4th LIS-EPI, rozando la visión del Futuro

Tratar de asomarse al futuro siempre puede considerarse como una tarea harto complicada, poder intuirlo, incluso acertarlo dispone de mayor mérito. El objetivo de este cuarto encuentro LIS-EPI se entreveía con sólo leer su epígrafe, La información en 2015: innovación y prospectiva, y lo cierto es que la mayoría de sus ponentes consiguieron estar a la altura de aquellos que nos desplazamos hasta el encuentro. He de confesar, y así se lo hice llegar a sus organizadores, que este cuarto encuentro me ha parecido mejor que el anterior, y confío que sus organizadores sigan profundizando en su temática en sucesivas organizaciones porque éste no pudo ser más interesante en su globalidad. Como es natural, intentaremos realizar algunos resúmenes de lo más destacado de las charlas a lo largo de esta semana, pero obviamente muchas cosas se quedarán en el tintero.
Es probable que si algún bibliotecario esperaba que se hablase de bibliotecas, puede que saliese defraudado. Y no porque se pasase de puntillas por la gestión de la información dentro de este ámbito, sino porque el futuro tiene que ir más allá de los problemas actuales, endémicos me atrevería a señalar, del sistema bibliotecario en España. De hecho, Eric Lease Morgan tuvo que aplicarse ante la pregunta de un atribulado bibliotecario que le lanzó la cuestión de si en Estados Unidos los presupuestos de las bibliotecas habían sufrido un recorte presupuestarios por la crisis económica. El risueño bibliotecario confesó que los presupuestos se habían mantenido más o menos similares a los de años precedentes, si bien algunas bibliotecas habían sufrido recortes al utilizar su dinero dentro de los mercados de valores (!).
Por su parte, Josef Herget con el que ya habíamos contado con su presencia en la anterior edición del LIS-EPI, trazó un mapa completo de hacia dónde había que desarrollar el e-learning, la importancia de gestionar los recursos de la formación tanto en la vida como estudiante, así como profesional, y de qué modo desde la Danube University Krems se estaban utilizando herramientas de la Web Social para reforzar los procesos de aprendizaje.
Sin embargo, esto tan sólo eran calentamientos previos hacia los derroteros que el resto de las charlas se iban a encaminar. En la mesa de las RIAs, un concepto que invito a todos los profesionales de la información a profundizar por su interés y posibilidades, tan sólo David Maniega se aprestó a la tarea de aportar interés a la charla, mientras que el resto de participantes de la mesa pareció dejarse llevar por la didáctica de los trabajos y desarrollos que se realizaban desde sus respectivas organizaciones, que por supuesto no dejan de tener interés, pero puede ser que el foro no fuese el más indicado para exponerlos.
Aunque lo mejor estaba por venir. Roser Lozano, a la que nunca nos cansamos de escuchar, nos aportó una vez más su visión de la innovación en las bibliotecas públicas desde su experiencia y cómo intenta aplicar su misma metodología en su nuevo puesto de trabajo (CRAI – Centro de Recursos para el aprendizaje y la investigación de la Universitat Rovira i Virgili). Fue una conferencia vibrante en la que dispuso de toda su curiosidad y sus ganas de realizar nuevas tareas y servicios, en algunos casos con presupuesto cero, para seguir avanzando y aportando nuevas facetas a los roles bibliotecarios. Impresionante e imprescindible para entender la biblioteconomía moderna.
Hubo más, mucho más. En la mesa Las bibliotecas frente al software libre, puede ser que la joya de la corona de este LIS-EPI desde mi punto de vista, se nos dio una visión de lo que llevamos hablando desde hace mucho, la Biblioteca 2.0 deja de ser una entelequia para presentarse con toda su fuerza en la exposición que nos ofreció Jorge Serrano. Sus contertulios no dejaron de estar a un nivel impresionante, primero con Patricia Russo, que realizó un compendio del software libre que podemos utilizar distintas tareas en la gestión de la biblioteca (una presentación que se merecerá un texto completo en breve) y Jordi Serrano de la Universitat Politècnica de Catalunya que nos ofreció la evolución que ha sufrido la página web de la biblioteca y las distintas funcionalidades que nos ofrece actualmente.
Por su parte, Julio Alonso nos dio un dato preocupante en la mesa Open Access in library and information science durante la presentación de su estudio sobre el repositorio E-LIS. Según datos de Alonso, aparentemente Google ha penalizado el sitio web provocando un descenso en las consultas y en los accesos a los PDFs que el repositorio tiene disponibles. ¿Estará Google vetando este tipo de contenidos o se trata de un hecho puntual y particular?
Javier Díaz Noci nos ofreció durante la segunda jornada una revisión de los distintos sistemas digitales que los medios de comunicación habían ensayado para la distribución de contenidos. Durante esta fiebre Kindle, Díaz Noci recuerda que los medios nunca se han mostrado excesivamente flexibles en lo que distribución de contenidos se refiere, siempre vigilantes de que los sistemas sean lo más cerrados posible, tratando de emular a la distribución que los medios conocen (el papel). Sin embargo, para Díaz Noci la crisis actual de la prensa no es económica, sino de lectores, algo que los medios han tratado de obviar pero que se ha mostrado en toda su crudeza durante los últimos dos años.
Por supuesto que, también hubo una decepción, el responsable de contenidos de Google en España, Luis Collado, ofreció una charla vacía en la que trataba de aportar una visión de Google un tanto errática en apariencia pero que oculta más de lo que aparenta ser. Puede que la audiencia se sintió un tanto acongojada por la presencia de la marca cuatricolor y no se atreviese a lanzar preguntas incisivas (me incluyo por supuesto), pero lo cierto es que de esa charla se hubiese podido sacar petróleo y según me comentaron Twitter echaba humo.
Y finalmente pudimos contemplar el trabajo que está realizando el grupo SCImago a través de la presentación de Félix de Moya que, en general, pudo resultar un tanto agotadora para buena parte de la audiencia, pero que en contraposición me resultó muy interesante tras haber podido contar con la presencia en Aidico del otro grupo bibliométrico español, EC3, recientemente. Solo puedo señalar que me dejó tremendamente impresionado el trabajo realizado por SCImago y que tuvo su recompensa cuando hace unas semanas su ranking de universidades españolas saltó a la palestra tras la publicación de algunos de sus datos por algunos medios de comunicación españoles.
Entrevistan a Maria Elena Mateo en RecBib
Julián Marquina sigue con su ronda de entrevistas a los profesionales de la información hispanos en su sitio web RecBib. En esta ocasión, le toca el turno a Maria Elena Mateo donde se somete al escrutinio de Marquina en la que no ha podido sustraerse a la longitud media de sus textos. Esperemos que os resulte de interés.
Personal
Háganos una pequeña presentación suya
Fue mi pasión por las bibliotecas la que me hizo formarme en Biblioteconomía y Documentación, pero es éste último aspecto de la profesión, la Documentación, el que más ha acabado atrayéndome por su versatilidad y variedad.
Aunque he trabajado en diferentes ámbitos e instituciones, he tenido la suerte de poder desarrollarme profesionalmente como documentalista científico y es la función que desempeño en la actualidad en el Instituto de Biomedicina de Valencia (CSIC).
Soy co-editora del blog El Documentalista Enredado, que ya cumple cinco años de andadura, y aunque mi participación no es tan activa como quisiera y debiera, de vez en cuanto dejo allí mi huella y mi visión personal de la profesión, de mi trabajo.
¿Cómo conoció RecBib? y… ¿qué le parece?
No recuerdo cómo llegué a RecBib, seguramente por la recomendación de algún biblioblog o de Iwetel.
Me parece una plataforma muy ambiciosa y estimulante, ya que trata de aunar recursos que puedan resultar útiles o de interés para nuestra profesión. Esto es algo que en un principio intentamos hacer con El Documentalista Enredado pero que nos superó por falta de tiempo y recursos, por lo que elegimos centrarnos en el blog.
¿Si no se dedicase a este mundo que le hubiese gustado ser?
Hubo un tiempo en el que me planteé estudiar matemáticas, pero luego aterricé en Biblioteconomía y Documentación casi por casualidad, cuando apenas acababa de instaurarse la Diplomatura en Valencia. Si esta carrera no hubiera estado en mi ciudad, como me atrae todo lo relacionado con las nuevas tecnologías, la informática e Internet, quizá ésta hubiera podido ser una alternativa profesional. Pero tengo cierta facilidad para que llegue a apasionarme casi cualquier tema o profesión, todas tienen un punto interesante, así que podría haber sido… cualquier cosa.
¿Qué es lo que más le gusta de su profesión? y… ¿qué detesta?
Lo que más me gusta es su evolución continua, su variedad, su multidisciplinariedad, que no da pie al aburrimiento… si uno no quiere, claro. Siempre podemos seguir aprendiendo.
Lo que más detesto es el encajonamiento al que a veces nos vemos abocados como bibliotecario/documentalista/archivero. Casi nadie tiene la oportunidad de elegir su camino dentro de la profesión sino que son las oportunidades laborales las que lo dirigen, y el encasillamiento en cualquiera de esas tres vertientes puede llegar a excluirte completamente de poder acceder a cualquiera de las otras.
Algo curioso que le haya pasado dentro de su profesión y que recuerde con una sonrisa.
Más que algo anecdótico es algo que por suerte me ha ocurrido en algunas ocasiones: cuando empiezo a trabajar en una institución o departamento en el que nunca ha habido un documentalista nadie sabe cuál es mi labor realmente, y qué es lo que puedo aportar como documentalista a su trabajo; con el tiempo, a veces han llegado a preguntarse cómo pudieron desempeñar su trabajo sin contar con uno.
¿Cuál fue su primera experiencia en una biblioteca?
Acompañar a mi hermano mayor cuando yo ni siquiera sabía leer y mirar cuentos ilustrados o hablar con la bibliotecaria mientras él escogía sus lecturas.
Recomiende un libro, un disco y una biblioteca.
Más que una gran lectora soy una gran “re-lectora” de libros. Podría elegir muchos clásicos que he releído cientos de veces, pero me quedo con un muy buen libro que descubrí hace poco: ‘Los últimos hechizos’ de Robert Liddell.
Últimamente casi todo lo que oigo es rock de finales de los 60, pero por elegir algo más actual tal vez el disco “Micah P. Hinson and the Opera Circuit”, de Micah P. Hinson (claro).
¿Bibliotecas?, me vale cualquier biblioteca bien surtida de buena literatura y muchos clásicos.
Profesional
¿Cuál es su labor dentro de su puesto de trabajo?
Trabajo en un instituto de investigación biomédica participando en un proyecto europeo sobre enfermedades raras. Mi función consiste en localizar información especializada sobre este área en España (proyectos de investigación, ensayos clínicos, materiales para la investigación…), para ponerla a disposición de enfermos, asociaciones de pacientes o profesionales a través de una base de datos de acceso libre online.
¿Cómo debe ser un buen profesional de la información?
Despierto y abierto a los cambios constantes que se producen en la profesión, con capacidad de análisis y comprensión en un gran abanico de temas, y con mucha adaptabilidad a las diferentes funciones que puede desempeñar. Y contrariamente a lo que pudiera parecer, en muchos trabajos iniciativa, mucha iniciativa. Lo sé, pido demasiado.
¿Sabría decir cuál es y cómo ve el futuro de los bibliotecarios, archiveros y documentalistas?
Con las nuevas tecnologías y el acceso directo del usuario a la información en medios digitales quizá perdamos nuestra presencia “física” pero no creo que nuestro papel de intermediarios termine, sólo tenemos que encontrar nuestro sitio y adaptarnos a todos los cambios que se han producido y seguirán produciéndose.
¿Cree que los archiveros, bibliotecarios y documentalistas pueden ir de la mano?
Desde mi punto de vista, todos somos intermediarios entre la información que disponemos en nuestro centro (sea un archivo, una biblioteca o un centro de documentación) y nuestros usuarios finales. Hay que adaptarse a cada centro, a cada formato, a cada usuario y al uso que van a hacer de la información que les proporcionemos, pero las diferencias entre las tres profesiones son menores que sus semejanzas.
¿Hay “crisis” dentro de nuestro campo?
Por alguna extraña razón tenemos crisis, pero “existencial”. La mayoría de nuevos titulados, de los profesionales de la información, no se ve capaz de enfrentarse a algo distinto a los papeles tradicionales de bibliotecario o archivero, y eso hace que no sepamos aprovechar otras oportunidades laborales.
También está el convencer a los “contratantes” de que esas oportunidades laborales son para nosotros, y eso no es aún más difícil.
¿Qué cree que hace falta para ser reconocidos por la sociedad?
Si consideramos el poco peso que han tenido tradicionalmente las bibliotecas en la sociedad española, lo tenemos crudo.
Yo no creo necesitar que se me reconozca socialmente, me basta con que me dejen hacer mi trabajo.
Bibliotecarios, archivero o documentalista… ¿se nace o se hace?
De pequeña fui una apasionada lectora y gran amante de las bibliotecas y por ello no creo que sea casualidad que haya acabado dedicándome a esta profesión.
Quizá cada uno tenga su camino para llegar a esto pero lo mío seguro que es genético.
Nuevas Tecnologías
¿Qué le parece la incorporación de las Nuevas Tecnologías en las bibliotecas y archivos? ¿Son necesarias o se podría vivir sin ellas?
Me parece uno de los avances más significativos para el acceso a la cultura y a la información desde la invención de la imprenta.
Pero en realidad es cuestión de adaptarse a los medios de que se dispone. En algunos lugares con apenas recursos ofrecen mejores servicios de los que podríamos imaginar, y es engañoso pensar que todo el mundo tiene acceso a las nuevas tecnologías.
Se puede vivir sin casi todo, pero la vida sería mucho más difícil; y en nuestra profesión, sería como volver a la Edad Media.
¿Qué es para usted la web 2.0? y… ¿la Biblioteca 2.0?
Sé que ahora está de moda decir que no nos gusta el término 2.0, pero creo que lo detesté desde que surgió.
En cualquier caso, la idea de una web en la que cualquiera puede aportar información de forma individual o colaborativa, dar un valor añadido a la información de otros mediante comentarios, etiquetas, promoción de enlaces, establecer una comunicación recíproca entre creador y lector… y todo eso sin tener que ser un talento de la informática, me parece estupenda.
En el caso de la Biblioteca 2.0 permite llevar la tradicional relación entre la biblioteca y sus usuarios, o la actividad cultural que se puede establecer en torno a una biblioteca (como los clubes de lectura), más allá de las barreras del tiempo y el espacio. O al menos debería…
¿Qué importancia tienen para usted las Redes Sociales? ¿Cree qué son un avance para las relaciones con otros profesionales?
Reconozco que estoy en varias pero que aún no les he pillado el punto del todo. Supongo que mi concepto de la privacidad choca un poco con la cultura actual del exhibicionismo.
De todas formas, en el terreno profesional, cualquier herramienta que nos ayude a relacionarnos con gente de nuestro medio, con los que de otra forma jamás tendríamos contacto, me parece muy necesaria.
Para terminar…
Un color – Verde
Un número – 8
Una manía – Mis pequeños “comentarios al margen”, apostillas casi siempre con un deje irónico que intento callar la mayoría de las veces por prudencia. Lo cierto es que he tenido que quitar unos cientos de esta entrevista…
Una ciudad – París para visitar, una y otra vez, y otra…
Los flujos de información ni se crean ni se destruyen, sólo se transforman
El mundo ha cambiado. Lo siento en el agua, lo siento en la tierra, lo huelo en el aire…
Mucho de lo que era, se ha perdido… Pero nadie vive que lo recuerde.
De estas frases, ninguna de ellas, son mías. El titular lo he extraído del último artículo de opinión del director de El Boletín, un semanario económico regional de la Comunidad Valenciana, Cruz Sierra; mientras que las otras frases citadas más de uno podrá recordarlas.
El mundo de la información está cambiando de forma completamente dramática, el modo en el cual la consumimos también y los profesionales de la información nos enfrentamos a la encrucijada de si realmente estamos preparados para los cambios que se avecinan. En España, el colectivo de los profesionales de la información lo constituyen dos grupos diferentes pero que no se han puesto de acuerdo a la hora de apropiarse de cierto término, pero que contemplan cómo el mundo se les está transformando.
Si bien los documentalistas, han tratado de adaptarse a los nuevos tiempos mediante las fórmulas de denominación como infonomistas o vigilantes tecnológicos; lo cierto es que estas fórmulas han resultado, más que integradoras, excluyentes; distanciando colectivos que bien podrían haberse dado la mano. Por su lado, los periodistas han tratado de encontrar sus sinónimos en los profesionales de la comunicación, primero, mientras que posteriormente han tratado de englobar todo el hecho comunicativo mediante la fórmula profesionales de la información. Además, el término Ciencias de la Información se consideran en España patrimonio de los periodistas (Algunas facultades universitarias se acogen a esta denominación), mientras que los documentalistas consideran su disciplina, la Documentación, como la Ciencia de las Ciencias, es decir, la Ciencia de la Información Científica.
Este aparente choque entre disciplinas tan radicalmente distintas no es sorprendente. El proceso de la información puede ser reducido ha tres conceptos básicos, a saber, Información – Comunicación – Documentación, una tríada que puede ser ampliada agregando todos los elementos que se deseen pero que puede ser perfectamente entendida con estos componentes. Sin embargo, documentalistas y periodistas se enfrentan a un nuevo mundo dominado por la Web en el que el soporte es fagocitado por los bits y el distribuidor principal de usuarios casi se centra en un único actor.
Del lado de los periodistas, David Simon lo resumía estupendamente en el reportaje que le dedicaba El País a su estupenda serie The Wire en el que atacaba a la blogosfera. De esta manera, el periodista acusaba a los bloggers de dedicarse en la mayoría de los casos “a amontonar informaciones que encuentran en otros lugares sin hacer ellos mismos ningún ejercicio de periodismo. Y acuso a los bloggers de escribir mucho sobre corrupciones sin haberse dedicado nunca a conocer por dentro las instituciones que critican”. Simon no cree en el periodismo ciudadano ni en su viabilidad dentro de una sociedad que necesita del tutelaje del cuarto poder y críticas no le han faltado.
Los periodistas han descubierto cómo las fuentes primarias vuelcan sus informaciones en la Red reclamando el protagonismo que sólo ellos deberían otorgarles después de un trabajo de filtrado, contextualización y análisis. Sin embargo, los blogs – y el Social Media resultante de su evolución – se saltan ese proceso. En muchos casos, la falta de contextualización sólo sirven para que los blogs, muchos de ellos comerciales, se centren en la réplica de las notas de prensa de empresas e instituciones sin querer entrar en la validez de esas informaciones. Ése es el principal error y lo que la sociedad está perdiendo lentamente. Puede que el producto final de la Web Social no sea de calidad, pero dentro de Internet es popular y por ello rentable y, como bien sabemos de otros medios de comunicación, lo popular se enfrenta con la calidad del producto final, aunque interesadamente nos gusta obviarlo.
Por su parte, los documentalistas han intentado realizar un proceso de reflexión propio. De este modo, José López Yepes presentaba al Homo Documentalis (un ciudadano intelectual capaz de crear y consumir responsablemente ciencia y cultura) y el Homo Documentator (un nuevo perfil de documentalista a la altura de la sociedad de la información). Sin embargo, las nuevas competencias del documentalista propuestas por el catedrático parecen ser fagocitadas por el Homo Documentalis, que se conforma con los instrumentos que la Web le pone a su alcance.
Los documentalistas más veteranos, a los que hacíamos referencia en un texto anterior, contemplan cómo los flujos de información dentro de la sociedad están cambiando de forma acelerada, mientras aquellos encargados de analizarlos parecen estancados en un pasado mejor. El Homo Documentator debe de dar un paso más hacia la comprensión de la información como un bien económico, entender sus características y su ecología. Debemos comenzar a abandonar los libros como elementos principales del transmisión del conocimiento y comenzar a detenernos a comprender e integrar el proceso informativo como un todo que debemos estudiar, hasta los editores comienzan a considerar a Google como lo peor que les ha sucedido, y los libros electrónicos como el futuro inevitable.
El futuro es completamente apasionante y debemos comenzar a incorporarnos a él. Los flujos de información, lo que verdaderamente nos debería preocupar, todavía se encuentran ahí, no han sido destruidos; debemos de localizarlos, estudiarlos y sacarles partido en la medida que sea posible para nuestras organizaciones.
“Gestión de información personal” en El Profesional de la Información
Acaba de publicarse el número correspondiente a Julio-Agosto de la revista El Profesional de la Información , dedicado en esta ocasión a la Gestión de información personal, cargadito de textos muy interesantes a los que ya he podido echarles un vistazo en su formato digital, mientras estoy a la espera de recibir el ejemplar en papel.
Ante todo, quiero agradecer a María José Sola-Martínez que recogiese las aportaciones más interesantes entorno a un debate producido en la lista de distribución de Iwetel sobre los servicios de redes sociales en Internet que lleva por título Redes sociales: más allá de la privacidad y que recogiese algunas de mis aportaciones al mismo. Como curiosidad, os dejo mis frases destacadas dentro del artículo: “Respecto a la privacidad en las redes sociales, en realidad a lo que nos enfrentamos es a nuestra incapacidad para gestionarla” y “Creemos que nadie observa lo que publicamos en una red social, pero en realidad estamos compartiendo mucha información”.
Pero hay mucho más. Por ejemplo, el artículo de Emilia Currás, El documentalista en crisis, que puede enlazarse con el anterior artículo publicado también en la misma revista Elegía del centro de documentación de prensa de Nora Paul. Lo cierto es que ambos constituyen una visión un tanto pesimista del futuro de los documentalistas y puede que constituyan un toque de atención en el proceso de adaptación de los planes de estudio de las universidades españolas de los Bibliotecarios y Documentalistas dentro del denominado proceso de Bolonia.
Otro de los textos que nos han parecido interesantes son: Gestores de referencias de última generación: análisis comparativo de RefWorks, EndNote Web y Zotero y Patrones de citación de la revista “El profesional de la información”. Este último coincidente con el estreno del Factor de Impacto de esta revista de la Web of Science (WoS). Nuestra enhorabuena por esa primera cifra que no está nada mal.
Entrevistan a Marcos Ros en RecBib
Julián Marquina sigue con su ronda de entrevistas a los profesionales de la información hispanos en su sitio web RecBib. En esta ocasión, le toca el turno a Marcos Ros donde se somete al escrutinio de Marquina en la que no ha podido sustraerse a la longitud media de sus textos. Esperemos que os resulte de interés.
Personal
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Háganos una pequeña presentación suya
Hasta el día de hoy, como profesional he conseguido dedicarme a lo que me gustaba desde que inicié la Diplomatura de Biblioteconomía y Documentación. No me he centrado exclusivamente en el mundo bibliotecario y mi devenir profesional ha derivado a otras lindes que me parecían un poco más interesantes. He sido documentalista informativo en el diario Levante-EMV y soy documentalista en Aidico – Instituto Tecnológico de la Construcción en Valencia. También dispongo mi pequeño rincón en Internet, soy co-editor del blog El Documentalista Enredado, y en él vuelco la mayoría de mis elucubraciones, no necesariamente acertadas, aunque crea en ellas.
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¿Cómo conoció RecBib? y… ¿qué le parece?
Pues seguramente acabaría visitando RecBib mediante un envío a la lista de distribución Iwetel. RecBib es ahora mismo lo que me hubiese gustado que hubiese sido El Documentalista Enredado en sus inicios y, por ello, felicito a sus administradores, porque han alcanzado lo que nosotros nos quedamos a medio camino. Me pareció curioso que en un principio RecBib se gestionase mediante Frontpage, me recordó a los tiempos de El Bibliotecario Desordenado de Javier Leiva.
¿La Biblioteca 2.0 ≈ La Bablateca?
La imagen que os he dejado a la izquierda la podéis encontrar en el libro, que ya comentamos en este sitio web, “Más allá de Google” y que dispone de una fuerza increíble a la hora de sintentizar y exponer el movimiento 2.0. Desde aquí, siempre hemos contemplado con cierto escepticismo el binomio “Biblioteca + Web 2.0” si desde éste, sólo se contemplaba a las nuevas herramientas tecnológicas dentro de la Web 2.0. Puede que conscientes que algunos comprobarían con disgusto el nuevo invento de los más avezados tecnófilos de confundir al personal.
Puede que como Javier Candeira asevera “Nos fijamos demasiado en las virtudes de lo que ya tenemos y en los defectos de lo nuevo”, algo que también deberíamos apuntarnos por la parte que nos toca, mientras que algunos van intentando repartir gafas 2.0 para los más escépticos sin acritud. Sin embargo, a pesar de los efectos colaterales que la nueva terminología puede provocarnos, sepultados por la capacidad inventiva de los expertos en marketing, puede ser que todo esto nos traiga un poco de aire fresco para, al menos, enterarnos de los avances que se hacen en otras bibliotecas buscando la satisfacción del usuario.
Porque, a pesar de lo que pueda decir Fernando Juárez, es probable que la tendencia más 2.0 que le gustaría acometer en su biblioteca de Muskiz es precisamente servir cafés, porque las bibliotecas, más allá de los libros, comprueban cómo sus usuarios demandan, además del silencio, otro tipo de actividades y servicios. Éste es el momento de la conversación, entre profesionales, de forma horizontal, ensayando, acertando y fracasando, compartiendo y construyendo un nuevo modelo de institución para la difusión de la información, la cultura y el conocimiento. Un modelo de biblioteca para nativos digitales sin perder de vista a los inmigrantes digitales, donde los presupuestos no sean determinantes en la toma de decisiones, ante el olvido de las administraciones públicas, y un impedimento para la innovación.
Y si hay que acudir donde se encuentran los usuarios, se va, sin miedo, porque tampoco hay que ser un gran experto en la Web, ni mucho menos, para ser un bibliotecario 2.0. Y si estos se vuelven a mover, nos adaptamos al cambio y nos marchamos con ellos, puesto que para eso hablamos, para reflexionar de forma abierta y sin complejos, dentro de la sociedad en la que vivimos y donde las bibliotecas deberían ser parte determinante. Es la hora de los blablatecarios.
La búsqueda de empleo para bibliotecario o documentalista en España
La búsqueda de empleo para los profesionales de la información no es sencilla teniendo presente el práctico desconocimiento que tiene la sociedad que tiene de nuestras funciones y posibilidades. Tanto es así que si acuden a los servicios de empleo de sus comunidades autónomas, en general, los funcionarios arquearán una ceja y les obsequiarán una sonrisa, mientras que sus terminales informáticos sólo ofrecen la posibilidad de encajar al Diplomado en Biblioteconomía o el Licenciado en Documentación bajo el epígrafe de “Artistas”. Por otro lado, atendiendo a una de las principales salidas profesionales de los bibliotecarios, los profesionales rebuscarán en los distintos boletines oficiales rastreando las distintas convocatorias de becas y oposiciones para peregrinar, uno tras otro, a las diversas oficinas de registro de las administraciones pertinentes con los papeles acreditativos correspondientes para confiar en su suerte.
Las universidades son otras de las grandes “agencias” de las que disponen los profesionales de la información a la hora de buscar su primer empleo o el segundo, ya que sus unidades de prácticas comienzan a abrir el difícil camino laboral de sus estudiantes. Al mismo tiempo, los profesores universitarios se preocuparán del mercado laboral de esta franja de especialidad profesional para encontrarse que, aunque hay muchas ofertas, la calidad de este trabajo es bastante mala.
Una vez agotadas, estas posibilidades, ¿dónde poder informarse sistemáticamente de las ofertas laborales adecuadas a nuestros perfiles? ¿A quién acudir más allá del chivatazo de nuestras amistades que en ocasiones son providenciales? Fundamentalmente, son varias las vías para estar al tanto de las ofertas laborales, así que permitidme que os recoja algunas de las opciones en una lista introductoria no exhaustiva:
- Portales especializados en empleo generalista. La búsqueda de empleo requiere cierta proactividad y acudir para informarse dentro de los portales especializados. no está de más. En el portal Infojobs, por ejemplo, podemos encontrarnos con algunas de ellas, aunque también podemos pasearnos por Monster o Infoempleo por poner sólo dos ejemplos.
- Portales de Biblioteconomía y Documentación como Docuweb o RecBib ofrecen sus propias secciones de ofertas de trabajo para nuestro ámbito laboral. Además, otras webs especializadas como Bibliopos ofrecen listados de convocatorias para oposiciones.
- Colegios Profesionales y las asociaciones son otros de los elementos a tener muy en cuenta. Así, por ejemplo, el Col·legi Oficial de Bibliotecaris-Documentalistes de Catalunya dispone de su propia bolsa de trabajo o el de la Comunidad Valenciana envía un boletín a sus asociados todos los meses. Por otro lado, la asociación Sedic está preparando su portal de empleo que lanzará en enero o la Asociación Andaluza de Documentalistas que también dispone de su propia bolsa de trabajo.
- Listas de distribución. Darse de alta en las listas de distribución a través de correo electrónico profesionales de Iwetel o Infodoc son otro de los recursos válidos para aquel que busca empleo. En el primer caso, el goteo de ofertas es constante, mientras que en el segundo existe un boletín electrónico que se recibe periódicamente con las ofertas de empleo recibidas.
Documentalista ≈ Google Humano
Este fin de semana en el semanario El País Semanal, se dedica un artículo al Personal Branding, la creación de una marca como persona para diferenciarse dentro del mercado laboral. Me ha llamado poderosamente la atención que el ejemplo se dedique a la figura del documentalista y, por ello, os lo recogemos aquí.
Miguel Ángel López creció, estudió, vivió y a los 34 años tropezó con su existencia. Un callejón sin salida .Este madrileño se licenció en Historia y lo aprendió todo como si el conocimiento fuera a desaparecer de la Tierra. Tres másteres, idiomas, estancias en el extranjero, becas de todos los colores, trabajos en archivos y bibliotecas, técnico de estudios de mercado, la edad a cuestas, la ilusión perforada… Y salto de beca en beca. Lo de siempre. Dio tumbos hasta que por Internet se topó con algo llamado Personal Branding. El profesional con el que contactó quiso saber una cosa:
- ¿En qué eres bueno?
- Pues no lo sé.
Años y años formándose y no era capaz de afirmar qué hacía mejor. Era bueno valorando datos y documentándose. Necesitaba diferenciarse. Primera tanda de pasos: preguntó a los demás cómo le veían, diseñó su producto con las piezas (estudios, experiencia, habilidades, metas) y dio visibilidad a su marca a través de su web y las redes sociales. El proceso duró tres meses. Miguel Ángel se vende hoy como el Google Humano. Busca información para empresas e instituciones. De debajo de las piedras. Y el trabajo no le falta. [...]
RAMÍREZ, Cristóbal. Mi marca soy yo. En: El País Semanal, nº 1680. Domingo, 7 de diciembre de 2008. P. 110
Documentalistas, ¿equivocamos nuestra formación?
La precariedad laboral en el campo de la Biblioteconomía y la Documentación, nuestra invisibilidad profesional, el intrusismo, las corrientes más o menos tecnófilas o tecnófobas entre nuestras filas, el desconocimiento de nuestras posibilidades laborales en trabajos diferentes a los tradicionales… son temas que, como profesionales de la información, de tanto en tanto nos rondan por la cabeza.
Éstas y muchas otras reflexiones similares las hemos vertido en múltiples ocasiones en este blog, intentando ofrecer un panorama profesional lo más amplio posible. Enlazar cada una de ellas sería demasiado tedioso, pero baste recordar cualquier encuentro entre un par de bibliotecarios/documentalistas –ya sea en reuniones informales entre amigos, cuando coincidimos en oposiciones o eventos varios, o en muchos mensajes en IWETEL-, para evocar los temas de los que hablo.
El reencuentro con viejos compañeros de estudio, de trabajo, con amigos -y el conocimiento de otros nuevos-, que supuso nuestra asistencia al 3rd International LIS-EPI Meeting ha hecho que me replantee de nuevo muchos de estos temas. Y más aún tras la lectura del reciente post de Álvaro Cabezas, en el que se recogía la vertiginosa caída de alumnos en las titulaciones de Biblioteconomía y Documentación en las universidades españolas, me ha hecho pensar si después de todo los que queremos dedicarnos a la Documentación en su vertiente más tecnológica o menos tradicional, de plano, nos equivocamos al escoger esta carrera.
En dicho post y los posteriores comentarios se barajaban varias explicaciones para esta caída de estudiantes en Biblioteconomía y Documentación: la pareja caída de la biblioteca como fuente de información universal, el escaso interés por las carreras documentales, la mala orientación vocacional, la sobreoferta formativa universitaria… Pero en conclusión, creo que el problema deriva mayormente de la propia formación que se nos ofrece en estas titulaciones (la Diplomatura y la Licenciatura).
Claro está que no se puede hacer un saco común: cada universidad sigue un programa curricular distinto, y desde que finalicé mis estudios en ambas titulaciones -en las dos universidades que las imparten en Valencia- seguramente habrá cambiado mucho el plan de estudios; pero poco se asemejaba la formación que recibí, a las necesidades formativas reales que me he ido encontrando a lo largo de mi desarrollo profesional.
Reconozco que como seguramente la mayoría de los futuros estudiantes universitarios no asistí en su momento a ninguna reunión informativa sobre la titulación, ni miré el plan de estudios de la carrera que había escogido; aunque viniendo de un módulo profesional en Biblioteconomía y Documentación sabía más o menos con qué podía encontrarme. Y si mi objetivo se hubiera limitado a preparar una oposición a alguna biblioteca municipal o universitaria, como es el caso de muchos de mis compañeros -y creo que casi la única salida que son capaces de visionar los estudiantes primerizos-, la formación que se me ofreció podría considerarse suficiente. Pero, cuando alguna asignatura, algún profesor, algún conferenciante, te deja entrever el mundo que hay más allá de la catalogación y de las bibliotecas tradicionales, las nuevas puertas profesionales que puedes cruzar con la base fundamental de nuestra profesión, la gestión de la información, ¿cómo no explorarlas?
Pero la realidad laboral es la que entonces nos cierra esas mismas puertas: los titulados en Biblioteconomía y Documentación no somos bienvenidos para desempeñar tareas más tecnológicas. La tradición de nuestra profesión, la visión que la sociedad tiene del mundo bibliotecario, de su obsolescencia frente a Internet, resultan un lastre. Poco importa que nuestra marcada formación interdisciplinar pueda servir como punto de apoyo a muchos otros profesionales (“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, Arquímedes); que nuestra capacitación para estructurar la información puedan completar, por ejemplo, la labor de un informático a la hora de crear o definir conceptualmente una base de datos, una Intranet, una página web; o que nuestra especialización en el campo de las búsquedas documentales pueda respaldar las labores de investigación científica, -sólo por poner algunos ejemplos que conozco.
Llegado a este punto, y volviendo al tema del estudio de Álvaro Cabezas, es cuando yo y otros (y perdón por el orden de los sujetos) nos planteamos si no hubiera sido mejor que estudiáramos otra carrera más tecnológica para trabajar en lo que nos gusta, en Documentación.
Quizá los nuevos estudiantes, más avispados que nosotros, hayan sabido ver que nuestro futuro laboral en este terreno no nos lo va a proporcionar una carrera como Biblioteconomía y Documentación. Consideran, al igual que la sociedad o que nuestros compañeros bibliotecarios más más tradicionales (y la redundancia es intencionada), que las nuevas tecnologías están alejadas de las bibliotecas y del anacronismo que transmiten.
Mucho se ha hablado de la muerte del libro y de las bibliotecas, no se trata de un tema nuevo. Así que, cuándo aprenderemos de una buena vez, cuándo aprenderán nuestros formadores, que tenemos que dar el salto de continente a contenido, de libros a información, de entidad física a virtual; que las nuevas tecnologías están ahí para ayudarnos y para quedarse y que no tenemos que temerlas.
Quizá la biblioteca 2.0 pueda lavar la cara a la imagen tradicionalista que arrastramos, pero mientras tanto esa imagen seguirá siendo un escollo en nuestra incursión en un mundo profesional más amplio y más tecnológico.
Más elucubraciones… en la próxima reunión.
Calsi: El club de los monólogos
Entre la variedad de reuniones profesionales que existen –congresos, jornadas, simposios, seminarios, etc.-, creo que el caso de los Workshops es el que más se aleja de su definición. Aunque enmascarado por el término inglés Workshop, no deja de ser más que un taller; lo que a mi entender hace énfasis en la interacción e intercambio de ideas, en el trabajo en equipo. Y no es eso lo que pudimos ver en la última edición del Workshop Calsi, aunque las ponencias estaban enmascaradas bajo el título de mesas redondas.
Cuando acudí la primera tarde al Workshop, y vi que estaba asistiendo a una sucesión de monólogos, sin apenas opción a la réplica y a la discusión, lo achaqué al retraso de la inauguración del evento y a la poca participación que en ocasiones se da por parte del público. Pero los días siguientes, la tónica fue la misma: lo que debería haber sido una exposición de ideas básicas de cada ponente y un interesante debate entre sus diferentes criterios y puntos de vista, no era más que un soliloquio tras otro, ni rebatido, ni contestado.
Otros han reflejado en sus blogs lo que allí se dijo y se vio; pero lo que se comentaba delante del café, en los descansos, era lo mucho que se echaba en falta ese intercambio -que no exposición- de ideas entre los contertulios, y que era la verdadera razón por la que todos estábamos allí.
Hubo algún intento de convertir los monólogos en conversación, pero fue inútil. En contra de los propios dinamizadores de la mesa, el desarrollo del Workshop siguió el camino que había iniciado, y terminó tal como había empezado.
Se trataron muchos y variados aspectos de la documentación digital, con mayor o menor interés para los asistentes, con mayor o menor discrepancia entre los conferenciantes; pero ninguna conclusión pudimos sacar de todo ello, como no fuera la propia.
Y no es que me lleve las manos a la cabeza, ni me sorprenda por cómo se desarrolló la reunión; no es la primera vez que nos dejamos arrastrar por nuestro interés en esta profesión, y supongo que estamos curados de espanto.
Después de todo, la razón final para seguir asistiendo a esta clase de eventos es el reencuentro con viejos amigos y compañeros, y el poder intercambiar ideas –esta vez sí- con gente como Catuxa y Vanesa, Javier, Didac y Marcos.
Así que, hasta la próxima.
La Biblioteca de los líos
El robo de dos mapamundis de dos volúmenes de la Cosmografía de Ptolomeo (siglo II después de Cristo) forzaron la dimisión de la directora de la Biblioteca Nacional de España, Rosa Regàs, junto con un cruce de acusaciones de falta de sintonía con el nuevo ministro de Cultura, César Antonio Molina, que, según la primera versión de la ex-directora, le acusó de no haber hecho nada durante los tres años de gestión al frente de esta institución.
A la escritora, podíamos escucharla como tertuliana en el espacio radiofónico La Ventana, que emite la Cadena Ser, antes de su nombramiento como directora. En aquellas tertulias vespertinas, se mostraba incrédula ante los argumentos de una de sus compañera, de afiliación política del Partido Popular, de mesa frente a planteamientos políticos que consideraba que saltaban a la vista y que no eran posibles de negar. De aquellas tertulias, puedo sintetizar que Regàs no disponía de cintura política y mesura a la hora de utilizar sus palabras, algo que le ha hecho falta ante los problemas que se ha enfrentado durante los tres años que se ha hecho cargo de una de las organizaciones culturales más importantes de España.
Me resultó curioso que el diario El País, perteneciente al mismo grupo editorial que la Cadena Ser y escorado hacia las posturas políticas de la escritora y del Gobierno actual, dedicara una editorial al escándalo que había forzado la dimisión de la escritora y que las palabras duras no faltasen:
El paso de la escritora catalana por la institución no va a dejar, lamentablemente, demasiadas huellas positivas. Lo que haya podido realizar como directora en estos tres años (ella, lógicamente, tiene todo el derecho de reafirmar su gestión) se ha visto empañado por no pocas meteduras de pata (entre ellas y una de las más sonadas, su invitación a no leer periódicos) y una buena dosis de sectarismo. Sólo queda ahora desearle que disfrute de la literatura. Sus lectores, sin duda, lo agradecerán.

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