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Web 2.0: La utopía resquebrajada

Este texto se publicó originalmente en el blog colaborativo Neumattic el 25 de enero de 2011

Hubo un tiempo que consideramos que nosotros, los internautas, los usuarios, desplazaríamos a los grandes medios de comunicación. Hubo un tiempo que nosotros expertos, profesionales, conocedores de la realidad social que vivimos, podríamos hablar cara a cara con los grandes medios, corregirlos, castigar la forma en que pudiesen filtrar la información, darle el tamiz que ellos obviaron u olvidaron. Nosotros nos haríamos un hueco, crearíamos una comunidad interconectada que hablaría con voz propia, con mayor autoridad que los gobernantes o los propios periodistas. Nos haríamos un hueco en esta democracia con una voz propia. Nosotros éramos los medios, nosotros construíamos la Web.

Esta nueva Web, refundada tras sus cenizas del desastre de la Burbuja.com, palpitaba en su momento cumbre con innumerables usuarios actualizando blogs con mayor o menor rigor, con mejores y peores historias, con grandes discusiones que aportaban contenidos o simplemente con el típico griterío de un bar. Pero era un sueño y era nuestro, íbamos a cambiar el mundo, pero ¿qué podría quedar de ello?

El sueño parece diluirse tras estos cinco años acelerados en los que hemos pasado de sólo poder usar la web principalmente desde nuestros ordenadores a otros dispositivos como móviles y tabletas. La información que compartimos es inmediata, se prima el aquí y el ahora, lo breve, lo ingenioso, lo impactante, lo taquigráfico. Una muestra de nuestra sociedad acelerada, lo importante por la mañana es olvidado al anochecer, el impacto que dure un segundo, pero que se grave en la retina aunque se trate de 60 minutos.

Automattic, consciente de la falta de tono muscular de la Blogosfera, ofrece un reto a los blogueros sean o no usuarios de su plataforma: Publicar un post al día. Una imagen, un texto breve son razones más que suficientes para los chicos de WordPress, aunque han tenido que bajar varios peldaños su reto y actualmente se conforman con un post a la semana. Sin embargo, eso mismo ya se comparte en Twitter y/o Facebook, feroz competencia me temo ante que los blogs, menos inmediatos, poco pueden hacer.

Dentro de la Blogosfera, otros que están soportando esta corrección son las redes de blogs. De un tiempo a esta parte, se ha pasado de una situación en la que existían múltiples en activo, apareciendo como setas, hemos pasado al cierre e incluso la compra de algunas de ellas.

Otros proyectos que se convirtieron en estandartes de la Web 2.0 como los marcadores sociales tampoco se encuentran en su mejor momento. Nos referimos principalmente a Delicious que, como es bien sabido, iba a ser cerrado por Yahoo! tras su fracaso en su adquisición y que provocó una reacción melancólica dentro de la Web Social que sólo ha derivado a la intención de la compañía norteamericana hacia su venta, más que su cierre. Sin embargo, los usuarios de Delicious ya se han dispuesto a la búsqueda de alternativas que no hace presagiar un buen desenlace sobre esta web que provocó ríos de tinta en su momento.

La promoción social de informaciones tampoco pasa por su mejor momento tras el descenso de Digg a los infiernos. Los distintos cambios que ha sufrido la gestión de la Web no han sentado nada bien a su comunidad y los internautas han ido progresivamente abandonando el barco. El descenso del tráfico de Digg también tiene su efecto gracias a otras alternativas para compartir información y mantenerse actualizado como sucede con Twitter, lo que nos lleva a la consideración de que los hábitos y las evoluciones de los internautas tienen mucho peso a la hora del desarrollo del negocio de este tipo de webs.

Y, finalmente, y esto debería ser un punto de atención para aquellos proyectos que se encuentran en su hype actualmente. MySpace, otrora la red social por excelencia, que ha visto cómo debía ceder su cetro a otra red social (Facebook) que simplemente ha sabido barrerla del mapa. La estrategia de Rupert Murdoch falló, pero es otro punto de atención innegable que, en la Web, las generaciones que reemplazan a las siguientes bien pueden acabar con un proyecto que parecía completamente asentado y viable económicamente.

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Salud 2.0: mirándonos en un espejo

Hace mucho tiempo ya que dejé de ser una parte activa de la biblioblogosfera, y aún diría más, que dejé de ser una parte pasiva. Por circunstancias personales, por trabajo, por tiempo, por pereza… por aburrimiento.

Dejé de leer blogs de documentación y bibliotecas, mientras algunos desaparecían y otros surgían sin percatarme; dejé de leer artículos profesionales, incluso dejé de imprimir o archivar “futuribles” lecturas interesantes; por la imposibilidad de asistir a eventos profesionales fuera de Valencia y su casi inexistencia por estos lares, me fue fácil desvincularme de jornadas y encuentros (auque aún me he acercado a alguno). En definitiva, después de estos dos o tres años pensaba que estaba totalmente fuera de los temas y las inquietudes de mi profesión.

Hoy, se ha dado la circunstancia de desarrollarse en Valencia una jornada denominada “Salud 2.0: Nuevas herramientas aplicadas a la medicina”. Y, aprovechando que tenía la excusa laboral perfecta para asistir, como documentalista en una institución de investigación biomédica, y picada por el gusanillo de la temática Web 2.0 que hace tanto tiempo dejé de lado, allí que he ido.

Mi gran sorpresa ha sido ver que todo era igual a lo que yo había conocido hace unos años en relación a las bibliotecas, pero ahora con temática médica: el miedo de los profesionales a perder su posición “paternalista” tradicional en la relación médico-paciente, porque los pacientes se informan por otras fuentes (todo el mundo busca en Google, también sobre salud, y un paciente puede acceder al último artículo publicado sobre su enfermedad tan rápido como su médico); la crítica a la falta de “fiabilidad” de la información vertida en la Red si no hay un médico o institución detrás (cuando está comprobado que el porcentaje de errores es mínimo ya que la llamada “inteligencia colectiva” corrige errores tan pronto como los detecta); la reticencia, a cualquier cambio tecnológico, a cualquier estrategia de comunicación alternativa y, en definitiva, a establecer una comunicación recíproca con sus pacientes, en los que estos pudieran participar activamente aportando información tanto como recibiéndola.

Trasladado al mundo bibliotecario: cuánto se ha hablado (y temido) del cambio de rol del bibliotecario, que pasó de ser el guardián de la información a un ¿simple? intermediario y facilitador de ésta; cuánto se ha discutido y censurado la posibilidad de que el usuario participara en la indización del catálogo bibliotecario mediante etiquetas, comentarios o recomendaciones, porque la “sagrada” clasificación bibliotecaria se veía comprometida; y, decidme, cuántas herramientas de comunicación real entre los usuarios y su biblioteca se han establecido. Mejor no respondáis a esta última pregunta.

En este evento en el que se han dado ejemplos de proyectos de Salud 2.0, me he dado cuenta de que nada ha cambiado en este tiempo, que no hay tantas diferencias. Que al igual que en las Bibliotecas 2.0 y en la Salud 2.0 trabajamos con las mismas herramientas, también nos enfrentamos a las mismas reticencias de los profesionales y las instituciones.

Y, teniendo en cuenta que, los internautas que se desenvuelven en la Web 2.0, que están en redes sociales, escriben y siguen blogs, y comentan en foros, son los mismos usuarios que buscan una participación más activa en nuestras bibliotecas, y los pacientes que esperan otro tipo de comunicación con sus médicos; como profesionales, bibliotecarios o médicos, no podemos permitir que también nuestros mismos miedos nos detengan y no adaptemos nuestro papel y nuestros servicios a las necesidades del ciudadano del siglo XXI.

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La Web Social se reencarna en software

Si recuerdo mi primera experiencia con Internet, tendría que retrotraerme a los tiempos del Gopher. A la navegación por carpetas en servidores externos, a los pocos elementos gráficos que se podían visualizar en aquellos navegadores que hoy consideraríamos en completamente rudimentarios. Luego llegaría el HTML, los navegadores gráficos y nos iríamos olvidando de los distintos protocolos que en aquel momento poblaban Internet. Aprenderíamos a diseñar nuestras páginas web afortunadamente sin tener que escribir líneas de código HTML, si no con los primeros editores e incluso llegaríamos a usar el FTP incluso con el propio navegador Internet Explorer (!).

Mucho han cambiado las cosas. Después de la burbujapuntocom y considerar que la Web era tierra baldía para hacer negocios, el resurgimiento de la misma vino apalancada por sus propios usuarios. El “usuario es el rey” e incluso los propios medios de comunicación temblarían por el poder del mismo. Los internautas crearían sus contenidos, los expertos desplazarían a los medios como fuentes de referencia e Internet podría derribar gobiernos.

Sin embargo, la Web 2.0, la democratización de la producción y la distribución de la información ha quedado como un mundo idealizado. A los blogs se les ha intentado enterrar muchas veces, mientras que la Wikipedia, los sucesivos escándalos, trataban de desacreditarla como fuente de información de referencia. La participación, la Conversación como se le trató de denominar, evoluciona desde el infinito hasta convertirse en meras líneas de 140 caracteres máximo pero donde la capacidad de influencia sobre otros viene determinada por el volumen de seguidores en Twitter o amigos (o falsos amigos) que puedas tener en Facebook.

Durante este tiempo, la forma de consumir la Web ha evolucionado dramáticamente. La barra de direcciones de los navegadores perdían su sentido cuando sus usuarios consultaban o escribían directamente las direcciones de los sitios web en la caja de búsqueda de Google, la aparición del iPhone convertía a las Apps en el futuro del consumo de contenidos tratando de derribar la Web abierta tal y como hoy en día la conocemos, mientras que lo Social se avanzaba al término 2.0. Y en ello andamos.

RockMelt se lanzaba esta semana en su versión beta como el futuro de la navegación en Internet. El internauta daba un paso más ya no sólo como consumidor de contenidos, si no como difusor de los mismos tanto a través de la red social Facebook y el servicio de microblogging Twitter de forma completamente integrada y bajo la plataforma Chromium de Google. También debería causarnos asombro que el formato RSS todavía sobreviva en esta nueva forma de utilizar la web, otra de las cosas que según los gurús estarían ya finiquitadas de la etapa anterior, y que sin embargo es fundamental para los superusuarios de la web.

Claro que la competencia de este nuevo navegador, como por ejemplo Chrome y Firefox ya disponían de la posibilidad de implementar características sociales a sus navegadores a través de distintos plugins como la barra de Facebook o clientes especiales como Echofon. Pero este nuevo movimiento dentro del mundo de los navegadores, de la manera que todavía hoy accedemos y consumimos la web puede llegar a ser una llamada de atención muy interesante hacia dónde se dirige nuestra experiencia dentro de la misma.

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¿El Social Media ha matado al blog?

No creo que sea menester recordar aquí que no fui un early-adopter de Twitter, ni tampoco de Facebook. No soy de aquellos que ansían que le ofrezcan una invitación o recibir una cuando un servicio se encuentra en fase Beta -Excepto en la honrosa ocasión de Gmail cuando era un coto de unos pocos y lo cierto es que es el único servicio que adopté más rápidamente con los brazos abierto -. En el caso del microblogging, mi excepticismo era total.

Puede que en aquellos principios hubiese podido pronunciar las palabras: “¿140 carácteres? ¿Dónde nos conduce eso?” Por supuesto que se trataba de un error, ya que obviaba que muchos de los posts de aquel entonces, los años 2006-2008, bien se podrían haber solventado con un miserable tweet. De hecho, la propia terminología del blog proviene de aquellas anotaciones cortas fruto de la navegación de los internautas por la Red.

Desde entonces Twitter ha tenido tiempo de crecer exponencialmente, mientras que la red social Facebook la mira de reojo intentando introducir cambios dentro de su interfaz y de su configuración para asemejarse cada día más a ella. Twitter se ha erigido la bandera de una revolución descentralizada y mientras el mundo de la comunicación trata de digerir ese nuevo canal inesperado que redirige tráfico y puntúa el interés de ciertas informaciones. Aunque la pregunta está en el aire: ¿El Social Media ha matado al blog?

Twitter es una forma muy efectiva de entrar en una comunidad ya establecida. 140 caracteres no ocupan excesivo tiempo, a pesar de que el seguimiento de las conversaciones cruzadas puede llegar a ser agotador, y puede ser actualizado desde cualquier momento. En el mundo Twitter, sólo tienes que encontrar a alguien al que seguir que comparta ciertos intereses contigo, comprobar sus listas y comenzar a seguir a personas. En el caso de los blogs, era mucho más costoso. La redacción de textos de 350 palabras de media supone un esfuerzo importante de tiempo y no siempre se puede estar seguro de que el retorno sea suficiente para justificarlo (Aunque sea mentalmente). 140 caracteres y listo, conversaciones, recomendaciones… Todo un mundo se abre en Twitter y seguir a personajes ficticios o reales, ser accesible a ellos, se encuentra extendiendo sólo una mano.

Pero ¿y los blogs? Antaño eran considerados como un portfolio para los profesionales (y todavía lo son), una manera de demostrar la valía de cada uno, sus conocimientos, sin embargo que la tendencia actualmente se centra en la capacidad de cada uno de conseguir seguidores dentro de su cuenta Twitter. Pero no debemos equivocarnos, los blogs, evolucionados hacia medios de comunicación de bajo costo y enfocados hacia las microaudiencias, no dejan de crecer apareciendo nuevos, mejores junto con nuevas ideas y enfoques. Ya no como proyectos aislados, esfuerzos personales; sino con un sino y una razón de ser que se centralizada en al menos una decena de personas dispuestas a actualizarlos.

Mientras tanto la generación de contenidos desde las plataformas sociales (Blogs, Wikis, etc.) ha disminuido lo que ha conducido a considerar que las ideas y el debate generado anteriormente dentro de este medio se está debilitando. Pero ¿se ha trasladado a Twitter? Recientemente, se publicó un estudio que analizaba 1200 millones de tweets (publicaciones en Twitter) producidos en dos meses. Los resultados eran un tanto decepcionantes puesto que el 71% no provocaban ninguna reacción, mientras que sólo el 6% era retuiteado (Redistribuido por otros usuarios) y el 23% restante obtenía una contestación. Unos resultados un tanto escasos, que en cualquier caso, dentro de nuestra experiencia, Twitter constituye una nueva forma y bastante poderosa de obtener tráfico, es decir obtener visitantes nuevos, por lo que ante esta falta de reacción deberían incluirse otras métricas como los clics producidos ante la distribución de un enlace o los hashtags utilizados.

El debate se sigue produciendo aunque se descentraliza y se esparce por toda la Web, de hecho el consumo de la Red ha aumentado un 62% desde principios de año. Twitter y Facebook permiten que estos contenidos lleguen a un mayor número de personas, con la audiencia más segmentada y por lo tanto más proclive de acceder a consumir cierto contenido. Las plataformas abiertas conducen a un aumento de la viralidad de los mensajes lanzados en ella, que permiten a las multitudes autoorganizarse de una forma mucho más efectiva y productiva ante un objetivo común.

¿El Social Media ha matado al blog? No, simplemente, la Conversación se ha transformado.

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El fin del Diógenes digital

La antigua Escuela Cínica griega promovía una existencia frugal, sin posesiones materiales, llevando una vida simple y de acuerdo con la Naturaleza. Los primeros internautas sufrieron un Síndrome de Diógenes agudo, tal vez provocado por las propias circunstancias de aquellos tiempos. Puede que estuviesen convencidos de que todo debía ser archivado dentro de un recipiente material, que pudiesen poseer físicamente y que, llegada su obsolescencia, aquellos datos que guardaban pudiesen transferir a un objeto más grande y con mayor holgura.

En un principio, fueron documentos de texto, pequeños gráficos e incluso archivos sonoros livianos; sin embargo, pronto estos ficheros multiplicaron su tamaño, adquiriendo mayor envergadura a pesar de los intentos por comprimirlos y, de esta manera, hacerlos más pequeños y manejables. Pero aquellos esfuerzos resultaron del todo inútiles. Así, poco a poco, en el transcurso del tiempo, los disquetes dejaron paso a los discos ópticos, mientras que los CDs y los DVDs grabables claudicaban ante soportes físicos de mayores capacidades y versatilidades. Y es que los archivos audiovisuales, compartidos o transferidos desde soportes originales, imponían una ley demasiado cara en esfuerzo de gestión, hasta que llegó la Nube.

Imaginemos que si deseamos escuchar música, debemos buscarla, descargarla, clasificarla, reetiquetarla, organizarla… Si queremos disponer de ella en cualquier momento, tenemos que transferirla a distintos dispositivos portátiles que no siempre leen correctamente las etiquetas que describen el contenido de esos ficheros. Por otra parte, si queremos ver el último episodio de la serie X necesitamos buscar ese episodio, comenzar a descargarlo, adecentarlo, buscar subtítulos, etc… Por supuesto que, actualmente, alternativas ante estas situaciones hay muchas. Pasando por Spotify, esa audioteca mundial por streaming, hasta las soluciones menos ortodoxas de vídeo, pero que se encuentran disponibles a cualquier hora, sin necesitar de una planificación previa para poder visionarlas.

Pero esta situación ya no sólo se limita a los archivos audiovisuales, sino que cada vez más, a la hora de buscar información, ya no la acaparamos, simplemente disponemos de ella. Imaginemos que nos gusta descargar artículos para leerlos, los guardamos en una carpeta de nuestro disco duro, confiando que llegado el momento podamos encontrarlo. Sin embargo, suele suceder que pasado un año ya no nos acordemos de aquel texto y nos lancemos a Google para buscar esa información como primera opción. Puede que localicemos el mismo artículo, puede que nos encontremos con uno más actual. Acaparar la información ya no es necesario, simplemente disponemos de ella.

En el plano personal, los documentos que más nos gustaba atesorar, como los emails, se encuentran indexados y fácilmente disponibles dentro de las interfaces web de los cada vez más potentes proveedores de emails gratuitos. Otro ejemplo, como podrían ser nuestras fotografías, puede que nuestros documentos más preciados, las subimos alegremente a lugares como flickr o como Facebook, creando de esta manera una copia de seguridad de nuestra vida que será difícil que un desastre o la obsolescencia de un dispositivo acabe con ese pasado.

Así pues, parece que la antigua Escuela Cínica se toma cierta revancha en el entorno digital. Finalmente, ya no poseemos archivos, simplemente disponemos de ellos cuando queremos.

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El bibliotecario en su encrucijada

Hace ya un tiempo, escribimos un texto en el que reflexionábamos sobre la dicotomía que se da en Biblioteconomía y Documentación, donde una buena cantidad de personas de “letras” se refugia entre libros impresos buscando una salida profesional donde cada vez es más importante el peso de las nuevas tecnologías en su desarrollo. Es posible que las reticencias iniciales que se dieron en la adopción de nuevas tendencias en la Web, se vean relajadas en un futuro no tan lejano cuando nuevas generaciones más habituadas a los ordenadores suplanten a las más timoratas por si el ordenador (sic) pudiese llegar a romperse.

En cualquier caso, parece cada vez más cierto que la resaca del movimiento dospuntocero debe servirnos de punto de reflexión para encarar un futuro crítico para los intermediarios de la información. En un artículo que se publicará muy pronto en la revista Library & Information Science Research, un estudio recoge las impresiones de un grupo de profesionales australianos sobre las competencias y conocimientos que los bibliotecarios deberán poseer en un futuro no muy lejano.

Para los escépticos, en las conclusiones se evita el adorno 2.0, considerando que las etiquetas son perfectas para generar cambios en las actitudes de los profesionales pero se tornan peligrosas si se persiste en ellas en el tiempo. De este modo, se considera que la biblioteca 2.0 ofrece una nueva vía de reflexión sobre la Biblioteconomía y representa un cambio de actitud de los bibliotecarios. Sin embargo, las etiquetas y sus modas se agotan tan pronto como aparecen, siendo sustituidas por otras, por lo que pueden significar un impedimento para el crecimiento futuro.

Y es que la biblioteca/bibliotecario 2.0 no puede centrarse en la utilización de herramientas de la Web 2.0, excluyendo los principios y la filosofía propia de lo que verdaderamente representó,  que es la participación. De esta manera, las herramientas pueden suponer un corpiño en la evolución de los servicios bibliotecarios que deben desarrollarse hacia el fomento de la participación de los usuarios, por lo que se debe considerar que el foco debe centrarse en el cambio y la evolución, pero encontrándose con las necesidades reales de los usuarios. La biblioteca 2.0 ha cambiado la manera que las bibliotecas y los bibliotecarios conectan e interactúan con sus usuarios y comunidades, cediendo cierto control a los mismos, pero hay que tener presente que la biblioteca 2.0 no es sólo ofrecer un servicio a la comunidad, sino que también construirlas.

Es decir, la biblioteca 2.0 debe ser un catalizador sobre la reflexión más sobre actitudes y trato hacia los usuarios que sobre tecnología. El poder real de la Web 2.0 no trata sobre cómo está cambiado la manera que los profesionales de la información y las bibliotecas diseñan y ofrecen servicios y recursos para sus usuarios, si no cómo los bibliotecarios conciben su profesión. El verdadero reto que está encarando la profesión actualmente trata de definir la naturaleza y el alcance de su nuevo paradigma profesional.

Para saber más:
- PARTRIDGE, H., et al., The contemporary librarian: Skills, knowledge and attributes required in a world of emerging technologies. Library & Information Science Research (2010), in press doi:10.1016/j.lisr.2010.07.001

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Gran error 2.0, prohibir el Social Media en la redacción

Twitter Media Huelga decir que la situación de los medios de comunicación no es la mejor de su historia. Si nos referimos a los medios de comunicación impresos, que luchan en su traslación hacia el mundo digital en ocasiones a contracorriente, la situación podría ser definida como dramática. Sin embargo, ya se trate de periodistas de uno u otro soporte, existen herramientas comunes que no se deberían evitar aprender usar y, actualmente, no se deberían obviar ni Facebook ni Twitter.

La primera de ellas, si bien debe ser entendida como un coto cerrado de privacidad, está cambiando radicalmente la manera que estamos utilizando la web y en un futuro no tan lejano puede que su protagonismo sea mayor que el de Google. La segunda porque Twitter se ha convertido en un medio de comunicación por sí mismo, donde políticos y deportistas, organizaciones e instituciones comentan sus últimas actividades e incluso tratan de gestionar crisis. E incluso, en ocasiones, Twitter es noticia por sí mismo al ser uno de los medios de comunicación utilizados por sus propios protagonistas. No, no es baladí, que un comunicador aprenda a utilizar estas herramientas, que sea consciente de su funcionamiento y de sus posibilidades, que sea partícipe de ellas no sólo como mero espectador.

Por supuesto que todavía hay periodistas que colocan a estas dos herramientas en los mismos planos, como si una excluyese a la otra o como si se tratasen de la misma. Alguno se acercará a algún compañero, probablemente más joven y más avezado en el vertiginoso mundo de la Web, para que le explique qué es exactamente eso de Twitter (Más complicado de usar que Facebook por su propia idiosincrasia). Los propios medios de comunicación lo utilizan como canal sin mayores problemas, el propio Twitter abrió un blog para ayudar a los periodistas más despistados, por lo que no me esperaba es lo que me comentó una amiga periodista hace no mucho.

A vueltas con la productividad de los trabajadores, me comentaba que, desde su empresa, se estaba empezando a considerar la posibilidad de capar la utilización de ciertos sitios web y me destacó dos: Facebook y Twitter. Teniendo presentes los últimos movimientos que se están produciendo dentro de las cabeceras más importantes en España, con la integración de las redacciones digitales e impresas, con lecciones de técnicas básicas SEO (Se acabó la escritura para humanos) y la búsqueda de audiencias por todo tipo de soportes; me pareció completamente extraño aquello, si no suicida, minando el futuro del trabajo de los periodistas.

A partir de ahora, nada de ir más allá de la búsqueda de información que puedan dar los organismos oficiales mediante notas y ruedas de prensa, editar los despachos de agencia, toda la información filtrada por otros, replicadores de contenidos tradicionales incapaces de ver por dónde salta la noticia… La innovación de la información capada por una decisión puede que un tanto arbitraria.

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El periodista será el bloguer total

Cuando Sindo Lafuente llegó a la edición digital de El País tras el cierre de Soitu, además de situar el lugar de la redacción digital justo en el medio de la redacción en papel integrando ambas (como había hecho ABC), casi lo primero que hizo fue cambiar la página principal del medio de comunicación. Aunque la parte superior no sufrió apenas ningún cambio, la parte media de la portada fue limpiada y además situó, al igual que venía haciendo El Mundo, una tira con los principales blogs que El País disponía.

Aparentemente, el formato blog se encuentra viviendo una segunda juventud dentro de los medios tradicionales que finalmente los han abrazado sin el menor reparo a pesar de las dudas iniciales. Sin embargo, no debería resultar sorprendente. Una de las principales críticas que se achacaron a los medios tradicionales dentro de la ola de la Web 2.0 era lo poco participativos y colaborativos que resultaban. Fundamentalmente, en algunos se podían añadir comentarios o incluso enviar una rectificación de la noticia, pero no era esperable que alguien (el autor por ejemplo de la nota) llegase a contestar, de tal manera que los lectores se enzarzaban en discusiones sin que nadie, aparentemente, condujese el hilo de la conversación (Que era de lo que se trataba).

Hoy en día, no hay medio de comunicación que no disponga botones para promocionar la noticia dentro de la web social. Twitter y Facebook son, respectivamente, los sitios web donde los medios buscan esa agitación informativa, al igual que lo fueron previamente Menéame, Delicious o los blogs de los lectores. Ahora, el medio parece buscar la difusión de sus informaciones fuera de él, algo curioso cuando todavía nos encontramos con reticencias a la hora de enlazar otras fuentes desde los textos, pero indiscutible puesto que la “atención” de los internautas se encuentra en esos lugares (Además de mejorar el posicionamiento en Google).

Obviamente, estas nuevas políticas de promoción en la Web Social conllevan consecuencias para los periodistas. La primera es la propia curiosidad humana a la hora de comprobar cómo está funcionando lo publicado. Los rankings de “Lo más leído”, “Lo más comentado” o “Lo más valorado” son dos de las cosas que más gustan verificar. Pequeñas satisfacciones que también buscamos los propios bloguers, aunque obviamente la escala es mucho mayor. Ahora bien, ¿qué tal si añadimos lo más twitteado, lo más agitado en Facebook? El periodista convierte, efectivamente, en un mero habitante de la Web que compite con el resto de los editores (sean sus compañeros o no) por conseguir “atención”. Parte con ventaja ante los pequeños editores puesto que para ello se sitúa en grandes empresas, con mayor acceso a fuentes de información primarias y secundarias, aunque su comportamiento ante los resultados de la publicación de sus informaciones es similar.

Un paso más refrendando esta tendencia lo dió The New York Observer la semana pasada. Así, este medio ha propuesto a sus redactores una serie de incentivos para reforzar estas políticas de imapcto dentro de la web social (Pon polémica incluida). Los incentivos se colocan en cinco categorías: páginas vistas, número de posts publicados, seguidores en Twitter, cantidad de comentarios conseguidos y enlaces externos a sus noticias. Todo un reto para los periodistas de este medio que muy pronto se van a tener que reconvertir en internautas avezados para poder entender y atender todo el ecosistema informativo que se enfrentan y sus modas, tan cambiantes y poco predecibles.

De esta manera, los bloguers consideraron que nacieron para atender aquellas informaciones que parecían despreciar los grandes medios de comunicación. Unos cuantos años después, las nanoaudiencias fundamentalmente replican aquello que han visto y leído en otras partes, alimentándose de los medios de comunicación, comentándolo y añadiéndole valor (A veces sin acabar de conseguirlo). Sin embargo, ese modelo, el del bloguer, el del internauta avanzado, acabará fagocitado por el periodista que revertirá el orden en el que se publican las informaciones, primando el personalismo, su identidad digital, la figura del periodista más allá del medio en el que trabaja.

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¿Cuántos amigos quieres tener hoy?

Es la segunda vez que me pasa, aunque sigue llamándome clamorosamente la atención. Como usuario de Twitter, recibo una invitación para aumentar mi número de followers (seguidores) de mi cuenta de una forma artificial. Como hice la primera vez que recibí la invitación, no hago caso. Desde luego, no es la forma por la que me gusta obtener seguidores ni, como sucedía anteriormente con el blog, la forma en que me gustaría obtener subscriptores, a través de una cadena tonta de favores. Prefiero que una persona, de una manera más o menos consciente, tome la decisión de interesarse por lo que pueda llegar a decir.

Personalmente, puedo llegar a entender que ciertas cuentas necesiten de la agregación de un número creciente de seguidores en Twitter, así como de fans o amigos en Facebook. Si son cuentas creadas con objetivo de marketing o con perfiles profesionales, comprendo perfectamente esta necesidad. Sin embargo, para personas individuales, ¿necesariamente estamos obligadas a ello? ¿Necesitamos agregar a desconocidos que probablemente ni nos aporten nada y que tal vez sólo obedezcan a sus necesidades de ego para hinchar sus números?

Estas dudas surgen cuando estoy considerando limpiar mi cuenta Facebook de gente que no conozco pero que me ha agregado gracias al blog y, probablemente, otras razones más comerciales. Mi cuenta en Facebook es enteramente personal y teniendo en cuenta los fallos de privacidad de esta red social y su política de que cada vez seamos más abiertos y dispongamos de menor privacidad dentro de ella, me lleva a la consideración de que tal vez sea tiempo de hacer una limpieza. Además, este blog dispone de su propia página en Facebook por lo que tal vez debería comenzar a utilizar dos planos distintos con la dualidad Marcos-El Documentalista Enredado junto a Marcos-Persona.

Siguiendo las consideraciones del número Dunbar, en realidad, sólo podríamos mantener una relación más o menos fluida con 150 personas. Más allá de ese número, obviamente, la red social se convierte en inmanejable. Estoy seguro que mi red social es actualmente más escasa, pero la considero rica. En Twitter puedo tener 200 seguidores, pero en Facebook una herramienta completamente distinta, tener agregados 150 desconocidos me parece un tanto estúpido. Puedes considerar que estás realizando una exhibición de tu poder social, aunque obviamente la cantidad de amigos con los que puedes tener un contacto más o menos estrecho sólo puede concentrarse en el 10% de esa cantidad (Más o menos).

Herramientas y sitios web para obtener seguidores en Twitter y amigos en Facebook seguirán existiendo y serán necesarios dependiendo de qué casos, pero de nuevo volvemos a la necesidad general del ser humano de seguir gestionando y exhibiendo su red social. Creo que debemos tener presente los distintos planos e identidades digitales de los que disponemos y que tendríamos aprender a gestionar correctamente, de lo contrario, en el futuro podríamos llevarnos alguna sorpresa o simplemente echar pestes por haber utilizado estas herramientas alguna vez.

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¿Acabará el Chat de Facebook con el Messenger?

El movimiento ha pasado completamente desapercibido, el mundo estaba demasiado preocupado intentando destripar Google Buzz por esas fechas, o tal vez porque esta opción ya era conocida y estaba disponible desde hacía tiempo, pero desde Facebook se ha realizado un movimiento más para que casi toda la actividad social de los internautas pase por su sitio web (o por sus servicios). El chat de Facebook, un pequeño menú desplegable más molesto que otra cosa que aparecía a pie de página, se ha hecho mayor o al menos va a intentarlo. Desde la semana pasada, es posible acceder a él a través del protocolo Jabber. Es decir, los usuarios pueden utilizarlo de forma abierta como si de un MSN Messenger se tratase, asaltando el escritorio de los internautas. La conversación asíncrona puede llegar a ser síncrona, aunque por supuesto todavía debe pasar un proceso de mejora en el que sea posible filtrar a esos usuarios molestos que aceptamos como integrantes de nuestra red social, pero que realmente tenemos bloqueados y de los que no queremos saber nada.

Sin embargo, este servicio es cada vez usado con mayor frecuencia por los usuarios de Facebook, que se detienen a charlar con sus contactos mientras publican y comentan los estados de los mismos. En el mismo momento en que ya no hace falta conocer el correo electrónico concreto de una persona, tan sólo cómo se llama – o se hace llamar – dentro de la Red Social, será posible hablar con ella, socavando los esfuerzos de Microsoft de convertir su Messenger en otra red social.

Y es que Facebook y Twitter tienen lo que otros quieren, Google lo sigue intentando tratando de cerrar su asignatura pendiente, mientras Facebook se propone posicionarse también en el escritorio, puede que desarrollando funcionalidades más allá del intercambio de mensajes. De momento, lo ha puesto un poco difícil al usuario medio, con configuraciones de aplicaciones de terceros un tanto liosas, aunque algunos como Adium (sólo para Mac) ya lo integran, pero puede que no tardemos en descubrir un Facebook Messenger tratando de destronar una de las aplicaciones favoritas de los internautas españoles.

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Copiar en la Wikipedia

Cuando Milagros Pérez Oliva fue nombrada Defensora del Lector del diario El País, recuerdo que escribió un texto en el que describía la difícil y delicada tarea que le sobrevenía. Consciente de ello y durante el año que lleva en su puesto, Pérez Oliva no se ha amedrentado a la hora de llevar adelante los temas que ha considerado pertinentes, a pesar de ser en muchos casos muy peliagudos, y que hacían que yo, todavía en esta era tan digital, abriese el periódico de papel los domingos encaminado directamente hacia su sección de análisis. Condenados a permanecer en la Red, Las incertidumbres de la prensa escrita, Falsedades, inventos y refritos en la aldea global, Periodismo de calidad en tiempos de crisis o Comentarios muy poco edificantes son todos ellos textos valientes que no eluden el debate y que tratan de explicar las cosas tal y como son, como suceden. Recuerdo que los leí con avidez y asombro, pero la valentía y el arrojo son armas de doble filo.

Avances médicos con intereses ocultos encendió, dentro del periódico, el debate sobre la continuidad de Milagros Pérez en su puesto porque en él cuestionaba el buenhacer de una compañera. Finalmente, y debido al conflicto desatado, parece que se evitará afear la trayectoria de la periodista no renovándola durante este año, algo que particularmente me apena.

A pesar de las incertidumbres, Pérez Oliva ha proseguido su tarea y sin miedo se ha atrevido a preguntar a un columnista si había copiado, o fusilado como se utiliza en el argot periodístico, un texto de la Wikipedia. Historias de plagios y autoplagios nos describe la tarea de escrutinio de la Defensora del Lector realizando sus averiguaciones y paseando de nuevo por el filo de la navaja. Hay que tener presente que los autores también poseen su orgullo y la duda de haber copiado directamente de una fuente como la Wikipedia sería para mi, si yo fuese columnista, como un insulto.

La necrológica del teólogo Edward Schillebeeckx firmada por Juan José Tamayo levantó las suspicacias de los lectores que consideraron que merecían algo mejor que un simple copiador. Ante la confusión inicial, las indagaciones de la Defensora concluyeron que no había sido Tamayo el plagiador, sino un editor de la Wikipedia que había realizado el Copia&Pega del diario a la enciclopedia online. La Defensora no realizó una crítica hacia el sistema de edición de la Wikipedia, por ejemplo ¿dónde queda el copyright de Tamayo?, aunque puede que haya provocado el sonrojo de los Bibliotecarios de la misma que han procedido a deshacer el plagio como se puede comprobar en la modificación del 7 de febrero de 2010 en el historial de la entrada.

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El email pierde su sitio

Recientemente recibí una consulta desde Argentina mediante de forma simultánea y, pretendidamente, dos vías. Una de ellas era bastante tradicional, mediante correo electrónico, dirección virtual que se puede hallar fácilmente en este sitio web; mientras que la otra era mediante un mensaje en Facebook (Mensaje que también se recibe en la dirección de correo definida por el usuario cuando se da de alta). Al igual que Facebook, Twitter también dispone de su propio sistema de mensajería privada denominado Direct Messages que además de enviar un mensaje de forma privada, hace llegar un correo electrónico de un usuario a otro, y que dentro de los distintos interfaces de uso de esta herramienta -Ya se trate a través de la Web o mediante una de sus múltiples herramientas- inciden en este sistema de mensajería dual.

A pesar de ser configurable, si alguien escribe en el “Muro” de tu perfil de Facebook -digamos que este “Muro” es una especie de tablón de anuncios personal- el usuario también recibe un correo electrónico a la dirección que utilizó al darse de alta en el servicio y si alguien comenta un estado de un amigo que te gustó o que comentaste, también se recibe un correo electrónico abarrotando lentamente los buzones de los usuarios, por lo que en unas horas puedes tener de 20 correos electrónicos sin revisar y que solicitan tu atención. Sin embargo, en este caso, hay un “pero” y es que se pierde el contexto de los mensajes por lo que el hecho de recibir ese email te obliga a visitar la página web de la Red Social para poder contestar en condiciones.

Pero, de hecho, me he percatado que tengo personas agregadas, antiguos compañeros de estudios, gente que conozco -“amigos de amigos” podría considerarse- de los que desconozco una dirección de email y si tuviese que ponerme en contacto con ellos, el sistema que utilizaría sería uno de los dos descritos anteriormente. O bien Twitter (porque sé que son ellos) o bien Facebook, a pesar de que esta segunda opción sería la más confiable puesto que la gente es más proclive a ser identificada sin lugar a dudas dentro de la Red Social ya que es, en apariencia, un entorno más cerrada y privado.

Lo que no me cabe duda es que, lentamente, mientras nuestros hábitos comunicativos cambian, estas nuevas plataformas de la Web Social se posicionan para quedarse; poco a poco, utilizamos cada vez menos el correo electrónico para mantenernos en contacto con nuestros conocidos. Nuestras cuentas de email personal se van convirtiendo en simples vertederos donde recibimos las típicas cartas cadena, las presentaciones ruidosas que a duras penas se nos ocurre abrirlas en el trabajo, boletines que apenas abrimos por ser prácticamente imposible consultarlo todo o las actualizaciones de estado de Facebook, comentarios que recibimos en nuestros blogs, nuevos followers en Twitter… Cuentas de correo que no llegarán a desaparecer, siempre existirá la necesidad de enviar Currículums Vitae, documentos escaneados a cualquier administración, alguna carta desesperada para tratar de arreglar una situación incierta, pero que lentamente se irán perdiendo como un mero cajón de sastre a los que ya no extraeremos todo su anterior potencial.

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Las redes sociales profesionales en Internet

La norteamericana Facebook o la hispana Tuenti son dos de los grandes servicios de Redes Sociales (SRS) en Internet que se disputan la primacía del mercado español. Estas webs, al contrario de las comunidades virtuales casi inherentes a Internet, se centran sobre el individuo y sus conocidos para describir sus círculos de interés y fijar su capital social. Así, dentro de ellas, entre otras funcionalidades, los usuarios pueden listar sus contactos y mostrarlos al resto, facilitando la creación de nuevos vínculos y la comunicación entre ellos.

El potencial de este tipo de servicios es evidente, por ello, han surgido nuevos SRS que se centran en otros nichos de mercado específicos, entre ellos, el empresarial y el profesional. Éste es el caso de sitios web como Xing, LinkedIn o Viadeo que despliegan sus servicios enfocados hacia este mercado. Ante todo, debemos señalar que la visión de estos SRS se enfoca hacia las organizaciones constituidas por personas y que son éstas las que poseen realmente del capital social de las mismas.

Más allá de las modas que, de tanto en tanto, embaten la Web, la utilidad y las posibilidades de estos servicios aumentan con el tiempo a la vez que lo hace su popularidad, por lo que en un futuro no tan lejano serán claves tanto en tareas de selección de personal como en la búsqueda de acuerdos de colaboración entre organizaciones. Pero, ¿cuáles son los principales objetivos de este tipo de servicios?

A grandes rasgos, para que la utilización de este tipo de SRS sea efectiva, el usuario debe completar su curriculum vitae. Debemos tener presente que la mayoría de estos SRS establecen redes a través de instituciones y empresas por defecto, por lo que rellenar un currículum con los distintos lugares donde se ha trabajado o estudiado puede sernos de utilidad a la hora de conocer tanto a profesionales que se encuentran en otra sede de la organización como incluso ex-trabajadores de la misma que nos puedan ser de utilidad en un futuro.

Una de las principales metas a conseguir en la utilización de estos servicios es la creación de una identidad digital como profesionales, dándonos a conocer entre nuestros colegas. Por ello, la agregación de vínculos, es decir, identificar a otros usuarios como conocidos; supone otro de los aspectos importantes en la utilización de estos servicios. El establecimiento de vínculos entre nuestros conocidos nos posibilita el acceso a su red de contactos profesionales, de tal forma que si llegado el momento quisiéramos ponernos en contacto con otro colega que no conocemos, podemos buscarlo entre las redes de nuestros contactos para comprobar si alguno de nuestros conocidos lo tiene dentro de su red para de esta forma ser presentado.

Por otro lado, debemos ser conscientes de que éstas son las funcionalidades básicas que todo SRS dispone, sin embargo, al contrario de lo que sucede en los SRS enfocados hacia el ocio, estos servicios disponen de cuentas gratuitas frente a otras de pago. Las restricciones de las cuentas gratuitas pasan por la limitación del número de contactos a agregar, la profundidad en la búsqueda de las redes sociales de nuestros contactos u otras funcionalidades disponibles en este tipo de servicios como, por ejemplo, la descripción de los proyectos que el usuario lleva en marcha, su inclusión dentro de grupos de interés específicos, la difusión de información como los eventos a los que se piensa asistir, etc.

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