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Mes: agosto 2004

La ¿crisis? de la profesión del Documentalista / Bibliotecario en España (3)

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Como ya señalamos anteriormente, la profesión del Documentalista/Bibliotecario se redefine una y otra vez, como lo ha hecho a lo largo de su historia, según avanza el desarrollo de la gestión de la información y la aplicación de las nuevas tecnologías. Pero, a pesar del esfuerzo realizado por reconvertirse sobre sus viejas estructuras, el profesional se encuentra ante la dura realidad social sobre la que nos encontramos.

Los titulados que acaban sus carreras universitarias, preparados (¿o pre-parados?) y conscientes de su rol social, comienzan a reclamar como suyas, puesto que para ello poseen un título aprobado por la Administración, las plazas en bibliotecas y centros de información que hasta entonces habían nutrido licenciados en Geografía, Historia, Filosofía, Filología y de otras ramas. El conflicto, y el debate, les asalta a estos profesionales recién formados dentro del término intrusismo que consiste en el acceso a esas plazas de personas o bien que no posee el título o bien que han realizado un cursillo sobre Biblioteconomía, según afirman ellos mismos. Personalmente, creo que en ocasiones se ha ninguneado erróneamente desde algunos sectores el trabajo realizado por verdaderos profesionales que, si bien tenían una formación deficiente, se preocuparon por ofrecer el mejor servicio posible a sus usuarios y aumentar la calidad de éstos.

Otro de los lastres que sulfura a los nuevos profesionales es la incapacidad de adaptación de la Administración pública que todavía hoy convoca plazas de empleo público para centros de información dirigidas para licenciados en casi todo, exceptuando la diplomatura en Biblioteconomía o la licenciatura en Documentación. Además, y desgraciadamente, en algunos pequeños municipios las plazas de bibliotecarios son consideradas para o bien ofrecer a un familiar no especializado un trabajo o bien ejercer mobbing (malos tratos psicológicos en el trabajo) a un funcionario no afín al partido político gobernante o bien la jubilación dorada de algún bedel.

Afortunadamente, estos dos hechos comienzan a ser transformados lentamente gracias en gran parte al trabajo sobresaliente, ilusionado e ilusionante que realizan las nuevas promociones de licenciados dentro de los puestos de trabajo a los que acceden, añadidas a las reclamaciones que se hacen desde los sectores profesionales de Biblioteconomía. Sin embargo, este gran esfuerzo que se está realizando no puede superar la realidad que vivimos hoy en día.

El primer hecho consiste en la deficiente calidad laboral en la que se encuentra inmersa España. Los trabajos son temporales y deficientemente remunerados, la renovación de contratos después de la finalización de una beca o una práctica en ocasiones se hace bajo la figura del falso autónomo, incluso por propia iniciativa la Administración, con los costes que debe soportar el trabajador. Además, aunque esto no es exclusivo de los Documentalistas, gracias a su formación, muchos nuevos profesionales se encuentran en la situación de que poseen mayores y renovados conocimientos que sus superiores y, sin embargo, no encuentran ni la complicidad ni la comprensión ni el apoyo necesarios para poder mejorar un servicio o desarrollar otro.

Para añadir un peldaño más al esfuerzo del nuevo documentalista, nos hallamos en un momento en el que existe un completo desconocimiento social de las funciones que un profesional de la información puede realizar dentro del ámbito empresarial. La sola mención de la carrera de ¿bibliotecoqué? provoca más de una carcajada, para pasar a la pregunta de: ¿Para eso hay que estudiar?

Esto nos debe trasladar al ámbito universitario, puesto que toda preparación que se pueda recibir se convierte en recursos financieros y humanos desperdiciados si se preparan a personas que posteriormente no encuentran demanda en la sociedad. Esto puede deberse por diversos factores, o bien porque no existe un vínculo entre la universidad y la empresa o bien vínculo porque la balanza oferta-demanda del mercado está desequilibrada. Ante esta situación, el nuevo documentalista tan sólo le restan realizar dos acciones: Sobrevivir con los contratos en precario que puedan surgir y/o bien prepararse oposiciones.

Continuará el martes, 10 de agosto

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