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Etiqueta: Usuarios

Un hashtag de Twitter como un servicio de atención de usuarios

Muchos usuarios de biblioteca son tímidos y no se atreven a acercarse al mostrador de la biblioteca y consultar a los bibliotecarios para resolver sus dudas. Algunos de ellos llegan al extremo y sufren el denominado síndrome de la ansiedad en la biblioteca. Esta ansiedad se produce cuando el usuario tiende a ocultar su falta de habilidades a la hora de recuperar información y se lleva estudiando desde la década de los años 80.

La Web y su infinidad de recursos son unos rivales formidables para las bibliotecas, pero esto no quiere decir que las unidades de información no puedan adaptar las nuevas herramientas y sus usos y poder, de esta forma, ayudar a sus usuarios más tímidos y más distantes geográficamente.

Uno de estos ejemplos lo encontramos en el Banco de Inglaterra que, valiéndose de Twitter, ha definido un hashtag (#askBoE) mediante el cual se puede lanzar cualquier cuestión. Señalar que las preguntas que se le hacen no van tan sólo a cuestiones relacionadas con cualquier dato que recoge el Banco y que puede ser fácilmente recuperable a través de la Web, sino que los usuarios van un poco más allá y también se centran en preguntas muy concretas y que se derivan de análisis económicos.

Por ejemplo:

El hashtag del BoE

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La Biblioteca Pública de Nueva York invita a los adolescentes a pasar un buen rato

A pesar de los recortes que está sufriendo, la Public Library of New York no deja de innovar y ensayar nuevos formatos para atraer a los más jóvenes. En esta ocasión, nos sorprende en su delegación en Harlem’s Hamilton Grange donde invita a sus usuarios más jóvenes a simplemente pasar un buen rato en la biblioteca. Para ello, ha habilitado una zona abierta donde los jóvenes pueden jugar con videojuegos (Como la Wii o Guitar Hero) o comer aperitivos sin preocuparse de que les llamen la atención. Los adolescentes pueden interactuar, participar y jugar con sólo dos bibliotecarios que tratan de mantener cierto orden. Pero por supuesto que no todo va a ser divertirse, también se puede trabajar ya que existe un espacio para la consulta de libros y para hacer los deberes de la escuela. Aunque, eso, ya no se salga de lo común.

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¿Internet nos está haciendo vagos?

Ya nos habíamos percatado que los jóvenes -y no tan jóvenes- estaban comenzando a doblegar el lenguaje y la ortografía tratando de economizar esfuerzos en un lenguaje heredado de los SMS, que el Copia & Pega se ha convertido en una de las actividades preferidas de los estudiantes más pequeños y los que no lo son tanto a la hora de enfrentarse a sus trabajos escolares, que se puede caer en la creencia de que la información que no está en Internet simplemente no existe, pero lo único que nos faltaba era que nos dijesen que Google, o la Web, nos convertía en estúpidos.

Este es un debate que ya ha sido abordado en innumerables foros y en muchos artículos nacidos fundamentalmente de la publicación por parte de Nicholas Carr de su texto Is Google Making Us Stupid? En él, el autor se confesaba y venía a asegurar que encontraba que estaba perdiendo la capacidad de concentrarse en la lectura de textos largos, que se agotaba y perdía la concentración durante esta actividad y lo peor de todo es que no sólo le pasaba a él, sino que también a sus conocidos. Por supuesto que, con un título tan incendiario, mucho se ha comentado sobre este texto como ,por ejemplo, el artículo de Juan Freire, Condenados a la estupidez digital, y qué decir de lo expresado dentro la blogosfera. Incluso, recientemente, El País le dedicó un espacio a esta temática reflejando los cambios que la lectura de Internet estaba provocando en los internautas.

Como contraposición, esta semana se hacía público un estudio reciente que trata de demostrar que en la búsqueda en Internet las áreas del cerebro que se muestran activas son mayores que durante el ejercicio de la lectura de un libro en sujetos de mediana edad y ancianos. Es decir, que la búsqueda en Internet dentro de este rango de edad fomentaría el ejercicio mental. Por supuesto que debemos recoger este estudio con ciertas reticencias. En primer lugar, porque la muestra de población es muy pequeña, 24 personas, y segundo porque los sujetos dentro de este rango de edad bien pueden no estar habituados al uso de la Web, al contrario de las generaciones más jóvenes, por lo que deben dedicarle mayores esfuerzos a la hora de leer y utilizar la Web.

En fin, el debate de los beneficios y los perjuicios que nos provoca la Red va a ser largo y muy interesante, sin embargo debemos ser conscientes de que el ser humano tiende a economizar recursos y energías siempre que le es posible. Nuestro cerebro entiende la ventaja que supone la utilización de la calculadora, mucho más potente en la mayoría de los casos, que la agilidad mental a la hora de realizar operaciones aritméticas. De igual forma, nuestra mente entiende el ámbito y el consumo que debe de hacer de la información en Internet teniendo presente el soporte sobre el que la recibe.

En cualquier caso, me parece interesante recalcar una serie de conclusiones extraídas de un informe de la University College de Londres sobre hábitos de búsqueda de información en Internet que distingue mitos y realidades sobre el uso que hacen los jóvenes de ella:

  1. Los usuarios jóvenes no suelen comprender bien sus necesidades informativas y por tanto les resulta difícil desarrollar estrategias de búsqueda efectivas.
  2. Tienen un mapa mental poco sofisticado de lo que es Internet. No logran entender que se trata de una colección de recursos en red procedentes de diferentes fuentes. Así, los motores de búsqueda, ya sean Yahoo! o Google, se convierten en la primera marca que asocian con Internet.
  3. Son en general más competentes con la tecnología que la generación anterior, aunque los adultos se ponen rápidamente al día. Emplean, sin embargo, menos aplicaciones digitales de lo que se cree.
  4. Prefieren sistemas interactivos y le dan la espalda al consumo pasivo de información. Prefieren la visual sobre la textual.
  5. Son la generación del corta y pega. Abundan los casos de plagios de diversas fuentes en los trabajos encargados.
  6. Prefieren, como los adultos, la información despiezada, en vez de textos completos.
  7. No son expertos buscadores.
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La teoría de la ansiedad en la biblioteca

La experiencia de la ansiedad en la biblioteca ha sido un área activa de investigación desde la década de los años 80. La teoría de la ansiedad en la biblioteca describe cómo los estudiantes se sienten de manera incómoda durante el uso de una biblioteca académica y cómo este malestar perjudica a su capacidad en el desempeño de tareas de búsqueda de información. Los estudiantes que sufren ansiedad en la biblioteca tienden a pensar que carecen de habilidades que otros tienen, pero, en lugar de buscar ayuda, tratan de ocultar su falta de habilidad a sus profesores y a sus compañeros.

Bostick identificó cinco obstáculos en la utilización de una biblioteca para aclarar la naturaleza de este tipo de ansiedad. Estas barreras incluyen el temor al personal de la biblioteca, un sentido afectivo de incompetencia, una sensación incómoda en la biblioteca, la falta de conocimientos sobre la unidad de información, y el malestar utilizando los equipos disponibles dentro de ella (Fotocopiadoras, ordenadores, etc.)

Los estudios de la ansiedad en la biblioteca han profundizado en las variables que pueden estar asociados con nivel de destreza de los usuarios, como el número de tipos de bibliotecas a las que un estudiante ha acudido o la frecuencia con que utiliza la biblioteca. Sin embargo, en ninguno de estos estudios se ha medido directamente la habilidad de alfabetización informacional, por lo que no es posible realizar observaciones sobre la relación entre los niveles de cualificación y experiencia de incertidumbre durante la búsqueda de información o el nivel de respuesta ante la ansiedad en la biblioteca. ¿Son las personas que experimentan la ansiedad en la biblioteca las que disponen de un alto nivel de alfabetización informacional?

GROSS, Melissa Gross; LATHAM, Don. Attaining information literacy: An investigation of the relationship between skill level, self-estimates of skill, and library anxiety. En: Library & Information Science Research, 29 (2007). P. 337

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Los Simpson visitan una biblioteca pública

Fue en Véase Además, un biblioblog que se encuentra en este momento descansando, cuando se hizo la primera referencia desde la biblioblogosfera a las bibliotecas de Springfield que aparecían en la serie animada Los Simpsons. En aquel entonces, dejé en Véase un comentario relatando una escena en la que el Reverendo Lovejoy devuelve un libro que es precisamente una Biblia. La bibliotecaria le comenta algo así como a ver cuándo se compra la biblia de una vez que siempre la tiene en préstamo. Él le replica por lo bajo: "Claro, quién tuviese un sueldo de bibliotecario…"

Han pasado unos meses desde la publicación de aquel texto y ahora tengo la oportunidad de recoger aquí una escena que sucede dentro de la Biblioteca Pública de Springfield, en el episodio 6 de la temporada segunda de esta serie que lleva por título "La sociedad de los golfistas muertos".

La razón de la visita a la biblioteca se debe a que Homer, el padre de Bart y Lisa, decide apuntar a su hijo a un concurso de mini-golf para que compita contra Todd Flanders, el hijo de Ned y vecino de la familia Simpson. El padre Simpson trata de dar algunos consejos a su hijo para hacerlo más competitivo, pero obviamente no son ni los más adecuados ni necesariamente acertados desde la experiencia de Homer. Lisa, consciente de que su hermano se siente presionado, decide ayudarle y para ello acude a la Biblioteca Pública.

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Están locos estos bibliotecarios

Creo que todos estaremos de acuerdo que los bibliotecarios merecen la mala fama que tienen. Para empezar son unas personas muy estrictas con todo lo relacionado con el silencio, la pulcritud y el orden. Como es bien sabido, todos ellos comportamientos antinaturales y antisociales. Los bibliotecarios, dentro de sus respectivos castillos, cuando piden algo, no lo están solicitando, lo están exigiendo. Cuidado con la réplica que puedas hacerles, puede que seas echado literalmente del edificio. ¿Qué extraño comportamiento autoritario les lleva a actuar de la manera que lo hacen? ¿Es que a caso desconocen el significado de la palabra educación a pesar de estar rodeados de diccionarios?

Quién sabe, no siguen ninguna lógica y parecen moverse más por el capricho y la arbitrariedad que por el razocinio… No se trata de locura, seguid leyendo. Estas dos cartas se publicaron en el Diario Levante a lo largo del mes de junio de 2005.

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Sobre energúmenos y libros maltratados

Los usuarios que entren a la biblioteca de Ciencias Sociales Gregorio Maians del Campus de Tarongers de la Universitat de València durante este mes de mayo se llevarán una desagradable sorpresa. En el mismo vestíbulo, se puede asistir a una exposición dantesca para lo que se supone que debería ser una biblioteca dentro de un país civilizado. No es la primera vez que se realiza una exposición de estas características, ni seguramente será la última, pero la muestra de ejemplares librarios maltratados por los propios usuarios, en este caso universitarios y profesores lo que es más censurable, es un ejemplo de educación hacia el usuario que todas las bibliotecas deberían comenzar a adoptar. Debemos de tener presente que algunos de estos ejemplares maltratados tienen decenas de años o se trata de ediciones agotadas y por ello imposibles conseguir de nuevo. Sobre su tipología es variada, tenemos ejemplos de manuales, catálogos, obras de referencia, atlas, revistas, resúmenes del BOE y del DOGV (Diari Oficial de la Generalitat Valenciana), repertorios de legislación y jurisprudencia.

En un primer momento, podríamos llegar a considerar que se trata de libros que han sido subrayados y marcados por los estudiantes universitarios, que se desprendiese algún dibujo o alguna frase apasionada, que tal vez les falte alguna hoja desgastada por el uso, pero la realidad siempre supera a la ficción. El deterioro se ha producido por actuaciones de diversa índole que, indeseables todas ellas, incluyen las anteriores y peores actuaciones. Podemos poner algunos ejemplos, como el robo descarado dejando en las estanterías tan sólo las tapas, el lanzamiento de los materiales a través de las ventanas de la biblioteca, algunos cayendo al foso del edificio, el segmentamiento de los libros arrancando escalonadamente capítulos para finalmente llevarse el libro…

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