Egocentricidades

Voy a pediros que perdonéis a este, antaño, amante de los rankings blogosféricos y que pueda realizar una divagación, porque no puede alcanzar la disertación, sobre ese afán por colocarse en los primeros puestos de cualquier cosa por parte de los heavy-users de cualquier servicio de Internet. Porque si bien en la Web, mal que nos pese, todo es medible y cuantificable, aquello que, hasta cierto momento no lo era, tiende a convertirse en cuantificable para la creación de una comparativa entre el resto de iguales para que lentamente dejen de serlo tanto obedeciendo a aquello de que “todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.
El mayor y mejor ranking, u ordenación de resultados según su importancia, y el más importante dentro de la Web es el Pagerank, creado y mantenido por Google, que ha favorecido a lo largo del tiempo la creación de todo un ecosistema informativo y económico a su alrededor. Así que si las páginas web son rankeables, ordenables por importancia, ¿por qué no íbamos a poder realizar comparativas con el resto de nuestros semejantes de casi cualquier cosa que en Internet se crease?
Más allá de los rankings blogosféricos sobre los blogs más influyentes dentro de una u otra materia, creados ad-hoc tras la definición de esos sitios web que configuran su propio totum revolutum con su particular ideosincrasia, las comparativas entre usuarios de cualquier servicio casi son una necesidad que pueden abrir una pequeña ventana a la fama. Puede ser que una de esas famosas que disfrutaron de sus quince minutos de gloria fuese Sofia de Oliveira lo consiguió tras aparecer en un programa de televisión con 92,000 amigos, y que favoreció su salto a la fama junto con una entrevista posterior asegurando que los amigos de verdad sólo contaban 10, aunque actualmente Sofía no es la única en alcanzar tan estratosférica cifra de conocidos virtuales.
Pero tranquilos, para cualquier hijo de vecino, el contacto medio en las redes sociales, como en Facebook, se ha calculado en 120 amigos de media, mientras que, en la otra Web Social por excelencia, Twitter el usuario medio tiene 85 seguidores y sigue a otros 80 usuarios. Pero hay más datos, curiosamente, de esos 120 amigos sólo interactuaríamos dependiendo de nuestro género con una pequeña muestra de ellos. De este modo, si fuésemos hombres interactuaríamos con 7 de ellos de media, mientras que si fuésemos mujeres esta cantidad ascendería con 10. Sin embargo, ese afán por recoger y mostrar el mayor número de amigos que tienen algunos usuarios se ha contemplado y justificado como un juego. Es decir, que nos tomamos las redes sociales como meros juegos donde los puntos serían el número de conexiones, y competiríamos por ver quiénes consiguen mayor puntuación (mayor cantidad de contactos).
Podría pasar que una de nuestras justificaciones sería el juego o más bien el entorno competitivo en el que nos movemos. Imagino que esa competitividad también dependerá sobremanera del tipo de usuario, porque los medios de comunicación también trazan sus propias comparativas. Así, me quedé muy sorprendido cuando el diario El País publicó la cantidad de seguidores que disponía en Twitter (y no sólo se conformó con la edición en Internet) considerándose como el medio de comunicación español más popular en la Red. Mi sorpresa proviene del razonamiento de que ¿cuándo una empresa ha hecho publicidad de otra sin que haya un acuerdo económico? Hasta ahora casi nunca.
Por supuesto que el juguete pasado el tiempo se ha convertido en algo más sotisficado. En esta ocasión, Twitter ofreció a sus usuarios una nueva funcionalidad con la que poder jugar que consiste en la creación de listas en las que los usuarios podían ser etiquetados. Si en el mundo real, solemos huir de las etiquetas, del encasillamiento, en Twitter aparentamos estar encantados, mientras nuestros iguales nos perfilan a través de folksonomías y somos incluidos en una serie de listas de los usuarios de Twitter que nos siguen. Como no podría ser de otra manera, entramos en la discusión de palabras como reputación, ego o incluso spam, pero lo cierto es que de nuevo se creamos nuevos rankings con las personas y las listas más seguidas y, de nuevo, la rueda vuelve a girar. “No va más”.
La futura Web es… ¿Facebook?

Ya había leído en algún otro lugar que la Web que conocerán nuestros hijos no será como la conocimos nosotros, que Facebook es el futuro de la Red porque ya no navegaremos buscando información, sino que, fundamentalmente, nos comunicaremos mucho más a través de ella. Sinceramente, no me puedo imaginar que el fracaso de AOL (Un proveedor de acceso a Internet con el coto cerrado) se olvide en el tiempo. La Web creció del caos y de su autoorganización, no puedo llegar a considerar que, de repente, nos conformemos con una única plataforma y nos olvidemos del increíble ecosistema de la información y de servicios que nos pone al alcance de nuestros dedos, con una simple ecuación de búsqueda, Google. Simplemente, me parece inconcedible.
Por ello, no puedo negar que me ha producido una sonrisa la consideración de que el Imperio Google se acerca a su fin. De hecho, en la Web 2.0 Summit parecen bastante convencidos de que el futuro de la Web va a pasar por Facebook. Así lo aseguran tanto Sean Parker, directivo de la empresa Founder’s Fund, como Sheryl Sandberg, jefa de operaciones de Facebook (cómo no), que creen que estamos superando la primera fase de Internet, que ha estado dominada por lo que denominan “servicios de información” en la que Yahoo! y posteriormente Google fueron los principales actores y nos encaminamos hacia una nueva fase enfocada “servicios de red” como Facebook y Twitter como baluartes del futuro que se nos avecina. De esta manera, consideran que el dominio de la compañía de Mountain View en Internet decrecerá ya que recolectar datos será menos importante que conectar a la gente, así como que la información que provean los amigos será más interesante para los usuarios que la que Google u otro buscador pueda ofrecernos.
Parece que el argumentario es similar a aquel “Hemos pasado de las páginas estáticas en HTML a otras en las que el usuario puede construir los contenidos, mejorar en su concreción y trabajar en comunidad”. De repente, parece ser que Google y el poder de sus centros de datos se encuentran condenados a la obsolescencia por un futuro marcado por el coto cerrado del azul y blanco de la red social Facebook. Al final parece que la Web semántica, aquello que marcaron como Web 3.0, sigue siendo una quimera y nos conformaremos con buscar a personas y a grupos de interés, tendremos suficiente con pastillas informativas de 140 caracteres y los medios de comunicación con sus largos y aburridos textos acabarán extintos porque no podrán atraer el suficiente público que siempre preferirán Facebook.
En realidad, las palabras de los responsables de Facebook parece más un mensaje hacia los anunciantes que un futuro palpable, aunque es cierto que Facebook es una empresa muy poderosa en cuanto al tráfico en Web. Recientemente, se ha publicado un estudio sobre el tráfico en Internet realizado por Arbor Networks en el que analizaban 256 exabytes de información y en el que se concluía que, en primera posición, del 6% del tráfico mundial lo poseía Google. Sin embargo, también es muy interesante los datos publicados en el texto que aseguran que han aparecido empresas de Internet «hipergigantes», que como Google y otras 30 compañías, entre las que figuran las redes sociales como Facebook o también portales como YouTube, acaparan el 30% del tráfico de la Red. Es decir, se está produciendo un proceso de concentración en el tráfico Web en el que aparecen una serie de compañías ganadoras y que, por lo tanto, se llevarán la mayoría de la inversión publicitaria en la Web.
Tampoco debemos olvidar que Google es más que un buscador, más que un “servicio de información”, y actualmente también podría incluirse en su definición “servicio de red”, por lo que en realidad no se puede denostar a Google sobre su reinado Web. Más bien al contrario, éste irá incrementando según se focalice, aún más, en proveer contenidos más allá de hacerlos accesibles y tratar de conectar sus usuarios y puede que en eso Google Wave tenga mucho que decir. Google no es una moda, habrá que seguir la evolución de Facebook para poder aseverar lo mismo.
Twitterrific!!!
Definitivamente, no soy un buen gurú. Nunca creí que 140 caracteres dieran para mucho, consideré que si bien el microblogging disponía de cierta utilidad, nunca llegaría a romper definitivamente y ser un instrumento de masas. Puede ser que se trate de una perspectiva demasiado personal, si para enviar un SMS me quedo corto, imaginaos para explicar una idea por la Web. Es posible que nuestra acelerada vida nos empuje invariablemente a ser cortos y concisos, pero dentro de Internet esto se convierte en una necesidad.
El menos es más aplicado a las noticias o al argumentario de las ideas nunca me acabaron de agradar. Si nos quedamos con el teletipo no contemplamos el contexto, perdemos la profundidad del hecho. Es como contemplar el Guernica de Picasso sin comprender porqué se pintó y en qué condiciones se compuso. Nos agradará más o menos, pero perderemos la intención del pintor.
Dicen que tienes que utilizar Twitter para poder criticarlo, que se contempla con cierto escepticismo al principio pero que después te engancha. Lo siento no es mi caso. Ni siquiera algunas de las aplicaciones trasladadas al mundo Twitter son de mi agrado, más bien me parecen cierta involución. Sin embargo, no puedo negar que éste es el año Twitter pese a quien le pese, aunque puede que dentro de dos, el efecto Twit se diluya como un azucarillo como sucedió con la revolucionaria Blogosfera (Aunque quien tuvo retuvo, por supuesto).
El mundo descubrió la potencia de Twitter cuando la oposición iraní se lanzó a las calles coordinada y convocada a través de esta red social/servicio de microblogging. En realidad, su uso fue alentado por el propio gobierno de forma accidental que se apresuró a cortar los servicios de mensajería corta a través del móvil y capando el acceso a otro tipo de páginas web como Facebook. Si el proceder de sus autoridades se hubiese desarrollado de otra manera, puede ser que en vez de libros sobre la revolución Twitter hubiesen llevado otra marca comercial en la portada.
Sin embargo, Twitter también arrastra sus propios problemas a pesar de su popularidad entre las personalidades famosas. El primero de ellos, la competencia feroz de Facebook y los servicios de redes sociales que está tratando de trasladar el modelo de qué estás haciendo hacia sus cotos cerrados con cierto éxito. De hecho el joven becado de Morgan Stanley ya baticinó que Twitter es para viejos reservando el olimpo del sabroso mercado adolescente y juvenil a Facebook. El segundo es su falta de un modelo de negocio que tratará de ser creado mediante el establecimiento de cuentas Premium de pago (Pero, ¿no utilizábamos en la Web 2.0 el término molón Fremium?). Finalmente, el tercero es la falta de actualización de las cuentas, pero bueno esto es una constante en casi cualquier servicio web.
Mientras tanto, las compañías parecen encantadas con el nuevo juguete, mientras según se asevera Twitter y Facebook han trasladado parte de lo que se denominó “La Conversación” hacia su terreno. E incluso amenaza con engullir los agregadores RSS considerados como algo obsoletos y difíciles de entender para cualquier internauta normal; a la vez que los medios e infinitos sitios web se muestran encantados de volcar sus actualizaciones informativas hacia este nuevo servicio que amenaza en convertirse en un nuevo foco de infoxicación para el internauta, a pesar de lo corto de los mensajes a lanzar dentro del mismo.
Por otro lado, los spammers también han puesto su ojo en él, aunque no consigo a vislumbrar su meta y su porcentaje de éxito. Tienes que ser follower o seguidor de alguien para ver sus mensajes, es decir, el usuario tiene que cometer una acción para recibir el spam de Twitter.
Twitter también puede dejar a contrapié a los buscadores de empleo, porque ya se realizan ofertas de trabajo cuyo requisito para los aspirantes es disponer de 250 seguidores. Aunque los followers pueden comprarse con relativa facilidad, porque como no podría ser de otra forma de cualquier asunto podemos establecer un nuevo sistema económico, que el mundo debe seguir girando.
Los flujos de información ni se crean ni se destruyen, sólo se transforman
El mundo ha cambiado. Lo siento en el agua, lo siento en la tierra, lo huelo en el aire…
Mucho de lo que era, se ha perdido… Pero nadie vive que lo recuerde.
De estas frases, ninguna de ellas, son mías. El titular lo he extraído del último artículo de opinión del director de El Boletín, un semanario económico regional de la Comunidad Valenciana, Cruz Sierra; mientras que las otras frases citadas más de uno podrá recordarlas.
El mundo de la información está cambiando de forma completamente dramática, el modo en el cual la consumimos también y los profesionales de la información nos enfrentamos a la encrucijada de si realmente estamos preparados para los cambios que se avecinan. En España, el colectivo de los profesionales de la información lo constituyen dos grupos diferentes pero que no se han puesto de acuerdo a la hora de apropiarse de cierto término, pero que contemplan cómo el mundo se les está transformando.
Si bien los documentalistas, han tratado de adaptarse a los nuevos tiempos mediante las fórmulas de denominación como infonomistas o vigilantes tecnológicos; lo cierto es que estas fórmulas han resultado, más que integradoras, excluyentes; distanciando colectivos que bien podrían haberse dado la mano. Por su lado, los periodistas han tratado de encontrar sus sinónimos en los profesionales de la comunicación, primero, mientras que posteriormente han tratado de englobar todo el hecho comunicativo mediante la fórmula profesionales de la información. Además, el término Ciencias de la Información se consideran en España patrimonio de los periodistas (Algunas facultades universitarias se acogen a esta denominación), mientras que los documentalistas consideran su disciplina, la Documentación, como la Ciencia de las Ciencias, es decir, la Ciencia de la Información Científica.
Este aparente choque entre disciplinas tan radicalmente distintas no es sorprendente. El proceso de la información puede ser reducido ha tres conceptos básicos, a saber, Información – Comunicación – Documentación, una tríada que puede ser ampliada agregando todos los elementos que se deseen pero que puede ser perfectamente entendida con estos componentes. Sin embargo, documentalistas y periodistas se enfrentan a un nuevo mundo dominado por la Web en el que el soporte es fagocitado por los bits y el distribuidor principal de usuarios casi se centra en un único actor.
Del lado de los periodistas, David Simon lo resumía estupendamente en el reportaje que le dedicaba El País a su estupenda serie The Wire en el que atacaba a la blogosfera. De esta manera, el periodista acusaba a los bloggers de dedicarse en la mayoría de los casos “a amontonar informaciones que encuentran en otros lugares sin hacer ellos mismos ningún ejercicio de periodismo. Y acuso a los bloggers de escribir mucho sobre corrupciones sin haberse dedicado nunca a conocer por dentro las instituciones que critican”. Simon no cree en el periodismo ciudadano ni en su viabilidad dentro de una sociedad que necesita del tutelaje del cuarto poder y críticas no le han faltado.
Los periodistas han descubierto cómo las fuentes primarias vuelcan sus informaciones en la Red reclamando el protagonismo que sólo ellos deberían otorgarles después de un trabajo de filtrado, contextualización y análisis. Sin embargo, los blogs – y el Social Media resultante de su evolución – se saltan ese proceso. En muchos casos, la falta de contextualización sólo sirven para que los blogs, muchos de ellos comerciales, se centren en la réplica de las notas de prensa de empresas e instituciones sin querer entrar en la validez de esas informaciones. Ése es el principal error y lo que la sociedad está perdiendo lentamente. Puede que el producto final de la Web Social no sea de calidad, pero dentro de Internet es popular y por ello rentable y, como bien sabemos de otros medios de comunicación, lo popular se enfrenta con la calidad del producto final, aunque interesadamente nos gusta obviarlo.
Por su parte, los documentalistas han intentado realizar un proceso de reflexión propio. De este modo, José López Yepes presentaba al Homo Documentalis (un ciudadano intelectual capaz de crear y consumir responsablemente ciencia y cultura) y el Homo Documentator (un nuevo perfil de documentalista a la altura de la sociedad de la información). Sin embargo, las nuevas competencias del documentalista propuestas por el catedrático parecen ser fagocitadas por el Homo Documentalis, que se conforma con los instrumentos que la Web le pone a su alcance.
Los documentalistas más veteranos, a los que hacíamos referencia en un texto anterior, contemplan cómo los flujos de información dentro de la sociedad están cambiando de forma acelerada, mientras aquellos encargados de analizarlos parecen estancados en un pasado mejor. El Homo Documentator debe de dar un paso más hacia la comprensión de la información como un bien económico, entender sus características y su ecología. Debemos comenzar a abandonar los libros como elementos principales del transmisión del conocimiento y comenzar a detenernos a comprender e integrar el proceso informativo como un todo que debemos estudiar, hasta los editores comienzan a considerar a Google como lo peor que les ha sucedido, y los libros electrónicos como el futuro inevitable.
El futuro es completamente apasionante y debemos comenzar a incorporarnos a él. Los flujos de información, lo que verdaderamente nos debería preocupar, todavía se encuentran ahí, no han sido destruidos; debemos de localizarlos, estudiarlos y sacarles partido en la medida que sea posible para nuestras organizaciones.
La revolución infiltrada
A tenor de lo sucedido en las últimas semanas, podemos asegurar que Internet ya ha alcanzado la mayoría de edad. El invento transmisor de ideas más importante desarrollado desde la difusión de la imprenta por Gutenberg ya nos ha cambiado para siempre, irremediablemente. El Mundo asiste estupefacto a las revueltas sociales en Irán tratando de etiquetarlo mediante el uso de herramientas, la revolución Twitter (que se dio previamente en Moldavia), pero no podemos olvidar que también las imágenes y los vídeos son fundamentales para poder entender lo que está sucediendo.
Es la revolución del mensaje corto, sólo 140 caracteres pueden ser utilizados en Twitter, que facilitan el intercambio rápido de la información, casi telegráfico, la creación de un espacio para la organización y poco más. El Gobierno iraní trató de limitar el posible efecto de las elecciones presidenciales cortando la posibilidad de enviar SMS a través de los móviles preveyendo quizá el descontento social, como ya se había dado en otros países en otras circunstancias, pero su Sociedad se les había adelantado, siempre un paso por delante de los Gobiernos y se organizaron de forma rápida. Acudieron a la Web, a las herramientas que no fueron cortadas tras percatarse que la comunicación del descontento iba por otras vías.
Si las industrias audiovisuales descubren cómo el modelo de negocio se les escurría entre los dedos, no pudiendo impedir que sus productos se distribuyan de forma casi gratuita por los internautas, qué podría suceder con las ideas y los sentimientos de los ciudadanos.
Mientras tanto los medios de comunicación, muchos de ellos expulsados de Irán por las autoridades, luchan para entender el fenómeno donde no son ellos los que distribuyen la información, tratando contrastar las informaciones que se dan y aportan desde dentro. Contemplan estupefactos esa revolución porque no son ellos los que persiguen la noticia, no pueden contrastarla, han sido apartados de ella, pero deben de darla. Es el momento definitivo del periodismo ciudadano, de la utilización de la Web como medio de comunicación sin barreras, que se encontró denostado durante estos últimos años y que en épocas de agitación se revuelve contra los cánones establecidos; demostrándose que la información se abre camino a pesar de las muchas barreras que se le puedan interponer.
Hoy, asistimos a la madurez de la Web, a su asimilación por la sociedad, al traspiés de los medios de comunicación como vehículos del descontento social y como transmisores del mismo, aunque eso sí no de su análisis ni interpretación ni contextualización que no deja de ser una honrosa y titánica tarea. De momento, veremos en qué acaba.
¡Que paren las rotativas! ¿Es éste el fin de la prensa?
Cuando descubres que alguien intenta hacer una tira cómica sobre la crisis de los medios de comunicación, te percatas de que la situación es más grave y desesperada de lo que podría parecer. El debate sobre el futuro de la prensa es muy intenso dentro de los medios en estos días, de hecho hay quien asevera que conocía que se podría llegar a esta situación y que se lamenta de no haber hecho nada. Pero mientras los EREs salpican a distintos grupos de comunicación, la crisis que se vive hoy en día en las redacciones no puede ser igualada a ninguna a las anteriormente contempladas, provocando cierta rabia e indignación en los profesionales del sector, puede que desnudando poco a poco las miserias del periodismo y descubriéndonos que no todo reluce dentro de ella.
Han sido distintos las voces que advertían a los periodistas que su trabajo iba cayendo en el descrédito dentro de una población cada vez más impregnada de lo que verdaderamente debe ser una sociedad post-industrial. En el libro, We the media de Dan Gillmor trataba de apuntalar las razones del nacimiento de la Web 2.0 y del Social Media basándose en la posición crítica adoptada por una parte de la sociedad frente al descrédito de los grupos mediáticos alumbrando una nueva forma de crear noticias. Finalmente, aquello quedó en aguas de borrajas, no pudiendo trasladar los puntuales casos de éxito a otros países.
En su evolución, los blogs, aquellos sitios web que abordarían aquellos temas que los medios desechaban centrándose en las nanoaudiencias, eran abandonados lentamente por sus impulsores -Jason Calcanis fundador de Weblogs Inc. vendió su compañía y finalmente abandonó la blogosfera en favor del microblogging favoreciendo el anuncio de la desaparición de la blogosfera-, sustituyendo aquellos por nuevas palabras, nuevos conceptos, nuevas formas de hacer negocio en la Web con la participación de sus usuarios.
Hoy en día, los medios de comunicación impresos se enfrentan al dilema del prisionero ante su futuro. Por un lado, son conscientes de que deben permanecer en la Red, mientras que por otro saben que no pueden ofrecer gratis en la web lo que venden en papel. En realidad, todo se reduce a los márgenes de beneficio, la venta de periódicos sufraga el papel, la tinta y la distribución del periódico físico, mientras que la venta de publicidad sostiene el resto; sin embargo actualmente en la Red la publicidad no genera los suficientes ingresos como para mantener toda la infraestructura del medio de comunicación. Las soluciones han sido distintas dependiendo de la situación de cada uno. Algunos han apostado por el papel, mientras que otros simplemente han abandonado el papel en favor de la Web, otros por la convergencia; el éxito de unos u otros se comprobará a medio plazo, no cabe duda.
Google ha sido señalado como el mayor de todos los males por los medios. Según la consideración de los directivos de los medios, el buscador utiliza la información que la prensa genera para la creación de varios productos sin que ellos reciban su correspondiente contrapartida. Hay que señalar que la posición del gigange nunca ha sido desdeñosa respecto a la información digital ni hacia los medios, obviamente, sí lo ha sido respecto al producto en papel.
La información es cara de producir. Una de las acusaciones que se ha lanzado a la Web 2.0 es su falta de información respecto a la opinión. Es cierto, la valoración y los puntos de vista son mayoría en la Web, junto a la republicación de informaciones y distribución de notas de prensa. Puede que haya poco valor añadido en aquello publicado en la Web 2.0, ¿pero no era precisamente eso lo que hacían los medios impresos gratuitos? ¿Publicar fundamentalmente aquello distribuido por las agencias de prensa?
En cualquier caso, a pesar de que la competencia esté a un clic, la marca, la cabecera, se mantiene como punto de referencia para el lector. La creación de comunidades gracias a la Web 2.0 y tomar partido de otras sinergias como informaciones que los periodistas del medio no cubren es un buen punto de partida. Pero hay que tener en cuenta que en la Web, al contrario de lo que sucede en el mundo físico, todo es medible. El comportamiento del usuario, qué páginas se leen, su segmentación, qué publicidad ha funcionado, cuál no, qué posición dentro de la página atrae más la atención, etc. Dicen que en la web no vemos la publicidad, la eliminamos inconscientemente, ¿a caso no sucede también a la hora de leer el periódico impreso? Las agencias de publicidad lo saben y pueden exigir resultados y, por lo tanto, las tasas de conversión ser más reducidas en el mundo digital. Por otra parte, la mayoría del pastel publicitario se lo ha llevado otro, creando una infraestructura y tecnología formidable y que trató de saltar al mundo analógico, para después abandonarlo en tiempos de crisis.
Es difícil que los medios dejen de considerar la idea de cobrar por sus contenidos, llevan 200 años haciéndolo, y buscarán la manera de conseguirlo aunque se trate de otro tipo de soportes (Kindle o Adobe Air). Pero, de lo que no cabe duda, es que son éstas tierras muy complicadas y algunos ya lo intentaron antes, descubriendo su fracaso y desdiciéndose en el camino, sin embargo este bache económico será sobrepasado y serán aquellos los que hayan encontrado la forma de financiarse sin pasar por la caja de Google, los que apuesten por las nuevas ideas y la innovación, que sepan gestionar su producto dentro de un mercado terriblemente competitivo, además de mantener sus audiencias y su impacto dentro de la sociedad los que sobrevivirán. No, los periodistas no desaparecerán, ni sus empresas editoras, ni los medios sólo el soporte a la hora de transmitir el mensaje.
Porqué lo llaman “Nube” cuando quieren decir Internet
La pasada semana, leyendo a un columnista tecnológico bastante popular, me sorprendía cuando utilizaba Nube refiriéndose indudablemente a la Internet de forma genérica. Este comunicador señalaba que una aplicación del iPhone se conectaba a El País para descargarse la información, pero en vez de denominar esta acción como conexión a la Web, lo definía como conexión a la Nube. Ya hemos reflexionado aquí mucho sobre los continuos cambios a la hora de designar las cosas, la creación de nuevos términos y mucho más si se trata en el sector tecnológico. El término Web 2.0 está tan manido que ya se huye de él y precisamente el de Web Social, buscando sustituirlo, tiene una serie de connotaciones que no se ajustan al anterior y algunos sugieren que en realidad el primero engloba al último. De forma bastante similar ha sucedido con los términos multitudes inteligentes o inteligencia colectiva que reinventados como inteligencia de enjambre que no acabó de cuajar, aunque desde luego este último dispone de mi simpatía.
Puede ser que Internet sea uno de los entornos más sujetos a los cambios de tendencias y a la reinvención de las ruedas, como alguien me señaló en cierta ocasión, aunque, todo hay que decirlo, es precisamente uno de los lugares donde la información se mueve a mayor velocidad y donde su intercambio se produce de forma más acelerada. Tal vez por ello, la Web deba estar redenominándose tratando de adaptarse a las nuevas tendencias, al mismo tiempo que urge a la rápida adopción de las mismas para que la máquina no deje de funcionar nunca.
Sin embargo, es justo decir que los nuevos bautizos surgen gracias a los nuevos conceptos y puede que ante el éxito de uno, los nichos de mercado similares lo adopten rápidamente y de forma no distintiva, provocando confusiones y el cruce de fronteras que provocan la confusión más allá de la aclaración de los términos.
Porque, volviendo a mi columnista, en esta ocasión el iPhone se descarga información a través de la Web sin pasar por un navegador, que siempre ha sido la forma más tradicional de conseguirla. No se trata de un RSS, ni de un correo electrónico sino de un software finalista para las alertas informativas, aunque esta idea también la habíamos visto en este mismo sitio web en forma de aplicaciones de escritorio. Por lo tanto, en este caso, la Nube describe un ente abstracto que no hace referencia a los mecanismos tradicionales a la hora de obtener información de la Web, aunque obviamente el proceso es bastante similar.
Es posible que el concepto Nube esté desplazando a la Web (Telaraña en inglés) debido a la rápida penetración de la ubicuidad (se encuentra en todas partes gracias a las conexiones inalámbricas) dentro de nuestra sociedad. Si hace unos años, la Web en el móvil, sí hablo del WAP, parecía una broma comparada con lo que se veía a través de un ordenador y un navegador de escritorio, el iPhone y el desarrollo de navegadores específicos para móviles, por ejemplo el Opera Mini, junto con el desarrollo de redes WiFi están trasladando el concepto de Internet ligado a un ordenador, una mesa y una silla, a casi estar disponible en cualquier dispositivo imaginable.
Pero esta Nube no es más que una reinvención de otro término, el Grid Computing o computación distribuida mediante el cual una serie de ordenadores se conectaban simultáneamente para la realización de cálculos, almacenamiento y procesos de forma coordinada y más barata que si de grandes supercomputadores se tratase. De Grid Computing, pasamos a Cloud Computing, aunque esta vez la necesidad de darle una capa de barniz era más comercial y centralizada y de ahí lo de Nube, mediante el cual una serie de empresas contrataban la capacidad de cálculo de servidores de tercero para el alojamiento o procesamiento de información de tal manera que el coste fuese inferior que disponer de un servidor dedicado propio.
Sin embargo, la metáfora de Cloud o Nube es demasiado romántica para dejarla escapar, así que aprovechando todo el marasmo de aplicaciones destinadas a la Web 2.0, donde el trabajo ya no se realiza en el escritorio de uno sino en la Web y en servidores ajenos, los difusores de los beneficios de la Web 2.0 decidieron quedarse con este término convirtiendo casi todo el trabajo que se realiza en la Web en trabajo que se realiza en la Nube.
Nube porque nuestros documentos (Google Docs o Zoho), correo electrónico (Gmail o Hotmail), fotografías (Flickr o Microsoft Live), vídeos (YouTube o Dalealplay) e incluso marcadores se quedaban en sitios webs, en ordenadores y servidores ajenos a los usuarios, cambiando nuestra forma de trabajar y permitiendo que nuestros trabajos y datos personales los gestionasen otros.
En fin que si la Web es sólo una parte de Internet, aunque utilicemos estos términos casi de forma indistinta, es posible que la Nube pase a ser un sinónimo de la Web a pesar de que sólo se trate de un subconjunto de ella, subconjunto al mismo tiempo de la Web 2.0; pero en realidad no importará en exceso porque la máquina deberá seguir funcionando.
¿Para cuándo la Nube 2.0?
Las folksonomías en los blogs de Biblioteconomía y Documentación
Las folksonomías, además de convertirse en una de las palabras más odiadas por los internautas, disponen de distintos puntos débiles bien conocidos. Así esta forma de clasificar la información hereda todos los problemas bien conocidos por los documentalistas de los vocabularios no controlados. De esta manera, al utilizar el tagging nos enfrentamos a la ambigüedad, polisemias, sinonimias y falta de control a la hora de describir de forma específica o más general las mismas cosas.
Concretamente, tenemos ambigüedad porque diferentes usuarios aplican términos a las mismas informaciones de forma completamente distinta, polisemia ante la utilización de las mismas palabras para designar objetos o conceptos distintos, sinonimia porque distintas palabras pueden ser utilizadas para definir las mismas cosas y, finalmente, sobre la especificidad de los términos, porque un usuario experto puede definir una información como AJAX o javascript, olvidándose de indicar lenguajes de programación que un usuario no-experto puede utilizar a la hora de recuperar información sobre esta temática.
Además, la utilización del tagging es tan abierta que no otorga una guía de uso a la hora de aplicarlas, cómo deben usarse, la puntuación a utilizar, el orden de las palabras, si se deben usar plurales en vez de singulares, si se deben usar palabras compuestas sobre las simples, si se deben añadir sinónimos, etc.
Recientemente, se han publicado dos textos científicos que hacen referencia al uso que se hace de las folksonomías en los blogs de Biblioteconomía y Documentación a los que os recomendamos echarles un vistazo. En el primero de ellos, Etiquetado libre frente a lenguajes documentales. Aportaciones en el ámbito de Biblioteconomía y Documentación, su autor Luis Rodríguez Yunta realiza una reflexión muy interesante sobre el uso de las folksonomías dentro de distintas herramientas de la denominada Web 2.0 por parte de los profesionales de la información:
Los profesionales de la Documentación han sido tradicionalmente valedores del empleo de lenguajes controlados, por su consistencia en la representación sistemática del análisis documental de contenido y su capacidad para combinar búsquedas genéricas y específicas. Sin embargo, a partir de las herramientas de la web social, el etiquetado también está siendo aplicado por los propios documentalistas y bibliotecarios. Parece oportuno reflexionar sobre este hecho ¿Se trata de una renuncia a valores tradicionales de la disciplina? ¿O es una adaptación a las demandas de nuevas generaciones de usuarios? ¿Hay un cambio de paradigma en la percepción de las herramientas de recuperación?
Por otro lado, en la revista Library & Information Science Research se publica el artículo Librarians and information scientists in the blogosphere: An exploratory analysis en el que se realiza un análisis de las etiquetas más utilizadas en los 30 blogs de Biblioteconomía y Documentación dentro del ámbito anglosajón para determinar los temas que más se abordan dentro de la biblioblogosfera inglesa.







No es la primera vez que se realizan intentos para tratar de legislar lo que se publica dentro de la blogosfera o de la Web Social. En su momento, la
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