismo año, el diario Levante-EMV publicaba un reportaje dedicado a este hecho en el que los jóvenes se mostraban en ocasiones semidesnudos en ciertas páginas webs, blogs o fotologs concluyendo que tal vez el daño que estos jóvenes se estaban autoinfligiendo pudiera ser irreparable en un futuro inmediato o, tanto peor, a largo plazo.

Recientemente, Jon Favreau, asesor del reciente presidente electo de los EE.UU. Barack Obama, se tenía que disculpar por la publicación de una fotografía en la que se le veía en una fiesta en pose provocadora con una figura a tamaño real de la rival del senador Obama y, al limón, elegida como Secretaria de Estado de su próximo equipo de Gobierno Hillary Clinton. La fotografía de Favreau había sido recuperada y difundida a través de la red social Facebook, y su caso no se aleja del caso de Kevin Colvin que fue despedido tras el descubrimiento por parte de su jefe de una fotografía suya bastante compremetedora publicada en la misma red social.

Parece seguro, por tanto, que hoy en día, nos encontramos ante un nuevo reto. Un nuevo desafío sobre la nueva definición de lo que debe ser considerada como nuestra privacidad y cómo debemos defendernos ante la socava de nuestro anonimato.Ya no es suficiente con defender la privacidad sobre la información que se publica en la Red desde las Administraciones Públicas o por el hecho de convertirse en un fenómeno mediático dentro de la Red; no, hay que dar un paso más allá y, aparentemente, tomar la consideración de adoptar el anonimato como una actitud frente al control perpetuo que sufrimos en nuestras actividades en la Red.

La red social Facebook o el buscador Google son, por motivos dispares, los máximos exponentes actualmente sobre las implicaciones que sus actuales modelos de negocio tienen sobre la privacidad de los usuarios. Sobre Google, mucho se ha publicado y las propias Administraciones ya han tomado sus cartas sobre el asunto, sin embargo el fenómeno de Facebook es completamente nuevo, ha evolucionado horrendamente rápido y desde las instancias políticas o bien se le utiliza o bien se le tiene miedo. El hecho es que todo lo que Facebook puede aportar al usuario, lo hace intentando encontrar un modelo de negocio viable y por supuesto que tiene su precio. Lo que no cabe duda es que el uso de esta red social puede dejarnos completamente desprotegidos, y lo peor de todo es que Facebook, al modo de los antiguos portales 1.0, quiere que lo hagamos casi todo a través de él. Debemos contemplar que estos dos gigantes van a comenzar a encontrarse, si bien Facebook mantiene sus contenidos cerrados, inaccesibles para los buscadores, y Google se dedica obviamente a lo contrario; debemos ponernos alerta porque ambos están adoptando políticas muy similares de afiliación e incluso sus productos se asemejan en ocasiones. Su objetivo es que el internauta construya su identidad digital a través de ellos y que se identifique inequívocamente mediante sus servicios.

Personalmente, aunque entiendo las virtudes de Facebook, no me acaba de convencer descubrir comentarios personales de personas que conozco a personas que no conozco, curiosear fotos de personas que conozco que han colgado personas que no conozco, que sí que hay un ser un “buenrollista” y aprobar la Amistad de cualquiera que intente acceder a ti, pero el grado de indefensión es tal, el descontrol sobre lo que yo veo y lo que los otros ven de mi es tal, que me abruma y preocupa.

Ante Google, los futuros navegadores ya han dispuestos las armas para hacerle frente y ante sus ansias para seguir recabando datos de sus usuarios mediante el denominado Private Browsing (Firefox) o InPrivate (Explorer), pero ¿qué haremos en un lugar donde su principal finalidad es compartir nuestra vida, nuestros comentarios, nuestros pensamientos con los demás y con el sistema mismo? ¿Debemos de convertirnos en ermitaños digitales, rehuyendo aquello que nos expone, pasando completamente desapercibidos en la época del Personal Branding?

Usos y abusos de las Creative Commons

Miércoles, 3 de Octubre de 2007 Marcos Ros-Martín Cajón de sastre 3 Comentarios

Oratio publicata, res libera est (Lo publicado pertenece a todos), una certeza y la firma que suelo usar cada vez que envío un correo electrónico. Sin embargo, puede que no sea del todo correcto.

Hace ya un tiempo, recogimos aquí que algunos de nuestros contenidos estaban siendo volcados en un portal sobre e-learning, esto nos pareció curioso – ¿realmente lo merecían? -, aunque es cierto que un poco escandaloso debido al volumen de los textos que estaban siendo depositados allí, así como por su cantidad.

Antes que nada, debemos señalar que gracias a la licencia de uso que utilizamos en este sitio web, permitimos:

  • Copiar, distribuir y comunicar públicamente la obra.

  • Hacer obras derivadas.

Aunque también ponemos una serie de restricciones como:

  • Reconocimiento. Debe reconocer los créditos de la obra de la manera especificada por el autor o el licenciador. 

  • No comercial. No puede utilizar esta obra para fines comerciales. 

  • Compartir bajo la misma licencia. Si altera o transforma esta obra, o genera una obra derivada, sólo puede distribuir la obra generada bajo una licencia idéntica a ésta.

  • Al reutilizar o distribuir la obra, tiene que dejar bien claro los términos de la licencia de esta obra.

Sobre nuestro caso, poco más podemos añadir salvo lo dicho en su momento, sin embargo otros bloguers que han sufrido en sus carnes lo que nosotros, nos propusieron batallar contra el portal como ellos hicieron previamente por sentirse agraviados por el uso que se estaba haciendo de sus contenidos desde ese sitio web. Finalmente, por nuestra parte, consideramos no actuar porque nunca se sabe cuándo esta bitácora va a ser engullida por el tiempo, además de que no nos parecía pertinente en ese momento.

Desde el convenio de Berna, de 9 de septiembre de 1886,  para la protección de las obras literarias y artísticas, en el que se detentaba todo el derecho de explotación de una obra al autor, mucho ha llovido. Los editores han ido ganando terreno sobre la ostentación de derechos de autor sobre las posibilidades de creación y distribución de una obra hasta llegar al momento actual en el que casi pueden diseccionarla en pedacitos. Pero la contrapartida es que hoy en día, gracias a las nuevas tecnologías, los creadores se convierten también en editores, pudiendo distribuir sus obras a coste cero y en ocasiones sin ser ellos mismos los que costeen el gasto que esto siempre supone.

Pero la superabundancia de contenidos en la Red, además de hacer tambalear antiguas industrias culturales como la discográfica, también está suponiendo verdaderos quebraderos de cabeza a los autores. Las Creative Commons son unas licencias que los internautas pueden utilizar para la distribución de contenidos fijando una serie de condiciones sencillas de entender, pero no siempre son fáciles de seguir.

Así tenemos medios de comunicación que no tienen reparos a la hora de publicar fotografías que han encontrado en la Red, pero tampoco los tienen otras compañías con modelos de negocio completamente distintos con fines publicitarios. Por supuesto, que en otras partes del globo también utilizan fotos sacadas de Flickr, y no nos cansaríamos de poner ejemplos.

Pero a la controversia generada, debemos añadir un escalafón más. Actualmente, en la Red se está debatiendo sobre el derecho de la imagen y de autoría de las fotografías. Que a alguien le hagan una foto, la publiquen en Flickr, que el autor permita su uso comercial, y que posteriormente sea utilizada en una campaña puede llegar a no ser correcto. ¿Podría la persona retratada denunciar al autor de la instantánea y la empresa anunciante/anunciada por violar su privacidad? El hecho es que se está generando todo un debate sobre el uso de las licencias Creative Commons, sobre el derecho de imagen y de autoría y que, desde luego, es apasionante.

Privacidad e Internet (1): Te he visto en otro lugar, pero no sé dónde

Sábado, 9 de Junio de 2007 Marcos Ros-Martín Homo Digitalis 5 Comentarios

Aunque hoy en día disponemos de servicios como Flickr, el acto de publicar una fotografía en Internet no debería ser un acto sencillo. Por ejemplo, en este blog no encontraréis ninguna fotografía mía; en su momento, creí que era algo completamente innecesario para tener cierta representatividad en la blogosfera. Aunque es obvio de que fui consciente de que en cuanto participase en la mesa de blogs, el misterio desaparecería y yo pasaría a ser fácilmente identificable por cualquiera, si se dedicaba un poco de esfuerzo para localizar alguna fotografía mía en la Red, considero que cuantas menos imágenes hayan en la Red mías mucho mejor.

Esto se debe a que, desde mi punto de vista, considero que el anonimato es algo deseable y más si eres un bloguer curioso. Claro que dudo mucho que alguien gustase de buscar una fotografía de un documentalista en un mundo con cosas más interesantes que ver. Pero, desgraciadamente, nunca se sabe, a veces no hacemos nada especial para dar el salto a la fama, o simplemente, la fama se trata de un desgraciado accidente.

Allison Stokke descubrió que aún llevando una vida completamente normal, una pequeña espita puede desencadenar un alud de acontecimientos para los que pocos estaríamos preparados o sabríamos enfrentarnos convenientemente. Podríamos creer que se trata de una consecuencia de la Web 2.0, uno puede ser considerado una persona más o menos normal, poseyendo las pequeñas aspiraciones que buscamos a lo largo de nuestra existencia; pero puedes descubrir que el mundo digital no se comporta así, es demasiado pequeño, y demasiado vasto al mismo tiempo. ¿Y si miles de personas tuvieran tu foto en su ordenador sin que tú lo hubieses buscado? ¿Y si, interesados por el fenómeno, los medios de comunicación se acercasen hasta a tí y provocasen el efecto contrario que tú deseas? Es decir, en vez de detenerlo amplificarlo. ¿No sería aterrador? ¿Cómo podríamos enfrentarnos al hecho de que paseando por la calle la gente nos mirase con interés a pesar de no haberlo buscado?

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¿Una biblioteca que atenta contra la privacidad?

Martes, 31 de Mayo de 2005 Marcos Ros-Martín Biblioteconomía, Visto/Leído 5 Comentarios

La noticia de que la Biblioteca Pública de Naperville en Illinois ha destinado 40.646 dólares para la instalación de escáneres de huellas digitales en los terminales públicos de acceso a Internet a la compañía U.S. Biometrics Corp. está levantando cierto revuelo en la sociedad norteamericana. El sistema de identificación biométrica todavía se encuentra en fase de pruebas y pretende añadir elementos de control a los ordenadores, puesto que parece ser que el sistema de contraseñas no es completamente efectivo.

Este sistema, además de vigilar los movimientos en Internet de los usuarios de la biblioteca, permitirá a los padres añadir filtros a las cuentas de sus hijos, por si decidiesen acceder a algún tipo de contenido que ellos consideren completamente inadecuado.

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