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“Biblioficciones” de Andrés Trapiello

El siguiente texto se publicó en la revista Magazine en el número correspondiente al 15 de octubre de 2006. Su autor, Andrés Trapiello, reflexiona sobre el futuro del libro y del cambio tecnológico al que se va a ver sometido.

Suceden con los libros cosas extrañísimas y paradójicas. Según las estadísticas, cada día se editan y se compran más libros y cada día se lee menos, porque los jóvenes prefieren las imágenes, pero al mismo tiempo todo el mundo está fascinado con que desde nuestros ordenadores pueda accederse a las grandes bibliotecas del planeta. Para unos el libro dejará de existir tarde o temprano tal como lo conocemos, o sea, en papel, y acabaremos leyendo en las pantallas de nuestros portátiles cualquier página que se haya escrito no importa por quién ni en qué siglo o país, mientras que otros se empeñan en lo contrario, hasta que llegue ese día, editando millones de libros que nadie leerá. La síntesis de ambas posturas la han encontrado quienes sueñan en implantar en el cerebro humano microchips con todos esos libros, que llegarían así a saberse como por ciencia infusa, sin haberlo leído, decorándonos mucho.

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El debate entorno al futuro del libro

El suplemento cultural Babelia del diario El País nos ofrecía una colección de artículos sobre el futuro del libro y su salto definitivo hacia la digitalización y su distribución a través de la Red. El proyecto de Google de digitalización de los fondos antiguos y libres de derechos de autor de cinco importantes universidades norteamericanas sigue provocando el debate y la reflexión sobre el futuro del libro y la relación de sus autores (y de los lectores) con él. Muy recomendable la lectura de los tres artículos dedicados a este tema:

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Las cosas han cambiado

People are crazy and times are strange
I’m locked in tight, I’m out of range
I used to care, but things have changed

Things have changed de Bob Dylan

 Creo que tengo la constatación de que me hago viejo poco a poco. Para demostrarlo, sólo tengo que ofreceros una idea: Si el lanzamiento del nuevo Windows Vista, que se supone que se realizará a finales de año, se hubiese producido hace dos años automáticamente me hubiese puesto a salivar cual perro de Pavlov. O puede que mucho peor, tal y como cuentan en Informática para no especialistas, me hubiese bajado la versión beta, y además de instalado, hubiese estropeado el ordenador como en los mejores tiempos. Pero, hoy por hoy, ante el nuevo Windows tan sólo siento cierta indiferencia.

No voy a negar que, por supuesto, el que tuvo retuvo y no huyo de los pantallazos que se van publicando en distintos blogs y los adelantos que realizan los medios de comunicación que tratan de mostrar una idea de lo que nos deparará el nuevo sistema operativo. Sin embargo, mi interés es casi nulo y aunque podría aducir que tal vez se deba a que soy consciente de que no podría instalar ese sistema en mi ordenador sin la necesidad de tener que comprarme uno nuevo, lo curioso es que en otro tiempo, hubiese pensado: Si hay que comprarlo se compra. En fin, creo que le he cogido cariño al que tengo (A pesar de que la letra A amenaza con borrarse completamente) y no pienso abandonarlo hasta que no se caiga a trozos (Él nunca lo haría).

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¿El fin de los bibliotecarios?

Los foros de los profesionales de la información echan humo tras las declaraciones de Isabel Aguilera, directora de Google Ibérica, tras realizar la afirmación de que “nadie tendrá la necesidad de desplazarse a ellas (las bibliotecas) cuando las tenga en su ordenador”. Paso seguido sustenta esa afirmación señalando que el 10% de la información (imágenes, vídeos, libros, mapas, documentos, cuadernos de bitácoras, etc.) que se genera en el mundo se encuentra actualmente alojada en la Red y es previsible que esta cifra aumente a lo largo del tiempo.

Y no es sólo que las empresas y los particulares estén comenzando a volcar sus contenidos en la Red, es que Google está dispuesta a crear su propia biblioteca bajo el nombre de Google Books Search. Este proyecto de la empresa californiana tiene como finalidad la creación de una inmensa base de datos en la que figurarán desde incunables a libros con derechos de autor ya extinguidos. La previsión de Google pasa por escanear completamente el contenido de un total de 15 millones de títulos. Hoy en día, podemos prever lo que nos deparará el futuro cuando esta basa biblioteca esté disponible, ya que el buscador ha habilitado su pequeña biblioteca particular sobre William Shakespeare.  Aquí, además de visualiar gratuitamente las obras del dramaturgo inglés, por ejemplo The Dramatic Works of William Shakespeare, podemos adquirir las obras que nos resulten de interés en alguna de las tiendas electrónicas que Google dispone. Sin embargo, a este macroproyecto problemas no le han faltado desde que se hizo público.

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Sobre la obsolescencia de los formatos

Antonio y Julia grabaron las travesuras de su bebé, hace dos décadas, con una Betamax. Hace años que este tipo de vídeos no está en el mercado y el suyo acabó muriéndose. Fueron a un establecimiento especializado para que les copiasen aquellas escenas hogareñas en un DVD. En Videoinstan, en Barcelona, lo hacen, como en tantos otros lugares. Trasladar dos horas de cinta a un soporte digital vigente que los rescate de su sepultura tecnológica cuesta 18 euros. Aurora Depares, responsable del local, recuerda que en 2001 apenas había tres estanterías con DVD. Hoy, cerca del 80% de la oferta está sobre DVD. "Los cambios de formatos son un engorro para el consumidor, pero mejoran la calidad de la imagen y permiten a la industria abrir otro mercado sobre los mismos títulos".

Éste es un ejemplo doméstico de obsolescencia tecnológica. Un fenómeno maliciosamente programado por la industria, dicen unos. Una consecuencia de la marcha de los tiempos, argumentan otros.

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Electronic Records Archives Project (ERA)

Interesante el breve artículo File This Under Data Overload de Jonathon Keats publicado en la revista Wired que realiza una pequeña introducción al proyecto Electronic Records Archives. De forma superficial, Keats nos señala las líneas maestras de este proyecto cuyo objetivo es la identificación, preservación y acceso de los 347 petabytes de información digital que se albergan en los National Archives de EE.UU. El texto trata de tender un puente entre lo viejo y lo nuevo mediante la figura de Mr. Taylor, reflejando la tarea de los archiveros tradicionales y su capacidad memorística, sin embargo plantea la verdadera necesidad del cambio señalando que el sistema de National Archives ha estado recibiendo materiales en formato digital desde 1970. Desgraciadamente, los planes para su conservación a largo término no se habían planteado hasta 1998, pero no fue hasta 2002 cuando el Gobierno se tomó con cierta seriedad el proyecto de preservación. Por supuesto que hay otras instituciones como Library of Congress, the National Science Foundation, the Department of State, y the National Nuclear Security Administration que ya han llevado a cabo planes de preservación dentro de sus fondos, por lo que el proyecto ERA, cuyo plazo de fin de desarrollo está fijado en 2011, no es ni mucho menos pionero, aunque no deja de ser interesante.

Así, se nos describe que el ERA consistirá en un sistema modular que tomará de base las tecnologías y los formatos desarrollados bajo Open Source en la medida de lo posible. De esta forma, y como ejemplo, uno de los módulos sobre los que se está trabajando será utilizado para determinar qué tipo de software fue utilizado para la creación de un documento, otro trasladará ese documento a otro formato más manejable y actual, mientras que otro se encargaría de la distribución de la información. Por supuesto, que serían necesarios unos pocos más para la gestión del almacenamiento, la búsqueda y recuperación, por poner otros ejemplos. Estos módulos podrían ser reemplazados, desechados o añadidos dependiendo de las necesidades y los avances tecnológicos, pero lo esencial es que el sistema ERA no debería tener la necesidad de ser rediseñado completamente en un futuro.

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Umberto Eco y el futuro del libro

El escritor e intelectual Umberto Eco realizó una conferencia en Valencia como motivo de los actos que se encuadraban dentro de los actos de lo que se denominó Valencia, Capital del III Milenio (Una especie de Forum como el de Barcelona pero sin movimientos inmobiliarios de por medio) el jueves, 23 de enero de 1997. Desde luego que, en un acto magistral como el que se debió de desarrollar entonces, no debieron faltar las frases correosas del italiano, sin embargo los medios de comunicación se quedaron con ésta y fue la que destacaron: Si los chinos usan papel higiénico, no bastarán todos los bosques. Aunque no creo que le falte verdad, hubiese preferido que la anécdota hubiese sido cualquier otra relacionada con más altas tareas.

En cualquier caso, no debió de salir muy satisfecho de aquellos actos puesto que posteriormente, algunos meses más tarde, dejó esta lindeza: Estoy expuesto a millares de imbéciles que organizan congresos sobre el tercer milenio. El milenio ha terminado, ya que Jesucristo nació en el año 6 antes de Cristo. Pero a lo que a nosotros nos interesa realmente de aquello, y es lo que destacamos hoy, es que Eco tuvo tiempo en su conferencia para referirse al futuro del libro, ideas que ya ha plasmado en otros textos.

[...]

- ¿Qué nos espera para el próximo milenio?
- Un intelectual digno de ese nombre no debe hacer profecías, o será un falso profeta. Puedo decir que continuará la desforestación del Amazonas, y como los chinos acaban de descubrir el uso de papel higiénico, si se generaliza, todos los bosques del mundo no satisfarán sus necesidades.

- ¿Se va a producir la muerte del libro?
- El libro no ha muerto. Es el instrumento mas fácil, manejable y ergonómico para transportar información. Los libros continuarán con su función. Distinguiendo entre libro para leer y consultar. Las enciclopedias desaparecerán y se verterán en disquetes. Se leerán libros de poesía, novela, filosofía.

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Pero, ¿cuánto vale un bit?

En un artículo anterior, hablábamos de la transición que forzosamente deberían adoptar las distintas empresas de la industria del entretenimiento con el nuevo mundo digital. Sin embargo, podría considerarse que en aquel texto olvidásemos apuntar un tema crucial, que consistía la valoración de la información y, por ende, de los bits ante esta nueva situación en la que lo digital lo inundaba todo.

En realidad, este punto merecía ser abordado separadamente puesto que, como bien sabemos los documentalistas, la respuesta a la pregunta “cuánto vale un bit” no es sencilla ni rotunda y pasa completamente por la ambigüedad. De hecho, el valor de la información constituye el tema de debate preferido para los infonomistas y los gestores de la información, pero os adelantaré que la respuesta estándar consiste en que el valor de los bits no puede ser mesurado convenientemente por sí mismo, o lo que es lo mismo: Depende.

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La muerte del libro, los derechos de autor, el poder de la información… y otras historias de terror

Aprovechando el poco tiempo libre de que dispongo, he tomado la firme determinación de ponerme al día en mis lecturas “documentaloides”. Y como es normal en mí, en vez de atacar los temas candentes que se discuten en la actualidad (folksonomías, gestión del conocimiento, usabilidad, búsquedas en Internet, Google…), he decidido empezar por el principio, por una obra clásica de la cibercultura: “El futuro del libro: ¿esto matará eso?” (compilado por Geoffrey Nunberg).

La introducción de las nuevas tecnologías en el mundo del libro, como ocurre siempre con todo lo nuevo, ha desatado un sin número de predicciones fatalistas sobre la desaparición de los libros impresos, de las bibliotecas y las librerías tradicionales y, por supuesto, del mundo de la edición tal y como lo conocemos, como vaticinaba McLuhan en su obra “La Galaxia Gutenberg” (otro libro que tengo pendiente). Siguiendo esa corriente fatalista, el subtítulo de la obra compilada por Nunberg utiliza la vieja máxima “esto matará eso”, o dicho de otra forma, “el ordenador matará al libro”. Pero, en contra de lo que pudiera parecer, cuando leemos los diversos ensayos que componen esta obra descubrimos una visión mucho más positiva de la simbiosis que se está produciendo entre las tecnologías y el mundo del libro. Esta incursión tecnológica se presenta como un paso más (al que ya no podemos escapar) en el proceso evolutivo del mundo librario en particular, y de la cultura y la sociedad en general.

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De bits y átomos

Cuando hace relativamente poco tiempo el líder de Jarabe de Palo, Pau Donés, afirmó que el formato MP3 estaba acabando con el CD, es bastante probable que desconociese que se encontraba corroborando las palabras que ya había transmitido Nicholas Negroponte en su libro de 1995 El Mundo Digital. Según su visión de este nuevo mundo, Negroponte aseguraba que para poder comprender las ventajas que nos aportaría el mundo digital debíamos necesariamente desgajar los átomos de los bits. Sin embargo, me temo que Pau Donés no debió de leer el libro, por lo que debe de desconocer qué quería decir Negroponte con esta separación que actualmente se está produciendo, pero es sencillo de explicar, así que me presto a ello.

Tal y como señalaba el autor, hasta este momento la mayoría de la industria de los medios de comunicación y del entretenimiento se basa en la distribución de átomos. Es decir, su modelo de negocio se fundamenta en la distribución y venta de periódicos, revistas, libros o discos compactos que sirven como soporte para la transmisión de información que consiste, al fin y al cabo, en bits. Cuando compramos un CD o un DVD lo que realmente estamos comprando son bits, puesto que la información contenida en este soporte es digital (unos y ceros), mientras que los átomos sólo nos sirven como envoltorio (El plástico del que está compuesto el CD más el papel del cuadernillo). A modo de apostilla, diré que las interpretaciones de qué es lo que realmente se adquiere cuando se acude a una tienda para comprar un CD, son diversas. Sin embargo, se tiende a afirmar que cuando compramos un CD tan sólo adquirimos el derecho de reproducción, por lo que un CD no es algo completamente nuestro aunque hayamos pagado 16 € por él. Obviamente, es éste otro debate por lo que dejaremos de lado pues no es realmente de nuestro interés en este artículo. En cualquier caso, en el nuevo mundo digital hacia el que nos encaminamos, se comercia principalmente con bits, por lo que el soporte como fuente de comercio tiende a desaparecer o pasa a ser residual como sucedió con el vinilo con la aparición del disco compacto.

Pero esta visión en la que tan sólo es importante el contenido, abandonando el continente, todavía no ha sido aceptada como un modelo de negocio viable, por lo que al nuevo entorno digital en general se lo ha considerado más como una amenaza que como una oportunidad. Así, y desde un primer momento, las discográficas han tratado de atajar las distintas herramientas que los internautas han creado para la difusión de bits entre pares o Peer to Peer (P2P) utilizando Internet como canal. Estos softwares se han convertido en una de las herramientas fundamentales de la Red y son las que poseen una mayor aceptaciónentre los internautas, sin embargo su tecnología es problemática desde la visión de los derechos de autor puesto que tiende a no respetarlos.

Es bien conocido que la primera herramienta que se creó P2P que cosechó cierto éxito fue Napster que permitía en intercambio de ficheros musicales digitales por la Red de una forma gratuita. La persecución judicial de la compañía y su cierre no significó el fin del uso de este tipo de herramientas, sino que más bien alentó el desarrollo y mejora de otras nuevas. Es significativo que previamente al cierre de Napster por las distintas demandas judiciales, los responsables de esta red P2P comenzaron a filtrar los ficheros MP3 que se intercambiaban en sus servidores y que poseían copyright, esto tan sólo provocó un trasvase de usuarios hacia otras herramientas como Audiogalaxy que utilizaban una misma filosofía. Esto venía a demostrar que el uso de las redes P2P se había establecido en la Red y los internautas no deseaban dejar de utilizar herramientas que les permitiesen descargar música de la Red de una forma muy cómoda aunque bordeando la legalidad.

Actualmente hay diversas plataformas de intercambio de bits P2P por lo que la estrategia de las compañías discográficas se centra actualmente en amedentrar a los usuarios de los distintos softwares mediante distintas denuncias. Por supuesto que esta persecución ha dado resultados un tanto dantescos como la denuncia a una persona fallecida que jamás había poseído un ordenador, o distintas denuncias a menores que descargaban la música de la Red.

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Get Fuzzy: Las “nuevas tecnologías” siempre suponen un reto

Recientemente comentamos que en una charla de presentación de la Diplomatura en Biblioteconomía y Documentación se resaltaba cómo para muchos estudiantes de esta carrera las nuevas tecnologías y la informática suponían un verdadero quebradero de cabeza. Bárbara se sintió muy ofendida por la visión simplista que este comentario implicaba, y que en ocasiones se tiene de nuestra profesión, así como por las aptitudes requeridas para estudiarla. Pero, teniendo en cuenta los índices de lectura de nuestro país (los terceros por la cola en Europa), parece ser que no sólo la informática supone un reto.

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En Get Fuzzy (a contrapelo) : el perro no es un juguete (4ª norma de la casa), por Darby Conley

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