Forges, libros y tecnología
Poco a poco, hemos ido relajando las buenas costumbres como nuestra tira mensual de Bibliohumor. En esta ocasión, cuando se espera que uno de los regalos estrella estas Navidades sean los libros electrónicos (y los debates sobre la conveniencia de estos aparatos y sus formatos se prolonguen), os dejamos una tira publicada por Forges en abril de 2006, esperando que sea de vuestro agrado.

Todavía no ha llegado el ocaso de las estanterías

Voy a confesar que mi vida como lector es caótica. Me gustaría leer mucha más novela, pero parece que mis gustos y necesidades se decantan últimamente por el ensayo. Puede que se trate de libros que sólo lea yo, de lo que me declaro culpable; pero lo cierto es que se trate de libros literarios y de otros estilos y ámbitos, los libros siguen amontonándose y almacenando polvo. Hace ya tres años que compré mi última estantería y actualmente, en otras circunstancias, consideraría que ya va siendo hora de replantearme la compra de otra; sin embargo las estanterías se perfilan como el futuro objeto obsoleto, algo que nuestros hijos, o los hijos de nuestros hijos, verán como algo completamente añejo.
Sí, consideré en comprarme un ebook, un libro electrónico o un dispositivo de lectura electrónica, puede que demasiados sinónimos para distintas cosas, para fechas relativamente cercanas, puede que Navidad. Me imaginé con mi infinidad de libros descargados de la Web y con los artículos científicos que he ido recopilando a lo largo del tiempo, localizados en un único lugar y ocupando el mismo sitio. También me pude ver comprando nuevos libros a través de esas librerías virtuales, una idea nada descabellada cuando Amazon plantea vender libros fuera de EEUU. Así que no extrañó cuando contemplé a mis estanterías estancadas en un pasado mejor y disfrutando de una mejor vida, mientras mi biblioteca se desplazaba conmigo al metro o al trabajo, en los viajes o en las esperas en un dispositivo plano y cómodo para leer.
Sin embargo, estos ingenios electrónicos todavía no se encuentran listos para todos los usuarios del libro tradicional. Amazon preparó un programa piloto de testeo de su aparato Kindle en cinco universidades americanas y los resultados no resultaron excesivamente positivos. De hecho, uno de los 300 estudiantes que realizaron sus tareas académicas con él señalaba que la herramienta “falla mucho, es lenta y es un horror interactuar con ella”. Los profesores tampoco es que hayan sido benevolentes con el Kindle DX, que todavía “es considerado inadecuado para la vida universitaria, y señalan que es complicado marcar de forma rápida párrafos o partes de los textos, y las páginas del Kindle carecen de numeración, lo que hace que los alumnos lo tengan complicado a la hora de incluir citas en sus trabajos”.
Por lo que puede que mi imaginación echó a volar, puede que demasiado alto, durante un tiempo; pero me di cuenta que el mercado todavía no se encuentra lo suficientemente maduro para que yo realice un gasto de unos 250 € en un objeto con grandes posibilidades y que disfrutará de una evolución muy rápida durante un periodo muy corto de tiempo. Es decir, creo que el ebook aún no se ajusta a mis necesidades, por lo que esperaremos a su próxima evolución. Es probable que tenga suerte y que, para entonces, todavía no haya comprado los suficientes libros para rellenar otra estantería. Espero que se den prisa.
Libros y lectores 2.0
Tal y como os comentamos, la semana pasada en Valencia participamos en la mesa redonda celebrada en la Fnac, Libros y Lectores 2.0, a la que Javier Celaya tuvo a bien a invitarnos. Junto a Javier Leiva y Jorge Serrano, estuvimos hablando durante más de una hora sobre los posibles futuros del libro en una sala bastante repleta y que supo dar juego proponiendo diversos temas a debatir.
Imagino que, al igual que los asistentes, podemos resumir que el futuro del libro es bastante incierto y mucho más teniendo presentes los terribles cambios que a los que está siendo sometido el mundo editorial. Por un lado, es bastante probable que el libro impreso no desaparezca, pero que otros productos ligados al sector editorial, como serían los medios de comunicación impresos, evolucionen hacia un consumo a través de diversos dispositivos. Y es importante recalcar lo de diversos, puesto que el consumo del libro electrónico todavía está por definir. No está claro que sean los dispositivos e-books, junto a su tecnología de tinta electrónica, los que vayan a establecerse como medio para el consumo de estos productos. De hecho, es bastante probable que el futuro nos encontremos con híbridos a medio camino entre el libro electrónico y el ordenador portátil que vayan un poco más allá para facilitar la lectura. Así, por ejemplo, a los nuevos dispositivos se les añaden funciones de reproducción de MP3 o de agenda, por lo que no es descartable que un hardware tipo netbook pueda convertirse en el soporte de lectura.
Lo que no cabe duda es que el libro electrónico, ya se trate de complementar o de sustituir al tradicional, ha venido, esta vez sí, para quedarse. Es posible que después de diez años desde el lanzamiento de los primeros e-books comerciales, el libro haya encontrado por fin lo que le venía haciendo falta: Un distribuidor importante. Y ha sido la tienda virtual Amazon la ha apostado en situarse dentro del mercado ofreciendo, por un lado ser el distribuidor y, por otro, ofreciendo la tecnología necesaria para el consumo de estos libros digitales. También es interesante señalar que Amazon no se ha cerrado a otras alternativas como la utilización del iPhone para el consumo de sus fondos bibliográficos.
Sin embargo, no podemos olvidar al gran actor de los contenidos en la web: Google. El gigante de Mountain View se ha lanzado a digitalizar todo libro impreso y conservado dentro de las principales instituciones educativas de todo el mundo. Puede ser que cruzando la línea, derrotando a los grandes legisladores y a los políticos que comprueban que sus intentos a penas pueden hacer sombra al ímpetu del gigante de internet.
Por supuesto que lo ha hecho consciente del futuro, del acceso a través de dispositivos móviles y de la ubicuidad en la Red. Cuando los dispositivos evolucionen, cuando leer a través de un terminal informático no nos suponga un gran esfuerzo, Google ya estará posicionado, más allá de las editoriales tradicionales o de Amazon, ofreciendo contenidos y haberse movido en el tablero del futuro del libro sin que los editores ni los autores se percaten de que no controlan muy bien qué se hace con sus contenidos ni cómo se consumen.
El mundo digital del libro
Hace ya unos meses, el suplemento cultural del diario El País, Babelia, realizaba una reflexión sobre el futuro del libro cuya lectura os recomendamos, pues bien, parece que el debate no se agota y ante las novedades, como la aparición de Kindle, y otras evoluciones, el mismo medio de comunicación nos ofrece, de nuevo, un puñado de artículos sobre los nuevos hábitos y posibles futuros del libro.
- Big Bang digital. El ciberespacio y las tecnologías emergentes aceleran la transformación hacia una nueva era cultural.
- Literatura sin papel
- El ‘blog’ y la literatura del XXI
- Rescate de páginas singulares
- La biblioteca de Babel
- El nuevo poder del autor
El futuro inimaginado del libro electrónico
Hace ya unos meses que Amazon, la librería más importante de Internet, presentó su propio libro electrónico bautizado como Kindle, que provocó mucho revuelo junto a cierto éxito y que derivó en el inevitable debate sobre el futuro del libro. A pesar del entusiasmo de los medios de comunicación, los amantes de la tecnología no lo tienen del todo claro y las críticas sobre el nuevo aparato no han sido indulgentes, más bien crudas. Si tenemos presente que desde mediados de la década de los noventa se vienen presentando aparatos para tal fin, incluyendo a la multinacional Sony con su Reader, y su éxito y penetración han sido escasos o nulos; lo que debería debatirse no es el futuro del libro como soporte, sino más bien el futuro del libro electrónico como está concebido actualmente.
Obviamente, no voy a ser yo el que niegue que el futuro del libro pueda llegar a ser digital (que lo será), pero no parece que estemos en la antesala de su agonía, fundamentalmente porque hay un error en su concepción y en su diseño. Echemos un vistazo a Kindle lleno de botones, aparatoso, con una política DRM demasiado agresiva y caro (400 $), aunque tenga un catálogo impresionante de 90.000 títulos en sus inicios, desde luego que no parece ofrecer algo novedoso respecto a lo ya visto salvo estar respaldado por una gran empresa dedicada a la comercialización del libro.
Pero el propio lanzamiento del aparato parte de una base errónea, puesto que se nos vende este e-book como el iPod de los libros, olvidando que el iPod fue en su momento revolucionario respecto a su capacidad de almacenamiento y un diseño innovador. Una concepción nueva de algo que ya existía y que ha favorecido un efecto Halo sobre el resto de productos de Apple impulsando las ventas de sus otros productos junto al refuerzo de su tienda en línea iTunes Store. Pero establecer comparaciones es una política errónea de marketing porque se plantean expectativas que no se cumplen. Consideremos el último producto estrella de la compañía de la manzana: El iPhone. El terminal móvil no se vendió como un iPod con teléfono; no, se comercializó como un nuevo concepto de teléfono móvil, revolucionario desde sus principios y único en su diseño. Es por esto por lo que es deseado. Tener un iPhone para un consumidor es marcar una diferencia y lo mejor de todo es que su producto derivado, el iPod Touch, es percibido como un iPhone capado en sus funcionalidades, más que como un producto de la familia iPod.
Pero es significativo que Apple no esté interesada (todavía) en el mundo del libro. Steve Jobs no teme a Kindle como competencia, supuesta, qued éste pueda ofrecer a sus productos. Según su criterio, el Kindle reproduce textos en cuatro animados tonos de gris, y lo hace bien. Sin embargo, cuando se pregunta a Jobs qué opina del dispositivo, deja claro su menosprecio por el sector de los libros. "No importa lo bueno o malo que sea el producto; el hecho es que la gente ya no lee", espeta. "Un 40% de los estadounidenses leyeron un libro o menos el año pasado".
El fondo de esta aseveración es que los geeks y los early-adopters no están interesados en los libros electrónicos, no quieren un aparato en blanco y negro que sólo sirva para leer. El libro electrónico, para ser adoptado de forma masiva, tendrá que ser un punto de acceso a Internet como lo está comenzando a ser el iPhone. No es suficiente una pantalla en blanco y negro, deberá permitir leer blogs y navegar por ellos, periódicos, wikipedias, etcétera sin tener que pagar por ello. Deberá ser un punto de acceso a la biblioteca universal que además permita leer libros, ver vídeos, contestar al correo electrónico, bloguear, chatear, etc. No podemos olvidar que las compañías tecnológicas están escaneando y poniendo a disposición de los internautas de forma masiva libros de distintas bibliotecas. ¿Quién podría en un futuro obviar esa fuente de información?
El debate subyacente es quién compraría un e-book. El mundo del libro siempre ha contado con una ventaja que compensa la carencia de unos ingresos y unos beneficios enormes: la apasionada adhesión que sienten autores, editores y clientes habituales por los propios libros. Por ello, el futuro del libro no está imaginado aún, no son los aparatos que se nos presentan, no son innovadores en su concepción. Tratan de llevar la idea de un libro analógico al digital sin considerar que tal vez ese no sea el camino correcto para crear un modelo de negocio válido que se ve lastrada por la idea misma del producto.
Las bibliotecas y el RFID: La biblioteca pública de Seattle
La semana pasada os recomendábamos la lectura del artículo Biblioteca codificada donde podíamos comprobar cómo se gestionaban los fondos librarios de una gran editorial, así como la automatización de procesos permitía una mayor agilidad a la hora de tramitar y servir pedidos. Pues bien, permitidme presentaros ahora la gestión de circulación de fondos que se realiza en la Biblioteca Pública de Seattle gracias a la tecnología RFID.
En el artículo RFID en la gestión y mantenimiento de bibliotecas tenéis más información sobre la aplicación de esta tecnología en el mundo bibliotecario. Pero la idea subyacente es que, mediante un sistema de identificación a través RFID, se diseñe un sistema automático que permita que los libros se coloquen en sus estanterías tras la devolución del material por parte de los usuarios sin mediación de los bibliotecarios. Disponéis de dos vídeos para comprobar el funcionamiento de esta tecnología, aunque me parece que el auxiliar bibliotecario nunca pasará de moda.
La ruptura entre tecnología y sociedad: el patrimonio cultural y la e-administración
Un año más, la Universidad Politécnica de Valencia organiza el Workshop Calsi, centrándose en esta ocasión en la temática: “Información Digital: Nuevas perspectivas en la sociedad del conocimiento”. Bajo ese título se recoge un abanico de aspectos que van, desde la e-administración, hasta la Web 2.0, como ya nos comentó Catuxa (y a la que esperamos ver); pasando por la publicación científica bajo criterios tradicionales, como son las revistas científicas, y el acceso abierto a la ciencia.
Las TIC como herramientas de acceso a la memoria colectiva
Arturo Colorado Castellary, ha abierto el Workshop con su muy interesante conferencia inaugural “Patrimonio y gestión del conocimiento en la era digital”, en la que, de forma muy lúcida, ha plasmado una visión integradora entre las tan temidas por los humanistas Tecnologías de la Información y la Comunicación y el tradicional campo del Patrimonio Cultural. En un nuevo concepto que denomina Humanismo Digital, las TIC se convierten en una herramienta fundamental para la conservación y transmisión de la memoria colectiva, intentando salvar la fractura entre la visión apocalíptica tecnológica y la evangélica digital.
La Ley de Moore semántica
Hace relativamente poco tiempo, os invitábamos a conocer un poco más todo lo que se movía en torno a la denominada Web 2.0 mediante una serie de glosarios. Tal vez, debido a esta vorágine a la hora de acuñar nuevos términos para conceptos más o menos relacionados entre sí ha llevado a algunos a enunciar la Ley de Moore semántica. Para aquellos que lo desconozcan, la Ley de Moore es una ley empírica sobre el desarrollo de la tecnología que "expresa que aproximadamente cada dos años se duplica el número de transistores en una computadora." Su predicción ha favorecido la profileración de tecnología en todos los ámbitos de la sociedad y se ha convertido en una de las bases del motor del rápido cambio tecnológico.
El concepto de la Ley de Moore semántica, acuñado por Carlos Scolari, sería el siguiente:
Existe una ley de Moore semántica que trabaja del mismo modo que la aceleración tecnológica; promoviendo una obsolescencia terminológica planificada, abandonando conceptos de poco uso y rediseñando nuevas palabras constantemente, pensando más en el marketing viral que en su necesidad lingüística. Con esta lógica, algunos términos se convierten en potentes memes y se reproducen ganando visibilidad, como es el caso del concepto Web 2.0.
Un lugar donde podemos comprobar el rápido reemplazo terminológico es la sección de la revista Wired, "Wired|Tired|Expired", convirtiéndose en un termómetro de tendencias que pueblan las conversaciones de la vanguardia cibercultural.
Hay, entre todas tus memorias, una que se ha perdido irreparablemente
Recuerdo perfectamente que, cuando era niño, a mis hermanas y a mí nos encantaba grabar nuestras voces a modo de juego para inmediatamente después oírnos y echar unas risas. Como sabéis, los juegos de niños no están planificados, son espontáneos y caóticos por lo que aquella cinta, curiosamente sólo jugábamos con una y sólo con esa, disponía de distintos cortes apilados uno tras otro que nunca llegaban a estar completos, pero que escuchados ahora los consideraría maravillosos.
Aquellas vocecitas, que no reconoceríamos como propias, se han perdido irreparablemente; primero porque no sé dónde se halla la cinta y segundo porque no sabría cómo volcar aquella información a un formato más manejable en el siglo XXI. Es obvio que la digitalización del audio sería una de las principales opciones, aunque debo de aclararos que primero debería hallar el documento original, la cinta de cassette.
Es cierto, es una torpeza mía, sí, pero a veces los documentos antiguos se dejan en un cajón a esperar mejores tiempos y de tanto esperar se acaban extraviando. Me sucedió a mí, un documentalista despistado, y le sucedió de una forma más pecaminosa a la NASA cuando admitió que las cintas del primer alunizaje se habían perdido, aunque ante tal revuelo finalmente algunas se encontraron. En cualquier caso, tampoco deberían sorprendernos estos desaguisados de la NASA, si son capaces de enviar a sus astronautas al espacio con tecnología de los años 80, mientras se vuelven locos para localizar esa tecnología obsoleta para poder seguir haciéndolo.
Glosario sobre auditorías de información
Actividades de apoyo
Procesos en los que se pueden segmentar las actividades estratégicas de una empresa para facilitar la consecución y seguimiento de éstas.
Actividades primarias
Actividades asociadas a la funciones nucleares, básicas o fundamentales, de una organización. También se denominan core business.
Análisis de necesidades de información
Proceso planificado, sistemático, para determinar las necesidades de información de los diferentes grupos de usuarios o clientes con el objetivo de desarrollar productos de información dirigidos especialmente a cada grupo y necesidad.
Auditoría
A grandes rasgos, conjunto de métodos y técnicas con los que se pretende estudiar, descubrir, identificar y evaluar algo.
Auditoría contable
Proceso de auditoría que consiste en examinar los registros contables de una empresa para revisar irregularidades y asegurarse de que se ofrece una imagen fiel del patrimonio de la empresa. También denominada auditoría financiera o auditoría externa.
Auditoría de gestión
Véase auditoría interna
Auditoría de la calidad
Examen independiente y sistemático para determinar si las actividades de calidad y los resultados relacionados con éstas cumplen las medidas planificadas, y si estas medidas se llevan a la práctica de modo eficaz y son adecuadas para alcanzar los objetivos.
La web 2.0 y algunas de sus aplicaciones
Es curioso lo rápido que se suceden las cosas en Internet, todavía no nos hemos acostumbrado del todo a la web 1.0, cuando comienzan a surgir nuevos términos que nos confunden un poco más sobre lo que es realmente Internet y sus usos. Un ejemplo lo tenemos con la ¿nueva? Web 2.0, pero como existen blogs que se dedican de forma exclusiva a esta temática, como DosPuntoCero, no nos vamos a atrever a ir más allá de una explicación somera de lo que se considera web 2.0 y acercarnos a algunas de sus aplicaciones.
El término Web 2.0 se acuñó en 2004 propuesto durante una conferencia entre las consultoras O’Reilly Media y MediaLive International, aunque existen dos corrientes sobre su aceptación. Por un lado, se considera que no existe realmente una web 2.0, simplemente lo que ha sucedido es que se ha producido una evolución natural de Internet y no nos encontramos ante un salto cualitativo respecto a lo que teníamos anteriormente. Sin embargo, hay otros que creen que la Red se está convirtiendo en una plataforma, utilizando el navegador como vehículo primordial, mientras que las aplicaciones se ejecutan en los servidores web y no en los ordenadores personales. Ésta sería la web 2.0.
Uno de los ejemplos con los que se suele ilustrar esta polémica es la tecnología AJAX (Asynchronous JavaScript And XML). Ésta parte de tres tecnologías ya existentes desde su concepción: XHTML, Document Object Model (DOM) accedido con un lenguaje de scripting por parte del usuario, especialmente implementaciones ECMAScript como JavaScript y JScript; y XML (eXtensible Markup Language); por lo que el debate si realmente existe una evolución de la web o no está servido.
En cualquier caso, lo que sí que es cierto es que en esta nueva concepción de la web, los usuarios tienen un lugar destacado, ya que participan en la creación y modificación de contenidos como sucede en la Wikipedia o con la blogosfera, en su categorización como sucede con las folksonomías y el tagging; y la solicitud de información bajo demanda como sucede con Youtube, además de la utilización intensiva de la sindicación de contenidos mediante RSS (Really Simple Syndication).


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