El Documentalista Enredado

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Facebooks rules the world

No nos hemos dado cuenta, pero poco a poco hemos ido abandonando la web. Fue poco a poco, sin pretenderlo, pero nuestra web se hizo más pequeña. Pasamos de los monitores de 17 pulgadas a los monitores de cinco pulgadas y si en aquel momento nos costaba leer un texto largo, es comprensible que actualmente ante una letra de siete puntos nuestros ojos nos pidan un descanso.

Pero fue Facebook, a pesar de que comience a sentir en sus carnes el relevo generacional y que nos hayamos cansado de publicar lo que hacemos en nuestro muro, fue el primero en percatarse de que el futuro pasaría por el móvil, que todos los contenidos se consumirían mediante este dispositivo y que los portátiles pasarían a mejor vida. Que era vital posicionar la icónica F blanca en nuestras pantallas.

Atrás van quedando las polémicas de si Facebook es realmente una red social como se entendía en sus principios. Una red social entendida como un lugar donde conectarse con las amistades que realmente conocíamos y que se encontraban sujetas más o menos al número de Dunbar. No, desde luego que ya no lo es en muchos de los casos. Pero hay que tener presente que Facebook siempre ha sido temerosa de su propia obsolescencia -consciente diría yo- afanándose en adquirir o tratar de hacerlo las nuevas tecnologías que le salían al paso, que podrían hacerle sombra: Whatsapp, Instagram, Oculus… Porque sí, a pesar de que conecte a más de mil millones de personas en el planeta, Facebook tiene miedo. Miedo a su propia irrelevancia a que sus usuarios la abandonen como hicieron con otras plataformas como el MSN Messenger.

Para ello, se ha dispuesto a comerse Internet. Desplazarse a los nichos donde otras plataformas se sitúan con el único objetivo de servir información mientras la recopila silenciosamente, sin que nos percatemos de ello.

Facebook es actualmente una de las principales empresas publicitarias de Estados Unidos. Junto a Google, Microsoft, Yahoo y AOL, la empresa de Mark Zuckerberg factura anualmente 5 billones de dólares (10% del total). Sin embargo, el dinero publicitario todavía no ha sabido posicionarse en el móvil, mientras que se enfrenta a retos evidentes como los bloqueadores de publicidad en los navegadores móviles. En cualquier caso, Facebook parece querer convertirse en el portal mediante el cual los usuarios se conecten como si se tratase de la fiebre de los portales de la burbuja.com. Pero, debemos reconocer que el atractivo de esta red social es muy relevante como demuestra el hecho de que el usuario medio estadounidense pasa 42 minutos diarios en la web.

A Facebook se le ha considerado como el nuevo editor de noticias, capaz de no generar ningún tipo de contenido pero ser el vehículo mediante el cual los productores de noticias conectan con su público. Esto genera una especial relación amor-odio ya que muchas de estas empresas dependen de la red social para monetizarse. El último movimiento de Facebook es Instant Articles, una plataforma mediante la cual redistribuye contenidos de los principales editores de la web. Los editores pueden utilizar su plataforma incluyendo sus propios anuncios, obteniendo el 100% de esos ingresos, aunque también pueden echar mano de Facebook Audience Network en la que la red social se reservaría el 30% de los ingresos.

Desde luego que va a ser interesante comprobar hacia dónde se encaminan todas estas iniciativas si tenemos presentes que cada vez que la red social ha realizado un cambio en su Newsfeed o en sus políticas han provocado enfados en sus clientes. Incluso ha llegado a expulsar a alguno de ellos con el impacto que puede tener en su cuenta de resultados lo que ha llevado a empezar a cuestionarse si Facebook realmente tiene actualmente demasiado poder en la Red.

Tu vida social se sostiene en Internet

Hace un tiempo, un amigo se quejaba que desde que todo el mundo tenía un smartphone y concretamente Whatsapp, él había dejado de tener vida social -En modo irónico, se entiende-. Se sentía excluido al no pertenecer al grupo de contactos agregados a su grupo de amigos, así como perder el hilo de las conversaciones que en ocasiones se generaban a través de esta plataforma. También es sorprendente el número de personas que ya no hablan por teléfono o se niegan a hacerlo, prefiriendo el envío secuencial de mensajes de texto instantáneos, aunque se podrían ahorrar malos entendidos, donde se pude controlar la temporización de lo que se quiere decir y donde se pierde la inmediatez y por tanto la frescura en las conversaciones.

Desgraciadamente, mi amigo no debe ser el único desubicado por los nuevos usos sociales que la tecnología va imponiendo en el transcurrir de los días. Paul Miller, editor de The Verge, hizo un experimento consigo mismo tratando de vivir un año sin Internet. Consideraba que Internet le había convertido en una persona impaciente e improductiva, por lo que decidió no utilizar ordenadores conectados a Internet, cuando redactaba un artículo debía llevarlo a la redacción en un pendrive y cuando quería enviar un mensaje debía utilizar el correo ordinario. Las consecuencias fueron un descenso notable de su vida social. Su frase: “Se ha gastado mucha tinta sobre el falso concepto de Amigo de Facebook pero puedo decirles que un amigo de Facebook es mejor que nada” se me presenta como completamente hilarante, aunque inevitablemente me recuerda al comentario lastimero de mi amigo.

Las dos situaciones me llevan a reflexionar que aunque algunas personas se consideren torpes y temerosas en esto de las nuevas tecnologías, aunque crean que las Redes Sociales como tales no van con ellos; la necesidad de estar conectados trasciende a la capacidad de decisión humana. Es decir, a pesar de la negación de lo evidente, el ser humano necesita establecer relaciones sociales y aunque el número de plataformas tecnológicas establecidas a través de Internet sean diversas, e incluso algunas hayan estado diseñadas para interactuar socialmente, Internet en sus distintas vertientes es el mayor nodo social creado hasta la fecha y que forma ya parte de nuestras vidas nos guste o no.

Facebook, la bolsa y la vida

A Mark Zuckerberg ya le buscan las cosquillas después de la desastrosa salida a Bolsa de Facebook Ayer, 8 de junio de 2012, las acciones cerraron a $27.10, mientras se habían colocado a $38 en su salida al parqué (Una depreciación del 30%)-. Un hecho que no debería sorprender en exceso cuando se ha marcado a Facebook como el hito de la siguiente burbuja económico-tecnológica o Burbuja 2.0. A pesar de los intentos del CEO de Facebook de centrarse en sus usuarios, ofrecer nuevos servicios tratando de adaptarse a sus gustos, los continuos cambios que imprime a su Red Social no acaban de gustar cuando se anuncian; el hecho es que la carrera de Facebook para convertirse en la primera empresa con mil millones de usuarios registrados, ha dejado muchos cadáveres en el camino.

La película “La Red Social” es una muestra descarnada de su génesis y su ascenso (Aunque no debemos olvidar que es una dramatización y hay que ser cautos con los productos hollywoodienses). En ella, Zuckerberg se presenta como un tipo que necesita el reconocimiento social por encima de todo. Sus modos atemperados por su propia naturaleza tecnológica no impiden que se amilane ante demandas o amenazas en las que convencido de que su razón es su mayor arma, trata de desmontar las teorías de sus adversarios e incluso mostrar desdén hacia ellos. La película desliza algunas perlas hacia la personalidad de Zuckerberg definido en algunas escenas como “Gilipollas” aunque en la escena final se suavice su personalidad: “No eres un gilipollas, Mark, por más que lo intentes en serlo ”. Zuckerberg traiciona durante el desarrollo de Facebook a muchos de sus amigos, empezando con su novia con la que abre la primera escena de la película, siguiendo con los gemelos Winklevoss con los que litigiaría sobre la propiedad intelectual de Facebook y finalmente con Eduardo Saverin que en la película se define como su único amigo.

A todas luces, Facebook no surge de la misma forma que Google, no son servicios comparables, y ni siquiera tiene un eslogan blanco como aquel “Don’t be evil” y, a pesar de disponer muchos libros editados sobre su nacimiento, puede que el material no sea tan dramatizable como Facebook. El objetivo de Facebook es dar un servicio, satisfacer clientes y al mismo tiempo tratar de rentabilizarlo. Zuckerberg no sabe definirla en un primer momento, pero Sean Parker mucho más bregado en rentabilización de proyectos Internet dispone de las llaves correctas para conseguir inversores y a la vez empresas dispuestas a pagar por aparecer publicitariamente en la red social.

A día de hoy, Facebook ya es una compañía “vieja” en términos Web. En siete años, casi ha alcanzado su cénit y, dentro de un clima de crisis económica, se necesitan resultados. Unos días antes de su salida a bolsa, siempre aplazada intentando llegar a los 100.000 millones de valorización, General Motors (GM) anuncia que la publicidad en Facebook, su modelo de negocio, no funciona y que dejará de invertir en ella. Esa acción sacude los cimientos de la Web Social y algunos acusan a GM de no saber usar Facebook. Sin embargo, pronto surgen los análisis y la información que los colocadores de acciones de Facebook se cuidaron en ocultar: Facebook no ha migrado aún convenientemente desde el PC, plataforma desde la que nació, hacia el móvil. Pero no sólo eso, más allá de las campañas de desconexión Facebook, la salida bursátil hace resurgir el análisis del efecto fatiga de Facebook, mientras que algunos ya señalan su final para 2020.

Los usuarios establecidos empujados por las nuevas generaciones, los cambios y evoluciones en los dispositivos tecnológicos y por los early adopters, también transmutan sus hábitos trasladándose hacia otra tipología de Redes Sociales. La adquisición de Instagram por parte de Facebook y el desarrollo de una app dedicada a la fotografía, muestra que la empresa es sensible a las nuevas tendencias de sus usuarios. Sin embargo, ahora que tiene que rendir cuentas a sus accionistas, ¿se mostrará ágil hacia los próximos retos que le sobrevienen?

La paradoja de llamarse Mark Zuckerberg

Si atendemos al perfil dispuesto en la película La Red Social de David Fincher, ¿quién querría ser Mark Zuckerberg, fundador de Facebook? Un ingeniero informático brillante que en una noche de borrachera es capaz de saturar los servidores de la Universidad de Harvard Stanford, que es capaz de traicionar a su amigo y robar la idea de un proyecto web a los primeros que quisieron trabajar con él. Puede ser que para constituirse como una de las personas más admirada/odiada del Globo, haya que sufrir una cantidad de vicisitudes de difícil superación, aunque alguno considerará que no merecerá la pena. Desgraciadamente, llegar a llamarse como una de las personas más populares puede llegar a convertirse en una ventaja o una desventaja, siempre dependiendo de las circunstancias personales de cada uno.

El personal branding es uno de los grandes conceptos desde que surgió la Web Social. Hay que posicionarse profesionalmente, es necesario trabajar para venderse y saber venderse, para destacar sobre todos los profesionales que día a día nos hacen la competencia – sana, se entiende – mientras desempeñan su trabajo. Sin embargo, el llamarse igual o acercarse a ello, puede ser una completa desventaja cuando lo que te identifica irremediablemente a la hora de trabajar es precisamente tu nombre.

Mark S. Zuckerberg es un abogado especializado en bancarrotas con cierto renombre en Indianapolis (EEUU), sin embargo intentar ganar visibilidad usando una de las redes sociales con mayor popularidad sólo le trajo disgustos desde un principio. Facebook siempre tuvo ciertas reservas a la hora de aprobar su perfil hasta que finalmente le cerraron la cuenta. La campaña para tratar de recobrar su identidad digital dentro de Facebook traspasó obviamente esta red social e intentó guerrear fuera de ella consiguiendo finalmente su objetivo. Ser Mark S. Zuckerberg sin ser Mark Zuckerberg.

El movimiento defensivo es una vuelta de tuerca. Si eres un empresario que vende un producto de social media enfocado en Facebook (Vender “Likes”) y recibes una amenaza de denuncia de Facebook, puede ser que una buena idea sea cambiarte de nombre a Mark Zuckerberg bajo el razonamiento de que una empresa no puede denunciar a su fundador – Un poco ingenuo, sí, a Steve Jobs lo despidieron de Apple a finales de los 80, el dinero no tiene amigos -.

Privacidad de la lectura

[…] Leer de una manera anónima no parece ser algo anómalo todavía, pero las cosas cambiarán a medida que evitemos entrar en las bibliotecas públicas y empecemos a tomar prestados los libros a través de Amazon y de Barnes & Noble. Aquellas nunca pensarían en vender nuestros datos a terceros; estos últimos no se lo pensarían dos veces. Es más, nos darían cupones para compartir nuestros hábitos de lectura. Todo ello es parte del gran envite de Silicon Valley por un consumo lo más “conectado” y transparente posible. Y que funciona: demasiado a menudo compramos cosas que amigos nuestros nos han recomendado online -e inmediatamente les contamos qué hemos comprado, creando circuitos de realimentación que hacen que conceptos como el de “consumo ostentoso” parezcan inadecuados. En esta nueva economía rica en datos, servicios como Facebook emergen como poderosos intermediarios que siguen la pista de nuestros más íntimos pensamientos, inquietudes y aspiraciones, desde la cuna a la tumba, y que van a sacar provecho de tales intimidades mediante la publicidad dirigida. […]

MOROZOV, Evgeny. El anonimato en la Red. [En línea] Madrid, Diario El País: Domingo, 27 de noviembre de 2011 < http://www.elpais.com/articulo/opinion/anonimato/Red/elpepiopi/20111127elpepiopi_11/Tes > [Última consulta: 28 de noviembre de 2011]

Desnudos en las Redes Sociales

Los tiempos están cambiando. En España, fue una conquista democrática la erradicación de ficheros que guardaban información considerada sensible (Orientación sexual, raza o religión) que se utilizaron durante la represión franquista. La privacidad conquistada durante las décadas pasadas se ha resuelto con cierta regresión, mientras los gobiernos enarbolaban la bandera de la seguridad tras los distintos atentados terroristas que sacudieron algunas de las principales ciudades occidentales. Nuestra sociedad vigilada. Mientras tanto nuestra vida se entrelaza cada vez más con la Red y todas las aplicaciones que nos permiten estar conectados con nuestros conocidos y amigos, así como en aquellos sitios web que resultan de nuestro interés; somos diseccionados hasta algunos estratos que consideraríamos inadmisibles. Los ficheros de datos se multiplican, a la vez que las leyes que sirvieron regularlos buscando proteger nuestra intimidad se demuestran insuficientes en un mundo globalizado.

Pero las mentalidades también cambian, cualquiera puede disponer de sus minutos de gloria quieriéndolo o sin quererlo, y nuevos términos como el sexting o actitudes como mostrarse desnudo en la falsa intimidad de un cuarto de baño que algunos adolescentes realizan pueden pasar a ser algo más que una moda. Actos que no se encuentran generalizados, pero que invitan a que personas con mayor o menor influencia consideren que la intimidad ha muerto. Claro que Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, autor de la aseveración:

“Las personas se sienten muy cómodas no sólo compartiendo más información y de diferentes tipos, sino que también siendo más abiertos y con más personas. Esta norma social es algo que ha evolucionado en el tiempo, y nosotros la seguimos.”

Aquel que considera el fin de la privacidad como norma social, es la misma persona que considera que los usuarios de Facebook son “idiotas” o que reclama para sí esa privacidad que quiere sustraer a otros. Al final, parece que el dueño de Facebook puede llegar a encontrarle la utilidad a esa privacidad, algo que nosotros también deberíamos comenzar a plantearnos seriamente antes de que resulte demasiado tarde.

Pero es hipócrita acusar a otros de utilizar con mala fe nuestros datos personales, aunque nos declaren “idiotas”, cuando somos nosotros los primeros que no sabemos cuidar de lo que hacemos y lo que ofrecemos en la Web. Recientemente, los medios de comunicación publicaron alarmados que unos ladrones habían asaltado una casa haciéndose valer de la red social Facebook. El propio Jeff Jarvis, consultor y gurú de los medios de comunicación en Internet, tomó cartas en el asunto y trató de indagar sobre este hecho. Sus conclusiones, además de lanzar la estupenda frase “No os creáis todo lo que leáis”, fueron que se había sobredimensionado la noticia, que el ladrón no era un desconocido para la víctima, sino que estaba agregado como “Amigo” en la popular red social y que el hecho en sí se podría haber evitado siguiendo unas sencillas reglas para salvaguardar la privacidad ante personas que pueden llegar a no ser tan de fiar como creeríamos.

Sin embargo, muchos hechos aislados deberían llevarnos a la conclusión de que lo que publicamos es susceptible de ser usado en contra nuestra por desaprensivos. La web PleaseRobMe trata de alertarnos sobre ello recogiendo todas las actualizaciones de estado de los usuarios de Twitter que declaran voluntariamente encontrarse fuera de casa. Sin embargo, esa súplica de ser robados a través de Twitter no se trata de una exageración si nos atenemos a tan sólo dos ejemplos que se han recogido recientemente en distintos blogs.

En el primero de ellos, una chica que está en un restaurante cenando con unas amigas recibe una llamada de un extraño que llega a asustarla. En el segundo, un hombre recibe una broma muy pesada estando durmiendo en un hotel, cuando unos desconocidos que se hacen pasar por la dirección del mismo tratan de echarlo. El nexo en común de estas dos historias es que ambas personas utilizan un servicio de geolocalización (una aplicación que sirve para situarte geográficamente en un lugar en general utilizando un teléfono móvil) que les sitúa en un punto y publicándolo en Twitter, permitiendo a ciertos desaprensivos hacerles pasar por unos de los peores momentos de sus vidas.

¿Cuántos amigos quieres tener hoy?

Es la segunda vez que me pasa, aunque sigue llamándome clamorosamente la atención. Como usuario de Twitter, recibo una invitación para aumentar mi número de followers (seguidores) de mi cuenta de una forma artificial. Como hice la primera vez que recibí la invitación, no hago caso. Desde luego, no es la forma por la que me gusta obtener seguidores ni, como sucedía anteriormente con el blog, la forma en que me gustaría obtener subscriptores, a través de una cadena tonta de favores. Prefiero que una persona, de una manera más o menos consciente, tome la decisión de interesarse por lo que pueda llegar a decir.

Personalmente, puedo llegar a entender que ciertas cuentas necesiten de la agregación de un número creciente de seguidores en Twitter, así como de fans o amigos en Facebook. Si son cuentas creadas con objetivo de marketing o con perfiles profesionales, comprendo perfectamente esta necesidad. Sin embargo, para personas individuales, ¿necesariamente estamos obligadas a ello? ¿Necesitamos agregar a desconocidos que probablemente ni nos aporten nada y que tal vez sólo obedezcan a sus necesidades de ego para hinchar sus números?

Estas dudas surgen cuando estoy considerando limpiar mi cuenta Facebook de gente que no conozco pero que me ha agregado gracias al blog y, probablemente, otras razones más comerciales. Mi cuenta en Facebook es enteramente personal y teniendo en cuenta los fallos de privacidad de esta red social y su política de que cada vez seamos más abiertos y dispongamos de menor privacidad dentro de ella, me lleva a la consideración de que tal vez sea tiempo de hacer una limpieza. Además, este blog dispone de su propia página en Facebook por lo que tal vez debería comenzar a utilizar dos planos distintos con la dualidad Marcos-El Documentalista Enredado junto a Marcos-Persona.

Siguiendo las consideraciones del número Dunbar, en realidad, sólo podríamos mantener una relación más o menos fluida con 150 personas. Más allá de ese número, obviamente, la red social se convierte en inmanejable. Estoy seguro que mi red social es actualmente más escasa, pero la considero rica. En Twitter puedo tener 200 seguidores, pero en Facebook una herramienta completamente distinta, tener agregados 150 desconocidos me parece un tanto estúpido. Puedes considerar que estás realizando una exhibición de tu poder social, aunque obviamente la cantidad de amigos con los que puedes tener un contacto más o menos estrecho sólo puede concentrarse en el 10% de esa cantidad (Más o menos).

Herramientas y sitios web para obtener seguidores en Twitter y amigos en Facebook seguirán existiendo y serán necesarios dependiendo de qué casos, pero de nuevo volvemos a la necesidad general del ser humano de seguir gestionando y exhibiendo su red social. Creo que debemos tener presente los distintos planos e identidades digitales de los que disponemos y que tendríamos aprender a gestionar correctamente, de lo contrario, en el futuro podríamos llevarnos alguna sorpresa o simplemente echar pestes por haber utilizado estas herramientas alguna vez.

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