Cuando Internet nos robó la privacidad
Peter Fleischer admitía recientemente en las páginas de El País que Google había cometido algunos errores en lo referente a la privacidad de sus usuarios. La entrevista resulta muy interesante puesto que Fleischer desgrana uno a uno algunos de las polémicas en las que se ha visto envuelta el gigante californiano desde Google Earth, Google Street e incluso su polémica con las sentencias judiciales que se publican en el Boletín Oficial del Estado. De repente, se acuña un nuevo término para tratar de acomodar la nueva realidad que sufren los ciudadanos y que trata de ser extendido al archivo eterno que promete ser Internet: el derecho al olvido. Este nuevo derecho salpica a los medios de comunicación que se ven asaltados por personas que desean que los errores del pasado no les encuentren a través de Google.
No debemos olvidar que la privacidad es un derecho humano, reflejado así en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su Artículo 12: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su correspondencia, ni de ataques a su honra o su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.” Sin embargo, actualmente, somos cada vez más conscientes que una vida interconectada a través de la web nos resta precisamente este derecho de distintas formas.
Una de las primeras polémicas surgidas a través de la recopilación de datos de los usuarios se desató precisamente ante la activación del sistema operativo Windows XP. Este movimiento de Microsoft para tratar de reducir la piratería durante el lanzamiento de nuevo sistema operativo fue ampliamente contestado puesto que suponía una violación de la privacidad ya que recopilaba información de los equipos informáticos para ser usado y enviados a Redmond a través de Internet.
Los usuarios de Windows parecían olvidar que, ya desde los comienzos de la popularización de la Red, se vigilaba a los internautas a través de las Cookies. Estos pequeños ficheros de texto disponen de dos fines principalmente:
- Llevar el control de usuarios: cuando un usuario introduce su nombre de usuario y contraseña, se almacena una cookie para que no tenga que estar introduciéndolas para cada página del servidor. Sin embargo una cookie no identifica a una persona, sino a una combinación de computador-navegador-usuario.
- Conseguir información sobre los hábitos de navegación del usuario, e intentos de spyware, por parte de agencias de publicidad y otros. Esto puede causar problemas de privacidad y es una de las razones por la que las cookies tienen sus detractores.
El uso de las Cookies está siendo regulado por las administraciones públicas y ante ciertas deficiencias que poseen como la identificación inexacta cuando un usuario utiliza distintos navegadores en su ordenador, las compañías tecnológicas han desarrollado las supercookies que van un paso más allá y que han desatado una nueva tormenta en la Web sobre su uso “oculto” por ciertas empresas como Microsoft.
Parece que las nuevas empresas surgidas al calor de Internet parecen ansiosas porque sus usuarios desechen ese derecho a la privacidad. Nunca la sociedad fue tan eficientemente destripada para la generación de dinero a través del marketing. La polémica de la publicidad contextual en el Gmail es ya sempiterna, así como el lanzamiento de nuevos servicios como Google Buzz son observados con lupa. Por otro lado, y dejando de lado a Google, Facebook es predominantemente una de las empresas más criticadas por su laxitud a la hora de controlar la información que sus usuarios comparten. Mark Zuckerberg ha proclamado que la “era de la privacidad se ha terminado”, sin embargo sus usuarios critican cada movimiento que hace encaminado hacia ello como, por ejemplo, la identificación automática de personas que aparecen en las fotos que se suben a ella.
En cualquier caso, la utilización de cierta plataforma web o de cierto software siempre constituye una opción, la publicación de ciertos contenidos por nosotros mismos es otra. Pero, ¿y si nuestra privacidad se violenta mediante nuevas vías como la utilización de cierto software o teléfono móvil? El iPhone y el iPad registraba los movimientos de sus usuarios, algo que también ha sucedido con los teléfonos que utilizan Android el sistema operativo para teléfonos móviles de Google, mientras que Electronic Arts (EA) lo hacía casi por contrato con Origin.
La privacidad se encuentra en retroceso por la trazabilidad que ofrecen las nuevas tecnologías cuyas posibilidades son infinitas. Los poderes públicos se muestran poco ágiles y lentos a la hora de regular ese derecho y son los usuarios los que deben solicitar ese derecho. No todo vale para hacer dinero, hay información que no debería ser recopilable.
Quién se responsabiliza de los comentarios en las webs
No es la primera ocasión que desde aquí reflexionamos sobre los comentarios que los usuarios dejan en nuestras publicaciones digitales. Así, nos hemos detenido en reflexionar sobre los comentarios desde el punto de vista del bloguer, como una gestión cuidadosa y rigurosa que enriquezca el debate y, por otro lado, desde la visión de aquel que realiza un comentario que puede ser polémico, que realiza una denuncia grave, no siendo tal vez una publicación de estas característica el mejor foro para lanzar una acusación grave y por tanto teniendo que censurar algún que otro comentario.
El debate sobre los comentarios que se dejan en las webs es bastante apasionante e incluso la Justicia ya ha tenido que pronunciarse sobre si los comentarios dejados en la web de otros son delito o no, si se debe hacer responsable el webmaster de opiniones dejadas por otros o no. El debate es especialmente activo y profundo cuando los comentarios se producen dentro del marco de un medio de comunicación e incluso cuando los comentarios afectan a otro. El diario El País en un ejercicio de transparencia que siempre es de agradecer y gracias a su figura del Defensora del Lector nos ofrece una visión de lo que se cuece dentro de los entresijos de un gran medio de comunicación y los retos a los que se enfrentan los periodistas en su día a día.
En el caso que nos ocupa han sido dos los textos que recogen cómo se gestionan los comentarios de la página web de El País, que al encontrarse externalizado en otra empresa en más de una ocasión ha sido motivo de la publicación de un artículo por parte del Defensor del Lector. Por otro lado, el diario también ha publicado su guía de moderación de comentarios para sus lectores que les pone sobre la pista de cómo deben realizar sus comentarios y evitar de esta forma que no se acaben publicado.
Por otro lado, permitidme que os recomiende la lectura del artículo de Pere Masip, Comentarios de las noticias, la pesadilla de los cibermedios, publicado en Thinkepi donde se trata con profundidad cómo se gestionan los comentarios en distintos medios de comunicación digitales españoles.
Canibalización de producto en la prensa, hacia la integración de las redacciones (y 2)

Partiendo de la consideración anterior, los medios de comunicación impresos deben acometer una serie de cambios de políticas respecto al producto informativo que venían publicando hasta ahora en la web que pasaría por las siguientes consideraciones:
- Integración de formatos multimedia. Su producto no debe contentarse sólo con el texto y la imagen que han predominado hasta hace poco en la Web, sino que deben realizar una apuesta por el enriquecimiento de las informaciones cuando sea necesario añadiendo vídeo y audio.
- Enlace a fuentes. Una de las mayores críticas que se realizan a los medios de comunicación es el “miedo” que tienen a la hora de enlazar fuentes de información externas. Temor a que los usuarios salgan del sitio web, dando una imagen de no llegar a entender la naturaleza de la Web. Sin embargo, el enlace a fuentes externas o a las propias informaciones que se han publicado de manera previa, son necesarias para contextualizar la noticia y ofrecer un servicio añadido al lector que puede no realizar un seguimiento a la noticia al detalle y que espera que realicen los periodistas.
- Creación de comunidad. Tradicionalmente, los lectores de un medio de comunicación suelen ser fieles al identificarse ideológicamente con el producto. Los medios impresos han mantenido secciones de participación limitadas a través de las secciones tipo “Cartas al Director”. Sin embargo, en un marco digital, las posibilidades se amplían mediante la creación de espacios de participación como la posibilidad de comentar noticias o rectificarlas.
- Promoción de contenidos. El periódico debe llevar acciones de promoción activas para que sus contenidos lleguen al mayor número de internautas. El apoyo a blogs, servicio de microblogging o redes sociales son varias de las vías para que sean los usuarios los que compartan contenidos entre ellos, pero también la instauración de la figura del Community Manager .
- Consulta de información retrospectiva. Los servicios de archivo permiten el aumento del tráfico mediante lo que se ha denominado “Long Tail”. De esta manera, lo ya publicado crea una fuente de ingresos adicional mediante contenidos ya publicados (Archivo), así como la redifusión del contenido cuando sea necesario.
- Distintos soportes. El navegador se está convirtiendo en un elemento tradicional de acceder a la información disponible en la Web y al mismo tiempo obsoleto. Mientras los ordenadores se sitúan como principales fuentes de acceso a la Red, otros dispositivos están comenzando a hacerse más interactivos. Los teléfonos móviles o smartphones son principalmente estas nuevas vías de acceso, pero la reciente popularización de dispositivos eBooks o Tablets, como el reciente lanzado iPad, son otras de las vías de consumo de información. Los medios de comunicación deberán tener presente estas evoluciones para que el contenido llegue por encima del contenido.
Para alcanzar los anteriores puntos, la redacción debe sufrir una reconversión para el fomento de innovación informativa para la adaptación competitiva. Para ello sería interesante la consideración de los siguientes puntos:
- Integración redacciones impresa y digital. Esto es fundamental para favorecer la transición de un modelo a otro. Ante la incógnita de si la edición impresa sobrevivirá a la reconversión que está sufriendo el mercado de la información, los periodistas deben ser personas capaces de adaptarse al cambio que les sobreviene. En cuanto comiencen a entender su nuevo rol y las nuevas formas del nuevo producto informativo, podrán desarrollar un producto más competitivo.
- Formación de periodistas sobre el nuevo entorno de comunicación social. No sólo se debe integrar a los periodistas de prensa dentro de la redacción digital, si no que se les debe formar sobre el funcionamiento de la Red y las formas y comportamientos que la rigen.
- Fomento entorno audiovisual. La Web integra infinidad de tecnologías que en épocas anteriores se consideraban excluyentes o complementarias. Cada vez con mayor frecuencia, las informaciones se verán reforzadas por testimonios gráficos.
- Horizontalidad en la toma de decisiones. La publicación de informaciones dentro de la Web es rápida y ágil, muy alejada del modelo tradicional en el que las decisiones se tomaban de forma jerárquica (Redactor – Jefe de sección – Redactor-jefe – Subdirector – Director). La estructura tenderá hacia la horizontalidad en la que el redactor tendrá un mayor poder de decisión sobre la información que se publica.
- Vigilancia tecnológica. El nuevo producto informativo tenderá a convertirse además de multimedia en multisoporte. La vigilancia sobre el entorno y la tecnológica serán cada vez más importante y la capacidad de innovación en formatos será capital para encontrar nuevas vías de financiación para el producto informativo. Qué hace la competencia y las nuevas tendencias serán vitales para mantener la viabilidad económica de un producto.
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Arquitectura de la información, usabilidad y diferenciación de la competencia. La cabecera todavía será un elemento vital para las cabeceras tradicionales dentro de su ámbito territorial, pero también habrá que reforzar cómo se estructura la información y cómo se presenta para diferenciarse de la competencia ante productos similares.
Canibalización de producto en la prensa, hacia la integración de las redacciones (1)
La inmensa mayoría de los medios de comunicación impresos se enfrentan a la reconversión de su modelo de negocio que pasa por la transformación del producto informativo desde un punto de vista meramente industrial (Confección, diseño, producción, distribución y venta al público del diario impreso) a un modelo basado en un servicio accesible a través de la Web.
Desde finales del siglo XX, los medios de comunicación encaran la incógnita del futuro sobre qué podría suceder con Internet y qué espacio les correspondería en la Red. Conscientes de que su prioridad era encontrarse presentes dentro de ella, en un principio comenzaron a volcar todas las informaciones que distribuyen en formato impreso y de pago, de forma gratuita.
Sin embargo, la explosión de la burbuja tecnológica de principios de siglo provoca una revisión del modelo de negocio que se está llevando a cabo desde entonces hasta ese momento. En un primer momento, algunos medios de comunicación con presencia digital se convierten en medios completamente de pago, modelo que posteriormente se comprobó que era un fracaso en términos relativos a difusión e influencia, mientras otros permanecen en su gratuidad o desarrollan un modelo mixto.
En cualquier caso, si atendiésemos a los datos relativos a la difusión de los ejemplares impresos, comprobaríamos que estos se encuentran en una fase descendente, mientra que, por otra parte, los usuarios únicos que mensualmente visitan los medios de comunicación de prensa se encuentra en fase de crecimiento exponencial en la mayoría de ellos. Es decir, que mientras la difusión de los medios impresos desciende, no sucede lo mismo en las páginas web de los medios que, en general, mantienen una tendencia ascendente.
Desgraciadamente, el futuro de la prensa impresa es todavía una incógnita. Nos hayamos en un proceso de sustitución de un producto físico a uno digital en el que se mantienen los altos costes de explotación del primero, mientras que el digital no puede sostener a pesar de su crecimiento. Aunque, mientras tanto se ensayan nuevas formas de conducir el proceso informativo atendiendo a su viabilidad económica y de impacto en la opinión pública.
Las razones de este cambio en el consumidor de esta tipología de producto se argumenta en:
- Falta de credibilidad de los medios de comunicación. El descrédito de los medios de comunicación se fundamenta en que pertenecen cada vez más a grupos industriales que controlan el poder económico y que están en connivencia con el poder político. Esta percepción es palpable entre sus consumidores potenciales que consideran que la parcialidad, la falta de objetividad, la mentira, las manipulaciones, o simplemente las imposturas, no cesan de aumentar.
- Cambio tecnológico. Internet es el mayor catalizador del cambio que están sufriendo los medios de comunicación y que están transformando las maneras en que se producen, transforman y difunden las noticias. Las fotografías ya no son analógicas, son digitales, su duplicación se realiza casi a un coste tendente a cero, mientras que lo mismo puede decirse de las informaciones impresas, aunque no así su producción. Por otro lado, el producto multimedia se afianza convirtiendo tanto las redacciones digitales de televisiones, radios y prensa en productoras casi de un mismo producto.
- Comunicación unidireccional. A pesar de la existencia de secciones para que los lectores puedan expresarse dentro del medio de comunicación, actualmente, debido a las fuentes de información disponibles y accesibles a través de otros medios, estas vías tradicionales se antojan insuficientes para establecer una comunicación con los usuarios y lectores del producto informativo.
- Cambio de hábitos de los lectores. La denominada Web 2.0 ha supuesto un cambio en la mentalidad de los internautas más avezados que son, por otra parte, aquellos que tienen mayores inquietudes intelectuales. La facilidad de publicación de contenido y los costes de infraestructura tendentes a cero, facilitan el lanzamiento de nuevos medios de comunicación que compiten en igualdad de oportunidades con los medios de comunicación más grandes que sólo pueden escudarse bajo el paraguas de su marca o cabecera. Por otro lado, la web ubicua y los dispositivos móviles van a acelerar este cambio en los hábitos de consumo de los lectores ante los que los medios de comunicación deben estar dispuestos a asumir y a trasladarse hacia ellos.
- Superusuarios. Los usuarios más influyentes dentro de la web son personas que publican sus opiniones en blogs personales que pueden llegar a superar en tráfico a algunos medios de comunicación. Su opinión es tenida muy en cuenta a la hora de contrastar las noticias y criticar los deslices cometidos por los medios de comunicación que, en algunas ocasiones, se han visto sobrepasados por una nueva cultura de consumo de información que ya no pueden controlar.
- Fragmentación de audiencias. La competencia en Internet es pura y perfecta situándose a un solo clic. Podemos disponer de la misma noticia y analizar su tratamiento en distintos medios sin excesivos costes, porque la encontramos de forma accesible y gratuita en la mayoría de las ocasiones. Por otra parte, la facilidad de publicación y difusión de contenidos dentro de la web permite la creación de micronichos informativos enfocados a un público objetivo muy concreto sin grandes costes.
- Mayor competencia. Sin embargo, hasta el nacimiento de la web social, el cuestionamiento de todo el modelo productivo de los medios de comunicación impreso se ha canalizado a través del concepto de periodismo ciudadano. Los medios de comunicación, en general, no se han dispuesto a analizar su situación y tratar de cambiar su delicada posición de enrocamiento. Tanto es así, que se encuentran dentro de un ámbito en el que no sólo deben competir en igualdad de condiciones con su competencia directa en el mundo real, sino que además deben competir con otros medios de comunicación (Radios y televisiones) que situados también en la Red apalancan su marca para difundir las mismas informaciones.
Estándares web, una necesidad a largo plazo
Internet Explorer 6, esa antigualla del año 2001, resiste enconadamente en las empresas. De hecho, ya lo comentamos hace un tiempo, cuando considerábamos que la utilización de navegadores obsoletos constituían una barrera en la innovación, pero que este navegador resista dentro del sector empresarial encuentra su justificación debido al coste que supone la revisión y la actualización de muchas herramientas que se valen sobre la tecnología de la Web y que se encuentran implementadas en las empresas como, por ejemplo, las intranets.
Sin embargo, nos debería parecer curioso que, en los principios de la popularización de la Web, una de las principales razones de la migración de las herramientas empresariales al entorno web era el ahorro de costes, la falta de necesidad de instalar aplicaciones en distintos ordenadores y la posibilidad de usar una única aplicación (el navegador web) para distintos procesos. Hoy en día, parece que estos argumentos caen por su propio peso. Tal vez debido a que Microsoft no obedeció a los estándares cuando desarrolló su producto, provocando innumerables dolores de cabeza a los desarrolladores y diseñadores web que debían realizar hojas de estilo (CSS) específicas para los usuarios que lo utilizaban; tal vez por los propios diseñadores y desarrolladores de las herramientas web que confiaron su futuro, inconscientemente y simplemente por la fuerza del mercado en ese momento, a una sola empresa.
El error se ha convertido en mayúsculo. La utilización del IE no sólo supone una barrera a la hora de utilizar nuevos desarrollos dentro de la Web 2.0 o incluso en “la Nube”, frenando la aplicación de nuevas metodologías en el trabajo, favoreciendo la innovación, las nuevas de vías de comunicación y colaboración; si no que supone un peligro potencial para la propia infraestructura informática de las empresas que obligan a sus trabajadores más o menos inexpertos a navegar por la Web con un navegador obsoleto y sin mantenimiento por parte de Microsoft.
He ahí el error de confiar el futuro a empresas que obedecen a sus intereses económicos y de desarrollo, que no obedecen los estándares y, tal vez, un argumento que quita y da al mismo tiempo la razón a Steve Jobs en su cruzada contra Flash y su apoyo por el estándar HTML5.
Navegando con un dispositivo móvil, mi experiencia con Opera Mobile 10 Beta
El futuro de la Web será la ubicuidad y la posibilidad de conectarnos en cualquier momento a la Red, pero ¿qué será de los internautas? ¿Podrán navegar? Armado de mucha paciencia me he dispuesto a comprobarlo durante estas últimas semanas y mi conclusión particular como usuario se acerca más a la decepción que a la satisfacción. Particularmente, he recordado el documental Welcome to Macintosh donde un ex-ingeniero de Apple se ríe de los esfuerzos que actualmente las compañías multimedia y de telefonía están realizando para miniaturalizarlo todo. Él se preguntaba, ¿para qué quiero ver una película en un dispositivo móvil si puedo verlo en un equipo de alta definición? (Recordemos que desde iTunes se pueden comprar series de TV para ver en el iPhone, por ejemplo) Lo mismo debería estar preguntándome yo, en algún momento de insomnio, mientras mis ojos protestaban y mis dedos se agarrotaban por el esfuerzo de tratar de interaccionar con el teléfono móvil conectado a la Web mediante WiFi. ¿De verdad tengo que estar pasando por esto?
Es cierto, la navegación con un dispositivo móvil es una tarea difícil y en el que hay que reaprender un poco, así que absténgase los nerviosos e impacientes. Los navegadores para móviles también disponen de sus trampas y la experiencia anterior de poco nos puede servir. El terminal que he estado usando es el táctil de Nokia 5530 y casi descarté el navegador que viene incorporado de serie, muy sencillo y funcional, adentrándome en otros desarrollos.
A la espera de que la Fundación Mozilla dé las últimas puntadas a su navegador para móviles Fennec, todavía en fase beta, decidí instalar otras compañías que llevaban más tiempo en el mercado y me decanté por Opera Mobile 10 Beta. Ya había probado anteriormente el Opera Mini por lo que mi decisión partía de cierta experiencia. Esta empresa lleva cierto tiempo ofreciendo software para dispositivos móviles y cuando lo probé no me desencantó en exceso, pero el nuevo navegador móvil ofrecía algunos aspectos que se alejaban del Mini. Considero que a mejor.
Aunque podéis comprobar la experiencia de navegar con Opera Mobile a través de una demo en la Web, os recomiendo que lo hagáis a través de un teléfono y no a través del ordenador para poder “disfrutar” completamente. Lo primero que nos encontramos cuando ejecutamos la aplicación es con una sencilla cuadrícula de 9 casillas donde podemos colocar nuestros sitios web favoritos, además de una barra de direcciones y la posibilidad de lanzar una consulta a Google. Una de las primeras cosas como navegadores expertos es configurar nuestras direcciones favoritas, en mi caso, este blog, Twitter y, en su caso, Facebook.
Pues bien, la tarea de personalización no fue precisamente sencilla. Hay que tener en cuenta que comenzamos a usar el navegador sin saber muy bien cómo funciona ni cuales son sus posibilidades. Por ejemplo, para poder extraer el menú contextual hay que dejar presionado el dedo o el puntero, para posteriormente elegir una de las opciones que el navegador nos dé. A pesar de lo que pueda parecer en un principio, hay que levantar el puntero, no arrastrarlo porque si no interpretará que estamos haciendo clic, lo que provoca uno de los primeros problemas de interacción.
Uno de los aspectos más interesantes de este navegador, y contrasta con el anterior navegador Mini, es que integra un teclado dentro de su propia interfaz lo que evita ir saltando desde el teclado nativo (virtual) del teléfono y realizando demasiados clics página tras página. Éste es para mí uno de sus mayores logros, aunque eso sí, necesitaremos del puntero y/o de mucha destreza con nuestros dedos porque de lo contrario acertar en las teclas minimalistas se antoja una tarea harto imposible. Y, finalmente, otra de sus cualidades es la presencia de Tabs o Pestañas que favorecen la navegación a través de distintas páginas web, aunque como podéis imaginar la interacción en la navegación en un teléfono móvil es bastante limitada, por lo que la apertura de una se nos antojará suficiente.
Durante la navegación, uno de los inconvenientes que encontrará el internauta es que la información no puede, de ninguna manera, mostrarse de la misma forma que se ve en la Web. Aunque existen sitios web preparados para los navegadores móviles, no todos los detectan, como sucede en Twitter por ejemplo, por lo que debe ser el internauta el que escriba la dirección específica del sitio web preparado para su utilización en este tipo de navegadores, porque de lo contrario la interacción se hará tremendamente complicada. En el caso de mis sitios web preferidos en el móvil, podemos acceder a través de http://m.twitter.com/ o http://m.facebook.com, aunque no todos los nuevos navegantes móviles tienen porqué saberlo a priori.
En definitiva, una experiencia agotadora y en la que todavía se tienen que limar muchas asperezas. La Web actual tiende a crecer hacia resoluciones de monitor cada vez mayores, mientras se accede a sus contenidos por dispositivos con pantallas de 2’5 o 3 pulgadas, por lo que los administradores de los sitios web lo tendrán que tener cada vez más presente. En mi caso, suficiente para consultar actualizaciones de correo y de estados en la Web Social de forma puntual, pero de ningún modo hacerlo de forma intensiva.
Allí donde los lectores estén

No estoy muy seguro, no sé exactamente qué pensarán los diseñadores gráficos o, yendo un poco más allá, los tipógrafos de la cantidad de dispositivos que utilizaremos en un futuro próximo para la lectura. Estos profesionales llevan tantos años devanándose los sesos para intentar que disfrutemos de una experiencia placentera durante el acto de leer, eligiendo tipografías, fotografías y diseñando apoyos en periódicos y revistas, y no nos engañemos en esto hay más ciencia de lo que podríamos considerar en un principio, que es posible que se sientan frustrados cuando contemplen los productos textuales o incluso gráficos tienen que encararse con pantallas de 2’5 pulgadas.
Pero, aparentemente, de momento, habrá que encogerse de hombros a la vez que aseveramos “es lo que hay”. La separación del contenido de un sitio web frente al contenido que pudiese llegar a albergar ya comenzó a producirse con la aparición de las hojas de estilo (CSS) o de una manera decisiva con la sindicación de los contenidos (RSS). La sindicación redujo el trabajo que debía realizar un usuario en la consulta a webs para mantenerse actualizado, delegando esa visita a un programa o una plataforma web. Las páginas web que disponen de esta opción separan el contenido de la presentación, sirviendo pequeñas pastillas de información o el contenido completo, viniendo a demostrar que otra manera de consultar las fuentes de información en Internet era posible sin tener que necesariamente acudir a los marcadores del navegador cada dos por tres. La maquetación, el diseño, la arquitectura de la información de una web quedaban relegadas inmediatamente a un segundo plano, confiando en que los lectores dejarían comentarios dentro de ella y que alguien acabase buscando cualquier cosa en Google y aterrizando en alguna de nuestras páginas. En este caso, la imagen, la intencionalidad de los colores se sacrificaban completamente, mientras los administradores de las webs se adaptaban a una innovación en el consumo de la información. La pregunta que nos debe asaltar es qué puede llegar a suceder cuando el cambio en el consumo se produzca de forma masiva a través de la llegada de nuevos aparatos con los que se accede a esa misma información.
Estos cambios ya se han venido produciendo paulatinamente. Los blogs fueron de primeros en adaptarse rápidamente al cambio de hábito en el acceso a la web, siendo decisiva en el mercado de masas la llegada del iPhone y la obligatoriedad de contratar una tarifa de datos que hiciese posible el consumo de la web a través de aparatos móviles. Las bitácoras más importantes y de mayor tráfico se prepararon para adaptar de nuevo sus textos a las nuevas necesidades de los usuarios, involucionado de hecho las formas de visualizar la información a dispositivos con pantalla pequeña. Se trata de ediciones preparadas para la mínima expresión gráfica, con tipografías básicas o sin definición ninguna esperando que el dispositivo dispusiese de la fuente instalada. Es decir, toda la planificación y control sobre el consumo de esa información caía inmediatamente relegada sobre la necesidad de que el mensaje llegase a su destinatario.
Lo importante ya no pasa por cómo se maqueta la información, cómo se presenta, sino lo importante es que pueda llegar a ser leída. Ya no importa tanto si la consulta se recibe a través de un ordenador, de un teléfono móvil o un e-book (Kindle ofrece que podamos añadir fuentes RSS), lo importante es prepararse para que la información sea accesible, allí donde los lectores estén en el momento que la necesiten, adaptándola en su presentación al dispositivo desde el cual se consulta.
Gestionando la muerte en la Web

Pese a quien pese, lentamente, la Web se está convirtiendo en una extensión de nuestra cultura, nuestras relaciones sociales, necesidades y anhelos personales. Por supuesto que todavía nos encontramos con personas que tratan de realizar una distinción entre vida real y vida virtual, sin embargo esto se da de forma mayoritaria en las generaciones que crecieron o, al menos, vivieron en un mundo desconectado, sin Internet; mientras que los jóvenes de hoy en día (y que tienen acceso a la red de redes no lo olvidemos) esculpen su día a día con una herramienta que consideran una extensión más de su vida propia.
Recientemente, Internet cumplió 40 años y uno de sus creadores aseguraba que la Red se encuentra en su adolescencia, con las hormonas a flor de piel, mientras trata de crearse una identidad. Sin embargo, 40 años es una generación en términos vitales de un ser humano, por lo que mientras Internet da sus pasos cada vez más aceleradamente, joven y brillante, aquellos que fueron poniendo piedra sobre piedra en su construcción para convertirla en lo que es (Ya se trate en términos de tecnología o de contenidos) envejecen y desgraciadamente mueren.
La muerte es la última barrera del ser humano, un elemento que nos cuesta de entender e incluso creer, pero como parte de nuestra vida, dependiendo de la cultura que hayamos recibido y donde hayamos crecido, la celebramos o la odiamos aunque sea una parte inseparable de nuestro ser. No hace falta que me vaya muy lejos ni en el tiempo ni en el ámbito de esta página web para recordar el debate que propuso Tomàs Baiget en la lista de distribución Iwetel sobre el directorio Exit. Este directorio era una iniciativa propia de Baiget en el que quería recoger a la mayor parte de los expertos en el tratamiento de información. Cargado de paciencia y una cámara digital, fue retratando y agregando a los profesionales que conoció en cursos, jornadas y congresos. Sin embargo, llegado a cierto punto, algunos de estos profesionales fallecieron y la duda que surgió fue: “Ante esto, ¿qué hacer?”
La muerte parece que se está convirtiendo dentro de esta sociedad de consumo en una de las partes más feas, algo a evitar y obviar en la medida de lo posible. En el mundo real, su gestión está completamente protocolarizada, llevamos miles de años tratando de aceptar y tratar la muerte en nuestras vidas y nuestro entorno social, sin embargo ¿qué hacer en el mundo digital?
No es una decisión sencilla, a pesar de que cada vez más se trata con total normalidad (De hecho, desde la aparición de la Web también lo hicieron los denominados Cementerios Virtuales). Los blogs, esos elementos tan participativos, fueron los primeros que abrieron una brecha para contemplar el fallecimiento de una persona con normalidad. Incluso el suicidio, una de las decisiones vitales más censuradas por nuestra sociedad, ha sido descrito y retratado en algunos blogs. Pero a los administradores de sitios web, la duda sobre el respeto hacia las personas les asalta. ¿Qué hacer con los perfiles de las personas ya fallecidas? ¿Los retiramos por respeto? ¿Los mantenemos como homenaje?
Llegado el momento, la red social Facebook también ha tenido que tomar una posición y ha considerado que lo mejor que se podía realizar es mantener el perfil del difunto como un memorial, un lugar donde sus conocidos pudiesen dejar sus condolencias a su amigo sin que nadie pudiese violentar su memoria. En algunos foros, esta decisión se ha contemplado con cierta guasa como algo ridículo o innecesario, pero no hay nada más lejos de la realidad. Al igual que debemos gestionar lo que publicamos como parte de nuestra vida en la Web, también deberemos acostumbrarnos a aceptar y enfrentarnos a la muerte dentro de ella, siempre que dispongamos distintas opciones sobre cómo queremos tratar ese hecho de una forma personal e íntima, por supuesto.
“What would Google do?” de Jeff Jarvis
Ya hemos mencionado en alguna ocasión a Jeff Jarvis, el otrora defensor acérrimo de Google, anda estos días un tanto disgustado con el lanzamiento de SideWiki, una nueva implementación de la Google Toolbar que permite a los usuarios realizar comentarios sobre una página web cualquiera utilizando los recursos del gigante de Mountain View. Fundamentalmente, Jarvis considera que la gran G está apropiándose de una de las principales características de la Web Social, la Conversación, fragmentándola y rompiéndola; haciéndola suya sin respetar a los generadores de contenidos que ven cómo uno de sus alicientes, la interactuación con sus lectores, se desvanece. Por supuesto que, ante esta crítica, los comentarios que Jarvis ha recibido han pasado por la ironía hasta por la resignación. De este modo, sus lectores le han recordado que aquel que defendía los usos que hacía el buscador de los contenidos de los medios de comunicación, ve cómo sus palabras se tornan en su contra; así como los argumentos que aseveran que la Conversación, la bandera que se enarboló con la Web 2.0, se encuentra completamente fragmentada desde hace ya mucho.
Sin embargo, antes de que Jarvis se hallase en esta aparente crisis de fe, publicaba un libro, What would Google do?, que aunque por su título aparente invitar a ello, su objetivo no es repasar la historia o las bondades de Google como organización; sino más bien realizar la consideración de cómo deberían comportarse las empresas en ese nuevo mundo en el que el buscador se ha posicionado como rey. De hecho, Jarvis realiza un inventario de las bondades ya estudiadas en la Web 2.0 y la consiguiente Web Social, analizando ejemplos como lo sucedido en los medios de comunicación y en empresas que se han volcado en la Web para mejorar sus productos como Dell.
Jarvis como buen bloguer nos cuenta cómo su mala experiencia con el servicio de post-venta de Dell le invitaron a escribir un post en su blog, una pataleta si se quiere, de la que surgió una llamada desde la misma empresa para tratar de sofocar el incendio en su credibilidad que ese texto había provocado.
Así pues, aquellos como yo, que nos adentramos en el libro buscando algo más de la estrategia de Google, el destripamiento de su funcionamiento, sus hitos alcanzados, etcétera; nos vamos a quedar un tanto insatisfechos por el planteamiento formal del texto, puesto que, al fin y al cabo, Jarvis realiza una exposición de hechos, errores y correcciones realizados por empresas dentro de la Web, para posteriormente tratar de dilucidar qué deberían realizar otros sectores, más allá de los tecnológicos, más allá de los informativos que tanto conoce, para proponerles una salida, un savoir-faire para lo que se avecina. Sin embargo, el enfoque de Jarvis descorazona al lector ya manejado en esas lindes, sintiendo que lo expuesto ya está más que trillado y que el ir más allá, vislumbrando el futuro en distintos sectores, puede que no sea lo más indicado utilizando el gancho de Google como fuerza de ventas de su libro. Y es que el autor se atreve a analizar el enfoque que le daría la venta de papel higiénico a través de la Web. Por supuesto que él no se atrevería con el término “papel de váter”, así que realizaría un nuevo enfoque en la denominación del producto. ¿Cómo vender algo como si no lo fuera? Eso deberíamos dejarlo para los expertos de marketing, pero ejemplos los tenemos en el zumo que no es zumo o el producto lácteo que es mucho más que un yogur.
En cualquier caso, este humilde lector se ve envuelto, en breve tiempo, en disquisiciones sobre cómo se debe vender un producto nuevo reinventando su enfoque hacia el mercado, llegando a aquellas tazas automatizadas que limpian las reales posaderas de sus usuarios sin utilizar agua y jabón. A fin de cuentas, Will Smith posee una de esas tazas de 5000$. Y ante esto, sólo me queda levantar una ceja y, como diría el buen infoxicado, anunciar “todo esto se ve muy interesante, pero no tengo tiempo para leerlo”.
Google planta cara a Microsoft atacando a su navegador
En el albor de Internet como medio de comunicación de consumo masivo, Bill Gates aseguró en 1995: “Internet no es importante para nuestra estrategia de negocios”. Posteriormente, tuvo que recular e imponer su mastodóntica posición en el mercado de sistemas operativos para acabar con el navegador de Netscape, ofreciendo el suyo, Internet Explorer, gratis. Aunque Netscape Navigator es ya un recuerdo para los internautas más veteranos, la guerra de los navegadores ha proseguido aunque de manera más soterrada. Mientras Mozilla intentaba arrebatarle cuota de mercado a Microsoft innovando (y en ocasiones copiando ideas), aliándose con Google y ofreciendo un producto más versátil; el Explorer durmió el sueño de los justos durante casi 5 años sin que desde Redmond se publicase una nueva versión de actualización.
Pero aquel inmovilismo comienza a pasarle factura a Microsoft de nuevo. La cuota de mercado de Internet Explorer (IE), aunque holgada, languidece lentamente hasta el 58%, mientras que la de Firefox ya sobrepasa ligeramente el 31%. Sin embargo, ese 58% se lo reparten hasta tres versiones distintas del IE la 6, la 7 y la 8 que coexisten repartiéndose similares porcentajes para desesperación de diseñadores y programadores web que no quieren ni ver el IE 6. Desesperación porque desde su posición de fuerza Microsoft ha querido que las cosas se hiciesen a su modo, sin casi respetar los estándares web que se dictan desde el W3C, pero esto parece a punto de cambiar.
Google dispone de un sinfín de servicios web que millones de personas, sean usuarias o no del Explorer, utilizan. Su próximo lanzamiento Google Wave ya se encuentra en el horno y mientras se dora, Google considera que la próxima revolución que nos tiene preparada no va a funcionar bien dependiendo qué navegador se utilice. Inadmisible. Una compañía que tiene especial cuidado en la experiencia de usuario de sus productos, no va a permitir que un tercero le agüe la fiesta y apunta directamente a Microsoft.
Después de desarrollar su propio navegador, Chrome, tras apoyar previamente Mozilla Firefox y decidir ir por su cuenta, Google se siente con fuerza de dar el siguiente paso: Acabar con el Internet Explorer. ¿Cómo? Ofreciendo un plugin que sustituirá el motor (es decir, el corazón del navegador) del IE por el motor de Chrome sea cual sea su versión. De esta manera, tras su instalación el usuario utilizará la interfaz del Explorer aunque realmente se encontrará utilizando a todos los efectos Google Chrome. Todo un disparo en la línea de flotación de Microsoft en la Web y toda una declaración de intenciones. A Google ya no se le puede parar ni desde el sistema operativo, si quieres utilizar algunos de sus productos, tendrá que ser a su manera o carretera.
Eric Schmidt, el hombre que puede reinar

Reclamado hace ocho años por los fundadores de Google, Sergei Brin y Larry Page, la figura de Eric Schmidt se ha ido agrandando con el tiempo según la estrategia global que seguía Google iba variando e insertándose y asentándose en casi todos los sectores de la tecnología. Estos sectores ya exceden los propios terrenos de la Web, como el de la telefonía con el desarrollo de forma abierta sistema operativo Android para móviles o el del sistema operativo Google Chrome para ordenadores. Esta tendencia expansiva de Google ya ha obligado a Schmidt a abandonar el consejo de Apple que ve a Google como un serio competidor para su teléfono iPhone y su estrategia dentro del mundo de la telefonía, así como en propio de los ordenadores debido a Chrome.
En la entrevista El futuro de los negocios según Google de la revista HSM Management (V.3 N.5, sept-oct 2009), Schmidt nos ofrece algunos destellos sobre su visión global de cómo va a funcionar el mundo respecto a su relación con la tecnología, así de cómo él trata de sacar lo mejor de cada uno de su equipo de trabajo.
Lo primero que hace Schmidt es desechar la teoría de la Larga Cola en favor de las más tradicionales Powerlaws (en el texto traducida como Ley de Poder) desde un punto de vista empresarial. Porque, según la visión de Schmidt, las empresas obtienen la mayoría de sus ingresos de unos pocos productos e Internet tenderá a realizar una concentración de marcas. Las marcas, los negocios y las figuras públicas serán cada vez más globales por lo que la tendencia será a rentabilizarla frente al resto.
Otra de sus interesantes reflexiones en el texto es el efecto red provocado por la vida digital que acentuará que todos los procesos vayan más rápido. Para Schmidt, cuando todas las personas estén conectadas y hablando entre sí, el ciclo de vida de los productos, las innovaciones, la información se transmitirán y se desarrollarán a mayor velocidad. Por supuesto que es consciente de que esto para nosotros puede suponer un problema debido al estrés que nos puede provocar, sin embargo actualmente hay toda una generación creciendo a esa velocidad y lo ven como algo completamente normal. Sus futuros líderes comprenderán cómo organizar ese mundo y el resto sólo podremos adaptarnos a él o simplemente sentarnos a contemplarlo.
Uno de los efectos de lo anterior es que las compañías ya no pueden ser controladoras de sus consumidores, deben dejar fluir la información y tratar de hablar con sus clientes. Para Schmidt, los grupos saben tomar mejores decisiones que los individuos, aunque puntualiza que deben estar integrados con las personas más inteligentes e interesantes, de ahí la teoría de la eSabiduría donde una empresa puede operar sobre la base del consenso con sus usuarios. Uno de los puntos fuertes de Google, remacha.
Por otro lado, el objetivo de Google es convertirse en un sistema innovador a escala, pasando a definir qué supone para Google cada una de esas palabras. Así, innovador es hacer cosas que sorprendan a los demás, sistemático es conseguir que se sistematice el enfoque provocando que se innove de verdad y escala a más de uno. De esta manera, Schmidt considera que Google dispone de una cartera suficiente de nuevos proyectos que confía en que alguno tenga éxito.
Sin embargo, el proceso de innovación sólo puede producirse si existe comunicación entre los distintos departamentos involucrados en cada proyecto. Esto se debe a la naturaleza de la tecnología donde la mayoría de las empresas cada vez serán más complejas, tendrán más productos y de mayor variedad. Para mantener la barrera competitiva hacen falta productos más flexibles, escalables, diferenciados y globales; y para ello Google trata de evitar las estructuras divisionales y unidades de negocio. De esta manera, se fomenta los vínculos informales de la cultura abierta y se trata de alentar la colaboración entre departamentos. De esta manera, se busca que los trabajadores se autoorganicen detectando los problemas más importantes.


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