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Autor: Maria Elena Mateo

¿Documentalistas científicos o científicos documentalistas?

Cómo la eterna discusión sobre qué fue antes si la gallina o el huevo, desde mi iniciación en la Biblioteconomía y Documentación he oído o leído más de una vez la eterna discusión sobre si es más eficaz un documentalista científico o un científico documentalista.

De todos es sabido que la formación de un bibliotecario/documentalista siempre ha sido multidisciplinar, aunque la titulación universitaria se enmarcara en un principio en el ámbito de las Ciencias Sociales y ahora en las Humanidades. Se nos suele considerar suficientemente formados para trabajar con eficacia en bibliotecas enfocadas al público en general, en las especializadas en disciplinas de estas dos áreas, así como en centros de documentación de los diversos medios de comunicación; pero a la hora de buscar un bibliotecario o documentalista que ejerza sus funciones en bibliotecas especializadas en Ciencias o más directamente en el ámbito científico -como apoyo a la investigación o la transferencia de tecnología-, la titulación en Biblioteconomía y Documentación no nos confiere precisamente ninguna ventaja.

Si miramos las ofertas de trabajo del ámbito científico en que podría encajar nuestro perfil documentalista -como expertos en recuperación y gestión de información-, nuestras posibilidades reales de ser seleccionados son ínfimas. La enumeración de requisitos suele incluir conocimientos sobre tareas tradicionamente documentales, a veces otras más "informáticas" como edición de páginas web o creación y gestión de bases de datos, así como la habitual exigencia de un alto nivel de inglés, que podremos superar dependiendo de la formación o experiencia de cada cual. Pero todo esto pasa a un segundo plano cuando de entrada no cumplimos el requisito primordial: poseer una licenciatura en Ciencias.

Reconozco mis limitaciones en campos como la Biología, la Química o las Ciencias de la Vida, que evidentemente coartarían el desempeño de mi trabajo como documentalista científica en estas áreas, pero ¿hasta qué punto es necesario un licenciado en estas titulaciones para realizar labores de documentalista? Y, ¿están éstos dispuestos a realizarlas?, porque entiendo que para un licenciado en Biología, por ejemplo, deben ser muy frustrantes tareas como catalogación e indización, búsquedas de información, gestión documental o cualquier otra similar, que cualquier documentalista realizaría alegremente. Pero, vistas las ofertas laborales, deduzco que sí están dispuestos.

Nadie vaya a creer que niego la importancia de una formación más que básica en el área científica concreta del centro de investigación, el conocimiento de su terminología y de los principios que la rigen; pero está claro que la precariedad laboral de nuestra profesión (como muchas otras), que nos lleva a pasar de una biblioteca médica, a una jurídica y luego a un centro de investigación especializado en Tecnología de Alimentos, por ejemplo, no nos permite especializarnos, ni se nos posibilita.

La otra cara de la moneda, en la que un licenciado en Ciencias ejerce funciones documentales, parece ser la opción más socorrida en este tipo de ofertas laborales. El no tener que formar al candidato en la disciplina científica concreta pesa sobre su mayor o menor capacidad como documentalista, que parece poder solventarse con cursos de apenas 20 horas. Además si, aplicando la economía del 2×1, a las tareas propiamente documentales se le añaden otras más científicas, como la redacción de informes científicos y técnicos, está claro que un conocimiento básico del tema no es suficiente.

Insisto. No niego la dificultad de trabajar en éstas áreas científicas y reconozco que es imprescindible adquirir unos conocimientos mínimos del tema, pero insisto igualmente en defender nuestras habilidades para desempeñar tareas para las que hemos sido especialmente formados.

No sé qué fue antes, si la gallina o el huevo, y tampoco si es más eficaz un documentalista científico o un científico documentalista; supongo que dependerá de cada puesto y cada profesional. Pero quizá la solución ideal sea, como en muchos otros casos, el trabajo en equipo entre documentalistas y científicos, en el que cada uno realice las funciones para las que mejor está preparado.

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Las publicaciones científicas y el reto 2.0

Hace unos días tuvimos la ocasión de acudir a una ilustrativa charla del documentalista Javier Guallar, que nos habló sobre la evolución de la prensa digital desde sus orígenes hasta nuestros días, en el que las características de la Web 2.0 están siendo adoptadas plenamente por ésta. Como Guallar recalcó, es precisamente esta simbiosis entre medios digitales y las herramientas 2.0 la que los convierte en un nuevo medio, con un espacio y un público propio en la Sociedad de la Información actual.

Durante el turno de preguntas, surgió la duda sobre la posibilidad de que las revistas científicas digitales adoptaran el modelo de la prensa generalista (tal y como Guallar comenta en el post de nuestro compañero Dídac). Y aunque las revistas científicas presentan características editoriales y comerciales muy diferentes a las de los diarios, Guallar señaló lo interesante que podría resultar adoptar los modelos de participación de la Web 2.0 en medios científicos. Él apuntó la posible inclusión de blogs, en los que los científicos podrían exponer la evolución de sus investigaciones o su proceso creativo; y yo pensé, a mi vez, en la creación de redes sociales en torno a los principales grupos editoriales en el ámbito científico (por poner sólo otro ejemplo).

La idea de "revistas científicas 2.0", entroncaría con el concepto de Ciencia 2.0, que hace apenas dos meses, Ben Shneiderman utilizaba para expresar un nuevo estado de la investigación científica, en la que se combinaría la investigación convencional con las posibilidades de interconexión a nivel global que se producen gracias a las redes sociales. Esta idea, ya la recogía hace más de un año Antonio Lafuente en un muy interesante artículo, entendiendo el concepto Ciencia 2.0 como un estado de la ciencia en que estuvieran implicadas "todas las tecnologías que favorecen la cultura de lo abierto y de la participación".

Pero aunque el tema está sobre la mesa desde hace tiempo, ¿están preparados los científicos para cambiar su forma de publicación a un medio más abierto y participativo? Creo que, de momento, es pedir demasiado. A pesar de mi limitado conocimiento del ámbito científico, creo no equivocarme al pensar que los investigadores no tienen precisamente una mentalidad divulgativa. Su prioridad es, claro está, la investigación en sí misma y, como un mal menor -pero necesario para su reconocimiento en el ámbito científico y su evaluación curricular-, la publicación en revistas científicas de reconocido prestigio, es decir, las recogidas en la plataforma ISI Web of Knowledge.

En cualquier caso, los primeros pasos en el camino de "la cultura de lo abierto" se están produciendo ya desde hace algunos años con la creación de repositorios institucionales, como pudimos ver en Fesabid 2005. Pero tanto  la declaración de Berlín sobre el acceso abierto al conocimiento en ciencias y humanidades (2003), como la reciente campaña para garantizar el acceso público a los resultados de investigaciones financiadas con fondos públicos (dar al pueblo lo que paga el pueblo), todavía no ha calado con suficiente fuerza en el ámbito científico y académico español -si no, comprobad en el reciente ranking mundial de repositorios académicos que apenas podemos encontrar tres repositorios españoles entre los 200 primeros-. Y es que estas iniciativas, apoyadas cada vez más por las instituciones públicas, chocan contra dos muros infranqueables: las restricciones en cuanto a propiedad intelectual de los artículos previamente publicados en revistas científicas; y el yugo de la evaluación científica institucional que, paradójicamente, utiliza indicadores que benefician a los autores que publican en revistas ISI, frente al propio repositorio institucional.

Llegado a este punto, si los investigadores se muestran reticentes a publicar en un repositorio libre y abierto, ¿cuál creéis que puede ser su postura respecto a la publicación en blogs? Antonio Lafuente señala que "alrededor del 80% de los datos de alta calidad que se producen en el laboratorio nunca se hacen públicos", y que los que se publican en revistas científicas son representaciones de una pequeña parte de éstos. Pero, ya que se ha invertido tiempo, esfuerzo y recursos para obtenerlos, ¿por qué no ofrecerlos al público o a la comunidad científica de forma libre? Sería sin duda una buena medida, tanto para favorecer la verificación de un experimento (ya que el rigor de los artículos publicados en revistas científicas es discutible), para evitar duplicaciones en las investigaciones, como para abrir la posibilidad a una verdadera participación entre la comunidad científica a nivel global. Y, ¿qué mejor medio que un blog o un wiki para presentarlos?

Está claro que muchas disciplinas científicas se ven coartadas por el beneficio económico que supone comercializar los resultados de su investigación y también por el secreto de patente, que les impide ofrecer más información sobre sus investigaciones; pero no todas las áreas científicas tienen las mismas limitaciones. Es un hecho que las ciencias sociales y las humanidades presentan características muy diferentes a las de las ciencias aplicadas a la hora de publicar sus resultados; y, quizá por esto, podrían ser las mejores candidatas a la integración de un blog en su "mentalidad" editora. Desconozco la incidencia de los blogs en el ámbito científico, pero quizá Álvaro Cabezas pueda resolvernos esta duda.  

Para finalizar, lo que sí considero una más que posible vinculación entre las publicaciones científicas y la Web 2.0 es la creacción de redes sociales en torno a sus principales grupos editoriales. Y esta idea la considero mucho menos utópica (y no porque se me haya ocurrido a mí), porque es una evolución lógica de la comunicación informal que los científicos han mantenido siempre con sus colegas.

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La labor documentalista en el ámbito cientí­fico

Dentro de las diferentes salidas profesionales a las que podemos optar los titulados en Biblioteconomía y Documentación, la opción de documentalista es quizá la más desconocida. Aunque existen tareas comunes y paralelismos con el trabajo de un bibliotecario o de un archivero, gracias a nuestra formación, conocimientos y competencias, como documentalistas podemos llegar a realizar tareas completamente alejadas de las atribuidas tradicionalmente a nuestra profesión.

Este desconocimiento ha ocasionado que los profesionales de la información que hemos ido forjando nuestro camino como documentalistas tengamos que demostrar constantemente cuáles son nuestras capacidades, qué tareas somos capaces de desempeñar, cuál es nuestro valor en una empresa o institución pública. Pero no es fácil justificar nuestro puesto de una manera tangible y valorarla de forma cuantitativa, por lo que el departamento de documentación suele ofrecer una imagen de "saco sin fondo" a la hora de sopesar gastos y beneficios en la empresa: el resultado siempre es deficitario.

Es cierto que en determinados sectores los documentalistas llevan ya mucho tiempo desarrollando su labor, como en el caso de la documentación en los medios de comunicación; aunque la facilidad de acceso a la información que ofrece Internet y las nuevas tecnologías puede llevar a cuestionar su futuro. En otros ámbitos empresariales, en cambio, apenas estamos empezando a mostrar nuestro valor en el desempeño de trabajos tan variados como la gestión del conocimiento y la vigilancia tecnológica, o la participación en la creación y configuración de la intranet o la web corporativa, por poner unos pocos ejemplos.

En mi caso, mi trabajo como documentalista se ha venido desarrollado mayormente en el sector público, en el ámbito de la ciencia y la investigación, por lo que he podido comprobar motu propio -o al menos he alcanzado a vislumbrar-, las múltiples posibilidades laborales que este campo nos puede llegar a ofrecer.

Como en este blog nos gusta llamar la atención sobre nuestras oportunidades laborales como profesionales de la información, he querido aprovechar mi experiencia para facilitaros una pequeña muestra de las tareas que podemos realizar en el ámbito científico:

  • Vigilancia tecnológica (al igual que en el sector empresarial) del entorno competitivo de nuestro centro o grupo de investigación, para conocer los avances y proyectos que se están realizando en el mismo área, poder servirse de estos para impulsar los propios y no desperdiciar tiempo y esfuerzo en una replicación inútil.
  • Informar de las ayudas financieras que los organismos europeos, nacionales y autonómicos ofrecen a los grupos de investigación para la elaboración de proyectos o la contratación de personal científico o de apoyo.

  • Detectar (en parte, gracias a la vigilancia tecnológica) los posibles colaboradores para la elaboración de dichos proyectos de investigación.
  • Localizar y suministrar a los investigadores toda la información necesaria para el desarrollo de su trabajo investigador.
  • Realizar informes tecnológicos de patentes que puedan guardar relación con los resultados obtenidos por los investigadores de nuestro centro, como apoyo al servicio de transferencia de tecnología, y así poder determinar si los resultados son o no susceptibles de patentar.
  • Colaborar en el tratamiento de la información obtenida en la investigación para su publicación, en medios tanto científicos como divulgativos.
  • Identificar las revistas científicas más adecuadas para dicha publicación, por su gran visibilidad o su alto reconocimiento en la evaluación científica.
  • Hallar los socios necesarios para la comercialización del resultado de dichos proyectos.
  • Y finalmente -no relacionada directamente con el proceso investigador, pero sí en cierta medida con la concesión o no de ayudas a proyectos de investigación-, la evaluación científica mediante estudios bibliométricos.

Después de la enumeración precedente de quehaceres -que en ningún momento pretende ser exhaustiva-, podríamos tener la falsa impresión de que la participación de documentalistas en el ámbito de la investigación se considera casi imprescindible; pero, ¿cuántas ofertas laborales para documentalistas en el ámbito científico podemos encontrar? ¿Cuántas en centros tecnológicos? ¿Cuántas en proyectos de investigación?

La realidad nos muestra una vez más, que nuestro país vive un cierto desfase respecto a los países más avanzados en el uso de nuevas tecnologías de información y comunicación (y con los cuales nos queremos equiparar); y por ello, tal vez, nuestro modelo de investigación todavía no ha sido capaz de adaptarse al proceso informativo actual, en él que los documentalistas podemos ser una pieza más para la resolución de los rompecabezas de la Ciencia.

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INVENES: el «contradiseño» de una bases de datos

La dependencia de la profesión bibliotecaria/documentalista de la informática es un hecho, desde los primeros catálogos informatizados, individualizados para cada biblioteca, a los catálogos en línea y los colectivos; y desde las bases de datos bibliográficas en CD-ROM, a las ahora también en línea. De esta forma, la eficiencia y eficacia de nuestro trabajo se ven condicionadas en gran medida por el diseño de estos instrumentos imprescindibles para cualquier profesional; desde luego, no quito, ni la responsabilidad de cada cuál, ni su mérito, a la hora de lidiar con semejantes instrumentos.

Sin embargo, tal parece que la importancia de esta herramienta y su incuestionable interacción con sus usuarios -sin entrar en detalles de si se trata de un usuario "profesional", un bibliotecario o documentalista, o un "consultor", lector o investigador-, han pasado totalmente desapercibidas para la gran mayoría de diseñadores. Al menos, a esa conclusión he llegado tras intentar consultar la nueva base de datos de la Oficina Española de Patentes y Marcas sobre invenciones y diseños en español: INVENES.

Cada cierto tiempo, las instituciones públicas (principalmente, en el caso de catálogos de bibliotecas) y las privadas, dan un lavado de cara a su imagen y, por ende, a su catálogo, implementando lo que todos esperaríamos fueran mejoras. Estas "mejoras", en la mayoría de las ocasiones, no suelen ser tales, o al menos no suelen ser demasiado aceptadas y la nueva versión tiene muchas veces más detractores que la precedente. Aquí tengo que reconocer que a nuestros profesionales no suele gustarles demasiado los cambios.

En el caso de la Oficina Española de Patentes y Marcas, el cambio no ha sido de imagen, sino exclusivamente de su base de datos de patentes españolas; pero para el cambio que han hecho ¡que me quedo como estoy!

La nueva base de datos INVENES, viene a sustituir a la anterior, OEPMPAT, que tampoco brillaba por la usabilidad de su diseño. Aquella presentaba una imagen bastante anticuada y una búsqueda en la que la consulta continua de la ayuda era casi imprescindible, pero, claro, para eso está la ayuda. A pesar de ésta, que nos aleccionaba sobre qué buscar y cómo, la vieja OEPMPAT respondía el 50% de las veces con incomprensibles mensajes de error en la estrategia de búsqueda, que ninguna ayuda podía solucionar. O, tal vez, torpe que es una.

Pero ahora la nueva base de datos de patentes INVENES -que muy amablemente nos invita la Oficina de Patentes a "consultar por nosotros mismos"-, ha hecho que añore la anterior, con sus errores de búsqueda y sus deficiencias. Desde el primer momento en que hay que intuir que la manera de entrar en la base de datos es pinchar en la "V" del final de la página, en vez de en el enlace que hay justo al lado, ya podemos deducir que la usabilidad no era una de las prioridades de su diseñador. A partir de aquí, la odisea se prolonga durante todo el proceso de búsqueda: qué pasos hay que dar para realizar la búsqueda, qué quiere decir cada icono (¡gracias por los textos que los acompañan!), cómo obtener los documentos en pdf, cómo obtener un listado de documentos con su referencia y su resumen… Y claro, en esta ocasión la ayuda te descubre funcionalidades e iconos que, al menos en mi pantalla, jamás se ven reflejados.

Resultado de búsqueda en la web de Invenes

Es posible que el rechazo en mis primeros contactos con esta base de datos se deba a que, siguiendo la tónica profesional, tampoco me gusten los cambios. O que mi conocida actitud crítica me predisponga contra este nuevo diseño. Pero creo que los problemas que plantea su uso para cualquiera que no sea experto en la consulta de bases de datos y sus intríngulis, hará que más de uno decida desistir del intento y patentar lo patentado.

Mi lucha con esta base de datos, me ha recordado un artículo de Carina Farreras, publicado en el diario La Vanguardia en 1994, titulado "Las empresas europeas pierden unos 3,4 billones en investigar innovaciones ya patentadas". Farreras llamaba la atención en su artículo sobre las pérdidas en tiempo, dinero y recursos humanos que se producían por investigaciones que no eran novedosas, y cómo la Oficina Europea de Patentes intentaba minimizar estas pérdidas con su entonces nueva base de datos de patentes en CD-ROM, entre otros servicios. Este artículo citado por P. Escorsa y R. Maspons en su libro De la Vigilancia Tecnológica a la Inteligencia Competitiva, dejaba muy claro el concepto de Vigilancia Tecnológica y su importancia en el desarrollo tecnológico de una empresa, de una industria o incluso de un país.

Evidentemente, estas cuestiones nimias no se tienen en cuenta en ciertos ambientes. Pero no voy a echar más leña al fuego, que cada cual vea y opine. Lo que está claro, es que esta situación nos beneficia a los documentalistas: si hacen el proceso de búsqueda incomprensible, los profesionales tendremos campo para desplegar nuestras habilidades y no nos quedaremos sin trabajo.

También podría hablar largo y tendido sobre el diseño de las Intranets, pero ¿para qué deprimirnos?

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Calsi: El club de los monólogos

Entre la variedad de reuniones profesionales que existen –congresos, jornadas, simposios, seminarios, etc.-, creo que el caso de los Workshops es el que más se aleja de su definición. Aunque enmascarado por el término inglés Workshop, no deja de ser más que un taller; lo que a mi entender hace énfasis en la interacción e intercambio de ideas, en el trabajo en equipo. Y no es eso lo que pudimos ver en la última edición del Workshop Calsi, aunque las ponencias estaban enmascaradas bajo el título de mesas redondas.

Cuando acudí la primera tarde al Workshop, y vi que estaba asistiendo a una sucesión de monólogos, sin apenas opción a la réplica y a la discusión, lo achaqué al retraso de la inauguración del evento y a la poca participación que en ocasiones se da por parte del público. Pero los días siguientes, la tónica fue la misma: lo que debería haber sido una exposición de ideas básicas de cada ponente y un interesante debate entre sus diferentes criterios y puntos de vista, no era más que un soliloquio tras otro, ni rebatido, ni contestado.

Otros han reflejado en sus blogs lo que allí se dijo y se vio; pero lo que se comentaba delante del café, en los descansos, era lo mucho que se echaba en falta ese intercambio -que no exposición- de ideas entre los contertulios, y que era la verdadera razón por la que todos estábamos allí.

Hubo algún intento de convertir los monólogos en conversación, pero fue inútil. En contra de los propios dinamizadores de la mesa, el desarrollo del Workshop siguió el camino que había iniciado, y terminó tal como había empezado.

Se trataron muchos y variados aspectos de la documentación digital, con mayor o menor interés para los asistentes, con mayor o menor discrepancia entre los conferenciantes; pero ninguna conclusión pudimos sacar de todo ello, como no fuera la propia.

Y no es que me lleve las manos a la cabeza, ni me sorprenda por cómo se desarrolló la reunión; no es la primera vez  que nos dejamos arrastrar por nuestro interés en esta profesión, y supongo que estamos curados de espanto.

Después de todo, la razón final para seguir asistiendo a esta clase de eventos es el reencuentro con viejos amigos y compañeros, y el poder intercambiar ideas –esta vez sí- con gente como Catuxa y Vanesa, Javier, Didac y Marcos.

Así que, hasta la próxima.

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La ruptura entre tecnología y sociedad: el patrimonio cultural y la e-administración

Un año más, la Universidad Politécnica de Valencia organiza el Workshop Calsi, centrándose en esta ocasión en la temática: “Información Digital: Nuevas perspectivas en la sociedad del conocimiento”. Bajo ese título se recoge un abanico de aspectos que van, desde la e-administración, hasta la Web 2.0, como ya nos comentó Catuxa (y a la que esperamos ver); pasando por la publicación científica bajo criterios tradicionales, como son las revistas científicas, y el acceso abierto a la ciencia.

Las TIC como herramientas de acceso a la memoria colectiva

Arturo Colorado Castellary, ha abierto el Workshop con su muy interesante conferencia inaugural “Patrimonio y gestión del conocimiento en la era digital”, en la que, de forma muy lúcida, ha plasmado una visión integradora entre las tan temidas por los humanistas Tecnologías de la Información y la Comunicación y el tradicional campo del Patrimonio Cultural. En un nuevo concepto que denomina Humanismo Digital, las TIC se convierten en una herramienta fundamental para la conservación y transmisión de la memoria colectiva, intentando salvar la fractura entre la visión apocalíptica tecnológica y la evangélica digital.

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Las rutas literarias

Escocia siempre será para mí la que R.L. Stevenson me descubrió en mi infancia, con su novela Secuestrado. La Escocia salvaje que David Balfour recorría  desde la Isla de Mull hasta Queensferry, intentando volver a casa y reclamar su herencia, es la que buscaré si alguna vez voy allí.

Si emprendiese semejante viaje, no sería la primera en visitar una ciudad, un país…, buscando los paisajes y las gentes que los escritores han retratado en sus novelas. El boom literario que supuso El Código Da Vinci de Dan Brown, ha llevado a muchos a seguir los pasos de sus protagonistas de París a Londres, para identificarse con ellos y sentir la magia de la narración en primera persona.

En este aspecto, Gran Bretaña cuenta con una gran oferta de turismo literario que, nos transporta a la Inglaterra de la época Regencia de la mano de Jane Austen en Orgullo y Prejuicio, nos permite visitar Yorkshire con las hermanas Brontë, Dorset con Thomas Hardy, Londres y el sur de Inglaterra con Virginia Woolf, Gales e Inglaterra con Dylan Thomas, e incluso los escenarios reales en Londres, Oxford y Gloucester donde ruedan la versión cinematográfica de las novelas de Harry Potter .

Pero en España no somos ajenos a esta atracción por la literatura y los viajes. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ha arrastrado a más de uno por los parajes de Castilla, quizá con la esperanza de desfacer algún entuerto. Otros, han viajado a la Alcarria con Camilo José Cela, han recorrido Valladolid siguiendo la ruta de El Hereje de Miguel Delibes, conocido Asturias gracias a Leopoldo Alas “Clarín”, la Granada de Federico García Lorca, o se han llevado una visión más global sobre nuestra geografía literaria.

Hay muchas novelas que nos invitan a viajar, porque quienes las escriben poseen una sensibilidad extraordinaria para captar en sus historias los lugares y las gentes que los habitan, dejando una huella imperecedera en nuestro subconsciente. Así que, ahora que empiezan las vacaciones, elegid vuestra novela, elegid vuestro viaje, pero tened en cuenta las palabras de Virginia Woolf:

El territorio de un escritor es un país limitado por su propia mente, por eso corremos el riesgo de la desilusión cuando tratamos de convertir esas ciudades fantasmas en cemento y mortero palpables. Sabemos cómo caminar por ellos sin carteles indicadores, sin policías; sabemos saludar a quienes por ellos nos encontramos sin que nadie nos los presente. No hay una sola ciudad, desde luego, tan real como la que podamos hacer a nuestro antojo y llenar con las personas que queramos. Insistir en que tenga contrapartida en las ciudades de la tierra es robarle la mitad de su encanto.”

Geografía literaria, de Virginia Woolf

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